Barroco

Contexto. Arte del Siglo XVII y XVIII. Italia: Bernini y Borromini. Caravaggio y el Tenebrismo. Pintura flamenca y holandesa: Rubens y Rembrandt

  • Enviado por: Jorgita
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TEMA 11. ARTE BARROCO I: EUROPA EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII.

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1. Introducción histórica.

2. Caracteres generales del Arte Barroco

- el concepto de Barroco, cronología y ámbito geográfico

- el arte Barroco al servicio del poder:

. de la Iglesia (el papado):

. el arte utilizado para propagar y defender las verdades católicas.

. aparatosidad y fastuosidad.

. la expresión de la verdad (el contenido) sustituye a la idea de belleza.

. de los reyes absolutos

- huida del vocabulario clásico

. predominio de la sensación frente a la razón, del desequilibrio frente al equilibrio renacentista

. simbiosis de arquitectura, escultura y pintura , con predominio de la primera

- escaso progreso técnico

3. Características generales de la arquitectura y escultura italianas: Bernini y Borromini.

3.1. la arquitectura italiana: Bernini y Borromini

- ruptura del concepto de belleza clásica, basada en la armonía, equilibrio, proporción, la ordenación racional, etc..

- pervivencia de la mayoría de los elementos arquitectónicos anteriores, utilizados con mayor libertad.

- predominio de la línea curva: elipses, parábolas,... columnas que se retuercen, los muros se curvan, plantas elípticas, circulares, mixtas, etc..

- exuberancia decorativa.

- espacio interior irreal, decorado, inabarcable.

- espacio exterior:

.juego de luces en las decoradas fachadas.

.creación de espacios que permiten una mejor visión del edificio.

- desarrollo del urbanismo.

- mecenazgo de los papas.

- En Italia , el barroco muestra una mayor mesura decorativa en los exteriores y un equilibrio clásico.

-Bernini:

.características.

.obras.

-Borromini:

.características.

.obras.

3.2. la escultura italiana: Bernini.

- materiales: mármol y bronce

- temas: religiosos, funerario, retratos, mitológicos, etc.

- movimiento y aparatosidad.

- naturalismo.

- expresividad de los rostros.

- carácter pictórico.

- Bernini:

.características.

.obras.

4. El tenebrismo: Caravaggio.

4. 1. caracteres generales de la pintura barroca

- predominio del color sobre el dibujo.

- profundidad continua: perspectiva lineal, aérea, escorzos, diferentes planos de la luz, etc..

- hegemonía de la luz.

- composiciones asimétricas y atectónicas.

- movimiento.

- naturalismo.

- expresión de sentimientos.

4.2. caracteres del tenebrismo: Caravaggio.

- predominio zona oscura que iluminada.

- naturalismo: se extrae a personajes de la realidad mas cotidiana.

- luz artificial (sótano) procedente de un foco único, elevado y que se encuentra fuera del cuadro, que cruza diagonalmente la escena, destacando parte de las figuras sobre un fondo oscuro y resaltando las expresiones de rostros y manos.

- contraste luminoso de luz y sombra.

- despreocupado por el espacio.

- frecuente composiciones de punto de vista bajo.

5. La pintura en Flandes y Holanda: Rubens y Rembrandt.

5. 1. la pintura en Flandes. Rubens.

5. 2. la pintura en Holanda: Rembrandt.

TEMA 11. ARTE BARROCO I: EUROPA EN LOS SIGLOS XVII Y XVIII.

1. Introducción histórica.

- aparición de los Estados modernos y la monarquía abso­luta.

- la división espiritual de Europa y las guerras de religión.

- nuevo concepto de la ciencia y de la filosofía: el racio­nalismo y el empi­rismo.

2. Caracteres generales del Arte Barroco.

(consultad libro de texto, tema 16, apartado 1).

El término Barroco se acuña en el siglo XVIII con un tono despectivo para señalar a este arte como algo decadente y simple degeneración del Renacimiento. El término puede venir de barroco, palabra portuguesa con la que se designa a una perla imperfecta o del tipo de silogismo caracterizado por su artificiosidad.

Últimamente se entiende como barroco el arte del siglo XVII y principios del XVIII que se caracteriza por sus formas dinámicas y expresivas, los efectos teatrales e ilusionistas, tendencia a lo espectacular y a provocar la maravilla, el empleo del lenguaje visual como medio de persua­sión y comuni­cación de masas, con una clara función propagan­dística, el uso antidogmático de los órdenes, la concepción dinámica del espacio, la interacción de todas las artes, etc.

El arte barroco presenta cierta diversidad, distinguién­do­se entre el barroco de los países católicos y el barroco de los países protestantes. En los países católicos se debe diferen­ciar, a su vez, entre el arte al servicio de la Iglesia y el arte al servicio del monarca.

3. Características generales de la arquitectura y escul­tura italianas: Bernini y Borromini.

3.1. la arquitectura italiana: Bernini y Borromini.

3.1.1. caracteres generales de la arquitectura.

Vimos cómo a finales del siglo XVI la arquitectura de un rigor matemático, solemne y desnuda (en España era la arqui­tectura herreriana) servía a los ideales de la Iglesia contra­rreformista. Pero según avanza el siglo XVII, esa desnudez va cediendo el paso a una mayor complicación y dinamismo.

Desde el punto de vista formal, la arquitectura barroca parte de los esquemas renacentistas. La mayoría de los ele­mentos arquitectónicos son semejantes a los renacentistas, pero son utilizados con una gran libertad, llegando algunas veces hasta hacerlos irreconocibles. Se pierde la simplicidad y la claridad, la ordenación racional y se tiende a la varie­dad, al dinamismo, al gusto por lo curvo y por la decoración, dando lugar a una arquitectura efectista, ilusionista y tea­tral. La arqui­tec­tura barroca es una reacción contra el geome­trismo, simpli­ci­dad y ordenación racional renacentista.

Ello lo podemos ver en los elementos arquitectónicos: las columnas se complican y se retuercen (columna salomónica), apa­rece el estípite, los atlantes (figuras masculina sustentan­do elementos arquitectónicos), los entablamentos se cur­van, los frontones aparecen partidos, curvos, mixtilineos, las cubiertas son generalmen­te aboveda­das, con cúpu­las de grandes dimensiones y de formas capricho­sas (ova­les), etc.

En el barroco no sólo se alteran los elementos arquitec­tónicos, sino que también sufre una transformación la concep­ción general del edificio, resultado de llevar las líneas curvas y mixtas a las plantas (elípticas, circulares o mix­tas). Los muros dejan de ser rectilí­neos, de cruzarse en ángulos rectos y las salas, muchas veces, no serán rectangulares o cuadradas. Empleo del orden colosal o gigante.

El muro, especialmente la fachada, adquiere un carácter dinámico y efectista con diversos entrantes y salien­tes. En las fachadas podemos ver la alternancia de zonas cóncavas y convexas, de nichos y salientes, columnas que se separan de la pared, etc. Las fachadas se conciben en relación con el entor­no urbano, perdiendo su correspondencia con el interior del edificio. Son la pared de la calle por donde transita el fiel y su misión será la de atraerle hacia ese interior para que participe en el triunfo de la Iglesia.

Gran riqueza decorativa. Generalmente es geométrica y botánica, evolucio­nando hacia un naturalismo. Los mismos elementos arquitectóni­cos se utilizan muchas veces con carác­ter decorativo.

El espacio interior es muy complejo. Las plantas adoptan diseños caprichosos, dificultando una visión global del edifi­cio. La decoración se hace muy recargada. La decoración escultórica y pictórica llega a enmascarar la estructura arquitec­tónica del edifico. Los frescos de bóvedas y cúpulas, repre­sen­tando cielos con figuras, crean la ilusión óptica de abrir los interiores y fundir el espacio interior con el exterior. La luz, muchas veces sin saber claramente de donde procede, produce al chocar en los muros claroscuros y efectos deslum­brantes al reflejarse en la rica decoración. El resultado es un espacio interior distorsionado y dinámico, irreal, inabar­cable y lujoso.

Las ideas contrarreformistas condicionaron el espacio interior, que debía facilitar la propaganda y la difusión de la fe católica. Este concepto se ve claramente en las iglesias que siguen el esquema de los templos jesuíticos. El espacio interior debía de ser lo suficientemente amplio para albergar al mayor número posible de fieles, sin dificultar la visión del altar o la audición de la predicación realizadas desde el púlpito. La primera iglesia que se construyó siguien­do estos presupuestos fue la de los jesuitas en Roma, el Gesú, que se convertirá en prototipo de iglesia barroca: una sola y amplia nave, capillas laterales y cúpula sobre un crucero de brazos poco desarrollados.

Externamente, las curvas de las fachadas y la decoración favorece el juego de luces y sombras y aportan una visión diná­mica de la construcción, pues el edificio va cambiando su fisonomía según el transcurrir del sol, lo que resalta su carácter escenográfico. Además, el edificio no se concibe para ser contem­plado desde un único punto de vista fron­tal; por ello se suele rodear de un espacio más o menos amplio (plaza, jardi­nes) que favorecen la diversidad de puntos de vista y las perspec­tivas.

En cuanto al urbanismo, se intenta una ordenación, comu­nicación y articulación de la ciudad a base de jardines y plazas (con estatuas y fuentes), escaleras para salvar desni­veles, grandes y rectas avenidas para poner en contacto los distintos puntos principales de la ciudad. Y el edificio, en lugar de definir el espacio, como ocurría en el renacimiento, se amolda al conjunto. El jardín conocerá una gran expansión tanto en la ciudad como en los edificios que se levantan en el campo. Se le trata con criterio urbanístico, formando perspec­tivas, calles, avenidas y cortando los macizos en forma de figuras geométricas. Dentro de ellos juega una gran importan­cia el agua de sus fuentes y canales y las esculturas.

3.1.2. Bernini y Borromini.

En Italia surgió el barroco y en este país es donde se hallan los prototipos de la arquitectura barroca. Se distingue la arquitectura italiana por el gran empleo de la columna, tanto para decorar fachadas como para crear efectos perspecti­vos. Los edificios se enriquecen fantásticamente con mármoles polícromos, bronces, etc. Pero siempre guardará una carga clásica que le llevará a reducir la decoración exterior y más si comparamos sus edificios con los que se levantan en España.

En la evolución de la arquitectura barroca italiana pueden distinguirse tres momentos: el anterior a Bernini, el pleno barroco de Bernini y Borromini, y la primera mitad del siglo XVIII cuya figura más destacada es Felipe Juvara.

La gran obra de la primera etapa es la transformación de la iglesia de San Pedro del Vaticano por Carlos Maderna, quien prolonga la planta de cruz griega, llegando así a un compromi­so entre el tipo de cruz latina y el de cruz griega. Y levanta la gran fachada con frontón central y ático coronado por estatuas monumentales. Fachada que en su estructura no se corres­ponde con la organización interior del templo.

Con Bernini y Borromini se inica el período característi­co de la arquitectura barroca italiana.

Bernini, siguiendo las ideas contrarreformistas, concibe su arquitectura ligada al carácter representativo de la ciudad de Roma. Para él, Roma era el símbolo del prestigio histórico y del poder político de la Iglesia. De ahí la gran­diosidad, la solemnidad y el sentido retórico y escenográfico de sus reali­zaciones, que lo convierten en el representante del barroco oficial al ser el arquitecto de la Curia y de las grandes familias. Utilizó materiales nobles para acentuar el signifi­cado político-religioso de los edificios y para realzar la belleza de sus formas. Bernini es mucho más clásico que Borro­mini, arquitecto que se caracteriza por su mayor fantasía y libertad.

(completad Bernini, libro de texto, tema 16, apartado 2).

Boromini utilizó generalmente materiales más pobres que Bernini, como el ladrillo y el estuco, debido al menor poder económico de sus clientes, pero también buscando su ductibili­dad. Esto le permitió mayor libertad y fantasía en los elemen­tos arquitectónicos y decorativos, rompiendo con el sentido clásico que había dominado en la obra de Bernini. Utiliza las plantas y formas decorativas más inverosímiles, en un triunfo de la contraposición de curvas, contracurvas y rectas.

(completad Borromini, libro de texto, tema 16, apartado 2).

3.2. la escultura italiana: Bernini.

3.2.1. caracteres generales de la escultura barroca.

Los materiales más usados son el mármol y el bronce, no siendo extraño la utilización en una misma obra de mármoles de diversos colores o la combinación de mármol y bronce

Los temas cultivados son el religioso en primer término (santos, escenas de martirios, éxtasis, etc.) Pero junto a ello, destaca la escultura funeraria, empleada más para mos­trar las gloria terrenal del difunto y la exaltación de su poder. El naturalismo favorece el desarrollo del retrato, que se interpreta de un modo íntegro, físico y moral. También aparecen estatuas ecuestres y los temas alegó­ricos o mitológi­cos circunscritos a las fuentes y a las obras para palacios y jardines, en especial en Francia.

Ante todo, la escultura barroca se caracteriza por el movimiento y la aparatosidad. Frente al equilibrio y reposo de las obras renacentistas, ahora la escultura va a proyectarse dinámicamente hacia fuera (formas abiertas), en un movimiento espontáneo e imprevisible. Por eso serán frecuentes las compo­siciones en aspa, los paños flotantes, las posturas forzadas e inestables y la gesticulación expresiva de manos y brazos.

Frente al realismo idealizado aparece un naturalismo como copia de la realidad, no deteniéndose ni en lo feo ni macabro, y una expresividad de los rostros, con la manifestación de los diversos sentimientos o estados del alma. Más que preocu­padas por la belleza, las figuras barrocas nos muestran personajes que repre­sentan pasiones y sentimientos. El renacimiento represen­ta el ethos, el barroco se distingue por el predominio del pathos. En los sentimientos se prefieren los de mayor exalta­ción. Y las figuras más que describir lo que ha pasado, intentan hacerlo sentir.

A la concepción puramente escultórica del Renacimiento, de planos precisos y líneas vigorosas, la escultura barroca se nos muestra con un carácter pictórico, procurando represen­tar más la apariencia que la realidad misma de la forma, a la vez que juega con la luz. La iluminación es importante, pues, al incidir sobre los diferentes tratamientos de las superficies y la abundancia de plegados en los ropajes, crea una contraposi­ción de luces y sombras que da a la escultura un matiz pictó­rico y una apariencia viva y mutable.

Como todo el arte barroco, la escultura es efectista y teatral, intentando el artista sorprender al espectador.

La escultura renacentista se caracterizaba por su sime­tría, plasticidad, realismo idealizado, estatismo o movimiento en potencia, retrato físico, superficie tersa. Por el contra­rio, la barroca se nos muestra con asimetría, pictorismo, naturalismo pleno, movimiento en acto, retrato espiritual y superficie de calidades (valora la superficie, y así logra grandes calidades en las telas y en la piel que contribuyen a transmitir el sentimiento de realidad).

3.2.2. Bernini.

A partir del primer cuarto del siglo, Roma es el centro escultórico más importante, gracias a la personalidad de Juan Lorenzo Bernini, máximo creador de la escultura barroca, cuya influencia se extiende hasta el siglo XVIII, no sólo en Ita­lia, sino en gran parte de las escuelas europeas. Desde su juventud domina los recursos de la técnica y consigue la plas­mación del movimiento y de la expresividad con absoluta maes­tría. Así lo demuestra en las obras que realiza en torno a los veinte años: el David, en el que la tensión muscular y la contracción del rostro subrayan la actitud movida e inestable del cuerpo captado en pleno esfuerzo; y el dinámico grupo escultórico de Apolo y Dafne, en el que destaca el extraordi­nario tratamiento del mármol para obtener diversas calidades.

En época de madurez predomina la temática religiosa como en San Longinos del Vaticano, de gesto heroicos y amplios ropajes que acentúan el ímpetu de la figura. Pero su obra cumbre es El éxtasis de Santa Teresa. En ella Bernini consi­gue plasmar una de las principales tendencias del barroco: la expresión de lo espiritual por medio de un lenguaje sensible. Porque, evidentemente, lo físico y lo místico se funden en el goce que transfigura el rostro de la santa, cuyo cuerpo apare­ce ingrávido junto a la sonriente figura del ángel, todo ello en el marco polícromo y decorativo de una capilla, represen­tan­do toda la composición el sentido teatral y escenográfico típico del barroco. En los últimos años hizo la figura yacente de la Beata Albertoni.

Dentro de los asuntos religiosos, hay que citar la Cáte­dra de San Pedro. En ella se vincula la arquitectura y la escultura, al ser concebida como una gran decoración para cubrir el ábside de la basílica de San Pedro del Vaticano. En ella los cuatro Padres de la Iglesia sustentan el trono del apostol San Pedro bajo una gloria angélica dispuesta en torno a una ventana oval con vidrieras que contiene la figura del espíritu santo. A través de esta ventana, la luz se incorpora a la composición, tanto física como espiritualmente, ya que simboli­za la inspiración divina a través del espíritu santo que ilumina al Papado. Este será el origen de la estructura arquitectónica llamada transparente.

En la escultura funeraria, Bernini crea una nueva inter­pretación del tema, de amplia influencia posterior, basada en la exaltación personal del difunto, al que sitúa sobre un basamento flanqueado por figuras alegóricas de sus méritos y virtudes. Destacan el mausoleo del Papa Urbano VIII y el de Alejandro VII.

Por último hay que recordar las numerosas obras que Bernini proyectó para la ordenación y embellecimiento del espacio urbano de Roma, como la fuente de los Cuatro Ríos y el obelisco sobre el elefante.

(Consultad libro de texto, tema 16, apartado 2 -escultu­ra-).

4. El tenebrismo: Caravaggio.

4.1. caracteres generales de la pintura barroca

Si el clasicismo renacentista se caracterizaba por una concepción del mundo basado en lo estable, en el ser, el barroco se basa en lo efímero, transitorio y cambiante.

La pintura barroca participa de la mayoría de los carac­teres observados en la escultura: naturalismo, movimiento y el gusto por lo efectista y teatral.

Los pintores, cansados de la perfección clásica y de los cánones de belleza renacen­tista y atraídos por la realidad, caen en un natura­lismo que no se detiene en lo feo, desagrada­ble y escabroso.

Hay una gran preocupación por la expresión, contemplándo­se todos los estados del ánimo, sin detenerse en la repre­sentación del dolor que será utilizado en la estatuaria reli­giosa para fomentar la devoción.

Los temas pictóricos se multiplican en el barroco. Se enriquece la iconografía religiosa. En los países católicos se insiste en la representación de los asuntos combatidos por los protestantes (la Inmaculada, escenas alegóricas del Santísimo Sacramento, etc), la representación de escenas del Nuevo Testamento y las historias y martirios de santos se hacen más numerosas y son frecuentes las series de lienzos a ellos dedicados para decorar iglesias y claustros de conventos. En los países protestantes predominan las escenas del Antiguo Testamento.

Entre los géneros profanos, se sigue utilizando el tema mitológico y se desarrollan otros nuevos. El retrato se difun­de considerablemente, generalizándose el de cuerpo entero y creándose de forma definitiva el de grupo. El paisaje adquiere una importancia extraordinaria, convirtiéndose en género independiente. Aparece el bodegón con figuras, por lo general de medio cuerpo, comiendo, bebiendo o jugando; los interiores de viviendas; la naturaleza muerta, de carnes, pescados o frutas; el cuadro de flores, de animales, etc.

El fresco se sigue utilizando para la decoración de las bóvedas, donde se desarrollan espectaculares cuadraturas y composiciones de figuras que se mueven por un ficticio firma­mento. Se abandona el temple y la madera y se gene­rali­za el óleo y el lienzo. Esto último permite la realización de cua­dros muchos más grandes que los de tabla, y gracias a ello, los cuadros de los retablos mayores son todo lo gigantescos que exige el sentido de la grandiosidad de los arquitectos barro­cos.

(consultad libro de texto, tema 17, apartado 1)

4.2. caracteres del tenebrismo. Caravaggio.

Igual que ocurriera con el Renacimiento, la pintura barroca tendrá su cuna en Italia y presentará dos corrientes fundamentales: el tenebrismo y el clasicismo.

La corriente tenebrista viene representada por Cara­va­ggio.

El tenebrismo supone una oposición formal al manierismo que manifestaba un desden por la naturaleza y una gran carga intelectual. Caravaggio se basa en la realidad, tomando para todo tipo de composiciones, desde las religiosas a las mitoló­gicas, los modelos callejeros, sin someterlos a ningún proceso de idealización (naturalismo). En el caso de los personajes religiosos prescinde de las distintas señales (coronitas...) que delata­ban su condición­. Este procedimiento, que reacciona contra la exquisi­tez manie­rista, produjo en parte de los círculos ecle­siásticos una sensación de vulgaridad y falta de respeto en las escenas religiosas, lo que le provocó dificul­tades en su aceptación.

La luz tan característica que utiliza, con sus contrastes bruscos, acentúa el valor plástico de las figuras, provoca el triunfo del color sobre el dibujo y el efecto sobrepasa a la propia realidad, creando un aire de misterio.

Se detiene en reflejar la vida interior de sus persona­jes, preocupado por resaltar su psicología, sus miradas signi­fica­tivas y penetrantes, sus gestos claramente expresivos, etc.

También ofrece Caravaggio novedades respecto a la compo­sición. Frente a las escenas grandiosas, llenas de figuras, prefiere el cuadro sobrio, de pocos personajes. Las figuras aparecen cortadas por una mesa o el marco del cuadro. Muestra poco interés por el problema del espacio. A sus cua­dros les da un fondo oscuro. Se preocupa poco por la arquitec­tura y por la perspectiva, careciendo el cuadro de límites hacia lo ancho y alto.

El tenebrismo ignora el paisaje, pero valora enormemente la naturaleza muerta y los cuadros de costumbres.

(consultad libro de texto, tema 17, apartado 2, el tene­brismo. Caravaggio).

Contemporánea al tenebrismo, se dio en Italia la tenden­cia clasicista, representada por los Carracci. Este tipo de pintura se caracterizó por la luminosidad de sus cuadros, el lujo, y la nobleza e idealización de sus figuras. A la vez que se cultiva el tema mitológico, el alegórico y crea un tipo de paisaje de enorme belleza.

5. La pintura en Flandes y Holanda: Rubens y Rembrandt.

5.1. la pintura en Flandes. Rubens.

El desarrollo de la pintura en los antiguos Países Bajos durante el siglo XVII es el ejemplo más llamativo que pueda encontrarse de la influencia de los factores sociales, econó­micos, políticos y religiosos sobre el arte. Durante la Edad Media y gran parte del Renacimiento, Flandes y Holanda tuvie­ron una cultura común. La reforma religiosa y la posterior división entre una zona católica, aristocrática y monárquica, bajo dominio español (Flandes) y otra protestante, demo­crática y burguesa (Holanda), determinó una separación total de los ideales artísticos que se reflejan en la pintura, tanto en los temas elegidos como en el modo de tratarlos y aún en las dimensiones de los cuadros. En Bélgica (Flandes) se multipli­can los asuntos religiosos, en grandes lienzos de altar, insistiéndose mucho en la vida de los santos y en la represen­tación de los Sacramentos que los protestantes rechazan. Los temas mitológi­cos son representados también en grandes dimen­siones para decoración de los palacios reales y de la alta nobleza, insis­tiendo en los elementos de sensualidad.

El bodegón puede ser considerado como una creación fla­menca. Suele ser de proporciones apaisadas. Algunas veces se reducen a representar alimentos, pero lo más frecuente es que se le añada, piezas de cristal y orfebrería, etc. A veces se completan los bodegones con algún animal y personas. Pese a su aparente desorden , en los cuadros existe una composición muy cuidada. En general destaca por la exuberancia de sus manjares, sensualidad y el estudio de las calidades.

El retrato tiene un carácter aparatoso y solemne, resal­tando la elevada posición del retratado.

Rubens fue un artista con una obra amplísima, algunas de ellas de grandes dimensiones, y con una desbordante imagina­ción. Pero su arte no ofrece variaciones. Formado temprana­men­te, mantiene las mismas características a lo largo de toda su vida.

Formó su personalidad en Italia, bajo la influencia de los grandes maestros del siglo XVI. En Rafael y Leonardo se inspira en el arte de componer; de los venecianos copia algu­nas composiciones y el color; de Miguel Angel, el sentido de la grandiosidad; en Caravaggio, la luz y en los Carracci, el sentido decorativo de las grandes composiciones.

Abarca todos los temas: religiosos, mitológicos, históri­cos, retratos, etc.

Rubens, después de un período de influencia tenebrista, forma su estilo más movido y de colorido más claro y brillan­te. Presenta un estilo lleno de vida, movimien­to, colo­cando a las figuras en equilibrio inestable, con una abundan­cia y desbordamiento de la forma. Muestra una preferen­cia por el desnudo de blandas y desbordantes carnes.

Es el prototipo de pintor barroco por excelencia. Su colorido es fogoso, caliente, muy veneciano. Las composiciones se disponen orquestalmente, de forma aparatosa. Un ritmo curvo, de torbellino, una composición en diagonal dan a los cuadros un dinamismo y grandiosidad sin límites.

Pero, por contra de esta grandielocuencia, existe en su pintura una escasa dimensión espiritual. En él lo dramático es más movimiento y actitud que expresión.

Pintor de retratos, rompe con los cánones del retrato refaelesco, que ya no es de forma cerrada, sino que presenta un movimiento dirigido hacia el exterior. No profundiza en el estudio de las almas.

(completad con libro de texto, tema 17, apartado 3).

5.2. la pintura en Holanda. Rembrandt.

Holanda es un país rico; pero el elemento influyente no lo constituyen los aristócratas, sino los burgueses. En Holan­da desaparece por completo la pintura religiosa de altar al no darse el culto a las imágenes. Se cultivan, sin embargo, la pintura de asuntos bíblicos del Antiguo Testamen­to, en cuadros para ser contemplados y meditados en las habitaciones, por lo general pequeñas, de la burguesía. Los temas mitológicos apenas se tratan y, cuando existen, casi siempre tienen una intención alegórica o moralizante de carác­ter puritano. El retrato toma un tono de intimidad, sobriedad y realismo, y aparece el retrato corporativo, en el que se retratan conjun­tamnete los miembros de una comunidad, en un tono de igualdad democrática. Pero lo característico de la pintura holandesa serán los géneros realistas, tan del gusto burgués, en cuadros de dimensiones reducidas para la decora­ción de las casas de la burguesía, en las que, más que el lujo de los palacios de la nobleza, se busca la comodidad y el confort. Aparecen así cuadros de interior, con escenas domés­ticas, los cuadros de animales, paisajes, tanto de campo como de ciudad o marítimo y el bodegón en su más amplia gama.

Rembrandt (1606-69)es uno de los grandes pintores universales, abarcan­do todos los temas y destacando en el dibujo como lo demuestra la calidad de sus grabados.

En los temas de sus cuadros suele huir de lo particular y siente una predilección por los temas universales, lo genéri­co. Es un predicador de ideas generales. Como Descartes, del hecho analítico y positivo se eleva a lo general. Cuando Rembrandt pinta a un pobre, no pinta a un individuo, sino a la pobreza. Este fuerte idealismo ofrece un gran contraste con el carácter realista holandés.

Rembrandt es uno de los grandes maestros del claroscuro. Gusta de los fuertes contrastes de luces y sombras. Para él, la sombra no es una zona opaca, donde las formas desaparecen, sino un ambiente donde los colores vibran con menor fuerza, aislando la escena del mundo, produciendo el sentido de miste­rio, de soledad, de efecto poético en sus cuadros. Por el contrario, las zonas ricamente iluminadas presentan un derro­che de colores ricos e intensos. Es un gran maestro del color.

La luz suele ser cálida y provoca, con su juego de mati­ces y creación de planos, la sensación de profundidad en las esce­nas, perspectivas aérea.

(completad libro de texto, tema 17, apartados 4,5 y 6).

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Historia del Arte. Tema 11º. Arte Barroco I: Europa en los siglos XVII y XVIII.

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