Cid Campeador

Historia de España. Corona de Castilla. Guerrero castellano. Rodrigo Díaz de Vivar. Luchas. Batallas

  • Enviado por: Afram84
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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UNIVERSIDAD DEL VALLE DE MÉXICO

CAMPUS LOMAS VERDES

DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES

“RESUMEN DEL LIBRO EL CID CAMPEADOR -LA RUTA DEL DESTIERRO- DE BURGOS A VALENCIA”

COMUNICACIÓN

PERIODO 02/02

2º PARCIALRESUMEN

En el poblado de Vivar, a unos kilómetros de Castilla, nació Rodrigo Díaz de Vivar en el año 1043. Su padre Diego Laínez descendía de Laín Calvo, antiguo juez de Castilla. Rodrigo no pertenecía a la nobleza, sin embargo su familia era muy respetada. Huérfano a muy corta edad, vivió con la familia real de Castilla. Sobresalió en caballería, letras y derecho. En 1063 lo nombra caballero el infante Sancho. Ese año combatió al rey Ramiro I de Aragón, apoyando a Muqtadir de Zaragoza. El 28 de Octubre de 1065 dona el monasterio de Arlanza.

Cuando Sancho sube al trono, Rodrigo es nombrado Alférez real. Luchó contra el caballero navarro Jimeno Garcés, por la posesión total del poblado de Pazuengos. Este triunfo le daría el sobrenombre de “Campeador”, que significa vencedor. El término “Cid” es de origen árabe y significa señor.

Causó desgracia política a Alfonso VI, rey de León, en las batallas de Llantada y Golpejera. Su valor hizo énfasis en el cerco de Zamora, y, como una muestra más de su fidelidad y amor a su rey, escoltó su cadáver al monasterio de Oña. Su suerte cambió con el nuevo monarca Alfonso VI, quien se sentía incómodo al recibir al que lo venció en Golpejera. Esto hizo molesta la permanencia de Rodrigo en la corte Castellana.

A pesar de todo Rodrigo, se beneficia a Ximena Díaz, sobrina del mismísimo Alfonso VI, la boda fue posiblemente el 19 de Julio de 1074. El matrimonio fue un acto interesado que “respondía a la idea de fomentar la compenetración de castellanos y leonenses”. En 1075 acompañó al rey a un viaje a Asturias, patria de Ximena, y en Oviedo apoyo la apertura del arca de las reliquias, veneradas en San Salvador. Después nace su hijo Diego, para conmemorar este evento, el rey, le otorgó el hacer libres todas las heredades de Rodrigo.

García Ordóñez, principal adversario de Rodrigo, lo sustituyó en su cargo y más tarde Ordóñez es nombrado Conde de Nájera. Ordóñez se casa con una hermana del rey asesinado de Navarra, con la misma razón de la boda de Rodrigo.

El primer choque de estos dos personajes fue en un viaje del Cid a Sevilla para cobrar las parias que el rey moro Al-Mutamid debía pagar.

Rodrigo llegó a Sevilla, lugar sitiado por el rey moro de Granada, hombre de poco carácter y débil, que tenía a su servicio a un gran ejército cristiano. Entre los caballeros cristianos se encontraba el Conde de Nájera. Rodrigo escribió una carta en la que explicó al de granada que no atacará Sevilla. Haciendo caso omiso a la petición, invadieron Sevilla desatando una feroz contienda, saliendo victorioso el de Vivar y tomando de prisioneros a varios caballeros castellanos, entre ellos el arrogante Conde de Nájera. Partió entonces a Burgos en 1080. Su victoria causó malestar a la corte y para el rey Alfonso contrariedad la derrota y afrenta de su alférez. García Ordóñez busco entonces la venganza.

Pronto halló la forma de castigar al castellano. Los moros atacaron por sorpresa la fortaleza de Gormaz y el Cid enfurecido invadió el reino de Toledo. Esto desagradó mucho al rey Alfonso VI, ya que el rey moro Al-Qadir era fiel protegido y amigo, y el Cid no debió atacar este territorio. Sintiéndose ofendido, acordó el destierro de este último.

Ya en Vivar, situada en Burgos, Alfonso VI, le da nueve días al Cid, para abandonar tierras castellanas. Rodrigo ya en su casa de Vivar reúne a sus vasallos y amigos, para saber quien esta dispuesto a ir con el. Entonces dice:

  • Dios os pague a aquellos que queráis seguirme; y los que aquí queden, me quisiera despedir como un buen amigo.

Después el silencio invade la estancia. Minaya Alvar Fáñez, se pone de pie y le responde:

  • Noble y querido Rodrigo, a quien llaman Cid, contigo partiremos fieles y leales. En tu servicio han de emplearse todo lo nuestro... caballos, ropa y dinero que tenemos. Contigo iremos por caminos y veredas, en los triunfos y en las desgracias.

Los amigos de Rodrigo, sus fieles servidores claman:

  • ¡Cid! ¡Cid!

Rodrigo con voz inflexible grita: -¡En marcha!

Faltando un poco para partir el Cid mira su solar, casa y palacio y llora con tristeza. Al frente de todos observa al volver la cabeza a Vivar su señorío. Se dirigen a Burgos. En esta se acerca Minaya a Rodrigo y el Cid exclama:

  • Querido Alvar Fáñez ¡Alabado sea Dios de tenerte a mi lado! A esto me han reducido mis enemigos.

Ya en el río Arlanzón una corneja vuela por el lado derecho del camino y Rodrigo exclama:

  • ¡Albricias, Minaya, nos han desterrado pero volveremos con honra a Castilla!

El Cid ha llegado a Burgos, ubicada a la ribera del río Arlanzón, ciudad valiente en donde se mezclan la mesura, la gravedad, la altivez y la religión. Ciudad de arte y nobleza. Burgos recibe al Cid y los suyos hosca, inquieta. Cuando Rodrigo la atraviesa, los burgaleses se asoman por las ventanas, afligidos y llorosos, todos diciendo lo mismo:

  • ¡Oh dios que buen vasallo, si tuviese buen señor!

Pero nadie se atreve. El rey ha prohibido la ayuda, aquel que lo ayudase, perderá todos sus bienes e incluso los ojos. Rodrigo se encamina a su mesón, pero la puerta está cerrada. Entonces el Cid mueve a Babieca su caballo y sacando el pie del estribo golpea fuertemente la puerta. La puerta se abre y del umbral sale una niña de unos nueve años, ojos azules, rizos dorados y tez blanca. Con miedo pero sobreponiéndose a la situación, le dice:

  • Campeador, que en buena hora ceñiste tu espada. Para nuestra desgracia y la tuya no podemos recibirte, porque está prohibido. Por favor vete buen Cid sigue tu camino.

Al terminar los ojos de la niña se empañan y con voz quebradiza, vuelve a decir:

  • Vete buen Cid, que con nuestro mal no ganarás nada.

Rodrigo comprende todo y pide a sus compañeros que den marcha atrás. Se dirigen a la ribera del río Alarzón en donde les cae la noche. Todos en el campamento tienen hambre y sed. Poca comunicación hay entre los desterrados. En eso en las sombras de la noche se acerca alguien. Es Martín Antolinez, quien pide hablar con Rodrigo, cuando éste llega le dice:

  • Señor Rodrigo, vengo a darte pan y vino que tu gente necesita, son de mi cosecha.

Rodrigo con gozo dice:

  • Martín Antolinez ¡Sois una lanza valiente!

En el campamento una modesta alegría reina. El Cid no tenía dinero. Piensa empeñar dos arcones de cuero bermejo y clavos de oro que llenan de arena. Martín busca a dos judíos llamados Raquel y Vidas, quienes hacen negocio prestando 600 marcos, 300 de plata y 300 de oro.

Antes que amaneciera el Cid y los suyos emprendieron su marcha hacia el monasterio de San Pedro de Cárdena. Martín regresó a Burgos y el Cid picando espuelas tomo el camino a Fuente Blancas, donde se encuentra el monasterio, situado al fondo de un amplio valle.

Sobre su origen hay muchas versiones como que es la ciudad romana de Cardon. Pero otros su nombre alude a los cardos, abundantes en esta región, y de donde tomó el escudo que ostenta el monasterio. Hechos notables han sucedido en sus paredes, como el martirio de los doscientos santos y su abad San Esteban.

La famosa abadía ha tenido épocas de florecimiento; una de las importantes fue durante los siglos XI al XV. Toda su fama y prestigio adquirido por el martirio, el Cid logró aumentarla, difundiendo su vitalidad por toda España.

Los monjes del monasterio reciben con cariño a Rodrigo y los suyos. Es de mañana llaman a la puerta y el abad Sancho se pone alegre. Fueron tantas las atenciones que Rodrigo exclamó:

  • Gracias señor abad, estoy contento de vos.

En este lugar el Cid dejó a su esposa Ximena y sus dos hijas; Elvira y Sol.

Ante tan generoso comportamiento, da gracias al abad y le entrega cien marcos, para el cuidado de su familia, prometiéndole que recibirá cuatro veces más de lo que gaste en ellas.

Siguiendo la antigua calzada de Quinea, entre los poblados de Osna y Tiernes, siguieron el camino de la pequeña aldea de Navasdepalos, cruzaron el río Duero y descansaron e Figuerela. Eran los límites de Castilla, la frontera cristiano-musulmán estaba cerca. Había seguido el Cid el camino de los montes, donde se encuentra Miedes de Atienza. Hicieron un alto en la sierra de Miedes y vieron las torres de Atienza, fortaleza propiedad de los moros. Los límites donde gobernaba Alfonso VI eran dejados atrás.

La noche caerá pronto. El Cid y sus acompañantes pronto descansarán. Rodrigo despide a Minaya y a los demás caballeros y se recoge. Al poco tiempo en un sueño, allá en los cielos, el ángel San Gabriel le dice:

Cabalga buen Cid, cabalga; cabalga, campeador,

que nunca en tan buena hora ha cabalgado varón.

Bien irán las cosas tuyas mientras vida te de Dios.

Siguiendo la ruta del destierro pasamos por Hita y Guadalajara. Hita es una pequeña aldea casi despoblada ubicada en un cerro, con un sabor evocador que recuerda su pasado. Guadalajara situada en uno de los más pobres y desolados lugares de la agreste campiña castellana. Su nombre es musulmán y quiere decir entre piedras.

Dejaron atrás Hita y Guadalajara donde sacaron cuantiosos botines, siguieron rumbo a Molina recibidos por Aben Galbón.

Llegaron el Cid y los suyos al Balcon de Alcarría, hermoso valle donde se encuentra Castejón de Henares. Todos se encuentran fatigados, pero tiene al frente un baluarte musulmán. Entrando por sorpresa a la villa, se apoderan de la fortaleza y sus riquezas. El Cid llama a Minaya al que ofrece gran parte del botín, pero lo rechaza. Castejón aunque instalado en el sitio más alto de Alcarría, no es lugar seguro, pues ls tropas del rey Alfonso Vi pueden atacarle.

Como el botín es bastante grande, reparte a cada uno de los caballeros, cien marcos de plata y cincuenta a los de pie. Y lo demás lo vende a los moros. Castejón no sufre ningún daño y otorga la libertad a cien moros y otros tantos moricas.

Nuevamente el Cid y los suyos continuan su camino. Legan a Alcocer, sitio de olivos que riega el río Jalón. Las cuevas de Anguita, Medinaceli, de donde se cree que sea oriundo el autor del poema del mio Cid. La ruta del campeador rumbo a Alcocer debió ser por tierras del reino de Aragón, Ariza, Cetina y también por tierras de Ateca.

Los moros se encuentran temerosos. El Cid levanta sus tiendas, mandan a sus mensaderos cavar un foso a fin de reposar sin temor a un ataque. Pone sitio a la ciudad. Los de Alcocer no se rinden y los desterrados levantan tiendas, han pasado más de cien días, y les falta pan y agua. Abandonan el lugar. Los de Alcocer gritan jubilosos:

  • ¡El Cid huye! ¡El Cid se va!

Las puertas de la ciudad han quedado abiertas; de pronto Rodrigo ordena:

  • ¡Ataquen mis valientes! ¡Ataquen sin prisa! ¡A ellos darles muerte heridlos sin temor! ¡Si Dios nos ayuda la ganancia será nuestra! El triunfo es grandioso. El Cid ha vencido pero es piadoso con los derrotados.

Después de pactar con los moros el convenio con el Emir Fariz, que le da tres mil marcos de plata a Rodrigo, marchan de Alcocer a la orilla del río Jalón con su emblema desplegado al viento. Cruzan el río cerca del poblado de Calatayud, la antigua Bilbilis romana.

El Cid con un pequeño grupo de sus mesnaderos ciajó a Sarakosta, la actual ciudad de Zaragoza, donde visitó a su amigo el Taifa, Moctadiar, llamado también Aben Jafar Mamed I. De la familia de los Beni Hud.

Después el Cid viajó a Poyo que está sobre Monreal, donde es difícil que sus enemigos lo venzan. Permaneció allí unas quince semanas, con tributo pagado por la comarca del Valle de San Martín. Aquí se entera que Minaya ha sido perdonado por el rey Alfonso VI.

El Cid continuó sus conquistas, llega a Daroca también llamada “la perla de la Edad media”. Las algaradas del Cid siguieron por las tierras del bajo Aragón, asi que llegaron a Cella. Desde Poyo hace correrías. Una de esta correrías fue la ciudad de Teruel, que significa templo del toro. Esta ciudad es mudéjar. Los famosos fueros de Teruel son leyes escritas con que se gobernaban. El Cid y sus acompañantes se dirigieron al poblado de Alcañiz, ciudad de tambores que se rindió a sus pies.

Regresó Rodrigo a Poyo donde permanece otras quince semanas. Se le llamó Poyo de Mío Cid. El Cid y sus mesnadas habían ganado grandes riquezas, todos volvían alegres de sus correrías, pero principalmente Rodrigo y Minaya. Entonces el capitán Minaya, no pudiéndose contener dice:

  • Oíd caballeros, he de hablaros claro. El que no se mueve de un sitio se le acaba el sustento. Cabalguemos al amanecer, recoged las tiendas y adelante.

El Cid y los suyos abandonan el Poyo, y sus algaradas llegaron al poblado de Olocau del Rey. Volvió a internarse en paisaje turolense, hasta llegar al poblado de Iglesuela del Cid, situada a unos 1,400 metros de altitud. En la ermita de Nuestra Señora del Cid, Rodrigo y los suyos rezaron en su marcha a tierras de Levante. Llegaron a tierras de Huesa del Común.

Siguiendo la ruta del destierro llegamos a Montealbán poblado turolense donde permanece el mudejarismo. Inicia el Cid la conquista de toda la región levantina. Llega al pinar de Tevar, que se encuentra en la región de Morella. Es aquí donde el conde Ramón de Merenguer intentó derrotar al Vivar, quien con sus hombres luchan estoicamente. Berenguer hiere a Rodrigo, pero logra salir victorioso. El conde y cerca de cinco mil presos caen presos. En la batalla el Cid quito al conde una espada colada. Esta batalla trajo consecuencias; Berenguer II, hizo la paz y fue aliado del Cid. Denia, Lérida y Tortosa, pequeños reinos moros pidieron a Rodrigo su protectorado, y lo mismo hicieron reyes de Abarracín y Alpuente.

Han pasado los años y Rodrigo es hombre poderoso, temido y respetado por los reyezuelos de Levante, que lo llaman Mío Cide, que significa mi señor. Había ganado grandes botines. Un día Mío Cid llamo a su pariente y amigo Minaya y le dijo:

  • Querido Alvarez Fáñez, quiero que reúnas los cien mejores caballeros atavíalos lo mejor que puedas. Ve a Castilla, entrega al rey Alfonso VI estos presentes y trata de conseguir que me levanten el destierro.

Minaya contestó:

  • Señor no dudes que haré todo lo posible, también pasaré por Cardeña y entregaré a tu esposa regalos de oro y plata.

Minaya salió rumbo a tierras castellanas. Al cabo de pocos días estuvo de regreso en Zaragoza. Malas fueron las noticias, el rey acepto los regalos pero dijo que era muy temprano para levantar el castigo, y el rey tenía decidido ir contra tierras zaragozanas. A lo que Rodrigo contestó:

  • Minaya, Mutamín, debo decirles la verdad, con mi señor Alfonso, no quiero luchar.

Rodrigo prefiere huir que traicionar sus convicciones de hombre noble y leal. Zaragoza enterada de la situación, sale a despedir a el Cid y su amigo Mutamín. Mientras tanto en el castillo de Rueda se encuentran refugiados los Beni Hud; des de hace algunos años se haya recluido el tío de Mutamín, Modaffar, a quien Moctádir lo apresó para quitarle su reino. El alcalde de la prisión se rebela contra el taifa Mutamín y pide ayuda al Rey Alfonso, quien acepta para poder intervenir militarmente en Zaragoza.

Las tropas castellanas vienen mandadas por dos nobles guerreros Ramiro de Navarra y Gonzalo Salvadores. Días más tarde se presentó el propio Rey Alfonso VI. Al fracasar la rebelión por la muerte de Modáffar y al no tener apoyo, el alcaide planea una traición al rey de Castilla.

El 6 de Enero de 1083, Alfonso llega a Rueda con sólo unos cuantos hombres de su confianza, pero al llegar a la fortaleza son recibidos por los musulmanes con piedras y flechas. Mueren en la lucha el señor de Calahorra. Cuando Rodrigo se entera, se presenta ante su señor, que lo perdona y rogando le dice:

  • Querido Rodrigo, el que en buena hora nació, solo contigo cuento, Castilla esta llena de traidores.

El Cid deja la corte de Zaragoza y regresa a Castilla. Desgraciadamente no mucho tiempo había pasado cuando por envidias cortesanas Alfonso desea alejarse del Vivar. Rodrigo al darse cuenta de esto abandona nuevamente el lugar y vuelve a Zaragoza.

Zaragoza y Toledo temen que Alfonso cumpla sus amenazas. Rodrigo abandona Zaragoza. En los primeros días del año de 1085, Alfonso dirige sus tropas a Zaragoza sitiándola, dejando a esta ciudad en grandes apuros. Mutamín pide ayuda al Cid pero este se niega. Quiere negociar con Alfonso, quien contesta:

  • Mutamín el oro y las riquezas que me ofreces, así como la ciudad que gobiernas será pronto mía.

Por último le ofrece la ciudad a el Cid antes de que sea saqueada, pero Rodrigo no quiere pelear con su señor.

El 25 de Mayo de 1085, después de 6 años de combate, Toledo se rindió por fin a Castilla. En tantos siglos los cristianos jamás habían recuperado tanto terreno. Esto causó pesar a los musulmanes. Las tropas castellanas guerrean en Nivar, en los límites del reino moro de Granada.

Los reyezuelos moros envían embajadores a Burgos. Hablan con Alfonso, le ofrecen parias y admiten muchos un gobernador impuesto por el rey castellano. ¡Tanto es el poder de Alfonso! El Cid en cambio oscurecido, aguardaba resignado una oportunidad de mostrar lealtad y amor al rey.

El rey castellano envía al conde Minaya a Sevilla, para hablar con el rey moro Motámid Bilah, pero el moro no acepta las condiciones y acusa al rey de pedante. Esto hizo que el rey tornara sus ojos a Córdoba. Pretende apoderarse de la ciudad. Salvo Sevilla todos los reinos taifas se encuentran dominados por Alfonso VI. El Cid comprende que ahora no va a tener un lugar donde quedarse.

Pero entonces sucede un cambio confuso: La invasión almoravide mandada por Yúsuf Ben Texufin. El Islam surge victorioso en África. El verdadero soberano es el faquí Abadía, pero quien gobierna es Yúsuf, un anciano de 70 años, tez morena, voz atiplada con apariencia humilde. Los almoravides lo nombran gobernador al mostrar su estrategia militar.

Hasta España llega la noticia del nuevo caudillo árabe. Alfonso exigía más a los reyezuelos musulmanes. Esto ocasionó que pidieran auxilio a Yúsuf que cruzaría el Mediterráneo y desembarcaría en Algeciras. Ya en Sevilla emisarios y reyes moros acuden a su encuentro, aun los aliados del Rey Alfonso y del propio Cid.

¡España está en grave peligro!

Alfonso retira el cerco que había en Zaragoza para hacer frente al enemigo. Llegaron ejércitos de Francia a Italia, de Aragón, nobles, incluso Minaya, pero no lo hace con Rodrigo. ¡La guerra Santa ha empezado!

La batalla de Sagrajas va a iniciar. Yúsuf inicia el ataque, pero Alfonso va al frente con sus tropas, que arrollaron en los primeros tiempos, mas de pronto por la retaguardia cristiana las tropas de Yusúf caen sobre el campamento y lo destroza. Alfonso en vez de retirarse arremete a los africanos, pero eso no basto y las tropas Yusúf arrasaron abrumadoramente. La derrota del mejor ejército alfonsino queda sellada. Al otro día Yusúf ordena cortar la cabeza de todo cadáver cristiano, para después llevárselas y colocarlas en muchos sitios de España, para que la cristiandad vea el poder de Alah. Yusúf se hace llamar “principe de los musulmanes”. Pero le llegan malas noticias de áfrica, su hijo muere en Ceuta, y olvidando el triunfo vuelve a Marruecos.

Alfonso en cambio está reponiéndose de sus heridas. Piensa que el único que puede vencer las fuerzas moras es Rodrigo. Al fin en 1087 la reconciliación entre el vasallo y señor se realiza en Toledo. Al legar Rodrigo a esta ciudad se encuentra ante su Rey y, se postra, mostrando lealad. Alfonso mándale levantar, pero Rodrigo responde:

  • Señor Alfonso, mi único rey, yo, el Cid campeador te agradezco, tanto como mis mesnadas que están a mi alrededor.

Rodrigo besa las manos de su señor y la abraza. Después parte con su rey a tierra burgalesa. Cuando llegan a Burgos el pueblo los recibe entusiasmado, solo el Conde García Ordóñez tiene envidia y rabia. Luego de un año el Cid se oscurece al lado de Alfonso. Sucede ahora que el taifa Alhajib de Lérida tiene sitiada a Valencia. Sevilla y Badajoz se convierten en prósperos señoríos.

Rodrigo es enviado a Zaragoza para explorar todo el Levante. Su mira es tomar Valencia. Cuando alhajib, se entera que Rodrigo viene acompañado de Mostain, retira sus tropas. El de Vivar toma Murviedro, Jérica, Almenara, Liria y otros sitios más.

Al llegar a Jérica comienza a guerrear e la costa de Azahar. El Cid y sus mesnaderos llegaron al castillo de Onda. Burriana fue una ciudad importante en los tiempos del Cid. El Cid llegó a Almenara donde hoy se muestran algunas murallas y restos de un castillo medieval, posterior a la época del Cid. Las mesnadas cidianas pusieron cerco a Murviedro en Junio de 1093 quedando en completa seguridad.

El Cid se encaminó a Cebola, hoy llamada Puig, que tiene un monasterio de la virgen del Puig del año 622, regido por mercedarios. Antes de tomar Valencia, el Cid ha cercado lugares cercanos, entre ellos Peña de Cadiella, amplio territorio que se extiende desde Tortosa a Orihuela. Quita, la antigua edetania a los moros, tiene dos rios el Turia y de Júcar que fueron aprovechados.

Pasa después al castillo de Juballa. Rodrigo y sus mesnadas toman los arrabales de Villanueva y la Alcudia. Construyen una fortaleza en Villel, para no cerrarse las vías de comunicación a Zaragoza. Es un cerco cruel competo y largo como la cuaresma. Las tropas cidianas están tan cerca que lanzan piedras sobre los muros de Valencia.

Era el mes de Junio de 1093. Los moros esperan noticias de Yusúf que ha llegado al frente de sus almorávides. Rodrigo se entera y pretende liberar el asedio que hace a la ciudad de Valencia. Han entrado hasta Alcira, se dirigen a Almocafes, pero cuando Rodrigo se apresta a atacarlos, los africanos se retiran. Cada día más el Cid estrecha el cerco. Rodrigo pretende negociar la ciudad. El rey Ben Jehhaf le escribe diciendo “que la ciudad pertenece a Yusúf, emperador de los almorávides, por haberla ganado en buena lid, pero si vos quieres ser vasallo suyo, yo os ayudaré de buena gana para que logréis la gracia y el favor del poderoso Emir”.

Rodrigo molesto ante tal proposición combate con mayor fuerza y éxito. El Cid reúne a sus tropas y se prepara para la batalla final. La batalla es furiosa, los moros no pueden resistir. El cerco se rompe en mil pedazos y la ciudad se rinde. Junto a las puertas de Valencia se agrupan los vencidos. El Cid entra primero, lleva la espada colada, fuera de la guarda. Esta es su gran victoria. Los moros de la ciudad llegan a su encuentro y le besan las manos. El Cid así ha hablado:

  • “Yo soy el hombre que nunca tuvo un reino ni nadie de mi linaje lo ha tenido, y pues gané Valencia, he de obrar con justicia. Deseo remediaros y curad vuestros males, pues lamento de veras la miseria que habéis sobrellevado. Quedaos en vuestras tierras muy seguros que cada una vaya a sus heredades, y poséalas como solía. Yo deseo por mi mismo entender en vuestras cosas, ser para vosotros tal como un compañero, guardaros así como el amigo guarda al amigo y el pariente al pariente. Y siempre que tengáis querella unos con otros, yo os haré justicia”.

Con sus palabras el Cid convenció a los moros. Rodrigo Díaz de Vivar se convirtió en señor de Valencia el 15 de Junio de 1094. Para su desgracia no eran épocas de paz, le pasó al rey de Marruecos la prosperidad a Don Rodrigo.

Yusúf junta un ejercito de 150,000 hombres al mando del general Mohamad. Al arribar saltan a tierras de Valencia donde destrozan huertos y lugares cercanos. El rumor del arribo llega a Rodrigo que exclama:

  • Loado sea Dios, creador y padre Espiritual. Todo lo que poseo lo tengo adelante. Con grandes afanes gané Valencia, que hoy tengo por heredad mientras viva. Mi esposa y mis hijas me verán lidiar.

El 14 de Octubre de 1094 se inició la batalla. Los castellanos atacaron por el llano del cuartel, destrozado a los sarracenos. Yusuf de Marruecos ha sido derrotado. La cristiandad estaba feliz. Etra en Valencia con la cofía fruncida sobre el noble Babieca, con tizona en la mano.

En el año de 1097 las hueste africanas amenazaron de nuevo, por lo que Rodrigo pidió ayuda al rey de Aragón, Pedro I. Se trasladan ambos al castillo de Peña Cadiella lugar estratégico. Al regreso se encontraron en Bairen con un ejército almoravide, al que vencen. Pero los africanos no se detenían, llegan a tierras Toledanas, donde vencen a Alfonso muriendo en esta batalla el hijo de Rodrigo, Diego.

El Cid campeador fue señor de Valencia hasta su muerte en el año de 1099. La ciudad fue defendida por Ximena hasta el año de 1102. Se ha dicho que el Cid murió el domingo 10 de Julio de 1099, a la edad de 56 años. Sus mesnaderos trasladaron su cuerpo al monasterio de San Pedro de Cardeña. Los restos de Rodrigo y Ximena estuvieron ahí por 770 años. En el año de 135 fueron llevados a Burgos, porque se temía una profanación de los restos. Guardados en la casa de la ciudad en el año de 1921, el sepulcro actual se encuentra en la catedral Burgalesa.

COMENTARIO

Este libro me agradó porque tiene las descripciones del lugar en donde se llevan a cabo los hechos de la historia, así como también personajes, historia, actualidad, religión, estilos arquitectónicos y estatuas o monumentos.

La historia tiene un buen seguimiento, aunque hay algunas partes en las que se repetía algo que ya se había dicho.

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