Pablo Neruda

Literatura hispanoamericana contemporánea. Lírica y poesía. Poetas chilenos. Biografía. Temas. Sexualidad en la obra nerudiana

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Biografía

Pablo Neruda ha sido un hileno de voz universal, cuya poesía ha resonado con cariño y admiración no solamente en países de habla hispana, sino que también en latitudes diferentes. Nació en Parral, al sur de Chile, el 17 de julio de 1904. Su verdadero nombre es Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto. El mismo año de su nacimiento murió su madre, quien fue profesora de primaria, Rosa Basoalto. Su padre, don José del Carmen Reyes, contrajo segundas nupcias en 1906 con Trinidad Candia, “Mamadre” en las obras de Neruda, y se trasladaron a vivir en Temuco con el pequeño Pablo. Desde 1917 empieza a publicar sus primeros poemas, obteniendo en 1919 un primer premio en los Juegos Florales del Maute. En 1920 adopta definitivamente el pseudónimo de Pablo Neruda, supuestamente en recuerdo del cuentista checo de ese nombre. En 1921 llega a Santiago a estudiar Pedagogía. Aquí obtiene un sonado triunfo en la Fiesta de la Primavera de la Federación de estudiantes de Chile, con "La Canción de la Fiesta". En 1923 publica su primer libro: "Crepusculario". Al año siguiente aparece en Editorial Nascimento sus “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, en el que todavía se nota una influencia del modernismo. A partir de 1927 inicia su carrera diplimática en Ragún como cónsul. Desde entonces Neruda representó a su país en capitales y puertos de los cinco continentes. Aprovechó también esta circunstancia diplomática para difundir su poesía dando lectura de ella y hablar sobre temas de interés mundial como por ejemplo de "España en el corazón" o de García Lorca, su gran amigo y uno de los máximos representantes de la literatura española, que fue asesinado por las falanges franquistas en la guerra civil española. En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de la revista “Caballo verde” que le pone en contacto con la poesía y los poetas de la generación del 27. Político de izquierda, sus mejores amigos fueron hombres de ideología marxista. Creyó en esa revolución y la propagó en sus versos como ningún otro poeta lo había hecho. "Las Uvas y el Viento", es el libro que mejor ha evidenciado esta tendencia.

En 1971 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, que lo consagró definitivamente. Su nombre mucho antes de obtener el premio ya era repetido por miles de personas que desde "Los veinte poemas" hasta el "Canto general" encontraron versos en cuya imagen poética latía la sustancia del hombre universal. Después de haber sido Embajador en París, 1970, durante la Presidencia de Chile de Salvador Allende, vuelve a su Patria, 1972, cargado de honores y prestigio. Se instala a rememorar su vida y a escribir sus memorias en su casa situada junto al mar en Isla Negra, donde le sorprende la noticia de la caída del régimen democrático de Allende y su asesinato por parte de los militares encabezados por el General Pinochet. Era el 11 de Septiembre de 1973. Le dolió mucho la traición a su viejo amigo y líder socialista, le dolió la vergüenza de su Patria otra vez en manos criminales y le dolió tanto su vieja enfermedad de cáncer que por todo esto cerró para siempre sus ojos. En Santiago de Chile, en una clínica, el más grande poeta que ha dado Hispano América al mundo, fallecía. Era el 23 de Septiembre de 1973. Póstumamente se publicaron sus memorias en 1974, con el título “Confieso que he vivido”.

Dos mujeres asomaron en su vida y fueron las que dejaron una huella indeleble en el corazón del poeta: Delia del Carril y Matilde Urrutia, la primera le acompañó en su exilio por España y juntos, sin gozar aún de la fama ni de la hulgura económica, hicieron patria democrática combatiendo el facismo europeo. Matilde Urrutia fue quien más tiempo gozó de su presencia, fue la inspiradora de "Los Versos del Capitán", y fue la que amortajó su cuerpo y cerró sus ojos.

Aunque murió en 1973 -con 69 años-, a los pocos días del terrible golpe de Pinochet, que remató su ya malparada salud, el chileno Pablo Neruda sigue siendo para muchos, en España y sobre todo en América, el poeta por antonomasia. Poeta de popularidad caudalosa y voz múltiple, en su amplia obra viven, sobre todo, las dos facetas de la poesía universal: la protesta y el amor, la rabia y la ternura...

Según algunas fuentes, Pablo, por entonces diplomático, se hizo comunista durante su estancia en Madrid, en los años últimos de la II República, a través de su pasión amorosa con una rica argentina, mayor que él, revolucionaria y sofisticada, Delia del Carril, uno de sus grandes amores, junto con la que sería su última esposa, Matilde Urrutia. Pero Neruda fue un hombre de mujeres, de muchas mujeres, un contumaz promiscuo, como parece razonable en quien tan poderosamente sintió el eterno femenino. Así, la sexualidad, el amor, la pasión y la belleza femenina son una constante en su obra. De ahí que su poesía de amor y pasión sea la voz irrenunciable de Neruda: desde los célebres “20 poemas de amor y una canción desesperada” hasta la madurez de “Los versos del capitán” y sobre todo los “Cien sonetos de amor” que son de 1959, la mujer y su relación con ella estan siempre en sus versos. Como tantos grandes, Neruda fue un ser contradictorio. Pero en su poesía supo ser unánime, siguiendo una lína regular desde el punto de vista temático como estilístico. Como todo el que ha escrito mucho, en Neruda se podran encontrar ciertas irregularidades, pero nunca echará a faltar la voz, el aliento, el torrente, la sensación de fuerza visceral que procede de esa tierra celeste y de esa vulva feroz, que Pablo convirtió en el imán de su vida y de todos sus versos. Palabra torrente y palabra aroma, palabra atracción y palabra trastorno, palabra de vuelo y palabra de arado; todo conduce al sexo.

Niño grande, poderoso amante, comunista convencido, vividor, cosmopolita, popular y exquisito, Pablo Neruda es el poeta de todo momento, el inmenso poeta batallador y suave del día a día. (“Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,/ mi alma no se contenta con haberla perdido”). Una gran voz poderosa.

Análisis de los recursos y símbolos relacionados con la sexualidad más utilizados en las diferentes etapas de su bibliografía

Pablo Neruda es un autor que, a través de sus obras, creo un lenguaje propio con el que jugar para transmitir al lector sus sentimientos, sensaciones, vivencias, de manera que en sus poemas podemos encontrar infinidad de símbolos, palabras que en su bibliografía adquieren una significación nueva, otra dimensión, así que es importante conocer con que relaciona el autor estos símbolos para poder captar el sentido real de sus escritos. Con este análisis se pretende profundizar en el modo que utiliza Neruda su simbologia aplicada a la temática sexual, ya que en pocos poemas describe fríamente el acto sexual, prefiere usar sus símbolos para decir a su manera, lírica y pasional, que representa para él la unión de una pareja, cómo ve él el cuerpo femenino y que referencias tiene. Haciendo un repaso general a su obra, podríamos decir que Neruda extrae su lenguaje de la Madre Naturaleza, centrandose sobretodo en el mar y la tierra, pero también en los astros y el universo (el cielo, las estrellas, la luna, el sol), el mundo floral (rosa, jazmín) y animal (pájaros, peces). Para él, el cuerpo de la mujer es un tema esencial, lo relaciona con los elementos arriba mencionados, pero también, en determinados poemas, con las guitarras, los recipientes (vasos, copas, tinajas), se detiene sobretodo en los pechos, el pubis, el sexo, el centro del placer y de su mente. Porqué está obsesionado con conocer a la mujer, hacerla suya, no le importa sufrir por ella, es más, considera que sin ese sufrimiento, la gratificación de amar no es tal. Compatibiliza el dolor con el amor, sobretodo en su etapa de amor juvenil, en la que amores como los de Josie Bliss y Maria antonieta Haagenar le hacen sentir la desesperación y el desasosiego. Pero con el tiempo, un factor muy a tener en cuenta en su trayectoria, conoce otros amores que le proporcionan estabilidad y serenidad, de manera que a medida que va envejeciendo, su principal preocupación ya no es el sufrir y morir por amor, sino que hacer balance de su vida sentimental, como ha pasado el tiempo, como recuerda aquellos amores, y qué es lo que se ha perdido y ha ganado.

1.Descubrimiento del sexo: “El sexo” (p.151)

Aunque este poema está incluido en la parte final de la producción de Pablo Neruda, considero que desde nuestra perspectiva temática, es posible analizarlo al principio de nuestra andadura por su tratamiento de la sexualidad, ya que narra su primera experiencia. Este es un poema escrito por un Neruda que recuerda, en el último tramo de su vida, como aconteció su descubrimiento del sexo, y de que manera lo determinaron en su vida sentimental futura. Así, nos narra en forma de poema anecdótico las circunstancias en las que sintió por primera vez la tensión sexual, que para él era algo desconocido, y como en un intervalo de tiempo cortísimo pasó de ser un pequeño “con pantalones cortos,/piernas flacas,...” a perder su inocencia y sentir “que cambiaba algo en mi sangre”. Por lo tanto nos relata la metamorfosis que sufrió, el adiós a la infancia para descubrir “súbitos tesoros”, es decir, la mujer, en este caso unos proyectos de mujeres, pero que ya indican por dónde se encaminará la primera etapa amorosa de Neruda: por la atracción hacia todo lo que tenga que ver con el universo femenino, en el poema no es una, sinó dos, las que despiertan su instinto sexual, no piensa limitarse en un principio a profundizar en tan sólo una mujer, piensa probar y decantarse por un tiempo al donjuanismo.

Abre la historia con una descripción de su Tamuco rural, con el calor y los aromas rojos de su tierra, que invitan a la aventura y la búsqueda de nuevas experiencias. Después del marco, sigue haciendo un autorretrato de su aspecto, un pequeño vestido de negro, aislado del entorno, ojos inquietos, que de pronto ve interrumpida su tranquilidad espiritual con la llegada de “las instigadoras”, Rosita y Josefina, que como muchas de sus figuras femeninas, están “llenas de luz” y se ven simbolizadas por unas guitarras, en este caso “pequeñas”, ya que aún no son mujeres de verdad. Unas guitarras que llaman a un Pablito temeroso, y se apoderan de su inocencia y la instan a correr. De esta manera, las niñas se convierten en las dueñas de la escena, llevan la iniciativa, y hacen del protagonista su prisionero, que se encuentra indefenso y asustadizo delante de lo desconocido, pero que tampoco se atreve a resistirse ante lo que está a punto de suceder (de verdad sus piernas no podían llevarle?). Las inteligentes fascinadoras no dudan en distraer a su víctima para examinar “a su primer hombrecito”, porque ya no es el niño del principio, ahora ha subido de categoría. Pero la acción se ve interrumpida, el mundo de los adultos acaba con el momento mágico de la iniciación y juntos, “las dos piratas” que han saqueado su intimidad, y de nuevo el prisionero, se esconden y el único testigo de su travesura se ve destruido por unos “intrusos”. Así el episodio se da por terminado, pero algo acaba de cambiar, la transformación es irremediable, y llega la noche, “la tarde se convertía en sombra”, Pablo no puede ignorar que la excitación le hacía a su sangre recorrer todo su cuerpo, la electricidad, que más adelante volverá a sentir con el placer sexual, se apodera de su diminuto ser, en forma de flor, una flor llena de necesidad, de hambre de mujer, y que le acompañará a lo largo de su vida y literatura.

De todos los poemas analizados, este es el que menos sigue el lenguaje simbolista, en el sentido que se centra más en la acción, en los hechos, que no en las segundas lecturas de cada palabra. Aún siendo así, están presentes los símbolos más importantes, los que ya hemos citado y que aparecen en gran cantidad de poemas, como son la guitarra, el mundo floral, la presencia de la naturaleza (el nido, los huevecillos). El estilo es directo, es una descripción de un recuerdo especial, y por lo tanto, y a diferencia de los otros poemas, el autor habla en tiempo pasado, pero conservando la presencia de las enumeraciones, la repeticiones de conceptos importantes y la ausencia de rima.

2.Concepción del sexo en la juventud: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1, 9 y la canción desesperada, p.37, 41 y 47)

Estos tres poemas pertenecen a la primera etapa literaria de Pablo Neruda, sus primeros años como amante, sus primeros amores que no son aún definitivos, sino de experimentación, descubrimientos, el momento donde se asientan sus símbolos referidos a la mujer y el acto sexual, de manera que en estos poemas empezamos a encontrar los más importantes y en los que insiste más en su bibliografía. Así, ya vemos a lo femenino representado por la tierra, la oscuridad de la noche, y al hombre, a Neruda, simbolizado por el “labriego”, el campesino hambriento e incansable que trabaja el campo, que lo “socava” o el marinero que “monta olas”, el naúfrago que vive desorientado por la figura femenina, que intenta navegar por una mujer “leve como el agua y la harina”. Tal y como afirma Jorge Edwards, biógrafo de Neruda que ha realizado la selección de la antología que tratamos, “el Neruda de la adolescencia y los veinte años es un soñador más bien donjuanesco, cambiante, intensamente sensual, que parece ver el objeto amoroso de dos maneras: como figura fantasmal, de ensueño, o como naturaleza” (p.8). Efectivamente, en estos tres poemas que analizamos, predomina la analogía entre el cuerpo de la mujer y la naturaleza, ya que además de la ya mencionada identificación con la tierra, los pechos se han convertido en “blancas colinas”; “muslos blancos”, “cuerpo de leche ávida”, “afortunadas islas blancas” que caracterizan la blancura, la luz de la feminidad, una figura casi etérea, que contrasta con la oscuridad de su sexo, la cavidad, el túnel, la feroz cueva, la noche que en el poema 1 invadía poderosamente el miembro masculino, el arma, la flecha. O como en el poema 9 y en la canción desesperada, donde el poeta se adentra en aguas turbulentas, inicia el tema del mar, porque él “ama el amor de los marineros”, en el segundo verso él es un río que “anuda al mar su lamento obstinado”, se debate en frías corolas, la humedad y dónde en lugar de elementos de la naturaleza, para referirse al sexo femenino se habla “del delgado día”, “embriagadoras rosas” y se usa la palabra “sentina”, una parte de los barcos, la cavidad inferior de una nave, pero que en otros contextos, como en la segunda aparición de la palabra en el poema, se refiere a un lugar lleno de inmundicias, un “pozo abierto y amargo”. Fijando la mirada en los tres poemas en general encontramos aspectos similares, como el hecho de que la iniciación del acto sexual está representada por la figura de los pájaros, que está presente en el principio de la descripción simbólica del coito: “De mí huían los pájaros” (1), “los racimos arden picoteados de pájaros”, “emigran negros pájaros”, “ de ti alzaron la alas los pájaros del canto” (la canción desesperada); que el amor y el acto sexual tengan connotaciones de deseo, placer y dolor, fatiga y la muerte a la vez, de manera que la mezcla se convierte en explosiva y es el origen de los mejores versos: “ Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,/ y la fatiga sigue, y el dolor infinito”, “Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!”, “ Mi deseo de ti fue el más terrible y corto”, “Oh sentina de escombros, en ti todo caía,/qué dolor no exprimiste, que olas no te ahogaron.”; además de que el acto sexual en los tres es verdaderamente muy explícito, si se intenta interpretar, el autor no da lugar a dudas, sus símbolos son concretos y se basan en analogías y comparaciones, en metáforas que le dan una sentimiento, una significación y una intensidad al sexo incomparable, describiendo cada movimiento, signo de placer y gemidos: “Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!/Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!”, “Tiembla en la noche húmeda mi vestido de besos,/locamente cargado de eléctricas gestiones...”, “tu paralelo cuerpo se sujeta en mis brazos/como un pez infinitamente pegado a mi alma...”, “Oh la boca mordida, oh los besados miembros,/Oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cúpula loca de esperanza y esfuerzo/ en que nos anudamos y nos desesperamos.”

Desde el punto de vista de vista estilístico, el poeta sigue utilizando los mismos recursos que en sus anteriores producciones, aunque algunos con más fuerza, para enfatizar la pasión del acto sexual, las descripciones y que el lector imagine, interprete y se de cuenta de la intensidad con la que Neruda lo vive. Por eso se decanta por las exclamaciones, que rápidamente se relaciona con los gemidos y la respiración entrecortada, las apóstrofes, dirigiéndose directamente a su amada, reiterándole “Todo en ti fue naufragio!”, las antítesis (“Descubridor perdido”), interrogaciones retóricas (“qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.”) el ritmo acelerado ya comentado con anterioridad, que nos da una idea de la rapidez, la viveza de sus encuentros carnales, de cómo las ideas se vuelven de pronto inconexas, para recuperar la tranquilidad después del gran estado de excitación, cuando “Es la hora de partir, la dura y fría hora/que la noche sujeta a todo horario”. Neruda vive el sexo como una necesidad, con ansiedad: “Mi sed, mi ansia sin límite...”, “Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego...”, “Era la sed y el hambre, y tu fuiste la fruta.”. También el concepto de temporalidad (“es la hora de partir...”, “Era la alegre hora del asalto y el beso”, la “hora húmeda”) y el mundo floral aparecen en estas tres obras, las rosas significan, como casi siempre, la flor más preciada, el sexo femenino, que se abre y enrojece con la excitación, “Ah las rosas del pubis!”, “embriagadoras rosas practicándose en mí”. Estos son poemas en los que predomina el amor carnal (“Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí”), el sexo en estado puro, la carne es el centro temático, el mundo femenino, el amor hacia la Mujer como concepto se adueña del poeta y le hace sentirse prisionero, necesita amar y se entrega al placer sin condiciones.

3.Tratamiento de la sexualidad en “Los versos del capitán” y en las “Odas”:( La noche en la isla, El insecto, Oda a la bella desnuda, p.89, 93, 109)

Los siguientes cuatro poemas se corresponden a la etapa que Jorge edwards y otros estudiosos de la obra de Pablo Neruda han denominado ciclo de Matilde. Con su segunda esposa y la definitiva, el poeta encuentra “un puerto” en el que atar gustosamente las amarras, dejar a un lado la superabundacia de mujeres para centrarse en la superabundancia de un amor que convierte a Matilde en su “ola única”. Su poesía es más tranquila, más ingeniosa, y se respira serenidad en sus ambientes, la tormentosa pasión, el desesperado anhelo, deja paso a la naturaleza calmada, el universo en harmonía, el día de cada día, alegre, la vida doméstica llena de ternura y comprensión. Ha dejado los problemas, los sufrimientos, los amores y comportamientos enfermizos, y eso se refleja en el hecho de que tiene la capacidad de escribir sobre los detalles, no sobre sentimientos grandilocuentes, sino que nos habla de las aventuras de un insecto, de la contemplación de una mujer, la descripción suave y transparente, la placidez de una noche de amor y sueño vivida con el corazón esperanzado, abrazando a la mujer que ama sin miedo y sin resquemores. Pero de todas maneras, no renuncia a hablar del sexo, del lento éxtasis que le une al eterno femenino, la observación de su guitarra, de su instrumento de placer, de su vaso al cual llenar con lo mejor de él mismo, su alma gemela con la que se siente complementado y completamente realizado. Los tres poemas son muy diferentes en estilo, en temática, y por lo tanto se analizaran por separado.

El primer poema se sitúa en el marco de Isla Negra, a la cual hace diversas referencias (“negra soledad de las islas”, “he dormido contigo/junto al mar, en la isla”), el lugar donde pasó la mayor parte de su matrimonio con Matilde, el escenario de su amor, junto al mar y en tierra, conjugando sus dos grandes símbolos. La noche la pasan “entre el fuego y el agua”, “entre el placer y el sueño”, la pasión no ha decaído, se siguen amando en la noche, uniendo sus sueños “en lo alto y en el fondo”, besándose y copulando, abrazándose mútuamente y uniendo sus “rojas raíces”, la rosa del pubis con el pájaro. Más tarde los sueños se separan físicamente, pero sus pensamientos corren de forma paralela, y el autor empieza a finalmente darse el uno al otro: “porque tú eres la copa/que esperaba los dones de mi vida”. El sentimiento de unión máxima se prolonga durante la siguiente estrofa, en la que le confiesa que ha pasado la noche pensando en ella, a su lado, mientras el mundo sigue su camino “con vivos y con muertos”, para darse cuenta al despertar que nada los ha podido separar hasta el momento, ni la noche ni el sueño, sus pensamientos estaban conectados, y lo seguirán estando eternamente. Ya los dos despiertos, un beso de la tierra sella la unión, les hace olvidarse del exterior, porque sólo ellos dos cuentan.

En “El insecto”, la voz de Neruda se nos muestra llena de vida, dejando las reflexiones a un lado, con una frescura “infinita”, de manera que empieza el poema con una declaración de principios: “De tus caderas a tus pies/quiero hacer un largo viaje”. La mujer que dibuja está llena de luz, de claridad, es pálida, de color avena, recorre sus colinas/pechos, sus caderas y llega a una montaña, llena de un musgo, el vello púbico, que le maravilla y le arrancan una exclamación, le incitan a permanecer dentro de ella para siempre, sobre un cráter, de nuevo una rosa encendida, “llena de fuego humedecido”, por lo tanto el sexo femenino. Admira sus pies, su contorno de vasija, que no de guitarra, hambriento y ciego, anonadado con la visión de la grandeza, la gran dimensión de la mujer que para algo “más pequeño que un insecto” representa.

Finalmente “Oda a la bella desnuda” se presenta como una celebración, un texto alegórico y lleno de comparaciones, de la belleza femenina, es otro homenaje a la figura femenina, al placer de contemplar tal imagen. Ya en la primera estrofa encontramos los tradicionales elementos de la naturaleza, identificando a la mujer tanto con la tierra como con las olas y el mar: “como en tierra de bosques o en espuma:/en aroma terrestre/o en música marina”, conjugando sus dos escenarios favoritos, de manera que las orejas de la protagonista son caracolas del mar americano y los párpados son de trigo. Prosigue describiendo la parte delantera del cuerpo de la mujer, hablando de pechos perfectos colmados por la luz, ojos grandes comparados con la inmensidad de los países. Entonces cambia la perspectiva, y Neruda se dirige a la vista trasera de su objeto de admiración, la espalda es de nuevo pálida, dando sensación de claridad, y acaba “en dos tersas mitades de manzana”, las nalgas, que se convierten en las piernas, “en dos columnas/de oro quemado, de alabastro fino”, que esconden entremedio el tesoro, “la turgente fruta erguida/sobre el pacto del mar y de la tierra.” ya que el sexo femenino es representado por la tierra/mujer que da frutos y humedad/mar que lo impregnan. Vuelve a subir la mirada hasta los pechos, “colinas plateadas”, la mujer está encendida por dentro, la luz, la nieve, se funde con el contacto de la ardorosa piel femenina, llenándola de la claridad de la luna, representante del mundo del cosmos que tiene cabida en esta etapa literaria de Neruda. La comparaciones reiteradas, el cromatismo rojo, los símbolos del medio natural, el campo y sus frutos acompañan al poeta en su intento de reflejar sin limitaciones su personal visión de la mujer. Consigue metáforas tales como hacer de los brazos de los amantes “ramas que un mismo viento mueve”, que tienen las mismas motivaciones y objetivos, la mujer como recipiente contenedor del amor y la pasión, las piernas vistas como dos columnas, y el cuerpo compuesto de materiales sacados del interior de la tierra, de las entrañas del planeta, tal y como de las entrañas de la mujer surge la materia de la cual nos componemos todos los seres humanos.

4.El sexo recordado: “Canto General” (La estudiante, p.145 )

De la misma manera que el primero de todos los aquí comentados, este poema también se encuadra dentro de la etapa de los últimos años de su vida, en los cuales, desde sus aposentos en la Isla Negra, se dedica a rememorar su juventud y ver, desde la perspectiva del tiempo, lo que significaron para él esos amores. La diferencia entre uno y otro radica en el hecho de que el tratamiento que se hace de la sexualidad es diferente, en “El sexo” la visión se practica a partir de la inocencia y la infancia, mientras que en “La estudiante” asistimos a un Pablo Neruda ya vivido, que encierra en la mujer del título a todas las que conoció en su etapa de estudiante en la universidad, que encierra a su vez su vida pasada de frenesí y “superabundancia”, difiriendo también en que este poema no relata unos hechos, sino sentimientos y sensaciones, su perspectiva de lo femenino, que en esos momentos es de la dulzura infinita, de la carne joven y devorada, insaciable y que sólo aspira al deseo. Su enamorada es una copa que él se dedica a llenar, como a muchas de sus mujeres identificadas con recipientes, con su polen, su semilla, él llena el vacío con deleite. El marco por excelencia es la noche, de la qual en tres versos de la segunda estrofa repite otras tantas veces. Es una noche oscura y mojada(“como el vino”), roja como el sexo de su amada, y desde la noche cae encima de ella “como una torre herida”, haciendo una gran metáfora de la penetración, continuando con otra, la estrella que simboliza la constante mención al sexo femenino, y que “palpitó contra mí”, de manera que todo el acto sexual se describe de forma alegórica. La siguiente estrofa sigue la misma línea de conjunto metafórico, la cintura golpea el tiempo, se balancea rápidamente sin perder un instante, porque para los amantes el tiempo es precioso. De manera que pronto se sobrevienen las “sanguinarias ráfagas de espinas”, la inminencia del orgasmo. En la cuarta estrofa se hace un pequeño paréntesis, una reflexión de la magnitud de este amor “sin nada más”, cien por cien carnal, que ocupa los vacíos de la vida de cada persona, sexo por sexo, sin cabida a grandes sentimientos, pero que aún así, arrastra al poeta, que no ceja en su empeño de poseer a la mujer, “mordiéndola”, haciéndola llegar al clímax y recogiendo su fruto en racimos. Pablo Neruda no se encontraba en esos momentos atado a ningún sentimiento, a ninguna persona, pero sí a la mujer y el sexo, “a esta gruta de fría cabellera”, de la que nunca se sacia, tiene una necesidad vital, el hambre, de encontrarse entre los labios (vaginales) de la tierra, la mujer, no puede ni piensa prescindir de ella.

Toda esta serie de hechos se narran, como se ha podido comprobar, simbólicamente, de manera que podemos encontrar vocabulario muy habitual en Neruda que identifica en cada momento lo que realmente está sucediendo, lo que nos quiere transmitir y su visión de lo que le sucedía en su juventud. Por lo tanto, podemos relacionar la carne, el color rojo, en este caso el púrpura, y la naturaleza, la gruta/cueva, con el sexo femenino, que también se caracteriza por la oscuridad, las tinieblas, la noche, y que está presente a lo largo de todo el poema. El medio natural tiene otros representantes, como las espigas, el cielo, la omnipresente tierra/mujer, el polen germinador, el mundo floral (“redes del jazmín”)y la fruta. Además, el autor utiliza recursos como la apóstrofe, la repetición de las palabras “noche” y “amor” y la irregularidad que aporta la no rima, dando al lector esa sensación de ansiedad, de ideas encadenadas por la celeridad del momento, el descuido que obliga la necesidad, la prisa y el deseo, que hace que los amantes no se besen, sino que se devoren.

Bibliografia

  • NERUDA, Pablo,(selección y prólogo de Jorge Edwards) Poemas de amor, ed. Seix Barral, col. Biblioteca Breve, Barcelona, abril 1998.

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