El capitán Alatriste; Arturo Pérez-Reverte

Literatura española contemporánea. Narrativa actual. Novela histórica. Biografía. Argumento y personajes. Tabernas. Duelos. Corrales de comedias

  • Enviado por: Coco
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
publicidad

La serie de aventuras Las aventuras del capitán Alatriste que Arturo Pérez-Reverte escribió con la ayuda de su hija se inicia con El capitán Alatriste (1996). Esta obra de gran éxito narra las diferentes aventuras de un soldado español de grandes virtudes junto con sus históricos amigos al mismo tiempo que nos desvela la realidad de su época.

El capitán Alatriste:

Diego Alatriste y Tenorio es un soldado veterano que vive en Madrid en el siglo XVII y se gana la vida como matón a sueldo. Cierto día, un grupo de enmascarados le contrata para que mate a dos viajeros anónimos, sin que nadie le diga que son nada mas y nada menos que el heredero de la corona inglesa y el marqués Buckingham. Antes de llevar a cabo su empresa, Alatriste se apiada de sus victimas y les lleva a casa de su amigo el Conde de Guadalmedina quien le informa de a quien estuvo a punto de matar. Después de esto, y por no tomar en consideración el consejo de huir del lugar de su amigo el conde, se ve perseguido y cazado en emboscadas por aquellos quienes le habían contratado. En una de esas emboscadas es encarcelado por el rey. Finalmente el conde de Olivares le interroga y le libera. Aun así, uno de sus enemigos le amenaza con volver a encontrarse.

Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena (1951). Antes de dedicarse por completo a la literatura, Pérez-Reverte se dedicó durante 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión como especialista en conflictos armados. Entre otras, cubrió la guerra de Chipre, diversas fases de la guerra del Líbano, la guerra de Eritrea, la campaña de 1975 en el Sahara, la guerra del Sahara, la guerra de las Malvinas, la guerra de El Salvador, la guerra de Nicaragua, la guerra del Chad, la crisis de Libia, las guerrillas del Sudán, la guerra de Mozambique, la guerra de Angola, el golpe de estado de Túnez, la revolución de Rumania (1989-90), la guerra de Mozambique (1990), la crisis y guerra del Golfo (1990-91), la guerra de Croacia (1991) y la guerra de Bosnia (1992-93-94). En la actualidad, escribe una página de opinión en un suplemento del grupo Correo de tirada nacional y es una de las secciones mas leídas de la prensa española.

A lo largo de su carrera novelística ha recibido diversos premios y se le ha nombrado y recomendado por publicaciones extranjeras de gran prestigio. Entre los premios con los que ha sido galardonado cabe destacar el Premio Asturias de Periodismo por su cobertura para TVE de la guerra de la ex Yugoslavia y el Premio Ondas por La ley de la calle, un programa sobre el mundo marginal, ambos en 1993. En 1994, recibe el Premio de la Academia Sueca de Novela Detectivesca a la mejor traducción extranjera por La tabla de Flandes y el Premio Palle Rosenkranz por El club Dumas, considerada la mejor novela policíaca del año. Y el mas reciente, en el 2001, fallado en París, el Premio Mediterráneo extranjero por La carta esférica

Así mismo, también ha escrito diversos guiones para televisión y cine. Y algunas de sus novelas han sido versionadas para cine. Entre otras, El Maestro De Esgrima, que recibió el Premio Goya por el mejor guión de novela adaptada y fue finalista en los Óscars en 1992, La Tabla de Flandes (1994), Cachito (1995) basada en la novela Cachito (Un Asunto de Honor), Territorio Comanche (1997), La Novena Puerta (1999), basada en la novela EL Club Dumas, Camino de Santiago (1999), serie televisiva con guión original de Arturo Pérez-Reverte y Gitano (2000), basada en un guión original.

Sus novelas:

El húsar (1986)

El maestro de esgrima (1988)

La tabla de Flandes (1990)

El club Dumas (1993)

La sombra del águila (1993), relatos

Territorio comanche (1994)

Cachito (Un asunto de honor) (1995)

Obra breve (1995)

La piel del tambor (1995)

El capitán Alatriste (1996) *°

Limpieza de sangre (1997)*

El sol de Breda (1998) *

Patente de corso (1998)

La carta esférica (2000)

El oro del Rey (2000) *

La acción de la obra se sitúa en el Madrid del siglo XVII. La población crece favorecida por diversos factores: descenso de la mortalidad catastrófica, adelantos médicos, mayor higiene y también el progreso comercial. En España, la mayoría de la población vive en zonas rurales, aun así, según intentos de estudios demográficos de la época aseguran que en Madrid vivían mas de 100.000 personas. Estas se agrupaban en gremios según los oficios. Las calles eran estrechas y mal iluminadas. Lo cual propiciaba peleas y emboscadas. La gente no disponía de agua corriente, por lo que, al anochecer tiraba sus “aguas residuales” a la calle. Aunque también tenían parques y zonas de paseo.

La mayoría de los lugares que se nombran a lo largo de la historia parecen reales, sin embargo, no todos lo son. De los que existieron realmente los hay que no conservan el nombre que poseían en ese momento. Algunos de ellos son La Plaza mayor, Alcázar Real, Los puentes de manzanares, Valdeiglesias, Camino de Hortaleza , Portillo de las animas, la puerta del Sol, etc. Algunas de las calles en las que Alatriste se mueve también existen actualmente, tales son la calle de Toledo, la calle Montera y la calle del Barquillo, que casualmente, son actualmente las calles donde se junta la gente de baja condición social como prostitutas, etc.

A lo largo de la obra podemos ver representadas todas las clases sociales de la época.

  • Nobles: A este grupo pertenecen reyes, príncipes, condes… Los títulos se heredan de padres a hijos, y salvo contadas excepciones, a los varones. Por tanto, es imposible que el pueblo llano llegue nunca a la corte. Como representaciones de la nobleza de España aparece en la obra Felipe IV, el principie Carlos Estuardo de Gales, el conde de Olivares, entre otros.

  • Eclesiásticos: todos aquellos que pertenecen a la iglesia, aunque dentro del mismo grupo no todos tenían la misma categoría. Por una parte están lo clérigos sin poder alguno, como lo es el amigo de Alatriste el Dómine Pérez, de clase social baja. Y por otro lado encontramos a los que ejercen gran influencia y casi siempre abusan de su poder, como por ejemplo fray Emilio Bocanegra.

  • Caballeros: estos formaban las capas altas de la sociedad sin llegar a nobles. Eran extremadamente leales al rey y les defendían hasta con su propia vida. Un perfecto ejemplo de ello es el marqués de Buckingham.

  • Plebe: gente del pueblo, generalmente de baja y media condición social. A este pertenece el capitán Alatriste, Iñigo, Caridad la Lebrijana, etc.

Lugares de reunión

Mentideros… Eran lugares donde la gente ociosa se reunía en pequeños corros para discutir sobre temas variados. Allí, acudían poetas, cómicos, mendigos, curanderos con remedios milagrosos, forasteros curiosos, etc. Era un sitio ideal para escuchar y difundir rumores ya que en la época no existía la prensa. Se podían diferenciar tres tipos de mentideros. En el primero se reunían clérigos, poetas y sobre todo soldados. En otro se reunía gente del mundo teatral y en el tercero la gente del Palacio Real, donde se reunían políticos, funcionarios, militares, etc.

Tabernas… También reciben el nombre de bodegas. Son locales poco iluminados donde se reúnen personajes de baja condición social. En ellas se vende vino. Hay dos tipos de bodegas: en las que se vende vino caro y en las que se vende vino barato y anónimo. Esta prohibido vender ambos vino, salvo aquellos que lo vendan de tapadillo.

El vino ha de beberse de pie para evitar, posiblemente, reyertas que la ingestión de esta bebida solía provocar. No obstante, algunas tabernas contaban con mesas y largos bancos para sentarse, conseguidos a base de llenar la bolsa de la autoridad competente.

Casas de juego… También llamados garitos. Para abrir un garito era necesaria una Real Licencia, que el Estado solamente otorga a soldados inválidos de guerra y a oficiales sin recursos económicos. Aunque en la práctica solamente recibían licencia los que tenían buenas recomendaciones o mejores contactos. En ellos se jugaba a cartas. Estaban prohibidos todos aquellos juegos en los que solamente interviene el azar, como los juegos de cartas en los que se apuesta a carta tapada, etc, y todos los juegos de dados. Para jugar a ellos existen garitos ilegales y otros locales en los que, sin ser exactamente casas de juego, se disuelve más de una fortuna. Las llamadas Casas de Conversación, en los que se reúnen aristócratas y personalidades distinguidas. Además solamente se podía jugar con la baraja autorizada, impresa bajo licencia real.

Prostitución

Los prostibulos recibían el nombre de Casas Públicas o de Mancebía. El responsable de la Casa ante las autoridades es un hombre, aunque generalmente es una mujer de cierta edad, muchas veces una puta vieja, la que regenta el local. Algunas de las mancebías más caras se usan también como discretas casas de citas.

Para que una joven se hiciese prostituta legalmente tenia que entregar un documento ante el juez de su barrio, en el que se especificaba que era mayor de doce años, que había perdido la virginidad y que era huérfana, o de padres desconocidos, o abandonada por su familia (siempre que ésta no sea noble). El juez del barrio, sin demasiada convicción, intentaba que la muchacha se arrepintiese de sus intenciones. De no convencerla, le otorgaba un documento en el que se la autoriza a ejercer su oficio.

Batirse en duelo

Los duelos eran comunes entre caballeros, pese a estar prohibidos y castigados según las consecuencias de dichos duelos. Tales castigos iban desde el arresto domiciliario hasta la cárcel o incluso la ejecución. Las razones que llevaban a estos individuos eran varias y quizás ridículas desde nuestro punto de vista. Por desprecio, por no mirar a alguien al pasar, por mirarle demasiado, por herir a un criado, etc. Un claro signo de desafío era arrojar un guante a la cara o al suelo. A ello añadimos la facilidad con la que los caballeros españoles deciden resolver el más leve roce a cuchilladas.

Por eso en la instrucción de los jóvenes Gentilhombres y Caballeros la esgrima ocupa un lugar destacado y no precisamente como deporte sino como método para defender el honor y por tanto la razón.

Corrales de comedias

Las obras teatrales se llamaban genéricamente comedias, aunque se trataba de dramas, para diferenciarlas de los Autos Sacramentales. Al principio, la temporada teatral empezaba el día de la Pascua de Resurrección para terminar el último día de Octubre, pero pronto se amplió a todo el año, excepto durante la época de Cuaresma.

Las representaciones se realizan en los patios interiores de las manzanas de casas, que muchas veces suelen usarse como almacenes y corrales (de ahí su nombre). Se entraba por un zaguán estrecho que desembocaba al patio. La escena estaba al fondo. En los laterales y sobre el zaguán de acceso había unas galerías de tres pisos, con palcos y barandillas. Había que pagar entrada por el acceso al patio y daba derecho a ver la obra de pie. Si se quería una localidad más cómoda, había que pagar un suplemento. O en las grada, que se disponían a los lados y al fondo del patio o balcones en los que cabían hasta cuatro personas. Normalmente las ocupaban gente de clase media, artesanos, comerciantes, etc. Y dos filas de bancos, reservadas normalmente a catedráticos, intelectuales y literatos, situadas justo frente al escenario. En caso de que el espectáculo no gustase al público, éste no tenia el menor reparo en silbar a los cómicos, o arrojarles frutas u objetos, llegando incluso a invadir la escena. Normalmente, había una sola representación a la semana.

Varios vendedores ambulantes se paseaban entre el público, ofreciendo silenciosamente su suculenta mercancía por algunas monedas de cobre, para entretener el estómago comiendo avellanas nuevas o ciruelas de Génova, o beber algunos cuartillos de vino.

Pasear

O lo que también se conocía como hacer la Rúa, era la distracción de moda de la nobleza. Dado que las calles eran de piedra y no había alcantarillado, el paseo se hacia en carruajes. Solamente los Príncipes, Duques o Arzobispos podían llevar coches de cuatro caballos. Los demás habían de contentarse con carruajes tirados por dos animales, sean caballos o mulas o con una silla de mano que llevaban dos sufridos criados. Aun así, aquellos que no podían permitirse tener coche propio, podian alquilarlo por unas horas o días.

El coche es de gran importancia en asuntos de amorosos. Al cruzarse dos carruajes, es obligado parar para intercambiar saludos, y si los ocupantes de uno de los coches son galanes y las del otro damas solas, a los saludos, pueden seguir los galanteos. Es normal que los amantes acuerden encuentros casuales de esta guisa, incluso que se produzca un rápido trasvase de ocupantes de un vehículo a otro.

Seguridad ciudadana

España atravesaba momentos de decadencia. No estaba mal visto que la gente se ganase la vida como espadachín. Además había abundancia de ladrones que acudían a los callejones oscuros y noches nubladas para atacar. Rondaban las mancebías y Casas de juego frecuentadas por ricos que se gastaban su dinero. Y cuando salían a la calle, aprovechaban para atracarles.

Los espadachines y matones a sueldo eran normalmente soldados del rey que tenían que ganarse la vida de la única forma que sabían, con su espada. A estos, los contrataba la gente de dinero y los motivos para matar a alguien podían ser muy diversos. Por tanto, la seguridad ciudadana era nula al atardecer.

EXPRESIONES coloquiales

Voto a tal…

Votar a tal significa jurar vehemente ante alguien para dar a conocer una opinión o estado. En el caso de Alatriste, “Voto a Dios que tengo sed” no quiere decir que intente convencer a Dios de que él tiene sed, sino que pretende dar a conocer su imperativa necesidad de beber, sin ningún carácter sagrado o religioso. (Cap. I, Pág. 20)

Poner como sotana de dómine...

Dómine significa maestro de latín, que en esa época era un sinónimo de capellán o cura, por tanto, indudablemente estos vestían sotana que era, generalmente negra. Poner como sotana de dómine a algo o alguien alude al color expresando menosprecio por ese algo burlándose de ello insultando y difamando. (Cap. III, pág. 53)

De hito en hito…

De hito en hito quiere decir fijamente o con saña y arrogancia. En este caso se utiliza con la expresión de “mirar de hito en hito”, que obviamente y siguiendo el contexto, representa que uno mira al otro con ferocidad y menosprecio. (Cap. IV, pág. 84)

Tomar las de Villadiego…

Por el contexto es obvio que esta expresión significa salir huyendo, aunque no puedo concretar el sentido de este dicho ya que, por una parte tenemos la posibilidad de que la locución aluda a una antigua leyenda española o bien también podría estar hablando de una población argentina. (Cap. V, pág. 88)

Pelar la pava…

… a solas ni para decir un avemaría. En este caso representa que, pese a la inesperada llegada no les van a permitir saltarse el protocolo establecido ni hacer las cosas a su aire. (Cap. VI, Pág. 118. )

Darse un ardite…

Un ardite era una moneda de poco valor que había en castilla. Aunque otra acepción de la misma es una cosa de poco valor o insignificante. Por tanto, Darse un ardite admite el significado, en el contexto del fragmento, de que no le importa en absoluto que la justicia le atrape. (Cap. VIII; Pág. 156)

Noche Toledana…

Toledana era el nombre que se le daba a las espadas. Por tanto, noche toledana hace referencia a la noche de la emboscada en la cual Alatriste combatió con sus asaltantes con dicha espada. (Cap. IX; Pág. 168)

Acogerse a sagrado…

Se refiere a que pretende refugiarse en algún lugar que, por sus condiciones puede resguardarle de la justicia. En este caso, la iglesia, ya que en ella no se puede llevar a cabo contiendas ni disputas por su naturaleza divina. (Cap. X; Pág. 201)

A fe mía…

Expresa su convicción sobre lo malo del asunto (Cap. XI; Pág. 212)

Alatriste es un viejo soldado que frecuenta tabernas y se dedica en sus ratos libres al oficio de matón a sueldo. El apodo de Capitán no era ni mucho menos, la graduación que en realidad tenia como soldado. El mote le había llegado tras un batalla en la que, muerto el verdadero capitán, él mismo tuvo que dirigir a sus compañeros. Era un hombre rudo, sin costumbres fijas, pero no maleducado. La vida le convierte en un hombre solitario, de pocos y buenos amigos. Sin embargo, y tal como lo describe el joven que tiene a su cargo, No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente (…)” lo que le lleva quizás a ser un incauto, como por ejemplo, al no querer dejar la ciudad tras el incidente de los ingleses.

Así mismo, a lo largo de la obra podemos advertir un cambio en su personalidad. Si bien al principio es duro e inexpresivo, como lo demuestra tras salir de la cárcel, cuando de lo único que dice a Iñigo es que le hierva la capa. A medida que llega el final, descubrimos como, en la emboscada del Portillo de las animas, por ejemplo, concibe un pequeño gesto de gratitud y afecto “…mientras alzaba una mano para tocarme levemente una mejilla, con un roce de afecto desusado en él. Y me seguía mirando como antes, cuando había preguntado si estaba bien…”

Pese a las casi inexistentes expresiones de afecto es un hombre siempre dispuesto a ayudar a sus amigos, por los cuales se ha tenido que meter en algún que otro lío.

El narrador es el joven Iñigo Balboa, quien esta a cargo del capitán Alatriste. El padre de este había sido soldado junto a Alatriste. Por ello, tras fallecer su padre en una guerra, la madre de Iñigo decide enviarle con el capitán para que le sirva. Iñigo, aunque es un joven mozo, es avispado e inteligente, por lo que se adapta fácilmente al entorno al que vivir junto Alatriste se le ofrece. Así mismo, Iñigo le acompaña prácticamente a todos lados, por lo que conoce a amigos y compañeros. Aunque, a veces, también se topa con sus adversarios.

Los compañeros de la taberna tratan a Iñigo prácticamente como si fuese hijo de Alatriste, ya que además, alguno también lucho junto con su verdadero padre, aunque él siempre se sentaba en otra mesa escribiendo poemas aprendidos.

Caridad la Lebrijana, la dueña de la taberna, le hace a las veces de madre que de posadera, que de cocinera ya que el y Alatriste viven en una habitación detrás de la taberna. Además de quedarse con ella más de una noche cuando Alatriste tenía que hacer algún trabajo.

Angélica de Alquezar es un niña rubia de la cual Iñigo se enamora perdidamente. Aunque la pinta como una divinidad, ve que tiene maldad contenida en ella. Aunque lo descubre tarde.

Frente a los adversarios de Alatriste, el solo actúa a modo de intermediario en algunas ocasiones, ya que, no es con el con quien pretenden reñir.

A lo largo de la obra se citan numerosos personajes, que, justamente por ser una obra literaria podemos creer que son totalmente ficticios. Aun así, comprobamos que muchos de los personajes son reales, aunque la trama que se constituye a su contexto es totalmente ficticia.

De los personajes reales que aparecen en la obra, la mayoría son simplemente se hacen pequeñas referencia. No obstante, algunos de los personajes reales participan activamente en la acción.

El Rey Felipe IV

El Rey Jacobo I de Inglaterra

Carlos Estuardo, príncipe de Gales

Jorge Villiers, Marqués de Buckingham

Conde de Olivares

Escritores

Francisco de Quevedo

Lope de Vega

Alarcón

Góngora

Pedro Calderón de la Barca

Solo en los primeros capitulos aparece como personaje Quevedo, los restantes simplemente son citados a lo largo de la obra. Este aparece como “…poeta cojitranco y rápido de ingenio y lengua como de espada…”

Es un viejo borracho que siempre encuentra una excusa para empezar una pelea. Despotrica en contra de poetas contemporáneos. Sobre todo a Lope a quien odia profundamente Quevedo y menospreciaba e insultaba a la mínima oportunidad “(…) sodomita, perro y judío (…)” Es rencoroso y exagerado.

PÉREZ-REVERTE, Arturo y Carlota. El Capitán Alatriste. Ed, Alfaquara, 23ª edición.

* Pertenecen a la serie de aventuras de El Capitán Alatriste.

Cap IV.

La taberna del Turco, donde se encontraban Alatriste y compañía. (Cap., I.)

Cap. VII

También la usa en el capitulo XVIII en la página 154.

Capitulo I, Pág. 20.

Capitulo I, pág, 21

Capitulo I, Pág., 26.