Carlos Gustavo Jung

Psicología. Psicoanálisis. El método asociativo. Personalidad. Arquetipos. Símbolos. Energía psíquica

  • Enviado por: María José
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 5 páginas
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Carlos Gustavo Jung (1875 - 1947), autor de teorías particularísimas, fue el segundo de los discípulos de Freud que se retiró del psicoanálisis, rechazando la teoría sexual de la neurosis.

La larga obre de Jung exhibe tres periodos bien delimitados:

  • Coincidencia con las ideas Freudianas.

  • Divergencia con el psicoanálisis

  • Elaboración de la psicología compleja

  • En el año 1904 Jung publicó El método asociativo, donde probaba experimentalmente la existencia de complejos inconscientes y la unidad del psiquismo.

    Entre 1906 -1907 descubre los complejos. Él los define como la agrupación de elementos psíquicos alrededor de contenidos de tono emocional.

    Finalmente, en 1913, el mismo año en que rompe con Freud, edita su Teoría del psicoanálisis que lo muestra como un eximio psicoanalista teórico y práctico.

    Jung sostuvo que la educación provoca conflictos, puesto que confina al ser y le pone vallas “al lineamiento general de su vida”.

    Distinguió tres etapas en la evolución de la personalidad:

    PRE -SEXUAL: abarca desde el nacimiento hasta principios del cuarto año de vida, y en la cual el crecimiento y la nutrición y el crecimiento son lo fundamental.

    PRE -PUBERAL: comprende desde los últimos años de la niñez hasta la pubertad.

    MADUREZ: comprende de la pubertad en adelante.

    La psicología compleja se inicia con la concepción de la psique es la suma de los procesos mentales. Se divide en cuatro zonas:

  • La del Yo o yoica en la que se produce la conciencia del propio existir.

  • La del conocimiento general.

  • La del inconsciente personal.

  • La del inconsciente colectivo

  • En el análisis de las asociaciones descubrió un aspecto sumamente significativo: ciertas respuestas poseían un valor específico para la comprensión de la situación anímica del enfermo. La comprobación de este hecho indujo a Jung a reconocer la importancia de la observación del aspecto afectivo de las asociaciones para la “investigación experimental de los cambios emocionales patológicos y sus consecuencias”

    Con el experimento asociativo, Jung creó finalmente la base experimental gracias a al cual llegó a ser posible la emisión de juicios objetivos, independientes del criterio personal, sobre la existencia de complejos con tinte emocional en el fondo del alma.

    En sus estudios sobre la asociación estableció un estrecho parentesco entre complejo y trauma. Jung dio un paso más en su confrontación teórica con el trauma, es especial con el trauma sexual de la infancia, expuesto por Freud en 1896; llegó a considerar demasiado unilateral la importancia dada por aquél al significado inicial del trauma.

    Siempre fue característica de la psicología Junguiana su visión de la estructura psíquica como una totalidad. Le parecía que lo decisivo para la compresión de la vida psíquica era el tinte emocional que lo caracterizaba, es decir, la conexión existente entre el contenido y emoción. Para él se daba aquí una unidad psíquica superior. Cuyas propiedades de coherencia y estructuración se debía, en gran medida, a la conexión permanente entre el tono emocional y representación.

    Jung vio en la unidad de la psique el fundamento de las unidades estructurales de la psique bajo una doble perspectiva: transformaciones y símbolos de la libido.

    Estudiando el instinto, Jung logró discernir imágenes arcaicas y contenidos arquetípicos (1920) en algunos productos y procesos psíquicos inconscientes, que estaban profundamente enraizados en la vida instintiva. Con ello, la hipótesis junguiana de una predisposición constitucional cobraba entidad y se reforzaba la teoría del núcleo como portador de significaciones arcaicas y disposiciones pulsionales.

    Jung coincidía con Freud en que los complejos con tinte emocional eran, en su mayoría inconscientes. A mayor grado de inconsciencia, tanto más incorregible e incontrolable es el complejo.

    Tipifico el complejo del yo como “el conjunto más sólidamente asociado de la psique” que estaba unido indisolublemente al “tono emocional vital del propio cuerpo. Aunque veía en él el “centro específico de la individualidad” de cuya posición en la totalidad dependía fundamentalmente la salud de la persona.

    Los espíritus (pensamientos mórbidos o ideas completamente nuevas) considerados desde el punto de vista de la psicopatología, son complejos inconscientes autónomos en su proyección exteriorizada pues de suyo no poseen asociación directa del yo.

    Jung llegó a la conclusión de que el complejo inconsciente representaba una personalidad parcial inconsciente de la psique.

    Freud y Jung vieron en el conflicto, es especial en el conflicto moral, una importante causa de la formación de complejos (traumas), y al aumentar la intensidad, también el complejo traumático podía convertirse en punto de partida de tensiones y conflictos. Para Jung el conflicto era un inevitable hecho de la vida y de su proceso evolutivo, que no había que juzgar sin más como algo negativo.

    Inicialmente vio Jung en la imagen arquetípica, a semejanza de la imagen originaria, una forma fundamental típica de una cierta experiencia anímica que siempre se repetía.

    Se inspiró al principio de Platón, concibiendo la imagen arquetípica como una especies de posibilidad prefigurada de la facultad de representación que empujaba las vivencias en una determinada dirección. El arquetipo no procede de los hechos físicos, sino que, antes bien, refleja la forma en que el alma experimenta esos hechos.

    Los arquetipos son algo así como órganos de la psique prerracional. Son estructuras básicas características, que se heredan eternamente y que en su inicio carece de contenido específico. El contenido específico se da primero en la vida individual, en la que la experiencia personal se da precisamente en esas formas. El arquetipo era un “elemento estructural psíquico y por tanto una parte vitalmente necesaria de la economía anímica. Es una especie de disposición a reproducir siempre las mismas o parecidas representaciones míticas.

    Jung siempre mantuvo que “la conciencia constituía la condición previa indispensable del yo” aun cuando la inversión de esta frase, a saber: que ¡sin yo no era concebible conciencia alguna”, no tenía el mismo grado de validez.

    El yo era para él un insondable misterio que encerraba en sí la mayor oscuridad. Llegó incluso a ver en el yo “una personificación relativamente constante del propio inconsciente”.

    Con el estudio de las fantasías de enfermos mentales se introdujo un cambio: en las producciones arcaicas de la fantasía y de los sueños descubrió Jung no sólo de lo autónomo y la capacidad de producir neoformaciones creadoras en la psique inconsciente, sino también la existencia de un sentido más profundo, que la mayoría de las veces escapaba a la conciencia.

    En 1917 había tratado Jung de establecer la distinción entre las reminiscencias personales y la “manifestación de las capas más profundas del inconsciente, en las que pululaban las imágenes originarias del hombre. Pero hasta 1919 no encontramos una primera descripción del inconsciente personal.

    Jung vio en el inconsciente un ámbito colectivo de disposiciones psíquicas de índole creadora. La expresión “Inconsciente colectivo” como denominación de un estrato profundo de la psique, no sólo arcaico, sino también universal y ubicuo.

    El inconsciente colectivo era para él, no sólo la fuente de las pulsiones y los instintos, sino el origen de las formas básicas del pensar y sentir humanos: impulso creador y protoimagen colectiva. Jung concibió las imágenes colectivas como una especie de materia prima que, a su entender, necesitaba aun en todo caso ser traducida al lenguaje de la época correspondiente.

    Jung no podía nunca considerar que el sentido de un símbolo fuese “un signo que ocultara algo de común conocimiento”, sino que veía en él esencialmente una indicación de algo todavía desconocido. Tampoco pasó por alto el gran mérito de Freud, que consistía en haber elaborado las bases formales del símbolo.

  • EL SÍMBOLO DEL INCESTO: Jung veía lo esencial de la imagen del incesto, no el deseo incestuoso, sino antes bien, el contenido simbólico del incesto. Era para él, una expresión primitiva y recurrente de la nostalgia del ser humano hacia un estado de seguridad en las circunstancias primigenias, en la dicha de la inconsciencia plena, en la que todavía era uno consigo mismo y con la primitiva causa materna.

  • EL SÍMBOLO COMO MEDIADOR: Jung figura la concepción del símbolo como mediador, en el que se unían los contrarios de conciente e inconsciente. Veía en el una expresión paradójica que aspiraba a unir el sí y el no, y que incluía tanto al uno como al otro. A causa de su doble naturaleza, el símbolo era una paradoja que no sólo intensificaba las contradicciones, sino que suponía al mismo tiempo, un más allá de la tensión contradictoria entre lo racional y lo irracional.

  • EL SÍMBOLO DEL SÍ MISMO: La característica del sí mismo de expresar tanto lo racional y lo irracional como lo empírico y lo trascendente ha hecho que siempre resultase difícil acuñar una fórmula racional que la expresara en esencia: tan sólo el símbolo podía reflejar la totalidad de la psique de forma satisfactoria.

  • El sí mismo como símbolo unificador: Tal como pudo comprobar Jung una y otra vez en sus investigaciones sobre la psicología de la religión, por regla general eran símbolos tetramorfos y circulares los que expresaban más adecuadamente la totalidad. Como idea primitiva de la humanidad, la tétrada de elementos simbólicos se refería no sólo a los cuatro temperamentos, las cuatro estaciones del año, los cuatro puntos cardinales, sino también a las cuatro funciones.

  • La función religiosa del sí mismo: Para él en las imágenes de Dios, tal como aparecía en sueños, las visiones y la imaginación, se dibujaba un hecho más profundo que el del yo, a saber: una función natural del alma que ponía de manifiesto experiencias inmediatas en el interior y procesos vivos en el inconsciente. A este respecto resultó especialmente esclarecedora para él la imagen de la renovación divina. Indicaba un valor supremo, que preparaba tanto una nueva actitud de la conciencia como una nueva manifestación de la vida.

  • Arquetipo del sí mismo y vivencia: Jung nunca puso en tela de juicio la validez subjetiva de las vivencias interiores. Sus propias experiencias, así como los testimonios históricos, y también las confesiones de sus discípulos, lo convencieron una y otra vez del extraordinario valor vivencial de la experiencia interior para el sujeto.

  • En los últimos años de su labor científica Jung se adentro en un terreno tan desconocido para la psicología médica que difícilmente resultaba ya posible comparar sus concepciones maduras con las tempranas concepciones de Freud.

    Jung veía que las imágenes arquetípicas actuaban como fuerzas creadoras que formaban y transformaban la vida y el actuar del individuo dando origen también, a las ideas y a las creaciones artísticas. Había comprobado previamente que existía una interacción del arquetipo y la psique consciente.

    Expuso en 1919, que instinto e imagen arquetípica constituían la base del inconsciente colectivo.

    Jung veía en la tensión de los opuestos, fundamentalmente en la contraposición entre pulsión y espíritu, el origen profundo de la energía. El arquetipo era el sentido de la pulsión, mientras que le instinto, por otra, representaba el aspecto energético del espíritu.

    Es de observar que sólo en los textos de sus últimos años entendió Jung el término espíritu (Geist) en el sentido de algo en sí que, por así decirlo, daba sentido y finalidad a la vida como “espíritu rector”.

    Jung extrajo la hipótesis de que de modo análogo al arquetipo, al en -sí del espíritu, también existe un en-sí de la pulsión. De la misma manera que la imagen arquetípica conducía a la naturaleza psicoide del arquetipo en sí, también la percepción del instinto desemboca en un en -sí, a saber: en el en -sí de la materia.

    El arquetipo es la forma cognoscible a la introspección de la organización psíquica apriorística. El principio de ordenación apriorístico que actuaba en el arquetipo tenía su contrapartida en la naturaleza psicoide del inconsciente colectivo.

    Jung pudo comprobar que al hundirse la energía psíquica en las capas profundas del inconsciente, se daba también, una creciente equiparación de la vivencia con la naturaleza del instinto, es decir, con las propiedades del primitivismo, del automatismo, de la no influenciabilidad.

    RESUMEN EXTRAÍDO DE LOS LIBROS:

    MANDOLINI GUARDO. OP. CIT. LIBRO II

    Pág. 290 a 302

    FREY -ROHN LILIANE DE ED. FREUD A JUNG ED. FCE

    Primera parte Pág. 21 a 46

    Tercera parte Pág. 98 a 101

    Cuarta parte Pág. 115 a 134

    Octava parte Pág. 256 a 271

    Apéndice Pág. 275 a 297

    La lectura de esta semana me pareció abundante en información y de difícil comprensión.

    Pero creo que al oír la exposición de mis compañeros, quedará mas clara la lectura, y con mi participación.

    Por lo que leí me di cuenta que las concepciones maduras de Jung eran las mismas tempranas de Freud, por lo que me doy cuenta que Freud, con ideas diferentes o extrañas sigue siendo el pionero y como él no ha habido nadie.

    Claro que las ideas y teorías de otros como Jung se me hacen más apegadas a la realidad.