Clases populares y luchas sociales y políticas

Historia universal. Proletariado rural. Clase obrera. Luchas de clases. Anarquismo. Socialismo. Movimiento obrero

  • Enviado por: Cristina Cuenca
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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  • CLASES POPULARES Y LUCHAS SOCIALES Y POLITICAS

    • PROLETARIADO RURAL Y LUCHA POR LA TIERRA

    • LA CLASE OBRERA

    • ASOCIACION Y LUCHAS DE CLASE

    • ANARQUISMO Y SOCIALISMO

    • ARTESANOS, CLASES MEDIAS Y MOVIMIENTOS DEMOCRATIVOS POPULARES

    CLASES POPULARES Y LUCHAS SOCIALES Y POLITICAS

    • Sociedad agraria (1,5 M propietarios, 2,35 M. jornaleros, 0,5 M. arrendatarios).

    • Nueva categroría social que comienza a cobrar importancia a partir de las décadas centrales del siglo: “jornaleros de fábrica”. El resto de la clase obrera lo completan algunos asalariados del sector servicio (empleados de comercio y transporte).

    • La clase obrera experimentó un crecimiento sostenido hasta alcanzar el millón de personas a finales del XIX, repartidas en partes iguales en las industrias del vestido y del tocado y la industria de la edificación. Pocos comparados con los 4,5 millones de personas dedicadas a la agricultura, pero con un peso considerable en el conjunto de la población activa.

    • Clases medias: jornaleros del campo y trabajadores de las ciudades (industriales o servicios) y la oligarquía social por arriba. Eran un conjunto heterogeneo:

    • Jornaleros del campo y trabajadores de las ciudades

    • Artesanos

    • Altos profesionales (abogados, médicos, arquitectos) que pasaban muchas veces a la oligarquía.

    • Estas clases medias son las protagonistas de la vida política, a ellas se les pide el voto (formalmente) de ellas saldrá una proporción de jerarquías eclesiásticas, mandos militares, abogados, políticos que formarán la élite del poder moderado.

    • De ellos proceden las resistencias ante la nueva sociedad: cambios en la propiedad de la tierra y en la incipiente industrialización.

    EL PROLETARIADO Y LA LUCHA POR LA TIERRA

    • Imposible establecer una generalización debido a la diversidad de estructuras agrarias, de producciones y de relaciones sociales fruto de la historia y la abolición del régimen señorial.

    • En regiones caracterizadas por la gran propiedad (especialmente en Andalucia) se formó un proletariado rural, una clase social de campesinos sin tierra protagonista de las luchas por el reparto de tierra, en otras regiones caracterizadas por la pequeña propiedad el campesinado se unirá a la causa carlista y luchará por el mantenimiento del absolutismo y el Antiguo Régimen. Los propietarios pobres castellanos serán pasivos y poco proclives a la movilización social salvo en momentos de aguda crisis económica y político.

    • En Andalucia constituyen más de la mitad de la población activa, aparecen como “una ingente masa de poblacion mal nutrida y carente de instrucción”. A consecuencia de la desamortización municipal muchos ayuntamientos que perdieron la fuente de ingresos sin poder sustituirla por ingresos estatles cerraron las escuelas mantenidas de las rentas de bienes propios o comunes. La situación escolar empeoró en Andalucia hasta el punto que en 1860 entre el 70 y el 90% de sus habitantes eran analfabetos.

    • Miserables condiciones de trabajo que podían empeorar a causa de la climatología y las malas cosechas sin que existiera el recurso tradicional a las instituciones benéficas sostenidas por la iglesia que habían sido desmanteladas por la desamortización.

    • Para el jornalero el cambio de propiedad de la tierra implicó un deterioro de las condiciones de vida, los ayuntamientos perdieron sus fuentes de ingreso, los salarios descendieron (en términos reales y en comparación con los precios) y las instituciones de caridad desaparecieron. El Estado carecía de otro recurso salvo enviar a la Guardia civil para reprimir las protestas (creada en 1844 con la misión de custodiar la nueva propiedad privada de la tierra).

    • El deterioro también afectó a los sectores del campesinado compuestos por pequeños propietarios, pequeños colonos, pegujaleros y pelantrines. En las primeras fases de abolición del régimen señorial los colonos, arrendatarios, jornaleros y grandes y medianos terratenientes no nobles se unieron para enfrentarse a los señores. Comenzó una larga fase de litigios con el fin de obligar a los señores a presentar los títulos de propiedad que en muchos casos no presentaron puesto que o bien solo tenían derechos jurisdiccionales o porque fueran tierras incorporadas indebidamente procedentes de tierras de realengo o de bienes de propios y comunales. Los pleitos se resolvieron a favor de los señores.

    • Al mismo tiempo la desamortización eclesiástica y civil puso en manos de terratenientes no nobles la posibilidad de aumentar sus tierras, una vez que consideraron imposible el discutir la titularidad de los antiguos señores rompieron la alianza que tenían con la generalidad del campesinado. La desamortización civil fue la última oportunidad de repartir las tierras entre el campesinado y el último paso en la concentración de la propiedad. A partir de ese momento serán solamente los sectores más pobres del campesinado los que mantengan la agitación, agravada por el empeoramiento general de las condiciones de vida y trabajo desde mediados de siglo.

    • Las formas recurrentes de acción de la protesta campesina a partir de los años 40 son la quema de cosechas y la ocupación de tierras, también tienen una relación innegable con así como las “manifestaciones sociales marginadas” es decir, el bandolerismo y contrabando así como los ladrones.

    • La frustración colectiva que siguió a los litigios esta en el origen de las revueltas de algunas zonas de Andalucía así como la participación de los campesinos andaluces en movimientos revolucionarios dirigidos por los partidos más radicales, la de 1857 que partió de Sevilla fue un anuncio de la rebeldía campesina: sublevaciones locales, ataques a los cuarteles de la guardia civil, quema de archivos municipales, enfrentamientos con las fuerzas represivas, derrota y represión indiscriminada con la posterior secuela de formas de primitivas de lucha social, especialmente incendios de cosechas.

    • La mejor muestra de la participación campesina en movimientos de cambio político es la revolución de septiembre de 1868 que aunque no es un movimiento campesino, puesto que los objetivos políticos de los dirigentes del movimiento (almirantes, generales, burgueses) estaban lejos de los contenidos de la revolución social esperados por los campesinos, anunció una transformación de la sociedad, hubo movimientos campesinos de ocupación de las antiguas tierras señoriales, comunales y de propios.

    • Los motines y revueltas que siguieron se extendieron por Cádiz, Jerez y Sevilla y culminaron en Málaga el 1 de enero de 1869 con una sublevación en la que participaron más de 6.000 trabajadores. La tensión entre campesinos y propietarios se generalizó y extendió a La Mancha y Extramdura, Cataluña y Levante tras la votación de las Constituyentes en julio de 1869 favorable a la instauración de la monarquía y la frustración de las expectativas populares de abolición de las quintas y del impuesto de consumos, resultaron en otoño de 1869 en los levantamientos federalistas.

    • La revolución de septiembre así como los movimientos federalistas y la insurrección cantonalista exceden el marco de los movimientos campesinos y se abren a otros sectores y clases de la sociedad. Estas revueltas dejarán en la conciencia campesina contenidos que perdurarán en las décadas siguientes: antiestatismo y apoliticismo. Esto facilitará el arraigo del anarquismo en las zonas del mundo rural más combativas frente a la consolidación del nuevo orden surgido de la disolución del Antiguo Régimen.

    EL PROLETARIADO URBANO

    • Las décadas centrales presenciaron frente a la movilización campesina la aparición de un sector social minoritario pero que afirmaba su presencia en los conflictos urbanos.

    • El censo de 1860 considera que había unos 155.000 jornaleros de fábrica, concentrándose en Barcelona en el sector textil.

    • La industria fabril pertenecía en su inmensa mayoría a los sectores tradicionales (alimentación) y su producción tenía un mercado local. A este tipo de fábrica corresponde un obrero alejado del proletario de la gran fábrica de la sociedad británica. La diferencia consiste en el tamaño de las fábricas. La mayoría de las fábricas españolas eran más bien talleres de un patrono con un par de oficiales y algunos peones. Las grandes concentraciones de obreros eran desconocidas en la mayor parte de las ciudades españolas: solo Barcelona (textil) y Vizcaya (minería y siderurgia) presenciaran en el último cuarto de siglo el crecimiento muy limitado de un proletariado industrial moderno. Tan solo dos empresas empleaban a más de 1.000 obreros, abundando las empresas artesanales y atrasadas.

    • Hasta el primer tercio del XX la producción fabril en otras zonas (Madrid) no conocerá la concentración fabril.

    • La pequeña dimensión de las unidades productivas indica que entre patronos y obreros existía una relación cara a cara propia de las sociedades tradicionales, existía y perdurará hasta bien entrado el XX una “solidaridad de barrio” y una “atmosfera cooperativa” entre patronos y trabajadores que frecuentemente eran vecinos.

    • Esta clase obrera imponía un estilo obrero. Desde la instalación de altos hornos en bilbao la dimensión de las unidades productivas comenzará a cambiar y sus efectos se extenderán a otras ciudades:

    • Cambio de la relación entre clases: la máquina destrona a la herramienta e impone el ritmo de trabajo, el patrono es sustituido por el contramaestre y la sociedad anónima y el obrero de oficio lo es por el no calificado (o semicalificado), por la obrera o el niño.

    • Los cambios afectarán a la propia composición interna de la clase obrera: el trabajador de oficio se encuentra inmerso en una jerarquía gremial que le permitiría emanciparse de la condición de asalariado pasando de maestro a patrono. El obrero de fábrica sabe que es la máquina la que dicta las tareas y su ejecución; su emancipación será colectiva (si existiera) y su mayor interés es mejorar sus condiciones de trabajo.

    • A partir de 1850 surgen peones sin cualificación, jornaleros, que trabajan cuando pueden en la construcción o en los empleos más bajos de las fábricas. Se instalan en los extrarradios de las ciudades en barrios sin condiciones sanitarias e higiénicas, su número crece con el crecimiento de las ciudades. En el año 1900 eran cerca de medio millón.

    ASOCIACION Y LUCHA OBRERA

    • Los trabajadores de oficio no tuvieron formas de organización ni luchas iguales a los obreros de grandes industrias o al subproletariado de los extrarradios.

    • Los obreros de oficio se organizaron en sociedades de resistencia o asociaciones de ayuda mutua, intervinieron en las luchas políticas juntos a artesanos y pequeños industriales recurriendo a la huelga para obtener mejoras. A partir del 1910 se craron sindicatos industriales que reunían a los obreros por industrias por medio de grandes organizaciones estables y jerarquizadas. La lucha obrera se considera la transición de la asociación de oficio al sindicato de obreros industriales. El subproletariado urbano intendrá en las luchas obreras con acciones espontaneas que respondían a coyunturas particulares de falta de trabajo y hambre. Los sindicatos en España fueron una creación del XX.

    • El triunfo del liberalismo implicó además de la abolición del régimen señorial la disolución del gremios en 1836. La amplia libertad entre capital y trabajo se entendió como concurrencia de individuos legalmente libres a un mercado sin trabas, en la práctica esto significaba la pérdida de la protección de los intereses corporativos de los oficios, hasta 1868 no estuvo contemplado el derecho de asociación y reunión.

    • Debido a esto la respuesta obrera no fue organizada. Se destruyeron máquinas aunque no de una forma tan importante como ocurrió en Francia, por ejemplo, con el fin de mantener los oficios. La acción mas sensacional tuvo lugar en 1832 en Barcelona cuando fue montada una máquina de vapor aunque la autoría de este incendio no esta clara. En 1854 con las “selfactinas” los hiladores también se opusieron a su instalación.

    • Se daban los primeros pasos en la asociación de los trabajadores. En 1839 se legalizó la creación de sociedades de socorros mutuos y en 1840 (fecha histórica) se autorizó la Sociedad de Tejedores y la Asociación Mutua de Tejedores de Barcelona, que eran un mismo organismo con fines reinvidicativos (el primero) y de previsión social (segundo). De ideología republicana la Sociedad de Tejedores establecía que los obreros fueran tratados con respeto y cortesía para conseguir la necesaria felicidad y bienestar. Los asociados que llegaron a ser 40.000 cotizaban semanalmente y seguían las órdenes de huelga cuando los patronos trataban de recortar los salarios.

    • En el 1848 se crea en Madrid siguiendo las directrices revolucionarias demócratas de París, Alemania, Austria e Italia, la Sociedad de Socorros Mutuos de Cajistas de Imprentas que “entraron los elementos avanzados del oficio, sin distinción de operarios y dueños, conviviendo en relativa fraternidad”.

    • En el contexto de las sublevaciones populares que dieron origen al bienio progresista se producen acciones obreras especialmente en Cataluña donde surge la diferenciación de clases. La huelga iniciada en marzo de 1854 en la empresa “La España Industrial” se extendió por toda Barcelona, los enfrentamientos entre las tropas y los trabajadores duraron los dos años del bienio progresistas. En junio de 1855 el gobierno disolvió las sociedades obreras, se apoderó de sus fondos y las sometió a jurisdicción militar. La respuesta fue una huelga general (40.000 trabajadores) que terminó con la promesa progresista de atender sus peticiones y el posterior juicio y destierro de los dirigentes. La nueva decepción causada por la nula respuesta de los progresistas al manifiesto de 33.000 firmas de obreros de toda España pidiendo al gobierno que cumpliera sus promesas fue seguida de nuevas huelgas en 1856 y de la más dura represión sindical (ejecución de un dirigente sindical), que significó la ruptura del movimiento obrero con los progresistas y su desplazamiento hacia el partido republicano federal.

    • La desvinculación entre obrerismo organizado y progresismo sería la primera de las frustraciones que los sectores políticos democráticos y/o republicanos de las clases medias provocarón. Una vez aprobada la libertad de asociación que permitió la creación y reorganización de nuevas sociedades obreras, se creó una Dirección Central de Sociedades Obreras en cuyo congreso se aprobó por aclamación la forma de gobierno republicano federal.

    • El levantamiento republicano de 1869 y el influjo de la AIT acabó por frustar las expectativas de las organizaciones obreras en los partidos de las clases medias.

    • En España arraigaron las formas organizativas bakuninistas debido a la histórica decepción de los partidos políticos. Los obreros españoles conectaron rápidamente con el lenguaje antipolítico y antiautoritario de la Alianza en vez de con la estrategia política y centralista del sector marxista de la Internacional.

    • En 1872 por un decreto se obligó a la disolución de las secciónes de la Internacional. La Federación siguió celebrando congresos consiguiendo más de 30.000 afiliados en españa en 1873. Con la proclamación de la República (febrero 1873) se sucedieron las manifestaciones a favor de la autonomía municipal, huelgas por mejoras en las condiciones de trabajo y las ocupaciones de tierras. En julio con las huelgas generales de Barcelona y Alcoy (esta de alcance insurrecional), unido a la gran presión carlista y el movimiento cantonalista cayó la república.

    ANARQUISMO Y SOCIALISMO

    • El golpe de Estado que provocó la Restauración monárquica implicó el fin de la Federación Regional (enero 1874). Hasta 1881 cuando se restablece la libertad de asociación el movimiento obrero atravesó un periodo de clandestinidad del que emergerá dividido entre la tendencia anarquista y socialista que perdurará hasta el fin de la guerra civil 1936-39.

    • El anarquismo en España estaba arraigado por lo que pese al fin de la Federación Regional se creó una nueva Federación de Trabajadores de la Región Española que en poco tiempo se extendió por todo el país especialmente en Cataluña, Valencia y Andalucía aunque no se consolidó en organizaciones permanentes ya que hubo frecuentes luchas internas entre una corriente de ascendencia bakunista (anarco-colectivistas) y otra inspirada en Kropotkin (anarco-comunistas).

    • Las persecuciones y diferencias entre estas corrientes hicieron declinar hasta su desaparición de la Federación en 1888. Hasta mediado el XX no se creó una verdadera organización sindical.

    • La ideología de las corrientes anarquistas del periodo de la Restauración se caracterizó por la exaltación de la libertad, la creencia en la bondad natural del hombre y la fe en la razón humana y el progreso solo impedido por la organización capitalista de la sociedad que dividía a los hombres en privilegiados y explotados. Los privilegios se mantenían gracias a las instituciones como la Iglesia y el Estado, los explotados solo podían contar con sus propias organizaciones rechazando cualquier pacto con los privilegiados. Así ensalzaban el colectivismo y la federación libre de las colectividades. El colectivismo se entendía como negación de la política y antiestatismo.

    • La derrota de la Comuna de Paris avivó las luchas entre marxistas y bakunistas. En España un grupo de obreros madrileños liderados por Pablo Iglesias se sumaron al sector marxista de la Internacional fundando el Partido Socialista Obrero que surge unido al sector de los trabajadores de oficio.

    • Este partido introduce en España los principios programáticos y las aspiraciones del marxismo. La creación de agrupación y su desaparición será la norma hasta finales de siglo sin producir en ningún momento avances significativos. El socialismo español más que un partido fue una organización obrera. Es en 1888 en Barcelona con ocasión del Congreso Constituyente del PSOE cuando en el “Congreso Nacional Obrero” surge la UGT que proclama una neutralidad ideológica que permita una afiliación masiva, sus objetivos son la mejora de las condiciones de trabajo por la resistencia al capital, la ayuda mutua y la conquista de leyes favorables a la clase obrera.

    • Estos objetivos entrañan una diferencia frente a la corriente obrera anarquista: los principios organizativos de la UGT chocan con la fluidez y escasa integración anarquista. Se forman así dos tipos de organización y de práctica obrera que en las primeras décadas del XX se consolidan como dos tipos diferentes y en ocasiones enfrentados de sindicatos obreros y de cultura obrera. Hasta 1900 la UGT realizó pocos progresos, el sindicalismo español realmente toma fuerza en el siglo XX.

    ARTESANOS, CLASES MEDIAS Y MOVIMIENTOS DEMOCRATICOS POPULARES

    Aproximadamente tan solo un millón de personas se dedican a actividades productoras en el sector secundario y eran dueñas de sus instalaciones o utensilios. De ellas aproximadamente la mitad eran de industrias alimenticias y cerca de un tercio por fábricas de harinas y tahonas. Estos sectores en realidad estan más cerca de la clase obrera que de las clases medias.

    Las clases medias estaban compuestas por muy diferentes estratos sociales lo que provocó diferentes movimientos sociales y políticos. De las capas altas surge el movimiento moderado y de las bajas el movimiento progresista.

    El general Espartero es el ídolo del movimiento progresista cuyo santo y seña es la “voluntad nacional”. Los progresistas intentan reforzar el poder del parlamento, la autonomía local, la elección de todos los cargos por el pueblo, una vez transformado el progresismo en democracia piden el sufragio universal, la libertad religiosa así como la reducción de aranceles y su apoyo a la Milicia Nacional frente a la Guardía Civil para el mantenimiento del orden. El sistema político implantado por los moderados tan solo les permitía la rebelión o la revuelta popular acompañada de un pronunciamiento militar puesto que la manipulación electoral de los moderados les impedía tomar el poder de forma legal.

    Una vez conseguido el poder por el pronunciamiento militar del 1868 fueron incapaces de consolidar su poder y encontrar apoyos sociales para sus gobiernos. El golpe de Estado de 1874 liquidó la presencia activa de estas clases populares en la escena política, algunos se pasaron a las filas del partido liberal de Cánovas aceptando el turno de poder por medio de elecciones amañadas con el fin de consolidar la monarquía y evitar revueltas y pronunciamientos, que aseguraron 25 años de paz política y calma social basados en el pacto entre las élites políticas.

    13. CLASES POPULARES Y LUCHAS SOCIALES Y POLITICAS

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