Religión y Creencias


Males del mundo


EL MAL, UNA REALIDAD DOLOROSA

El dolor de la guerra y el terrorismo

Después de la II Guerra Mundial, muchas naciones se unieron (ONU) con el propósito de evitar más guerras. Desde entonces no se ha producido ninguna conflagración mundial, pero sí muchas guerras locales; la mayor parte, en África, Asia, algunos en América Latina y uno en Europa.

En Argelia sufren torturas, odio, desvalorización, hordas de bárbaros, integrismos...y en Ruanda: matanzas, guerras, secuestros...

El dolor del hambre y del paro

Según UNICEF, cada día mueren más de 35.000 niños de hambre y unos dos mil millones de personas sufren desnutrición. Cuando ves morir de hambre a un niño, se te parte el alma, la cabeza se te queda hueca y el corazón roto. Se quitan las ganas.

En 1997 había 18 millones de parados en Europa, lo que lleva a muchos a sentirse inútiles e inservibles. Personas que durante su juventud se prepararon con ilusión, hoy han perdido la esperanza de encontrar trabajo. Llevan encima frustración, pobreza, inutilidad, desmoralización, decaimiento y desilusión.

El dolor de la soledad y del rechazo

Nuestra sociedad cuenta con muchos medios de comunicación, pero falta contacto, conocimiento personal, sentimiento de pertenencia, sentido de familia. Cada vez más personas se sienten solas. Ha habido casos de personas que llevaban varios días muertas y nadie las había echado de menos.

Es preocupante la situación de las personas mayores. La mayor parte del tiempo están solos. Sus hijos y nietos no tienen tiempo para ellos. Se levantan, se sientan y a esperar la hora de ir a la cama: Todos los días igual.

Los prejuicios, la intolerancia, el racismo, la xenofobia y la antipatía, llevan a rechazar, marginar o despreciar a otras personas. La misma vida social, las relaciones profesionales o amorosas hacen que algunas personas no se sientan integradas.

Alguien que ha sido rechazado por la chica a la que ama, se siente dolido humillado y desesperado. Sabe que hay otras, pero él solo quiere a una. Está flotando en un mar de dolor.

El dolor de la enfermedad y de la muerte

La enfermedad es un mal que pasa a ser viviente. Cuando es grave, nos arranca del entorno habitual, nos impide participar en la vida social, mutila funciones, derrumba planes, desarraiga sentimientos, nos deja en estado de indigencia y necesidad.

La muerte es una realidad dolorosa por la que todos tenemos que pasar; es una condición de la naturaleza y hace posible la historia como sucesión de generaciones. El ser humano sabe que va a morir, sufre y se pregunta por qué.

No podemos evitar la experiencia de desgaste ante la muerte de personas queridas o peligros a que estamos expuestos. La muerte violenta tiñe de indignación el sentimiento de dolor que produce la muerte natural.

El dolor físico y el dolor moral

El ser humano sufre de muchas y variadas maneras. El sufrimiento es complejo y está enraizado en la humanidad misma. La distinción entre sufrimiento físico y moral, toma como fundamento la doble dimensión del ser humano.

El sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera duele el cuerpo, mientras que el sufrimiento moral es dolor de alma. Se trata del dolor de tipo espiritual, y no solo de la dimensión psíquica del dolor que acompaña tanto el sufrimiento moral como el físico.

La terrible verdad del dolor

El mundo contiene belleza, armonía y bienes que nos hacen gozar. Pero también males que nos hacen sufrir. La armonía de la naturaleza se quiebra por terremotos; el equilibrio ecológico se sustenta en que numerosas especiales animales viven para ser devoradas por otras; la vida está sometida a la muerte: nace, crece, madura y desaparece.

Según Buda, todo es dolor; es la primera noble verdad. La vida es dolor porque es precaria, efímera, aparente, frágil. Para Schopenhauer el mundo es apariencia y el dolor es el sentimiento fundamental de todos los seres, porque es la esencia del universo.

El mal tendremos que sufrirlo antes o después. El sufrimiento es inherente a nuestra condición; ignorarlo es ignorar lo que somos; cerrar los ojos al dolor ajeno es cruel, pues es cuando más nos necesitamos. Es necesario asumir el dolor de una forma consciente y ver el mejor modo de combatirlo.

Comentario personal

El hombre desde su creación, ha sufrido una serie de dolores que ha acarreado hasta la actualidad. Algunos de estos males son: la guerra, el terrorismo, el hambre, el paro, la soledad, el rechazo, la enfermedad, la muerte...en muchos de ellos, encontramos un alto componente sentimental, cuya decadencia ha sido causada por la mayor importancia dada a los elementos materiales en los últimos tiempos.

Muchos podían ser evitados tan solo con voluntad: acompañando a las personas que están solas, solucionando los problemas sin llegar a causar enfrentamientos bélicos o simplemente aprendiendo a aceptar a los demás tal como son, con sus defectos y sus virtudes, sin obligarles a sentirse mal por ello. El futuro del mundo está en nuestros manos, y solo de nosotros depende que los dolores, que tanto han hecho sufrir al hombre durante su historia, algún día dejen de provocarnos trastornos.

¿POR QUÉ EXISTE EL MAL?

Una pregunta inevitable

Es una pregunta acerca de la causa, la razón, la finalidad y el sentido. No solo acompaña al sufrimiento sino que determina el contenido humano, es por lo que el sufrimiento es propiamente sufrimiento humano.

El dolor está difundido en el mundo de los animales, pero solo el ser humano se pregunta por qué y sufre aún más si no encuentra una respuesta.

¿Por qué el mal? Cuando nos planteamos esta pregunta, hacemos siempre una pregunta también sobre el sufrimiento.

Son difíciles cuando las hace el hombre al hombre, los hombres a los hombres, como cuando las hace a Dios. El hombre no hace esta pregunta al mundo, aunque el sufrimiento provenga de él, sino que la hace a Dios como Creador y Señor del mundo.

Una pregunta que remite a Dios

Cuando alguien se ve en peligro suele invocar a Dios para que lo libere del mal. Desde la Antigüedad se pensaba que el mal era causado por un dios maléfico, que podía ser un castigo de Dios por los pecados de los humanos.

Zoroastro enseñó que existe un dios bueno y uno malo. Esta idea dualista reaparece en el maniqueísmo (Manes) que hablaba de dos principios, el bueno representado por la luz y el malo, representado por las tinieblas.

Epicuro se preguntaba: “ Si Dios es bueno, ¿de dónde procede el mal? Si Dios no quiere impedir el mal, no es infinitamente bueno y si no puede impedirlo, no es omnipotente. Si no quiere ni puede, es envidioso y débil”.

Epicuro enseñaba a buscar el placer y a suprimir el dolor. Su enseñanza moral se basa en la ausencia de dolor; enseñaba a aceptar la muerte.

Buda enseña que la causa del dolor está en el deseo de placer. El origen del dolor conduce a la reencarnación, ese deseo de lo sentido, de perpetuarse, de destruirse. El dolor se elimina si se logra extinguir el deseo, acabar con la codicia, renunciar al placer, disolver el yo y liberarse de sí mismo. Buda propone seguir el camino al nirvana.

¿Castigo divino?

Albert Camus plantea el porqué en La peste. Una ciudad se ve invadida por una epidemia en la que un médico se esfuerza por salvar la vida de los apestados. Un sacerdote, intenta hacerles ver el sentido de su sufrimientos, presentándolos como castigo de Dios. Ambos coinciden junto a un niño moribundo, y el médico pregunta al cura: “¿También este niño sufre como castigo por sus pecados?” y añade: “Me niego a amar esta creación donde los niños son torturados”.

Dostoievsky plante el problema en Los hermanos Karamazov. Uno de ellos, se rebela contra los males y sufrimientos contra el dolor de niños inocentes: “ Yo acepto a Dios... pero me niego a aceptar este mundo que ha creado”.

En la tragedia griega, héroes como Ulises, Edipo o Prometeo se rebelan contra la suerte humana y son castigados a sufrir las más terribles pruebas.

En el libro de Job, el autor crea un personaje que tiene todas las bondades: honrado, íntegro, justo, temeroso de Dios y rico. Era el más importante de los habitantes de Oriente.

Job pasa por dos pruebas. En primer lugar: incendios, tornados y razias le privan de sus bienes, servidores e hijos. Job sufre con una fe imperturbable. En la segunda prueba, Job sufre llagas que le obligan a refugiarse en un muladar. Entonces Job se rebela.

¿Un misterio?

Ninguna explicación logra responder racionalmente sobre el origen del mal y del sufrimiento. Nos cuesta admitir que el mal sea “un puro hecho natural basado en la tendencia al desorden de las delicadas arquitecturas orgánicas, sin sentido” (J.Monod) o “un momento necesario en el proceso o movimiento del universo” (Hegel).

Tampoco podemos admitir que el mal sea un castigo. Dentro del cristianismo existe una creencia de que los males son un castigo de Dios por los pecados cometidos. Esta creencia tiene su referencia en textos bíblicos que basan el orden moral en el sentido trascendente de la ley de Dios y de su justicia. “Si el sufrimiento tiene un sentido como castigo cuando está unido a la culpa, no es verdad que todo sufrimiento se consecuencia de la culpa y tenga carácter de castigo”(Juan Pablo II).

A pesar de los males, Job es justo e inocente. Sus amigos tratan de convencerle de su culpa, pero él insiste que es inocente.

El sufrimiento de Jesucristo es señal de que el dolor no es castigo de Dios. La pasión y muerte de Jesús nos sumergen en el misterio del justo que sufre injustamente.

El sufrimiento es una realidad misteriosa y desconcertante que hace dudar de Dios, pero si Dios no existe, ¿qué esperanza queda a los que han muerto luchando por la justicia?

Comentario personal

El hombre desde el principio de los tiempos se ha preguntado acerca del origen del mal y del sufrimiento, pero nunca ha conseguido obtener una respuesta que lograra satisfacer sus deseos de conocimiento. Cuando lo relacionamos con Dios, unos sabios se plantean: ¿Por qué Dios lo permite, si Él es infinitamente bueno?, otros afirman la existencia de otros dioses: unos buenos y otros malos.

Filósofos y escritores han intentado encontrar asimismo una respuesta al dilema, sin conseguirlo. Se ha llegado a pensar incluso que el mal era un castigo de Dios...que Dios en ocasiones permite el sufrimiento, como el que le causamos a Jesús cuando murió por nosotros, pero el sufrimiento no nos puede llevar a la duda, ya que si Dios no existiera, ¿qué esperanza queda después de la muerte?

-EL SILENCIO DE DIOS

Abandono de Dios

Lo que más le duele al enfermo es verse abandonado, ver la apatía e indiferencia de las personas en las que confía y a las que ama. En lo más profundo del sufrimiento los seres humanos se sienten abandonados y desamparados de Dios. Lo que daba sentido a su vida, está vacío.

Job sufre por sus bienes, sus criados, sus hijos, su enfermedad, el rechazo y la incomprensión, pero sobre todo, por el abandono de Dios.

En Jesucristo, el abandono de Dios se hace patente en el huerto de los olivos. En la cruz muestra el dolor al decir: “ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Job: encuentro con Dios en el dolor

Job podría haber dejado de confiar y de creer en Dios pero se hubiera hundido. Job sabe que es justo; necesita a Dios y reclama su presencia.

Las preguntas constantes, sus plegarias, sus llamadas a la justicia divina mantienen su esperanza. Job es conocido como modelo de paciencia, pero en realidad lo es de resistencia por su impaciencia.

La impaciencia de Job consigue que Dios colme sus deseos, de verlo y sentir en su interior suspirar sus entrañas.

La esperanza de Job se basa en la fe, y Dios no le defrauda. Tas el largo silencio, Dios interviene, poniéndose del lado de Job. Dios hace reflexionar a Job sobre su identidad, sobre los límites de su conocimiento y de su poder y le invita a la prudencia y a la humildad.

Jesucristo: sentido del dolor sufrido por salvar a otros

En Jesucristo, el sufrimiento ha sido vencido por el amor. Cristo sufre inocente y voluntariamente; su sufrimiento es la expresión del amor más puro; más fuerte que el dolor y la muerte. La pasión de Cristo ha sido unida al amor que da vida, al amor creador y salvador de Dios.

La salvación solo puede entenderse como un acto de amor. Sólo la lógica del amor puede dar razón del origen de la vida en su total gratuidad; solo el amor puede eternizar y llevar a plenitud lo que gratuitamente ha creado.

El poder del amor es como el de los padres que aman a todos sus hijos, pero sienten especial ternura por los más débiles. Es la solidaridad. En Jesucristo Dios se hace condolencia, para que todos los que sufren puedan encontrarse con Él en su dolor. El dolor, cuando es compartido, se humaniza.

Comentario personal

Es duro y duele que los demás te abandonen en los momentos difíciles, aún más si quienes te abandonan son tus amigos, o personas que tú creías que te apreciaban de verdad, pero el dolor máximo viene cuando una persona se ve abandonada de la mano de Dios.

En la historia de Job, vemos como un hombre, puede sufrir los males mayores del mundo, sin perder la fe en Dios, que al final, le recompensa. Es un modelo de resistencia y de verdadera creencia.

En el relato de Jesucristo, vemos como el Hijo de Dios, fallece tras padecer multitud de sufrimientos por amor. Muere por amor hacia nosotros, para el perdón de todos nuestros pecados, por lo que nos invita a vivir una vida dedicada hacia los demás por completo.

-¿PECADO ORIGINAL?

Pecado de origen

El ser humano padece de un mal ya en su origen, antes de su propia voluntad. Cuando hacemos el mal que no queremos, sentimos que las raíces del mal se extienden a nuestra naturaleza. No es que seamos malos, hemos sido creados en estado de gracia, bondad, amo, justicia, paz y verdad.

Pero nuestra naturaleza está dañada de ahí nuestra tendencia al mal, de dominar y someter a los demás, de odio, venganza, avaricia...Dentro sentimos la presencia de un desorden o mal moral que nos lleva a hacer el mal sin quererlo. Desde antes de nacer somos víctimas de una situación de desgracia que nos rodea y precede.

El ser humano tiene una animalidad que no domina, unas tendencias que no controla. El individuo hereda situaciones injustas que le llevan a ser injusto. Nuestra sociedad está envuelta en corrupción y egoísmo; cuando llega a tener uso de razón, el niño está condicionado negativamente.

Para el creyente, el mal moral es un desorden que afecta también a Dios. El mal moral supone una rebelión contra el orden de Dios, contra el orden del amor.

Origen del pecado

El mal es un misterio. La Biblia nos revela que la humanidad está dañada de raíz, pero no es esencialmente mala. Algo ha ocurrido en la raíz de la humanidad que ha infectado el mal a todos los seres humanos.

El relato bíblico describe la esencia de Adán y Eva ante el árbol de a ciencia del bien y del mal, símbolo de la sabiduría de Dios. Comer del árbol significa querer ser como Dios, ocupar su lugar, imponer nuestras reglas, mandar y dominar. El pecado consiste en querer ser como Dios, en rebelarse contra el amor divino y en creernos dioses.

Se dice que un enemigo de Dios, envidioso de la felicidad humana, ha introducido en nosotros esa soberbia, ese afán de dominar. Habla de la serpiente en cuanto símbolo del mal: animal peligroso cuya mordedura engendra la muerte. Representa al tentador; el hombre se siente tentado a ser como Dios, pero se ve desnudo y vacío.

Al verse desnudos y sin dignidad, Adán y Eva huyen de la mirada de Dios: sienten vergüenza al ver vacío su corazón, no hay amor ni de gratitud; se cubren de apariencias y mentiras y pierden la inocencia y la felicidad; en eso consiste su pena y su castigo.

El paraíso perdido

El pecado original ha sido definido como situación de desgracia que envuelve a todos los hombres antes de su propia libertad. Esta situación histórica no pertenece a la esencia de la naturaleza. La Biblia presenta el pecado original como una ruptura del ser humano con Dios.

Antes de pecar, el hombre y la mujer tenían una relación de fidelidad, armonía, gratitud, y colaboración con Dios. Después de pecar sienten vergüenza, ingratitud, desarmonía, rechazo, automarginación, culpa, pena y dolor. Antes se sentían solidarios, y felices.

Antes de pecar existía armonía. Después la naturaleza se resiste: surge la fatiga, el sudor, las espinas...

Estado de corrupción general

La Biblia nos revela cómo el mundo está lleno de males que tienen su origen en el pecado:

Por envidia, Caín persigue a Abel hasta matarlo.

En tiempos de Noé, los hombres se ven sumergidos al desaparecer bajo el diluvio.

Por orgullo y soberbia, los hombres pretendieron construir la torre de Babel que llegase hasta el cielo, quedando confundidos y humillados.

En tiempos de Abraham, Sodoma y Gomorra sumergidas en vicio y pecado, desaparecen devoradas por el fuego.

En tiempos de Moisés, los israelitas sufrieron esclavitud en Egipto, por la soberbia y ambición de unos faraones.

A causa de la idolatría, infidelidad y otros pecados, Israel se ve sometido a la ambición de los reyes, sufriendo injusticias, violencia, guerras y el destierro.

Comentario personal

Hay quien afirma que el hombre es bueno por naturaleza, que no está predestinado a hacer el mal, pero que el entorno influye en él negativamente y eso es lo que provoca el desorden y su consecuencia: el mal.

A partir del primer mal, se desarrollan los demás: tras el pecado de Adán, se suceden asesinatos, vicios, soberbia, ambición ...En todos estos casos, vemos como alguien sufre, bien por el castigo causado por Dios, bien por la soberbia humana que derrumba a su prójimo.

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Enviado por:Maria Rubio
Idioma: castellano
País: España

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