Baco

Mitología. Dios del vino. Cóbalos. Bufones. Ampelos. Sileno. Viajes y fiestas. Leyendas mitológicas. Bacanales

  • Enviado por: Demona Longinotte
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Dionisio, …Mitos, Misterios y Demás

Breve Biografía de Baco:

Según Schuré, el nombre griego del dios del vino viene de una palabra sánscrita compuesta, Deva-Nahusha, que significa "el dios renovador". Como veremos más adelante, una serie de indicios lingüísticos y mitológicos vinculan a Baco con la India, aunque, personalmente, no podemos compartir ninguna teoría que lo haga oriundo de ese país asiático.

El estudio prolijo de todas las leyendas de Baco nos permiten, en primer lugar, establecer un hecho concreto e indiscutible: que Baco no es un solo personaje, sino la síntesis de varios que, o bien llevaron el mismo nombre o el sincretismo del tiempo reunió en una sola personalidad. La primera prueba es la siguiente: el nacimiento de Baco tiene lugar en el mismo umbral de los tiempos históricos. Es descendiente de Cadmo, lo que equivale a decir dos cosas: que tenía sangre fenicia (o semita) y que, por lo tanto, no podía haber vivido antes de los tiempos de Cadmo, como aparece en algunas leyendas. Naturalmente, el que está acostumbrado a la frecuentación de los textos mitológicos no puede asombrarse por tales anacronismos. Hércules actúa en un lapso nada menos que de cien siglos, espacio de tiempo que la imaginación -o la fe- sólo concede a los dioses más o menos abstractos de las religiones.

Se sabe que se ha encontrado una supuesta tumba de Baco en Africa. ¿Es el túmulo funerario del hijo de Semele? ¿Es un dinasta de la misma familia, que dijo descender de tan ilustre antecesor? ¿Es una de las tantas imposturas de la antigüedad? Jamás lo sabremos. En las páginas que siguen vamos a esbozar una biografía del más popular de los dioses (por su invención del vino), y también, quizá, del más esotérico, cuyos "misterios" son todavía un interrogante para todos los eruditos del mundo.

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El Cortejo de Baco

La imaginación popular creó toda una corte vendimial, en un simbólico País del Vino. Así, se inventó a Estafilo, el Racimo, rey de Siros, que era hijo de Baco y Ariadna, y que desposó a Meté, la Embriaguez, y padre de Botris, la Uva, y de Roio. Ésta fue la primera persona que mezcló el vino con el agua. Pithos, el tonel, era oficial del palacio de Estafilo.

Los cóbalos (o cubales) eran genios malignos o bufones del séquito de Baco, que se entretenían en atormentar a los hombres con engaños y alucinaciones. Es decir, una versión primitiva del delirum tremens. Los titiros eran también genios del séquito de Baco, con apariencia humana, pero con parte de la piel de animales.

Ampelos (o Ampelus) era un efebo amado por Baco. Indudablemente, es otro de los cortesanos simbólicos del Reino del Vino, ya que ampelos era el nombre del mimbre con que se ataban las vides. (Ampelos agria, en Plinio, es el nombre de la vid silvestre; y el ampeloprasum, una especie de puerro que nace entre las viñas, según el autor clásico. La ampelitis era la tierra negra y arcillosa, muy parecida al betún, con que se abonaban los viñedos. Finalmente, la ampelodesmos era especia de hierba, similar al esparto, que los viñateros de Sicilia utilizaban para atar las vides. La ampelosis es unauna enfermedad del vino; y ampelosidades se denomina a un extracto que se fabrica con hojas de vid, para dar al vino un mejor "bouquet"). Ampelo simbolizó el vino dulce, y se lo representó coronado de mirtos, envuelto en una corta clámide, junto a un Baco niño y un animal a sus plantas.

En Roma, el dios de la alegría y los banquetes, de los bailes y del tocador femenino, era Como, compañero de Momo. Naturalmente, se lo representaba con el rostro colorado y brillante por las libaciones, con una copa de oro en una mano. Presidía invariablemente las fiestas orgiásticas.

Hasta el Tiempo (Eón-Aion) fue representado con dos atributos báquicos: la serpiente, enroscada a su cuerpo, y un racimo de uvas que pendía a su costado y, que probablemente simbolizaba la madurez. También Fauno, el gran ancestro de la raza de los faunos y fauniscos, fue imaginado con orejas, rabo y cuernos de cabra, vestido con pieles y coronado de pámpanos y racimos.

Sileno, el sátiro hijo de Pan y de una ninfa, fue el maestro de Baco y tronco de la raza de los sátiros silenos, que se distinguían por tener cuernos en la frente, cola de cabra y la nariz roja por el vino. Vivía en una embriaguez semi permanente, montaba en un pollino y sostenía siempre un tirso, la vara coronada de hojas de yedra y parra. Una fábula refiere que, durante la batalla de los gigantes contra los dioses, el asno de Sileno se asustó al ver a los gigantes y rebuznó sonoramente, lo que, a su vez, asustó a los colosos, que emprendieron la huida. Mitológicamente, Sileno es bufón del Olimpo. A Silvano, otra divinidad selvática del Lacio, se le hacían ofrendas de leche y de vino.

No terminan aquí, por cierto, los personajes míticos vinculados de una u otra manera con Baco o con el vino. En una de las leyendas particulares del ciclo de la guerra de Troya se habla de Anio, hijo de Apolo y Creusa (o Roio), que fue sacerdote de ese dios en la isla de Delos. Por una gracia del propio Baco, las tres hijas que el sacerdote tuvo con su esposa Driope (Doripa) podían producir, en cualquier medida, vino, trigo y aceite. Por esta virtud pudieron abastecer durante nueve años a los griegos que sitiaban la sagrada Ilión, y por eso también fueron denominadas Oinotropoi. Según otra leyenda, el proveedor de vino a los sitiadores troyanos, fue Euneo, hijo de Jasón e Hipsipila.

¿Cómo era Baco?

Naturalmente, por su origen divino, se lo ha representado con rasgos de gran hermosura: en efebo rubio, con cabellos largos y enrulados, sobre los cuales esplende una corona de pámpanos y de hiedra. Sus ojos son negros y siempre brillantes, como conviene a quien no envejece jamás. En sus manos hay racimos de uvas, o bien una copa o un tirso. Nada pueden extrañar sus aventuras amorosas. Un bello y trágico mito dice que la hija de Minos y Pasífae, Ariadna, se enamoró de Teseo y se embarcó con el héroe de regreso a Grecia, después de la muerte del Minotauro. Pero al llegar a la isla de Naxos, para satisfacer un deseo de Baco, Diana hizo morir a la joven cretense, que se convirtió en la esposa inmortal del dios.

Una variante de esta leyenda nos dice que, cuando Teseo arribó a Naxos (una de las islas del Egeo), desembarcó y se echó a dormir en la arena de la playa. En su sueño, Minerva le dio orden de abandonar a Ariadna y seguir rumbo a Atenas, lo que fue cumplido de inmediato. Al verse abandonada, Ariadna se sumió en la angustia. Consolada por Venus y por Baco, accedió finalmente a ser la esposa del dios. Las bodas se celebraron en la misma playa, entre la algarabía de las bacantes, los sátiros y los amores. El hijo de ambos se llamó Latranio.

Baco fue también amante de la reina Altea, madre de Deyanira y de Meleagro. Se lo hizo esposo de Coré, a la que se identifica con Proserpina (Perséfone), hija de Deméter (Ceres). Desposó asimismo a Beroé, hija de Venus y Adonis, y fue amante de la propia Afrodita, que le dio varios hijos: Himeneo y las Gracias. Los sátiros nacieron de su unión con Nicea. Amó a Caria, pero luego la convirtió en el árbol del nogal. A Fiscoé la hizo madre de Narceo. Psalacanta, una ninfa, se suicidó después de ser violada por el dios.

Algunos textos dicen que fue el adivino Melampo quien introdujo el culto del dios Baco-Dionisos en Grecia y en Egipto. Este culto era el orgiástico, es decir, el culto modificado por la adición de ceremonias rituales a otras divinidades: Cibeles, Sabacio. Melampo introdujo asimismo el rito fálico. En Mesenia, el culto fue instaurado por Lico, hijo de Pandión.

Los nombres de Baco:

El antiguo historiador Nonnos dice que el ejército que Baco llevó a la India estaba constituido por gentes de color negro. Aunque este detalle pueda aludir meramente a los pueblos solares, ciertas implicaciones filológicas nos hacen detener sobre aquella noticia. Para algunos etimólogos, Baco (Bacchus) derivaría de Baal-Chus, "el Señor Negro", una de las divinidades del ámbito siríaco, equivalente al Belo fenicio y al Bel babilónico. Este Chus se vincularía directamente con el Cuch o Kus de la Biblia, y tendríamos entonces un Baco negro, oriundo de algún lugar de la Mesopotamia, de las costas del mar Negro (Etiopía asiática); o, en último extremo, abisinio, nubio, egipcio o libio, todo lo cual es muy improbable. Ese Baco Negro podría asimilarse, por una simple asociación de ideas, con el Baco subterráneo o Zagreo, habitante del Erebo, plena zona negra del Infierno mediterráneo. Osiris -cuya identificación con Dionisos-Baco ya no se discute- es llamado, precisamente, "Señor de la Noche" en varios manuscritos de carácter funerario. Por otra parte, Baco, tanto como Ceres (Deméter), Perséfona (Proserpina o Koré), son deidades con autoridad en los Infiernos.

Moreau de Jonnés encontraba una vinculación filológica entre el primer monarca babilónico después del diluvio, Evekhaus (o Evechus), es decir, Evi el cuchita, y la tribu de Evvi, a la cual pertenecía Cadmo. Moreau no relaciona para nada esta circunstancia con el asunto Baco; pero nosotros vemos allí una conexión, no sabemos si históricamente cierta pero de todos modos verosímil.

Los etruscos de la ciudad de Fufluna tenían como dios epónimo a Fufluns, que era el nombre que ellos daban a Baco-Dionisos. En cuanto al propio nombre griego del dios, Dionisos, ya hemos visto que, según Schuré, derivaría del sánscrito Deva-nahusha ("el dios renovador").

El sobrenombre o nombre latino-etrusco de Dionisos-Baco, Líber, originó el verbo libar, "beber vino" o hacer libaciones (de vino) a los dioses. Para muchos historiadores y mitólogos, Líber era una divinidad autóctona de Italia, que presidía la fecundidad y la abundancia de las mesas. Los sabinos lo llamaron Leobasius. Liber significa "libre". Su réplica femenina fue la diosa Libera, asimilada a Proserpina y a Semele. En Roma se efectuaban en su homenaje las fiestas no orgiásticas llamadas liberalias.

Del nombre del dios -además de libar- salió libatorio, vaso para las libaciones, y libación, que era el acto ritual consistente en beber de una copa o un ánfora vino o agua sagrada y luego verter el resto sobre el ara. (La libación de aceite se denominaba eleosponda).

Baco fue llamado también Barbato, por representárselo con barba; Ditirambio, por haber sido el creador indirecto de la poesía ditirámbica, origen del teatro; Eleuterio, Musageta, Melpómeno, Naxio, Corymbífero, Lyeo, Lyceo, Agrionio, Melántida, etcétera.

Los Viajes de Baco

Cuenta una leyenda oriental (pues Baco no es patrimonio único de Occidente) que el joven dios, cierta vez que se dirigía a la isla de Naxos, se detuvo en una campiña y observó que, a sus pies, una ramita sobresalía apenas de la tierra. A Baco le pareció que revestía una curiosa conformación y la arrancó para llevársela a su morada. Mas, como el sol era abrasador, temía que la rama se le agostara antes de la noche. De manera que, tomando un hueso de ave que halló en el camino, introdujo el pequeño vástago. Pero el tallo no tardó en crecer, y salir por los extremos del hueso. Casualmente, Baco halló entonces un hueso de león, donde metió su rama. Al poco tiempo, también ese resguardo resultó insuficiente, y pocos días después, la rama se había convertido en una pequeña planta y se salía del hueso, expuesta a los rigores del sol. En un hueso de asno, Baco metió el hueso de león, en cuyo interior estaba la planta y el hueso del ave, y poco después arribó a Naxos. Allí intentó sacar el arbusto de los tres huesos que lo guardaban, con el fin de plantarla; pero sus raíces se habían mezclado tanto con los huesos que no se podían sacar éstos sin romper la planta. De modo que se vio obligado a plantarla tal cual estaba. Bajo el cálido sol de Naxos, el arbusto creció y dio racimos de granos blancos. Su divina intuición indicó a Baco qué es lo que debía hacer: dejó que los granos maduraran, luego los vendimió y los prensó para extraerle el jugo, muy similar al néctar que se bebía en el Olimpo. Más tarde, llamó a los hombres de su tierra y les enseñó a cultivar las viñas, hecho que le iba a deparar más de una sorpresa. En efecto, advirtió que cuando los hombres bebían vino moderadamente se ponían alegres como pájaros y entonaban canciones como éstos. Si bebían un poco más, se sentían fuertes como leones. Pero, si continuaban las libaciones, sus cabezas se inclinaban como la de los asnos y cometían disparates. Baco recordó entonces los tres huesos con que debió proteger a la vid cuando la encontró, solitaria, en un campo desconocido. Como vemos, esta tradición se emparenta con la fábula que narramos en otro lugar de este libro.

El tan celebrado viaje de Osiris a la India, no fue realizado por este mítico monarca de Egipto, sino por Baco, con quien lo identifican muchos mitólogos, quizá por la semejanza de algunos pasajes de sus vidas respectivas.

La leyenda, en efecto, refiere que Osiris se estableció en Egipto y reinó conjuntamente con su esposa-hermana Isis. Deseoso de extender sus dominios a todo el orbe, organizó y comandó un vasto ejército de hombres y mujeres, y partió hacia las Antias. A cargo del reino quedó Isis, a la que asistían como ministros Mercurio (Thot) y Hércules (Horus). Osiris bajó a la Etiopía, cruzó Arabia y las Indias; de allí, pasó a Europa y visitó Tracia y otros países (su hijo Macedo dio entonces nombre a la Macedonia). Al regresar a su patria, se vio frente a una conspiración, capitaneada por Set (Tifón), su hermano, quien lo encerró en un cofre y lo arrojó al Nilo. Esta es, en una muy apretada síntesis, la historia de ese viaje de Osiris. Veamos, ahora, la complicada historia del viaje de Dionisos, redactada con mitos de muy diversos orígenes.

Baco no hizo sino regresar a la India, donde había pasado su infancia (Hemos leído que Eduardo Schuré afirmó que el nombre Dionisos vino de las palabras sánscritas Deva-nahusha, "el dios renovador". Por otra parte, Baco-Dionisos es apodado Indio). Según el escritor antiguo Eustaquio, el monte donde lo criaron las ninfas no es otro que el Merú, la montaña sagrada de la India. Al llegar a la mayoría, Baco formó un ejército de panes y sátiros, y, en lugar de armas, hombres y mujeres llevaban panderos, tirsos y pámpanos. Una tradición histórica afirma que esa extraña expedición de guerra fue llevada a cabo por un rey-dios de Lidia o de Tracia, llamado Basareo, y cuyas gestas fueron atribuidas a Baco.

Se supone, con idénticos indicios conjeturales, que la expedición de Baco-Osiris se efectuó de Oriente a Occidente. La base natural de Baco habría sido España (las Antias o Indias, Iberia) de donde partió en son de conquista, dejando como regente suyo a Pan (de donde habría derivado el nombre del país, Spania, y luego el nombre primitivo de los Apeninos, Panes).

Baco nos parece viajero constante porque los mitos lo presentan en muy diversos y apartados lugares. El cómodo sistema de identificar un personaje con otro por la similitud de algunos de sus hechos sería aquí de ideal aplicación. Igualmente, el método de dividir en varios un mismo personaje, y hacerlo vivir en diferentes épocas. Así tendríamos un Baco I, Baco II y Baco III, etcétera, hasta no dejar ningún lapso sin su correspondiente Baco. Esa historia de Osiris, que narramos brevemente, tiene correspondencia con otro mito griego: el de Zaegreo. Este era un hijo de Proserpina y de Júpiter, quien la había hecho suya metamorfoseado en serpiente. Luego de entregarlo a los curetes para que lo criaran, Júpiter lo hizo su hijo favorito y hasta le permitió manejar de cuando en cuando los rayos. Pero cierta vez, instigados por Juno, los titanes aprisionaron y despedazaron a Zaegreo, y echaron sus restos a un caldero. Sólo se salvó el corazón, que fue rescatado por Palas y entregado a Júpiter. Airado, el Tonante aniquiló a los titanes -tíos suyos- y los enterró bajo el Parnaso. Del corazón de Zaegreo nació Baco.

Como vemos, este mito (de origen alejandrino) nos recuerda el descuartizamiento de Osiris por Set-Tifón, y algunos episodios de la propia vida de Júpiter. Zaegreo, "el Baco subterráneo", era uno de los personajes de los misterios órficos.

Los Mitos del Vino:

Los anales míticos refieren que el primer hombre que cultivó la vid en el ámbito del mar Egeo fue Icario, un rey del Peloponeso, entre cuyos amigos se contaba el propio Dionisos. De paso por la cálida península, el dios viajero instruyó, al parecer, al monarca en el arte vinatorio, sin prever las funestas circunstancias que seguirían a ese conocimiento. En efecto, una vez que se hubo cumplido todo el proceso, y los lagares rezumaban su denso olor, Icario permitió a sus aldeanos vendimiadores, los erígoras, que bebiesen un poco del líquido desconocido para ellos. Los inexpertos trabajadores, naturalmente, se embriagaron, y creyendo que el rey los había envenenado, lo arrojaron a un profundo pozo, donde murió.

La leyenda refiere que Icario tenía una hija llamada Erígona, a la que siempre acompañaba Mera, la fiel perra de su padre. La misteriosa desaparición de Icario preocupó a la joven que, guiada por Mera, llegó hasta el pozo y descubrió el cadáver de su padre. La misteriosa desaparición de Icario preocupó a la joven que, guiada por Mera, llegó hasta el pozo y descubrió el cadáver de su padre. Desesperada por el dolor, la joven se ahorcó, y la fiel perrita murió de hambre junto al pozo. Apesadumbrados por la triple tragedia, los dioses convirtieron a Icario en Bootes (Boyero), constelación boreal cercana a la Osa Mayor; a Erígona la transformaron en Virgo, uno de los signos zodiacales; y a la perrita Mera en Canícula, de la constelación del Can Mayor.

La leyenda de Icario, ampliamente difundida en el ámbito mediterráneo, tiene una variante: Erígona tenía una hermana, llamada Entoria, y cierta vez que Icario alojó en su palacio a Saturno, éste sedujo a Entoria y la hizo madre de cuatro hijos: Jano, Himno, Fausto y Félix. Como compensación, Saturno enseñó a la joven el arte de cultivar la vid, en la que era maestro. Como se sabe, las tradiciones romanas relatan que fue Saturno, refugiado en el Lacio, quien enseñó a los latinos a plantar viñedos, cosechar la uva y fabricar el vino.

En cuanto a Erígona, las leyendas la denominaron Aletis ("la errabunda"), en memoria de sus idas y venidas en busca de su padre. Los primitivos griegos le dedicaron dos fiestas, las aletidias y las aioras. (Es la llamada Fiesta de las Hamacas, cuyo acto central era el rito del columpio, de significado desconocido). En cuanto a Icario, se lo honraba en Atenas con los juegos llamados Icarienses.

No termina aquí la leyenda ni las interpretaciones del mito. Al parecer, el sobrenombre de Erígona, Aletis, provendría de la costumbre que tenía la hija de Icario y Fanotea de vagar por los campos. En uno de esos paseos fue vista por Baco, quien se enamoró de ella, sin resultado. El dios esperó su ocasión, y un día en que la doncella tenía sed, se transformó en racimo y pudo gozar de ella.

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Enopio era uno de los hijos que Baco tuvo de Ariadna. Con Mérope, su mujer, residía en la isla de Naxos, adonde un día llegó Orión, hijo del rey de Hyria. Orión estaba desconsolado porque los dioses habían arrojado al Tártaro a su esposa Sidé, que se había proclamado más hermosa que Juno. Ya en el palacio de Enopio, Orión, embriagado, quiso abusar de Mérope, y Enopio, en el colmo de la ira, le arrancó los ojos y lo dejó abandonado en la playa. Al despertar, ya sin los vapores del vino, y ciego, Orión se internó en el mar y se dirigió a la isla de Lemnos, guiándose por el ruido de las fraguas de la herrería de Vulcano, instaladas en esa isla. Ya en el lugar, el gigantesco Orión forzó a un ayudante del dios, Cedalión, a que le sirviera de guía hasta el Oriente, donde, recuperada la vista por los poderes benéficos del sol, emprendió el regreso para vengarse de Enopio. Este, aterrorizado, pidió ayuda a Poseidón, quien lo ocultó en una caverna sin que Orión pudiera encontrarlo.

Esta leyenda tiene, lógicamente, su interpretación: Enopio personifica los días de la vendimia, que tiene lugar cuando Orión (constelación estival que no se ve en invierno en esos países) está ciego, o lo que es lo mismo, cuando no aparece en el cielo sino a la medianoche, precediendo al sol naciente. Pero en el verano, Orión brilla de nuevo y personifica el ardiente sol que puede arruinar los viñedos (venganza contra Enopio), protegidos por Poseidón (= Neptuno, la humedad de la tierra que ayuda a madurar las uvas).

La convicción de que la casi totalidad de los mitos griegos están vinculados entre sí, o que son fragmentos de esa trama mayor que es la historia de las creencias primitivas y la exposición más o menos fabulosa de los conocimientos científicos, se ve necesariamente reforzada cuando leemos que Orión siempre está acompañado del perro Sirio, que no es otro que Mera, la perrita de Icario que fue llevada al cielo por los dioses. Si algo bastara para convencernos de la lógica secreta, íntima, de los mitos, también vemos que Orión es una de las tantas personificaciones solares, y que todo lo solar está en relación directa con la madurez de las mejores vides.

Aún hay más. Ya la historia del mítico padre de Orión se presta a interesantes sugestiones. Hyrieo, como hemos dicho, era rey de la ciudad de Hyria. Sus padres eran Poseidón y la pléyade Alcione (un símbolo acuático, húmedo, y una personificación estelar). En cierta ocasión, se le presentaron tres visitantes desconocidos, a los que hospedó cordialmente, como era norma en las antiguas sociedades. Esos visitantes desconocidos eran Poseidón (su propio padre, al que evidentemente no conocía), Zeus y Hermes. (Es decir, Neptuno, Júpiter y Mercurio). En obsequio de ellos, Hyrieo inmoló el único toro que poseía. Sólo conoció la alta jerarquía de sus visitantes cuando Poseidón nombró a Zeus por su nombre, pidiéndole vino. Sumamente complacidos los dioses por la generosidad de Hyrieo, se ofrecieron a acceder a cualquier deseo suyo. Hyrieo solicitó entonces tener un hijo sin concurso de mujer (había enviudado hacía poco). Los tres dioses fecundaron entonces con su orina la piel del toro inmolado, y recomendaron al rey que la enterrara durante nueve meses. Al cabo de ese lapso, Hyrieo desenterró la piel y nació Orión.

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Otra historia de hospitalidad y milagros divinos recogieron los anales mitológicos de la colonia griega de Frigia. En esa áspera comarca del Asia Menor vivían, en una modesta choza, Filemón y Baucis, un anciano matrimonio sin hijos. En su tiempo, viajaban por la tierra Júpiter y Mercurio; llegados al lugar, solicitaron albergue en varios sitios, pero todos los habitantes se lo negaron. Sólo la anciana Baucis acogió a los caminantes y, como lo prescribían las costumbres de la hospitalidad (no debe olvidarse ni en este relato ni en el anterior, que Júpiter-Zeus era el dios de la hospitalidad, Zeus-hospites), lavó sus pies, les ofreció vino y una comida desgraciadamente frugal, pues eran muy pobres. Ignoraban, por supuesto, la identidad divina de sus visitantes. Sólo comprendieron su jerarquía de dioses cuando advirtieron que en el único vaso que bebían, el vino se renovaba por sí solo. Filemón y Baucis redoblaron entonces sus atenciones hasta que, por último, en premio a la hospitalidad acordada, Júpiter transformó a la choza en un magnífico palacio, les concedió una prolongada existencia y el gozo de morir juntos. Después de su muerte, convirtió a los ancianos en una encina y un tilo.

Dos historias -una consecuente de la otra- parecen transparentar, con el velo del ritual báquico u órfico, un estadio de verdadera práctica antropofágica, confirmado, por otra parte, con otros mitos independientes. (Las leyendas de Licaón, de Tántalo, trasuntan quizá una remotísima costumbre de canibalismo (¿ritual?) en plena Grecia). Veamos la primera historia: cierta vez que Baco dormía en las playas de la isla de Día, acertaron a desembarcar unos piratas de la Tyrrenia, quienes, instigados por Juno, se rebelaron contra su jefe, el archipirata Acetes y quisieron asesinar a Baco, del cual no habían reconocido su linaje divino. De súbito, el dios se transfiguró en presencia de esas gentes, que al advertir que se hallaban en presencia de un dios se arrojaron al agua y quedaron instantáneamente convertidos en delfines. Acetes, que había intentado disuadir a los amotinados de cometer el crimen, fue promovido al rango de gran sacerdote de Baco, y se le dio como sede de su ministerio la ciudad sagrada de Tebas.

En ese tiempo, el culto al dios del vino era muy resistido (quizá por su origen extranjero). El rey del país, Penteo, se oponía a la entronización de Dionisos, y Acetes fue encerrado en una celda y encadenado. Pero, misteriosamente, las cadenas se aflojaron y las puertas de la prisión se abrieron solas. Penteo, aún frente al evidente milagro, insistió en la persecución de los devotos del dios, entre los cuales se contaba su propia madre, Agavé, hija de Cadmo y Harmonía, y tía de Baco. Con todo, la curiosidad lo impulsó a averiguar personalmente en qué consistían esas ceremonias llamadas bacanales (orgías), de las que ciertamente tendría noticias, aunque se celebraban dentro del mayor secreto en medio de los bosques. Así, cierto día se deslizó hasta el límite de la densa arboleda, y pudo espiar el desarrollo de la orgía. Desdichadamente para él, fue descubierto y despedazado por su propia madre y otras bacantes.

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Una tradición refiere que las mineidas (hijas del rey Minias, de Orcomene) rehusaron tomar parte en los juegos báquicos (distintos a las bacanales) y el dios del vino (o bien las bacantes) les provocó un trastorno mental. En ese estado, una de ellas, llamada Leucipa (o Alcipea), mató a su hijo Hipaso, lo descuartizó y fue devorado por todas ellas. Mercurio, en castigo, convirtió a las tres hermanas en mochuelo, búho y murciélago.

Es probable que el ritual órfico llamado ooscopia haya querido reemplazar la ingestión de carne humana por huevos, como un medio de suavizar esa parte del misterio de Dionisos.

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Herakles es uno de los personajes mitológicos de más difícil identificación y ubicación, tanto en el tiempo como en el espacio. Por lo menos, cuarenta y tres héroes de ese nombre pueden diferenciarse en las leyendas, pero no se puede decir a cuál de ellos debe atribuirse tal o cual aventura. Lo mismo acontece con esa raza fabulosa de los centauros, unida por la leyenda y la historia con el propio origen de los cuadrúpedos domados por el hambre.

Herakles, ese claro varón de la caballería heroica, ese defensor perpetuo de los derechos y la libertad del hombre y, quizá por eso mismo, sojuzgado muchas veces por los tiranos y por el poder arbitrario de los dioses fue, asimismo, un gran gastrónomo y un gran bebedor. La leyenda de los argonautas, por ejemplo, nos dice que Herakles fue el primer jefe elegido para comandar a los príncipes embarcados en el "Argos" que se dirigían a la Cólquida; pero los argonautas tuvieron miedo de que la célebre voracidad del semidiós los dejara sin provisiones a mitad de la navegación. No en vano se lo conocía también por los sobrenombres de Adéfago y Boufago, que se le puso luego de haberse comido un buey entero. Un cronista insidioso refirió que, celoso del héroe, Jasón lo dejó abandonado en las costas de la Misia. No amaba menos el vino el salvador de Prometeo, ni menos lo apreciaban los ágiles centauros de la Tesalia, que ya en las bodas de Pirítoo desencadenaron toda una guerra a causa del vino ingerido y de sus efectos.

Un centauro llamado Folo (hijo del gran bebedor Sileno) había invitado a Herakles a beber un vino que le había regalado el propio Baco. Pero Anquio, Agreo y otros cuadrúpedos, atraídos por el irresistible aroma del líquido divino, se acercaron a la cueva de Folo e intentaron robarles las ánforas. Herakles debió hacer uso de sus ponzoñosas flechas, logrando preservar ese vino para su exclusivo placer. Esta aventura debía terminar trágicamente. En un descuido, Folo dejó caer uno de los dardos del semidiós (envenenados con la sangre de la hidra de Lerna) y se hirió un pie, muriendo de inmediato. La rueda heroica de la vida de Herakles no podía detenerse: desde allí se encaminó hacia Erimanto, donde debía vencer al fabuloso jabalí que devastaba la región.

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En el relato anterior hemos aludido, de paso, a las bodas del rey de los lapitas, Pirítoo, hijo de Júpiter y de Día, la esposa de Ixión. Como puede verse en las leyendas que hablan de él, era un valiente príncipe tesalio que enfrentó a Tereo y del que luego se hizo entrañable amigo, participando juntos en la batida del jabalí de Calidón, en el viaje de los argonautas y en una expedición a los infiernos (para raptar a Proserpina) en la que quedó prisionero y logró ser rescatado por Herakles. Pero aquí nos interesa narrar sólo un pasaje de su leyenda. De regreso de su viaje a la Cólquida, Pirítoo se enamoró de Hippodamia, una amazona, a la que hizo su esposa. Invitó a las bodas a sus parientes, los centauros, y en el transcurso de la fiesta, uno de los hombres-cuadrúpedos se embriagó y quiso raptar a la recién casada. La reacción de los demás invitados no se hizo esperar: tomaron a Euritio -el centauro embriagado-, le cortaron la nariz y las orejas y lo arrojaron fuera del palacio. Así empezó una de las guerras fabulosas de los anales griegos: la de centauros contra lapitas, en la que éstos resultaron vencedores.

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Nicea era una náyade, hija de Sangario, el dios-río. Por haber hado muerte a un pastor que la pretendía, llamado Himno, el dios del amor se la entregó a Baco. De acuerdo con la infaltable variante, Baco convirtió en vino el agua de una fuente donde solía beber la ninfa, quien se embriagó y pudo ser poseída por el dios del vino, que la hizo madre de los sátiros y de Teletea. (Por otra parte, Himno es el nombre de un hijo de Saturno y Entoria, la hija de Icario, primer cultivador de la vid en el Peloponeso). Toda la leyenda anterior y su variante no hace más que trasuntar, o la oposición al culto de Dionisos en algunas partes de Grecia, o una posición de abstinencia respecto a las bebidas alcohólicas.

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Cianea era la hija del príncipe de Siracusa, Cianipe. Como éste no quiso honrar sus fiestas, el dios le provocó un estado demencial y terminó por violar a su hija. Este incesto fue castigado por los dioses con una terrible epidemia. Consultado el oráculo, contestó que había que degollar al culpable del incesto para que cesara la peste. La propia Cianea ejecutó la sentencia, tras lo cual se suicidó.

Sileo era un hijo de Poseidón, y reinaba en Áulide. La leyenda dice que obligaba a los forasteros que pasaban por sus posesiones a trabajar en sus viñedos. Sin conocerlo, intentó imponer a Hércules esa tarea, pero el semidiós le dio muerte.

Otra historia trágica es la de Medulina y su padre Aruntices. Cuando éste se burló de las bacanales, Baco le provocó una gran embriaguez, durante la cual intentó poseer a su hija, que le dio muerte

Las Fiestas de Baco

LAS DIONISÍACAS

Las Grandes Dionisias de Atenas eran, sin duda, las más importantes celebraciones que, en honor a Dionisos, se realizaban en todo el ámbito griego. Duraban varios días, pero ahora no podríamos establecer una cronología exacta del desarrollo de los diversos actos. Se sabe que la imagen de Dionisos era conducida procesionalmente hasta un templo vecino a la Academia, y luego devuelta al teatro. En ese desfile participaban hombres y mujeres, incluso jovencitas. Al frente marchaban los sacerdotes del dios y los coregos, así como los magistrados de la ciudad. Detrás de ellos formaban un grupo de jóvenes atenienses armados (los efebos, pertenecientes a una escuela militar preparatoria, la efebia, adonde se ingresaba a los dieciocho años) y que constituían la guardia de la estatua. Todos los adeptos iban coronados de pámpanos y algunos de ellos llevaban cráteras de vino. Detrás de los iniciados y de la imagen del dios marchaban las canéfonas (o cistóforas), doncellas que conducían canastillos con frutas y culebras atadas. A las canéforas seguían hombres disfrazados de sátiros, silenos y panes. Las canéforas eran doncellas que conducían las garrafas para las libaciones. Más tarde, se sumaron a los citados unos sacerdotes llamados falóforos, que conducían un gran falo y entonaban las estrofas llamadas fálicas; y los italóforos, que vestidos de mujer, de blanco, imitaban el andar de los borrachos. La procesión se cerraba con el licnón o aventador. El gentío regresaba por la noche, a la luz de las teas.

En el día segundo de las Dionisíacas tenían lugar los certámenes teatrales: por la mañana una tetralogía, y por la tarde, una comedia, representaciones que se repetían los días siguientes.

"Desde varios meses antes se habían preparado pacientemente las piezas que iban a representarse, se habían ensayado los diálogos, la música y las canciones y bailes del coro, se habían nombrado los jurados que representaban a las diez tribus de la ciudad, y elegían al poeta triunfante. Éste recibía como premio simbólico una corona de laurel y un cabrito, como recuerdo de cuando la tragedia era una fiesta rústica de sátiros que festejaban a Dionisos. Pero también recibían, los poetas, un premio en dinero que les compensara los gastos de la representación. Algunos ciudadanos ricos, nombrados coreutas, tomaban como carga pública proveer los gastos del teatro. Se consideraba un honor la función de pagar a los actores y autores, a los músicos, bailarines y decorados. Y esos gastos solían ser considerables. El orador Demóstenes, en una de sus filípicas, dijo que Atenas gastaba más en su fiesta teatral de todos los años que en equipar una escuadra. Así es como pudo surgir ese milagro que se llamó el teatro griego. A lo que se puede agregar que las escuadras atenienses (más baratas que el teatro) también ganaban batallas".

Heródoto llamó a Baco "el dios de las máscaras", lo que vendría a confirmar, por un lado, la tradición griega que sostiene que el teatro se originó en las fiestas báquicas; y por otro lado, el antiquísimo origen báquico del carnaval.

Los historiadores de la literatura consignan que los ditirambos, una de las manifestaciones de la primitiva poesía coral griega (siglo VI a.C.) destinados a loar a Dionisos, fueron el germen de la tragedia y la alta lírica. Un mito hace de Arión, el músico prodigioso, el autor de los primeros ditirambos. El propio dios fue apodado Ditirambio, por ser el autor indirecto de esa forma coral y poética.

Es ya doctrina inamovible que las grandes Dionisias (o Dionisíacas) atenienses constituían la mejor ocasión para el lucimiento de los dramaturgos. Vestidos de sátiros, los viejos actores griegos representaban la pasión y muerte de Dionisos, uno de los actos centrales de los "misterios".

* * *

Las bacanales eran fiestas orgiásticas para los iniciados en el culto secreto del dios, y traen su origen en los ritos desenfrenados a Cibeles, Baco, Atis y Sabacio que se celebraban en Frigia y en Tracia. Los tracios, especialmente, adoptaron el antiguo culto de Baco y lo dotaron de características bárbaras.

"Alternativamente, magas, seductoras y sacrificadoras sanguinarias de víctimas humanas, tenían sus santuarios en valles salvajes y remotos. ¿Por qué encanto sombrío, por qué ardiente curiosidad, hombres y mujeres eran atraídos a esas soledades de vegetación lujuriante y grandiosa? Formas desnudas, danzas lascivas en el fondo de un bosque..., después risas, un gran grito y cien bacantes se arrojaban sobre el extraño para dominarlo. Debía jurarles sumisión y someterse a sus ritos o perecer. Las bacantes domesticaban leones y panteras que hacían aparecer durante sus fiestas. Por la noche, con serpientes enroscadas en los brazos, se prosternaban ante la triple Hécate; después, en rondas frenéticas, evocaban el Baco subterráneo, de doble sexo y cabeza de toro. Pero, ¡desgraciado del extraño, desgraciado del sacerdote de Júpiter o de Apolo que viniera a espiarlas! Era descuartizado".

Las bacantes se vestían con pequeños trozos de piel de tigre o de pantera, que ceñían a sus nerviosas cinturas con sarmientos verdes. Cada una llevaba su tirso -báculo coronado de hojas de parra o hiedra-, y su tea encendida. Al compás de tamboriles, címbalos, flautas y otros ruidosos instrumentos de percusión y de aire, las bacantes iniciaban sus danzas hasta alcanzar ese estado que los griegos llamaban enthusiasmo (es decir, poseído de un dios), durante el cual las mujeres gritaban el nombre místico del dios, Iacos, o bien ¡Evohé!, que, según los iniciados, era el grito de aliento que Júpiter-Zeus dirigió a su hijo durante la gigantomaquia. Se supone que Evohé equivalía a: ¡Valor, hijo mío!". (De Evohé derivó Evan, uno de los tantos sobrenombres del dios del vino).

En Macedonia, las bacantes eran denominadas clodones y mimalones. Mimas era un monte del Asia Menor, a cuyo pie residía una comunidad de bacantes.

Recibieron también el nombre de dodonas, eleidas (por otro de sus gritos extáticos, ¡eleleu!), tíadas y ménades ("furiosas").

Las bacanales lograron una gran difusión en el ámbito del Mediterráneo, incluida la monoteística Palestina y la Siria seléucida y greco-romana posterior.

Comentando al escritor H. Jeanmaire, Emile Mireaux dice que "en la Grecia primitiva existió una sociedad de mujeres, en la que se progresaba de iniciación en iniciación. Esas iniciaciones se hallaban vinculadas, en su origen, con los cultos de las grandes divinidades femeninas: Hera, Artemisa, Atena, Deméter, herederas más o menos directas de la Gran Diosa del mundo egeo, diosa del árbol y de la vegetación, dama de las fieras y de la naturaleza salvaje. Habían de ser acaparadas progresivamente y asimiladas por el culto de Dioniso. Iban acompañadas de danzas frenéticas y acompasadas por la flauta, que pronto llevaban a las bailarinas al estado de trance y éxtasis, con la boca abierta, la nuca doblada, todo el cuerpo tenso y echado atrás, en actitudes que evocan las de las clásicas crisis de histeria. Incluían alocadas carreras en procesión, a la luz de antorchas, a través de zonas boscosas y montuosas. Las iniciadas de las más antiguas categorías llevaban sin duda, en esa ocasión, al menos en el culto de Dioniso, la nébrida, la piel de cervatillo, del animal sacrificado para ellas en el curso de una iniciación anterior, sacrificio que iba acompañado generalmente de laceración. Es verosímil, por fin, que algunas de esas iniciaciones, principalmente la que se hacía en la época de la pubertad, exigían un tiempo de retiro a veces bastante prolongado, durante el cual las futuras iniciadas eran sometidas a pruebas, se aislaban y por grupos se escondían en la naturaleza Salvaje.

II

FIESTAS BÁQUICAS MENORES

- Durante una larga época, Dionisos-Baco llegó a ser el más popular de los dioses de la Hélade. Pocas divinidades fueron honradas con tal cantidad de fiestas y ceremonias y pocas también pudieron merecer un culto misterioso y para iniciados, como Dionisos. Después de lo que hemos dicho sobre las fiestas mayores dedicadas a Dionisos, pasaremos revista a otros fastos con que se le honraba, a veces a él solo, a veces en sociedad con otros dioses.

- Puede suponerse que las agrionias, de Beocia, eran quizá parte de las bacanales, ya que es muy sugerente el hecho de que también se comiera carne cruda. Las agrionias, al parecer, consistían en unos pequeños "misterios", en los cuales sólo participaban mujeres. Éstas se congregaban de noche y aparentaban buscar al dios; al no encontrarlo, decían que estaba con las Musas. Acto seguido, las devotas iniciaban una orgía -baile, bebida e ingestión de carne sin cocinar-. Al término de este banquete ritual, se procedía a la develación de enigmas, quizá jeroglíficos sagrados procedentes del lugar de origen del dios, y que integrarían el repertorio litúrgico de los misterios.

- En honor de Dionisos, los atenienses instituyeron las fiestas ascolias, cuyo acto central consistía en un juego de destreza: había que subirse a un odre lleno de aire y mantenerse sobre un solo pie, haciendo equilibrio. Si se conseguía no caer, se recibía un premio, que era el mismo odre, pero lleno de vino. El pellejo debía sacarse de un animal sacrificado ese mismo día.

- Las enisterias eran fiestas dionisíacas destinadas a los adolescentes. Durante ellas, los jóvenes bebían su primera copa de vino, acto que simbolizaba la entrada en la virilidad.

- Las aireenas estaban dedicadas tanto a Baco como a Deméter, y era una fiesta agraria, en la cual los campesinos ofrecían las primicias del vino y los cereales.

- Las oscoforias, o fiestas de la vendimia, tenían lugar en octubre y noviembre, y cronológicamente, era la primera de las cinco fiestas menores de mayor importancia entre las que los griegos dedicaban a Baco. (Octubre y noviembre eran los meses de maduración de las uvas). Dos jóvenes ataviados con ropas femeninas iban al frente de desfiles jubilosos. Una tradición dice que las oscoforias las instituyó Teseo en Atenas después de su regreso de Creta y la muerte del Minotauro.

- Después de las oscoforias, los atenienses celebraban las llamadas dionisíacas menores, entre diciembre y enero.

- Una tercera festividad era la llamada de las tinajas, entre enero y febrero, en cuyo transcurso se celebraban representaciones de teatro breve.

- Una de las celebraciones más importantes tenía lugar del 11 al 13 del mes antesterion (marzo) en Atenas. La finalidad de estos festejos -llamados antesterias- era honrar a Baco y a las flores (anthos, flor), que se abrían en ese mes. El primer día era llamado Pithoigia, porque en su transcurso se bebía vino de la cosecha anterior, conservado en toneles (pithos) de barro cocido.

- El día segundo era el de los jarros, que festejaba el final de la fabricación del vino con una procesión hasta el Lenaion (Templo de Baco) donde tenía lugar la representación del misterio de las bodas del dios con Koré.

- El día tercero, llamado "de las marmitas", se destinaba a honrar a los muertos. "La gran conmemoración de los difuntos -dice Frazer- caía en Atenas hacia primavera, a mediados de marzo, cuando las flores tempranas están en capullo. Entonces, creían que los difuntos se levantaban de sus sepulturas y deambulaban por las calles intentando vanamente introducirse en los templos y las casas, que se cerraban contra estos perturbados espíritus con cuerdas, zarzas y brea. El nombre de este festival, según la interpretación más lógica y natural, significa fiesta de las flores y el título va bien con el meollo de las ceremonias, si en esta época, como se pensaba, los pobres espíritus escapaban "de la estrecha morada" con las primeras flores".

- Este día, también, se efectuaban ofrendas de granos cocidos en el templo de Zeus.

- Dos veces por año, los griegos celebraban la fiesta llamada Brumales (de un sobrenombre de Baco, Bromio, o del nombre de una nodriza de Baco, Bromé). Bromio era, asimismo, uno de los nombres esotéricos de Dionisos.

- Las eleuterias tenían por objeto honrar los actos realizados a favor de la libertad, en especial, la de los esclavos, que en el transcurso de la celebración, eran a veces manumitidos. Los dioses patronos de estas fiestas, eran Eros, Zeus y Baco. Éste, como se sabe, era llamado por los romanos Liber Pater. En Grecia, Baco era llamado también Eleuterio, esto es, "libertador", como Zeus.

- Las epilenias eran parte de las fiestas vendimiales, donde se premiaban los más grandes racimos de uvas que presentaban los viñateros.

- En Alea (Arcadia), sus habitantes rendían homenaje a Baco cada dos años con unas fiestas llamadas esciereias. En Palena (Acaya), se habían instituido unas fiestas nocturnas en honor a Baco. En las esquinas se colocaban toneles con vino, de los que el pueblo -que festejaba con antorchas encendidas- pudiera beber libremente. Estos regocijos públicos se denominaron lampterias.

- En la Élida, se honraba a Baco, con las fiestas tías.

- Las trietéridas, de origen egipcio, fueron adoptadas en Beocia (y en Tracia), y tenían por objeto recordar el viaje del dios (Osiris = Baco = Dionisos) a las Indias. Se celebraban cada tres años y tenían un carácter orgiástico. Se denominan también trienales.

- De origen ateniense son las fiestas vendimiales llamadas leneas. El nombre de estos pequeños fastos deriva del de los lagares. Las bacantes eran denominadas lenas, y Leneo fue sobrenombre de Baco y nombre de un hijo de Sileno. Atenienses eran también las coes.

- Una vez al año, los viñateros organizaban las neoenias, en las cuales se probaba el vino nuevo y se hacían honras a Baco.

- Las nictelias eran asimismo orgiásticas, y se desarrollaban en Atenas. Las vendimiales de la isla de Rodas se llamaban pancladias.

- Melanto, rey de Mesenia y luego del Ática, en memoria del duelo que sostuvo con Xanto (a quien venció) y con el arbitraje de Baco, erigió un templo al dios del vino e instituyó en el Ática las fiestas apaturias.

- Las iseneas honraban por igual a Ío y a Dionisio-Baco.

- Las abaceas eran unas celebraciones de Asia Menor en homenaje a Baco, y tenían la particularidad de que en su transcurso los participantes no podían hablar. A esta curiosa circunstancia se debe el nombre que le pusieron los griegos.

- Las paamilias se realizaban en Egipto; las liberalias (o liberales) se celebraban en Roma, en honor de Líber Pater y Líbera, el 17 de marzo. No tenían carácter orgiástico. Como hemos dicho, Líber era una de las formas latinas de Baco-Dionisos.

- Las maiumas, de probable origen siríaco, se celebraban en Roma a la orilla del mar, en el mes de mayo, y honraban por igual a Baco y a Venus.

- Tirbe ("confusión") era otra fiesta griega en homenaje al hijo de Semele.

- Las agripnidias se instituyeron para honrar a Baco en Arbela y Sicilia.

- En Esparta, las sacerdotisas del dios celebraban unas pequeñas dionisíacas donde competían, entre ellas, en la carrera pedestre. Tenían lugar una vez al año.

- Las haloas tenían lugar en Eleusis y en Atenas, y se celebraban en honor de Deméter (diosa de la agricultura), de su hija Koré (= Perséfona o Proserpina), y de Dionisos-Baco, esposo de Koré. Se ignora en qué consistían y cómo se desarrollaban, pero sin duda señalan la vinculación de Deméter y Dionisos como benefactores de la humanidad.

- Las dioscurias, que se celebraban en Cirene, Esparta y otras ciudades, tenían por objeto honrar a Cástor y Pólux, pero se hacían coincidir con la fecha de las vendimias.

LA MEDICINA Y EL VINO

Es imposible dejar de relacionar el carácter sacripotente del vino con la creencia universal en su eficacia curativa, en la antigüedad y aún en nuestros mismos días. Esas libaciones de vino negro que se escurrían por las grietas de las tumbas y llegaba a los ancestros y los vivificaba en la muerte, para que protegieran a los vivos, debían tener, por supuesto, una eficacia más enérgica sobre el hombre viviente, no consagrado todavía por los todopoderosos dioses del mundo subterráneo.

Dionisos-Baco, en los cultos esotéricos de Tracia, de Frigia y de la misma Hélade, era uno de los dioses del mundo infernal, donde reinaba con su esposa Koré, hija de Deméter. Y quizá muchas de las libaciones fúnebres le eran destinadas.

Varios mitos presentan a Baco haciendo curaciones o bien provocando la locura. Esto puede entenderse, desde luego, como una simple metáfora, en la que Baco es el propio vino (los romanos llamaban bacos a los toneles).

Como en todo asunto donde interviene, de algún modo, lo sagrado, en el del vino aparecen, alternativa o juntamente, el amor y el temor. El vino era tan temido como deseado y amado. Se conocían -siempre se conocieron- sus bondades, su poder estimulante para la alegría, su virtud para reverdecer la amargura. Se conocieron siempre sus traiciones, sus caprichos, sus sorpresas. Los antiguos sabían que de la alegría a la alucinación no había más que unas copas innecesarias, pero a veces inevitables.

Platón estimaba que una persona sólo podía empezar a tomar vino a los dieciocho años de edad. En el noviciado de los guerreros de Esparta, después de la etapa de la cripcia, el joven, al cumplir los veinte años, tiene derecho a participar en las comidas en común, las phiditia. Cada joven debe entregar al fondo común de su grupo (unos quince miembros) setenta y tres kilos de harina, treinta y seis litros de vino y otros víveres, además de diez óbolos para la adquisición de carne. Como vemos, el soldado espartano no bebía mucho. Sobre un total de quinientos cuarenta litros mensuales, se bebía alrededor de dieciocho litros diarios entre quince personas, algo más de un litro cada uno, en dos comidas, por lo menos (Y no contamos aquí las inevitables libaciones).

Galeno, que tenía sin duda mayor autoridad que Platón en la materia, estimaba que los adolescentes de catorce años ya podían beber vino blanco.

Claro que el vino, en Grecia, era algo más que una simple bebida: era una de las grandes instituciones civiles y religiosas de la nación, y ni los filósofos podían substraerse a su prestigio sagrado. Baco llegó a ser el dios más popular en todo el ámbito helénico. La misma Sibila délfica, la Pitia, decía: "Presenten mis respetos al Baco médico". Y, en general, las pitonisas no se prodigaban en halagos ni elogiaban a sus competidores.

El Culto a Dionisio y el Origen del Teatro Griego

A Dionisio se le alababa en varios momentos del año: cuando se hacía el vino, se abrían los vinos y también cuando se plantaban las semillas de uvas.

Los griegos alababan a Dionisio con ditirambos (que eran cantos líricos en honor a Dionisio), y estos cantos se intercambiaban como diálogo entre el sacerdote y el pueblo. Osea, el diálogo se formó por el cruce de los ditirambos.

Luego de los ditirambos, el sacerdote reproducía distintos mitos del dios. El mito de Dionisio contenía momentos amargos y alegres. El oficiante recordaba los momentos tristes (que fueron la semilla de la tragedia) y los momentos alegres (que fueron la semilla de la comedia) con sus gestos y palabras, que fueron el germen de la acción.

A la gente le gustaba participar en estos cultos porque se entretenían. Esta actividad al culto de Dionisio se extendió hacia el culto a otros dioses.

Pasa el tiempo y aparecen personas, que no son sacerdotes, que inventan e improvisan acciones con personajes que no eran dioses sino héroes. Estas obras todavía son simples y germinales.

El Falo ...Simbolo de Dionisio

Como símbolo de Dionisio, sirvió de enseña procesional en las ceremonias de culto al dios (faloforias), y fue también atributo iconográfico de otros personajes mitológicos (Min, Príapo); los romanos lo divinizaron bajo la advocación de Fascinus Deus, y los legionarios acostumbraron usar pequeños falos de metal o de cuero a modo de amuleto protector. Idéntica creencia determinó su representación en los fachadas de las casas. Casi todos los pueblos primitivos actuales rinden culto al falo, que desempeña un papel destacado en las ceremonias de iniciación de las sociedades secretas y en los ritos destinados a lograr la fertilidad agrícola.

FALOFORIAS- Fiestas del culto a Dionisio, en cuyas procesiones se portaban solemnemente representaciones de falos.

FALÓFORO- Sacerdote o creyente que llevaba el falo en las procesiones de las faloforias.