Lazarillo de Tormes

Renacimiento literario. Novela picaresca. Argumento

  • Enviado por: Mab
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
publicidad

La vida de Lazarillo de

Tormes y de sus fortunas y adversidades.

Prólogo----------------------------------------------------------------------------------- 4

Tractado primero: Cuenta Lázaro su vida y cúyo hijo fue--------------------- 5

Tractado segundo: Cómo Lázaro se asentó con un clérigo, y de las cosas que con él pasó------------------------------------------------------------------- 6

Tractado tercero: Cómo Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaesció con él------------------------------------------------------------------- 7

Tractado cuarto: Cómo Lázaro se asentó con un fraile de la Merced, y de lo que le acaesció con él---------------------------------------------------------- 8

Tractado quinto: Cómo Lázaro se asentó con un buldero, y de las cosas que con él pasó------------------------------------------------------------------- 8

Tractado sexto: Cómo Lázaro se asentó con un capellán y lo que

con él pasó-------------------------------------------------------------------------------- 9

Tractado séptimo: Cómo Lázaro se asentó con un alguacil, y de lo

que le acaesció con él------------------------------------------------------------------- 9

Prólogo

Lazarillo de Tormes decide contarnos su historia y espera que disfrutemos con su lectura.

Tractado primero

Lazarillo nació en el punto en el que el río Tormes pasa por un pueblo llamado Tejares. Su padre murió cuando él tenía ocho años. Su madre, poco tiempo después de enviudar, conoció a un negro, Zaide, con el que tuvo un hijo. Como no tenían mucho dinero Zaide a veces tenía que robar, por lo que, cuando lo cogieron, lo castigaron. Su madre comenzó entonces a trabajar en un mesón, dónde conoció a un ciego que le pidió a Lázaro que le sirviese de guía. Lázaro marchó con él.

Por el camino el ciego dijo al niño que, si se acercaba a un toro de piedra que allí había, oiría un gran ruido dentro de él. Lázaro lo creyó. Cuando se hubo acercado lo suficiente para comprobar que era mentira, el viejo le dio una colleja que lo estrelló contra la piedra…para que aprendiese a ser más avispado.

El ciego era curandero. Ganaba mucho pero era tan tacaño que apenas daba de comer a Lázaro, que tenía que robarle una parte de la recaudación para poder alimentarse un poco mejor y beber a escondidas el vino que el amo custodiaba para saciar su sed…hasta que el ciego se dio cuenta del engaño y decidió proteger el jarro con sus manos.

Entonces Lázaro se hizo con una pajita con la que beber a distancia, pero el ciego también se dio cuenta de eso y colocó el jarro entre sus piernas.

Entonces el niño le hizo un agujerillo al envase y lo tapó con cera. Cuando el calor de la lumbre la derretía el niño se situaba debajo del chorrillo que caía y bebía.

Una de las veces que Lázaro estaba bajo las piernas del ciego éste dejó caer el jarro, que se rompió al estrellarse contra la cara del niño…como venganza, Lázaro lo llevaba por los peores caminos...

Fueron a Toledo. Allí comieron uvas. Lázaro las comía de tres en tres y el ciego se dio cuenta, puesto que él las estaba comiendo de dos en dos y el niño no había protestado.

Cuando estuvieron en Escalona hicieron una barbacoa. Al ver la longaniza Lázaro no pudo evitar comérsela. La sustituyó por un nabo, cambio que el ciego no tardó en descubrir. También se dio cuenta de que había sido Lázaro el que se la había comido al oler su boca.

El odio que el niño sentía hacia su amo era cada vez mayor, lo que le hizo llevar a cabo una cruel venganza…

Un día de lluvia el ciego pidió ayuda a Lázaro para cruzar un arroyo. Él lo situó delante de un poste de piedra y le dijo que saltara. El ciego, creyendo que delante de él estaba el riachuelo, lo hizo y se golpeó contra el poste. Lázaro huyó mientras decía…” ¿cómo oliste la longaniza y no el poste?”

Tractado segundo

Su siguiente amo fue un clérigo, al que ayudaba a dar misa.

Era tan tacaño como el ciego, así que tuvo que volver a utilizar su ingenio para poder comer.

El clérigo guardaba la comida en un arcaz cerrado con llave. Lázaro pidió a un calderero una llave que encajase en la cerradura del arcaz y comenzó a comer a escondidas.

Pronto el clérigo se percató del robo y contó los panes que le quedaban para poder reconocer un nuevo cambio en la despensa, así que Lázaro tuvo que conformarse con comer tan sólo las migajas que conseguía arañando los panecillos.

Cuando el clérigo abrió de nuevo el arcaz y vio los restos de pan roídos y unos agujeros en la madera supuso que todo aquello era obra de ratones. Tapó los agujeros.

Lázaro quería seguir comiendo sin ser descubierto, así que rasgó con un cuchillo el arcaz para hacer una abertura por la que pudiesen pasar los supuestos ratones y continuó alimentándose miga a miga.

Mientras tanto, el amo colocó varias ratoneras con cortezas de queso por toda la casa, de las que desaparecía, misteriosamente, la parte comestible.

El clérigo pensó que detrás de aquello debía estar una culebra, a la que buscaba cada noche por toda la casa.

Lázaro tuvo miedo de que, en una de esas búsquedas, encontrase la llave, así que decidió guardarla en su boca mientras dormía.

Una noche la llave se acomodó en su boca de tal manera que Lázaro, al respirar, silbaba.

El clérigo lo oyó y pensó que era la culebra la que sonaba y comenzó a buscarla armado con un palo.

Guiándose por el sonido llegó a la cabeza de Lázaro y le pegó con el garrote, dejándolo sin sentido.

El clérigo encontró la llave en su boca y supo que había dado con el verdadero ladrón.

Cuando Lázaro se recuperó de las heridas el clérigo lo echó.

Tractado tercero

Lázaro se marchó a Toledo. Mientras tuvo la herida le dieron limosna, pero cuando sanó tuvo que buscar un amo. Encontró a un escudero.

Por las vestimentas y el porte elegante del noble pensó que sería un buen amo, con el que no le faltarían ni comida ni cama.

Cuando, después de andar durante horas, entraron en casa, Lázaro pudo comprobar que ésta era muy humilde y supo que se había equivocado con el primer juicio sobre su nuevo amo: su destino era comer y dormir mal.

Al día siguiente el escudero salió de casa bien vestido y con paso derecho y erguido… ¡¿quién podría pensar que aquel señor apenas había comido ni descansado?!

Lázaro salió a buscar comida.

Cuando volvió de mendigar su amo ya estaba en casa y tuvo que compartir su comida con él.

Un día el escudero consiguió un real y mandó a Lázaro a comprar comida.

Por el camino el niño se encontró con un funeral.

La viuda del muerto iba diciendo que lo llevarían a la casa triste y desdichada, oscura y lóbrega, a la casa donde nunca comen ni beben, por lo que Lázaro pensó que hablaba de su casa. Regresó corriendo a contárselo a su amo, que se rió mucho de la ocurrencia del niño.

Tras la comida el amo le contó a Lázaro que era de Castilla la Vieja, donde tenía un solar de casas y un palomar derribado.

Cuando todavía no había terminado de contar la historia llamaron a la puerta un hombre y una mujer que le pedían el dinero del alquiler de la casa y la cama respectivamente.

El escudero dijo que iría a la plaza a tocar una pieza para conseguir dinero, que volviesen más tarde.

El escudero se fue pero no regresó.

Lázaro se volvió a quedar sólo.

Tractado cuarto

Su cuarto amo fue un fraile de la Merced al que no le gustaba rezar y sí mucho andar.

Por eso y por otras cosas Lázaro se fue de él.

Tractado quinto

Lázaro pasó un tiempo con un buldero.

El buldero y el alguacil utilizaban diferentes técnicas para conseguir que el mayor número posible de personas tomase la bula: sobornaban a los clérigos o curas para que llamasen a los fieles a tomarla e incluso engañaban a la gente para conseguir su objetivo…

Una noche, estando los tres en Toledo, el buldero y el alguacil tuvieron una riña que todo el pueblo contempló.

A la mañana siguiente el amo de Lázaro fue a la iglesia a recitar el sermón. El alguacil lo interrumpió y comenzó a decir que todo lo aquel señor contaba era mentira, que él mismo había participado en sus negocios y lo sabía.

Cuando terminó de hablar el buldero alzó la vista hacia el cielo y pidió a Dios que deshiciese aquel entuerto castigando al mentiroso.

En ese momento el alguacil cayó al suelo y comenzó a revolverse y echar espuma por la boca.

El buldero suplicó a Dios que lo perdonase, se dirigió hacia él y le puso la bula en la cabeza.

Poco a poco el alguacil volvió en sí.

Los fieles quedaron tan sorprendidos que ninguno de ellos quedó sin tomar la bula.

El buldero y el alguacil eran tan buenos actores que incluso Lázaro se había creído la historia.

Tractado sexto

Su sexto amo fue un pintor de panderos.


Después estuvo con un capellán que puso su disposición un asno, cuatro cántaros y un azote, con lo que comenzó a repartir el agua por la ciudad.

Con ese oficio obtuvo muchas ganancias, con las que se compró vestimentas nuevas.

Cuando se cansó de ese trabajo devolvió el asno a su amo y se marchó.

Tractado séptimo

Lázaro permaneció poco tiempo con su séptimo amo, un alguacil, pues pensaba que ese oficio era demasiado peligroso.

Por último trabajó de pregonero.

El arcipreste de Sant Salvador le procuró casarse con una criada suya y así lo hizo.

Se rumoreaba que su mujer la engañaba con el arcipreste, pero ella le juró que todo aquello era incierto. Lázaro la creyó y no volvió a soportar ninguna acusación más contra su mujer.