Consolación de la Filosofía; Boecio

Filosofía contemporánea. Ideología platónica. Felicidad. Moralidad. Sabiduría. Lucha contra la ignorancia. Dios. Verdad. Fortuna

  • Enviado por: El remitente no desea revelar su nombre
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas

publicidad
cursos destacados
Curso completo de piano - Nivel básico
Curso completo de piano - Nivel básico
Este curso de piano está pensado para todos aquellos principiantes que deseen comenzar a tocar el piano o el...
Ver más información

Cómo montar un Ordenador
Cómo montar un Ordenador
En este curso te guiamos de una forma muy práctica y gráfica, para que puedas realizar el montaje de tu...
Ver más información

publicidad

Boecio empieza el libro hablando de su felicidad anterior y analizando la enfermedad moral que está sufriendo en estos momentos.

En este primer poema Boecio hace referencia a muchas cosas como son la poesía, el dolor, la tristeza y sobre todo la inestabilidad y la estabilidad.

Empieza, como ya he comentado, añorando su felicidad pasada y quejándose de su desgracia actual.

En el poema Boecio utiliza símbolos que describen su opresión, su desgracia, como son las cadenas y la tierra que es la materia de la que el alma debe liberarse.

Según Boecio la filosofía es el alimento de todos los hombres, es lo que nos protege de todo. La cura para la enfermedad de Boecio es el “conócete a ti mismo” haciendo referencia (como ocurre en gran parte del poema) a la filosofía platónica. El olvido aparece cuando el espíritu entra en contacto con el alma.

Hay siempre en el poema una tensión entre luz y oscuridad, diálogo y silencio, permanencia y olvido; y cuando la filosofía entra en Boecio desaparece esa oscuridad y vibra la luminosidad, la divinidad de la luz como el dios Apolo que es identificado con el propio sol, el cual tiene dos funciones simbólicas en la consolatio: fuerza subordinada al sol y el que ordena al mundo.

Boecio comienza un diálogo con la filosofía, a la cual le pregunta que si le ha abandonado. La filosofía es la capacidad para alumbrar el pensamiento, esto se ve en la relación que hace Boecio entre los ojos y el sol.

Sigue comentando esa lucha a lo largo de la historia entra la sabiduría, la filosofía y la ignorancia. Todo filósofo debe luchar contra la ignorancia y reírse de todos los ignorantes que intentan apoderarse de cosa que no tiene valor alguno y no reconocen la importancia, satisfacción y consolación de la filosofía. El sabio es elogiado por la filosofía ya que es éste desprecia todos los peligros del mundo.

Dice Boecio que quien no se deja guiar por la sabiduría caerá en los peligros del destino, la fortuna y los tiranos, ya que la filosofía es nuestro ángel protector. Boecio se encuentra en este peligro y empieza un dialogo con la filosofía a la cual le pregunta que porque ha caído en semejante desgracia si él nunca se apartó de su lado, al contrario del ignorante que no sabe apreciar el valor real de las cosas. Boecio en este diálogo con la filosofía le reprocha a esta su desgracia actual, ya que él nunca se separó de ella y siguió todos sus pasos. Boecio se dedica a comentar todas las cosas que ha hecho bajo la influencia de la filosofía para que ella se lo tenga en cuenta. Se queja de la garantía de seguridad que no ha obtenido al haber luchado por los demás y por el amor a al justicia.

Boecio continua en esta línea e introduce el delito que se le impuso, y se queja de nuevo por esa acusación injusta sólo por haber querido salvar al senado, por querer la libertad de Roma, Boecio está furioso, decepcionado por esta acusación. No entiende porque lo han querido destruir de esa forma si el no ha hecho mal alguno, si sólo trató de defender a las personas más honestas y al Senado, e incluso se pregunta que porque los senadores se han portado de igual manera con él. Ni siquiera lo han dejado hablar ni defenderse, ha sido totalmente humillado, Boecio se siente totalmente solo e incomprendido.

Y habla con la filosofía y le pregunta de nuevo que porque se le han imputado esos delitos, cuando él, gracias a la aportación de ella se alejó de todos los bienes y de hacer el mal a nadie. Le agradece a la filosofía esto y guiarlo hacia la posición más elevada: hacerle semejante a Dios, esto es el objetivo de todo hombre (aquí vemos también como Boecio sigue la línea platónica), y se consigue con la rectitud de éste. Y aquí se identifica Boecio con esa rectitud, con sus buenas acciones.

Boecio está indignado, él es inocente y se lo comenta a la filosofía ya que ha sido instruido por ella pero aun así sigue siendo acusado, debería recaer la misma acusación sobre ti, le comenta Boecio a su institutriz la filosofía. Él sufre por haber hecho el bien y le pide a ella (la filosofía) que sufra el mismo castigo. Boecio está furioso con la filosofía; ¿es así como me lo pagas? le pregunta.

Boecio contrapone la armonía de las alturas que están sometidas a la divinidad con el desorden y la libertad del mundo terrestre, excepto en esta línea ya que hace una plegaria a Dios para que haga valer su justicia sobre la tierra.

En este primer libro se produce el diagnóstico de Boecio y es ya en el segundo donde comienza realmente a Consolatio. Boecio está gritando su dolor y es cuando la filosofía comprende su desgracia y su exilio, y le comenta que aunque esté lejos de su patria no debes sentirte expulsado por ella, porque no se rige por el mandato de la mayoría, sino que hay un solo rey, que se alegra con la afluencia de los ciudadanos, no con su destierro. Empieza aquí la filosofía a consolar a Boecio, intenta explicarle que si él no se siente exiliado mentalmente no lo estará, no importa que no esté en su biblioteca, si permanecen sus ideas y las enseñanzas que ella le ha aportado no estará exiliado. Ella le dice que sólo el que se siente exiliado lo estará.

La filosofía empieza a resumirle a Boecio todo lo que ha hecho, sus quejas a los delatores, al senado, de haberse sentido dolido por haberla visto ( a la filosofía) involucrada en todas esas acusaciones, y por último su lamento enfurecido por no haber recibido recompensa equiparable a sus servicios. Pero ella le dice a Boecio que en su estado actual el cual está mezclado de fuertes y diferentes emociones le llevarán a direcciones contrarias, así que ella le propone un tratamiento más suave para que se ablanden todas esas emociones.

La filosofía trata ahora de examinar por medio de breves preguntas el estado mental de Boecio para saber que remedio le conviene, ella quiere examinar con exactitud la gran enfermedad de Boecio y establecer un diagnóstico sobre su estado anímico. La enfermedad es grave pero no incurable porque él sabe que el mundo está regido por Dios, con lo cual posee una esperanza de curación que la filosofía debe llevar a cabo.

La primera pregunta que le hace la filosofía es que si él cree que los actos del mundo son puramente accidentales o si están guiados por una fuerza racional. A lo cual responde Boecio que si hay una fuerza racional que es Dios como creador de todo.

Entonces la filosofía concluye que si teniendo esos sanos pensamientos no sabe como puede estar enfermo, así que continua haciéndole un examen más profundo y le formula una segunda pregunta: ¿ eres capaz de decirme con que medios dirige Dios el mundo?.

Boecio no entiende la pregunta, y así descubre la filosofía que dentro de él se ha infiltrado un gran vacío, y éste es a consecuencia de sus emociones.

La filosofía le pregunta ahora que si recuerda cual es la finalidad de las cosas, y él le responde que lo sabía pero que lo ha olvidado a causa de tanto dolor. La filosofía no entiende que si sabe el principio de las cosas, que es Dios, ignore el destino de éstas.

Así que le formula la pregunta que si recuerda que es hombre, Boecio le contesta que claro que lo es y ella le pide que le explique que es el hombre, él le dice que si se lo pregunta para saber si es un animal racional y mortal si que lo es. Y ella vuelve a interrogarle: ¿estás seguro de que no eres ninguna otra cosa? Y él dice: sí.

Así que la filosofía ha averiguado otra causa de su enfermedad, la principal, que él ha dejado de saber qué es lo que el mismo era. Ella le dice que ha encontrado el origen de su mal y el medio para devolverle la salud, así que le dice: lamentas ser desterrado y despojado de tus bienes porque te ha turbado el olvido de ti mismo.

La filosofía trata de calmar a Boecio diciéndole que aún la naturaleza no lo ha abandonado, y que cree que lo más importante para su salvación es saber como está regido el mundo, ya que cree que está sometido a la razón divina y no a los accidentes del azar. Y ella le dice que a partir de saber esta pequeña diferencia logrará poco a poco su salvación.

El conflicto de las pasiones se enfrenta entre sí como los elementos de la naturaleza, y él debe dejarlas de lado para conocer la verdad, y cuando reinan estas pasiones el espíritu está atado y ciego.

Es en este segundo capítulo donde aparece la verdadera consolación de la filosofía.

La filosofía ya ha entendido el mal de Boecio, el anhelo por su pasada fortuna.

Comienza la primera parte de este segundo capítulo comentando la filosofía la desdicha de Boecio a causa de la inestabilidad y peligrosidad de la Fortuna, los daños que ha producido esta en la vida de Boecio.

La filosofía trata de explicarle como es la Fortuna, y que no le pida cuentas a ésta porque ella es así, es falsa y arbitraria y si él se ha dejado guiar y confiar en ella que atenga a las consecuencias. La Fortuna es igual con todos los hombres, cambia como el día y la noche, como el verano y el invierno, no ha cambiado su relación contigo, se burla contigo como con todos con su falsa felicidad, tiene un doble rostro.

La sabiduría es la que cura tu desdicha a causa de la Fortuna, la que nunca te abandonará, y hace que no sean temibles las amenazas de la Fortuna. Si confiaras en la filosofía que es un terreno seguro no temerías la alternancia entre cosas buenas y cosas malas, ella te compensaría al contrario de la Fortuna que te da una felicidad engañosa.

La Filosofía le repite a Boecio que ha caído en las manos de la Fortuna y por eso se encuentra en tal estado de angustia. Boecio lamenta el cambio de sus circunstancias personales ya que permanece aun bajo en hechizo de la Fortuna, y con la intervención de la Filosofía el hechizo de la fortuna desaparece.

La filosofía decide ponerse a discutir con Boecio utilizando las palabras de la Fortuna así él juzgará si sus reivindicaciones son justas.

Boecio se encuentra es estos momentos antes una situación decisiva, está en lucha bajo la fortuna y la filosofía.

Así comienza la filosofía a hablar como si fuera la Fortuna misma y le dice que el destino de un hombre puede verse modificado en un día o en una hora; ella le dice que no le ha quitado bienes algunos, porque los bienes pertenecen a ella, solo se los dejó prestado durante un tiempo para que disfrutara de ellos, pero que no reivindique el derecho de ellos pues no le pertenecen. La Fortuna le dice que disfrutó de los bienes cuando llegaron y que no se queje si luego se marcharon, porque ella es inestable y cambiante y si se ha dejado guiar por ella que se atenga a las consecuencias.

La Fortuna se justifica diciendo que ella está en el derecho de cambiar como el día y la noche, ella no entiende porque tiene que permaneces encadenada a una constancia, quiere girar en círculos a su antojo. Y le dice a Boecio que si ha seguido las reglas de su juego no considere injusta ya que nadie le obligó a dejarse guiar por ella, él lo decidió por sí solo. Ella le dice que todos los seres humanos son guiados por ella, así que no pretendas vivir bajo tus propias leyes.

Ahora interviene la Filosofía de nuevo y le pide a Boecio que justifique sus quejas ante la Fortuna. Él considera que sus palabras( las de la filosofía) son buenas ya que están llenas de retórica y música pero en cambio para las personas que sufren como él es más prefunda su desgracia. Él intenta decirle a la Filosofía que sus palabras son excelentes pero que aun no le han consolado, la filosofía cree que ya ha llegado el momento para los remedios más fuertes y se dedica a recordarle su etapa política, el consulado de sus hijos para que se de cuenta de que él es un hombre feliz.

Ella le dice que estas palabras no constituyen aun el remedio para su enfermedad pero que sirven para calmar el dolor y que más tarde penetrará más profundamente en él hasta llegar a la cura total de su enfermedad.

Trata ahora la filosofía, como ya he comentado, de recordarle a Boecio la buena situación familiar y política en la que ha estado, y le dice que por muy grande que sea su dolor actual no podrá olvidar su felicidad anterior: sus hijos, su puesto político, su mujer, su familia, etc... Le dice que no le pida cuentas a la Fortuna ya que han sido más sus alegrias que sus penas y que se considere feliz ya que la fortuna lo ha tratado mejor que a cualquier hombre. Y le comenta que no tiene motivos para considerarse desgraciado porque lo que ahora cree que son penas también están destinadas a desaparecer aunque se desvanecieran esos acontecimientos que entonces parecían felices.

La filosofía le repite de nuevo que no puede hacerle ningún reproche a la fortuna pues esta cambia como el día y la noche, como la propia naturaleza.

Boecio se da cuenta de que lo que le está diciendo la Filosofía es verdad, que aunque no esté en la cumbre de la felicidad no puede considerarse desdichado, el destino de muchos hombres muestra que no disfrutaron de una felicidad plena porque esta no se puede alcanzar con los bienes terrenales; pero lo que más le atormenta cuando hace memoria es haber sido feliz.

Entonces vuelve a entrar en diálogo la filosofía, la cual le dice que si se queja de esa felicidad ligada al azar podrá examinar con ella la cantidad de bienes que disfruta.

Así que la filosofía le menciona sus bienes actuales, y le dice que no hay mayor bien que el estar vivo y gozar de buena salud, de tener un amigo que es Símaco que sufre por tu desdicha, de tener una esposa que está viva y conserva sólo para ti su vida y que además tienes unos hijos cónsules; que sería feliz si fuera capaz de reconocer sus bienes y lo más importante poseer la vida.

Boecio se consuela y dice que mientras ellos sigan a salvo él permanecerá a flote pero continua quejándose de lo que le ha sido arrebatado de su dignidad.

Pero aquí culmina el primer éxito logrado por el tratamiento de la filosofía, al margen de que la felicidad y la desgracia son relativas, la propia desgracia de Boecio parece pequeña en comparación con lo que aun posee. El próximo consuelo que imparte la filosofía es el de que ningún hombre puede ser totalmente feliz.

Todo hombre tiene un lado en la vida que le satisface y otro que no le es dichoso. También hay aspectos de la vida de un hombre que desde fuera, vistos por otros, por los que lo desconocen resultan deseables y para el que los conoce no lo son. Los que están más favorecidos por la Fortuna son los más exigentes, ya que si no consiguen lo que quieren se frustran al no estar acostumbrados a tal adversidad.

La filosofía le hace ver a Boecio que su desgracia es pequeña en comparación con otros hombres. Ella se queja de que los hombres busquen en el exterior la felicidad, ya que ésta debe encontrarse en el interior mismo de un hombre, la clave de la suprema felicidad es ser dueño de sí mismo y este será un bien que jamás perderá uno y que la fortuna no podrá quitarle; no hay bien más preciado que ser uno mismo. La felicidad no puede consistir en bienes guiados por el azar. La Fortuna es inestable y no puede aspirar a la realización de la libertad ya que la felicidad al ser el bien supremo de la naturaleza y al estar regida por la razón no puede sernos arrebatada porque si lo fuera ya no sería superior. Y aunque la Fortuna pueda aportarnos felicidad sumirá al hombre en la desgracia cuando muera, ya que a los hombres se les debe mostrar el camino de la felicidad segura.

La Filosofía ya ha comenzado a emplear remedios más fuertes para la curación de Boecio, así que ahora trata de demostrarle la falta de valor de los bienes terrenales. Antes había mostrado la inestabilidad de la Fortuna y ahora nos muestra el poder en varia de sus manifestaciones externas, como son el dinero, las piedras preciosas, la belleza de la Naturaleza; todo estos son ornamentos ajenos al hombre y le arrebatan su verdadera dignidad y lo sitúan en un nivel inferior al de los animales.

El dinero obtiene valor cuando por su acto de generosidad deja de ser poseído y pasa a ser de otro, pero el dinero es una riqueza miserable, ya que no se convierten en propiedad de nadie sin el empobrecimiento de los demás. Solo alcanzan su valor éstas riquezas cuando son usadas rectamente.

Las piedras preciosas y la belleza de la naturaleza podremos disfrutar al contemplarlas pero nunca nos pertenecerán, son ajenas a nosotros mismos. La Fortuna nunca nos dará lo que la naturaleza ha hecho ajeno a nosotros.

La filosofía le hace ver a Boecio que nada de lo que cuenta en sus propios bienes le pertenece y le pregunta que porque sabiendo esto le tiene ese anhelo a la fortuna, y esto se debe a que pretende aislar la necesidad con la abundancia, ya que el hombre mientras más tiene más quiere pero en cambio, quienes miden su abundancia con arreglo a las necesidades de la Naturaleza necesitan lo mínimo.

La filosofía sigue instruyendo a Boecio para que se aleje de los bienes ajenos a él. Ella no entiende que un ser racional solo crea que puede brillar poseyendo bienes que le son ajenos a él. Y hace una diferencia entre los otros seres vivientes y los hombres, ya que aquellos se contentan con lo que tienen y éstos siendo unos seres semejantes a Dios por su actividad espiritual tratan de adornar con objetos menos importantes su naturaleza que es superior, y de esta manera ofenden a Dios. Dios quiso que el hombre fuese superior a todas las criaturas del mundo y es así como se lo pagáis pregunta la filosofía y añade que está cometiendo un error si cree que puede adornarse con la belleza de adornos ajenos. Es así como el hombre rompe el orden de la naturaleza y se sitúa por debajo de los animales cuando no se conoce a sí mismo. Lo que es verdaderamente bueno solo produce bien y por el contrario la riqueza no confiere a su poseedor ningún valor sino que además puede perjudicarle.

El hombre debe contentarse con lo que le da la Naturaleza, y es con esta frase como la Filosofía comienza a hablar de la edad de oro de todos los pueblos, de ese estado de inocencia por los que todos pasan, en el que no había guerras ya que el hombre se contentaba con lo preciso para subsistir y no quería ni necesitaba riquezas. Ella comenta ese deseo de regreso a la Edad de Oro.

Comienza ahora la filosofía con la crítica de los honores y el poder que tampoco son bienes propios porque si fueran realmente bienes los hombres se harían buenos, al contrario de lo que ocurre. Y si estos cargos produjeran un bien intrínseco jamás serían ejercidos por malvados.

El hombre no debe ejercer autoridad sobre otra cosa que no sea su cuerpo. Concluye así la filosofía diciendo que todo lo que afecta a la fortuna carece de valor intrínseco, que no hay nada en ella apetecible, ya que no se asocia siempre a las personas honradas ni hace honrados a aquellos con los que se asocia. Los bienes externos carecen de valor ya que no pueden hacer bueno al hombre perverso.

Boecio entra en diálogo diciendo que el nunca fue movido por la ambición de los bienes del mundo que él solo quiso participar en las tareas políticas para que su capacidad no cayera en el silencio.

Así que la filosofía le refuta esto y le comenta a Boecio los límites de la fama. Frente a los bienes anteriores, los materiales, el deseo de fama y reconocimiento siempre representan un ideal para los espíritus más sobresalientes pero no superiores.

La filosofía le dice a Boecio que no pretenda ampliar sus límites, ya que el mundo es una zona minúscula e insignificante en el universo. La fama de los hombres no está limitada sólo por el espacio sino también por las creencias de los distintos pueblos. Si se compara la duración de la fama con la ilimitada eternidad resultará aquella totalmente inexistente. Son criticable los hombres que buscan su recompensa en los halagos de los demás. La filosofía atribuye el silencio al filósofo verdadero.

La filosofía se pregunta que para que quieren los hombres la fama si la muerte arrastra todo con ella, pero contrapone esta idea a la de que si por el contrario el espíritu ya consciente de sí mismo y liberado de su prisión terrena gana libremente el cielo despreciará las preocupaciones terrenas y querrá verse libre de ellas. Esta sería la idea platónica de cuerpo como prisión del alma.

La filosofía resume todo el poema culminando con la idea de que la muerte es igual para todos, que alcanza tanto a poderosos como a humildes, afecta a todos por igual. Y una vez muertos permanecerán ignorados y ni siquiera la fama os librará del olvido.

La filosofía le dice q Boecio que no llore por sus bienes perdidos, porque gracias a haber perdido estos ha descubierto los verdaderos valores que son sus amigos. Aunque uno no pueda luchar con la Fortuna puede apartarse de ella. La buena Fortuna es perjudicial para los hombres mientras la mala les es beneficiosa porque mediante ésta se es capaz de reconocer los verdaderos valores y los amigos. El conocimiento hace a los hombres libres y conduce hasta Dios.