Arte contemporáneo del siglo XIX

Romanticismo. Pintura española. Preciosismo. Casacón. La vicaría. Marià Fortuny

  • Enviado por: Ana Conesa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
publicidad

LA VICARÍA, de Marià Fortuny i Carbó

Identificación de la obra

La obra pictórica a comentar pertenece al Romanticismo español (siglo XIX). Se trata de La vicaría de Marià Fortuny, obra culminante de la llamada pintura preciosista, que alcanzó gran éxito en toda Europa como expresión de un realismo burgués exento del carácter de crítica social.

Introducción histórica

El siglo XIX es un siglo de grandes cambios y también en el mundo del arte. Hay numerosas revueltas sociales, en principio para reclamar atención al pueblo obrero, muy descuidado y miserable en todos los sentidos.

También es un siglo donde comienzan los cambios en los gobiernos, bien en repúblicas, bien en monarquías constitucionales, como en Francia y España respectivamente, es el siglo en que el absolutismo pasará a la historia.

Respecto al arte, la capital se traslada a París, será la nueva ciudad del arte. El artista cambia su condición social y se convierte en un personaje sociable que asiste a reuniones convocadas por la alta sociedad parisina.

El papado constituye un factor importante en el cambio de ciudad del arte ya que en esta época deja de ser el principal mecenas del arte en beneficio de la burguesía parisina. También el papado es un elemento clave en cuanto a la temática de las obras de arte que serán de tema pagano antes que de temática religiosa aunque a esto también hay que añadir la influencia de los ideales anticlericales procedentes del Despotismo Ilustrado.

Hay continuos cambios en la concepción de la pintura con el objetivo de romper con la estética clasicista, es por eso que salen a la luz corrientes como el Impresionismo y el Expresionismo que destacan en el tratamiento de la luz y en la concepción del color respectivamente.

En este siglo, los pintores españoles que destacarán son Fortuny y Sorolla, uno significa un precedente del Impresionismo, el otro la madurez de este estilo.

Marià Fortuny i Carbó

Nació en Reus en 1838 y fue un pintor genial, evolucionista renovador de la pintura española. Su abuelo fue quien descubrió y estimuló sus aficiones como pintor.


Realizó numerosos viajes (Marruecos, Roma, París, Granada, etc.) y pintó la mayoría de sus obras fuera de España, sobre todo en ambientes marroquíes. Murió en Roma en 1874.

Entre sus mejores obras figuran las siguientes: La batalla de Tetuán, Niños en un salón japonés, Odalisca, Fantasía árabe, La elección del modelo, El jardín de los poetas y La vicaría.

Por su perfección técnica, luminosidad y riqueza de colorido, "El Maestro" (como le llamaban sus contemporáneos) fue una figura cuya obra excepcional aportó horizontes de grandeza a la pintura española de la pasada centuria. Sus cuadros alcanzaron en su tiempo un éxito internacional.

La atmósfera invade su pintura, donde el dibujo prevalece a través de una completa gama de colores, haciendo su obra inconfundible, ya se trate de un óleo, una acuarela o un grabado al aguafuerte.

Hablar de Fortuny es hablar de luminosidad vibrante y plástica conducido por una pincelada dinámica, característica de este pintor que sabía definir los detalles con técnica de miniaturista de manera magistral.

Historia de la obra

Se trata de la obra más famosa del pintor catalán y se la incluye dentro de un movimiento llamado Casacón.

La obra tiene un largo historial en todo lo referente a preparativos y a elaboración. La génesis de este cuadro se sitúa en Madrid en el momento en que el pintor iba a celebrar su boda con Cecilia (hija de Federico de Madrazo) en el año 1867, fue realizando esbozos y cuando regresó del viaje de novios empezó a pintar esta composición sobre una tabla adquirida en el Rastro de Madrid.

Continuó el cuadro en Roma y finalmente lo terminó en París en 1869 donde fue alabado tanto por el público como por la crítica.

En el proceso actuaron a modo de público y modelos de azar entremezclados muchos de los amigos de Fortuny en aquel entonces, su marchante, coleccionistas y algunos devotos del pintor. El pintor optó por esta forma de realización saliéndose de su norma de trabajo individual y un tanto aislada.

Actualmente, la obra se encuentra el Museo de Arte Moderno de Barcelona.

Descripción de la obra

Este cuadro narra el momento de la firma de un contrato matrimonial en el interior de una sacristía, los personajes aparecen vestidos a la moda de finales del siglo XVIII.


La relación que la obra guarda con ese momento histórico no es producto de un capricho del pintor. Al contrario, se trata de una de las pinturas más representativas de la integración de Fortuny a la corriente temática de los cuadros de pequeño tamaño de tema del siglo XVIII, tan apreciados por los marchantes y coleccionistas de su tiempo.

La disposición de los personajes que aparecen en la obra se haya realizada en tres grupos que forman tres planos de perspectiva y que están relacionados entre sí por objetos del mobiliario. El centro de atención es, evidentemente, el acto de la firma en el segundo de los planos.

Abundan los tonos claros resaltados por la iluminación. Los tonos se mantienen entre el amarillo oro y el verde intercalados en diversas gamas saliéndose tan solo de ellos algunos ropajes femeninos, como el de la dama vestida de rosa que se inclina sobre la novia para leer un documento.

Una luz tamizada, como si fuera un ligero cortinaje dorado, parece estar colocada sobre el conjunto. Fortuny ha situado un solo foco en el mismo lugar en que tiene colocado el caballete, de tal manera que la escena se encuentra iluminada desde un solo punto, es decir, desde el lado izquierdo en que se encuentra el pintor trabajando.

Las sombras, que resultan muy duras, inciden sobre la percepción volumétrica agrandando las distancias y delimitando a la perfección lo físico del espacio.

La obra contiene una enorme multitud de detalles que la hacen indefinible Es evidente que la clave que objetiva todo el conjunto es la del detalle, que alcanza la más alta expresión en Fortuny. Es importante destacar el reducido tamaño del original para valorar en su justa medida la calidad del detalle en la tela.

El pintor catalán llega a alardes de virtuoso en el traje de luces del torero sentado, en las joyas de las señoras, en el recamado de los espejos, en el enrejado y en los detalles de suciedad del suelo, por no hablar de los flecos de las sillas, la alfombra vieja o la lámpara central.

Funcionalidad

Se cree que esta obra, por una parte, iba dirigida a coleccionistas y marchantes pero otra de las versiones que también se da es la de que la hizo después de casarse, ajustándose a

la pintura de su época y sin presión por parte de marchantes y coleccionistas.