Archipiélago de Madeira

Europa. Geografía física. Historia. Colonización. Cultivos. Emigración. Funchal. Folclore. Fiestas

  • Enviado por: M Isabel Arranz Requejo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas
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INTRODUCCIÓN

Perla del Atlántico”, “Maceta flotante”, “Jardín Botánico de Dios”... estas descripciones de Madeira han recorrido un largo comino desde que la isla apareció por primera vez en un mapa genovés de 1351, con la sencilla etiqueta de “Isola della Lolegname” (Isla de la Madera en italiano) . Incluso desde su ocupación por los colonos portugueses a comienzos del siglo XV, el archipiélago de Madeira ha sido merecedor de grandes elogios. Sus primeros admiradores fueron los mercaderes de Lisboa que establecieron provechosas plantaciones de azúcar en la isla, en las que trabajaban esclavos traídos del norte de África. Funchal, la capital de Madeira, da testimonio de las fortunas hechas gracias a este oro blanco en su escudo, en donde aparecen cinco hojas de azúcar, y en las espléndidas pinturas flamencas de los siglos XV y XVI, adquiridas durante su lucrativo comercio con Flandes, que ahora se exhiben en su Museo de Arte Sacro.

MADEIRA: situación, caracteres físicos

El archipiélago de Madeira se encuentra a 608 km al Oeste de Marruecos y a 416 km al Norte de las Islas Canarias. La isla mayor es la verde y montañosa Madeira, con un área de 738 km2 y una forma parecida a la del viejo casco de una carabela abatida por una tormenta. A unos 37 Km al noreste está la isla de Porto Santo, de sólo 106 km2 , con un paisaje árido y llano totalmente opuesto al de Madeira.

Dos grupos más de islas deshabitadas, apenas visitadas pero siempre intrigantes, completan el archipiélago. A 16 km al sureste de Madeira, y fácilmente visibles desde su costa sur, están las tres Ilhas Desertas: Ilhéu Châo, Deserta Grande y Bugio. A pesar de su proximidad y su tamaño -Deserta Grande alcanza los 479 m de altitud-, apenas tienen suelo fértil y agua potable y están por tanto prácticamente deshabitadas. Igualmente inhóspitas, y a 216 km al sur de Madeira, están las bien llamadas Ilhas Selvagens (Islas Salvajes). Pertenecen también a Portugal y están formadas por dos grupos de islitas rocosas de las que la mayor, Selvagem Grande, tiene sólo 5 km de circunferencia. Ambos grupos de islas son actualmente reservas naturales protegidas.

Todas ellas son de origen volcánico, de la Era Terciaria: las Desertas, asociadas a la actividad eruptiva de la Dorsal Atlántica, y las Selvagens, más relacionadas con el mismo proceso que hizo surgir a las Canarias.

La isla de Madeira:

Se puede describir la isla como un macizo montañoso que desciende abruptamente hacia el mar para formar una costa casi siempre rocosa y acantilada, con pocas playas y puertos naturales. De forma aproximadamente elíptica, mide 58 km de largo por solamente 23 de ancho. El interior de la isla está recorrido en dirección Este-Oeste por una cadena de picos volcánicos de considerable altitud, hasta 1861 m, con vertiginosas laderas surcadas por profundos valles, las denominadas ribeiras, que fueron en su origen vías de evacuación de las coladas de lavas y actualmente colectores de las aguas que escurren de las tierras altas. En estas condiciones no son extrañas las riadas.

Como consecuencia, las comunicaciones son difíciles y el terreno disponibles para la agricultura escaso, hasta el punto de que el aterrazamiento de las laderas en miriandas de minúsculos huertos es uno de los principales rasgos del paisaje. Huertos que a menudo han tenido que ser rellenados con tierra traída desde zonas más bajas y a hombros, ya que no existe ganados de tiro en la isla. En tiempos el cultivo predominante fue la caña de azúcar, a cuya explotación acompañaron años de gran prosperidad. Pero la competencia con Brasil obligó a buscar otras salidas y hoy los principales productos son el plátano y la vid. La suavidad del clima y un excelente sistema de regadío por canales, las conocidas levadas, permite asimismo el cultivo de gran variedad de frutos tropicales.

De los bosques que originalmente cubrían la isla y a los que ésta debe su nombre, apenas si quedan retazos. A destacar algunas matas de laurisilva, formaciones forestales de especies parecidas al laurel, auténticas reliquias de la era terciaria y sólo presentes en algunos puntos de la Macaronesia. Una de las primeras medidas de la colonización fue despejar terreno de labor mediante el fuego. Según la tradición, el incendio provocado arrasó la isla durante siete años y obligó a los colonos a correr al mar para huir de las llamas. Aunque exagerada, la historia refleja cual debió ser la magnitud del desastre. En la actualidad el arbolado vuelve a ser abundante, pero a base de especies introducidas, como el castaño, la mimosa y diferentes especies de pinos, entre otras. Una buena muestra de la diversidad florística de la isla se puede observar en el jardín botánico de Funchal.

Las condiciones atmosféricas varían mucho de acuerdo con la altitud. En la costa, de clima subtropical, la temperatura siempre es suave, con medias en verano de 21ºC y 16ºC en invierno, -de 18 ºC a 20 ºC la del agua-, pero desciende progresivamente hasta el límite de las nieves, situación no del todo infrecuente en las cumbres. Sin que se pueda hablar de temporadas de lluvias, éstas tienden a concentrarse en los meses de abril y octubre.

HISTORIA DE MADEIRA

A la hora de decidir quien descubrió Madeira (que significa “madera”) uno puede escoger entre la leyenda y la historia. La leyenda concede el honor a un aventurero inglés llamado Robert Machim, de quien se dice que junto con su amante naufragó en dicha costa en 1346. Como "prueba" de la leyenda existe el pueblo de Machico, nombre que al parecer deriva del de Machim, y donde se dice que están su tumba y la de su amante.

La historia nos cuenta que la isla fue descubierta en 1419 por el explorador portugués Joao Gonçalves Zarco, enviado por el príncipe Enrique a explorar la costa de Marruecos, y que la reclamó para el príncipe en 1420:

Juan I de Portugal, habiendo vuelto a su reino, victorioso del de Castilla, emprendió pasar a África al frente de un ejército para hacer la conquista de Ceuta, que tomó en 1415; y en esta expedición le había acompañado su hijo don Enrique, gran maestre de la Orden del Cristo. Este joven príncipe, que había cultivado su razón con el estudio de la geografía y demás ciencias matemáticas para ser el monstruo de su siglo, halló entre los moros la ocasión de informarse de todos los países y mares que rodeaban a esta parte del África occidental, lo que hizo excitar en su alma una pasión irresistible por los descubrimientos. Después de la rendición de la plaza, se retiró como un filósofo a la provincia de los Algarves, en donde fabricó cerca de San Vicente una ciudad y una fortaleza que intituló Terçanaval y después Ciudad del Infante. Aquí se entregó tan enteramente a la ejecución de sus proyectos, que destinó para ellos todas las rentas de su orden. El principal instrumento en quien puso sus ojos fue Juan González Zarco, (Joao Gonçalves Zarco) gentilhombre de su casa, cuyo valor se había señalado en el sitio de Ceuta, en donde el rey lo revistió de la dignidad de caballero. Se pretende que este portugués fue el que primero introdujo en los navíos el uso de la artillería. Zarco había descubierto en 1418 la isla de Puerto Santo, en un viaje que hacía en solicitud del cabo de Bojador, y dos años después pasó el estrecho a fin de cruzar sobre las costas de Berbería, a cuyo tiempo salían muchos cristianos de las cárceles de Marruecos, rescatados con el tesoro que para la redención de cautivos había dejado cuatro años antes don Sancho, último hijo del rey de Aragón y gran maestre de Calatrava. He aquí el caudal de dos grandes maestres de órdenes, bien distribuido. Juan de Morales, que era de aquel número, pasaba a Tarifa cuando Zarco doblaba el estrecho. Las dos coronas, sin estar en guerra declarada, tenían algunas diferencias que autorizaron a Zarco para apoderarse de la embarcación castellana. La cargazón no pudo menos que inspirarle lástima; así, dio nueva libertad a todos los pasajeros; pero retuvo a Morales, porque, habiendo reconocido su capacidad, lo creyó a propósito para servir a los designios del infante don Enrique. La violencia no tuvo parte en este nuevo cautiverio y Morales no supo la causa de su detención, sino para demostrar su gozo y ofrecerse al príncipe héroe, quien lo recibió como a un don especial. La expedición al descubrimiento de la isla de Machín se dispuso en un navío combinado con una chalupa de remos. Zarco y Morales, acompañados de Francisco Alcanforado, autor de estas noticias, de los pilotos y de algunos caballeros, salieron al mar a mediados de junio de 1420. Cuando llegaron a Puerto Santo, procuraron los portugueses que dos años antes se habían establecido allí darles unas ideas espantosas de su empresa :

-Vosotros no hallaréis -les decían- sino unas tinieblas impenetrables, eternas y guardadas de un formidable ruido. Esa es una tierra encantada, en donde habitan los obispos españoles y portugueses que huyeron de los moros. ¿No será delito la pretensión de romper el sello de un secreto divino?

Las exhortaciones de Morales hicieron a Zarco despreciar estos temores pánicos y, no consultando sino con su valor y pericia, dieron a la vela una mañana, poniendo la proa al aprehendido fenómeno, primer modelo de nuestra San Borondón. Pero este atrevimiento no sirvió sino para aumentar el susto del equipaje. La oscuridad parecía cada instante más densa, de suerte que empezó a faltar en muchos el ánimo para mirarla. Se oyó en mitad del día un estruendo asombroso, que se comunicó por los horizontes vecinos. Este nuevo peligro redobló el miedo público tan vivamente, que todos los marineros dieron gritos, suplicando al comandante mudase de rumbo y les salvase las vidas; más este, con un discurso pronunciado con ánimo apacible, les supo inspirar mucha parte de su resolución. El aire estaba claro y muy rápidas las corrientes; así hizo conducir el navío a lo largo de la nube, remolcado de las dos lanchas. Ya empezaba aquélla a disminuirse por grados a la parte del Este, pero las olas no cesaban de hacer un estrépito considerable. Se creyó luego que, al través de la oscuridad, se percibía un objeto más oscuro, y algunos marineros aseguraban que veían gigantes de una estatura prodigiosa. Estos eran los riscos que al momento se reconocieron, aclarándose el mar y sosegándose sus bramidos. En fin se descubrió la tierra a 8 de julio y se dejó pisar de unos hombres fatuos que no lo merecían. Reconocieron el sepulcro de los dos amantes ingleses; tomaron posesión de la isla en nombre del rey de Portugal, a cuyo reino retornó Zarco, cargado de diferentes plantas, aves y maderas para presentar a don Enrique. Llegó a Lisboa a fines de agosto y halló en esta corte toda la consideración que su feliz empresa le podía dar. El rey le señaló un día de audiencia pública, para que hiciese la relación del descubrimiento. Presentó en ella algunos troncos de árboles, todos de una magnitud extraordinaria; y por esta razón llamó aquel príncipe a la nueva isla de la Madera. A la primavera inmediata volvió a ella Juan González Zarco, con el carácter de gobernador, a cuyo empleo se añadió después el título de conde de la Câmara dos Lobos.

El cultivo de la isla por los primitivos pobladores ha sido inspiración de toda clase de leyendas. Una dice que Madeira ardió sin cesar durante los siete años que se tardó en limpiar la selva. Otra dice que los primeros colonizadores tuvieron que pasar dos días y dos noches en el océano a causa de las llamas incontrolables. Los nuevos gobernadores de la isla concedieron tierra a los nobles y a los comerciantes que se comprometieran a hacer productiva la tierra virgen en un período de tiempo limitado. Si lo excedían, la tierra pasaba a colonos más capaces. En la prisa por cultivar las empinadas laderas, se fueron cortando campos y terrazas en la roca con ayuda de esclavos y prisioneros africanos, musulmanes o canarios, así como de granjeros de Portugal.

Respecto a los cultivos de Madeira, el plátano es un cultivo importante tanto económica como socialmente, como lo reflejan las cifras siguientes en relación a otros productores:

REGION

PRODUCCIÓN
(TMS)

SUPERFICIE
(Ha)

EMPLEOS
DIRECTOS

EMPLEOS
INDIRECTOS

MARTINICA

200.000

8.300

6.500

1.000

GUADALUPE

150.000

6.500

5.800

900

MADEIRA

50.000

1.165

14.700

2.500

CANARIAS

400.000

10.000

25.000

10.000

TOTAL C.E.

800.000

25.956

52.000

14.400

Fuente: Asociación de Productores Europeos de Plátanos.

Sus riquezas naturales y las posibilidades comerciales con el Nuevo Mundo contribuyeron a que la isla se poblase con rapidez; tan sólo a los 100 años de su descubrimiento vivían ya en Madeira unas 5.000 personas de distintas razas y orígenes. Comerciantes, especuladores y aristócratas de Francia, Inglaterra, Castilla, Flandes e Italia importaron dinero e ideas, invirtiendo sobre todo en el cultivo de la caña de azúcar. De los visitantes de aquella época el más conocido es sin duda Cristóbal Colón, que se casó con la hija de uno de los gobernadores de la isla y vivió durante algún tiempo en Porto Santo, donde todavía se conserva su casa.

A raíz de su descubrimiento en 1419 se nombraron gobernadores residentes en la propia isla. Así el archipiélago de Madeira continuó siendo una provincia autónoma, condición que mantiene en la actualidad.

Los sobresaltos políticos y sociales de Portugal tuvieron un efecto limitado en estas remotas islas atlánticas. Lo que inquietaba eran las epidemias, hambre, temblores de tierra y los ataques de los piratas.

Otro hito de la historia de Madeira fue el matrimonio de Carlos II de Inglaterra con la princesa portuguesa Catalina de Braganza, en el s. XVI. Con el contrato nupcial los ingleses recibieron el derecho a asentarse en Madeira, además de otras amplias concesiones comerciales. Así fue como muchos comerciantes ingleses emigraron a Madeira para invertir en azúcar, vino y esclavos. También Madeira se benefició de la boda, ya que sólo los vinos de Madeira y Oporto se podían enviar directamente de Portugal a las colonias inglesas de ultramar. Todas las demás mercancías tenían que ir primero a Inglaterra antes de su embarque a las colonias.

Siguió la "explosión del vino" de Madeira, que se convirtió en favorito a todo lo largo y ancho del imperio británico. El resultado fue que los británicos entraron rápidamente en la sociedad de Madeira, ascendiendo hasta llegar a ser parte de la flor y nata de la isla. Algunas familias tuvieron un impacto muy importante en la historia y la economía de la misma, sobre todo los Blandy y los Leacock, cuyos descendientes siguen dominando el comercio insular.

Durante el s. XVIII, Maderia padeció dos epidemias de cólera (en 1724 y 1765) así como un fuerte terremoto.

Durante las guerras napoleónicas, las fuerzas inglesas ocuparon Maderia entre 1801 y 1807 para protegerla de una posible invasión francesa. Muchos de los soldados ingleses se casaron con mujeres de la localidad y se quedaron en la isla. Sus descendientes se distinguen claramente por el pelo claro y los ojos azules, sobre todo en Camacha, Monte o Santo da Serra, que habían sido guarniciones. El propio Napoleón llegó a islas, pero sólo de camino a su exilio en Santa Helena (1815), cuando su barco hizo escala para el avituallamiento. No obstante, al emperador depuesto no se le concedió permiso ni tan siquiera para bajar a tierra.

En el año 1860 una inglesa llamada Elisabeth Phelps introdujo en Madeira el arte del bordado. Esto representaría una fuente muy valiosa de ingresos para numerosas familias, siendo aún la principal artesanía de exportación de la isla. Este nuevo comercio se vio precipitado por una grave crisis económica en Madeira a mediados del s. XIX, causada por la decadencia en la exportación de los vinos.  El origen se debió al mildiu que entre 1851 y 1856 destruyó muchas de las viñas y en 1873 por una plaga de filoxera de la vid que terminó con las restantes. Gracias a injertos genéticos se obtuvo una uva más resistente y la industria vinícola se restableció.

A continuación, y gracias al desarrollo de barcos con refrigeración a bordo, se puso en marcha el cultivo del plátano, que así se podía transportar y exportar sin que la fruta se estropeara.

El s. XIX se vio marcado por el descontento político y las crisis que acontecían en Portugal. Al fundarse la República Portuguesa el 5 de octubre de 1910, Madeira recibió de Lisboa poderes autónomos más amplios. Durante la I Guerra Mundial, Alemania declaró la guerra a Portugal por se aliada de Inglaterra, y el 3 y el 12 de diciembre de 1916, los submarinos alemanes torpedearon a los navíos franceses y vapores ingleses anclados en el puerto de Funchal. Hubo varias muertes.

La consiguiente subida al poder de Salazar tuvo una influencia limitada en Madeira, más que nada porque la isla gozaba de más comercio y un mayor número de turistas que la península. Para entonces, el papel del turismo era ya muy importante en la economía isleña. Pacientes con enfermedades de pulmón, turistas ingleses ricos, pasajeros de cruceros, visitaban la isla a centenares, llevaban divisas e influían en la vida de los habitantes. Cuando los aviadores Gago Coutinho y Sacadura Cabral aterrizaron por primera vez en un hidroplano en la bahía de Funchal el 22 de marzo de 1921, aquello fue el comienzo de un tráfico aéreo regular entre Inglaterra, Funchal y Lisboa.

La revolución de 1974 afectó relativamente poco a las islas; las tierras y bienes no fueron nacionalizadas como en Portugal. Hoy, la provincia de Madeira es autónoma y cuenta con su propio gobierno y parlamento regionales, mantiene su propia administración, cobra impuestos y tarifas y envía al parlamento de Lisboa a sus propios representantes.
 

Emigración de Madeira a Canarias:

Buena parte de los portugueses establecidos en Canarias y de los que traficaban con estas islas procedía de la Madera. Era un hecho perfectamente natural. Ambos archipiélagos constituían sendas avanzadas de Portugal y España en sus empresas de descubrimiento; fronteras bases en el arranque de los caminos marítimos hacia las nuevas tierras. Entre uno y otro era importante y frecuente el intercambio; pero la corriente principal se dirigía del de Madera al de las Canarias: la Madera alcanzó pronto una gran población relativa; la conquista de las Canarias terminó mucho después; además, las Canarias se hallaban más al sur y más próximas al África, precisamente en la dirección que seguía entonces el incontenible movimiento de expansión atlántica. De la Madera se llevan a las Canarias el cultivo de la caña y la industria azucarera derivada del mismo. Y con el cultivo y la industria, los agricultores especializados y los maestros y oficiales indispensables para introducir, dirigir y desarrollar todo este dulce negocio del azúcar.(José Pérez Vidal)

Gonzalo González Sarco, hijo del gobernador de la Madera, el capitán Juan González Sarco, viajó a Tenerife acompañado de numerosos familiares y se convirtió en el primer poblador de Granadilla.

Emigración de Canarias a Madeira:

Existió un movimiento de población durante los siglos XV y XVI que merece ser tenido en cuenta. Formaban parte de él principalmente indígenas canarios, destinados en régimen de esclavitud, al pastoreo y al duro trabajo de los ingenios de azúcar (Los esclavos aborígenes canarios en la isla de la Madera. Lothar Siemens y Liliana Barreto)

No faltaron gentes de mejor condición: marinos, comerciantes y hasta miembros de familias distinguidas como la de Bethencourt, que pasaron luego a Portugal y llegaron hasta el Brasil. De otra parte, no pocos estudiantes isleños prefirieron la Universidad de Coimbra a las de Salamanca y Alcalá; uno de los primeros, José de Anchieta.

FUNCHAL

Funchal es la capital de la isla, cuenta con 100.000 habitantes y es la mayor de las urbes insulares portuguesas. Es también uno de los principales emporios turísticos del Atlántico. Como en tantos otros casos, la afluencia masiva de visitantes data de tiempos recientes, por lo que en sus calles coexisten los restod de la antigua ciudad colonial, escala obligada en las travesías oceánicas, con las modernas y bulliciosas áreas turísticas crecidas al abrigo de edificaciones sin carácter. Estilos importados por y para las oleadas de comerciantes, primero, y visitantes después, gente de paso siempre.

Lo que con el tiempo había de convertirse en Funchal fue fundado en 1425 por Joao Gonçalves Zarco. Para sacar numerosos colonos de las regiones portuguesas más deprimidas, sobre todo el Algarbe, así como con el permiso real para usar la mano de obra procedente de las repletas cárceles del Reino, de las que Zarco no quiso llevar a nadie condenado por causa de fé, ou traicâo ou por ladrâo.

La prosperidad llegó pronto de la mano del comercio ultramarino, pero sobre todo del cultivo de la caña de azúcar, hasta el punto de que en el escude de armas concedido por el rey Dom Manuel al elevarla a la categoría de ciudad, en 1508, figuran cinco panes de azúcar dispuestos en cruz. La riqueza generada es todavía visible en los edificios públicos y religiosos de la época, especialmente en las abundantes piezas artísticas orientales y de escuela flamenca traídas aquí por los ricos comerciantes que hacían su agosto con Flandes. Y es precisamente en esa época cuando se suceden las insursiones de piratas norteamericanos y franceses. 1566 fue un año negro para Funchal. El 3 de octubre desembarcaron en las inmediaciones de los 1200 arcabuceros venidos en una escuadra francesa de ocho galeones con patente de corso, comandada por Bertrand de Montluc. El saqueo se prolongó por espacio de 15 días, y el botín obtenido debió de ser tal porte que fue preciso arrojar una parte al mar para que las naves pudieran desatracar.

De estos tiempos turbulentos procede un rasgo común a muchos edificios, con independencia de su estilo: todos miran al mar, desde torreones prismáticos levantados sobre las viviendas y con grandes ventanales en los más antiguos, o balconadas y terrazas en las villas de recreo del siglo pasado y los modernos bloques de apartamentos. La prevención de estas incursiones obligó a los funchalenses a no perder de vista el mar y provocó una costumbre heredada, con muy distinta motivación, por los actuales habitantes. La disposición de la ciudad en un amplio anfiteatro natural facilita este permanente asomo. Ubicada en uno de los pocos tramos de la costa sur en donde los acantilados litorales se abren en suaves playas, la inclinación de la ladera es tan fuerte que de noche la miríada de luces de la ciudad y sus arrabales parece haberse desplazado verticalmente.

El clima en Funchal está sometido a los mismos vaivenes que en el resto de la isla. Las nubes atrapadas en las montañas encapotan a menudo el cielo, sobre todo en los meses de junio y julio, pero las temperaturas resultan benignas a lo largo de todo el año. El turismo de invierno, procedente sobre todo de los países nórdicos, Inglaterra y Alemania, es tan intenso como el estival. La Navidad se celebra aquí con especial intensidad. La iluminación de las calles es profusa, y se han hecho famosos los arcos de luz que engalanan el paseo marítimo y los fuegos artificiales del año nuevo.

FIESTAS Y COSTUMBRES LOCALES

Folklore

Varias de las danzas folklóricas de Madeira son de origen árabe, reflejando la influencia de los esclavos que los primeros colonizadores trajeron a la isla desde Africa. De éstas la más obvia es quizás la Danza de Ponta do Sol, cuyos cortos y cerrados pasos son simbólicos de la humildad impuesta a un esclavo. En un principio, la mayoría de los esclavos vivían en el distrito de Ponta do Sol.

Como en la mayoría de otros países, las danzas reflejan también las tareas cotidianas de los labradores y de éstas, la Danza del Cargador es característica, representando a un grupo de hombres muy cargados, marchando tranquilamente con sus cestas repletas. De una tercera danza, casi se puede decir que combina las dos tradiciones: los ritmos de África y la presentación del trabajo. Esta se conoce como la Danza Pesada y refleja la antigua costumbre de pisar las uvas con los pies.

También son dignas de atención, las romerías o fiestas en honor al santo patrón de la iglesia local. Los grupos que asisten aquí vienen acompañados de sus propios músicos. La mandolina y la viola son de uso común, pero otros instrumentos de cuerda como el "machete" y el "rajao" son típicos de la isla.

Durante todo el año se celebran numerosos acontecimientos locales en Madeira. Alrededor de Navidad y de Nochevieja, hay festividades muy espectaculares. Los cruceros normalmente se paran la noche del 31 de diciembre en el muelle de Funchal para que los pasajeros puedan contemplar los fuegos artificiales, acompañados de las campanas de las iglesias y de las sirenas de los barcos que anuncian el Año Nuevo.
Algunas de las festividades más importantes son:

FEBRERO

CARNAVAL

La mayor parte de la actividad se para durante dos días. El centro neurálgico está en Funchal. 

ABRIL

FESTIVAL DE LAS FLORES

Patrocinado por el Ateneo Comercial de Funchal, se organizan exposiciones florales, con concurso de escaparates en el centro de la ciudad, y un desfile especial de flores.

JUNIO

FESTIVAL DE MÚSICA

Durante los fines de semana, músicos interpretan un repertorio escogido en el histórico Teatro Municipal y también en la Catedral. 

FESTIVIDADES DE ESQUILEO

Un acontecimiento tradicional de un día y muy popular en el que la gente de Madeira se reúne para divertirse, comer, cantar y bailar. La zona donde se hace el esquileo se adorna con banderas y son las mujeres las que esquilan mientras los hombres hablan de negocios. Se sirven bebidas, comida y carne para asar en el asador. 

AGOSTO

CONCURSO VINICOLA DE MÚSICA

Un campeonato que goza del mecenazgo de las Asociaciones Automovilísticas Europeas y Nacionales y de empresas. Este acontecimiento de dos días se está volviendo cada vez más popular y famoso. Los participantes vienen de todas las partes del mundo.

FESTIVAL DEL SUR DE SACRAMENTO

En el pueblo de Machico, se hace un arco tradicional para la ceremonia, que es una de las más originales de la isla. Queman pinos y troncos, rociado de gasolina, que la gente del pueblo trae de los bosques días antes. La hoguera tiene lugar a la puesta del sol. 

SEPTIEMBRE

FESTIVAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD

Los pescadores en una procesión en barco llevan la imagen de Nuestra SEñora de la Piedad a Caniçal. Después de que se termina el festival, los pescadores llevan otra vez la imagen a la capilla. 

FESTIVAL VINICOLA

Como Madeira es una isla vinícola, la Oficina de Turismo está promoviendo con éxito el festival de la vendimia. Hay danzas folklóricas así como catas de vino en las bodegas de la Asociación Vinícola de Madeira. 

Personajes importantes relacionados con Madeira:

Colón

Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • VV.AA. , 1999: Portugal de punta a punta. Guía total. Ed. Anaya.

  • Tisdall Nigel, 1994: Madeira. Guiarama. Ed. Anaya.

  • Underwood, John and Pat, 1991 : El libro de Madeira. Ed. Sunflower Books, London.

PÁGINAS CONSULTADAS EN LA WEB:

http://www.geocities.com/The Tropics/Shores/8558/historia.htm

http://www.eufores.org/MadeiraStatementES.PDF

http://www.mgar.net/docs/madeira.htm

http://www.tierratragame.com/reportajes/madeira2.htm

http://webs.sinectis.com.ar/mcagliani/cristobal.htm

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