Contexto filosófico de Descartes

Filosofía cartesiana. Racionalismo. Razón humana. Realidad. Existencia de Dios

  • Enviado por: Isidoro Granfarrón
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 2 páginas

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El contexto filosófico de Descartes: el racionalismo.

El término "racionalismo" puede tener significados distintos, a saber, en primer lugar, podemos utilizarlo para designar la postura filosófica que tiende a rechazar la existencia de las entidades sobrenaturales, que no pueden ser comprendidas o justificadas por las facultades cognoscitivas naturales de los seres humanos, bien, simplemente, por la captación directa de los sentidos, bien por la actividad discursiva de la razón y, en segundo, una doctrina filosófica que defiende que la razón humana (o el entendimiento) posee en sí misma capacidad para reconocer la realidad, la totalidad de la realidad, sin necesidad de recurrir a la ayuda de ninguna otra facultad. En el primer sentido, persona racionalista sería aquella que rechazase todos los contenidos y creencias proporcionados por la fe o por cualquier otro tipo de iluminación sobrenatural; en el segundo, en cambio, se entiende por racionalista quien niega que los sentidos, la afectividad, los sentimientos y cualquier otro tipo de facultades distintas a la razón puedan suministrarnos conocimientos científicamente válidos. Lo contrario de racionalista, en el primer sentido, sería creyente, religioso, hombre de fe, mientras que en el segundo sería empirista.

A nosotros, ahora, nos interesa especialmente el segundo significado y, en este sentido, entendemos por racionalismo la doctrina gnoseológica y metafísica defendida por un elenco de filósofos del siglo XVII y XVIII entre los que destacan Descartes, Malebranche, Spinoza y Leibniz cuyas características más destacadas son las siguientes:

a) Af¡rmación de la existencia de una única razón: el racionalismo filosófico insiste en que la razón y la forma correcta de razonar son universalmente idénticas siempre; sólo existe, pues, una única razón y un único modo correcto de razonar, y tanto éste como aquélla no varían nunca.

b) Confianza en la capacidad cognoscitiva de dicha razón: según esta opinión, la razón humana posee en sí misma, sin necesidad de recurrir al auxilio de ninguna otra facultad, la capacidad para conocer todo cuanto puede conocer que, al menos en teoría, puede ser la totalidad de la realidad o, como viene a decir el propio Descartes: utilizando correctamente la razón (y sólo la razón) no puede existir verdad tan oculta ni realidad tan alejada a la que nuestro conocimiento, más tarde o más temprano, no pueda llegar. El alcance de la razón es ilimitado. Se rompe así con afirmación de los límites de la razón que asumía la filosofía escolástica cuando se afirmaba que hay problemas específicos de la fe que la razón no puede alcanzar plenamente, por ejemplo, el conocimiento de Dios. Dios sobrepasa las posibilidades del impefecto y limitado conocimiento humano. Por el contrario, para los filósofos racionalistas Dios es cognoscible en su plenitud. Se niega, pues, validez al conocimiento sensible.

C) Innatismo cognoscitivo: según hemos dicho, de acuerdo con el racionalismo los seres humanos pueden llegar al conocimiento humano de la verdad únicamente mediante el conocimiento racional; ahora bien ¿de dónde obtiene la razón sus contenidos cognoscitivos, es decir, las verdades que va conociendo? También de sí misma, de ciertos principios innatos que se encuentran en su interior: la razón partiendo de sí misma, de sus propios principios y sin recibir contenido alguno de fuera, en virtud de su propia naturaleza (es decir, de ciertos principios innatos) posee capacidad para llevar a cabo sus conocimientos: Descartes, por ejemplo, señala que se resolvió a no buscar otra ciencia que la que pudiera encontrar en si mismo, en el interior de su mente, en su propia razón y Leibniz compara la mente (el alma) con una morada (mónada) cerrada, carente de puertas y ventanas por las que puedan llegar nociones e ideas y, en consecuencia, todos lo contenidos cognoscitivos han de surgir desde su propio interior.

En este aspecto, conviene distinguir entre innatismo actual e innatismo virtual; en el primer caso la mente poseen sí misma los contenidos concretos que con posterioridad se pueden ir conociendo; es, por ejemplo, el caso de Platón, en nuestra "alma" se encuentran de modo expreso y actual, aunque no nos demos cuenta de ellos, los contenidos cognoscitivos (las ideas) de tal manera que conocer consiste en hacerlos conscientes; en el caso segundo, de modo distinto, en nuestra mente no se dan contenidos concretos, sino que lo que en ella se posee es la capacidad de obtenerlos por sí misma, sin recurso a nada externo.

d) Menosprecio o rechazo del valor de las experiencias históricas y culturales:

El racionalismo tiende a prescindir del valor y de la experiencia de la historia y, según su opinión, de nada o de casi nada pueden servir los conocimientos suministrados por las distintas realizaciones culturales, pues cuando consideramos las aportaciones de los otros seres humanos y de los otros pueblos no hallamos verdad alguna segura y firme, ya que sus opiniones y sus gustos se encuentran sometidas a continua variedad y cambio y hasta resulta difícil imaginar opinión alguna, por extravagante que parezca, que no haya sido ya imaginada por algún filósofo; por estas razones en lugar de buscar la verdad en el libro del mundo y en las experiencias de nuestros semejantes, conviene volverse de espaldas a ellas y, únicamente, mediante nuestras propias luces naturales, es decir, mediante nuestra razón llevar a cabo nuestras indagaciones científicas: la razón partiendo de sí misma...

_e) Ciencia deductiva: en virtud de la propia naturaleza de la mente, la razón es capaz de marchar correctamente de una verdad a otra, siguiendo el método adecuado, comenzando por los principios y las verdades más simples y sencillas y ascendiendo a las más complejas y difíciles y, de la misma manera que sólo existe una razón sólo existirá un método adecuado: el método racional, y una sola ciencia: la ciencia racional; en realidad, aunque se habla de una pluralidad de ciencias, todas ellas se reducen a una, a saber, a la ciencia racional.

f) Seducción por el método matemático: el razonamiento matemático es riguroso, en él cada paso y cada contenido es como tiene que ser y las ciencias matemáticas manifiestan de forma clara e indudable la verdad que en ellas se presenta, de tal modo que entre todos los que hasta el presente han llevado a cabo investigaciones científicas, únicamente los matemáticos han podido presentar razones evidentes e indudables para mostrar sus verdades; por tanto, nos vienen a decir los racionalistas, silos matemáticos han logrado con su método presentar de manera indudable su verdad apliquemos dicho método al resto de las ciencias y obtendremos idéntica certeza y claridad.

No obstante, según los propios filósofos racionalistas, no se trata de una extensión (de una extrapolación) del método matemático al resto de las ciencias, no; sino, más bien, al contrario, dado que la razón es una, como hemos vista más atrás, la ciencia será también una y, consecuentemente, uno también el método; lo que ocurre es que, hasta el presente, solamente una parte de dicha ciencia, las matemáticas, han utilizado correcta y adecuadamente el único método científico existente; se trata, por tanto, de que todo el resto de las ciencias utilicen de la misma manera dicho método, único y universal.

g) Correspondencia entre el orden del pensamiento y el de la realidad: hemos dicho que la razón llega a sus conocimientos partiendo de sí misma y sin relacionarse con ninguna realidad externa ("me resolví a no buscar otra ciencia que la que pudiera encontrar en mí mismo", en mi razón, señaló Descartes); mas, en ese caso, ¿cómo poder apreciar si a nuestros conocimientos corresponde una realidad extramental? ¿cómo saber si acertamos o no a conocer los objetos reales?

En este sentido, el racionalismo postula la correspondencia entre nuestra manera natural de razonar y la realidad o como dice el racionalista Spinoza:

el orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de la realidad (ordo et connexio idearum idem est atque ardo et connexio rerum) es decir, que cuando razonamos correctamente las ideas que surgen en nuestra mente se corresponden perfectamente con la realidad extramental, con las cosas tal y como son en si.

h) Recurso a Dios: ahora bien, ¿quién garantiza la correspondencia señalada entre el orden del pensamiento y el de la realidad? Dios; pues El es el autor tanto de los objetos extramentales como de la propia razón y de acuerdo con su poder, su sabiduría y su bondad no puede permitir que cuando razonemos bien, es decir, de acuerdo con las facultades y los principios que él nos ha otorgado, nos equivoquemos. Así pues, en último término Dios constituye la garantía de nuestro conocimiento.

De este modo, no deja de resultar curioso que el racionalismo, que, en cuanto tal constituye la manifestación de una gran confianza en las capacidades cognoscitivas de los seres humanos, en último término, haga descansar dicha confianza en Dios, en la realidad divina, que, desde luego, no puede ser considerada como un dato primario de nuestro conocimiento. El Dios de los filósofos racionalistas es, ante todo, un Dios conceptual: sustancia infinita, sustancia autosubsistente, único ser absolutamente necesario, etc. No es el Dios de la revelación, que solo podemos asir mediante el impulso de la fe, sino el ser el que se funda la verdad de las cosas, aprehensible mediante el alcance ilimitado de la razón.