Retrato fotográfico

Imágen. Fotografía. Arte. Luminosidad. Cámara fotográfica. Composición

  • Enviado por: Marta Sama
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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RETRATO FOTOGRÁFICO

DEFINICIÓN:

El retrato fotográfico es un género donde se reúnen toda una serie de iniciativas artísticas que giran en torno a la idea de mostrar las cualidades físicas o morales de las personas que aparecen en las imágenes fotográficas.

EVOLUCIÓN:

El precedente del retrato fotográfico es el retrato pintado. A principios del siglo XVI fue elevado a la perfección por los maestros del Renacimiento. Los retratos, no obstante eran encargados por los ricos y poderosos, que exigían un impregnado de nobleza, gracia y autoridad y obligaban a los artistas a hacer concesiones a su vanidad.

Hasta el siglo XIX, con sus profundas transformaciones sociales, no empezó a remediarse esta falta de libertad creativa, aunque para entonces el retrato fotográfico ya había empezado a sustituir el pictórico. Su práctica se encuentra ya en los inicios de la fotografía donde destaca la labor realizada por los fotógrafos ambulantes, los fotógrafos comerciales de los estudios parisinos, los primeros retratos psicológicos, el retrato popular presentado por la fotografía academicista, así como la obra documental de David Octavius Hill. Los representantes principales del retrato fotográfico en sus inicios son Nadar, Disdéri, Julia Margaret Cameron, Lewis Carroll, Gustave Le Gray, Etienne Carjat, Antoine Samuel Salomon, Pierre Petit o Lady Clementine Hawarden.

Con posterioridad el género fue evolucionando de forma paralela al devenir de la historia de la fotografía razón por la cual, junto a fotógrafos que se dedican en exclusiva a lo que podríamos entender como la forma más ortodoxa del retrato fotográfico, nos encontramos con fotógrafos adscritos a movimientos concretos que se acercan al retrato fotográfico con el empleo de las ideas y técnicas propias de estas corrientes. Figuras de interés en el campo del retrato fotográfico son Richard Avedon, Brassaï, Walker Evans, August Sander, entre otros.

Dentro del campo del retrato fotográfico se desarrolla con fuerza, durante el siglo XIX y principios del siglo XX, un subgénero propio conocido como la fotografía de difuntos, en la que destaca la obra de los fotógrafos españoles Fernando Navarro y el gallego Virxilio Vieitez.

La gran mayoría de los retratistas del siglo XX se han centrado en dos actitudes básicas:

1.- La consideración del estudio como el único escenario posible del retrato, y

2.- La mistificación y santificación de la luz.

La mayoría de la producción fotográfica de esta disciplina esta realizada en estudios; artistas como Yousuf Karsh, Irving Penn, y Richard Avedon entre otros, han realizado casi todos sus retratos en ese ámbito.

El campo del retrato fotográfico es rico y variado; abarca desde la imagen sencilla y poderosa de una cabeza hasta una pequeña figura recortada contra un amplio paisaje. El retrato habla tanto del aspecto como de la idea e impresiones del sujeto. Paul Strand afirmaba que: El fotógrafo solo puede crear imágenes significativas si “aprovecha de forma natural e inevitable las características propias de su medio poniéndolas en relación con su propia experiencia vital”.

El retrato fotográfico es el instante mismo, el fragmento de vida escogido por el autor para comunicar la impresión que le ha causado una persona o un acontecimiento. Pero el retrato no se reduce a instantes fugaces e instantáneas espontáneas: exige preparación, reflexión y aplicación.

COMPOSICIÓN DE LA IMAGEN:

Existen varias reglas para lograr una adecuada y armónica composición de un retrato:

1.- La primera regla de composición es eliminar de la escena todos los elementos superfluos, que distraigan la atención o produzcan confusión, para que el sujeto principal domine la imagen. La vista prefiere el orden y la sencillez y rechaza instintivamente el caos y estamos hablando de un retrato, donde el único protagonista es la persona retratada. Además, tenemos que tener en cuenta que, en general, el fotógrafo carece de la libertad del pintor para organizar el entorno, por lo que debe encuadrar cuidadosamente, con el fin de aislar la parte de la escena que le interesa. Para mejorar una composición basta en ocasiones con desplazar ligeramente la cámara, modificar la distancia que la separa del sujeto o cambiar el objetivo.

En el retrato, la situación del sujeto en el encuadre es muy importante, debemos situarlo de modo que no resulte eclipsado por otras formas prominentes. Por lo general los mejores fondos son el tono uniforme, blanco o negro y sin mayores detalles, por ejemplo paredes lisas o el cielo. En ocasiones, aplicando la regla de los tercios y el principio de la conducción de la vista por medio de líneas que van hacia el motivo, podemos reforzar la imagen.

2.- La composición debe utilizarse para aumentar la vitalidad de la imagen, debemos procurar no dirigir la vista del observador al centro de la fotografía. De hecho, la posición central suele ser la menos conveniente para la cabeza del retratado, y también la menos interesante, una posibilidad es encuadrar el rostro ligeramente descentrado y equilibrarlo con otro elemento, como las manos, un cuadro o incluso la línea de los hombros. Si deseamos situar al sujeto en el centro, debemos recurrir a otros elementos tales como el color, los detalles en el primer plano, la iluminación especial o algún objeto que enmarque el motivo para dar vida al resultado.

3.- Los formatos rectangulares permiten elegir entre composición vertical u horizontal. La primera llamada precisamente “de retrato”, no siempre es la más adecuada, porque a veces debe incluirse parte del entorno, y en ese caso da mejor resultado la composición horizontal o “de paisaje”.

4.- El retrato fotográfico se basa en un proceso de cooperación entre el fotógrafo y el modelo. Conseguir que la gente se relaje es sobre todo una cuestión de comunicación. Se debe alentar la confianza del modelo entablando conversación con él sin omitir halagos y aconsejarle en lugar de criticarle. Por ejemplo, si está demasiado rígido se le hará una fotografía y después se le pedirá que cambie de pose, una vez que el modelo se sienta involucrado y vea que todo funciona bien, la expresión hostil desaparecerá por sí sola.

5.- Conocimiento de la luz: ningún fotógrafo dominará por completo el significado del retrato si no es capaz de apreciar las cualidades de la luz e interpretarla debidamente. Hay que tener en cuenta varios factores:

En primer lugar, debe valorarse la luminosidad; es decir, la fuerza visual o intensidad de la luz, que depende de la cantidad reflejada por el sujeto. La luminosidad puede variar radicalmente en las diferentes partes de la escena; por otra parte, una zona clara parecerá más luminosa si está junto a otra oscura.
El cálculo de la exposición y la composición de la imagen dependen de la distribución de esas diversas intensidades en la zona encuadrada.

La segunda característica importante de la luz es la calidad, que define su grado de dureza o suavidad y afecta considerablemente a la apariencia de los objetos y las personas. La luz suave da al rostro una redondez delicada, aclara las sombras y disimula las imperfecciones de la piel. El cielo cubierto y la luz artificial muy difusa son de este tipo. La luz dura es muy espectacular y produce sombras de contraste intenso, no favorece pero da al resultado fuerza e impacto. El sol directo y los focos producen luz dura.

En tercer lugar hay que hablar de la dirección de la luz (el ángulo con el que incide en el sujeto), que revela las formas y la estructura. Si iluminamos el rostro frontalmente, el resultado será escasamente tridimensional. A medida que la fuente luminosa se desplaza hacia un lado del motivo, realza sus rasgos.

El modelado facial también depende de la altura de la luz en relación con el sujeto; así, a la altura del rostro, el resultado será uniforme y sin sombras. Al elevarse la luz, las sombras empezarán a aparecer bajo la nariz, las cejas y las mejillas. Si la elevación es grande, proyecta sombras profundas bajo todos los salientes. Cuando el rostro se ilumina desde abajo, las sombras se forman hacia arriba y dan un aspecto siniestro.

Estos últimos conceptos son aplicables tanto con luz natural como artificial. Al utilizar esta última, lo más importante es comprender que siempre debe haber una fuente luminosa dominante tipo flash, foco o lámpara y, en la mayoría de los casos, una serie de luces secundarias.

'Retrato fotográfico'
Para retratos, la iluminación más atractiva es la llamada “Hollywood”, que implica el uso de, por lo menos dos fuentes. Una de ellas se sitúa a medio camino entre la posición lateral dura y la frontal uniforme a la que llamare-mos Luz principal y se coloca a 45° respecto del modelo y a un metro sobre su cabeza (siendo atenuadas las sombras profundas que ésta produce por otra luz, en este caso reflejada sobre un panel difusor que puede ser cualquier superficie blanca). La otra cumplirá funciones de Luz de relleno siendo difusa y más débil, colocándola junto a la cámara para aclarar sombras, ésta última no crea sino que rellena o suaviza las sombras creadas por la primera luz, es conveniente colocarla lo más cerca posible de la cámara o reflejarla en una superficie clara. Como alternativa, podemos utilizar una tela o un gran cartón de color blanco en el lado opuesto a la luz principal.

RETRARO CON LUZ NATURAL:

Los retratos en exteriores tienen un atractivo muy difícil de conseguir en el estudio, sobre todo cuando es posible aprovechar incidentes espontáneos que los hace más interesantes desde el punto de vista visual. Por la mañana o por la tarde, cuando la luz cae oblicuamente sobre el modelo, será mejor momento que al mediodía, puesto que la luz es menos dura. Podemos decir que cualquier momento en que el sol esté en un ángulo menor de 45° con respecto al horizonte será bueno.

El rostro, es la parte más importante de un retrato debiendo basar la exposición en la cara y no en el fondo. Para ello, hay que acercarse y verificar que combinación de abertura y velocidad de obturación es la indicada y después volver a la posición desde donde se va a fotografiar.

La luz directa: El uso de la luz directa con distintos ángulos de incidencia, no siempre produce resultados favorecedores. La luz directa, al crear sombras muy bien definidas y altas luces muy intensas, puede complicar las imágenes con muchos detalles, así como es útil para crear efectos muy pronunciados, no es la mejor para mostrar contrastes sutiles.

Cenital: Ensombrece los ojos, mientras que el resto de la cara se ve muy iluminada

Contraluz: Crea un halo de luz detrás de la cabeza, el rostro queda en sombras atenuadas

Frontal: El modelo está incómodo, la luz no da relieve y el rostro parece una máscara con agujeros

Lateral: Mejora el volumen general, las sombras realzan los detalles de la nariz y las cejas.

ADAPTACIÓN DE LA LUZ SOLAR:

La luz solar se puede modificar de varias formas a fin de mejorar las fotografías, pero, para hacerlo con éxito, antes debemos reconocer el tipo de luz de que disponemos. De esta forma, debemos responder a varias cuestiones: Es un día soleado con luz directa que crea sombras profundas, o nos ha tocado en suerte un día nublado con luz difusa que apenas crea sombras. ¿De donde viene la luz? ¿Viene de más de una dirección? Una vez contestadas estas preguntas, podremos plantearnos si es preciso modificar la luz, ya sea utilizando paneles reflectores absorbentes y difusores o con un flash de relleno.

1.- Reflejar la luz: La luz del sol entrando por una ventana nos puede ofrecer múltiples posibilidades de éxito si prestamos atención a la parte sombreada del rostro que puede quedar muy oscura y sin detalles. Para solucionar el problema habrá que reflejar un poco de luz sobre la escena. Un reflector de color claro es fácil de fabricar con elementos tales como una cartulina blanca, una sábana o una simple toalla. Otro método sencillo de reflejar luz es a través de un diario o un libro sostenido por el modelo en sus manos, como también colocar un mantel blanco si la persona está sentada a una mesa, de manera que refleje la luz hacia arriba.

2.- El flash de relleno: Recibe este nombre porque “rellena” de luz las sombras, añade luz adicional a la fotografía y la mezcla con la luz del día. Sólo da resultado si el motivo no es demasiado grande y no está lejos de la cámara. La distancia máxima dependerá de la potencia del flash. Para un retrato con un contraluz muy marcado, el flash de relleno será muy importante para dar detalle en las sombras del primer plano y además para reducir el contraste de la escena.

RETRATO AMBIENTADO:

El retrato que muestra al sujeto dentro de su entorno se conoce como retrato ambientado. La habilidad del fotógrafo se demuestra cuando éste utiliza el escenario de manera creativa, de forma que los elementos que conforman este escenario contribuyan a mejorar la fotografía y proporcionar información adicional acerca del protagonista de la imagen final.

Comerciantes, profesionales, deportistas, etc…en la medida en que sean retratados con un fondo que delate de forma directa e inequívoca a qué actividad se dedican, lograremos escenas de muy buen contenido visual.

RETRATO DE GRUPOS:

Normalmente las fotografías de grupos son apaisadas, el secreto reside en colocar a las personas a diferentes alturas, ya sea utilizando escalones, sillas o cajas, parados, arrodillados o sentados. El objetivo ideal es el 28mm, que asegura una imagen bien proporcionada y un generosos ángulo de cobertura.

La espontaneidad es un factor muy importante de las fotografías de grupo, refleja frescura y dinamismo. Si los modelos aparecen posados debemos asegurarnos de tener su atención, de lo contrario corremos el riesgo de una imagen dispersa y de poco interés.

RETRATO MASCULINO:

Según algunos autores, para obtener un buen retrato informal de un hombre se precisa un planteamiento distinto que para fotografiar a una mujer. A los rostros masculinos les favorece la iluminación lateral. Las sombras intensas, incluso en la cara, muchas veces aumentan el atractivo de la imagen. Debemos tratar de acentuar los rasgos faciales si lo que buscamos es una fotografía con carácter.

Con un modelo masculino, el sol del mediodía no tiene que ser necesariamente desfavorecedor, situar al modelo de forma que un lado de la cara le quede inmerso en la sombra es un esquema básico muy aceptable.

RETRATOS DOBLES:

La colocación de dos personas en un encuadre debe ser sencilla, el rectángulo ligeramente alargado del formato de 35mm nos sugiere realizar un retrato de medio cuerpo con los personajes colocados uno al lado del otro. Es importante no colocar las dos caras al mismo nivel, a no ser que la pareja se este mirando y por lo tanto estén de perfil, el resultado podría ser muy trivial y monótono.

LAS PROPORCIONES:

La correcta proporción del rostro en una fotografía, la logramos con la utilización de la distancia focal adecuada. Los objetivos con distancias focales entre 85 y 135mm - o los zooms - son más adecuados para primeros planos, ya que permiten situarse entre uno y dos metros de distancia. Pero teniendo en cuenta que la profundidad de campo es muy pequeña, habrá que enfocar a los ojos o, si la cabeza está ladeada, al ojo más próximo.

Al alejarse y cambiar de objetivo se va corrigiendo progresivamente la distorsión producida inicialmente utilizando un gran angular a corta distancia del modelo. Los primeros planos transmiten una información limitada sobre la persona, pero su impacto e intimidad son mayores sobre todo cuando se amplían a tamaño natural. Si la intención es obtener un primer plano de gran impacto, el peor error que podemos cometer es acercarnos demasiado al rostro, ya que la imagen aparecería distorsionada. A poca distancia, una nariz normal parecerá demasiado grande con relación al resto del rostro. Desde un ángulo de toma elevado ocurrirá lo mismo con la frente. Para devolver a los rasgos del modelo sus correctas proporciones y al mismo tiempo realizar un primer plano, hay que retroceder un poco y utilizar un objetivo de mayor distancia focal, como ya hemos dicho anteriormente.

LA POSE:

Si lo que se persigue con el retrato es subrayar la belleza o resaltar la personalidad, la pose que adopta el modelo es decisiva. La edad, la contextura física, el sexo, son factores importantes en el momento de elegir la pose. A continuación se enumeran algunos consejos que pueden ayudarnos a tomar una decisión adecuada:

Ante todo, hay que evitar los primeros planos de frente, si no existe una razón especial, ya que favorecen sólo a unos pocos rostros. No obstante, un retrato tomado de frente se comunica con el espectador de forma muy directa, quizás a través de la risa o con una mirada sugerente. Esta pose favorece a las personas con ojos bonitos y rasgos regulares.

La toma de perfil puede parecer excesivamente posada, sin embargo puede resultar sorprendente e informal si realzamos el cabello echando la cabeza hacia atrás y mostrando la grácil y esbelta curva del cuello.
El retrato de busto o medio cuerpo son los más clásicos, dan una impresión más relajada que el retrato de primer plano. Para conseguir una pose natural, el modelo moverá el rostro ligeramente hacia un lado y mirará la cámara sin mover la cabeza, esto dará un toque de espontaneidad, como si se tratara de una mirada casual.

Otra cuestión a tener en cuenta es asegurarse de que el modelo se encuentra a gusto, sobre todo si se trata de una persona mayor. Sentados en su silla favorita, él o ella adoptarán una postura relajada. La silla ofrece también un punto de apoyo para los brazos y ayuda a resolver un problema clave: la colocación de las manos. Con los jóvenes se pueden buscar poses menos estáticas y convencionales aprovechando actitudes espontáneas y naturales.

En un retrato las manos requieren casi tanta atención como el rostro, denotan enseguida si una persona está tensa o tranquila, y dicen mucho acerca de la personalidad, ejemplo: las manos entrelazadas sugieren un carácter mesurado y a la vez dinámico, una mano sujetando el mentón ayudará a dirigir la mirada hacia el rostro.

EL MAQUILLAJE:

El maquillaje ejerce una influencia considerable en el aspecto del sujeto en la fotografía definitiva, y por tanto debe ser adecuado al ambiente que se desea crear:

1.- Para un retrato convencional, es preferible un maquillaje sencillo que destaque las cualidades del rostro. No obstante, habrá de ser algo más intenso de lo normal, porque en la fotografía resulta menos pronunciado.

2.- La iluminación difusa exige también un tratamiento más intenso que la de un foco. Los ojos, la boca y las mejillas son los tres elementos más importantes del rostro en el retrato por lo tanto un maquillaje experto permite darles fuerza o modificarlos.

3.- La importancia de los pómulos está en que determinan la forma del rostro y se los subraya ligeramente con color para acentuar la sombra proyectada por el hueso.

4.-El lápiz de labios sirve para perfilar la forma de la boca, no para agrandarla. En blanco y negro debe ser de color pardo, porque el rojo se reproduce casi negro, y los tonos claros en blanco.

5.- Lo que más cambia el aspecto del rostro es el maquillaje de los ojos y la intención en el maquillaje debe ser la de agrandarlos y resaltarlos con líneas finas en los párpados inferiores y pintando los párpados superiores con colores claros, también se aplicará rímel en la parte superior e inferior de las pestañas.

EL PELO:

A menudo el pelo requiere una especial atención, sobre todo si es un rasgo importante de la persona que se está retratando. Con una iluminación equivocada el fotógrafo puede hacer que el cabello más brillante aparezca sin vida. La calidad semitranslúcida del pelo y el movimiento que se le transmite al mover o girar la cabeza, permite utilizarlo muy especialmente para dar vivacidad a un retrato.

Una iluminación cuidadosa realza la belleza del cabello. Todos los tonos de pelo, excepto el rubio muy pálido, absorben mucha luz. Los retratos en interior mejoran si se dirige una luz suplementaria hacia la cabeza con un haz luminoso estrecho.

TONOS ALTOS:

Un retrato en tonos altos, ya sea en blanco y negro o en color, se caracteriza por la eliminación de las sombras pronunciadas, y lo ideal sería que no apareciera sombra alguna, tan sólo algunos toques negros en los ojos, pestañas y parte del contorno del rostro. Es un tratamiento adecuado para crear un ambiente que se asocia con la feminidad.

La luz más adecuada es la completamente indirecta. Ninguna de las fuentes luminosas se dirige hacia el sujeto, sino que todas ellas se reflejan en superficies blancas. Se precisan al menos tres: dos a ambos lados del retratado, y una tercera para iluminar el fondo (éste debe ser también de tono muy claro, de preferencia blanco).

Muchos profesionales hacen retratos de tonos altos con el sujeto en el interior de una tienda blanca, iluminada exteriormente desde todos los ángulos, con luces de la misma intensidad. Al ser todas las fuentes luminosas de la misma potencia, no se forman sombras.

TONOS BAJOS:

En un retrato de tonos bajos, predominan las sombras densas y grandes zonas de la imagen quedan sin iluminar. Las mejores fuentes luminosas son los focos fuertes, contrastados y muy concentrados. Es importante limitar la zona iluminada, lo que resulta difícil con lámparas de iluminación difusa.

Los mejores estudios de este tipo suelen realizarse con una sola fuente luminosa dirigida al rostro, o incluso tan sólo a una parte del mismo, de manera que el resto de la cabeza y los hombros queden simplemente insinuados.

COMENTARIOS FINALES:

Relaje al modelo: El primer objetivo, es lograr que el modelo se sienta cómodo, la música, la conversación suelen ser de gran ayuda, pero sobre todo el fotógrafo debe mostrarse relajado y seguro para crear un clima distendido, la utilización de un teleobjetivo mediano reducirá las posibilidades de intimidar al modelo.

Elección del fondo: El fondo debe elegirse en función del efecto que se desee transmitir con el retrato, se puede optar por uno sencillo y neutro, o por otro más elaborado, pero siempre cuidando de no quitar protagonismo al motivo.

Agregar complementos: Podemos realzar la composición agregando complementos. Por ejemplo una planta de interior o un mueble antiguo debidamente ubicado, puede agregar variedad al retrato. Los complementos también se pueden emplear para facilitar información acerca del modelo, tales como elementos que corresponden a su actividad o profesión. Ej: caballetes, pinceles, instrumentos musicales etc.

Cuidar la composición: Si se quiere realzar las distintas expresiones del modelo, se debe llenar el encuadre con su rostro asegurándose que los ojos estén perfectamente enfocados. Si se opta por un retrato de tres cuartos, lo mejor es cortar por encima de las rodillas, preste especial atención a las manos, su forma y posición pueden decir mucho de la personalidad del modelo.

Elegir la iluminación apropiada: Una iluminación intensa y oblicua, hará resaltar las marcas y las arrugas, mientras que, bajo una luz difusa, aquéllas tenderán a disimularse.

Buscar la pose más adecuada: Seleccione una pose que proporcione lo mejor del modelo. Las personas extrovertidas se pueden sentir complacidas mirando directamente al objetivo. No obligar nunca al modelo a adoptar una pose en la que se sienta incómodo, porque se le verá tenso en la fotografía.

Tome dobles retratos: Dé pruebas de la relación entre dos individuos tomando un doble retrato de los mismos. Una forma de crear una composición interesante y dinámica es disponer las caras de los modelos de forma que queden en diagonal. Uno puede quedar ligeramente a la izquierda y por encima del centro del encuadre y el otro por debajo y a la derecha.

Autorretrátese: Fotografiarse a uno mismo, puede resultar provechoso, no sólo es divertido, sino que además le ofrece la posibilidad de experimentar la toma de retratos con un motivo que no se mostrará ni reacio ni tímido.

No prolongue las sesiones: Las personas se aburren e impacientan fácilmente, lo mejor es hacer una pausa y replantear la sesión, haga participar al modelo y siempre solicite su opinión.