Historia


Segunda Guerra Mundial


EL TRATADO DE VERSALLES
Una paz que engendró guerras.

El inicio de la conferencia

Más de un millar de delegados, acompañados de un cortejo mucho más numeroso de asesores, personal administrativo y guardia de seguridad, se reunieron en París el 18 de enero de 1919. Junto a ellos, 150 periodistas de todo el mundo, lo que para la época en la que nacía el gran periodismo de masas era una cifra que anunciaba una nueva era en el mundo de las comunicaciones.

Los países representados en la conferencia fueron divididos en cuatro categorías. La primera la integraban las potencias con «intereses de carácter general»: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia y Japón, que estarían presentes en todas las reuniones y comisiones. La segunda categoría la formaban las potencias con «intereses de carácter particular» como Bélgica, Brasil, Canadá, Australia, Sudáfrica, Grecia, China, Arabia, Polonia, Portugal, Tailandia, Rumania, Servia, Checoslovaquia y un cierto número de países latinoamericanos que también habían declarado la guerra a Alemania. En la tercera entraban todos los Estados que hubieran roto relaciones con Berlín, que tendrían derecho de presencia cuando las potencias trataran asuntos en los que se los mencionase; y, finalmente, la cuarta categoría abarcaba, ya fuera del marco estricto de las reuniones, a todos los neutrales y países en formación, que podrían enviar notas verbales o escritas por invitación de las grandes potencias.

Los «cinco grandes» tenían cinco delegados cada uno; Bélgica, Servia y Brasil, tres; China, Grecia, Arabia, Polonia, Portugal, Rumania, Tailandia y Checoslovaquia, dos, al igual que Australia, Canadá y Sudáfrica. Los restantes países tendrían derecho tan sólo a un delegado. Evidentemente, la organización de la conferencia marcaba ya la existencia de un «Consejo de los Diez», integrado por el jefe de Gobierno y el ministerio de Asuntos Exteriores de los cinco primeros beligerantes. Éstos eran: el presidente Woodrow Wilson y su secretario de Estado, Lan-sing, por EEUU; el presidente del Consejo, Georges Clemenceau y el ministro Pichón por Francia; el premier David Lloyd George y su «hombre» de Exteriores Balfour por Gran Bretaña; por Italia acudían el primer ministro Vittorio Emanuele Orlando y el ministro Sonnino; y el barón Makino y el vizconde Shinda, por el Japón.

Ni Alemania, ni Austria-Hungría o las restantes potencias derrotadas eran invitadas a la conferencia. La supervivencia de los aliados de Alemania se trataría en otras conferencias menores. La paz con Berlín se pactaría en Versalles sin contar con la presencia de los vencidos.

El presidente francés Raymond Poincaré (1860-1934) dio comienzo oficial a la conferencia el 18 de enero de 1919 en el Ministerio de Asuntos Exteriores en París, pidiendo en su discurso inaugural sanciones contra los culpables de la guerra y garantías militares contra la renovación de la capacidad agresiva de Alemania. Con estas palabras, Poincaré asumía las posiciones del nacionalismo francés más extremo, que en la prensa afecta pedía el desmembramiento del gran adversario continental de Francia, la anexión de todo el territorio hasta la orilla izquierda del Rin y la retrocesión del resto del país alemán poco menos que a la situación del Sacro Imperio, dividiéndolo en estados tapones sin ninguna significación militar. El jefe del Gobierno francés, el «Tigre» Clemenceau, conseguiría en las semanas siguientes anular el protagonismo que Poincaré habría querido tener en la conferencia y, aun defendiendo verbalmente algunas de las posiciones más duras del nacionalismo galo, impuso una medida de moderación en las pretensiones de París. Es cierto que la oposición del presidente Wilson y el juego siempre «individualista» del británico Lloyd George forzarían ese regreso al «realismo», pero Clemenceau, nacionalista como el primero, conocía demasiado bien la debilidad exterior de Francia para tratar de imponer una solución que disgustara a sus aliados, por lo que confiaba más en la Entente del futuro que en la realidad de una Alemania sólo temporalmente debilitada. El tiempo no dejaría de darle la razón, y bien trágicamente, por cierto.

En aquella primera sesión plenaria Clemenceau sería elegido presidente de la conferencia y Lloyd George, Lan-sing, Orlando y Sayondzi, vicepresidentes.

La Sociedad de Naciones

Cuatro días después comenzaron los verdaderos trabajos de la conferencia en el seno del Consejo de los Diez. Woodrow Wilson quería que el tratado de paz y la creación de la Sociedad de Naciones fueran un todo indivisible. Gran Bretaña sentía el clásico escepticismo insular ante cualquier propuesta que la implicara en mecanismos internacionales, pero no quería disgustar a su gran aliado anglosajón, y callaba sin colaborar. Francia sólo sentía desprecio por el idealismo presbiteriano del presidente Wilson, al tiempo que su gran preocupación era el equilibrio continental en el que París debía ser el poder hegemónico. Para ello, los representantes francés y británico idearon la estratagema de proponer que una comisión ai hoc se encargara de tratar el tema de la Sociedad de Naciones sin interferir en la discusión de la fórmula para la futura paz con Alemania.

Wilson respondió a la maniobra con otra mejor aún: autoconstituirse en presidente de esa comisión, que recibiría el nombre de «Comisión del hotel Crillon», porque comenzaría a reunirse en ese establecimiento de París el 25 de enero. La presencia del presidente norteamericano en los trabajos para la creación de la Sociedad no sólo les daba un relieve del que no podían estar ausentes franceses y británicos, sino que devaluaba los trabajos paralelos de discusión general de la paz. Con todo, se inició el debate sobre el destino de las colonias alemanas. Francia reclamaba Togo y Camerún, Gran Bretaña «aceptaría» su parte en el África meridional y oriental; Japón pedía la península de Shantung y los archipiélagos alemanes del Pacífico, y hasta Italia quería entrar en el reparto. Wilson volvió a la carga uniendo los dos temas: el de la Sociedad de Naciones y el del reparto colonial, proponiendo que las colonias fueran atribuidas en calidad de «mandatos» a este futuro organismo, el cual las pondría bajo la tutela de una u otra gran potencia que garantizaría un eventual acceso a la independencia de las mismas. La tensión entre los aliados llegó hasta el punto de que se rumoreó que el presidente norteamericano estaba decidido a retirarse de la conferencia, lo que obligó a sus asociados europeos a aceptar la idea del «mandato», en lugar de la adquisición pura y simple. El 13 de febrero concluían los trabajos del hotel Crillon con la redacción de los estatutos de la futura Sociedad de las Naciones, lo que permitiría el reparto de los despojos coloniales.

Clemenceau, sin querer disimular su indiferencia despectiva, dejó que fuera su subordinado León Bourgeois el que tratara de obstaculizar la victoria de Wilson, proponiendo que si había organismo internacional debía contar con una fuerza militar propia para imponer el orden mundial. Gran Bretaña se conformaba con que la Sociedad de Naciones fuera, básicamente, una alianza de grandes potencias que se autogarantizaran el statu quo territorial. Wilson pedía manos libres para que la entidad arbitrara la vida internacional, hasta el extremo de promover independencias y rectificar trazados fronterizos. Este punto de vista se impuso cuando, el 14 de febrero, apenas un día después de concluida su redacción, el presidente norteamericano comunicó al mundo el proyecto de estatuto: «El velo de la desconfianza y la intriga ha caído - terminó su discurso - los hombres se miran a la cara y dicen: somos hermanos y tenemos un fin común. Antes no teníamos conciencia de ello, pero ahora lo comprendemos. Y he aquí nuestro pacto de fraternidad y amistad».

La negociación sobre fronteras

Tras la aprobación del proyecto de estatuto para la Sociedad de Naciones, la conferencia podía reanudar sus trabajos, pero durante unas semanas, hasta que las posiciones de los vencedores quedaran fijadas, el escenario se vaciaría de sus primeros actores refugiándose en los ministros de Exteriores. El mismo 14 de febrero, Wilson había regresado a Estados Unidos, donde crecía la oposición parlamentaria a la adscripción norteamericana a un pacto como el de la Sociedad de Naciones que no reconocía la existencia de la «doctrina Monroe»; Lloyd George había vuelto a Londres, Orlando informaba a su Gobierno en Roma, y Clemenceau había sufrido un atentado el 19 de febrero, del que convalecería durante varias semanas.

La posición francesa era la de que su frontera fuese desplazada hasta el Rin mientras que las provincias renanas se convertirían en una república autónoma, de hecho vasalla de Francia, como en la época napoleónica. A tal fin, el general francés Mangin había movilizado con dinero y agentes el particularismo renano, tratando de crear un movimiento independentista desde el interior. Este peligroso jugar con fuego no tocaría a su fin hasta que Clemenceau se recuperara de las heridas sufridas por el disparo del anarquista Cottin, regresara a la conferencia a mediados de marzo, y reprimiera la «fronda» de sus militares con la mano dura de la experiencia y el realismo.

Wilson volvió de Estados Unidos durante ese mes, al igual que el premier británico y el primer ministro italiano. El Consejo de los Diez era ya el de los cuatro, con la congregación en privado de Clemenceau, Wilson, Lloyd George y Orlando, y aun de los tres, a la vista de los intereses mucho más limitados de este último, que, por otra parte, era el único que desconocía la lengua inglesa en la que se desarrollaba la mayor parte de los trabajos. El barón Makino, interesado tan sólo en recoger una cosecha de archipiélagos y penínsulas, dada su modesta participación en la guerra, y por no ser jefe de Gobierno, como sus interlocutores, pronto quedó tan ajeno como desplazado de los trabajos.

En las reuniones, Lloyd George y Wilson, y, en menor medida, Orlando llevaban el peso de los debates. Clemenceau, en una distancia más aparente que real, permanecía callado junto al fuego con las manos siempre enfundadas en unos exquisitos guantes de cabritilla, corbata gris y perla en el pasador, para salir de su mutismo sólo en ocasiones muy significadas. Pero cuando lo hacía la reunión callaba y escuchaba, en un cuadro que inmortalmente plasmó el economista J. M. Keynes, miembro de la delegación británica, en su libro Las consecuencias económicas de la paz.

A las últimas exigencias francesas centradas en la anexión del Sarre, pequeño territorio a caballo entre la Prusia renana y el Palatinado, respondía Lloyd George con el llamado «documento de Fontainebleau» de 25 de marzo de 1919, en el que desplegaba la posición británica. En él decía el «premier» que era inútil desposeer a Alemania de sus colonias, convertir a su Ejército en una Policía y arrebatarle su flota, puesto que si los alemanes «consideran que el tratado de paz es injusto, encontrarán el medio de vengarse de los vencedores... En razón a estas consideraciones, me opongo enérgicamente a que ningún territorio de población alemana sea separado de Alemania en mayor proporción de lo que esto sea indispensable». En cambio, Lloyd George proponía que Renania siguiera siendo alemana pero quedara desmilitarizada; Francia recuperase Aisacia y Lorena y obtuviera el derecho durante diez años de explotar las minas del Sarre; Bélgica se hiciera con las localidades de Malmédy y Moresney; además de pedir para Dinamarca una rectificación de fronteras en Schieswig. En la Europa Oriental, el nuevo Estado polaco obtendría el corredor de Dant-zig, que uniría el interior del territorio, a través de Prusia, con el Atlántico, quedando aquella ciudad como enclave internacionalizado.

La cólera de Clemenceau al conocer la posición británica se centró en el punto más deliberadamente cínico de aquella argumentación: si Londres quería moderación por qué no se le permitía a Alemania conservar intacta su flota de guerra y sus colonias africanas, en lugar de debilitarla en el mar y tratarla clementemente en tierra como pedía Lloyd George. Pero todos sus sarcasmos no harían vacilar al británico apoyado por Wilson, que había confesado que jamás había oído hablar del Sarre antes de conocer las pretensiones francesas. La posición de retaguardia de Clemenceau, sin duda preparada de antemano, sería la de solicitar la entrega del territorio a la Sociedad de Naclones, que la confiaría en mandato a Francia durante 15 años, al término de los cuales se celebraría un plebiscito en el que se preguntaría a la población a qué Estado deseaba pertenecer. Por el momento, las potencias anglosajonas no accederían a ninguna de estas demandas, limitándose a ofrecer una garantía militar a Francia contra cualquier futura agresión alemana.

Las reparaciones de guerra

Paralelamente, el problema de las reparaciones de guerra comenzaba a tratarse con igual virulencia. La comisión técnica, encargada de tratar el problema antes de someterlo a la aprobación de los «grandes», estableció la cifra inicial en unos 480.000 millones de marcos oro que, si bien le pareció a Lloyd George una «quimera», debía compararse con las exigencias de París que, sólo para reconstruir la zona norte devastada, ascendían a 60.000 millones de marcos, cifra algo superior a todo el patrimonio nacional francés de la época. Por añadidura, no había acuerdo entre las partes para la distribución de una u otra suma, pues, mientras Gran Bretaña proponía que la mitad fuera para Francia, el 30 % para sí misma, y el resto para los demás contendientes, París reclamaba el 58 %, dejando un 25 % para Londres. Por su parte, los norteamericanos, que con la guerra habían pasado de ser deudores de Europa a ser sus acreedores por valor de unos 13.000 millones de dólares, sabían que, para que Francia y Gran Bretaña pagaran sus deudas, era esencial la buena salud económica de Alemania, y temían, por ello, que una presión brutal e inmediata matara la gallina de los huevos de oro. Como si se tratara de una subasta en Sotheby's, los vencedores intercambiaban cifras, bajando Clemenceau hasta un 56 % para Francia y un 25 % para Gran Bretaña, ante lo que terciaría Wiison aceptando aquel porcentaje para París, pero elevando el de los británicos hasta un 28 %. Finalmente, los expertos norteamericanos, que entendían que no era realista exigir a Alemania más de 25.000 millones de dólares, convencieron a franceses y británicos de que el tema quedara en estudio de una comisión de técnicos que presentaría sus conclusiones antes del 1 de mayo de 1921. De la misma forma, el 14 de abril se producía la avenencia en el tema territorial, con un acuerdo de principio para que Francia obtuviera la explotación temporal del Sarre, se ocupara la orilla izquierda del Rin por un periodo de 15 años, y quedaran desmilitarizadas las provincias renanas hasta un margen de 50 kilómetros al oeste del gran río alemán.

Las cláusulas del tratado

Las cláusulas del tratado establecían la devolución de AIsacia-Lorena, según el trazado de 1870, con la inclusión de todos los puentes sobre el Rin. Las minas del Sarre pasaban a propiedad de Francia y la administración del territorio quedaba en manos de la Sociedad de Naciones por un periodo de 15 años, tras el que un plebiscito arbitraría sobre el tema. La orilla izquierda del Rin estaría bajo ocupación anglo-francesa, también durante 15 años. En las regiones de Eupen y Malmédy se celebraría otro plebiscito, que, eventualmente, daría la soberanía a Bélgica. Esto mismo se preveía para los territorios en litigio en SchIeswig-Holstein, desgajados de Dinamarca por la guerra de 1860, y que hecha la consulta también optaron por Copenhague. Alemania renunciaba a una parte de Silesia en favor de Checoslovaquia, y en favor de Polonia a un sector de Pomerania, así como a grandes extensiones de las dos Prusias. Varsovia adquiría un corredor que cortaba territorio alemán hasta el mar, y su desembocadura, la ciudad de Dantzig, se constituía en ciudad libre bajo protección de la Sociedad de Naciones, incorporada al sistema aduanero polaco. Por último, se reconocía la independencia austríaca, así como la de Checoslovaquia y Polonia, estados surgidos o revividos por la derrota alemana.

Fuera de Europa, Alemania renunciaba a todas sus colonias, que se repartían los vencedores. El Camerún se dividía entre Francia y Gran Bretaña y a la primera le correspondía Togo, mientras la segunda heredaba Tanganyka (hoy, Tanzania). La actual Namibia pasaba a la Unión Sudafricana, Australia recibía parte de Nueva Guinea, y a Nueva Zelanda le «tocaba» Samoa. Finalmente, las islas alemanas del Pacífico al norte del Ecuador, la región de Kiao-Chao y la península de Shantung, ambos territorios reclamados por China, pasaban a manos japonesas.

El Ejército alemán, compuesto de voluntarios, no debía superar los 100.000 hombres con 4.000 oficiales incluidos en el contingente. El Estado Mayor era disuelto, y la Marina quedaba reducida a seis acorazados, seis cruceros ligeros y 24 buques menores, pequeña venganza de Clemenceau contra lo que denominaba «clemencia territorial» de los anglosajones.

En el aspecto económico se creaba una comisión de reparaciones que antes del 1 de mayo de 1921 debía determinar el monto de la cantidad a pagar por Alemania en un plazo de 30 años, y, en cualquier caso, antes de esa fecha tenía que satisfacer una primera entrega de 20 millones de marcos en oro o especies. Además, Alemania debía rendir todos los mercantes de más de 1.600 toneladas, la mitad de los de más de 1.000, un tercio de los pesqueros y un quinto de la flotilla fluvial. En un plazo de 10 años había de facilitar 140 millones de toneladas de carbón a Francia, 80 a Bélgica y 77 a Italia, así como entregar a los aliados la mitad de sus existencias de colorantes y productos químicos y la cuarta parte de su producción futura hasta 1925. La mayor parte de estas condiciones no se cumplirían por la imposibilidad no sólo de atenderlas, sino de controlar con ese detalle la economía alemana.

Berlín renunciaba a cualquier derecho en Asia o África y reconocía el protectorado francés en Marruecos y el dominio británico sobre Egipto, y, de una manera muy particular, por un suplemento secreto al artículo 433, se aceptaba que Alemania mantuviera sus tropas en el Este, es decir, a las puertas de Rusia, donde la Revolución soviética había derrocado al régimen zarista. De esta forma, Rusia, que había sido el convidado invisible de una parte de los trabajos de la conferencia, jugaba como factor disuasorio para que los aliados consumaran la anulación total de la potencia económica y militar de Alemania. No era desdeñable que una Alemania, incluso debilitada, siguiera ejerciendo ciertas funciones de «secante» entre la nueva Rusia y la vieja Europa.

CAUSAS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

No existe una sola causa o razon para que se produjeran las condiciones politicas, economicas y sociales que desencadenaron la II Guerra Mundial, sino una combinacion de todas ellas. El inicio podemos ubicarlo en el repartimiento de poderes y zonas de influencia que hicieron los Aliados al establecer el Tratado de Versalles y la incapacidad de Gran Bretaña, la potencia dominante en ese momento,para establecer un nuevor orden.

Como principales causas de la II Guerra Mundial podemos citar las clausulas establecidas dentro del Tratado de Versalles de 1918, firmado para la rendicion de Alemania:

1.- Pago de indemnizaciones por parte de Alemania a los Aliados por las perdidas economicas sufridas por los mismos a causa de la guerra.

2.- Reduccion del ejercito aleman a la cantidad de 100.000 hombres, no posesion de ningun arma moderna de combate ( tanques, aviacion y submarinos).

3.- Reduccion de la flota Alemana a buques menores a las 10.000 toneladas.

4.- La gran Recesion que se presento en el Mundo a traves de los años Veinte y Treinta, que en Alemania, crearon desempleo, caida del nivel de vida de la claee media y demas que abonaron el camino para el surgimiento de las reivindicaciones alemanas y con ello el impulso al partido Nacional-Socialista (Nazi).

ANTECEDENTES

En 1935 Hitler remilitarizo el Rhin, este fue un alarde politico, ya que para esta epoca la Wehrmacht estaba todavia mal equipada. En el otoño de 1937 en Munich se convino con Francia y Gran Bretaña que Alemania recuperara la region de los Sudetes perteneciente a Checoeslovaquia sin disparar un tiro, en marzo de 1939 se anexiono Austria pero con una muestra abundante de fuerzas, incluida la II Division Panzer, el General Heinz Guderian dirigio el avance sobre Viena con un improvisado XVI Cuerpo de ejercito movil compuesto por la II Panzerdivision y el Regimiento Motorizado Liebstandarte Adolf Hitler de la SS.

Al anexionarse Checoeslovaquia, cayeron en manos de los alemanes no menos de 469 carros tipo 35T, 38H y los establecimientos industriales que los producian.

La situación después de la I Guerra Mundial

El resultado de la I Guerra Mundial fue decepcionante para tres de las grandes potencias implicadas. Alemania, la gran derrotada, albergaba un profundo resentimiento por la pérdida de grandes áreas geográficas y por las indemnizaciones que debía pagar en función de las reparaciones de guerra impuestas por el Tratado de Versalles. Italia, una de las vencedoras, no recibió suficientes concesiones territoriales para compensar el coste de la guerra ni para ver cumplidas sus ambiciones. Japón, que se encontraba también en el bando aliado vencedor, vio frustrado su deseo de obtener mayores posesiones en Asia oriental.

    Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos alcanzaron, por su parte, los objetivos previstos en el conflicto iniciado en 1.914. Habían logrado que Alemania limitara su potencial militar a una cifra determinada y reorganizaron Europa y el mundo según sus intereses. No obstante, los desacuerdos políticos entre Francia y Gran Bretaña durante el periodo de entreguerras (1.918-1.939) fueron frecuentes, y ambos países desconfiaban de su capacidad para mantener la paz. Estados Unidos, desengañado con sus aliados europeos, que no pagaron las deudas contraídas en la guerra, inició una política aislacionista.

    Durante la década de 1.920 se llevaron a cabo varios intentos para lograr el establecimiento de una paz duradera. En primer lugar, en 1.920 se constituyó la Sociedad de Naciones, un organismo internacional de arbitraje en el que los diferentes países podrían dirimir sus disputas. Los poderes de la Sociedad quedaban limitados a la persuasión y a varios grados de sanciones morales y económicas que los miembros eran libres de cumplir según su criterio.

    En la Conferencia de Washington (1.921-1.922), las principales potencias navales acordaron limitar el número de naves a una proporción establecida. Los Tratados de Locarno, firmados en esta ciudad suiza en una conferencia celebrada en 1.925, garantizaban las fronteras franco-alemanas e incluían un acuerdo de arbitraje entre Alemania y Polonia.

    Durante la celebración del Pacto de París (1.928), 63 naciones firmaron el Tratado para la Renuncia a la Guerra, también denominado Pacto Briand-Kellog, por el que renunciaron a la guerra como instrumento de sus respectivas políticas nacionales y se comprometieron a resolver los conflictos internacionales por medios pacíficos. Los países signatarios habían decidido de antemano no incluir las guerras de autodefensa en esta renuncia a los medios bélicos.

El ascenso de los totalitarismos y la formación del Eje

    Uno de los objetivos de los vencedores de la I Guerra Mundial había sido hacer del mundo un lugar seguro para la democracia; la Alemania de posguerra (cuyo régimen es conocido como la República de Weimar) adoptó una Constitución democrática, al igual que la mayoría de los estados reconstituidos o creados después de la contienda. Sin embargo, en la década de 1.920 proliferaron los movimientos que propugnaban un régimen basado en el totalitarismo nacionalista y militarista, conocido por su nombre italiano, fascismo, que prometía satisfacer las necesidades del pueblo con más eficacia que la democracia y se presentaba como una defensa segura frente al comunismo. Benito Mussolini estableció en Italia en 1.922 la primera dictadura fascista.

    Adolf Hitler, líder del Partido Nacionalsocialista Alemán, impregnó de racismo su movimiento político. Prometió cancelar el Tratado de Versalles y conseguir un mayor Lebensraum ("espacio vital") para el pueblo alemán, un derecho que merecía, a su juicio, por pertenecer a una raza superior. La Gran Depresión que se produjo a comienzos de la década de 1.930 afectó profundamente a Alemania. Los partidos moderados no llegaban a ningún acuerdo con respecto a las posibles soluciones, y un gran número de ciudadanos depositó su confianza especialmente en los nazis. Hitler fue nombrado canciller de Alemania en 1.933.

    Japón no adoptó un régimen fascista de forma oficial, pero la influyente posición de las Fuerzas Armadas en el seno del gobierno les permitió imponer un totalitarismo de características similares. Los militares japoneses se anticiparon a Hitler a la hora de desmantelar la situación mundial. Aprovecharon un pequeño enfrentamiento con tropas chinas en las proximidades de Mukden (actual Shenyang) en 1.931 como pretexto para apoderarse de Manchuria, en donde constituyeron el Estado de Manchukuo en 1.932. Asimismo, ocuparon entre 1.937 y 1.938 los principales puertos de China.

    Hitler, tras denunciar las cláusulas sobre desarme impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles, organizar unas nuevas Fuerzas Aéreas y reimplantar el servicio militar, puso a prueba su nuevo armamento durante la Guerra Civil española (1.936-1.939), en la que participó en defensa de los militares rebeldes junto con las tropas italianas de Mussolini, que pasaron a apoyar a los insurrectos españoles después de haber conquistado Etiopía (1.935-1.936) en un breve conflicto armado. Los tratados firmados por Alemania, Italia y Japón (además de otros estados como Hungría, Rumania y Bulgaria por ejemplo) desde 1.936, cuando los dos primeros países acordaron el primero de ellos, hasta 1.941 (cuando Bulgaria se incorporó a los mismos) dieron como resultado la formación del Eje Roma-Berlín-Tokio.

El Anschluss

    Con la quiebra de la monarquía austro-húngara en 1.918 entró en litigio permanente el tema de la incorporación de Austria a Alemania o Anschluss. "La austria alemana es una parte sustancial de la República Alemana", señalaba el artículo 2 de la resolución de la Asamblea Nacional Provisional del 12 de noviembre de 1.918.

    Sin embargo, las potencias vencedoras en la I Guerra Mundial impidieron el Anschluss y forzaron a los austriacos a crear un Estado con los restos de la fenecida monarquía austro-húngara. Con todo, la posibilidad del Anschluss no desaparecía de escena.

    Cuando Hitler accedió al poder en 1.933 se produjo una nueva situación: los interlocutores de los austriacos partidarios de la incorporación no eran ya los políticos de la Weimar, sino la Alemania de Hitler.

    El 12 de febrero de 1.938, Hitler se entrevista con el canciller austriaco, von Schuschnigg, en Berchtesgaden. El 9 de marzo, von Schuschnigg da a conocer en Innsbruck la concocatoria de un referéndum bajo la consigna: "Por una austria libre, alemana, independiente, social, cristiana y unida".

    Aunque Hitler tenía muy claras las acciones a emprender con respecto a la cuestión austriaca, no pudo evitar sentir miedo en el último momento y lanzó una ofensiva diplomática.

    El 10 de marzo Hitler envía a von Hessen, provisto de una carta, a Mussolini. En ella le exponía sus intenciones con respecto a Austria pidiéndole -suplicándole- que fuese comprensivo. Al tiempo Göring prometía al representante checoslovaco, Mastny, que Alemania no emprendería ninguna acción armada contra la autonomía de su país.

    El ministro de Asuntos Exteriores, Ribbentrop, fue enviado a Londres para apaciguar al premier británico, Chamberlain, y al nuevo ministro de Asuntos Exteriores, lord Halifax. Con Francia no se tomaron especiales precauciones pues el país estaba de nuevo sin gobierno.

    El 11 de marzo, von Schuschnigg aplaza el referéndum y da a conocer su dimisión. El ministro austriaco del interior, Seyss-Inquart (nacionalsocialista) remite un telegrama a Hitler con el ruego de que envíe tropas.

    El 12 de marzo las tropas alemanas cruzaban la frontera austriaca. Se forma un gobierno nacionalsocialista bajo la presidencia de Seyss-Inquart.

    Checoslovaquia no formuló protesta alguna. Mussolini aceptaba amistosamente el nuevo estado de las cosas y enviaba a Hitler "saludos cordiales". Gran Bretaña se limitó a formular una protesta diplomática sin trascendencia real.

    El 13 de marzo de 1.938 se aprueba una Ley sobre la integración de Austria en el Reich alemán. El Anschluss consumaba así la aspiración de una Gran Alemania.

La anexión de Checoslovaquia

    Resuelta la cuestión de Austria el objetivo más inmediato de Hitler era ahora el territorio checoslovaco de los Sudetes.

    Tras el colapso del Imperio Austro-Húngaro en 1.918 se formó un nuevo estado en el centro de europa: la República de Checoslovaquia. En ella convivían checos, eslovacos, polacos, húngaros, rutenos y algo más de tres millones de alemanes en los Sudetes.

    El SdP (Partido de los Sudetes Alemanes), financiado por Hitler y dependiente de Berlín comienza a reivindicar la autonomía de los Sudetes. Esta postura se va radicalizando hasta pedir abiertamente la unión con Alemania.

    El 28 de Marzo, en Berlín, a puerta cerrada, Henlein, líder del SdP negocia con Hitler, Hess y Ribbentrop durante tres horas. Hitler expone a Henlein el programa: el SdP debe plantear exigencias inadmisibles para el gobierno checo. El verdadero objetivo de Hitler está decidido desde el 5 de noviembre de 1.937: acabar con Checoslovaquia e integrar a su pueblo en el Reich Aleman.

    El 21 de abril de 1.938, seis semanas después de que Göring diera su palabra de honor a Mastny, Hitler discutía con Keitel el "Plan Grün", nombre cifrado para una operación de efecto rápido contra Checoslovaquia.

    El 12 de junio Hess proclama en una gran concentración celebrada en Stettin que: "Checoslovaquia, que debe su existencia a la trampa del Tratado de Versalles, se ha convertido en un foco peligroso para la paz en Europa".

    La opinión pública francesa es cada vez más afín a los intereses alemanes. "No se pueden sacrificar 10 millones de seres humanos en una guerra para luego prohibir a 3 millones de alemanes que se unan a su país", afirmó Bonnet, ministro francés de asuntos Exteriores.

    En los Sudetes estalla un alzamiento. El Gobierno de Praga proclama el estado de excepción y envía tropas. El primer ministro francés, Daladier, insta a Chamberlain a que se ponga de acuerdo con Hitler.

    Incitada por Berlín, Polonia pedía el 21 de septiembre un referéndum en la parte de Checoslovaquia habitada por la importante minoría polaca. Las tropas polacas se concentraron en la frontera. Hungría a su vez envió tropas a la frontera con Checoslovaquia. En toda Europa se palpaba una enorme inquietud.

    El 22 de septiembre Hitler se reune con Chamberlain y presenta un ultimatum: "Los checos deben abandonar todos los territorios pertenecientes a otras minorías antes del 28 de septiembre". Chamberlain logró que Hitler aplazase el día X hasta el 1 de octubre. Hitler le prometió además: "Es mi última reivindicación territorial en Europa".

    El 29 de septiembre acuden a una Conferencia en Munich los representantes británico, francés, italiano y alemán. Al representante checo no se le dejó participar en la discusión. Tras la reunión, Francia, Gran Bretaña e Italia accedían a todas las pretensiones alemanas y se lo comunicaban al representante checo que luchaba por contener las lágrimas.

    "Hemos salvado la paz de nuestra época", gritó Chamberlain a la jubilosa muchedumbre que lo recibió en Londres a su regreso de Munich. "Hemos sufrido una derrota total" afirmó Churchill en el Parlamento Británico entre abucheos.

    El 1 de octubre de 1.938 las tropas alemanas entraron en Karlsbad y Pilsen; ocupando los más importantes polos industriales checoslovacos. Polonia ocupó la parte checa y Hungría recibía 12.000 Kilometros cuadrados de Eslovaquia. El resto de la República Checo-Eslovaca (como empezó a llamarse) recibió un gobierno pro-germano y de tendencia fascista bajo la presidencia de Hacha.

    El 15 de marzo de 1.939, Hacha firma en el despacho de Hitler la sentencia de muerte de su agonizante país. El comunicado alemán al respecto reza: "El Führer ha dado a conocer su decisión de tomar bajo la protección del Reich Alemán al pueblo checo, garantizándole, de acuerdo con sus peculiaridades, un adecuado desarrollo de vida autónoma".

    El 16 de marzo de 1.939 Hitler anunciaba en Praga la formación del "Protectorado de Bohemia y Moravia". Eslovaquia escapaba del Protectorado y pasaba a convertirse en Estado satélite estrechamente ligado al Reich. Francia y Gran Bretaña se limitaron a enviar notas de protesta.

Guerra Relámpago contra Polonia

El 1 de septiembre de 1.939, las tropas alemanas invaden Polonia. El 3 de septiembre, Gran Bretaña y Francia, que no habían reaccionado a raíz de la anexión de Austria y que, en la Conferencia de Múnich, el 30 de septiembre de 1938, habían consentido un primer desmembramiento de Checoslovaquia, declaran la guerra a Alemania.

    En Italia, Mussolini, de acuerdo con Hitler, declara el estado de no-beligerancia; Estados Unidos proclama su neutralidad; la Unión Soviética y Japón firman un pacto de no-agresión; la Commonwealth se alinea al lado de Gran Bretaña.

    En tres semanas, Polonia es puesta fuera de combate por la infantería y los ejércitos blindados alemanes en combinación con el uso masivo de la artillería y aviación. Es la guerra relámpago o blitzkrieg.

    Por otra parte, el 17 de septiembre, la Unión Soviética ocupa la porción oriental de Polonia, que le ha sido reservada a título de zona de influencia por el Pacto germano-soviético. Stalin alegó que ocupaba dicha zona para "defender a los bielorrusos" y que no constituía acto de guerra porque el Estado polaco había "virtualmente dejado de existir".

    La rendición de Polonia se producirá el 27 de septiembre de 1.939. El 28 de septiembre, una ligera modificación fronteriza completa los acuerdos secretos para el reparto de Polonia entre Hitler y Stalin: Alemania cede Lituania a la URSS y ésta acepta que la frontera germano-soviética retroceda ligeramente hacia el Este.

La Guerra de Invierno Ruso-Finlandesa

    En noviembre de 1.939, la URSS declara la guerra a Finlandia. Es la llamada Guerra de Invierno. A costa de unas tremendas pérdidas de hombres y material, la URSS consigue que Finlandia firme la paz en marzo de 1940 y ceda el territorio de Carelia. Los japoneses avanzan en China. Durante el invierno 1939-1940, mientras las tropas franco-británicas permanecen inactivas, Hitler traslada la guerra a los países escandinavos.

Ocupación de Dinamarca y Noruega

    Para asegurar a la industria alemana el suministro de mineral de hierro de Escandinavia, Hitler ordena ocupar Dinamarca e invadir las costas de Noruega. Los contingentes franco-británicos desembarcados en Narvik no consiguen mantenerse en su puesto. La Kriegsmarine (Marina de Guerra) alemana dispone ahora de valiosos puertos para la salida o abastecimiento de sus navíos, incluidos los temidos U-Boote (submarinos) que operaban en el Atlántico contra intereses y abastecimientos británicos.

Ofensiva en el Oeste

    El 10 de mayo de 1940 empieza un violento ataque alemán desde la frontera holandesa hasta Alsacia. A partir del 15 de mayo, la resistencia holandesa es aplastada. En Bélgica, los blindados aliados resisten difícilmente a los tanques alemanes, mucho más numerosos.

    En el extremo Norte de la defensiva Línea Maginot, en el sector comprendido entre Namur y Sedán, a través de las Ardenas, las divisiones acorazadas alemanas irrumpen, cruzan el Mosa y abren una brecha de 100 km de ancho en el frente francés; remontando hacia el norte, hacia el Canal de la Mancha, atacan por la retaguardia, en Bélgica, a las tropas aliadas, que, por Dunkerque, son evacuadas a Inglaterra, a pesar de los incesantes bombardeos de la aviación. El 4 de junio la operación estaba terminada.

    En el norte de Francia, Weygand, que ha sustituido a Gamelin como comandante en jefe, es impotente para detener la embestida de las tropas motorizadas alemanas, la aviación ametralla las carreteras repletas de civiles y militares, que huyen ante el enemigo.

    El 10 de junio, Italia declara la guerra a Francia el 14 de junio, los alemanes entran en París cuyo gobierno se ha trasladado a Tours, y luego a Burdeos; a continuación franquean el Loira, ocupan todo el oeste y este de Francia y avanzan hacia el sudoeste.

    El 17 de junio, el mariscal Pétain, nombrado jefe del Gobierno francés, instalado en Vichy, anuncia la apertura de negociaciones con vistas a un armisticio que será concluido en Rethondes el 22 de junio. Desde Londres, el 18 de junio, el general De Gaulle pide a todos los franceses que se unan a él para continuar la lucha al lado de Gran Bretaña.

La Batalla de Inglaterra

    Dueño de Noruega, Holanda, Bélgica y Francia, Hitler prepara la invasión de Inglaterra: su aviación se empeña en la conquista del dominio del aire con vistas a un desembarco de tropas. A partir del 8 de agosto, una enconada batalla aérea se entabla sobre el cielo inglés: cada día, varios centenares de aviones bombardean la costa inglesa y la desembocadura del Támesis y, a partir del 24 de agosto, Londres y las principales ciudades industriales.

    Más de dos millones de inmuebles fueron destruidos o dañados. Pero la aviación de caza inglesa, aunque inferior en número, causa pérdidas enormes a los bombarderos alemanes: más de 2.000 son destruidos. A principios de octubre, perdida la "Batalla de Inglaterra", Hitler pospone su proyecto de invasión indefinidamente.

Intervención en los Balcanes, el Mediterráneo y África

   Italia lanza desde sus bases en Albania un ataque contra Grecia. Los griegos no solo repelen la invasión sino que contraatacan e incluso se internan profundamente en territorio albanés. El ataque italiano a Grecia es el pretexto que necesita Gran Bretaña para mandar un cuerpo expedicionario a Grecia y comenzar a operar en el Mediterraneo. La aventura italiana se salda con un completo fracaso.

    Hitler se ve abocado a socorrer a su aliado y reconducir la situación en los Balcanes y el Mediterraneo oriental. El 2 de marzo de 1941, sus tropas entran en Bulgaria; del 6 a 13 de abril se apoderan de las ciudades de Yugoslavia, se lanzan luego contra Grecia, que sólo puede resistir algunos días, y ocupan la isla de Creta.

    Italia ataca desde sus posesiones en Eritrea a la Somalia Británica. Aunque en un primer momento el ataque italiano se salda de forma favorable a Mussolini, los ingleses se reorganizan y comienzan un contraataque. Los británicos son menos numerosos pero están mejor equipados, comandados y mantienen alta la moral. En poco tiempo han destruido o capturado a la mayor parte del ejército italiano de África.

    Hitler debe de nuevo enmendar la plana a su aliado y manda a Libia el Deutcsche Afrika Korps (D.A.K.), Cuerpo de Ejército África Alemán, al mando del General Rommel, para intervenir al lado de los italianos; en junio de 1941 Rommel ha dado un vuelco a la situación y se halla en las fronteras de Egipto, y sus aviones bombardean Malta, Alejandría y Suez. El objetivo es El Cairo y el canal de Suez.

    Los navíos británicos deben contornear Africa por el cabo de Buena Esperanza. Pero la resistencia del 8º Ejército Británico (apoyado por el contingente de la Francia Libre, llegado de Chad con Leclerc y Larminat) impedirá finalmente que el Afrika Korps se apodere de Egipto y del canal y le obligará a retroceder hasta Tunicia.

Guerra en el Este

    Al mismo tiempo, Hitler emprende la invasión de la URSS. A pesar del pacto de no-agresión, el 22 de Junio de 1.941, un ejército numeroso y poderosamente equipado franquea las fronteras de la URSS, avanza hasta Leningrado, que es sitiado, llega a las puertas de Moscú, ocupa Kiev, Jarkov y la cuenca del Donets. Pero el ejército ruso (con recursos humanos casi inagotables) no es aniquilado, y el invierno, de un rigor excepcional, paraliza las operaciones alemanas.

    Se reemprenden las operaciones a comienzos del verano de 1942; están jalonadas por la conquista de la región de los pozos de petróleo, en las proximidades del Cáucaso. Sin embargo, las tropas alemanas no consiguen adueñarse de Stalingrado antes del invierno.

    La ciudad será objeto de una lucha encarnizada, que terminará el 2 de febrero de 1943 con la capitulación del VI ejército alemán al mando de Von Paulus. A partir de este momento, lentamente, el ejército ruso, superior en hombres, pasa a la ofensiva arrollando al ejército alemán. Los alemanes, aunque mejor dirigidos, se ven superados por un enimigo que los supera en una proporción de cinco a uno.

   En la primavera de 1944 ha liberado casi todo el territorio de la URSS; luego penetra en Finlandia, que ha tomado las armas de nuevo, en Polonia y en Rumania

El Pacífico en llamas

    Mientras se desarrollan estas operaciones en Europa, Japón prosigue la conquista de China, y, con el acuerdo del gobierno de Vichy, envía tropas a Indochina.

    Previendo la oposición de Estados Unidos a su política de dominación de Asia, bombardea y echa a pique, por sorpresa, a más de la mitad de la flota norteamericana anclada en la rada de Pearl Harbor, en las islas Hawai (7 de diciembre de 1941), y ocupa en pocas semanas Hong Kong, Singapur, Siam, Birmania, las islas Filipinas, una parte de las Indias Neerlandesas y amenaza a Australia.

    En marzo de 1942, su avance es bloqueado por una batalla aeronaval en el mar del Coral, donde sufre importantes pérdidas. Puesto que Estados Unidos, después de Pearl Harbor, ha declarado inmediatamente la guerra a Japón, sus aliados Alemania e Italia declaran asimismo la guerra a Estados Unidos.

Intervención Estadounidense

    Desde entonces, los norteamericanos ponen al servicio de la guerra contra las potencias del Eje su enorme potencial industrial y económico, así como un ejército numeroso y poderosamente equipado. Suministran material a sus aliados y en especial a la URSS.

    Sus bombarderos gigantes, con bases en Gran Bretaña, emprenden la destrucción sistemática de fábricas, vías férreas y centros vitales del enemigo en Alemania, Francia e Italia. Una dura batalla se entabla contra los submarinos alemanes, que surcan el Atlántico y los mares de Europa, y desde el otoño de 1942 los aliados ganan esta batalla de las comunicaciones.

    El 8 de noviembre de 1942, importantes contingentes desembarcan en Africa del Norte; con la ayuda de las tropas francesas que, por orden de Vichy, habían tratado primero de resistir, expulsan a los alemanes de Túnez, cuya liberación tiene lugar en mayo de 1943 .

    En julio desembarcan en Sicilia y, de allí, pasan a la Italia meridional. Mussolini es detenido, y el mariscal Badoglio firma la capitulación italiana el 3 de septiembre. Sin embargo, los alemanes son todavía dueños de Roma y de toda la Italia central y septentrional, donde Mussolini, liberado, proclama la república y sigue la lucha.

    Durante todo este período se han organizado movimientos de resistencia en los países ocupados, con unidades de combate que intervienen contra los grupos enemigos aislados y aseguran el servicio de información para los aliados.

El desembarco de Normandía

    El 6 de junio de 1944, bajo la dirección del general norteamericano Eisenhower, jefe de los ejércitos aliados, se efectúa un desembarco en las playas de Normandía. Se abre así el reiteradamente pedido por Stalin "segundo frente" en Europa.

    La acción de los grupos de Resistencia en el interior de Francia retrasa considerablemente la llegada de los refuerzos alemanes; se establece una sólida cabeza de puente y los ejércitos aliados emprenden la liberación de Normandía y del oeste de Francia.

    El 15 de agosto de 1944 tiene lugar un segundo desembarco en las costas de Provenza, bajo el mando del general De Lattre de Tassigny; las tropas norteamericanas y francesas empujan a los alemanes hacia el norte.

    El 25 de agosto, París es liberado; el 1 de octubre, los aliados han alcanzado la frontera alemana de Bélgica y Holanda; en Alsacia, al sur, las tropas francesas han penetrado por la fisura de Belfort y, el 21 de noviembre, se apoderan de Mulhouse; al norte, entran en Estrasburgo el 23 de noviembre.

    Durante este tiempo, Hitler, que, el 20 de julio de 1.944 se ha salvado de un atentado contra su persona, emplea contra Inglaterra una nueva arma: las bombas volantes V1 y V2. La eficacia real de estas armas en relación con su coste fue mínima. Para estas fechas, la otrora triunfante y orgullosa Luftwaffe alemana ha sido prácticamente borrada de los cielos europeos.

El asalto al Reich

    Las tropas alemanas siguen por todas partes batiéndose con fanático encarnizamiento; en diciembre de 1944 lanzan una última ofensiva en un intento de recuperar la iniciativa en el Oeste. Es la ofensiva de las Ardenas. El avance alemán es reprimido con gran dificultad por los norteamericanos, hasta ser definitivamente detenido en febrero de 1945 gracias en gran parte a su aplastante superioridad aérea.

    Entonces los ejércitos aliados franquean el Rhin y se dirigen al encuentro del ejército soviético. Desde el Este, el rodillo soviético aplasta toda resistencia alemana. Se combate ya en el propio territorio del Reich. Hitler da orden de resistir fanáticamente hasta el último cartucho. Se movilizan para la lucha a niños y ancianos.

   El 30 de abril de 1945, Hitler se suicida en su búnker en Berlín, invadido por las tropas rusas. El 7 de mayo en Reims, y al día siguiente en Berlín, generales alemanes firman la capitulación sin condiciones de todos los ejércitos del Reich Aleman.

Fin de la guerra en el Pacífico

    La guerra aún continuaba en el Pacífico. El 6 de agosto, un bombardero estadounidense arroja sobre Hiroshima la primera bomba atómica de la Historia, que destruye por completo la ciudad y se lleva la vida de 250.000 seres humanos. El 9 de agosto, se arroja una segunda bomba atómica sobre Nagasaki. El 14 de agosto de 1.945, el gobierno japonés se rinde incondicionalmente.

Consisderaciones finales

    Aunque estaba claro desde mediados de 1.942 que Alemania perdería la guerra al no poder soportar tantos frentes abiertos, la obstinación de Hitler y el fanatismo y fé en el Führer de sus partidarios abocaron a Alemania y al resto del mundo a una catástrofe humana y material de increibles proporciones.

   Se estima que la guerra costó la vida a unos 60 millones de seres humanos. Las pérdidas más considerables fueron sufridas por la Unión Soviética (19 millones), Alemania (6 millones) y Japón (3 millones). Además, muchísimas ciudades y pueblos enteros, de Europa y Japón principalmente, quedaron reducidos a montones de ruinas.

FASE I: SUPREMACÍA DEL EJE.

Guerra Relámpago contra Polonia..

El plan de batalla alemán

    La táctica establecida por el alto Mando alemán es apresar a las tropas que oponga Polonia en una maniobra de doble tenaza:

Ramal del Norte, dirigido por el coronel general Von Bock:

III Ejército: Von Küchler.

IV Ejército: Von Kluge.

Ramal del Sur, mandado por el coronel general Von Rundstedt:

III Ejército: Von Blaskowitz.

X Ejército: Von Reichenau.

XIV Ejército: List.

    Se ponía en prática el concepto de blitzkrieg, o "guerra relámpago", basada en tres premisas fundamentales:

1. Los blindados debían constituir cuerpos autónomos y librar sus combates sin preocuparse de las divisiones de infantería, que los seguirían a distancia y ocuparían el terreno conquistado. No es tarea de las divisiones panzer consolidar el terreno, sino avanzar constantemente y abrir brechas en el sistema defensivo enemigo; "en el movimiento está la victoria" sentenció Guderian.

2. Dado que todo ataque supone una preparación de artillería, y que un avance rápido de los blindados impide la utilización de la artillería clásica (que no puede ser llevada a tiempo sobre el terreno), debe ser la aviación, utilizada en masa, la que se encargue del bombardeo intensivo de las líneas enemigas y de desorganizar sus comunicaciones.

3. Por último, un ataque rápido requiere la presencia física de los jefes a la cabeza de sus ejércitos, no en puestos de mando alejados del frente. Esto permitirá tomar decisiones rápidas sobre el mismo terreno e improvisar, facilitando una rápida penetración en el frente y el desconcierto en las filas del enemigo.

Las operaciones militares

    El 1 de septiembre de 1.939, las tropas alemanas, sin previo aviso, invaden Polonia.

    El ejército polaco, que en opinión de sus generales estaba dsipuesto a repeler una agresión alemana, había sido sobrevalorado por Alemania, Gran Bretaña y Francia como se pudo comprobar cuando se enfrentó a la maquinaria bélica alemana, moderna, bien pertrechada y comandada.

    El ejército polaco llega a efectuar valerosas (aunque inútiles) cargas de caballería contra los blindados alemanes, y su infantería, que sólo opone una cierta resistencia al principio, es aplastada y desorganizada por la Wehrmacht y los bombardeos tácticos de los stukas de la Luftwaffe.

    El día 14, Varsovia es cercada. Hitler la hace bombardear durante cuatro días.

    Por otra parte, el 17 de septiembre, la Unión Soviética ocupa la porción oriental de Polonia, que le ha sido reservada a título de zona de influencia por el Pacto germano-soviético. Stalin alegó que ocupaba dicha zona para "defender a los bielorrusos" y que no constituía acto de guerra porque el Estado polaco había "virtualmente dejado de existir".

    La rendición de Polonia se producirá el 27 de septiembre de 1.939. El 28 de septiembre, una ligera modificación fronteriza completa los acuerdos secretos para el reparto de Polonia entre Hitler y Stalin: Alemania cede Lituania a la URSS y ésta acepta que la frontera germano-soviética retroceda ligeramente hacia el este.

Resultados de la Campaña de Polonia

    Como resultado de la campaña de Polonia, la Wehrmacht captura 477.000 prisioneros. El Ejército Rojo, 217.000.

    Pérdidas de los ejércitos alemanes:

Muertos, 10.572.

Heridos, 30.322.

Desaparecidos, 3.409.

Maniobras de diversión francesas

    Conforme a los acuerdos militares franco-polacos, el Estado Mayor francés lanza sus tropas al combate en el noreste de la frontera franco-germana.

    El comandante en jefe de los ejércitos franceses es el general Gamelin; el general que manda el frente del noreste es el general Georges.

    El ataque francés (III, IV y V Ejércitos) se lleva a cabo el 7 de septiembre en dirección al Sarre.

    Esta operación de diversión no cambia en nada la suerte militar del frente polaco y, a partir del 16 de octubre, el ejército francés se repliega y se instala en la línea Maginot.

La Guerra de Invierno Ruso-Finesa.

La situación en noviembre de 1.939

    En los primeros compases de la II Guerra Mundial, la URSS, alarmada ante la posibilidad de una ofensiva alemana a través de Finlandia, reclamó a este país la cesión de una zona próxima a la ciudad rusa de Leningrado (actual San Petersburgo). Los fineses se negaron a satisfacer dicha petición. La guerra comenzó el 30 de noviembre de 1.939 y se prolongó hasta el 12 de marzo de 1.940.

El ataque soviético

    La URSS atacó Finlandia el 30 de noviembre tras haber roto las relaciones diplomáticas con este país y sin una previa declaración de guerra. La fuerza aérea soviética bombardeó Helsinki y otras ciudades, la armada atacó varios puertos fineses y el Ejército Rojo penetró en el país. Los soviéticos desplegaron veinte divisiones completas a lo largo de los 1.537 km de frontera.

    El Ejército permanente de Finlandia, formado por tres divisiones de infantería, una brigada de caballería y una compañía de tanques al comienzo de la guerra, fue reforzado con tropas de reserva, algunas de las cuales no habían completado su instrucción. Con estas fuerzas, el general finés Carl Gustaf Emil von Mannerheim se enfrentó al enemigo en cinco frentes.

    El Ejército Rojo lanzó su primera ofensiva sobre una serie de fortificaciones denominada Línea Mannerheim, situada en el istmo de Carelia. Los fineses resistieron en esta posición. Las cuatro divisiones soviéticas destinadas al norte de la Línea Mannerheim avanzaron durante los primeros días del mes de diciembre, pero en el mes de febrero los fineses pudieron cortar las líneas de suministros y comunicaciones del Ejército Rojo y obligaron a retirarse a sus columnas más avanzadas.

    Las repetidas derrotas provocaron una reorganización de la cúpula militar soviética y el mariscal Semión Konstantínovich Timoshenko asumió el mando de las operaciones. El curso de la guerra cambió inmediatamente. Timoshenko concentró 300.000 hombres frente a la Línea Mannerheim y apoyó esta ofensiva con la artillería y ataques aéreos.

El derrumbe de la defensa finesa

    Desde el 1 hasta el 10 de febrero de 1.940, las fortificaciones de la Línea Mannerheim fueron sometidas a un intenso bombardeo. La posterior guerra de desgaste ocasionó un importante número de bajas en el ejército soviético, pero éste logró vencer la resistencia finesa. Las tropas soviéticas lanzaron una fuerte ofensiva sobre Summa el 14 de febrero y conquistaron esta ciudad. El 23 de este mes avanzaron hacia Víborg, la ciudad clave del flanco occidental de la Línea Mannerheim, que fue ocupada el 11 de marzo por el Ejército Rojo. La lucha cesó el 12 de marzo de 1.940.

El resultado del conflicto

    Los soviéticos perdieron 273.000 hombres, 1.600 carros y 684 aviones frente a 24.923 bajas finlandesas en la llamada Guerra de Invierno.

    Los términos del tratado de paz impuesto a Finlandia por la URSS obligaban a los fineses a entregar las siguientes posesiones: 41.888 km2 de su territorio, incluido el istmo de Carelia, en el que se encontraban la ciudad y la bahía de Víborg, además de sus islas; la costa norte y occidental del lago Ladoga, junto con las ciudades de Käkisalmi (en la actualidad Priozersk), Sortavala y Suoyarvi; varias islas estratégicas situadas en el golfo de Finlandia; y parte de las penínsulas de Rybachiy y Sredniy.

    Los fineses tuvieron que acceder a arrendar la península de Hangö y las islas de los alrededores a los soviéticos durante un periodo de treinta años para establecer allí una base militar. Asimismo, se permitió el tránsito libre de mercancías y ciudadanos soviéticos a lo largo de la provincia de Petsamo (en la actualidad Pechenga) y se limitó las fuerzas militares finesas.

Guerra Naval: acciones preliminares.

Antecedentes

    Después de la derrota de 1.918, y tras el hundimiento de la flota por sus propias dotaciones, la marina alemana estaba humillada. Según las imposiciones del Tratado de Versalles, la Reichmarine debía ser reducida a seis viejos acorazados, seis cruceros ligeros, y doce destructores.

    En 1.921 se produce la botadura del Emden, un pequeño crucero ligero que se ajustaba a las normas del Tratado de Versalles. La Reichmarine había comenzado su reconstrucción. Pero a pesar de la llegada de Hitler al poder, y de aprobar un ambicioso plan de construcciones navales, la recién creada Kriegsmarine (Marina de Guerra) no estaba preparada para afrontar un conflicto.

    El 3 de septiembre de 1.939, el Gran Almirante Raeder escribe: "Nuestras fuerzas de superficie son tan inferiores en número y potencia a las de la flota británica, que no podrán hacer otra cosa mejor que enseñar como se puede morir valientemente, y poner así los cimientos de una futura reconstrucción".

    Aún así la Kriegsmarine nunca renunció a la victoria y optó desde un principio por planes ofensivos. En la vanguardia del ataque se encontraba la flota de submarinos, la U-Bootwaffe, que estuvo más cerca que ninguna otra arma alemana de alcanzar la victoria.

Balance de fuerzas

    Sin considerar sus efectivos en el Pacífico, Gran Bretaña disponía para su defensa en Europa de cuatro flotas: dos en el Mediterráneo, una con base en Gibraltar y otra con base en Egipto, protegiendo los accesos al mismo, otra flota en el Atlántico, protegiendo el vital tráfico marítimo con América, y la Home Fleet, con base en la propia Gran Bretaña, y con la misión directa de proteger a la misma.

    En 1.939, únicamente con los efectivos de la Home Fleet, la Royal Navy superaba ampliamente en número a los buques de superficie de toda la Kriegsmarine. Considerando además que Italia no había entrado aún en guerra, la flota germana se encontraba en grave inferioridad respecto a las marinas de guerra aliadas.

    Como argumentos a favor, la Kriegsmarine contaba con una flota recién reconstruida, y por tanto más moderna. Muchos de los buques de línea británicos eran viejos, casi todos los acorazados de la Royal Navy eran de la I Guerra Mundial y todos los portaaviones, menos el Ark Royal, eran de los años 20.

    Los navíos alemanes contaban con una modernas piezas de artillería que daban prioridad a la rapidez de tiro frente al calibre de los cañones. El blindaje de los mismos y su compartimentado habían sido objeto de atención especial, y los instrumentos ópticos, en particular los telémetros, eran inigualables. En frente, los buques británicos contaban con superioridad tecnológica en el uso del rádar.

Estrategia de la Kriegsmarine

    El Oberkommando der Kriegsmarine (O.K.M.), Alto Mando de la Marina de Guerra alemana, había llegado al convencimiento de que no era posible obtener la victoria en el mar mediante la destrucción directa de la flota británica, la Royal Navy, simplemente porque la Kriegsmarine carecía de suficientes barcos de superficie.

    Descartado un suicida ataque frontal a la Royal Navy, la Kriegsmarine sólo podía optar por efectuar tácticas corsarias: ataques rápidos al tráfico marítimo británico mediante el uso de submarinos, apoyados cuando se podía por la flota de superficie. Los U-boote y los buques corsarios alemanes, diseminandos por el Atlántico, operaban de froma autónoma y tenían como objetivo el entorpecimiento de las comunicaciones marítimas de Gran Bretaña, vitales para la economía de la misma, y la distracción en el Atlántico del mayor número de buques de guerra británicos, alejándolos del Canal de la Mancha.

Operaciones preliminares

    Desde el comienzo de la guerra, las fuerzas Aliadas efectuaron un bloqueo naval contra Alemania. No obstante, como en Alemania se contaba con ello, se había hecho regresar a tiempo a la mayor parte de la flota mercante, y se tomaron medidas para autoabastecerse de materias primas y materiales manufacturados o adquirirlos a paises satélite o neutrales del centro y este de Europa.

    El 3 de septiembre de 1.939 operaban 18 U-boote en el Atlántico, 21 en el Mar del Norte y 10 en el Báltico. Los acorazados de bolsillo Admiral Graf Spee y Deutschland se habían hecho a la mar desde el puerto de Wilhelmshaven los días 21 y 24 de agosto respectivamente para tomar posiciones y evitar el bloqueo que provocaría una posible contienda. Junto a ellos salieron dos petroleros, el Altmark para el Graf Spee y el Westerwald para el Deutschland, con la función de abastecer de petróleo a los dos acorazados.

    El Graf Spee al mando del capitán de navío Hans Langsdorff fue enviado al Atlántico sur, y el Deutschland al mando del capitán de navío Paul Wenecker al Atlántico norte. Su misión era la de situarse en posiciones de espera. El ataque al tráfico marítimo únicamente se produciría en caso de guerra.

    Ese mismo día, pocas horas después de la declaración de guerra de Gran Bretaña y Francia a Alemania, el U-30 al mando del teniente de navío Fritz-Julius Lemp torpedeó y hundió al trasatlántico británico Athenia (13.000 tn) que navegaba con las luces apagadas y haciendo zig-zag. Todos los buques alemanes habían recibido la orden de hacer la guerra de acuerdo con los tratados internacionales, y ningún submarino debía atacar a barcos mercantes no escoltados a no ser que las dotaciones se pudiesen salvar en los botes. Lemp afirmó a su regreso que había confundido al Athenia con un crucero auxiliar.

    El 4 de septiembre se transmitió la siguiente orden a todos los U-boote: "Por orden del Führer y hasta nuevo aviso no debe tomarse ninguna acción hostil contra transatlánticos aún cuando naveguen escoltados." Se pretendía evitar así cualquier incidente con los Estados Unidos como ya había ocurrido en la I Guerra Mundial con el hundimiento del Lusitania.

    El 7 de septiembre se ordenó a los acorazados de bolsillo Deutschland, que operaba en Groenlandia, y el Graf Spee, en la zona de Pernambuco, que se mantuviesen en posición de espera.

    El Almirantazgo británico decidió entonces poner cerco a los U-boote utilizando sus portaaviones. Pero este primer intento resultó un fracaso. El 14 de septiembre el U-39 al mando del teniente de navío Gerhard Glattes, atacó al portaaviones británico Ark Royal al noroeste de Irlanda, y aunque no tuvo éxito debido a la explosión prematura de sus torpedos de espoleta magnética, fue un serio aviso de lo que podía ocurrir. El U-39 sería hundido después por los destructores de escolta británicos Faulknor, Foxhound, y Firedrake convirtiéndose en el primer U-boot destruido de la guerra. Glattes y toda su tripulación fueron hechos prisioneros.

    Apenas tres días después, el 17 de septiembre la Royal Navy recibió un duro golpe, el U-29 al mando del teniente de navío Otto Schuhart torpedeó al portaaviones Courageous (22.500 tn) a 200 millas al oeste de Irlanda. El buque británico recibió el impacto de dos torpedos en la banda de babor y se hundió en 15 minutos llevándose consigo la vida de 518 hombres.

    Esta pérdida obligó al Almirantazgo a retirar sus portaaviones de la patrulla antisubmarina, y basar toda su defensa en el sistema de convoyes. Por otra parte, en Alemmania, la vieja polémica sobre la vulnerabilidad de los portaaviones se reavivó. Como resultado, el O.K.M. detuvo la construcción del portaaviones Graff Zeppelin.

    El 20 de septiembre el U-27 al mando del teniente de navío Johannes Franz fue hundido al oeste de Escocia por los destructores británicos Fortune y Forrester, aunque toda su tripulación se salvó y fue hecha prisionera.

    El 23 de septiembre, ante la insistencia de Raeder, se autorizó a los U-boote para atacar sin previo aviso a los barcos mercantes enemigos, excepto los transatlánticos. El 26 de septiembre se dio orden para que el Deutschland y el Graf Spee abandonasen sus posiciones de espera y entraran en acción. El  Graf Spee hundió al mercante británico Clement (5.050 tn) el 30 de septiembre.

    Con estos resultados terminó el mes de septiembre de 1.939: 53 barcos mercantes británicos y el portaaviones Courageous hundidos, 41 de estos buques (153.800 tn) por la acción de los U-boote. Los alemanes por su parte perdieron dos submarinos, el U-39 y el U-27.

La Batalla del Río de la Plata

    La presencia del acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee en el Atlántico Sur estaba produciendo graves trastornos al despliegue de las fuerzas navales Aliadas. En la pesecución del buque de guerra alemán se encontraban empeñados cinco portaaviones y 18 acorazados y cruceros distribuidos en nueve grupos.

    Al amanecer del 13 de diciembre de 1.939, los cruceros británicos Exeter, Ajax, y Achilles, pertenecientes a la llamada "Fuerza G", avistaron al acorazado de bolsillo alemán Graf Spee a 250 millas al nordeste de Punta del Este, en el estuario de la Plata. El crucero Cumberland, perteneciente también a la "Fuerza G", estaba siendo reparado en las Islas Malvinas.

    El commodoro Harwood, al mando de los cruceros británicos decidió interceptar al enemigo. Debido al menor alcance de su artillería dividió su fuerza en dos grupos, el Exeter por una parte, y el Ajax y Achilles por otra. La idea era aprovechar la velocidad superior de sus cruceros para poder así concentrar toda su artillería sobre el enemigo, y al mismo tiempo dividir la artillería del Graf Spee.

    El capitán de navío Hans Langsdorff, comandante del Graf Spee confundió en un principio a los cruceros británicos con un convoy mercante, y fue al encuentro de los mismos con la intención de entablar un combate directo, en lugar de mantenerse fuera del alcance de la artillería enemiga y aprovechar el mayor calibre y alcance de sus piezas de 280 mm.

    En potencia de fuego, la superioridad del Graf Spee era manifiesta, aunque los cruceros británicos eran mucho más rápidos. A las 06:16, el Exeter se separó del grupo y puso rumbo al Oeste, mientras que los otros dos cruceros ponían proa al Norte. A las 06:17, el Graf Spee abrió fuego a unos 20.000 metros con sus seis cañones de 280 mm contra el Exeter, que respondió a las 06:20 con sus seis cañones de 203 mm.

    La Batalla del Río de la Plata había comenzado. A las 06:21, el Achilles abrió fuego con sus 8 cañones de 152 mm, y a las 06:23 le siguió el Ajax pero no lograron ningún impacto. A las 06:23, un proyectil de 280 mm del Graf Spee puso fuera de combate la torre B del Exeter alcanzando también el puente de mando donde hubo numerosos muertos aunque el comandante, el capitán de navío Bell, logró salvar la vida. A las 06:32 la distancia de tiro entre el Graf Spee y el Exeter se redujo a unos 10.000 m, y el Graf Spee puso proa al Norte evitando así una salva de torpedos lanzada por el Exeter un minuto antes.

    A las 06:38, el Exeter giró a estribor y lanzó sin éxito otra salva de torpedos, después volvió a poner rumbo al Oeste. El Graf Spee que también había sido alcanzado por un proyectil del Exeter aunque sin consecuencias, puso proa al Oeste con la intención de distanciar a sus enemigos, al mismo tiempo que se protegía con una nube de humos para evitar ser torpedeado por los cruceros ingleses que ahora se encontraban a una buena distancia para hacerlo.

    El Graf Spee alcanzó de nuevo al Exeter poniendo fuera de combate la torre A. A éste sólo le quedaba la torre de popa con las dos piezas de 203 mm, estaba escorado a una banda, la proa se sumergía bajo el agua y la cubierta estaba en llamas, pero seguía manteniendo contacto. El Ajax había catapultado un avión para evitar la cortina de humo del Graf Spee, y junto con el Achilles pusieron rumbo al Oeste.

    A las 06:56 los dos cruceros británicos pusieron proa al Noroeste para poder disparar sus piezas de popa, y la distancia de tiro aumentó a 15.000 m. A las 07:16, Harwood cayó a babor con sus dos cruceros para aproximarse al Graf Spee que se acercó al Exeter para intentar rematarlo al mismo tiempo que mantenía la distancia con el Ajax y el Achilles. Pero los dos cruceros británicos seguían manteniendo contacto debido a su mayor velocidad.

    Entonces, a las 07:21, el Graf Spee puso proa hacia ellos, y con un proyectil de 280 mm puso fuera de combate dos torres del Ajax y dejó fuera de combate al Exeter, que se retiró hacia las Malvinas a una velocidad de 6 nudos a las 07:30.

    A las 07:40 los británicos interrumpieron el combate. El Graf Spee lanzó sin éxito una salva de torpedos contra el Ajax y luego, levemente averiado, pero con escasez de víveres y combustible, puso proa a la entrada del Río de la Plata.

    El Ajax (al que sólo le quedaba una torre en funcionamiento) y el Achilles se alejaron unas millas pero sin perder contacto del todo.

    El Graf Spee entró en Montevideo a las once de la noche de ese mismo día, quedando el estuario del Plata vigilado por los cruceros ingleses, a los que se incorporó el Cumberland el día siguiente.

    Los convenios internacionales concedían al Graf Spee el derecho a permanecer en puerto neutral 72 horas, pero necesitaba más tiempo para efectuar reparaciones. Comenzó entonces una ardua lucha diplomática entre los representantes británicos y alemanes frente al Gobierno uruguayo.

    Langsdorff consultó con Berlín la conveniencia de dejar capturar su barco o hundirlo en el estuario. No veía otra solución, ya que consideraba imposible causar daño al enemigo, que le esperaba con una superioridad aplastante.

    Finalmente, no habiendo podido prolongar el plazo de permanencia en puerto neutral, el Admiral Graf Spee fue hundido a nueve millas del canal de acceso a Montivideo por su propia dotación el 17 de diciembre de 1.939, ante una multitud de espectadores. La tripulación, embarcada en remolcadores, llegó a Buenos Aires.

    Tres días más tarde Langsdorff se suicidó. Gracias a las fotografías del agregado naval británico en Montevideo, el Servicio de Inteligencia en Londres descubrió atónito que el Graf Spee tenía en el puente una enorme antena de radar.

Ofensiva en el Oeste: La Batalla de Francia.

La situación tras la campaña de Polonia

    Solamente después de terminar la campaña contra Polonia, y una vez rechazada la oferta de paz proclamada por Hitler el 6 de octubre en el Reichstag a Gran Bretaña, comenzaron los preparativos para lanzar una nueva Blitzkrieg en el Oeste de acuerdo con su Directiva nº 6 emitida 9 de octubre de 1.939.

    Nada había sido planeado previamente puesto que Hitler esperaba que la situación se resolviese de manera similar a como se desarrolló con Checoslovaquia. Desde luego no esperaba que Francia y Gran Bretaña cumpliesen sus compromisos con Polonia y que tras la invasión se desencadenase la guerra con ambas potencias.

    Inicialmente la ofensiva en el Oeste estaba planeada para que se desarrollase en noviembre de 1.939, de cara a no dar más tiempo para preparar la defensa al enemigo. Hitler se sentía moderadamente seguro de no comprometerse en una guerra de dos frentes merced al pacto de no-agresión con la Unión Soviética.

    Mientras tanto, las tropas rusas habían ocupado la parte de Polonia acordada en la claúsula de reparto firmado en el pacto germano-soviético y los Estados bálticos. El 30 de noviembre atacaron Finlandia. Esta guerra ruso-finlandesa provocó cierta inquietud en los mandos alemanes que no se fiaban demasiado de la amistad con los rusos.

    Desde el mes de octubre de 1.939 hasta la gran ofensiva alemana de mayo de 1.940, las tropas francesas y alemanas van a permanecer en sus posiciones que bordean la frontera, limitándose a realizar algunos golpes de mano y escaramuzas, y manteniéndose unas y otras en posición defensiva.

    Estos nueve meses de "tregua" corresponden a esta guerra de chiste (drôle de guerre para los franceses, komische krieg para los alemanes, funny war para los británicos).

    Sin embargo, las intenciones militares de los dos beligerantes están lejos de corresponder a esa definición.

1. Del lado francés: el alto mando, que cree en el valor de la Línea Maginot como en un dogma militar absoluto, espera firmemente un ataque alemán que, según él, será rápidamente anulado.

2. Del lado alemán: Hitler, con el estímulo de sus victorias en Polonia, proyecta una guerra del mismo tipo en Francia.

    La fecha de la ofensiva general es cambiada repetidas veces por Hitler: el 7, el 9, el 13, el 16, el 20 de noviembre; después, el 4, el 6, el 12 de diciembre. Pero la lluvia sigue cayendo a mares, y Hitler aplaza su ofensiva sine die.

El plan Amarillo

    El plan de ataque alemán en el Oeste, Fall Gelb (Plan Amarillo), en su concepción original era un calco del plan seguido en la I Guerra Mundial, el Plan Schlieffen, aunque con algunas variantes tácticas debidas a la existencia de la Línea Maginot.

    El General Alfred von Schlieffen antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército alemán desde 1.891 hasta 1.906, había propuesto a principios de siglo atacar Francia por el flanco derecho, avanzando por la costa del Canal de la Mancha y cruzando el Somme para luego caer al Oeste de París y cercar al ejército francés, obligándolo a capitular.

    Aunque el plan obtuvo algún éxito en los primeros compases de la guerra, la ofensiva fue perdiendo fuerza y finalmente se detuvo en el Marne originando una guerra de desgaste frente a una de movimientos.

    Descartado totalmente un asalto frontal contra la Línea Maginot, y cualquier incursión por la poco fortificada región de las Ardenas por considerarse poco propicia para el paso de infantería y blindados, el O.K.W. había propuesto lanzar el ataque principal por el ala derecha, a través de Holanda y el Norte de Bélgica.

    Según el orden de operaciones del 29 de octubre, el plan era el siguiente:

    Al Norte el Heeresgruppe B (Generaloberst Fedor von Bock). Compuesto por 4 ejércitos, debía lanzar el ataque principal con 43 divisiones (diez de ellas acorazadas). De Norte a Sur, el 18º Armee entraría en Holanda, el 6º Armee atacaría al Norte de Lieja en dirección Bruselas, y el 4º Armee atacaría al Sur de Lieja hasta llegar a la línea del Somme y la costa del Canal de la Mancha. El 2º Armee quedaría inicialmente como reserva móvil.

    En en Centro el Heeresgruppe A (Generaloberst Gerd von Rundstedt). Compuesto por 2 ejércitos debía cubrir el flanco Sur del Heeresgruppe B avanzando a través de las Ardenas hacia el Mosa con 22 divisiones. El 12º Armee avanzaría a través del Sur de Bélgica y Norte de Luxemburgo cruzaría el Mosa en Fumay y seguiría hasta Laon estableciendo una línea defensiva para proteger el avance del Heeresgruppe B. El 16º Armee algo más al Sur en Luxemburgo avanzaría hasta el Mosa y establecería posiciones defensivas frente a la Línea Maginot al Sur de Sedan.

    Al Sur el Heeresgruppe C (Generaloberst Ritter von Leeb). Compuesto por el 1º y 7º Armee se quedaría a la defensiva frente a la Línea Maginot con 18 divisiones.

    El objetivo principal del plan era la derrota de los Aliados en Bélgica y la ocupación de los puertos y bases de la costa del Canal, al norte del Somme, que proporcionarían bases a la Luftwaffe para poder continuar la guerra contra Francia y Gran Bretaña en unas condiciones más favorables. Únicamente después de haber conseguido este primer objetivo, el O.K.W. decidiría si continuar la ofensiva o pasar a la defensiva.

Manstein propone un plan alternativo

    Naturalmente no todos compartían la misma idea, el Generalleutnant Erich von Manstein se opuso a la idea de lanzar el ataque principal por el ala derecha e ideó un plan alternativo.

    En primer lugar rechazó por completo la idea de una victoria parcial mediante un ataque lanzado por el flanco derecho, ya que repitiendo la misma estrategia que en 1.914 se perdía el factor sorpresa. Manstein advirtió también que era imposible obtener una victoria total mediante un único y poderoso golpe, dado el gran número de fuerzas de las que disponía el enemigo.

    Si se quería una victoria decisiva habría que dividir el ataque en dos fases. En la primera habría que destruir el ejército Aliado en Bélgica dejando así el camino libre para una segunda fase en la que Francia que quedaría a merced de la Wehrmacht. Para Manstein, la única forma de destruir por completo al ejército Aliado en Bélgica era transfiriendo el peso principal del ataque al Heeresgruppe A, que debería lanzar un ataque sorpresa por el ala izquierda a través de la boscosa región de las Ardenas en el sur de Bélgica.

    Para ello el Heeresgruppe A debería de ser dotado de tres ejércitos en vez de dos, además de fuertes elementos acorazados. El 12º Armee cruzaría Bélgica y se dirigiría hacia la costa del Canal atrapando a las fuerzas enemigas enfrentadas al Heeresgruppe B por la retaguardia. El 2º Armee cruzaría el Mosa y se dirigiría hacia el Suroeste para hacer frente a cualquier contra ofensiva aliada contra el flanco Sur.

    Por último el 16º Armee tomaría posiciones frente al norte de la Línea Maginot.

   A comienzos de noviembre el O.K.W. comenzó a recibir las primeras noticias sobre el nuevo plan, aunque no se mostró de acuerdo con la idea. La decisión sobre la fecha y forma definitiva del ataque se aplazaba constantemente y más aún cuando comenzó el mal tiempo, que interrumpió las operaciones de la Luftwaffe y empeoró el estado del terreno.

    El 10 de enero de 1.940 un avión de la Luftwaffe quedó desorientado y aterrizó en la neutral Bélgica, el piloto llevaba consigo el plan original del ataque Oeste (basado en el Plan Schlieffen) que fue capturado por los aliados. Aún así, el orden de operaciones permaneció inalterado. La insistencia de Manstein en su propuesta le costó el puesto y a comienzos de febrero el O.K.W. le confió el mando del 38ºArmee-Korps en un intento de deshacerse de la molestia. El 17 de febrero de 1.940 Manstein fue llamado a Berlín, donde tuvo una entrevista con Hitler y pudo exponer su punto de vista.

El plan Manstein en detalle

    Hitler se mostró muy interesado y completamente de acuerdo con el nuevo plan. El 20 de febrero, Hitler ordenó el establecimiento de un nuevo y definitivo orden de operaciones de acuerdo con las ideas de von Manstein. Finalmente el 24 de febrero, en una reunión celebrada en Berlín con todos los jefes de los ejércitos del frente del Oeste presentes, el Oberbefehlshaber des Heeres Walter von Brauchitsch daba a conocer las nuevas intenciones:

    "La situación en el frente del Oeste ha cambiado radicalmente. Ingleses y franceses tienen preparada una fuerte defensa contra un ataque alemán a través de Bélgica. Documentos que han sido probablemente perdidos en el accidente aéreo ocurrido en Bélgica revelaron los planes. El Führer ha decidido por lo tanto que el ataque principal y concentrado lo de el Heeresgruppe A en vez de las tres puntas de lanza planeadas anteriormente. Para asegurar uniformidad en la acción del punto de ataque principal, se moverá el 4º Armee del Heeresgruppe B al Heeresgruppe A. El Heeresgruppe B mantiene el objetivo de ocupar Holanda, rompiendo a través de las fortificaciones fronterizas belgas, atrayendo el máximo número de fuerzas enemigas hacia él".

    En detalle, las órdenes eran las siguientes:

    El Heeresgruppe B, al mando del Generaloberst Fedor von Bock, cubriría el flanco Norte. El 39º Panzer-Korps de Schmidt, con la 9ª División Panzer en vanguardia, actuaría en el Sur de Holanda. El 16º Panzer-Korps de Hoepner (3ª y 4ª Panzerdivisionen), cruzaría el Mosa en Masstricht y avanzaría hacia el area de Gembloux, a lo largo de la línea del Mosa y el Sambre, cubriendo así el avance principal del Panzergruppe Kleist más al Sur y evitando dirigirse hacia Bruselas donde, posiblemente, encontraría una más dura resistencia.

    En el centro el Heeresgruppe A, al mando del Generaloberst Gerd von Rundstedt, llevaría el peso principal del ataque en el sector de las Ardenas. El 15º Panzer-Korps de Hoth (5ª y 7ª Panzerdivisionen), debía dirigirse hacia el Mosa y cruzarlo en Dinant. El Panzergruppe Kleist (41º y 19º Panzer-Korps), algo más al Sur, se dirigiría también hacia el Mosa. El 41º Panzer-Korps de Reinhardt (6ª y 8ª Panzerdivisionen), lo cruzaría al norte de Mézierès, y el 19ª Panzer-Korps de Guderian (2ª, 1ª y 10ª Panzerdivisionen), en Sedán.

    El Heeresgruppe C, situado al Sur hasta la frontera suiza, al mando del Generaloberst Ritter von Leeb, tenía la misión de esperar situado en posición defensiva frente a la Línea Maginot con el 1º y 7º Armee.

    La Luftwaffe tendría un papel fundamental en el ataque, y al igual que en Polonia, después de atacar los aeródromos enemigos procedería a apoyar directamente a las tropas de tierra. Se lanzarían tropas paracaidistas sobre la retaguardia enemiga, en Holanda, con la misión de tomar los principales puentes, y en Bélgica se atacaría el Fuerte de Eben Emaël.

    La Kriegsmarine por su parte no actuaría prácticamente en la operación y sólo mandaría algunos de sus U-Boote (submarinos) y lanchas torpederas al Canal de la Mancha.

Premisas del Plan Manstein

    El éxito de la operación residía en la velocidad con la que los blindados alcanzasen el Mosa y de cómo reaccionasen los Aliados en un principio. Una vez que las cabezas de puente al otro lado del Mosa estuviesen consolidadas, se darían ordenes de avanzar hacia el Canal de la Mancha, efectuando un "movimiento en hoz" hacia el Norte.

    Para ello se presuponían las siguientes condiciones:

1. Los blindados debían constituir cuerpos autónomos y librar sus combates sin preocuparse de las divisiones de infantería, que los seguirían a distancia y ocuparían y cosolidarían el terreno conquistado.

2. Dado que todo ataque supone una preparación de artillería, y que un avance rápido de los blindados impide la utilización de la artillería clásica (que no puede ser llevada a tiempo sobre el terreno), debe ser la aviación, utilizada en masa, la que se encargue del bombardeo intensivo de las líneas enemigas y de desorganizar sus comunicaciones.

3. Por último, un ataque rápido requiere la presencia física de los jefes a la cabeza de sus ejércitos; al contrario de lo que sucede en Francia (puestos de mando alejados del frente, a la moda de 1.914-1.918; Pétain, por ejemplo, mandó la batalla de Verdún instalado en Bar-le-Duc, en casa de Madame Varin-Bernier).

Compases iniciales de la batalla: La invasión de Bélgica y Holanda

    El 10 de mayo por la mañana, los ejércitos del Grupo B (Von Küchler y Von Reichenau), formados por diez divisiones acorazadas, 135 divisiones de infantería y apoyados por la fuerza aérea, penetran en Holanda y en Bélgica.

    El general Sponeck, jefe de las Fuerzas Especiales alemanas, con un batallón paracaidista y dos regimientos aerotransportados, asaltó La Haya e intentó, infructuosamente, capturar al gobierno holandés.

    Simultáneamente, la Luftwaffe arrasó Rotterdam, el principal nudo de comunicaciones, mientras la Wehrmacht atravesaba la frontera holandesa, haciendo que la confusión se apoderara del país.

   Los puentes de Rotterdam, Dordrecht y Moerdijk eran paso obligado de la principal ruta hacia el Sur. Sobre ellos saltaron cuatro batallones paracaidistas y un regimiento aerotransportado.

    Los holandeses no lograron volar estas vías y los alemanes, rápidamente, las ocuparon.

Una división de infantería enlazó sólo tres días después con la avanzada paracaidista para consolidar la posición. La flota mercante holandesa huye y se refugia en puertos británicos.

    El 6º Ejército alemán, al mando del general Walther von Reichenau, recibe la orden de invadir Bélgica. Para ello se debe cruzar primero el Canal Alberto. Los belgas esperan con los puentes principales listos para ser volados a la menor alarma. Un batallón aerotransportado fue lanzado sigilosamente tras las líneas belgas. Los alemanes capturaron por sorpresa los puentes antes de que fuesen volados.

    Quedaba aún otro obstáculo por salvar: el Fuerte de Ben Emael. El fuerte, considerado como "inexpugnable" es una fortaleza de hormigón armado de 700x900 metros de lado, con 35 casamatas de artillería e infantería cubriéndose mutuamente y rodeada de fosos artificiales y obstáculos naturales. El Fuerte de Ben Emael domina el área del Canal Aberto, el Mosa y el Canal Stich en dirección a Maastricht y protege los estratégicos puentes de Vrohenhoven, Veldwezelt y Canne. Los grandes cañones de Ben Emael alcanzan hasta Maastricht y Lieja y pueden batir cinco carreteras de primer orden en su sector.

    El 10 de Mayo, 85 comandos aerotransportados fueron lanzados desde once silenciosos planeadores de carga tipo TSS 230 sobre el mismo techo de la fortaleza armados con 50 kilos de explosivo de carga hueca capaz de hacer saltar planchas blindadas de 250 mm. El objetivo era destruir los puntos y cañones principales del fuerte. La maniobra sorpresa, para la que los comandos se entrenaron secretamente en maquetas a escala en Alemania, salió a la perfección. Los 1.200 soldados belgas que guarnecían el fuerte fueron hechos prisioneros. El camino a Francia quedaba expedito para las divisiones Panzer.

Compases iniciales de la batalla: el paso del Mosa

    El 12 por la tarde, mientras se libran duros combates desde Amberes hasta Namur y nada se mueve detrás de la Línea Maginot, los carros de combate del general Guderian (1º, 2º y 10º Panzer) nan cruzado sigilosamente el espeso macizo de las Ardenas y se encuentran apostados en el bosque de Sedán.

    El 13 de mayo a las 16 horas, Guderian lanza el asalto contra el Mosa. Los Panzer machacan las comunicaciones y posiciones francesas desde la orilla opuesta apoyados por la Luftwaffe. Entretanto, el general frances Huntziger está en su puesto de mando de Senac, a 50 km del frente.

    Tras una fuerte preparación artillera y bombardeos a cargo de los Stukas y Do 17, los alemanes echan primeros botes de goma al agua. Tras las lanchas hinchables van las barcazas y transportes de vehículos. A las 19 horas, el regimiento de asalto Grossdeutschland alcanza la famosa cota 147, que es el objetivo previsto por el Führer.

    Poco más tarde, todo el ala derecha del II Ejército francés huirá, presa de un pánico generalizado, en un "sálvese quien pueda" encabezado a veces por los oficiales superiores. Se huye ante el empuje de los Panzer y ante el bombardeo de los Stukas, que "pican" con un silbido infernal, pero todavía no ante el grueso de la infantería enemiga, que aún no ha llegado.

    Simultáneamente, la 7ª Panzerdivision del general Hoth -mandada por el general Rommel- ha hundido el ala izquierda del IX Ejército del general Corap, casi sin preparación aérea. En el lado francés reina la confusión y la falta de coordinación. No funcionan las comunicaciones por radio ni los correos personales. El general Corap ha perdido la visión de conjunto de todo un frente que comienza a desmoronarse.

    El 13 de mayo, hacia la medianoche, el general Gamelin -jefe supremo de las fuerzas armadas francesas- recibe las primeras noticias en su puesto de mando de Vincennes: "Se trata de un lío bastante serio por el lado de Sedán".

    En la noche del 13 al 14 de mayo, los jefes militares (los generales Georges, Huntziger y Billette) no se preocupan -como podría creerse- de reforzar la zona de operaciones del IX Ejército, sino de proteger la Línea Maginot, con el temor de que pueda ser cercada. En lugar de enviar reservas a Corap, éstas se dirigen hacia Huntziger o hacia Blanchard (para proteger el acceso clásico de Gembloux).

    En la mañana del 14 de mayo de 1.940 la batalla del Mosa está decidida. Todo se ha desarrollado conforme al plan alemán. El movimiento  en hoz puede irse cerrando a espaldas del grueso de las fuerzas francesas.

Desenlace de la batalla: Dunkerke

    Entre el II Ejército, que se repliega hacia el este, y el IX, que se repliega hacia el oeste, los Panzer profundizan el 14 y el 15 de mayo, después de aprovechar las cabezas de puente establecidas por Guderian y Rommel.

    El avance de los blindados es extremadamente rápido. El mismo Rommel, al mando de la 7ª Panzerdivion, avanzaba con su carro en vanguardia, penetrando en el despliegue enemigo e impartiendo órdenes según lo observado. Pero el aislamiento de los Panzer no es peligroso pues ante ellos sólo existe un inmenso ejército en desbandada del que no se teme ningún contraataque.

    Un ejemplo: el general Bruneau, que manda la 1ª División acorazada y que cuenta con 200 carros y 7.000 soldados de élite, recibe la orden de atacar a Rommel por el flanco; busca a su superior jerárquico antes de actuar, y no lo encuentra. Aunque lo hubiera encontrado, tampoco habría podido hacer nada: no sabía ni dónde estaban los depósitos de gasolina para alimentar a sus tanques.

       Sólo el general francés Charles de Gaulle contraatacó con su regimiento blindado, replegándose al poco tiempo acosado por los bombardeos de los Stuka.

    El General von Kleist, asustado por la audacia de sus subordinados, ordenó detener el avance, aunque Guderian, en una airada conversación telefónica, logró la autorización para marchar durante otras 24 horas. Avanzó con tal rapidez que, de nuevo, el Alto Mando alemán se asustó ante la posibilidad de un contraataque por el flanco. Hitler ordenó detener la ofensiva pero Guderian logró nuevamente que se rebatiese la orden.

    El mariscal de campo lord Gort, jefe del Cuerpo Expedicionario Británico, indica a su gobierno la posibilidad de retirarse a Dunkerke. Recibe por respuesta la orden de internarse en Francia y romper el cerco alemán. En el lado francés, Gamelín es sustituido por Weygand, que toma el mando el día 19 de mayo. Éste, anclado mentalmente en 1.918, no alcanza a comprender qué está ocurriendo.

    El 20 de mayo, Guderian alcanza el Canal de la Mancha, cortando las comunicaciones entre los Aliados y los belgas. Los británicos comprueban en Arrás que un contraataque es imposible y comienzan a replegarse a la costa.

    La mayoría de las tropas Aliadas se retira hacia el campo atrincherado de Dunkerque, donde una flota británica se apresta a repatriar a los combatientes a Gran Bretaña. El día 23 de mayo, los alemanes están en Gravelines, a 15 km. de Dunkerke. La maniobra de embolsamiento ha concluido atrapando en su interior a los Aliados.

    En ese crucial instante Hitler ordena a sus tropas detenerse. El Führer se ha dejado convencer por Göering, que deseoso de gloria personal, propone "que descansen las unidades Panzer" asegurando que la Luftwaffe se bastaría por sí misma para aniquilar a los Aliados en retirada. Los generales al mando de las tropas blindadas, decididos a aplastar al Cuerpo Expedicionario Británico en una maniobre de "yunque y martillo" formada por los Panzer en un extremo y la Infantería en el otro, claman en vano.

    La evacuación es autorizada por Londres el día 27. El Ejército belga se derrumba. Para proteger el embarque de tropas, amenazado por la Luftwaffe e infantería alemanas, Gran Bretaña emplea su fuerza aérea. Esta gigantesca batalla aérea, comenzada el 28 de mayo,llega a su fin el 4 de junio. La R.A.F. derribó 140 aviones alemanes y perdió 106 aparatos. La fanfarronería del máximo responsable de la Luftwaffe ha salvado al Cuerpo Expedicionario Británico de la total aniquilación.

    Al amanecer del día 4 de junio de 1.940, cuando el último barco Aliado deja tras de sí las playas, sembradas de cadáveres y material destruido, se han conseguido evacuar a 338.662 combatientes entre oficiales, suboficiales y tropa, entre ellos a 123.095 franceses.

    Los restantes 40.000 soldados franceses, al mando del general Fagalde, cayeron prisioneros de los alemanes. El destino de Francia quedaba sellado.

    Hitler ha ganado. Puede anunciar al mundo que ha destruido 75 divisiones, y capturado, herido o muerto a 1.200.000 enemigos, mientras que las pérdidas alemanas son mínimas (muertos: 10.255; heridos: 42.523; desaparecidos: 8.643.

La Batalla de Francia

    Culminada con éxito la primera fase de la operación, se trata ahora de invadir Francia. Hitler ya piensa en París.

    Francia cuenta aún con 70 divisiones propias, 5 británicas y 2 polacas. Al norte de París se establece un segundo frente, que aprovecha los cursos del Caen, el Aisne y algunos canales, hasta llegar al extremo de la Línea Maginot.

    El plan alemán es el siguiente:

El Heeresgruppe B (Von Bock) debe romper el frente del Somme y penetrar en Francia en abanico, hacia París, Lyón, los Alpes y el Mediterráneo por un lado, y hacia Bretaña y el Atlántico por otro.

El Heeresgruppe A (Von Rundstedt) cogerá de espaldas a los ejércitos del Este.

El Heeresgruppe C (Von Leeb) atacará Alsacia-Lorena y completará el cerco de Von Rundstedt.

    La defensa prevista por Weygand es la siguiente: mantener hasta el fin todas las posiciones clave aptas para ser defendidas en todas las direcciones (táctica conocida como defensa en erizo).

    Pero las 10 Divisiones Panzer alemanas que llevan el peso de la operación no atacan estas posiciones: se limitan a pasar por los huecos entre las mismas a toda velocidad desbaratando toda posibilidad de resistencia.

    El ejército francés ya no está en condiciones de resistir el empuje alemán: la Línea Weygand es atacada el 5 de junio en el Somme y hundida en la noche del 7 por los blindados de Hoth y de Rommel, que llegan a Forges-les-Eaux. El 9 de junio, tal como estaba previsto, von Rundstedt ataca a su vez en el Argonne.

    El 10 de junio, Italia declara la guerra a Francia. Friamente, Mussolini decía a su mariscal Badoglio: "necesito mil muertos para sentarme en la mesa con los vencedores". El Duce lanzó un desastroso ataque y obtuvo con creces esos muertos, pues las fuerzas francesas del sur, en la frontera franco-italiana, aunque desmoralizadas, baten completamente a unos militarmente incompetentes italianos.

    Mientras tanto, von Rundstedt Toma Reims, atraviesa el Marne y avanza sobre París, que es declarada ciudad abierta el día 11. En las carreteras, paralizando todos los movimientos de tropas, crece el enorme éxodo de civiles que empezó el día 12.

    Después del dramático consejo de ministros del 13 de junio de 1.940 en el castillo de Cangé, los acontecimientos se precipitan. El día 14 de junio, los alemanes entran en París, con el consiguiente quebranto de la moral francesa.   

El armisticio

    El primer ministro Reynaud presentó su dimisión. El presidente de la República, Lebrun, encargó formar gobierno al mariscal Philippe Petain (héroe de Verdún en la Gran Guerra), de 84 años. Contra la opinión de gran parte de su gobierno, Lebrun autorizó a Petain a negociar el armisticio.

    El 17 de junio, Petain transmite a Hitler una propuesta de armisticio. El 21 de junio empiezan las conversaciones entre Francia y Alemania. Tienen lugar en Rethondes, en el mismo vagón donde fue firmado el armisticio deshonroso -para Alemania- de 1.918. Hitler, los principales dignatarios del Tercer Reich y los jefes del ejército alemán están presentes.

    Imponen a los plenipotenciarios franceses, dirigidos por el general Huntziger un armisticio que respeta la República francesa parcialmente; Los alemanes establecen una zona de ocupación que comprende todo el Norte y la costa atlántica con vistas a ulteriores operaciones cntra Gran Bretaña. Dejan 40 departamentos del sur de Francia, la flota y las colonias bajo la obediencia del gobierno colaboracionista de Petain con sede en Vichy, permitiendo la existencia de un ejército de 100.000 soldados en suelo francés y 180.000 en las colonias.

    Además, son consideradas ciertas modalidades económicas y administrativas relativas al mantenimiento de las tropas de ocupación, a la entrega a Alemania de refugiados políticos alemanes, etc. La entrada en vigor del armisticio queda subordinada a la firma de un convenio análogo con Italia.

    El 22 de junio, Huntziger firma las convenciones franco-alemanas. El armisticio con Italia es firmado por los mismos plenipotenciarios el 24 de junio. El 25 de junio, a las 00 h 35 min, cesan las hostilidades en todos los frentes.

   Las pérdidas de la campaña de Francia son las siguientes:

Francia: 120.000 muertos.

Inglaterra: 3.500 muertos.

Bélgica: 7.000 muertos.

Holanda: 2.890 muertos.

Alemania: 27.074 muertos y 18.384 desaparecidos.

Alemania Contra Gran Bretaña: Lineas generales.

La situación en 1.940 tras la campaña de Francia

    Después de vencer a Francia, Hitler esperaba, a finales del mes de junio de 1940, que Gran Bretaña aceptaría negociar una paz que le dejara las manos libres para saciar sus sueños de dominación de Europa.

   El ataque inglés a Mazalquivir, el 3 de julio de 1.940, descarta toda esperanza de compromiso y el Führer va a tratar de reducir Inglaterra haciéndole una guerra feroz sobre su propio suelo, que somete a bombardeos, en el Mediterráneo y en el océano Atlántico.

La Batalla de Inglaterra

    El gran responsable de la Luftwaffe, el mariscal Goering, tiene la intención de destruir las vías de comunicación, las fábricas, los aeropuertos (Operación Aguila) y -si hay necesidad- aterrorizar a la población civil con el bombardeo de las ciudades (Operación Terror, "Terrorangriff").

    La ofensiva aérea contra Gran Bretaña ha empezado el 13 de agosto de 1.940; el bombardeo de terror no se inicia hasta el 6 de septiembre en Liverpool, para prolongarse, con un machacamiento intensivo de Londres, a partir del 7 de septiembre (el ataque más violento se produjo el 15 de septiembre).

    Desde el 6 de septiembre de 1.940 hasta enero de 1.941, la capital británica es bombardeada todas las noches (86 ataques aéreos consecutivos) y se lanzan sobre ella cerca de 7.000 toneladas de bombas por mes.

    Por descontado, las demás ciudades británicas también sufren estos ataques: Coventry es destruida en la noche del 14 al 15 de noviembre por 449 bombarderos.

La guerra en el Mediterráneo

    Cuando Hitler constata la ineficacia de sus ataques aéreos y renuncia a invadir Inglaterra, tiende un oído complaciente a las teorías del Estado Mayor de la Kriegsmarine: vencer a Inglaterra apoderándose de Gibraltar y de Suez.

    Dicho de otra forma, se trata de llevar la guerra al Mediterráneo. Pero las reticencias del general Franco, en España, impiden al Führer apoderarse de Gibraltar.

    Por el contrario, en Africa, los italianos ocupan la Somalia inglesa desde agosto de 1.940. En septiembre, el mariscal Graziani, sucesor del mariscal Balbo, penetra en Egipto y, venciendo a los británicos al mano del general Wavell, avanza hasta el pequeño poblado de Sidi-Barrani, donde se detiene a causa de no haber podido organizar su abastecimiento de agua.

    Al mismo tiempo, Mussolini extiende la guerra a los Balcanes y a Grecia y constituye así un segundo frente, en el que se verá obligada a intervenir Alemania a causa de la manifiesta incapacidad militar de los italianos para sacar la situación adelante por sí mismos.

El Oriente Próximo

    Inglaterra ha protegido y estimulado el sionismo, en especial desde 1.920. Esta actitud le acarrea la animosidad feroz del mundo árabe en el seno del cual tiene, sin embargo, poderosos intereses petrolíferos.

    En abril de 1.941, las bases británicas situadas en Irak (en Shaibeh y Habbaniya) se ven amenazadas por el hombre que ha tomado el poder en el país, Rachid Alí el-Gailani, reputado por su odio a los ingleses.

    La rebelión iraquí es dominada fácilmente, pero se ha complicado con un incidente grave: el general francés Dentz, residente general en Levante, ha apoyado la rebelión (entrega de armas, tránsito por Damasco de aviones alemanes).

    Winston Churchill se vale de este pretexto para invadir Siria (8 de junio de 1.941). A las fuerzas inglesas se unen otros 6.000 hombres, pertenecientes a la Francia libre y mandados por el general Legentilhomme.

    De Gaulle, para proteger los derechos de Francia en el Oriente Próximo, ha decidido esta intervención fratricida pese a los consejos de sus lugartenientes, entre los cuales está el futuro general Leclerc; no quiere que Inglaterra se apodere sola de Siria.

    La guerra de Siria dura un mes y medio: el 24 de julio, el general Dentz, vencido, firma la Convención de San Juan de Acre con las autoridades británicas, exigiendo que esté ausente el representante de la Francia libre (el general Catroux).

    De los 40.000 soldados que habían luchado por Vichy, unos 6.000 optaron por la Francia libre; los demás regresaron a la metrópoli, cargados de resentimiento.

Operación Leon marino: La Batalla de Inglaterra.

La situación en el verano de 1.940

    Teniendo en cuanta las experiencias vividas durante la I Guerra Mundial, los objetivos de la directiva nº 6 (relativa al Plan Amarillo, o sea, la campaña de Francia) eran muy limitados. En principio se debía conquistar "si era posible, una gran parte de Holanda, Bélgica y Norte de Francia", con el fin de disponer de una base de operaciones adecuada para la guerra naval y aérea que se pretendía seguir con Gran Bretaña. Los planes no iban mucho más allá. Una guerra activa contra el Reino Unido podría tener lugar, según el plan, como muy pronto en 1.942 o 1.943.

   Tras la Blitzkrieg contra Francia, la situación era muy distinta a la esperada. En el verano de 1.940 Alemania se hallaba en posesión, de modo indiscutible, de toda la costa atlántica, desde el Cabo Norte, en Noruega, hasta el golfo de Vizcaya. El Mando Supremo de la Wehrmacht (O.K.W.) y los Mandos supremos del Ejército (O.K.H.) y la Luftwaffe (O.K.L.), estaban sorprendidos de los propios éxitos. Nadie había contado con la posibilidad de conquistar Francia en unas pocas semanas. La pregunta inesperada era: "Y ahora...¿qué hacemos?".

    El único enemigo activo que quedaba en pie frente a Alemania era Gran Bretaña. El 4 de Junio de 1.940, dos días después de la retirada del Ejército Expedicionario Británico del continente, Winston Churchill -primer ministro desde Mayo- declaraba: "Lucharemos en las playas, lucharemos en los campos... nunca nos rendiremos". Pese a esta seguridad del premier británico, Hitler seguía convencido de que tarde o temprano los británicos se avendrían a un compromiso. El Ejército aleman llegó incluso a desmovilizar numerosas divisiones tras el armisticio con Francia, con la confianza de que en cualquier instante llegaría la paz.

    Pero la firmeza del Reino Unido supuso un serio contratiempo para Hitler, que no podía dejar permanentemente abierto el frente con Gran Bretaña. Stalin no pensaba desafiar a Hitler, por lo que Alemania no temía un ataque desde el Este, pero ante la caída de Francia, los EE.UU. iniciaron el primer reclutamiento realizado en tiempo de paz de su historia e incrementaron considerablemente su presupuesto militar.

    Los alemanes confiaban en vencer a los británicos obligándoles a que se rindieran por falta de suministros. La batalla del Atlántico comenzó en junio de 1.940 y en ella se recurrió a la guerra submarina para cortar el transporte de suministros británicos. Los alemanes contaban ahora con bases submarinas en Noruega y Francia. En los primeros momentos del conflicto, disponían únicamente de 28 submarinos, pero se estaban construyendo muchos más.

    Era cuestión de tiempo que la batalla del Atlántico arrastrase a la guerra a los Estados Unidos. Por ello, y sin ningún convencimiento, Hitler consideró el 1 de Julio la invasión de las islas británicas.

La Operación SeeLöwe (León Marino)

    Las tropas alemanas no habían realizado jamás una operación de desembarco en la que inspirar la que pretendían realizar. Tampoco existían los vehículos apropiados. Sólo quedaba el camino de la improvisación, y así se haría. En toda Alemania, Holanda, Bégica y Norte de Francia, se recogieron barcazas, vapores de navegación fluvial, gabarras, lanchas, etc. Todas estas embarcaciones pasaron a talleres, y en ellos se las reforzó, transformó y se las dotó de elementos especiales para el fin a las que se iban a destinar. Al tiempo, se seleccionaba al personal que habría de realizar la operación y se le daba una instrucción en materia de transporte de material y tropas, maniobras, etc.

    El almirante Raeder, al mando del Seekriegsleitung (Alto Mando de la Armada alemana), había preparado un informe exponiendo las ingentes dificultades que planteaba a la Kriegsmarine la realización de una operación anfibia contra las playas británicas. El 11 de Julio se entrevistó con Hitler para intentar disuadirle, pero el optimismo del general Jodl, que planteaba una operación de esta envergadura como "un cruce fluvial en un frente muy amplio", decidió al führer a firmar la Directiva nº 16, en la que se señalaba la estrategia a seguir para la Operación León Marino, que se ejecutaría a mediados de Agosto.

    Las premisas sobre las que se basaba la operación eran las siguientes:

  • Dominio absoluto del aire por medio del aniquilamiento de la aviación británica.

  • Inmovilización de la Armada británica, a la que la Luftwaffe mantendría alejada de la zona de operaciones.

  • Obtención de los medios de desembarco -lanchas y barcazas- y concentración de estos en los puertos de Ostende, Calais y Boulogne.

  • Rastreo de las minas en una ancha faja del Canal.

  • Mantenimiento por tiempo indefinido de la situación descrita para garantizar el aprovechamiento de la fuerza desembarcada.

    Para asegurar el éxito de la operación, el O.K.W. pretendía inicialmente desembarcar 40 divisiones -200.000 hombres- en un frente comprendido entre Ramsgate a la isla de Wight, como primer objetivo operacional.

    La situación general obligaba al Almirantazgo británico a una estricta economía de fuerzas. Tenía dos flotas en el Mediterraneo: una en Alejandría y otra en Gibraltar. En el Atlántico mantenía una protección del tráfico marítimo que entretenía a una cantidad destacada de escoltas. Con todo, la fuerza encargada de la defensa de las islas, la Home Fleet, era ella sola muy superior al total de efectivos de la Kriegsmarine.

    Raeder insistía en que antes de plantearse el desembarco era necesario asegurarse el aniquilamiento de la Royal Air Force. Una vez lograda la superioridad aérea se podría dejar fuera de combate a la Home Fleet, destruyendo sus naves, puertos e instalaciones.

    El 31 de Julio, Hitler aceptó posponer el desembarco hasta mediados de Septiembre y reiteró, al día siguiente, la orden a la Luftwaffe de aplastar a la R.A.F. por todos los medios disponibles. La Operación Seelöwe quedaría de este modo supeditada a la neutralización previa de la Fuerza Aérea británica: "Si tras ocho días de intensa guerra aérea la Luftwaffe no logra obtener una destrucción significativa de las unidades aéreas enemigas y de sus puertos, la operación se aplazará hasta Mayo de 1.941".

    Por lo tanto, la batalla de Inglaterra se desarrolló en el aire, no en las playas. Gran Bretaña estaba sola ante las fuerzas desplegadas por Hitler y su única defensa posible se basó en sus Fuerzas Aéreas comandadas por el teniente general Sir Hugh Dowding.

La Batalla de Inglaterra

   Mientras la Wehrmacht quedaba detenida frente al Canal de la Mancha, Hitler inició la ofensiva por el aire, como fase preliminar a la Operación León Marino, comenzaba la Batalla de Inglaterra. Las fuerzas que utilizó Alemania en la masiva batalla aérea que se produjo a continuación, fueron muy superiores a las británicas.

   La Luftwaffe, a las órdenes de Goering, que operaba principalmente desde los aeródromos de Bélgica y Francia, disponía en total de unos 2.670 aviones (Junkers, Dorniers, Heinkels, Stukas, Focke-Wulfs y Messerschmitts), mientras que Dowding contaba únicamente con unos 650 Spitfires y Hurricanes, repartidos en 52 escuadrones, y la ventaja logística, proporcionada por una serie de estaciones de radar que permitían determinar el número y el curso de posibles formaciones enemigas para interceptarlas, así como una mayor facilidad para repostar en combate.

Batalla de Inglaterra: I Fase

   El ataque aéreo sobre Gran Bretaña se inició el 10 de julio de 1.940 y estuvo dirigido contra los barcos y los puertos del sur de Inglaterra, desde Dover a Plymouth, así como contra los covoyes británicos que operaban en el Canal. Esta fase llegó a su punto culminante el 15 de agosto. Ese día se lanzaron sobre Inglaterra 1.800 aviones alemanes en cinco oleadas, sobre un frente de 500 millas. Por parte británica entraron en combate el total de las 22 escuadrillas con las que contaba la R.A.F. Las pérdidas fueron de 76 bombarderos alemanes frente a 34 cazas de la R.A.F.

Batalla de Inglaterra: II Fase

   La segunda fase de la ofensiva del mariscal Goering, dirigida contra las defensas aéreas británicas, instalaciones y aeródromos de la R.A.F. y líneas de comunicación terrestres, se desarrolló entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre y estuvo a punto de suponer la definitiva derrota británica. Alemania dirigió sus ataques desde Dorset a Northumberland.

Batalla de Inglaterra: III Fase

      El 7 de septiembre, Hitler y Goering cambiaron repentinamente el objetivo de los ataques de la Luftwaffe, dirigiéndose contra Londres en respuesta a un bombardeo británico sobre Berlín.

El bombardeo aéreo que se produjo a continuación causó la muerte de 45.000 civiles británicos pero dio tiempo a la R.A.F. para reparar sus aeródromos y para concentrar sus esfuerzos en la defensa efectiva. En esta tercera fase, los objetivos dejaron de ser militares y pasaron a ser civiles, bombardeandose las ciudades y pueblos ingleses.

Durante todo el mes de Septiembre Londres fue bombardeada, pero la RAF consiguió destruir más de 300 aviones de la Luftwaffe, poniendo por primera vez de manifiesto que el arma aérea alemana no era invencible.
  Las batallas aéreas continuaron durante todo el mes de octubre, pero ya con una intensidad mucho menor.

   La Luftwaffe y el Alto Mando alemán aplazó indefinidamente la invasión. El 12 de octubre, Keitel daba la siguiente orden: "El Führer ha decidido que los preparativos de la operación León Marino se continúen hasta la primavera con el único objetivo de ejercer una amenaza sobre el enemigo. Si la operación fuese nuevamente considerada en la primavera o en el verano, se darían oportunamente las órdenes convenientes".

   El 31 de octubre de 1.940 termina oficialmente el acoso alemán a Gran Bretaña, aunque los ataques continuaron de forma esporádica hasta abril del siguiente año.

Saldo de la Batalla de Inglaterra

   En sus ataques sobre Londres la Luftwaffe sufrió tales pérdidas que Goering se vio obligado a efectuar bombardeos nocturnos, lo que suponía un reconocimiento claro de la pérdida de la supremacía aérea de la Luftwaffe durante el día. Los días 14 y 15 de septiembre la R.A.F. logró destruir un elevado número de barcazas de invasión que los alemanes habían dispuesto para su travesía por el Canal.

   El último ataque alemán diurno tuvo lugar el 30 de septiembre: la Luftwaffe siguió varios meses bombardeando ciudades británicas durante la noche, pero había perdido definitivamente la lucha por el control del espacio aéreo de las islas Británicas. Ante esta situación Hitler pospuso la invasión de las islas Británicas indefinidamente.

   Los hechos arrojan este resultado: la RAF perdió 500 pilotos y otros 500 aproximadamente resultaron heridos, 915 aviones fueron destruídos. La hasta ahora invencible Luftwaffe había sido derrotada, perdiendo un total de 1733 aviones.

FASE II: EXTENSIÓN DEL CONFLICTO.

Operación Barbarroja.

Situación en Junio de 1941.

Alemania sale victoriosa en todos los frentes: en Africa, en los Balcanes e incluso en el aire (por las pérdidas que ha infligido a Inglaterra con los bombardeos). Dueño de toda la Europa occidental, Hitler se ve dirigiendo una Europa unida concebida a imagen de la Alemania nazi.

    Sin embargo, ya se le plantean al vencedor provisional graves problemas:

1. Los países ocupados empiezan a reaccionar. Se desarrollan movimientos de resistencia -todavía tímidos- apoyados por Gran Bretaña (emisiones de propaganda de la BBC, creación en Londres de un servicio - Secret Operations Executive, SOE.- encargado de formar agentes clandestinos adiestrados para realizar atentados, sabotajes, establecer enlaces de radio, etc).

2. Estados Unidos ha salido ahora de su neutralidad. La ayuda militar estadounidense es una amenaza de la que Hitler es muy consciente.

3. La URSS sigue siendo todavía un interrogante. Alemania corre el riesgo de depender demasiado -para su abastecimiento- del Estado soviético. Además, la URSS tiene pretensiones territoriales que asustan a Hitler: la Unión Soviética se ha anexionado ya Polonia, Estonia, Lituania, Letonia y mira hacia los Balcanes.

La Directiva nº 21

    En diciembre de 1.940, el Führer firma la Directiva nº 21, denominada Operación Barbarroja, que contempla la invasión relámpago de Rusia, que debía ser aniquilada, teóricamente, en menos de un mes.

    Hitler ha decidido tomarse la guerra en el frente del Este como una cruzada, y así se lo advierte a sus generales, recordándoles que la URSS no ha firmado las convenciones de Ginebra y que no se trata de hacer alarde de espíritu caballeresco.

    Como se puede leer en el libro de Hitler "Mein Kampf" (Mi Lucha), la guerra contra los soviéticos es una cruzada de Europa contra Asia: se trata de enviar al fondo del continente asiático a quienes hacen correr al "nuevo orden" europeo y nacionalsocialista los mismos riesgos que hacían correr los hunos de Atila a la Europa romana.

    El territorio conquistado satisfacería las necesidades de tierra y materias primas para la población alemana durante siglos. Es el concepto de "espacio vital".

    Hitler piensa poner los territorios conquistados bajo una severa administración alemana, desbolchevizar el país y ver hundirse el régimen soviético cuando él esté en posesión de las "ciudadelas" del bolchevismo: Leningrado y Stalingrado.

    El plan de Hitler es hacer avanzar simultáneamente tres ejércitos, que deben girar a continuación sobre ellos mismos, para cercar a los ejércitos soviéticos en enormes maniobras de tenaza para posteriormente aniquilarlos.

Balance de fuerzas en ambos bandos

    En total, la Wehrmacht alinea contra la URSS 125 divisiones ordinarias, 76 divisiones motorizadas (Panzer y divisiones autotransportadas). Sus aliados le proporcionan 51 divisiones.

    No existe ningún documento soviético que dé cuenta oficialmente del estado de fuerzas de la URSS. Los alemanes creen que los rusos poseen 211 divisiones y 10.000 tanques (el triple que Alemania).

    Pero el material, abundante en extremo, parece pasado de moda. En particular, los tanques soviéticos no son autónomos (no existen divisiones blindadas), sino que están incorporados a las grandes ciudades (como lo estaban los tanques franceses en 1.940).

    El Mando Supremo de las Fuerzas Armadas (O.K.W.) alemán no cree que los rusos posean tanques poderosos. Sólo sabe de la existencia de los de 8 toneladas (el T-26B, copia del tanque inglés Vickers) y de los de 10 toneladas (BT-34, copia del tanque inglés Christie).

    El O.K.W. se llevará una sorpresa en este punto, ya que el Ejército Rojo le opondrá carros de combate pesados y potentes como el temible T-34, de 26 toneladas.

    En general, el O.K.W. cometió un serio error de valoración del potencial soviético, tanto en hombres como en material y capacidad de lucha, basado en la desastrosa actuación del Ejército Rojo en la Guerra de Invierno con Finlandia en 1.939.

    El sistema defensivo ruso se extiende del norte al sur con cinco grupos de ejércitos:

1. Grupo Norte (general M.M. Popov, VII y XIV ejércitos).

2. Grupo Noroeste (VIII, XI y XXVII ejércitos, mandados por el general F. I. Kuznevov).

3. Grupo Oeste (III, IV y X ejércitos, mandados por el general D. G. Pavlov).

4. Grupo Sudoeste (V, VI, XII y XXVI ejércitos, mandados por el general H. P. Kirponos).

5. Grupo Sur (IX Ejército, 2º Cuerpo de caballería, 2º Cuerpo motorizado, mandados por el general I. W. Tilulenvev).

    nota: Después de las primeras derrotas (julio de 1.941), el mando de las operaciones pasaría a manos de tres mariscales: Vorochilov contra Von Leeb, Timochenko en el centro contra Von Bock, y Budienny contra Rundstedt.

Primera campaña (Junio a Diciembre de 1.941)

    El comienzo de la Operación Barbarroja se salda con un avance irresistible de las tropas alemanas, señalado en especial por las batallas decisivas de Viasma y Smolensko y de Kiev: las primeras abren la ruta de Moscú; la segunda, ofrece a la voraz Alemania de Hitler la fértil cuenca del Doniets.

    El 26 de septiembre, los generales alemanes han conquistado toda Ucrania y, en octubre, las tropas alemanas están a 100 km de Moscú. Pero, con las grandes lluvias de otoño, el frente ruso se convierte en un lodazal y, a continuación, en un frente de nieve que imposibilita del todo una guerra de movimiento.

    Los ejércitos alemanes se detienen, agotados, a 22 km de Moscú: Guderian no logra arrollar el último punto de resistencia soviético en Tula. En diciembre, el frente se inmoviliza: Moscú no ha caído.  La blitzkrieg contra Rusia ha fracasado.

    Pero esto todavía no es la derrota de la Wehrmacht, aunque sí el final de sus éxitos. Algunos días antes, Von Rundstedt, que había perdido Rostov -la llave del Cáucaso-, es sustituido por Von Reichenau.

    Hay que precisar también que ha tenido lugar un cambio entre los soviéticos; Timochenko manda ahora el sur, en lugar de Budienny, y él es quien ha recuperado Rostov de manos de Von Rundstedt. Timochenko ha sido reemplazado en el centro por Zukov, que organiza la defensa de Moscú.

    El 18 de diciembre, Hitler, irritado contra el Alto Mando al que considera culpable del fracaso, retira toda capacidad de iniciativa a sus generales y toma personalmente el mando de las operaciones, desde su puesto de mando de Rastenburg, en Prusia Oriental. Esta decisión llevará de desastre en desastre a la Wehrmacht.

Segunda campaña (Mayo de 1.942 a Febrero de 1.943)

    Después de un invierno durísimo la Wehrmacht está descompuesta. Por orden de Hitler, las tropas alemanas no fueron provistas, al inicio de la campaña,  de material adecuado para soportar el crudo invierno ruso, pues segun el Führer, la guerra contra los "infrahombres eslavos", sería una campaña de verano que "no duraría más de un mes".

    La mayoría de los jefes de los cuerpos de ejército de la Wehrmacht han sido cambiados, los soldados mueren de frío y sufren los ataques incesantes de los guerrilleros, mejor adaptados al terreno y al invierno rusos. Stalin hace traer de Siberia tropas especializadas en el combate en condiciones de frío polar, tranquilizado por un pacto de no-agresión con Japón.

    En abril, Hitler anuncia su plan, la Operación Azul; atacar, entre Voronez y Stalingrado, para avanzar hacia el Cáucaso y hacerse con los valiosos pozos petrolíferos. Previamente, dos acciones aseguran las bases de partida: la reconquista de la península de Kertch, en Crimea, y la reparación del frente del Doniets.

    El 8 de mayo, la Wehrmacht empeña el combate en Sebastopol y en Jarkov. El 28 de junio de 1.942 se lanza la ofensiva general, desde Voronez al mar Negro. Es la llamada "ofensiva de verano". En septiembre, los alemanes están en Stalingrado.

    En vano Stalin reclama un segundo frente en Europa: el Ejército Rojo debe defenderse solo y resistir. Pero hace algo más que resistir: va a vencer.

    El 6º Ejército alemán, mandado por el general Von Paulus, es bloqueado dentro de Stalingrado por los ejércitos del general Eremenko, mientras que, más al oeste, avanzan las fuerzas de Vatutin y de Rokossovski.

    Cuando, el 3 de febrero de 1.943, Stalingrado ha caído después de un asedio atroz en pleno invierno, es lanzado el contraataque soviético. Las victorias de Hitler han terminado.

    La continuación de la guerra en el frente ruso es la historia de la reconquista por el Ejército Rojo de todo lo que había perdido entre junio de 1.941 y febrero de 1.943. La marcha victoriosa del Ejército Rojo es entorpecida, al principio, por los contraataques de Von Manstein entre marzo y julio de 1.943, que logran salvar todo el frente Sur, brutalmente castigado y desmembrado desde la rendición del 6º Ejército alemán en Stalingrado.

    Posteriormente, el contrataque soviético se convertirá en un avance imparable a través de Polonia, Europa oriental y Alemania, hasta la reunión con las tropas anglo-estadounidenses, en el Elba, el 25 de abril de 1.945, después de que Zukov entrara en Berlín el 22 de abril.

Japón ataca pearl harbour.

Los motivos de Japón

   El problema planteado por la fuerte presión demográfica sobre un territorio pobre en recursos naturales ha sido una constante en la historia japonesa. Las tierras cultivables de Japon tenían una superficie que apenas alcanzaba el 3 por 100 de las de Estados Unidos, mientras que la población japonesa superaba en 1.940 los 73 millones de habitantes, frente a los 131 de Estados Unidos. Cada japonés disponía de una superficie de tierra útil quince veces menor que la de un norteamericano.

   Los nipones producían excelentes productos a bajo precio, pero como las naciones occidentales limitaban las exportaciones, no podían adquirir los víveres y materias primas que necesitaban, y su población estaba mal alimentada.

   En 1.924, los Estados Unidos prohibieron la inmigración japonesa a aquel país, asestando un duro golpe al orgullo del Japón. Se acrecentaron los problemas económicos y sociales al tiempo que Japón se cerraba sobre sí mismo. Los japoneses se creían víctimas de un cerco económico, político y militar, que no habían podido romper por medios pacíficos por «el incomprensible egoismo de los extranjeros».

   Alemania mostraba una visión similar en sus planteamientos geoesratégicos, por lo que ambos países firmaron el Pacto Anticomintern en noviembre de 1.936.

   Con la invasión de Manchuria comenzó el plan japonés de expansión asiático, pero los ojos de Japón estaban dirigidos hacia el Pacífico. Indonesia, Filipinas, Nueva Guinea y un gran arco de islas de este océano contenían las materias primas de que carecían. Para lograr la expansión hacia el Sur necesitaba una gran Armada.

   En la Conferencia Naval de Londres de 1.935, Japón solicitó que se autorizase alcanzar la paridad con u potencia naval patrón, que era gran Bretaña. Tanto los Estados Unidos como Inglaterra rechazaron esta posibilidad. Los representantes japoneses se retiraron de la Conferencia decididos a no admitir ninguna limitación en su desarrollo naval.

   El comienzo de la guerra fue recibido en Japón con esperanza. La situación mundial alejaba a Gran Bretaña del escenario asiático. La ocupación de Francia y los Paises Bajos también favorecían al Japón. Estados Unidos era la única nación capaz de frenar el expansionismo nipón.

   El 1 de agosto de 1.941, los EE.UU. impusieron el embargo de petroleo a Japón. Esto significaba apretar el cuello a esta nación que recibía de Norteamérica el 90% de su combustible. En octubre dimitió el primer ministro Konoye y se hizo cargo del Gobierno el agresivo general Hideki Tojo. De él recibió Yamamoto la luz verde para la ejecución del «Plan Zeta».

Objetivos japoneses

   La doctrina militar japonesa con vistas a la guerra era clara: había que ocupar las colonias holandesas en indonesia ricas en materias primas, especialmente petróleo, para garantizar la supervivencia y autarquía económica del Japón. Pero para ello se tenía que neutralizar la reacción británica y norteamericana. Partiendo de estos supuestos se planteó el plan de operaciones que tenía cuatro grandes ejes:

  • La ocupación de las colonias holandesas e inglesas en las indias orientales, anulando la reacción inglesa desde la India y Australia.

  • La destrucción de la flota estadounidense en el Océano Pacífico y de las fuerzas navales inglesas en la zona.

  • La ocupación y anulación de las más importantes bases enemigas en la zona, básicamente Filipinas, Singapur y Guam, aislando Australia.

  • La ocupación de las islas del Pacífico en manos enemigas para crear un perímetro defensivo lo suficientemente alejado del Japón.

   Así se planificó la más compleja y extensa invasión de zonas alejadas entre sí por varios miles de kilómetros cuya ocupación requería el despliegue de múltiples fuerzas en docenas de sitios (Java, Sumatra, Borneo, Malasia, Birmania, Filipinas, Guam, Wake, Nueva Guinea y otras muchas islas). Pero para su consecución era imprescindible anular la reacción estadounidense y la única opción posible era destruir la flota norteamericana del Pacífico con base en Pearl Harbour.

El Plan Z

   Frente a la antigua doctrina naval japonesa consistente en atraer a la flota norteamericana hacia el Japón desangrándola mediante ataques submarinos para luego batirla y destruirla con los acorazados, Yamamoto, que creía en la eficacia de los portaaviones como arma ofensiva, planeó atacar y destruir la flota del Pacífico en su propia base mediante un ataque basado en los portaaviones.

   Venciendo las resistencias del Estado Mayor, Yamamoto diseñó y ejecutó el denominado "Plan Z", que se llevó con gran secreto. Los pilotos de los portaaviones ensayaron el lanzamiento de torpedos en aguas poco profundas y los bombarderos en picado mejoraron su precisión en una bahía similar a la de Pearl Harbour.

   Al mismo tiempo la red de información japonesa, mantenía informado constantemente al Alto Mando del estado de la defensa de Pearl Harbour: clases y número de buques, sus movimientos y rutina, observando que todos los fines de semana la mayoría de la flota estadounidense fondeaba en el puerto sin observar apenas medidas defensivas rutinarias y que, en los aeródromos, los aviones estaban aparcados unos junto a otros sin ninguna protección ante un ataque aéreo.

   El día 13 de noviembre de 1.941 la flota del almirante Nagumo destinada al ataque se concentra en la Bahía de Takan, en las islas Kuriles. A la vista de que las negociaciones con Washington no prosperaban y cada vez las reservas estratégicas de materias primas del Japón eran menores, se puso en marcha el ataque con la opción de evitarlo en el último momento si prosperaban las negociaciones diplomáticas. Yamamoto fijó el ataque al amanecer del domingo 8 de diciembre, fecha japonesa. (7 de diciembre según el huso horario norteamericano).

La flota japonesa parte hacia Pearl Harbour

   En el más absoluto secreto, la flota del almirante Nagumo salió de puerto el día de 26 noviembre de 1.941 navegando por una zona alejada de las rutas comerciales y aproximándose a Pearl Harbour por el noroeste hasta colocarse a unas 230 millas náuticas del objetivo. Simultáneamente 16 submarinos salieron de puerto para situarse cerca de las Hawaii y unirse al ataque. Cinco de ellos llevaban otros tantos submarinos enanos para intentar penetrar en el interior del puerto.

   Durante la Conferencia Imperial del día 1 de diciembre, considerando que estaban cerradas todas las puertas para una solución pacífica a los problemas de Japón. El Emperador dio su autorización para el ataque. Nagumo recibió la señal cifrada: «Asciende al monte Nitaka». Esta frase era la orden de ejecución para el «Plan Zeta».

   Nagumo alcanzó el punto de no retorno y, por consiguiente, de continuación de la operación, el día 5 de diciembre (6 de diciembre fecha japonesa). A las 9 horas del día siguiente recibió el último mensaje de situación de Pearl Harbour señalando la existencia de 9 acorazados, 7 cruceros y otros muchos buques menores, pero no se detectó la presencia de portaaviones, lo que produjo una gran frustración en los japoneses, si bien el Enterprise se encontraba cerca de las Hawaii, aunque ignorado por los japoneses.

   Mientras los portaaviones de Nagumo se acercaban a la isla de Oahu, la tensión crecía en Washington, ya que los servicios secretos norteamericanos habían interceptado información referente a la entrega de un documento por el embajador de Japón en E.E.U.U. en la mañana del día 7. Se suponía que se trataba de la esperada declaración de guerra. No obstante, Nagumo fue informado por radio de que, según todos los indicios, no se había dado la alarma en Pearl Harbour.

   A las 6 de la madrugada, con la bandera que el Almirante Togo llevaba en 1.905 en Tsushima, durante la guerra ruso-japonesa, colocada en el Akagi, Nagumo dio orden de proceder a la operación.

   A esa misma hora, los submarinos japoneses que debían colaborar con el ataque y prevenir cualquier reacción norteamericana, se encontraban en sus posiciones, lanzándose al agua los cinco submarinos enanos que debían intervenir. Uno de ellos fue localizado por un dragaminas estadounidense y hundido en la bocana del puerto.

Plan de ataque aéreo

   El plan táctico de ataque aéreo, elaborado por Genda, preveía dos oleadas.

   La primera, con 183 aviones al mando de Fuchida, estaba compuesta por 49 bombarderos de alta cota con bombas perforantes (Fuchida), 40 Kates torpederos (Murata), 51 Val de bombardeo en picado (Takahashi) y 43 Zeros de escolta (Itaya).

   Si había sorpresa los torpederos serían los primeros en entrar en acción, seguidos por los bombarderos en picado que atacarían los aeródromos de Hickam Field, Wheeler e Isla Ford. Si no la había, los bombarderos en picado empezarían el ataque; (unos neutralizarían los antiaéreos y otros atacarían los aeródromos) continuando los torpederos.

El ataque a Pearl Harbour

   Por un error en la orden de inicio del despliegue (7'40 horas) comenzaron atacando los bombarderos en picado que se dividieron en dos grupos, (a las 8 horas) uno que atacó Hickam Field e Isla Ford y otro Wheeler. Inmediatamente después comenzó el ataque torpedero y de bombardeo a gran altura, mientras los cazas, sin oposición aérea, ametrallaban los aeródromos. Los torpederos alcanzaron a los acorazados California, Oklahoma y West Virginia con uno o más torpedos, al buque blanco Utah, a los cruceros Helena y Releigh y al minador Ogala.

   Los bombarderos en picado alcanzaron al Arizona y los bombarderos de alta cota, que realizaron varias pasadas para asegurar los aciertos, lanzaron sus bombas alcanzando a varios acorazados. Entretanto, en los aeródromos, los aviones americanos fueron destrozados sin que quedara nada operativo salvo 3 ó 4 aviones que lograron despegar.

   La segunda oleada, al mando de Shimazaki estaba compuesta por 171 aparatos distribuidos de la siguiente manera: 36 cazas de cobertura (Iida), 81 bombarderos en picado (Egusa) y 54 bombarderos de alta cota (Shimazaki). El despliegue se inició a las 8'40 horas dirigiéndose a sus objetivos. Ante la ausencia de portaaviones americanos en puerto, que eran sus potenciales objetivos, Egusa dio orden de atacar a los acorazados no alcanzados en el primer ataque.

   El creciente fuego antiaéreo y el humo de los incendios hacían más difícil la adquisición de blancos pero, a pesar de ello, se lograron varios impactos especialmente en el acorazado Nevada que, indemne en el primer ataque, trataba de salir de puerto. Los bombarderos de Shimazaki atacaron de nuevo las bases aéreas de Ford y Hickam además de la base de hidroaviones de Kaneohe, mientras los cazas de escolta ametrallaban este último aeródromo. A las 9'45 los japoneses se retiraron volviendo a sus portaaviones.

Balance del ataque

   En la dársena de Pearl Harbour habían quedado semi-hundidos los restos humeantes de 18 buques. La perdida de estas unidades inclinaba decisivamente la balanza del poderío naval en el Pacifico a favor de Japón... al menos en el cómputo de buques por categorías.

   En realidad, algunos de los acorazados destruidos eran piezas anticuadas y lentas, incapaces de enfrentarse a sus equivalentes japoneses. Al apartarlos del servicio, la Armada japonesa obligó a los Estados Unidos a re-diseñar su táctica naval en favor de las Task Force de portaaviones.

   Durante los meses siguientes, Japón mantuvo la iniciativa avanzando sus posiciones en el Pacífico y cumpliendo su programa de expansión en busca de materias primas. No obstante, la enorme capacidad de reacción de los Estados Unidos se pondría pronto de manifiesto. En abril de 1.942, cuatro meses después del ataque, los americanos bombardearían Tokio, en mayo detendrían el avance japonés en el mar del Coral y en junio cambiarían el signo de la guerra en Midway.

  Pérdidas americanas:

  La cifra oficial de bajas quedó fijada en 2.086 muertos, 749 heridos y 22 desaparecidos.

  • Acorazados: Arizona y Oklahoma definitivamente hundidos. California y West Virginia tocados (reparados después de varios meses en dique seco). Nevada hundido al varar. Reparado después. Tennessee, Maryland y Pennsylvania averiados.

  • Cruceros: tres averiados pero reparados con posterioridad.

  • Buques menores: 7 averiados.

  • Aviones: 188 destruidos y 159 averiados.

  Pérdidas japonesas:

  • 29 aviones, un submarino y 5 submarinos enanos.

El hundimiento de la fuerza << Z >>.

La «Fuerza Z»

   La noticia de los desembarcos japoneses en la península de Malasia llegó a Singapur casi al mismo tiempo que se conocía la destrucción de la "Pacific Fleet" norteamericana en Pearl Harbour.

   Para muchos militares británicos, lo más sensato era retirar la flota del pacífico a Ceilán para reforzarse, pero Churchill insistió en que se destacasen a la zona los acorazados «Prince of Wales» y «Repulse», que junto con 4 destructores constituían los efectivos navales británicos en Extremo Oriente. Si se hubiesen cumplido los planes británicos, el portaaviones «Indomitable» habría prestado apoyo aéreo en Singapur a la «Fuerza Z», pero un desafortunado accidente inmovilizó este buque en los Estados Unidos. Los seis buques constituían la llamada «Fuerza Z», comandada por el almirante Phillips.

   La «Fuerza Z» zarpaba de Singapur el día 8 de diciembre de 1.941, a las cinco y media de la tarde, con intención de interceptar a la fuerza japonesa que protegía el desembarco al norte de la península de Malasia. Se encontraban en la zona el «Kongo» y el «Haruma», con una escolta de submarinos, al mando del almirante Kondo.

   Mientras maniobraba con los acorazados «Prince of Wales» y «Repulse» para salir del puerto, Phillips solicitó al vicemariscal del Aire Pulford, reconocimientos aéreos de la costa este de la península de Malasia y cobertura aérea para sus buques. Se le contestó que la RAF trataría de efectuar los reconocimientos, pero que no se le podría dar cobertura.

La «Fuerza Z» es detectada

   Al poco de salir de Singapur, la «Fuerza Z» fue avistada por un submarino japonés que vigilaba los accesos al puerto. El capitán de fragata Shokawa, jefe de la XXII Flotilla, avisado de los movimientos de buques britanicos, realizo una exploracion aerea desde Saigón.

   Durante la manana del día 9 el cielo se mantuvo cubierto, limitando el ancho de barrido de los aviones nipones. Por la tarde mejoró el tiempo sobre el golfo de Siam y desde los buques británicos se avistaron tres aviones de reconocimiento japoneses.

   Shokawa intentó inmediatamente un ataque nocturno que fracasó al no encontrar los aviones, carentes de radar, a la fuerza británica. Phillips supuso las intenciones japonesas y, tan pronto se hizo la noche, cambio de rumbo y puso proa hacia Singapur. De madrugada recibió noticias de un desembarco nipon en Kuantan, por lo que destacó un destructor hacia ese punto para reconocer la costa.

   Al amanecer, la «Fuerza Z» fue señalada por un submarino y posteriormente por los aviones de Shokawa. Despegaron de Saigón 18 bombarderos y 61 torpederos sin escolta, pues carecian de la proteccicón aérea de los britanicos.

El ataque japonés

   A las once comienza el ataque. Inmediatamente el «Repulse» encaja una bomba que le produce escasos daños. Poco después, nueve aviones torpederos atacan al «Prince of Wales», que es alcanzado dos veces, una en la popa y otra en el costado de babor. El primer torpedo avería las hélices y el timón, deteniendo al acorazado y convirtiéndolo en un blanco fácil.

   El segundo le produce una escora de veinte grados. Tras una pausa se produce un nuevo ataque de torpederos que logra un impacto en el «Repulse» y tres más en el «Prince of Wales». En una tercera oleada, el «Repulse» vuelve a ser alcanzado por tres torpedos y se hunde en seis minutos, arrastrando consigo a 513 hombres.

   Un ultimo ataque, a la una menos cuarto de la tarde, remata al «Prince of Wales» causando la muerte de 327 hombres, incluyendo al propio almirante Phillips.

   Esta importante victoria japonesa se había logrado al precio de sólo cuatro aviones. Después de la eliminación de la Flota norteamericana fondeada en Pearl Harbour, la destrucción de los dos mayores buques británicos dejaba en manos del Japón el dominio absoluto de los mares en el Lejano Oriente, a sólo tres días de entrar en guerra.

FASE III: INICIATIVA ALIADA.

La batalla de midway.

Objetivos japoneses

   El ataque japonés contra Port Moresby y las islas Salomón constituía solo una fase dentro de una amplia ofensiva estratégica.

   La captura de Midway y la ocupación de las Aleutianas occidentales pretendía ser la segunda fase de la misma, que debía extender el perímetro defensivo de Japón y forzar a la Flota norteamericana del Pacífico, al mando del almirante Nimitz, a entablar un encuentro decisivo con la Flota Combinada de Yamamoto. Este último, que conocía la enorme capacidad industrial de los Estados Unidos, creía firmemente, que si Japón no lograba anular en 1.942 a la flota norteamericana, perdería la guerra.

   Durante los meses de abril y mayo de 1.942, la operación fue preparada en el secreto mas absoluto. La base del éxíto en Midway sería la sorpresa. Los japoneses desconocían que el Servicio criptográfico estadounidense había descubierto las claves niponas y descifraba los mensajes enemigos que lograban interceptar.

El enigma de la isla "AF"

   Hacia el 20 de mayo de 1.942, el servicio de información de Nimitz tenía suficientes datos para deducir que los japoneses planeaban, para fin de mes, una operación cuyo objetivo era la ocupación de una isla que designaban con el indicativo «AF».

   Para salir de dudas, el jefe de Información, capitán de fragata Rochefort, que suponía que la isla «AF» podría ser el atolón de Midway, ideó la siguiente estratagema: envió al jefe de la base de Midway un mensaje claro en que le comunicaba el envío urgente de una destiladora.

   Al día siguiente se descifró un texto radiado japonés en el que se informaba que en la isla «AF» no había agua dulce. Era evidente que el ataque se efectuaría contra Midway.

El señuelo de las Aleutianas

   El plan de Yamamoto consistía en realizar una acción de engaño en las islas Aleutianas, seguida del bombardeo de Midway por una poderosa fuerza de portaaviones. Anuladas las defensas de la isla, la Infantería de Marina desembarcaría en las playas y ocuparía el objetivo. Una fuerza de reserva, mandada por el propio Yamamoto, se situaría entre las Aleutianas y Midway, cortando el paso a las unidades norteamericanas que pudieran lanzarse al auxilio de los defensores.

   Dado que los nipones carecían de radar, submarinos en patrulla debían alertar de la aproximacion de los buques estadounidenses con tiempo suficiente para concentrar sus fuerzas y cerrar la trampa sobre la Flota del Pacítico. Alertado por su Servicio de Inteligencia, el almirante Nimitz planeó su dispositivo con comodidad. Como precaución envió a una «Task Force» a las Aleutianas, mientras dividía en dos poderosas flotillas al resto de sus buques, situandolos en el Pacifico Central, al norte de Midway.

El ataque japonés

   El 3 de junio de 1.942, tal y como estaba previsto, los japoneses atacaron las islas de Attu y Kiska, en las Aleutianas, sin ser molestados por las fuerzas norteamericanas. En realidad, el grueso de Yamamoto había sido descubierto por un avión de reconocimiento, 700 millas al suroeste de Midway, a la misma hora en que había comenzado el bombardeo en las Aleutianas.

     Al amanecer del 4 de junio, los portaaviones japoneses «Akagi», «Soryu», «Kaga» y «Hiryu» lanzaban sus aviones para realizar un ataque masivo sobre Midway. A 100 millas de las islas fueron nuevamente localizados por un hidroavión PBY «Catalina», que dio la alarma.

La primera oleada japonesa, compuesta por 72 bombarderos, escoltados por cazas y mandada por el teniente de navío Joichi Tomanaga, se encontró con los aviones Brewster «Buffalo» y Grumnan «Wildcat», de la Infantería de Marina estadounidense que defendía la isla. Estos aparatos, aún siendo de inferiores características que los «Zero» nipones, lograron obstaculizar el ataque a costa de grandes perdidas.

   El vicealmirante Nagumo sospechaba la presencia de la Flota del Pacífico, porque ordenó armar con torpedos y bombas perforantes los aviones de la segunda oleada. Al recibir la noticia de que las instalaciones de la isla no habían sido totalmente destruidas, reconsideró la situacion, ordenando cambiar el armamento de sus aviones para un segundo ataque sobre Midway.

   Quince minutos después, mientras el personal de cubierta de vuelo trabajaba febrilmente en el cambio de armamento, aviones de reconocimiento alertaron a Nagumo de la aproximación de buques y aviones norteamericanos. Se ordeno despejar las cubiertas inmediatamente, por lo que quedaron apiladas en los hangares las municiones que debían haber sido descendidas a los pañoles. Esta imprevisión tendría consecuencias desastrosas para Nagumo.

Contraataque norteamericano

   La primera oleada de aviones navales estadounidenses apareció inmediatamente a la vista de los buques japoneses y fue recibida por los cazas de los portaaviones y por una intensa barrera de fuego antiaéreo. Mientras se desarrollaba la batalla en el aire y los buques serpenteaban para evitar los torpedos, el personal de cubierta se afanaba en preparar los aviones que pudieran estar listos para un ataque contra los buques norteamericanos.

   Pronto quedaron 102 dispuestos para el despegue. Rechazado el primer ataque enemigo, Nagumo consideró que había recuperado la iniciativa y les ordeno despegar. Precisamente en ese momento, cuando el combustible de los cazas japoneses que estaban en el aire se agotaba, aparecieron a 14.000 pies los bombarderos en picado «Dauntless» del contraalmirante Fletcher.

   A las diez y veinte de la mañana, mientras los portaaviones japoneses lanzaban sus aviones, cayeron sobre ellos los «Dauntless». En cuestión de minutos cambiaron el curso de la guerra en el Pacífico.

   Dos bombas, una de 1.000 libras y otra de 500, alcanzaron al «Akagi», buque insignia de Nagumo; cuatro de 1.000 libras hirieron de muerte al «Kaga» y tres más penetraron a traves de las cubiertas del «Soryu». Los tres buques se incendiaron, sufriendo a continuación la explosión de la munición mal estibada. Tras una larga agonía se hundieron al día siguiente.

   Apenas finalizada la ofensiva sobre sus compañeros, el «Hiryu» lanzó un contraataque a la desesperada. Sus aviones siguieron discretamente a los norteamericanos que regresaban al «Yorktown». Ocho bombarderos en picado «Val» cayeron sobre el buque y uno logró alcanzarlo con tres bombas de 500 libras, causandole graves averías.

   Ésta fue la última acción del «Hiryu». Al día siguiente, 5 de junio, fue sorprendido por los «Dauntless» del «Enterprise y del «Hornet» cuando navegaba bajo la sombrilla de seis «Zero». Los cazas japoneses lograron interceptar algunos atacantes, pero el resto alcanzó cuatro veces al «Hiryu».

   Al ser evidente la perdida del «Hiryu», Yamamoto ordenó que su dotación abandonase el barco y que fuese torpedeado. El contraalmirante Yamaguchi, jefe de la división de portaaviones, y el comandante del buque despidieron a sus dotaciones y se amarraron a las super-estructuras. Luego, los destructores lanzaron sus torpedos y el portaaviones se fue al fondo con 416 hombres, dos de ellos atados al puente.

El declive naval japonés

   La victoria, tanto táctica como estratégicamente, había que apuntarsela a los norteamericanos. Tras la derrota de Midway, los japoneses decidieron abandonar sus planes de cercar Australia, mediante la conquista de las Nuevas Hebridas, Nueva Caledonia, las Fiji y Samoa. Sus ambiciones, con la flota maltrecha, se ceñían ahora a completar el dominio en Nueva Guinea. La guerra en el Pacífico había cambiado definitivamente de signo. Frenada la expansión nipona, los Estados Unidos podían pensar ya en el contraataque, conscientes de su superioridad aeronaval.

   La batalla de Midway fue la primera derrota sufrida por la escuadra japonesa en trescientos cincuenta años. Además, dio fin al largo periodo de la ofensiva japonesa y restableció el poder naval estadounidense en el Pacífico.

   Automáticamente desapareció la amenaza sobre Hawai y la costa Oeste norteamericana, y a excepción de las operaciones de zona de las Aleutianas, donde habían desembarcado los japoneses sobre las islas Attu y Kiska, las operaciones niponas se confinaron al Pacífico Sur.

FASE IV: VICTORIA ALIADA.

El desembarco de Normandía.

La cuestión del "segundo frente"

    El ezfuerzo Aliado se concentró en desembarcar en Europa un ejército, que llegara hasta el mismo corazón del Reich. Los preparativos de la operación Overlord, la invasión de Francia, se iniciaron en Gran Bretaña en 1.942.

    1.942 no pudo ser el año, ya que todavía no se habían podido reunir los hombres y el material nescesarios para llevar una operación de tal magnitud. En 1.943 el teatro de operaciones principal estaba en Italia, así que la proyectada invasión tuvo que posponerse otro año más ante las reiteradas protestas de Stalin, que abogaba por la apertura de un "segundo frente" en Europa que comprometiese a más tropas alemanas en el Oeste y aliviase su situación.

    En 1.944 la Werhmatch tenía diseminadas a sus fuerzas en una guerra de varios frentes: se había perdido África, en el frente del Este la situación era desesperante ante el irresistible empuje del Ejército Rojo,  en Italia la lucha estaba perdida, aunque se seguía peleando. Los Aliados pensaron que era el momento ideal para el ataque.

    El 6 de junio de 1.944 (Día D), entre las seis y las siete de la mañana, las tropas Aliadas desembarcan en las costas de Normandía, en Francia. Establecen cabezas de puente y abren así un segundo frente al Ooeste del Reich Alemán, ya amenazado en el Este por el avance del Ejército Rojo, que ha liberado Bielorrusia y se acerca incontenible a Polonia.

La Operación Overlord

    Preparada desde diciembre de 1.942 por el general británico F.E. Morgan y, después, a partir de enero de 1.944, por el Cuartel General de las Fuerzas Aliadas (SHAEF), la operación de invasión de Europa se codifico bajo el nombre de Operación Overlord.

    Preveía el equipamiento, transporte y concentración de 3.500.000 hombres en Inglaterra (1.750.000 británicos, 1.500.000 estadounidenses y 250.000 soldados de diversas nacionalidades: polacos, franceses, etc.), así como la construcción de veinte millones de toneladas de material de desembarco, la organización de un gigantesco plan de abastecimiento (armas, gasolina, etc.) y el establecimiento de la estrategia militar que debería aplicarse.

    Todas estas cuestiones fueron abordadas sistemáticamente y con minuciosidad, mientras que los bombardeos destruían las vías de comunicación del enemigo y los objetivos estratégicos, y también a la población civil.

    Los responsables de la operación son el general Dwight D. Eisenhower, general en jefe, y sus adjuntos Bedell Smith, Arthur W. Tedder (mariscal del Aire), el general Montgomery, comandante de las fuerzas terrestres, y el mariscal del Aire sir Trafford L. Leigh-Mallory, comandante de las fuerzas aéreas. La flota de desembarco está al mando de los almirantes Alan C. Kirk y Philip Vian.

    Las fuerzas implicadas en la operación de desembarco son enormes: 4.216 embarcaciones de desembarco (landing ships y landing crafts), 1.213 navíos de guerra, 11.590 aviones (de los cuales 3.340 son bombarderos pesados, 930 bombarderos ligeros y 4.190 cazas), y, por último, 36 divisiones anglo-estadounidenses y 13.200 soldados paracaidistas.

    El plan involucraba al grueso de los ejércitos estadounidense y británico, apoyados por tropas auxiliares canadienses, francesas, polacas y de otras nacionalidades para asaltar las playas de Normandía, por medio de desembarcos anfibios. Previamente, se habían de lanzar tropas paracaidastas pertenecientes a la 101ª y 82ª División Aerotransportada estadounidense para asegurar algunos sectores en la península de Contentin. Las tropas paracaidistas británicas harían los mismo en el valle del Odon.

    De cara al desembarco se dividió el sector de Normandía en cinco playas o zonas de influencia. Las cinco playas fueron bautizadas con los nombres de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.

    Los estadounidenses desembarcarían en las playas Utah, al Sur de Cherburgo, y Omaha, cerca del pueblo Viervielle-sur-mer. Los británicos se ocuparían de las playas Gold, cerca de Arromanches, Juno y Sword, esta última con la ayuda de los canadienses.

    La playa Sword se encontraba cerca del valle del rio Orne, entre los rios Odon y el canal de Caen. A Montgomery se le encomendó tomar la ciudad de Caen el mismo día de la invasión, pero su indecisión le hizo perder un tiempo precioso. Caen cayó dos semanas después tras cruentos combates.

    Inicialmente, el desembarco estaba previsto para el 5 de junio, pero el mal tiempo obligó a posponer la invasión para el día siguiente. El Día D quedaba fijado para el 6 de junio de 1.944

Defensas alemanas

    Los alemanes, esperaban una invasión, pero ignoraban la fecha y el lugar en que se produciría.

       En 1.942 Hitler manda construir fortificaciones costeras, la Atlantikwall (Muralla del Atlántico), una línea de defensa costera llena de grietas y mal pertrechada en amplios sectores, pero sobrevalorada por la propaganda oficial nazi, como el muro de defensa de la "Fortaleza Europa".

    Asímismo levantan obstáculos en las playas y siembran las costas francesas de minas terrestres.

En 1.943 continuaron los trabajos y en 1.944 Hitler ordenó acelerarlos estableciendo como zona de prioridad el paso de Calais.

    Los Aliados hicieron todo tipo de maniobras de diversión para hacer creer a Hitler que la invasión se produciría en el sector de Calais, baste decir que por cada misión de bombardeo preparatorio efectuada sobre Normandía, se hacían dos sobre Calais. Hitler creía firmemente que los Aliados escogerían Calais como sector principal para la invasión, dado que era el punto en el que la distancia entre las islas británicas y el continente era menor, facilitando el transporte y defensa de las tropas y dando mayor radio de acción a los bombarderos.

    El jefe supremo del frente del Oeste es el mariscal Von Rundstedt. Las costas del canal de la Mancha y del Atlántico (hasta el Loira), están defendidas por el Grupo de ejércitos B (mariscal Rommel); las demás costas (incluidas las mediterráneas), por el Grupo G (mariscal Blaskowitz). Además, Hitler confía en sus "armas secretas", ahora a punto, para aplastar a Inglaterra: las "bombas volantes", V1 y V2 (V, inicial de Vergeltung, "venganza"; también conocidas como "arma de represalia 1").

El Día-D

   Los primeros planeadores y paracaidistas son lanzados a las 0 h 15 min (0015 según la anotación habitual) cerca del puente de Bénouville, a orillas del canal de Caen (británicos) y en el Cotentin, cerca de Montebourg (estadounidenses). A las 0314 (3 h 14 min), empieza el bombardeo aéreo, y a las 0550 el bombardeo naval.

    Para las Divisiones Aerotransportadas, las cosas empezaron a salir mal: Los transportes, al intentar evadir el fuego antiaéreo se separaron mucho entre sí, de modo que cuando se tras el lanzamiento de los paracaidastas, éstos quedaron diseminados por toda la retaguardia enemiga.

    Aún así, un 70% de la fuerza pudo agruparse y entrar en acción. Los paracaidistas británicos por su parte lograron tomar los objetivos marcados y sostenerlos hasta la llegada de refuerzos.

    Las primeras oleadas de infantería y los primeros carros de combate desembarcan en la costa a las 0630 (6 h 30min) en el sector estadounidense, y a las 0730 en el sector británico.

    En la playa Utah se cumplen los objetivos y en poco tiempo, las tropas desembarcadas enlazan con unidades de la 82ª División Aerotransportada.

       En la playa Omaha por contra los acontecimientos se suceden de forma adversa para los estadounidenses. La 352ª División alemana se encontraba apostada en la playa y opuso una resistencia tenaz. La 1ª y 4ª Divisines estadounidenses lucharon encarnizadamente por cada centímetro de playa.

No lograron consolidar la cabeza de puente hasta el final de la jornada, gracias a los constantes refuerzos, el fuego de la artillería naval, los bombardeos tácticos y un elevado número de bajas (se estima que algo más de 3.000 hombres).Los estadounidenses bautizaron la playa como Bloody Omaha (Sangrienta Omaha). Los las tropas británicas y canadienses tuvieron mejor suerte, pero avanzaron muy poco.

    El 6 de junio por la noche, diez divisiones estadounidenses, británicas y canadienses han puesto pie entre el Orne y el Vire. Aunque no se han logrado todos los objetivos previstos y se ha conquistado muchísimo menos terreno que el esperado, se han instalado sólidas cabezas de puente en donde los siguientes días desembarcarían 250.000 hombres y 50.000 vehículos.

    Todos los jefes de los Estados ocupados refugiados en Londres lanzan mensajes de liberación. Sólo, De Gaulle, que no ha sido informado hasta el 4 de junio del plan anglo-estadounidense, no se asocia a esta ceremonia. Habla por separado en la BBC y declara:

"La batalla de Francia es la batalla de Francia... Reaparece el sol de nuestra grandeza..."

    Pero no señala -sino con una alusión a las "fuerzas armadas Aliadas y francesas"- que esta liberación es obra integral de la potencia estadounidense y de la tenacidad británica.

    Los alemanes efectuaron varios contraataques que fueron rechazados por el fuego naval y los bombardeos Aliados.

       El camino para la liberación de Europa estaba trazado. Hitler, obstinado en la idea de que el desembarco era una maniobra de diversión y que el ataque principal se produciría en Calais, ordenó contraatacar con todas las fuerzas disponibles en lugar de efectuar un repliegue ordenado de cara a estabilizar el frente.

Demasiado tarde. París fue liberado en agosto, y los aliados efectuaron otro desembarco en la costa mediterránea de Francia (Operación Anvil) como refuerzo. Ahora, lo único que separaba a los Aliados del corazón del Reich era la Línea Sigfrido y el Rhin.




Descargar
Enviado por:Kosomokozo
Idioma: castellano
País: Chile

Te va a interesar