Ética y Moral


Eutanasia y el derecho a morir con dignidad


LA EUTANASIA Y EL DERECHO A MORIR CON DIGNIDAD

1)NOCIÓN Y TIPOS DE EUTANASIA

Palabra tomada del griego. Se compone de “eu”, prefijo que significa facilidad, suavidad o bondad y de “thanatos” (un sustantivo que significa muerte). Eutanasia indica, pues, en su mas directa etimología, muerte fácil, muerte apetecible, sin sufrimientos.

Hoy podemos distinguir varios tipos de eutanasia. Destacamos los siguientes:

  • Eutanasia activa: Consiste en provocar la muerte, sin sufrimiento, de un enfermo ya desahuciado.

  • Esta eutanasia es el verdadero problema para las creencias religiosas y las convicciones morales.

  • Eutanasia pasiva: Consiste en cortar el tratamiento que mantiene al enfermo en una vida vegetativa y sin esperanza. Es decir, dejar que la naturaleza realice su obra sin poner medios sofisticados para mantener con vida al enfermo, que generalmente padece una enfermedad terminal y dolorosa.

  • La eutanasia pasiva es hoy admitida por sectores de la Iglesia católica.

  • Eutanasia suicida: Cuando es el propio sujeto enfermo quien recurre a procedimientos médicos para acortarse la vida.

  • La relación que la eutanasia tiene con el tradicional concepto de suicidio ha sido puesta en evidencia por algunos sectores reacios a cualquier tipo de eutanasia. En estos sectores se diferencia entre suicidio directo (el comúnmente conocido como tal) y el suicidio indirecto, que sería la eutanasia activa.

    No hay que confundir la eutanasia con la eugenesia. La eutanasia se refiere a la muerte individual por razones generalmente piadosas. Se propone lograr una muerte “dulce”.

    La eugenesia busca el exterminio de clases, grupos o etnias por considerar que son inferiores y nocivos para otros individuos.

    2) EUTANASIA E HISTORIA

    Los pueblos de la antigüedad no solían tener escrúpulos para deshacerse de los individuos considerados inútiles para la sociedad.

    Esta “muerte feliz” fue incluso alabada desde un punto de vista social por Platón en su diálogo “La República”, donde sostenía lo siguiente: “En cuanto a los ciudadanos que no son sanos de cuerpo, se les dejara morir”.

    La concepción cristiana en el mundo acabó con esta opinión y hay que esperar a que llegue el Renacimiento para que la eutanasia sea aceptada nuevamente. De ello se encargaría Francis Bacón al afirmar que “la función del médico es devolver la salud y mitigar los sufrimientos y los dolores, no solo cuando esa mitigación puede conducir a la curación, sino también si puede servir para procurar una muerte tranquila y fácil”.

    Ciñéndonos a nuestro siglo, ha habido casos muy famosos y muy polémicos en los que no se ha utilizado la avanzada tecnología médica al servicio de una muerte digna, como el del presidente de Estados Unidos, Truman, que a sus ochenta y ocho años fue campo de experimentación de todo género de enfermedades, muriendo tras dos meses de agonía.

    Más recientes son las muertes de Franco y de Tito, máximos dirigentes en sus respectivos países a los que tampoco se les aplicó la eutanasia, sino todo lo contrario...

    Pero el caso más controvertido, que de New Jersey (EE.UU) ha saltado al mundo entero, lo protagonizaba Karen Quinlan, una deportista de veintiún años, quien, después de tomar una fuerte dosis de tranqulizantes entre vasos de tónica y ginebra, necesitó ser intubada en un hospital y allí siguió viviendo gracias a un pulmón artificial “Bennet MA-1”. Uno de sus neurólogos definió su situación como de permanente estado vegetativo.

    Hubo que decidir si los médicos debían seguir manteniendo la vida vegetativa en que estaba sumida Karen desde hacía seis meses o si, por el contrario, había llegado el momento de dejarla morir.

    El Juez Robert Muir dictó una sentencia en la que mantenía que, al poderse determinar por algunos que Karen Quinlan estaba viva médica y legalmente, no se podía autorizar interrumpir la acción de los aparatos, pues tal acto constituiría un homicidio bajo la forma de la eutanasia. El derecho a la vida y su mantenimiento son derechos de orden prioritario.

    En las páginas de los diarios y revistas aparecieron titulares similares a los siguientes:

    “No existe el derecho a morir”. “El Juez ordenó que la muchacha siguiera viviendo”. “Condenada a vivir”. “La muerta viva de New Jersey”.

    Los padres, que apelaron contra esta sentencia al Tribunal Supremo, no hacían sino repetir: “Una vida de legumbre”.

    En nuestro país fue muy divulgado y discutido el caso de Ramón Sanpedro, veintiséis años de tetraplegia (“Yo quedé tetraplégico con veinticinco años al golpearme con una roca cuando me bañaba”). Ramón Sanpedro planteó la batalla legal como último recurso, tras convencerse de que nadie le ayudaría a morir, pues la eutanasia está castigada en España con penas de entre 12 y 20 años de cárcel. Su petición , que cuenta con la ayuda legal de la Asociación “Derecho a Morir Dignamente”, presidida por el filósofo Salvador Paniker, ha llegado al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo después de agotar la vía jurídica en España. Acabaría con su vida, unos meses después,

    Con la ayuda inenarrable de una amiga “todo terreno”. Ramón Sanpedro mantuvo una feroz lucha con la vida. Para él la muerte significaba una autentica liberación de la tragedia en la que estaba atrapado.

    3) LA EUTANASIA Y LOS INTERROGANTES MORALES

    La eutanasia está prohibida en casi todo el mundo, pero cada vez se plantea con mas fuerza el posible derecho que toda persona tiene a morir como y cuando decida.

    El médico, en la actualidad se encontrará en una especie de situación límite en la que se verá obligado a una opción radical:

    ¿Debe prolongar un tratamiento cuando “ya no hay nada que hacer”?

    ¿Está obligado a hacer cuanto esté en su mano para retrasar el desenlace agonizante?

    ¿Puede provocar directamente el desenlace ante un coma irrecuperable?

    ¿Tiene un hombre derecho a atentar contra la vida de otro incluso por caridad, incluso si la víctima se lo pide explícitamente?

    4) REFLEXIÓN Y JUICIO MORAL

    En el complejísimo problema de la eutanasia intervienen la medicina, la legislación, los recursos económicos y tecnológicos, y los sentimientos humanos. Ahora bien, nunca olvidemos que el referido problema está ante todo enmarcado y dominado por una valoración ética.

    Entrando en el problema de la eutanasia en sentido estricto , es decir, la directa o indirecta acción que tiene como objetivo procurar la muerte en caso de enfermedad incurable, la doctrina moral la condena clara y taxativamente porque representa una grave usurpación del valor supremo que es la vida humana. La base de esta argumentación se funda en el presupuesto de que nadie es dueño absoluto de su propia vida. Pero ¿hasta que punto se pueden o se deben suspender a los enfermos graves y claramente incurables toda una serie de tratamientos que se sabe son extraordinarios e inútiles, de cara a su recuperación, y que lo único es prolongar por semanas o aún meses una existencia intolerable tanto para el enfermo como para sus acompañantes?

    Terminamos recogiendo la cita del famoso Catecismo Holandés con la que se explica el quinto mandamiento: “No matarás”.

    “Tampoco es menester prolongar por medio de medicinas y aparatos una vida que corre irrevocablemente a su término. Sobre todo cuando una vida, mantenida así artificialmente es mero vegetal sin reacciones humanas, es lícito interrumpir las medidas extraordinarias y dejar su curso al proceso normal”.

    Los detractores de la eutanasia suelen esgrimir también argumentos como los que se citan a continuación:

  • Supone una violación del misterio de “morirse”, que es personal en cada enfermo.

  • Su legalización podría traducirse en abusos sociales y en homicidios que fácilmente se cometerían para acelerar el momento de entrar en posición de herencias muy deseables y deseadas.

  • Añádase el riesgo de errores en el diagnóstico que llevarían a la eutanasia a personas que tal vez hubiesen podido recuperarse.




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    Enviado por:Mao
    Idioma: castellano
    País: España

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