Clima y turismo

Variabilidad estacional. Exigencias turísticas. Tipología. Modificaciones climáticas. Actividades al aire libre

  • Enviado por: Raúl
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 20 páginas
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CLIMA Y TURISMO

Italiana conoció así la primera oleada del turismo aristocrático invernal, reservado a una elite afortunada que disponía de largos periodos de ocio. En EE.UU. se había iniciado un turismo de estación cálida desde 1870, con destino a California, Florida, Cuba y México. Son los norteamericanos los que en los años 20 procuraron trasladar a Europa la tradición de frecuentar las playas calurosas en la época estival.

Algunas personalidades propietarias de casinos y establecimientos hoteleros, deseosas de rentabilizar al máximo sus establecimientos, jugaron un papel decisivo en esta evolución. En 1929 se inauguró el Casino de verano de Cannes. 1928 fue un año especialmente caluroso en Inglaterra, que había contribuido a difundir la moda de la piel dorada...

La concesión del derecho a un descanso remunerado a todos los trabajadores de los países desarrollados permitió a la mayoría de estos tomar vacaciones a partir de 1945-1950. La elevación de las rentas y la aceleración de los medios de transporte no han hecho mas que acelerar ese proceso.

Paralelamente han aparecido además de otras formas de turismo, cuyos fundamentos climáticos son también muy evidentes, en el periodo 1960-70 primero con el desarrollo de los deportes de invierno y segundo con la multiplicación de los destinos costeros tropicales.

El clima: recurso turístico

Es en el sol y en el buen tiempo del verano, en lo que, después de la Segunda Guerra Mundial, se ha basado la buena fortuna turística de la cuenca mediterránea. El calor es lo que atrae a los veraneantes a la zona tropical, la nieve es el origen de la frecuentación invernal de las altas montañas.

  • Se trata de una riqueza permanente o renovable, que no es destruida , ni siquiera mermada por el uso turístico. El sol, el calor, las vertientes nevadas, el aire impetuoso de alta mar, a escala humana, son inagotables. Estos se convierten en riqueza en el momento en que son promovidos para el consumo.

  • No solo esta riqueza esta repartida muy desigualmente sobre la superficie del globo, sino que en un lugar determinado esta sometida a una gran variabilidad temporal, ínterdiaria, interestacional, interanual.

  • El clima turístico es un recurso no transportable ni almacenable. El consumidor se ve obligado a llegar a el para disfrutarlo en el momento oportuno.

Para conseguir el éxito de un destino turístico, el buen tiempo no es suficiente. El clima es tan solo una condición previa.

El clima: inconveniente turístico.

No solo el clima hace que tal región vaya a ser, o no, frecuentada por los turistas, sino que determina en gran medida las formas de acogida y de estancia, los tipos de alojamiento, las actividades recreativas...

Las variaciones estacionales:

Son habituales las condiciones climáticas del país emisor las que se revelan como decisivas, ya que establecen el calendario escolar y el calendario laboral. Las condiciones del lugar de acogida también son importantes. Se prefiere la temporada alta a los periodos nada frecuentados.

Estos dos hechos tienen consecuencias, ya que al acentuar la concentración en el tiempo de las actividades turísticas, disminuye la rentabilidad de las inversiones, complica la gestión de los equipamientos e incrementa fuertemente el peso de los gastos de personal.

Las variaciones aleatorias:

El turismo puede verse comprometido de modo importante, por un tiempo que no se ajusta a lo esperado por el veraneante.

  • La variabilidad interanual: En Europa como en Norteamérica , un verano desapacible o malo, un invierno desprovisto de nieve en las pistas de esquí, perturban gravemente el desarrollo de una estación. Los turistas se muestran muy sensibles a las condiciones meteorológicas que han precedido, a veces varia semanas o varios meses a su fecha de partida. Después de un invierno muy riguroso que nunca se acababa , seguido de una primavera inexistente, las agencias de viaje de Paris, se enfrentaron a un numero jamás alcanzado hasta entonces de demandas de cambio de destino. La clientela hizo transferir sus reservas hacia los lugares con el calor y el sol mas garantizados (mediterráneo y trópicos)

  • La variabilidad ínterdiaria : Una encuesta realizada en las playas de la región metropolitana de Boston afirmaba que el 71% de las personas interrogadas declaran consultar sistemáticamente las previsiones meteorológicas antes de cualquier desplazamiento.

En todo caso el mal tiempo, cuando no se prolonga demasiado, no entraña disminución de la actividad turística global, sino una simple transferencia de las ocupaciones al aire libre hacia las ocupaciones de interior, del esparcimiento físico y deportivo al esparcimiento cultural y social.

Lo anteriormente dicho genera dos tesis diametralmente opuestas

  • Se considera que el poder de atracción del clima o mas ampliamente del medio, sea natural o humano, es suficiente para explicar y justificar la existencia de la mayor parte de flujos y centros turísticos.

  • Esta ataca la falsedad de la menor interpretación determinista e invirtiendo en cierta manera el razonamiento, que todo clima, todo lugar es potencialmente turístico. Solo basta con crear un servicio que se corresponda con una demanda.

  • LAS EXIGENCIAS DEL TURISTA EN MATERIA CLIMÁTICA

    Las exigencias fundamentales:

    El ideal climático de la mayoría de los turistas comporta tres exigencias principales, sin la satisfacción de las cuales no se podría considerar un éxito a las vacaciones: exigencia de seguridad, exigencia de disfrute y exigencia de confort y de salud.

    Seguridad.

    La actividad turística es incompatible con un riesgo elevado de catástrofes naturales, susceptibles de comprometer los bienes, y la vida de los veraneantes. Pero las características mismas de las localizaciones turísticas tienen tendencia a aumentar los riesgos ligados al clima. El turista se instala muy a menudo en lugares especialmente sometidos a los azares de la naturaleza, como a la proximidad inmediata del agua. Además sus actividades deportivas: alpinismo, esquí o navegación, se desarrollan normalmente en lugares peligrosos. Ciertas formas de alojamiento como el camping o las caravanas lo hacen especialmente vulnerable.

    Desde el momento en que su integridad física no es amenazada, o es una probabilidad muy débil que se considera aceptable, el turista busca en el clima el máximo disfrute.

    Disfrute.

    En una primera aproximación, el disfrute climático se confunde con el buen tiempo, indispensable para las practicas al aire libre. Pero veremos que no solo consiste en eso.

    • La insolación.

    La insolación solar tiene un efecto euforizante, e incita al optimismo. Un estudio de A. Auliciems (1976-78) ha demostrado que la insolación explicaba por si sola entre el 15 % y el 40 % de la variación total de la sensación de disfrute, y que era el principal determinante del humor. El sol es una condición necesaria para una existencia armoniosa y feliz. Un breve examen de la lectura publicitaria bastaría para confirmarlo.

    Clima y turismo

    El calor nos promete bienestar, anuncia bienestar y el placer de la semidesnudez permitida, los juegos posibles en un mar acogedor. La luz nos permite prever el esplendor de un cielo puro, el brillo de los paisajes y de las cosas a contemplar, el color. El turismo estival suele reducirse a la búsqueda de las 4s (sun, sea, sand, sex) Solo el primero permite un disfrute de los dos siguientes que son un canalizador del cuarto.

    Estar bronceado es ya participar en los canones de belleza física. El bronceado distingue de los demás, confiere una superioridad manifiesta en el dominio de la seducción, y si es un arma erótica en las playas, se convierte en un medio de afirmación social desde el regreso. Este bronceado no se consigue sin peligro, y ciertos médicos consideran que representa incluso una practica aberrante para las pieles blancas.

    • La ausencia de precipitaciones diurnas

    La actividad turística podría verse perturbada por las precipitaciones. Para mucha gente, si llueve a menudo, llueve mucho; y si llueve raramente hace buen tiempo. Solo una lluvia rápidamente evaporada es aceptable a los ojos del turista. Algunos días de precipitaciones repartidas de manera regular a lo largo de un mes, no dejan el mismo recuerdo que una larga secuencia pluviotormentosa. R. Clausse y A. Guerout pudieron establecer que una hora de precipitación borraba de la memoria del común de los mortales y de la del turista medio unas cinco horas de sol, relación confirmada en todas las encuestas sobre el tiempo percibido.

    Confort y salud

    Un clima confortable es el que no obliga al cuerpo humano a un gran esfuerzo para preservar la estabilidad de su medio interior. El cuerpo se encuentra así sometido, permanentemente a las influencias agresivas o tonificantes de su entorno natural.

    • Para el turista existe confort térmico que es cuando el umbral inferior no baja de los 18º, ya que por debajo de esta temperatura la vida al aire libre y las actividades de baño se ven fuertemente obstaculizadas. El umbral superior se establece en unos 25º pero algunos autores lo fijan en 33º que es la temperatura de la piel desnuda.

    • Riesgos climapatológicos mayores.

    • El clima puede influir en la patología según procesos variados y en periodos de tiempo extremadamente diferentes. Un ejemplo extremo lo proporcionan los cánceres cutáneos. Estos aparecen como la consecuencia de una exposición desmesurada a los rayos de sol, como contrapartida de la moda del bronceado. Los médicos de las grandes compañías de seguros y de asistencia estiman que el 30% de los repatriamientos solicitados cada año por turistas son consecuencia de enfermedades en las cuales una agresión climática mal soportada ha desempeñado un papel desencadenante o agravante indiscutible:

  • Infarto de miocardio

  • Accidentes vasculares cerebrales

  • Deshidratación aguda

  • Acaloramiento

  • El turista debe evitar tanto el frío intenso como los fuertes calores; la sequedad extrema como la humedad opresiva, y los movimientos de aire deben revelarse provechosos en los medios cálidos o templados.

    Exigencias particulares.

    La ecuación general de cada turista.

    La necesidad de seguridad debe ser, mas o menos idéntica en todos los veraneantes, aunque algunos se preocupen mas que otros. La exigencia de confort y de salud es también universal. El disfrute procurado por el tiempo y el clima varia según el orden geográfico de los turistas, por ejemplo en julio un español encontraría la costa sur de Bretaña muy desapacible mientras que un irlandés reconocería en ella muy buen tiempo.

    Exigencias vinculadas a actividades deportivas y recreativas.

    En el turismo cultural y de congresos se contentan con unas condiciones climáticas que no convendrían al turismo costero, quizá incluso las busquen por que no es muy placentero visitar un yacimiento arqueológico bajo un sol intenso o con un calor tórrido. La existencia de centros turísticos no puede explicarse si no es por las actividades deportivas que el contexto climático permite practicar en el. Pero estas exigencias especiales, ligadas a la practica de tal o cual deporte no sustituyen a las exigencias fundamentales del turista, las unas y las otras se combinan.

    EL CLIMA Y LOS DIFERENTES TIPOS DE TURISTA.

    Los turistas son tan diversos y sus aspiraciones a veces tan contradictorias que seria vano esperar llegar a una clasificación competa de los tipos de clientela y de los ideales climáticos correspondientes. Existen dos clases de turistas climáticos especialmente caracterizados, las personas de edad y los enfermos.

    El turismo de la tercera edad

    El acceso de las personas de edad al turismo es uno de los hechos mas notables de nuestra época. Ciertos centros , desde Florida a Túnez, pasando por las Canarias y la Costa Azul, se han especializado en la acogida de jubilados. La cuestión se plantea en saber si existen exigencias especificas de la tercera edad respecto al clima. Los sondeos de opinión revelan que las personas de edad aspiran tanto como cualquier otro turista al buen tiempo. Quizá no reclaman una insolación tan continua en pleno verano, pero son muy atraídas por el sol de invierno. Mientras que la escasez de precipitaciones constituye para ellas un criterio decisivo de elección. Siguen existiendo las exigencias de confort, sin duda todavía mas imperiosas que a cualquier otra edad, considerando la relativa fragilidad de los organismos que envejecen. Se concibe también el interés que presenta para la tercera edad unos climas relativamente iguales, caracterizados por la moderación de los extremos y por la ausencia de brutalidad en los cambios de tiempo.

    El problema, sin embargo, no se plantea solamente en términos de confort, sino también de salud. Dos grupos de afecciones crónicas ocupan un papel preeminente en geriatría, la esfera broncopulmonar y los reumatismos:

    El aparato respiratorio soporta quizá mas que cualquier otro el peso de los años. Los estudios dedicados al problema de la influencia del tiempo y del clima en la bronquitis crónica y en los riesgos de sobreinfección constituyen la extrema nocividad de los elementos, polvo y humo, suspendidos en el aire. así el sur de California se caracterizan en su conjunto por una débil nocividad.

    La patología reumática apenas aporta retoques al cuadro precedente. Los tipos de tiempo que asocian una brutal variación de la presión, un enfriamiento termometrico notable y un elevado grado hidrométrico son ordinariamente los sentidos mas dolorosamente. Pero un calor intenso que afecte a la humedad de la piel tiene los mismos efectos.

    El turismo medico.

    Si bien tiene el poder de engendrar, favorecer o agravar diversos estados patológicos, el clima tiene también el de aliviar ciertos males o prevenir su aparición. Después de haber suscitado las esperanzas mas exageradas esta medicación es vista en ocasiones como una terapia anticuada y sin fundamento que iría a contracorriente de las grandes opciones de la medicina contemporánea.

    La cura no especializada

    Son enfermos afectados de una dolencia orgánica bien caracterizada, para la que se requieren ciertas condiciones de ambiente estrictamente definidas. A titulo preventivo, para evitar un agravamiento, se buscara un centro capaz de ahorrar a su organismo tal o cual categoría de stress contra los cuales son incapaces de reaccionar correctamente. A titulo curativo, la opción deberá tener en cuenta la presencia de tal o cual elemento al que la experiencia habrá reconocido, para la enfermedad en cuestión, un valor de coadyuvante terapéutico.

    En el primer rango de las afecciones abordables por una climatoterapia se sitúan las enfermedades en relación con perturbaciones del estado general del temperamento y la personalidad. El objetivo es proteger al sujeto de los factores de stress cuya permanencia o repetición alentaría su estado general como degradarían su equilibrio fisiológico y prepararían el terreno para la enfermedad. El Climatismo gana a menudo al ser emparejado con el termalismo. El principio fundamental es el de sustraer momentáneamente de un entorno hostil a un sujeto acechado por la enfermedad, o afectado ya por esta de un modo sintomático.

    • El poder refrigerante del aire no se debe separar bastante del optimo

    • Un confort termohigrométrico suficiente

    • Una tensión de vapor que no imponga un esfuerzo pulmonar demasiado intenso

    • Una insolación que no sea inferior a tres horas al día, a lo largo de todo el año, ni superior al 80% del máximo teórico entre mayo y septiembre.

    La cura en un clima especifico.

    En el ejemplo anterior, en ausencia de todo contexto patológico bien caracterizado, la climatoterapia se limitaba a sustraer a un individuo de un clima agresivo para situarlo en unas buenas condiciones generales y sacar provecho de un cambio de aires. En esta ocasión el objetivo parece mas ambicioso. Se trata de buscar un ambiente que , por si solo o acompañado de medicaciones, combata efectivamente una enfermedad ya constituida, de la que acelerará la curación modificando progresivamente el estado general orgánico para obstaculizar eventuales recaídas. La tuberculosis pulmonar y otras afecciones respiratorias, el raquitismo , la anemia y la psoriasis serán enfermedades candidatas.

    La tuberculosis pulmonar ha consagrado la notoriedad climatoterapeutica de la Europa meridional. Durante mucho tiempo el clima mediterráneo ha sido el único remedio propuesto a los tísicos, lo cual debía conducir a la multiplicación de sanatorio y barrios climáticos.

    La lucha contra las enfermedades pulmonares no tuberculosas ha tomado a menudo el relevo. Los asmáticos deben ser protegidos, tanto como se pueda, de las fuertes bajadas de presión, de los vientos violentos y de las nieblas. Se buscara pues para ellos unos lugares secos, protegidos del viento, caracterizados por una gran estabilidad termohigrométrica y por gran pureza del aire.

    El raquitismo y la anemia son dos afecciones a menudo relacionadas y que determinan en parte la misma terapia. Si bien los rayos ultravioleta son suficientes para asegurar la prevención del raquitismo son por si solos incapaces de curarlo una vez se ha declarado. El aire marino cargado de cloruro de sodio, yodo y de bromo adquiere aquí importancia capital, sobre todo en presencia de vientos fuertes. Es conocida en este aspecto la reputación del Mar del Norte y del litoral de la Mancha.

    EL CLIMA Y LOS DIFERENTES TIPOS DE ACTIVIDADES AL AIRE LIBRE

    Las actividades deportivas y recreativas practicadas por los turistas tienen sus propias necesidades climáticas, que vienen a sobreimponerse a las exigencias fundamentales del veraneante.

    Clima y turismo costero.

    En el transcurso de los años veinte, el baño con virtudes terapéuticas ha cedido su lugar progresivamente al baño deportivo, ligado a la ideología de la competición y de la natación-regeneradora. La preferencia se dirigía hacia las aguas tibias, que permitían mejores resultados. Después a partir de los años cincuenta y sesenta, la difusión de nuevas ideologías, tales como el ecologismo y el hedonismo, han supuesto el baño-esparcimiento o el baño-diversión orientado hacia la búsqueda de sensaciones múltiples, y ha llevado a apreciar cada vez mas al cabo de los años las aguas mas cálidas, asociándose en la actualidad con deportes náuticos.

    • El baño.

    Uno de los parámetros mas importantes para el baño es sin duda la temperatura del agua, determinada en principio a un metro de profundidad. Se estima que 15º constituyen un mínimo absoluto, por debajo del cual la actividad de baños es nula, y que tan solo a partir de una media de 18º puede iniciarse una verdadera “temporada de baño” la temperatura del aire, en todos los casos, debe ser igual o superior a 18º con el cielo cubierto o a 16º con el tiempo soleado. Cuando la diferencia térmica entre aire y agua es casi insignificante, el baño tiene todas las posibilidades de parecer plenamente agradable, cuando no verdaderamente tonificante.

    La velocidad del viento reviste, también aquí, una gran importancia; un aire en débil movimiento permite entrar en calor muy rápidamente desde que se sale del agua, mientras que un viento fuerte acelera la perdida calórica en la superficie del cuerpo. El veraneante imagina gustoso que existe una relación directa entre buen o mal tiempo y temperatura del agua.

    El régimen de vientos parece mucho mas determinante. Si sopla a una velocidad moderada el tiempo radiante se acompaña de una sensible caída de la temperatura del agua. Sucede que el viento, perpendicular a la costa ejerce un movimiento continuo de las aguas, superficiales relativamente cálidas, que tiene tendencia a expulsarlas hacia alta mar y son entonces reemplazadas por ascensos de agua profundas, mucho mas frías.

    • Los deportes náuticos

    Papel decisivo de dos parámetros climáticos para la practica de diferentes deportes y recreos náuticos:

  • La temperatura del agua.

  • La velocidad del viento.

  • Una mar lisa, (viento inferior a 0,5 m/s) apenas permite actividades interesantes y obliga a menudo al reposo. En presencia de un mayor movimiento del aire, deben distinguirse varios pasos en función de la experiencia de los practicantes. Una mar que supere los 5 m/s se considera mar en calma o buena mar, con pequeñas olas cortas o todo lo mas un pequeño chapoteo sin que la altura exceda 0,5 m. Los deportistas que han adquirido un buen nivel técnico pueden adaptarse a una mar rizada o poco agitada (viento de 5 a 7 m/s) con oleaje bastante abundante y alturas de 0,5 a 1,25 m. Los sufistas y los planchistas a vela buscan incluso las sensaciones vigorosas que pueden procurarles una mar bastante brava o agitada, en presencia de un viento que sople entre 7,5 y 10 m/s; las olas toman entonces una forma claramente alargada con crestas de espuma blanca, mientras que la altura alcanza habitualmente de 1,25 a 2,50 m. Mas allá de 10 m/s (mar brava, con formación de grandes olas) y mas de 12,5(mar gruesa) la seguridad se ve gravemente comprometida y toda actividad debe ser comprometida.

    • Clima y deportes de invierno

    Hay que decir, que pocas actividades turísticas son tributarias tan pesadamente del contexto climático. Se necesitan 30 o 40 cm de espesor por lo menos para poder esquiar. 120 días de innivacion como mínimo para que las inversiones sean rentables, una buena exposición y poco viento a fin de que la nieve no sea demasiado “trabajada” . Sol a pesar de todo para que el esquiador se sienta bien, ausencia de riesgos para que el invernante se sienta seguro.

    El hecho es que, sin el “oro blanco“, toda explotación turística de la montaña en la temporada de invierno habría sido impensable. Pero si bien la nieve es un recurso turístico de primer orden, puede también transformarse en un inconveniente terrible especialmente con el riesgo de aludes:

    Los aludes. Unas precipitaciones sólidas abundantes, repetidas en un breve intervalo, provocan un manto nivoso inestable y peligroso. Pero el riesgo de aludes dista mucho de estar relacionado únicamente con la abundancia de las nevadas acumuladas. A condiciones topográficas idénticas (pendiente suficiente, pero no demasiado fuerte) dependen en gran medida de la manera como los episodios nivosos se agrupan a lo largo de la estación fría y de las transformaciones que sufre a continuación la nieve en el suelo. Una vez la masa de nieve esta presta a desprenderse, las temperaturas ambientales y el viento, constituyen los principales factores desencadenantes.

    TIPOS:

    • Los aludes secos de nieve polvo se producen en tiempo frío y seco, o con ocasión de un brusco enfriamiento; ponen en movimiento a una velocidad pavorosa la nieve fresca, no estabilizada, en los primeros días que siguen a una nevada sobreabundante. Una simple sacudida del aire basta para provocarlos.

    • Los aludes de placas son responsables de 3 de cada 4 accidentes mortales. La simple sobrecarga de un esquiador o de una nueva nevada entraña su desmoronamiento y, una vez roto el equilibrio, actúa como un verdadero cojinete de bolas para los estratos superiores. Un alud de placas sirve como detonante para un alud de nieve polvo,

    • Los aludes de nieve muy húmeda, estropeada, tanto simples aludes en bolas de tamaño relativamente restringido, como enormes aludes de fondo que desnudan completamente la vertiente de su manto rival, son mucho mas lentos que los aludes de nieve en polvo (de 30 a 50 Km/h) se producen sobre todo en primavera, en el momento de la fusión con temperaturas superiores a los 0º

    • Los demás elementos del clima

    Se ha señalado ya que el esquiador del mismo modo que cualquier otro turista, concedía una gran importancia a la búsqueda de “buen tiempo” . Por otra parte, las jornadas caracterizadas por nevadas son, muy a menudo, jornadas perdidas para la practica del esquí. La clientela de los deportes de invierno aspiran al “gran sol” sea en las pistas o fuera de ellas; son cada vez mas numerosos los adeptos de los baños de sol, que buscan aprovechar al máximo una radiación solar incrementada por el doble hecho de la altitud (menor espesor de la atmósfera atravesada, aire seco y limpio) y de una fuerte reflexión sobre la nieve o el hielo.

    Toda la publicidad de las estaciones de esquí insisten en la actualidad en el emparejamiento nieve-sol que explica el éxito de cierto destinos poco mimados por la nieve.

    Un ultimo elemento del clima debe preeverse desde la perspectiva de los deportes de invierno: es la temperatura del aire , que interviene para determinar la posibilidad de fabricación de nieve artificial. La nieve de cultivo, obtenida por cristalización en el aire frío del ambiente de gotitas de agua pulverizadas muy finamente y proyectadas a grandes distancias, permite garantizar clientela en las estaciones de esquí.

    MODIFICACIONES CLIMÁTICAS DE ORIGEN ANTROPICO

    Estas modificaciones son muy a menudo involuntarias. Pero nada impide simular las modificaciones susceptibles de ser introducidas por tal o cual acción antropica, para integrar de forma racional unas consideraciones climáticas en las grandes opciones de ordenación.

    Las modificaciones involuntarias

    Sin saber a priori si es en un sentido favorable o desfavorable para la actividad turística, el hombre puede modificar el clima por la realización de estanques artificiales, por la reforestación o, al contrario por la destrucción de la vegetación.

    El efecto urbano se ejerce en los grandes centros turísticos como en toda aglomeración importante. En el caso de Niza, el obstáculo de las construcciones impide a la brisa de tierra que recorre el valle del Paillon traspasar los barrios orientales de Saint Roch o de Riquier y, en consecuencia, ello le vale al barrio del puerto una buena parte de su superioridad térmica sobre el resto de la primera línea de mar. Por lo demás, la aportación de energía antrópica relacionada con las calefacciones domesticas, en invierno, o mas con las industrias y la circulación de automóviles, todo el año, recalienta los lugares de 2º a 3º de media.

    La urbanización desenfrenada de los litorales modifica inevitablemente el clima. Incluso aunque existe una gran diversidad de situaciones, de Torremolinos a Miami Beach, el paisaje tipo del centro costero yuxtapone parcelaciones de villas e inmuebles elevados que interceptan la primera línea de mar formando una especie de muro continuo. Este muro de hormigón crea una pantalla frente al viento de alta mar e interior. Tales barreras imprimen a los diferentes flujos desviaciones que pueden encontrarse en el origen de precipitaciones. La disposición de sus edificios y su forma engendran igualmente fenómenos de aceleración, con bruscas ráfagas, torbellinos desagradables, molestos e incluso peligrosos al pie de este muro corta viento, en el paseo marítimo o la playa.

    Se supone del mismo modo, que los grandes inmuebles rectilíneos inducen al viento a elevarse, para descender después mas lejos con el efecto de “foehn”, caso pues con la elevación de las temperaturas y desecamiento del aire. Ciertos incendios de la vegetación han sido explicados así. En todo caso, el fenómeno puede acentuar la incomodidad habitualmente experimentada detrás de la muralla litoral, donde el recalentamiento matinal es ciertamente mas lento que en otros lugares., pero donde las temperaturas del mediodía superan normalmente a las de la orilla inmediata del agua en 2º ó 3º. El establecimiento de un paseo marítimo destruye o, por lo menos altera profundamente el sistema de brisas, no siendo la brisa marítima prácticamente mas considerable en la playa y en el anden de barlovento. Hay que añadir también que la multiplicación de las paredes verticales reflectantes supone una gran reverberación de ahí resultaría una elevación suplementaria de las temperaturas y un incremento de los contrastes térmico horizontales.

    Las modificaciones voluntarias

    • Escala media

    El nacimiento de centros turísticos ha sido guiado a menudo por el deseo de sacar el mejor partido de las condiciones climáticas existentes. El plano de las ciudades a sido a menudo adaptado para minimizar los efectos nocivos del clima, esto siempre se ha hecho de una forma espontánea e intuitiva. Mucho mas raras y, en todo caso, mas recientes son las operaciones concertadas de ordenación que se han aplicado a corregir los excesos del un clima local y han creado unos microclimas mas benévolos y mas conformes con lo esperado por los turistas. No son todos los elementos del clima los que pueden ser controlados, por ejemplo las precipitaciones, pero si en primer lugar el viento y, mucho mas accesoriamente, la temperatura o la insolación. Una primera modalidad simple de intervención puede consistir en la plantación de árboles. La reforestación limita la desecación y la insolación de las capas inferiores de la atmósfera, mantiene un estado hidrométrico bastante estable, frena o desvía el viento. Ejerce una acción de regulación y de uniformizacion térmica que conserva tanto el frío como el calor. Medidas comparativas de temperatura han mostrado que podía existir una diferencia de 3,5º entre el centro de la ciudad y unos barrios que se extienden a lo largo de una banda de vegetación de 50 a 100 m de profundidad. Pero varias condiciones son necesarias para que la reforestación pueda crear un autentico microclima, con sus características térmicas e hidrométricas. En especial el elemento vegetal debe representar por lo menos un 30% de la superficie urbanizada, y es necesario que se asegure una alimentación regular de agua.

    • Escala fina

    Se piensa aquí, en las disposiciones arquitectónicas destinadas a asegurar a los ocupantes de los edificios que se construyen unos ambientes interiores tan confortables como sea posible. La concepción de los edificios debería bastar bastante a menudo para situar al turista en un marco soportable o absolutamente confortable. La estandarización de las construcciones sigue sin duda una moda, que permite a la clientela encontrar el mismo hotel en Waikiki, Palma de Mallorca y Deauville pero los resultados están lejos de ser satisfactorios con relación a las condiciones climáticas. En un medio cálido y húmedo, las adaptaciones arquitectónicas mas útiles deberían cumplir los cuatro puntos siguientes:

  • Ventilación permanente del espacio habitado

  • Protección contra el sol y la lluvia

  • Prevención de la elevación de las temperaturas inferiores durante la jornada

  • Disminución de estas durante la tarde o la noche.

  • Abrir cada apartamento a las dos fachadas del edificio también seria conveniente. Las aberturas de aire no deben en ningún caso apartarse en mas de 50º de una y otra parte de la dirección de la que sopla el viento dominante. Un urbanismo aireado y amplio, que reserve amplios espacios libres entre los inmuebles participa igualmente de una buena ventilación. Si se quiere acoger a turistas de las latitudes medias en regiones tropicales el aire acondicionado se hace imprescindible.

    EL MOSAICO DE LOS CLIMAS DE LA TIERRA Y EL TURISMO

    Los factores cósmicos y planetarios del clima, imponen un desglose del globo en tres grandes zonas, que corresponden a las latitudes polares y latitudes tropicales donde se encuadran las latitudes medias. Se sabe que diversos factores geográficos, tales como la distribución de tierras y mares o la presencia de macizos montañosos inducen a un cierto numero de alteraciones.

    Clima y turismo en las latitudes elevadas.

    Aunque cubriendo casi una quinta parte de la superficie del globo, el mundo polar y sus márgenes tan solo atraen en la actualidad a una clientela internacional extremadamente restringida, que se concentra sobre todo en Laponia, Groenlandia y el Gran Norte canadiense.

    Parece totalmente improbable que la situación evolucione notablemente en el transcurso de los próximos años en tanto que los inconvenientes vinculados a estos medios fríos se muestran severos, la hostilidad del clima no es por lo demás el único factor susceptible de limitar la actividad turística: piénsese en el aislamiento, el elevado coste de los viajes, la mediocridad o la inadaptación de las estructuras de alojamiento y la rareza de los equipamientos recreativos.

    • Los caracteres generales de los climas polar y subpolar.

    Los climas polares representan el dominio de frío permanente, aunque el rigor tiende a difuminarse a medida que se desciende en latitud. Son medios desprovistos de verano, sin que ello excluya no obstante un cierto alivio térmico estacional coincide con el periodo de día continuo. Se podrá preferir la identificación como polares de los espacios donde ninguna jornada consigue satisfacer las exigencias del veraneante, tal como han sido expuestas en el primer capitulo de este estudio. En estas latitudes el umbral de congelación de la piel desnuda es franqueado a menudo, paralelamente se trata de climas secos. De ello resulta un riesgo constante de deshidratación de la sangre y una probabilidad elevada de dificultades respiratorias.

    A primera vista, es licito dudar de que los climas de las altas latitudes puedan responder a las expectativas de cualquier turista, sin embargo los adeptos a los raids polares no tienen las mismas exigencias que los turistas de la costa del sol en el mes de agosto. Se trata de una clientela mas resistente, con gustos mas deportivos, a la que la rudeza del clima no asusta y de la que una de las principales motivaciones es la búsqueda de las sensaciones fuertes.

    Clima y turismo en las latitudes medias.

    Con el alrededor del 95% de turistas franqueando una frontera y las nueve décimas partes de los movimientos turísticos de nacionales en el interior de su país, son las latitudes medias las que registrarán sin duda durante largo tiempo todavía los flujos de veraneantes mas densos de todo el planeta. Nada hay de sorprendente en ello, ya que el espacio comprendido entre el mundo polar y los trópicos concentra los países mas urbanizados y mas industrializados del globo, los únicos en consecuencia que pueden acceder masivamente al mercado de viajes y de las estancias de recreo. La pertenencia a una misma zona climática de los principales focos emisores y de los principales centros receptores de turistas podría constituir un inconveniente si obligase a la población a pasar sus vacaciones a un clima muy semejante al de su domicilio habitual. Afortunadamente, no siempre es así: las latitudes medias están lejos de verse sometidas a condiciones uniformes, tanto en su potencial climático turístico de conjunto como a la evolución estacional de su aptitud de acogida de extranjeros. La mas importante de estas características internas reside en la oposición entre los climas templados frescos o medios por un lado, y los climas templados cálidos, por otro.

    Las latitudes medias se extienden, a grandes rasgos, entre los 30-50º y los 60-65 de cada hemisferio. Corresponden a las regiones barridas por la circulación zonal del oeste y se definen comúnmente como el área de extensión de los climas templados. Apenas es posible mantener aquí su sentido de moderación.

    Las latitudes medias, en efecto, no escapan a los fenómenos excesivos que reinan como dueños y señores tanto en el medio polar como bajo los trópicos; no disfrutan tampoco de tipos de tiempo perfectamente fisónomos, es decir de un equilibrio real de las estaciones.

    El hecho de que se busquen, en verano como en invierno, los lugares privilegiados donde el clima tiene todas las oportunidades de ser clemente y de que interminables migraciones turísticas conduzcan a los hombres hacia estas áreas excepcionales demuestra muy bien que en las latitudes medias las diversas estaciones son tan solo parcialmente templadas.

    En el caso de Europa occidental en las cercanías del paralelo 45, los climas de las latitudes medias tienen en común una fuerte alternancia térmica estacional. Estos vigorosos contrastes estaciónales no hacen mas que reflejar el continuo enfrentamiento de las influencias polares y las tropicales. De ello resultan las mayores amplitudes térmicas del planeta; dicho de otro modo, las diferencias mas acusadas entre las temperaturas de los meses extremos. Ello está de acuerdo, por otra parte, con el sentido etimológico de la palabra templado, que implica la idea de mezcla y no la de moderación. La doble presencia de un invierno y un verano (mientras que las zonas frías y la zona intertropical no coinciden mas que una u otra de estas dos estaciones térmicas) constituye el mas seguro unificador de las latitudes medias.

    Cima y turismo en las bajas latitudes.

    Llegadas tardíamente a los catálogos de las agencias de viaje, y no ofreciendo actualmente todavía mas que centros turísticos de segundo orden en comparación con las enormes concentraciones de Europa occidental o de la cuenca mediterránea, las bajas latitudes son probablemente aquellas cuya frecuentación se ha incrementado mas rápidamente en el transcurso de los últimos años. La clientela ha surgido de los países densamente urbanizados e industrializados del hemisferio norte. Este éxito en ocasiones fulgurante de los nuevos destinos costeros tropicales, no impide sin embargo ciertas punzantes contrariedades. En todos los casos, tanto en el éxito como en el fracaso, parece que el clima juega un papel importante, a veces incluso decisivo, pero se debe añadir de inmediato que, dejando aparte la constancia del calor, hay pocos puntos comunes entre las amplitudes climáticas de los trópicos secos, que siguen apartados de los mayores flujos del turismo internacional y la de los trópicos lluviosos, que aprovechan al máximo del entusiasmo contemporáneo por el exotismo y el cambio de cultura.

    Conclusión general

    El primer hecho destacable es que la climatología turística, por su condición de importante fuente de ingresos para algunas economías nacionales, avanza rápida pero no siempre en la línea adecuada debido a los intereses económicos en un mundo globalizado y capitalista. Se calcula que cada dólar invertido en promoción por una administración nacional de turismo, reportaba una media de 250 y 371 en países destino habitual de miles de turistas como España, Francia o Italia.

    Al concluir el examen que hemos realizado de los fundamentos climáticos de la actividad turística, se desprenden algunos rasgos importantes: en primer lugar, el clima no es un recurso turístico en si mismo, pero puede mostrarse favorable a tal o cual tipo de turismo, en tal o cual momento del año, en unas condiciones tecnológicas, económicas y culturales determinadas. Lo que de esto se obtiene como conclusión, es que no existe en la superficie del globo un clima realmente maldito, no apto para la acogida del menor turismo y condenado a seguir así indefinidamente. Pero es muy importante conocer las características del clima de cada lugar para determinar con un máximo de precisión que tipo de clientela puede satisfacer, a fin de extraer el mejor provecho de sus ventajas y minimizar sus eventuales inconvenientes.

    Es también importante destacar el hecho de la creciente necesidad de informaciones climáticas demandadas por el gran publico, en especial, en el momento de preparar las vacaciones. De esta manera los folletos de propaganda difundidos por las agencias de viajes y las oficinas de turismo desempeñan un papel esencial. Para el veraneante, resulta de vital importancia conocer el tiempo que va a hacer cuando visite una región. De esta forma para ser tratados y resueltos eficazmente, un gran numero de problemas relacionados con el turismo, exigen una documentación y un control climatológico de un gran rigor científico.

    Para el urbanista y el inversor, también resulta de vital importancia disponer de un análisis preciso de los datos climáticos, para garantizar su rentabilidad y elegir los equipamientos mejor adaptados al mercado.

    Dada la importancia para los estados y los turistas de la climatología turística se espera que las investigaciones prosigan en la vía de una ciencia rigurosa, objetiva y sin fallo. El camino por ahora es largo y sembrado de obstáculos. Pero se hará mas corto y mas fácil el recorrido cuando se llegue al convencimiento de que es en vano contar con el menor éxito de la investigación aplicada si no se reposa en una profundización de la investigación fundamental, sin que primen los intereses comerciales.

    Bibliografía

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    Editorial Masson. Colección de Geografía.

    Barcelona 1991

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    ISMAEL, M. Las estaciones de invierno en España

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    Enciclopedia Microsoft Encarta 2001

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    www.mitchell.sierraclub.org