Autoritarismo y Totalitarismo en la Europa de Entreguerras

Historia universal. Fascismo italiano. República de Weimar. Nacionalsocialismo

  • Enviado por: Manuel Carrascosa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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TEMA 13: AUTORITARISMO Y TOTALITARISMO EN LA EUROPA DE ENTREGUERRAS.

13.1.- La postguerra italiana y los orígenes del fascismo.

Italia después de la 1ª Guerra Mundial estaba empeñada con EE.UU. y Gran Bretaña. Mientras sucede un reajuste en las fábricas, están paradas lo que produce paro y la inflación es inalcanzable lo que da un ambiente de malestar tremendo y se le echa la culpa al gobierno y como es moderado la gente se tira a los extremos, creciendo el partido socialista, donde sucede una escisión, se separaron los socialistas revisionistas y los comunistas. Éstos crecieron mucho e Italia pensaba que le habían tomado el pelo y no les compensaba lo que había ganado en la guerra. Ganaron Tristia, Trentino y Trieste y algunos puntos en el mar Adriático, fue cuando surgió en el nacionalismo el odio a los antiguos compañeros.

Los tratados de paz de 1919 no habían concedido a Italia todo lo que los aliados le prometieron en 1915 para lograr que participara en la guerra. La sensación de frustración por lo que los italianos consideraban una “victoria mutilada” despertó la indignación de los nacionalistas. En este ambiente de exaltado nacionalismo, los arditti, jóvenes excombatientes ultranacionalistas, dirigidos por el poeta Gabriele D'Annunzio ocupan la ciudad de Fiume, en 1919. Pero tienen que abandonarla al aplicar los aliados el principio wilsoniano de la autodeterminación (Tratado de Rapallo de 1921).

Además del descontento por los tratados de paz, tres hechos sobresalen en la crítica situación interna de Italia tras la guerra:

  • La grave crisis inflacionista que sume a la economía italiana, sobre todo, a raíz de la crisis de reconversión de 1920-1921 en graves dificultades: cierre de industrias improvisadas durante la guerra, alza del coste de la vida y elevado número de parados.

  • La crisis económica se complica por la agitación social que tiene su origen tanto en la movilización y ocupación de fábricas por los obreros ante la angustia del paro y la inflación.

  • La sucesión de crisis ministeriales.

  • Paralelamente, los partidos políticos preocupados por sus luchas internas no

    reparan en la peligrosidad del naciente fascismo.

    El Partido Socialista se halla dividido.

    13.2.- Mussolini y la destrucción de la democracia en Italia.

    Para comprender el fascismo hay que conocer la personalidad de Mussolini. Su

    padre era socialista y le puso de nombre Benito por el socialista Benito Juárez, estudió magisterio pero fue un desastre.

    Ingresa en el Partido Socialista en 1900 y dirige su periódico Avanti hasta ser

    expulsado del partido al apoyar la intervención de Italia en la guerra. Tras romper con los socialistas, funda su propio periódico Il Popolo d'Italia.

    En marzo de 1919 funda en Milán los fasci italiani di combattimento. Su núcleo principal lo forman excombatientes, socialistas renegados, anarcosindicalistas, cuyo denominador común es el extremismo y la vilencia. Los fascios era un partido paramilitar: no tienen nada que ver con el ejército.

    Las ocupaciones de fábricas en el norte de Italia que el gobierno de Unión Nacional de Giolitti es incapaz de evitar, son contestadas ya por una ofensiva fascista que se extiende por toda Italia. Así, en octubre de 1920, comienza la ascensión del fascismo a pesar de que en las elecciones sacan pocos escaños.

    Giolitti dimite. Hasta octubre de 1922 se suceden varios gobiernos inestables lo que envalentona a Mussolini y a los fascistas cuyas acciones se realizan, en ocasiones, con material cedido por el ejército. Por su parte, la policía y la justicia se muestran benevolentes con la violencia fascista que encuentra la simpatía cuando no el apoyo de terratenientes e industriales ante el temor de una revolución de izquierdas.

    Hay una huelga general el 1 de agosto de 1922. Los fascistas por medio de su plana mayor lanzan un ultimátum al gobierno y a los huelguistas, mientras el sindicato fascista crece. La cosa estaba para un Golpe de Estado.

    La enérgica actuación de los fascistas les presenta ante buena parte de la sociedad italiana como defensores del orden. En octubre de 1922 se reúne el Consejo del P.N.F. (Partido Nacional Fascista) en Nápoles y comienzan los preparativos de la “marcha a Roma”, dirigida por los cuatro símbolos de los apoyos iniciales del fascismo: el Ejército, los propietarios rurales, los escuadristas y el sindicato fascista. Su objetivo es “convencer” al Rey para que acepte que Mussolini forme gobierno.

    Víctor Manuel III, impresionado por la movilización fascista, poco proclive al parlamentarismo, temeroso de los socialistas y receloso, por la tradición familiar del Resorgimento, de los popolari, le pareció que recurrir a Mussolini podría ser una buena solución. Además, la presión de la patronal italiana -cofindustria- y del Ejército que expuso su temor a una guerra civil, le llevaron a no sancionar el estado de sitio que le reclamaba el primer ministro Facta. Facta y su gobierno luego dimitirían.

    El 29 de octubre, el Rey decide confiar a Mussolini la formación de un nuevo gobierno. Éste actúa hábilmente dando cuatro carteras ministeriales a los popolari, mientras que los fascistas ocupan tan sólo dos carteras -Justicia y Finanzas-.

    -El fascismo en el poder.

    Mussolini para asegurarse la mayoría, hace una nueva ley electoral por la que la lista del partido que consiguiese una mayoría relativa del 25% de los sufragios se le atribuían dos tercios de los escaños, así que Mussolini sacó el 65% de los escaños.

    Pero la oposición debilitada era aún fuerte para dejar oir su voz y la libertad de prensa pervivía. Mateotti, secretario del grupo parlamentario socialista, con una documentación irreprochable, denuncia las graves violencias fascistas contra la libertad de voto en las elecciones de 1924 y exige su anulación. A pesar de las sospechas, el Gobierno niega su implicación. El affaire Mateotti pudo haber puesta fin a la dictadura fascista. La oposición hace una llamada a la nación y reclama al Rey la aclaración de los sucedido, la vuelta a las normas constitucionales y la abolición de la milicia fascista. Una vez más Víctor Manuel antepone sus temores al bolchevismo, al interés de la justicia y la salvación del estado democrático.

    · El abandono de la Cámara por parte de la mayoría de los diputados de la oposición -retirada del Aventino-, con la pretensión de que el Rey destituyera a Mussolini pone en manos de los fascistas las instituciones. A partir de 1925, da comienzo ya la institucionalización del Estado totalitario en su fase ascendente (1926-1936). Mussolini anuncia su propósito de “fascistizar” Italia y recibe de una Cámara en manos de los fascistas poderes muy concentrados.

    Eliminada la oposición, suprimida la libertad de prensa y de reunión, comienza la represión y persecución -con registros domiciliarios- de los políticos no fascistas. En 1926 los poderes legislativos del Duce son ampliados y legisla mediante decretos-leyes al margen de la Cámara. El mismo año establece la Ley de defensa del Estado y crea un Tribunal especial para juzgar delitos políticos y una nueva policía, la OVRA (Organización para la Vigilancia y la Represión del Antifascismo).

    El Partido Fascista, a pesar de que incrementa su influencia, es despojado de poder político y reducido a mero órgano burocrático de propaganda y encuadramiento de masas. El poder reside sólo en el Duce, asistido por el Gran Consejo Fascista que, desde 1928, es el órgano constitucional supremo y el que decide la composición de la Cámara de diputados. El Gran Consejo Fascista recibe el derecho de nombrar sucesor al Duce y aunque supeditado a él, en 1943 le derrocó.

    Simultáneamente a la instauración del Estado totalitario que aspira a controlar todas las organizaciones sociales bajo el principio de la colaboración de clases, se establece el sistema corporativo.

    Con la Carta del Trabajo (1927) quedaba formado el Estado corporativo, regulador y legislador único de la actividad económica, subordinando la iniciativa privada al interés general. En su seno, las corporaciones unificaban a los representantes de la empresa y de los sindicatos para supuestamente organizar la economía, pero esto era una simple fachada para el creciente intervensionismo autoritario del Estado fascista en la economía.

    En el plano educativo y cultural, el fascismo trata de extender sus brazos. La reforma escolar de Gentile en 1923 acentúa la orientación cultural greco-latina, dejando en segundo término los aspectos técnicos.

    Además de la fascistización de las instituciones políticas y de la economía, y de la identificación Estado-PNF y del control de la enseñanza, se regula el ocio de los niños y jóvenes encuadrándoles en las organizaciones fascistas (Balillas y grupos Universitarios Fascistas) y de los adultos (Opera Nazionale Dopolavoro).

    La conciliación con la Santa Sede, los Pactos de Letrán (1929), dan prestigio al fascismo. La situación de no reconocimiento del Estado italiano por la iglesia católica se remonta a la llamada “cuestión romana” en 1870. El Tratado reconoce ahora la soberanía del Papa sobre la ciudad del Vaticano y se le indemniza por la pérdida de los Estados de la Iglesia. No obstante, se fue abriendo un foso entre las tendencias autoritarias del Duce y la Iglesia en las cuestiones de familia, enseñanza y religión. La encíclica Non abbiamo bisogno de Pio XI critica duramente al fascismo. A pesar de ello, desde 1931 se llega a un compromiso y las relaciones son concretas.

    El Estado totalitario-corporativo italiano inaugura la política intervensionista en la economía. A raíz de la crisis de 1929 se emprende un programa de autarquía y de relanzamiento de la industria militar. En el camino hacia la puesta en práctica de la autarquía nos encontramos con tres fases:

  • La primera pretende la reducción de las importaciones, el fortalecimiento de la moneda y el aumento de la producción. Se acomete lo que el propio Mussolini denominó las “grandes batallas”. La del trigo es una de las más significativas. Se trataba de evitar las importaciones aumentando la producción, mediante la extensión de las zonas cultivadas. La batallas de la lira consistía en revaluarla, lo que resultaría negativo para las industrias de exportación y los trabajadores. Por último, las grandes obras públicas que, además de contribuir a la exaltación del régimen, modernizaron las comunicaciones y una política urbanística de arquitectura colosal.

  • En la segunda fase, a partir de 1932-1933, con la presión de la crisis mundial, la intervención se hace más directa.

  • La tercera fase. A raíz de las sanciones impuestas a Italia por la invasión de Abisinia (Etiopía).

  • 13.3.- La república de Weimar: dificultades políticas y económicas.

  • El difícil nacimiento de la república de Weimar.

  • 1918: a la derrota en la 1ª Guerra Mundial se une la caída del poder imperial que abre una nueva etapa, la cual debía ser la democracia. Ésta encuentra dos problemas:

    1- Difícil situación económica en la postguerra.

    2- Lucha interior contra el impulso revolucionario.

    B) Orígenes y fracaso del movimiento revolucionario (1918-1919).

    La revolución estalla en un principio sin motivos políticos, que se unen cuando

    se proclama la República en Berlín.

    Surgen tendencias contraria respecto al régimen que debía salir con la revolución:

  • Ebert (socialista revisionista y judío, Hitler le tomó manía) y los socialistas moderados: régimen creado por el gobierno.

  • Izquierda: dictadura del proletariado mediante “consejos de obreros” y “soviets” elegidos por el pueblo trabajador. El aislamiento de este grupo hace fracasar la revolución.

  • La medida del gobierno de Ebert permiten acabar con la revolución.

  • Institucionalización del nuevo régimen.

  • 1- Elecciones y 1º gobierno.

    Se celebran las elecciones para la Asamblea Constituyente, triunfan el partido

    del centro, los social-demócratas y los demócratas que forman “la coalición de Weimar” aunque mantienen la independencia de programas y líderes.

    -El centro: partido de procedencia social con creencias católicas.

    -Social-demócrata (D.D.P.): burgueses defensores del parlamentarismo. Fuera de la coalición, en el ala izquierda, socialistas independientes y partido comunista; en el ala derecha: partido populista y partido de la monarquía al igual que el grupo conservador del partido nacional alemán.

    El partido nazi no interviene en las elecciones.

    Triunfa Ebert como presidente de la República.

    2- La constitución de Weimar.

    Resultó ser un modelo de contradicciones, lo que la llevó al fracaso.

    Características:

    -El estado es una democracia parlamentaria. “El poder político emana del pueblo”.

    -Reconocimiento de derechos individuales tradicionales y de los derechos sociales.

    -El Estado tendrá una estructura federal.

    -Dos cámaras: Reichstag o cámara baja (legisla, aprueba el presupuesto del Estado y controla al gobierno) y Reichsrat o cámara alta (representa a los estados miembros de la federación).

    -El presidente de la República, elegido por sufragio universal goza de amplios poderes: disolver el Reichstag, nombra al canciller y a los ministros, etc... Esto muestra dos expresiones de soberanía popular que son independientes y puede entrar en conflicto.

    La fragilidad del régimen se muestra en la naturaleza de la constitución. Esta debilidad de la estructura y del parlamentarismo fue aprovechada por el partido nazi.

    13.4.- Ascenso y triunfo del nacionalsocialismo.

    -El surgimiento del nacionalsocialismo:

    Enero de 1919 se funde el Partido Obrero Alemán (DAP). Meses después Hitler se afilia al partido al que en 1920 se incorporan los nazis de Munich. En el mismo año, ya bajo la influencia notable de Hitler, se aprueba el programa de “25 puntos” y el partido pasa a denominarse Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán (NSDAP) o abreviadamente “nazi”.

    A semejanza del fascismo italiano aboga por un Estado nacional fuerte que reconcilie a todas las clases sociales y suprima la lucha de clases mediante “ un socialismo nacional” con ciertos elementos anticapitalistas que atraigan a las clases medias. Sin embargo, el nacionalsocialismo tiene como idea motriz la preservación de la pureza racial (la aria) y la extirpación de los enemigos de Alemania: los demócratas, los marxistas y los judíos. Asimismo, rechaza los Tratados de Versalles y de Saint-Germain; persigue la unión de todos los alemanes en una Gran Alemania dotada de un “espacio vital” para el desenvolvimiento del pueblo alemán y también el proyecto Anchluss para unir Austria y Alemania. Fracasado el intento de golpe de Estado (el putsch de la cervecería), Hitler escribe en prisión su libro-programa Mi lucha (Mein Kampf). Al salir de la cárcel militar a finales de 1924, prepara de forma metódica la conquista del poder. Reconstituye el partido, le impone una férrea disciplina y le dota de una gran capacidad propagandística. La burguesía empieza a financiarle y dijo que no quería ningún punto socialista y las ideas socialistas las dejaron en nada. Tenía un problema, fundó las S.A. y cuando salió se encontró con su jefe, Strasser, que tenía dos ideas: aferrarse a los puntos socialistas y querer que cuando ganara el partido los homologasen y fundasen con el ejército. Estas ideas eran contrarias a Hitler.

    Así que iba a fundar otro grupo para acabar con la S.A. y fundó las S.S. cuyo jefe era Wille Zur Match. En las primera elecciones los nazis sacaron muy poco.

    Los extremos no se comían ni una rosca. Los años 1924-1928 confieren cierta estabilidad. La situación de la República mejora tanto en el interior -estabilización del marco, plan Dawes que hizo para lograr los pagos (obra de Dawes), evacuación del Ruhr, reactivación económica- como en el exterior- reconciliación franco-alemana, pacto de Locarno, ingreso en la SDN-.

    El régimen democrático parecía apuntalado bajo los gobiernos moderados -Centro católico y socialdemócratas-. En 1929 sucede el crack de Wall Street.

    En 1931, la crisis económica está en su apogeo, producto del crack, y el espectro del paro y del hambre se cierne sobre Alemania.

    Se presenta Hitler como candidato a la presidencia de la República en 1932, frente al mariscal Von Hindenburg, presidente de la misma desde la muerte de Ebert en 1925. Resulta elegido Hindenburg frente a la candidatura de Hitler.

    Las batallas callejeras entre las organizaciones paramilitares de los nazis (SA y SS), de los nacionalistas y de los comunistas se suceden.

    El 30 de enero de 1933, Hindenburg bajo la presión de sus más íntimos consejeros, nombra canciller a Hitler que forma un gobierno de todas las fuerzas políticas que le han apoyado y en el sólo hay dos ministros nazis, Goering y Frick.

    Con insultada rapidez Hitler implanta, desde la legalidad, su dictadura totalitaria, entre febrero de 1933 y agosto de 1934. Aprovechando el famoso incendio del Reichstag (cámara baja) -falsamente atribuido a un complot comunista- en febrero de 1933, suspende las garantías constitucionales. Por la Ley de Defensa del Pueblo y del Estado, el poder legislativo es asumido por el ejecutivo.

    Hitler forma un gobierno más homogéneo e incorpora a Goebbels al nuevo Ministerio para la “Educación del Pueblo y la Propaganda” y con él controlar los medios de comunicación y galvanizar al pueblo alemán según sus directrices. Días más tarde, por la Ley de Reorganización de la Burocracia quedan excluidos de la administración los que nos sean adictos al régimen y los no arios. Se suspenden las autonomías de los Estados (Länder) y por la Ley de Unificación son prohibidos los partidos políticos y los sindicatos, y el NSDAP se convierte en el partido único del Reich.

    En agosto de 1933, Hitler anuncia el nacimiento del Tercer Reich y simultáneamente Alemania abandonará la SDN.

    En enero de 1934, Hitler queda autorizado a modificar la Constitución y, finalmente, a la muerte de Hindenburg en agosto de 1934, respaldado por los círculos industriales y el ejército y con un Reichstag con representantes nazis, asocia a su persona la Chancillería y la presidencia del Reich. El Estado totalitario se hallaba firmemente asentado.

    A partir de este momento, la influencia del nazismo se afianza entre todas las clases sociales. El ejército, remiso al principio a los nazis, consintió a los deseos del Führer tras la “noche de los cuchillos largos”. En esa noche, la vieja tirantez de la SA y el mando del partido, y entre las SA y el ejército, se resolvió cuando Hitler dispuso el fusilamiento de Roehm y otros jefes de las SA. Los viejos adversarios de Hitler son asesinados, arrancando de cuajo toda oposición. El ejército, cómplice de los acontecimientos, se convierte en uno de los puntales del totalitarismo hitleriano.

    En abril de 1933, la creación de la GESTAPO (Policía Secreta del Estado, mandada por Himmler) completa los resortes del control ideológico. La policía nazi de hacer de la educación un instrumento de su dominación totalitaria se plasma en la manipulación de asignaturas que convenientemente resaltan los valores “étnicos “ y militares.

    Durante 1938, estando ya funcionando en secreto los campos de concentración para “reeducar a los descarriados”, se agudiza la política antisemita iniciada con las leyes de Nuremberg. En la “noche de cristal” se acusa a los judíos de haber asesinado a un miembro de la embajada alemana, se destruyen 280 sinagogas y se detienen a más de 20.000 judíos. Hasta 1944 se calcula que de 5 a 7 millones de hombres, mujeres y niños judíos son asesinados en masa.

    Mientras que en la Italia fascista continúa la monarquía junto al régimen del Duce -con la posibilidad, realizada en 1943, de la destitución de Mussolini-, en Alemania, tras abolirse la doble jefatura del Estado, se implanta una dictadura unitaria y omnipotente.

    El éxito económico nazi en el aumento de la producción y la práctica desaparición del paro que en 1933 ascendía a casi 6 millones, supone la consolidación definitiva del nazismo y hace olvidar al pueblo alemán los sacrificios impuestos por la política de autarquía y de rearme y obras públicas.

    El esfuerzo del régimen nazi va dirigido a mantener un capitalismo controlado por el Estado pero sin ninguna pretensión de socialización.

    13.5.- Rasgos comunes, del fascismo y el nazismo.

    A diferencia del liberalismo y del marxismo que cuentan con una coherente exposición de principios ideológicos, las doctrinas del fascismo y del nazismo se configuran a la par que estos movimientos surgen con el propósito de alcanzar el poder y establecer su sistema de dominación. No hay doctrina.

    Una primera característica es su exaltación del Estado, de un Estado omnipotente o totalitario.

    A ello, el nacionalsocialismo o nazismo agrega la configuración de un Estado sustentado en supuestos étnicos y racistas. Por ello, el fin supremo del Estado nazi es la preservación de la pureza racial, la que justifica la política racista y antisemita del Tercer Reich. Antiparlamentarismo bajo la dirección de un jefe o caudillo -Duce (Mussolini), Führer (Hitler)- dotado de un poder “carismático” y capaz de crear por sí sólo la voluntad nacional y de dirigirla en beneficio de la colectividad insustituible.

    Su odio febril a la democracia y a sus manifestaciones más comunes, la libertad y la igualdad políticas.

    Así frente a la “falacia” de la igualdad democrática, exhiben como ideal la dicotomía superiores-inferiores. En el “código” social fascista el hombre es superior a la mujer, el militar al civil, el miembro del partido al que no lo es, etc.

    Se halla un imperialismo militarista.

    El dogmatismo de las ideas y las intolerancia fundamentan la fe ciega en el caudillo.

    Utilizan los símbolos y los nuevos medios de propaganda de masas.

    Existe un partido único.