Literatura


Conjuración de Catilina; Cicerón


Conjuración de Catilina (Guía cronológica)

(G. Michaud, "Catilinaires", Class.Roma, Hachette)

-Año 66 a.C.: Catilina se presenta a las elecciones para el consulado. Acusado de concusión por sus antiguos administrados de África, es borrado de las listas de candidatos. Toma parte entonces en una Conjuración, que fracasa, contra los dos cónsules y el Senado.

-65: Catilina se defiende de la acusación de concusión. Se le absuelve.

-64: Candidatos al consulado, entre otros: Antonio, Catilina, Cicerón. Catilina provoca, junto con Antonio, una gran agitación demagógica contra Cicerón. Asustados, senadores y caballeros se unen: Cicerón es elegido.

-AÑO 63 A.C.:

-1º de Enero: Cicerón toma posesión de su cargo. Durante los primeros meses combate a los "demócratas".

-Octubre: Catilina se vuelve a presentar a las elecciones. Nueva agitación demagógica: Manlio recluta en Etruria un ejército de descontentos.

-20 Octubre: Craso recibe cartas anónimas de amenazas.

-21 Octubre: Cicerón convoca al Senado. Pánico. Decreto confiriendo a los cónsules los poderes dictatoriales.

-28 Octubre: Elecciones. Cicerón se presenta en el Foro cubierto con una coraza. Sus amigos (Silano, Murena) son elegidos. Catilina decide salirse de la legalidad: prepara el incendio de Roma y la matanza de la aristocracia.

-6-7 Noviembre: Por la noche, reunión de los partidarios de Catilina en casa de Porcius Laeca. Atentado contra Cicerón. Prevenido, éste se libra.

-8 Noviembre: Cicerón convoca al Senado. Primera Catilinaria. Catilina se marcha de Roma aquella misma noche.

-9 Noviembre: Cicerón, en el foro, pronuncia ante el pueblo la Segunda Catilinaria. Catilina llega al campamento de Manlio. Es la guerra declarada. Los cómplices de Catilina tratan con los delegados de los Alóbroges que se encuentran en Roma.

-2-3 Diciembre: Por la noche, se detiene a los Alóbroges y se les ocupan las cartas que llevan.

-3 Diciembre: Cicerón arresta a los conjurados y reúne al Senado. Por la tarde cuenta al pueblo la sesión del Senado: Tercera Catilinaria.

-5 Diciembre: Cicerón pregunta al Senado la pena que se ha de aplicar a los conjurados capturados: Cuarta Catilinaria. Los conjurados son estrangulados en la prisión Mamertina. Cicerón es saludado como "Padre de la Patria".

-5 Enero del AÑO 62 a.C.: Catilina es derrotado y muerto con sus partidarios en Pistoya.

El último movimiento de los populares en Roma. La ´´Conjuración de Catilina´´. Con la revuelta de los esclavos coincide una recrudescencia del movimiento democrático en la misma Roma. Desde el año 77, el joven Cayo julio Cesar (nacido en 101), sobrino de la esposa de Mario y yerno de Cinna, que había sobrevivido fortuitamente a la matanza de los suyos y se consideraba como uno de los jefes de lo que quedaba del partido democrático, había intentado audazmente acusar a uno de los más capaces y cínicos de los silanos, a Cornelio Dolabela, amigo personal del dictador. En el 73, año de la sublevación de Espartaco un tribuno todavía más audaz, C. Licinio Macer, el historiador, que había estudiado cuidadosamente la luchas entre plebeyos y patricios, exhortaba al pueblo, siguiendo el ejemplo de sus padres, a no batirse por la causa de los ricos y a negarse al servicio militar según Salustio, Licinio Macer estigmatizaba en segundo grado al régimen de Sila, aquella ´´servidumbre universal que había convertido al pueblo en ganado´´. Por último en el 71, Cicerón, que por entonces pertenecía a la democracia, emprendió su resonante proceso contra las depredaciones de Verres, a quien Sila había entregado el gobierno de Sicilia. Las Verrinas de Cicerón adquirieron de hecho el carácter de una denuncia de todo el régimen, denuncia que causó escándalo y propinó a dicho régimen un golpe demoledor.

En el 70, algunos hombres de Sila, como Pompeyo y Craso, se pasaron abiertamente a la democracia y, tras la victoria sobre Espartaco y Sartorio, llegaron simultáneamente a las puertas de Roma, cada uno con su ejercito y con la intención de realizar un golpe de Estado en provecho propio. Con este designio se disputaban los favores de los caballeros y el pueblo, prometiéndoles la restauración del régimen destruido por Sila. Los jefes de la democracia romana, explotando su rivalidad, consiguieron obtener una gran victoria: llevaron a los dos generales a concluir un acuerdo que previno una guerra civil; además, a cambio de la concesión a ambos del consulado (aunque Pompeyo no tuviese más de 34 años y no hubiera ocupado hasta entonces ninguna magistratura), los demócratas obtuvieron la restauración de los comicios por tribus, del poder tribunicio en toda su extensión y de la censura. Los censores procedieron inmediatamente a la limpieza del senado, del que fueron excluidos 60 de los más caracterizados pillos de la banda de Sila. Por ultimo, los demócratas obtuvieron la reforma de los tribunales: los senadores conservaron únicamente un tercio de los puestos del juez, siendo el resto, como antes de la dictadura, repartiendo entre los caballeros y los ´´tribunos del tesoro´´, que formaban en cierto modo una clase de pequeños mercaderes. Y (hecho muy característico) los arrendadores de impuestos, abolidos por Sila, fueron restablecidos en Asia. Así quedó, en el año 69, totalmente desarticulada la administración corneliana restaurado el régimen republicano de los tiempos de Mario y Cinna.

Guante los años siguientes, el partido democrático, inspirado por su reciente derrota, actuó de forma más organizada y amplió su programa. Los gremios e artesanos y las sociedades populares se adhirieron al movimiento; estas agrupaciones existían en Roma desde tiempos inmemoriales, pero constituían en la época que se está narrando verdaderos clubs populares y formaban en cierto modo las organizaciones de base del ´´ partido popular´´. Además, a consecuencia e la extensión del derecho de ciudadanía a toda Italia, su acción no solo se ejercía en Roma, sino también en numerosos municipios de toda Italia, de donde su influencia penetraba en las aldeas, entre el campesinado agobiado de deudas, las colonias de veteranos de Mario, Sila, Pompeyo, Craso, etc. Gran número de estos colonos estaban ya arruinados y entrampados hasta el cuello a causa de su incapacidad e inexperiencia en las cosas de la agricultura y de la competencia de las grande propiedades.

Mujeres de mentalidad avanzada, como Sempronia (de la familia de los Gracos), viuda de M. Junio Bruto (jefe de la insurrección campesina en el norte de Italia, muerto en el 78) y gran número de jóvenes romanos (Julio César, cuya familia había dado partidarios a Mario y Cinna) participaban en el movimiento. En las reuniones y conciliábulos democráticos se planteaba el problema de la abolición de las deudas (´´abrir nuevos registros de créditos) y el de una nueva ´´ley agraria´´ equitativa que asegurase el usufructo de la tierra solamente a los que la trabajaban a la antigua usanza. No se puede, por esa parte, poner en duda la considerable influencia ejercida sobre la opinión pública romana de aquellos tiempos por las doctrinas sociales griegas, a través de los retóricos y filósofos estoicos y epicúreos que iban a enseñar a Roma.

Los historiadores antiguos de ´épocas posteriores (Salustio, por ejemplo, en su Conjuración de Catalina) y siguiendo sus huellas, los historiadores modernos se dedicaron a presentar la actividad del partido democrático romano de aquellos agitados tiempos únicamente bajo el aspecto de siniestros complot de una camarilla de ambiciosos de siete suelas y de malos bichos que arrastraban tras ellos a toda una pandilla de alocados, vendidos y criminales. No por ello se ha de dejar de reconocer que el movimiento tenia sus lados débiles: carente de confianza en sus propias fuerzas, esperaba la salvación de un liberador, de un ´´Sila al revés´´, por así decir. La renaciente democracia romana consagro un verdadero culto a Mario.

En el 69, Julio César, quien, como escribe Plutarco (César, 4-6), gozaba ya de una gran popularidad entre los humildes y había sido elegido cuestor por aquel año, hizo un pomposo entierro a su tía Julia, la viuda de Mario, ´´atreviendose a hacer llevar en la comitiva fúnebre las imágenes de Mario, que no habian aparecido desde que Sila, dueño de Roma, había hecho declarar a Mario y a sus partidarios enemigos de la patria..., el pueblo..., con los mas prolongados aplausos, demostró su admiración´´.

Poco más tarde el mismo César llegó a instituir en el capitolio estatuas doradas de Mario y de la victoria, lo que le valió una ovación todavía más entusiasta por parte del pueblo, pero que a su vez provocó en el Senado un verdadero escándalo.

Pompeyo, definitivamente incorporado a la fracción moderada del partido democrático, aspiraba al honor de ser el ´´nuevo Mario´´. A falta de una personalidad más capaz de desempeñar dicho papel (pues César era todavía muy joven), los demás jefes del partido popular le sostuvieron. Para remediar el hambre terrible que hizo estragos en Roma e el 67 y que se explicaba por las depredaciones de los piratas, la Asamblea del pueblo, a propuesta del tribuno Aulo Gabinio, confirió a Pompeyo poderes verdaderamente desacostumbrados. Este, proclamado ´´dictador del mar´´ con misión de sostener una guerra implacable contra la piratería, recibió por tres años el mando de todas las costas del Mediterráneo, con el de todos los navíos y ropas que allí se encontraban (120.000 hombres y 500 naves); pusiéronse a su disposición 6.000 talentos (una cantidad inmensa) y 25 legados bajo sus órdenes.

´´Jamás hombre alguno, hasta Pompeyo, emprendió una campaña por mar revestido de tal poderio´´, escribe Apiano.

Mas aún; cuando Pompeyo, con sorprendente prontitud, hubo realizado su misión (le bastó con tres meses), purgando el mar de piratas y mejorando el abastecimiento de la hambrienta Roma, recibió en el 66 la misión, todavía más importante, de sustituir al aristócrata Lúcula, impopular entre los caballeros, para acabar la guerra contra Mitrídates y poner orden en los asuntos de Oriente.

Esta proposición, sometida a la Asamblea del pueblo, por iniciativa del tribuno Manilio y sostenida por César, había suscitado la furiosa indignación de los reaccionarios, los cuales declaraban que no convenía conferir a un hombre poderes ilmitados y que dicha ley era ´´contraria a las tradiciones de los antepasados´´, es decir a la Constitución republicana. Los populares hubieron de oponerles en el Foro la dorada elocuencia de Cicerón, cuyo célebre discurso Pro lege Manilia no era otra cosa, desde el principio hasta el fin, que uno de los favoritos del pueblo (que, antes de serlo del pueblo, había sido favorito de Sila hasta hacía muy poco, lo que evidentemente debía sorprender a numerosos demócratas).

En virtud de la ley Manilia, Pompeyo se convirtió en el verdadero dueño de los destinos del Asia Menor. Conquisto el Ponto; empezó por obligar a Mitrídates a refugiarse en la Cólquida, haciéndole luego huir al Bósforo donde abandonado hasta por su hijo preferido, Farnaces, aquel irreconciliable enemigo de Roma se dio muerte (63) en Panticapea, tras el fracaso de su tentativa de marcha sobre Roma con ayuda de los escitas y tracios del norte de los Balcanes. La montaña en cuya cumbre de elevada el palacio en que puso fin a sus días lleva todavía hoy día el nombre de ´´Mitrídates´´. Farnaces envió el cuerpo a Pompeyo quien, en recompensa, le reconoció al Gobierno del Bósforo.

Tigranes, rey de Armenia y yerno de Mitrídates, atacado simultáneamente por romanos y pantos, hubo de presentarse en el cuartel general de Pompeyo y obtener de éste, contra un rescate de seis mil talentos, la paz, la confirmación de su título de rey de Armenia y el de ´´amigo del pueblo romano´´, que hacia de él un vasallo. Pompeyo emprendió a continuación una campaña contra los pueblos de Albania (Azerbaidján) e Iberia (Georgia), aliados de Mitrídates, pero las dificultades de la guerra en aquellos países montañosos le obligaron a poner fin a dicha expedición, contentándose con la sumisión puramente formularia de los habitantes de la Transcaucasia. Formó dos nuevas provincias en las orillas meridionales del mar Negro: Bitinia y el Ponto. Partiendo de Armenia y atravesando la Mesopotamia occidental, conquistó el antaño poderoso reino de los Seléucidas, entonces en plena decadencia, convirtiéndolo en la provincia romana de Siria (64) y no dejando a su último rey, Antíoco, más que el pequeño territorio de Comagene, en la parte este de sus antiguos dominios. En Galacia, Capadocia y Judea exaltó nuevos reyes, simples agentes de Roma.

Roma había hecho así inmensas adquisiciones territoriales, desde las orillas septentrionales del Ponto hasta el Eufrates y las fronteras de Egipto; el botín no era menos prodigioso. Pero con tales jefes investidos del imperium majus, la democracia romana preparaba con sus propias manos el lecho a su futuro dueño y señor, habituado a ejercer un poder real y poco dispuestos a desprenderse de el.

Craso, el rival de Pompeyo, había adoptado una posición diferente. Por cierto tiempo soñó también con los laureles de Marte y acarició el poyecto de conquistar el opulento Egipto. Pero encontrando en dicho camino la firme resistencia de los elementos conservadores que consideraban que ya habia bastante con un solo grand imperator, vióse obligado a actuar por otros medio mas disimulados. Craso se acercó, pues, a César y a los demás jefes, del ala izquierda del partido democrático y, con el fin de minar la autoridad y la popularidad de Pompeyo, dedicóse, en ausencia de este último, a subvencionar, valiéndose de su inmensa fortuna, la campaña a favor de medidas radicales en política interior.

Fue aparentemente gracias a su apoyo como el partido democrático conquistó la victoria en las elecciones del 66: sus dos candidatos, P. Cornelio Sila (quien, aunque sobrino del dictador, tenia opiniones políticas completamente diferentes a las de su tío) y P. Autronio, fueron nombrados cónsules; Craso fue elegido censor y César edil. Pero cuando el Senado, temeroso de ver a los demócratas dominar en el gobierno, consiguió gracias a turbias maniobras invalidar a los dos cónsules (acusados de haber comprado a los electores), y hacer elegir a continuación a dos de sus criaturas, se celebró en el domicilio de Craso una reunión de los jefes del partido democrático (César, C. Calpurnio Pisón y L. Sergio Catalina), reunión en la que se llegó a discutir un proyecto de golpe de Estado, que consistía en matar a los senadores que habían tramado aquella intriga y a sus dos criaturas, proclamando a continuación, según parece, dictador a Craso durante el ´´interregno´´, con César como magíster equitum: una vez restablecido el orden, el poder seria devuelto a los cónsules demócratas eliminados por el Senado (Suetonio, César, 9).

Causas que sigue estando oscuras impidieron la ejecución de este complot tramado por Craso (que suele llamarse la ´´primera conjuración de Catilina´´ aunque este último no desempeñase más que un papel completamente secundario). Habiéndose divulgado la cosa, la influencia de Craso logró a pesar de todo echar tierra al asunto y el único molestado fue Calpurnio Pisón, alejado a España en exilio honorable.

Todo esto atestiguaba la recrudescencia de la actividad de los elementos radicales de la democracia, dispuestos a audaces iniciativas. A fines del 64, el joven tribuno del pueblo Servilio Rulo presentó a la Asamblea del pueblo un proyecto de ley agraria de gran amplitud, que emanaba del colegio de los tribunos y proponía la adquisición por cuenta del Tesoro de vastas tierras para distribuirlas a los pobres, debiendo ser cubiertos los gastos por todo el botín de las campañas de ultramar así como por el proyecto de la venta de las tierras públicas, empresas industriales y minas del Estado, etc., en las provincias. Con tal fin, las ciudades y municipios de provincias quedaban autorizados para redimirse de todos los impuestos y prestaciones por medio de una sola entrega de fondos capitalizada. Para efectuar todas estas operaciones financieras y agrarias, la Asamblea del pueblo debía elegir una comisión de diez miembros (los ´´decenviros´´) investidos de poderes administrativos, financieros y judiciales muy amplios. Esta reforma ponía, por consiguiente, en manos de los decenviros casi toda la autoridad sobre las provincias, las finanzas y la propiedad pública, quitándosela por lo tanto al Senado, y conducía a la liquidación de los arriendos de impuestos y a una extensión considerable de la pequeña propiedad en detrimento de los latifundios, privados de su mano de obra barata.

Al solo rumor de que una reforma agraria de tal amplitud estaba en proyecto, cundió el pánico entre las grandes familias, los grandes propietarios, los publícanos y hasta entre los propios demócratas moderados. Los caballeros, como habían ya hecho en el año 100, rompieron su alianza con los populares. Cicerón, partidario de los ´´honrados y respetables´´ hombres de negocios, elegido cónsul en el 63 y que todavía se decia ´´cónsl demócrata´´, consiguió agrupar a senadores y caballeros para hacer fracasar el proyecto de Servilio Rulo ante la Asamblea del pueblo y pronunció contra él mismo tres discursos magistralmente concebidos. Recurriendo a todos los trucos demagógicos y empleando la burla, la mentira, la calumnia y la intimidación, consiguió indisponer a la plebe del mismo a retirarlo.

Algunas arengas de Cicerón (segundo discurso Sobre la ley agraria, 9-10)permiten darse cuenta de las dos tendencias que reinaban en la democracia romana; una, cuya divisa era; ´´paz, libertad y una vida exenta de preocupaciones´´, consigna ´´verdaderamente democrática´´ para Cicerón, representaba los intereses de los caballeros y las ´´personas honradas´´ en general; la otra fracción de los populares defendía los intereses de los pobres y reclamaba que se pusieran al servicio de éstos todo el poder y los recursos materiales del Estado, lo que constituía, en opinión de Cicerón, una doctrina ´´perversa´´ que ´´minaba hasta los cimientos no sólo del poderío sino también del bienestar del pueblo romano´´, constituía una ´´nueva forma de despotismo´´ y no hacía más que ´´sembrar el pánico en el Foro´´.

El jefe de esta última fracción, que tan peligrosa parecía a las ´´gentes honradas´´, era, desde el 65 al 63, el antiguo pretor L. Sergio Catalina, quien agrupaba en torno suyo a un numero bastante considerable de personalidades conocidas de la sociedad romana e incluso de rango senatorial, que había sufrido las consecuencias de la crisis económica o de las arbitrariedades del Senado. Citaremos entre los otros a los cónsules invalidados por el senado en el año 66, Auronio Peto y P. Cornelio Sila, los pretores P. Léntulo Sura y C. Cétego, el tribuno del pueblo L. Bestia, así como caballeros y numerosos representantes de las colonias y los municipios. César estaba ambien comprometido con este grupo, aunque no desempeñaba en él el papel principal, ya que todavía no había ocupado más cargos que los de cuestor y edil. El grupo de que hablamos seguía estando en contacto, como anteriormente, con Craso. Pero la masa cuyo apoyo buscaba se hallaba, según confiesa el mismo Cicerón (furioso enemigo del grupo), en las inmensas multitudes urbanas y rurales agobiadas y exasperadas por la necesidad (Cicerón, segunda Catilinaria, 20-21). Salustio afirma igualmente que ´´la sedición gana terreno... la plebe urbana... la juventud de los campos, que arrastra una existencia miserable y se gana el pan con el sudor de su fuente... y todos los pobres en general´´. ´´Aquel contagio alcanzó a la mayoría de los ciudadanos... Todo el populacho, ávido de cambios, aplaudía los designios de Catilina´´ (Conjuración de Catalina, 36 y 37). Así, pues, esta era la situación.

Cicerón consideraba a Catalina como un monstruo fabuloso, que ´´deseaba arrasar a sangre y fuego el universo entero´´ (Cicerón, primera Catilinaria, 3); en cuanto a sus amigos y partidarios no eran todos más que una ´´infame pandilla de malvados hundidos en el vicio´´ (Cicerón, segunda Catilinaria, 10). Estas invectivas no son otra cosa que la expresión del temor y el odio que suscitaba entre los poseyentes de carecer radical del movimiento. El mismo Cicerón advertía cínicamente a su amigo Pomponio Atico que no concediese crédito a todo lo que él decía en sus discursos: ´´Tu conoces el escándalo que armo cuando hablo de ese asunto´´ (Cicerón, Cartas a Atico, 1, 14, 4). De hecho, Catalina, lo mismo que Pompeyo y Craso, no era más que un tránsfuga pasado del campo de Sila al de los populares y cuyo pasado era tan deshonroso como el de este último y no menos disoluto que los demás en su vida privada. Pero, sin embargo, no se había enriquecido con las proscripciones y alimentaba sentimientos profundamente hostiles hacia la oligarquía dirigente (Salustio, Conjuración de Catalina, 20). Por cierto que desde el año 65 Cicerón había buscado un acercamiento a él.

En tanto en cuanto es posible juzgar a través de los datos procedentes de fuentes hostiles, que son los únicos llegados hasta nosotros (los discursos de Cicerón y la Conjuración de Catilina de Salustio), el programa de esta fracción del partido democrático comprendía la anulación de las deudas, una nueva ley agraria y el derrocamiento de la oligarquía que se hallaba en el poder. Salustio escribe en su estilo de requisitoria que habían prometido la revisión de las deudas, la expatriación de los ricos, las magistraturas civiles, el pontificado y el saqueo universal´´ (Conjuración de Catilina, 21, 2). De hecho se hallaban al orden del día los mismos problemas que veinte años antes, bajo Cinna. Tal programa no podía evidentemente por menos de obtener la simpatía y el apoyo en masa de las capas inferiores de la población romana e italiana, para las que era mucho más satisfactorio que el de Cicerón y sus partidarios, los demócratas moderados y conservadores.

Los radicales del partido popular trataron por tres veces de elegir a Catilina para el consulado, con objeto de utilizar su programa siendo derrotados las tres veces, en el 64 y 63, a causa de la rabiosa resistencia, que no retrocedía ante ningún medio, de la oligarquía reaccionaria y los demócratas de derecha coligados con ella. En el año 63 Catilina tenía las mayores probabilidades de triunfar: una multitud de campesinos y de colonos de Etruria y de las demás regiones vecinas de Roma había afluido a ésta para sostener en las urnas su candidatura, y el tribuno del pueblo Bestia había movilizado a la plebe de la capital; las mujeres y los jóvenes llevaban a cabo una ardiente campaña a favor del jefe de los radicales. El ala izquierda de la democracia era aquel año más fuerte que nunca: otro favorito del pueblo, Julio César, había sido elegido gran pontífice a pesar de tener como contrincantes al príncipe del senado Cayo Lutacio Cátulo y a otro puntal del partido de los optimates, Publio Servilio Isáurico. El mismo año, César fue igualmente elegido pretor (para el 62).

En las elecciones consulares del 63, los optimates echaron igualmente el resto para vencer a Catilina. Su candidato, Murena, digno émulo de Verres, compró tan abiertamente a los electores que sus maniobras provocaron un resonante escándalo, que dio lugar, incluso en el seno de la nobleza conservadora, a las protestas de las personas honradas como Catón, quienes le hicieron juzgar. Cicerón, cónsul , indignado por tal rigor, tomó calurosamente la defensa de Murena vertiendo un torrente de inauditas calumnias contra Catilina y sus partidarios, de los que califico de ´´sicarios´´ y de ´´conjurados, espada en mano´´. Obtuvo del Senado la proclamación del estado de sitio y el aplazamiento de las elecciones, para obligar a los campesinos, cansados de esperar en vano, a retornar a sus hogares, haciendo al mismo tiempo cerrar los colegios de artesanos y las sociedades populares. Por último, el día de los comicios (26 de octubre del 63), para intimidar a los electores, hizo rodear de tropas el campo de Marte, donde apareció en persona, con coraza y rodeado de una tropa armada de jóvenes ricos. Así fue como, para decirlo con sus propias palabras ´´todos los que querian salvar al Estado de aquella peste se pasaron inmediatamente al lado de Murena´´ y Catilina no fue elegido.

El triple fracaso de los populares, que intentaban obtener por vía legal participación en el Gobierno, fue, pues, resultado de las indignas maquinaciones electorales y de la presión de los aristócratas. No deja de ser muy natural que tales procedimientos empujasen a los demócratas impacientes hacia el único camino que quedaba abierto ante ellos, el de las armas. Los catilinarios (partidarios de Catilina y de su programa) comenzaron a prepararse para ello tras las escandalosas elecciones del 63. Según Cicerón y Salustio, el plan de insurrección no fue definitivamente trazado y adoptado hasta la noche del 6 al 7 de noviembre, durante una reunión de los jefes del movimiento en el domicilio de uno de los conjurados, M Porcio Leca. Decidióse aprovechar la cólera e indignación de los electores rurales, que formaban ya espontáneamente grupos insurrecuinales (el más importante se habia constituido desde fines de octubre en Etruria, bajo el mando del ex centurión Manlio) y, c ayuda de emisarios enviados desde Roma, organizarlos en un ejercito que habria de marchar sobre la capital. Siguiendo el ejemplo de Cinna en 87, el ´´cónsul Catilina´´, ilegalmente impedido de tomar posesión de su rango, habría de ponerse al frente de los mismos. El pretor Léntulo, el tribuno Bestia y otros jefes radicales, que permanecerá en la capital, se encargarían de sublevar a la plebe al acercarse el mencionado ejército. Un tal M. Cepario había recibido la misión de ir a la Abulia para provocar allí igualmente un levantamiento de los pastores esclavos.

Dos de los conjurados se ofrecieron por propia iniciativa para matar a Cicerón al día siguiente mismo.

Tratábase de hecho de una reedición del golpe de Estado del 87 (Cicerón llamaba a Catilina ´´segundo Cinna´´) por otros procedimientos, por medio de una conspiración insuficientemente preparada y en condiciones generales completamente diferentes tanto en Roma como en las provincias. En efecto: desde el 21 de octubre Cicerón había obtenido del Senado la proclamación de la ley marcial; los ejércitos de dos famosos generales Q. Marcio Rex y Q. Metelo Crético se hallaban al pie de las murallas de Roma, esperando el triunfo, y estaban disponibles inmediatamente para la represión del movimiento que había comenzado en las regiones italianas. Cicerón había tenido inmediatamente noticias del plan de los conjurados gracias a una red de espionaje perfectamente organizada y desde el 8 de noviembre, ante del Senado convocado en sesión extraordinaria, culminó su famosa Primera Catilinaria en la que se ve vanagloriaba de ´´saberlo todo´´, obligando así a Catilina a salir de Roma prematuramente. Este, en lugar del ejército con el que contaba, hubo de contentarse con ponerse, revestido de las insignias consulares, al frente de la pequeña ropa de campesinos de Manlio, armada como buenamente habia podido y ya envuelta por las fuerzas del Gobierno. Los insurgentes llevaban como enseña el águila de plata de Mario, que Catilina guardaba e su casa.

Aprovechando la confisión provocada por estos acontecimientos, Cicerón sembró el pánico entre la población de Roma con los discursos terroríficos y llenos de increíbles exageraciones que pronuncio en el Foro (anunciando, por ejemplo, que los conjurados se disponían a prender a Roma, en doce lugares diferentes, y a degollar a todos los buenos ciudadanos, para transformar la ciudad en cubil de bandidos). Inmediatamente después detuvo a los principales partidarios de Catilin: Léntulo, Cétego y otros que permanecían en la capital y cuya imprudencia le permitió incautarse de la correspondencia con los diputados de los galos alóbroges, indispuestos por las rapiñas de los gobernadores romanos. Al día siguiente organizo ante el Senado una farsa de juicio contra los catilinarios (el cual el nunca había estado investido de poderes judiciales), haciendolos estrangular en su presencia, en la cárcel de Mamertita, al pie del Capitolio. El cónsul Antonio fue enviado contra Catilina y su tropa de tres mil hombres (éste, al contrario de Cinna, rehusaba admitir en sus filas a los esclavos que acudían de todas partes) y, en enero del 62, Catilina, desesperado por poder romper el cerco de hierro que le rodeaba, se vio obligado a aceptar batalla. El combate tuvo lugar en unvalle de montaña, cerca de Pistoya (no lejos de Florencia), pereciendo en el Catilina con todos sus compañeros. Los dispersos focos del movimiento e las demás regiones de Italia (Bruttium, Abulia y Piceno) fueron prontamente dominados.

Para celebrar la victoria, el Senado ordenó un sacrificio y in mes de fiestas públicas. Pero a pesar de todos sus esfuerzos no consiguió aplastar completamente el movimiento popular. Dión Casio nos informa de los violentos motines que continuaron estallando en Italia en los años 62 y 61 contra el Senado; hubo que proclamar nuevamente el estado de sitio, enviar pretores a reprimir por las armas el descontento en los municipios y destituir a los magistrados (el pretor Julio César y el tribuno Metelo Diespos) que, en las asambleas del pueblo, se pronunciaban contra los optimates. El propio Cicerón terminó muy tristemente su consulado. Ya durante la votación sobre la ejecución de los ´´conjurados´´, una parte considerable de los senadores, encabezados por César, se había pronunciado en contra, y una inmensa muchedumbre de hombres libres y de esclavos se reunía para arrancar a los condenados de manos de los verdugos. Hacia el final de su mandato Cicerón tropezaba con la hostilidad general: ´´Tras haberle dado pruebas de su antipatía en varias ocasiones, la muchedumbre-escribe Dión Casio-, llego hasta imponerle silencio cuando quiso defenderse... el último día de su consulado´´.

La tradición antigua, especialmente Tito Livio y Apiano, ligan estrechamente el retorno de Pompeyo de Asia y la Conjuración de Catilina. Este, perteneciente a la familia de los Sergios (nobles, pero empobrecidos), había sido partidario de Sila e inició su carrera siendo cuestor en el 78, edil en el 71, pretor y propretor en África (68 y 67-66). En el 65 a.C. presentó su candidatura al consulado pero, ya fuese por vicio de procedimiento o por la acusación de Clodio de malversación de fondos en la provincia de África, Catilina y el otro aspirante al consulado fueron sustituidos por dos cónsules optimates. Esta acusación le impidió presentarse a las elecciones del 64 a.C. y del 63 a.C., año en el que accedió al consulado Cicerón. La Conjuración de Catilina -si bien no se conocen los términos exactos de la misma puesto que los testimonios de la acusación son, por una parte, muy exagerados y, por otra, omiten algunos datos- evidencia la falsa dicotomía entre optimates y populares y la amplitud y relajación de los modos en que se luchaba por el poder. El propio Catilina, antes silano, decidió incluir en su programa al consulado leyes agrarias en favor de los desheredados, condonación de las deudas... Pero, al no lograr acceder al cargo, perpetró un complot cuyos objetivos parece que eran asesinar a los dos cónsules en ejercicio y constituirse en dictador. Antes del 64 a.C. había mantenido estrechos vínculos con los optimates y había sido absuelto en el proceso por malversación gracias a César, que presidía el jurado. La mayoría de los implicados en la conjura presentan rasgos de frustración personal o política que, en esencia, parecen constituir el auténtico vínculo, más que la defensa de ningún tipo de programa común. Así, el propio Craso, que sufragó las campañas electorales de Catilina y parece que estuvo implicado a medias en la misma. Su complejo de inferioridad por el poder de Pompeyo y su falta de éxito en algunas de sus iniciativas políticas, tales como sus proyectos -siendo censor en el 66- para dar la ciudadanía a las comunidades de la Galia Cisalpina o para explotar el testamento del rey de Egipto que dejó su país a Roma, fueron frustrados por su colega Q. Catulo. Sin duda su resentimiento pudo decidir, en un primer momento, su apoyo a Catilina. También estuvo implicado en la conjura C. Antonio Hybrida, de familia ilustre, antiguo silano y, al igual que Catilina, con dificultades económicas, aun cuando fuera colega de Cicerón en el consulado en el 63. Endeudados y ambiciosos eran también los nobles que le rodeaban: M. Calpurnio Bestia, tribuno al que se había encargado iniciar los disturbios en Roma, incendiando la ciudad e invadiendo el Senado. Léntulo, que había intentado concluir un trato con los alóbroges a fin de poder invadir la ciudad, si bien éstos descubrieron los planes a su patrono romano, Q. Fabio Santa. César mantuvo una posición más independiente. En el 63 a.C. la acción de los populares le había hecho alcanzar el pontificado máximo y, si bien parece que inicialmente apoyó a Catilina, nada pudo probarse al respecto. Por último, el ejército reclutado por Catilina se componía tanto de campesinos arruinados por las expropiaciones de Sila, como de los propios colonos silanos oprimidos por las deudas y bajo amenaza de verse reducidos a la esclavitud. Catón el Joven, líder de la nobilitas senatorial, y Cicerón fueron quienes dirigieron la acción contra Catilina. Desvelados sus planes por Cicerón ante el Senado, Catilina huyó. Sus partidarios en Roma fueron descubiertos y encarcelados y, poco después, en Pistoia, Catilina se suicidó tras la derrota de su ejército. Había sido su antiguo alumno, Antonio, el encargado de dirigir el ejército contra él. Sus inmediatos seguidores fueron condenados a muerte y sólo César pronunció un discurso instando a que los conspiradores fuesen juzgados. Si bien inútilmente, puesto que fueron ejecutados sin juicio. El fin de la conspiración de Catilina llevó a Cicerón a la cúspide de su carrera política. Durante este breve tiempo fue aclamado como el salvador de Roma y, probablemente, llegó a creer que había conseguido la anhelada concordia ordinum. Ciertamente, el Senado había salido fortalecido de todo este proceso y habían emergido nuevas figuras políticas como Catón el Joven, que había logrado convencer al Senado de que encarnaba la vieja moralidad republicana. César, por su parte, se iba convirtiendo en inspirador de los populares, aunque como señala Syme, era consciente de que manteniendo su independencia aumentaba su precio. Cicerón, durante su consulado, había adoptado diversas disposiciones importantes que reforzaban la autoridad del Senado. Una de ellas era que los decretos del Senado tuvieran fuerza de ley, sin intervención de los comicios y que si un poder igual o superior se impusiera, los senado-consultos quedaban registrados.

Lucio Cornelio Sila era miembro de la pequeña aristocracia. Su juventud transcurrió de manera disoluta, sin prestar atención a las armas o las leyes. Fue mantenido por una prostituta griega hasta su nombramiento como cuestor en el ejército de Numidia que puso fin a la guerra de Yugurta. Sila fue el promotor de que Bocco entregara al rey numida a los romanos. Se interesó por la guerra y participó en las campañas de Mario contra los cimbrios y teutones, obteniendo importantes victorias. En el año 99 regresa a Roma para pasar una temporada de vida ociosa, conviviendo con prostitutas, gladiadores, poetas y actores. En 94 fue elegido edil y al año siguiente pretor, participando en la guerra contra Mitrídates. El botín conseguido fue inmenso tanto par él como para Roma. En el año 88 se presentó al consulado, obtenido al parecer gracias al apoyo conseguido por las mujeres tras su cuarto matrimonio con Cecilia Metela, emparentándose con una de las más importantes familias de Roma. Al intentar invalidar su nombramiento, Sila reunió al ejército y dirigió las tropas sobre Roma, obteniendo la victoria sobre el ejército reunido por Mario, quien huyó. Sila se hizo con el poder recibiendo el apoyo expreso del Senado. Después se hizo nombrar procónsul y partió con sus tropas para Oriente. En Roma estalló una guerra entre los aristócratas y los demócratas. La guerra social se convertía en guerra civil. Mario regresó de su exilio en África y reclutó un ejército de seis mil hombres que se dirigieron a Roma, donde consumaron una auténtica matanza. Las cabezas de los senadores fueron paseadas por la ciudad. Sila había sido depuesto y sus posesiones confiscadas. Mientras, Sila ponía sitio a Atenas que era tomada por sorpresa. La ciudad fue saqueada y el ejército se dirigió a luchar contra Mitrídates. Sila obtuvo la victoria en el momento que el enviado desde Roma para combatir con él, Valerio Flaco, se puso bajo sus órdenes. Tras ocupar Grecia regresó a Roma donde había estallado la lucha entre populares y aristócratas. Numerosos miembros de la aristocracia se unieron a Sila enfrentándose a los populares dirigidos por Mario el Joven. Sila obtuvo la victoria en la batalla de Puerta Colina, una de las más sangrientas de la historia de Roma. Corría el mes de enero del año 81y Sila entró triunfalmente en Roma con las cabezas de sus más importantes enemigos. El terror se adueñó de nuevo de Roma, dirigido ahora por los aristócratas y encaminado a acabar con los populares. Sila era nombrado dictador, gobernando de manera autocrática durante dos años, concediendo derechos de ciudadanía a galos e hispanos y distribuyendo tierras entre los veteranos. El Senado vio como todos los privilegios anteriores a los Gracos le eran restituidos al tiempo que el ejército era licenciado. En el año 79 a.C. se retiró de la vida pública tras el matrimonio con la bella Valeria, joven de 25 años.

Discurso de Cicerón

¿Hasta cuándo? (Contra Catilina, I 1-3)

1. ¿Hasta cuándo ya, Catilina, seguirás abusando de nuestra paciencia? ¿Por cuánto tiempo aún estará burlándosenos esa locura tuya? ¿Hasta qué límite llegará, en su jactancia, tu desenfrenada audacia? ¿Es que no te han impresionado nada, ni la guardia nocturna del Palatino ni las patrullas vigilantes de la ciudad ni el temor del pueblo ni la afluencia de todos los buenos ciudadanos ni este bien defendido lugar -donde se reúne el senado- ni las miradas expresivas de los presentes? ¿No te das cuenta de que tus maquinaciones están descubiertas? ¿No adviertes que tu Conjuración, controlada ya por el conocimiento de todos éstos, no tiene salida? ¿Quién de nosotros te crees tú que ignora qué hiciste anoche y qué anteanoche, dónde estuviste, a quiénes reuniste y qué determinación tomaste?

2. ¡Qué tiempos! ¡Qué costumbres! El senado conoce todo eso y el cónsul lo está viendo. Sin embargo este individuo vive. ¿Que si vive? Mucho más: incluso se persona en el senado; participa en un consejo de interés público; señala y destina a la muerte, con sus propios ojos, a cada uno de nosotros. Pero a nosotros -todos unos hombres- con resguardarnos de las locas acometidas de ese sujeto, nos parece que hacemos bastante en pro de la república. Convenía, desde hace ya tiempo, Catilina, que, por mandato del cónsul, te condujeran a la muerte y que se hiciera recaer sobre ti esa desgracia que tú, ya hace días, estás maquinando contra todos nosotros.

3. Si un hombre eximio, Publio Escipión -pontífice máximo- aun en calidad de particular, privó de la vida a Tiberio Graco que perturbaba ligeramente la estabilidad de la república, nosotros, los cónsules, ¿habremos de aguantar a Catilina, que se muere por arrasar a sangre y fuego el orbe de la tierra? Y eso que paso por alto hechos demasiado alejados de nosotros, como el de Cayo Servilio Ahala, quien mató con su propia mano a Espurio Melio porque tenía afición a las alternativas políticas. Existió, sí, existió, en otros tiempos, un valor tal en esta ciudad que los hombres enérgicos castigaban con penas más duras al ciudadano pernicioso que al enemigo más encarnizado. Tenemos contra ti, Catilina, una resolución del senado, enérgica y severa. No es la responsabilidad de Estado ni la autoridad de este organismo lo que está fallando: nosotros, nosotros los cónsules -lo confieso sinceramente- somos quienes fallamos.

Ciceron y la conjuracion de Catilina
Las cuatro Catilinarias

Catilina era un patricio romano de alta alcurnia, en su juventud había sido el representante mas típico de la juventud rica y totalmente corrompida de la gran ciudad. La posteridad conservo la semblanza de este tipo peligroso en la obra literaria de su acusador Cicerón y del historiador Salustio. Sus apetitos insaciables de placer le impulsaban a todas las audacias y bajezas para enriquecerse. Fue uno de los mas ardientes defensores de Sila y mató a su padre durante las proscripciones. Las aventuras amorosas ocupaban lugar importante en la vida de Catilina. Se comprometió con una vestal. Asesino a su esposa, para poderse casar con otra mujer celebre por su belleza y ligereza de costumbres. Dice Salustio que dirigía una especie de escuela donde se aprendía a deponer falsos testimonios, imitar las firmas y desembarazarse uno sin ser descubierto. Catilina llego a ser un peligro no solo para la moralidad, sino también para la seguridad publica, al dedicarse a la política. Para alcanzar el poder, cada año solicito el consulado, jamás fue elegido. Ante estos fracasos, fraguo una Conjuración para hacerse nombrar dictador de Roma.
Entre los que le ayudaron había personas pertenecientes a las familias mas distinguidas de Roma, y otros dispuestos a ayudar apenas la Conjuración ofreciera posibilidades razonables de éxito. ¿Cómo pudo lograr Catilina tantos adeptos?. Quería, pues, "liberar a los oprimidos de sus cadenas", decía, y suprimir todas las deudas. Desde luego, sus oyentes deseaban eso, y pronto su Conjuración se extendió por toda Italia. Con todo, un hombre se irguió contra Catilina, el abogado Marco Tulio Cicerón, el mayor orador de Roma.
Tenia la misma edad que Pompeyo. Cicerón procedía de una familia rica pero nacido y educado en una ciudad provinciana. Cuando entro en la política de la capital, no tuvo protector que pudiera ayudarlo. Pero era entusiasta y sentía ardiente deseo de hacer respetar por doquier el nombre romano. El estilo de Cicerón llegaría a ser modelo del latín "clásico". A los 26 años, Cicerón pronuncio su primer discurso importante, la defensa judicial de Sexto Roscio de Ameria. Por su valiente intervención en el caso de Roscio, Cicerón se creo un prestigio como abogado. Después escogió la carrera política y triunfo muchas veces en el Foro gracias a su elocuencia.
En el 64 aC propuso su candidatura para el consulado del año siguiente, contra Catilina. Después de una violenta disputa electoral, lo vence y es nombrado cónsul. Entre los conjurados, Cicerón tenia dos espías que le comunicaban todos los planes de Catilina. Cicerón supo así que Catilina planeaba su muerte. Descubierta la Conjuración, Cicerón convoco al Senado y desenmascaro al criminal en un inflamado discurso, la celebre primera Catilinaria, que empieza con la frase que se ha hecho proverbial: Quousque tandem ...? (¿Hasta cuándo, Catilina, abusaras de nuestra paciencia?) Catilina respondió con insolencias y lleno de indignación abandono el Senado entre abucheos y vehementes amenazas y aquella misma tarde abandono Roma. Catilina se refugio en Etruria, donde se formo un ejercito que agrupaba a los antiguos legionarios de Mario, veteranos expulsados de las legiones de Sila y muchos otros descontentos. Allí mismo se proclamo cónsul. El gobierno replicó declarándole enemigo del Estado. Para reducir a la impotencia a los secuaces que Catilina tenia en Roma, pronuncio su segunda Catilinaria, que desenmascaro a todos. Cicerón demostró a través de cartas y documentos enviados al Senado que Catilina proyectaba fomentar en la Galia una revolución que esperaban que se extendiera a España. Se levanto la sesión al atardecer. Al salir, Cicerón fue aclamado. El orador pronuncio para la multitud reunida en el Foro la tercera catilinaria, en donde comunico las medidas tomadas y el homenaje que el Senado le había tributado. Dos días después, Cicerón convocaba al Senado para deliberar sobre el castigo que debía darse a los conspiradores detenidos. En esta ocasión pronuncio su cuarta Catilinaria. Se decide ejecutar a todos los conspiradores. Las tropas del Senado mataron a todos los secuaces de Catilina en Etruria. Éste, comprendiendo que todo estaba perdido, se arrojo contra las filas enemigas. Cicerón, recibió del Estado el titulo honorífico de pater patriae (padre de la patria).

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), escritor, político y orador romano. Aunque su carrera política fue notable, Cicerón es especialmente conocido como el orador más elocuente de Roma y como hombre de letras. Nació en Arpinum (actualmente Arpino, Italia) y en su juventud estudió derecho, oratoria, literatura y filosofía en Roma. Tras una breve carrera militar y tres años de experiencia como abogado que defendía a ciudadanos privados, viajó a Grecia y Asia, donde continuó sus estudios. Regresó a Roma en el 77 a.C. y comenzó su carrera política. En el 74 a.C. fue elegido miembro del Senado.

Aunque la familia de Cicerón no pertenecía a la aristocracia romana, los patricios más ricos y poderosos de Roma le apoyaron en su candidatura al consulado en el 64 a.C. por el gran desagrado que les producía el otro candidato, aristocrático pero menos respetable, Lucio Sergio Catilina. Fue elegido Cicerón, y Catilina volvió a intentarlo al año siguiente con los mismos resultado. Entonces, airado, organizó una conspiración para derribar el gobierno. Cicerón controló la situación, detuvo y ejecutó a a varios de los partidarios de Catilina y a éste lo expulsó del Senado con una ardiente soflama conocida como Catilinarias. Julio César y otros senadores romanos sostuvieron que Cicerón había obrado con excesiva dureza, sin proporcionar las debidas garantías legales a los conspiradores. Como resultado de esto, en el 58 a.C., Cicerón se vio obligado a exiliarse. Tras un año en Macedonia fue perdonado por el general romano Pompeyo el Grande.

Cicerón se dedicó a la literatura hasta el 51 a.C., cuando aceptó el encargo de gobernar la provincia romana de Cilicia como procónsul. Regresó a Roma en el 50 a.C. y se unió a Pompeyo, que se había convertido en el mayor enemigo de Julio César. Cuando César derrotó a Pompeyo, en el 48 a.C., Cicerón comprendió que continuar con la resistencia a César era inútil, y aceptó su amistad, aunque mientras César fue dictador de Roma, Cicerón vivió apartado de la vida política dedicándose a escribir. Después del asesinato de César, en el 44 a.C., Cicerón retornó a la política. Esperando ver la restauración de la República, apoyó al hijo adoptivo de César, Octavio, más tarde el emperador Augusto, en sus luchas contra el cónsul romano Marco Antonio. Sin embargo, Octavio y Marco Antonio se reconciliaron, y Cicerón fue ejecutado como enemigo del Estado, el 7 de diciembre del 43 a.C.

Cicerón creó un elaborado estilo prosístico que combina claridad y elocuencia, y que se ha convertido en uno de los modelos por medio de los que se juzga toda la demás prosa latina. Su obra contribuyó mucho al enriquecimiento del vocabulario de su propio lenguaje. Los escritos de Cicerón tratan sobre muchos temas. Sus obras filosóficas revelan su creencia en Dios y en el libre albedrío. Casi todos sus trabajos filosóficos se basan en fuentes griegas y, por lo tanto, aparte de su valor intrínseco, tienen uno añadido como es el de haber divulgado y preservado la filosofía griega que de no haber sido por él, tal vez, se hubiera perdido. A partir del 45 a.C. y de la muerte de su hija Tulia, Cicerón se retiró de la política para dedicarse por completo a sus escritos literarios y filosóficos.




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Enviado por:Vanessa Priscila Pupo Jiménez
Idioma: castellano
País: Colombia

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