Violencia

Problemática social. Admisibilidad y justificacion. Fines y medios

  • Enviado por: Manuel Bueno
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 2 páginas
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Teoría de conocimiento.

La violencia como medio para alcanzar un fin bueno, ¿es valorada y, si lo es, en qué sentido, por algún sistema ético?

Antes de entrar de lleno en el tema conviene dejar claros alguno de los conceptos básicos. El primero es el de conciencia moral cuyo significado es el de la capacidad de entendimiento por la que el ser humano sabe lo que hace y juzga si está bien o mal hecho. Antes de analizar la especificidad de la obra habría que distinguir los antecedentes que son parte a su vez de las circunstancias. Los hay de tres tipos: los antecedentes racionales son en los que la conciencia para establecer si algo es bueno o malo, razona elaborando un silogismo con dos premisas y una conclusión, pero son juicios objetivos, racionales que no siempre coinciden con los sentimientos que provocan. En el caso de la defensa del uso de la violencia sirve el hecho de que “Tengo que defender lo mío con todos mis medios” y “Un medio a mi alcance es la violencia”. Otro grupo de antecedentes son los sentimentales que son elementos no racionales como pude ser sentimientos y tendencias morales que son utilizados por la conciencia para provocar nociones favorables al bien y opuesto al mal. Los sentimientos son distintos de los razonamientos y pueden provocar que la conciencia moral no concluya correctamente. Aquí formular un ejemplo sería muy complicado porque se pueden confundir con los antecedentes sociales (explicados a continuación) y en realidad se entremezclan y van tan parejos que resulta difícil discernir entre ellos.

Por último están los antecedentes sociales que son elementos de procedencia social que ha recibido mediante la educación y la presión ambiental. Todos sabemos que la educación forma al hombre y le comunica ideas y costumbres que puede facilitar al razonamiento moral o pueden oscurecerlo. Un ejemplo sería una persona que se desenvuelve en un medio agresivo donde la fuerza se utiliza para conseguir unos fines de forma mecánica. La persona en cuestión crecerá aceptando que la violencia es un medio totalmente válido sin siquiera someterlo a un escrutinio moral.

Partiendo desde las tres éticas principales sólo en la telelógica sería válida la violencia para alcanzar un fin bueno, en este caso la felicidad.

En el caso de la deontológica no queda tan claro. El deber no ha de partir desde un punto de vista personal, entonces ¿desde un punto de vista general es la violencia válida? Si se acepta que la vida de una persona es igual a la de otro semejante y que vale la pena por tanto matar a una persona para salvar la de dos entonces la violencia sería un medio válido en el caso de que salvaguardara a la mayoría. Sin embargo este es un caso ideal en el que todas las personas son igual (que es lo que busca la democracia, dato curioso). En la vida real hay gente más capaz que otra, con unas cualidades especiales y que hacen mayor bien al prójimo. Por consiguiente ¿sería nuestro deber matar a una buena persona a favor de dos malas personas?

Es evidente que la vida no se puede medir al peso y, por tanto, la violencia no debe ser aceptada excepto en caso muy particulares cuando nos ceñimos a las éticas deontológicas.

En la tercera ética, la dialógica, la violencia es un medio que en ningún caso se debe utilizar. No se puede obtener una normal moral a partir del diálogo y consenso de la sociedad con el uso de la violencia. La razón es sencilla, la violencia implica un enfrentamiento, un bando sale victorioso sobre otro derrotado y es el primero el que obliga al otro a acatar las reglas impuestas, entre ellas las normas morales por supuesto.

No hay consenso, pues.

En resumen la ética teleológica es la única que acepta sin tapujos el uso de la violencia para conseguir la felicidad. La única objección que se puede hacer es que sólo en el caso del hedonismo (en la variante en la cual para conseguir la felicidad propia es necesaria la felicidad ajena) la violencia es un método no válido.

La deontológica lo admite en casos particulares anteriormente mencionados y la dialógica no la acepta en ningún caso.

Define y defiende el uso de la violencia la famosa frase de Maquiavelo que puso en su libro “El príncipe”: “El fin justifica los medios”. Cualquier medio puede ser utilizado mientras el fin sea correcto. Esto último no excluye que sólo sea correcto para una persona, el fin puede ser perfectamente egoísta o incluso ambiguo y abstracto para mayor provecho de la persona. Esta frase es muy utilizada a su vez en el caso de la legitimización del poder y de medidas tomadas en dictaduras o fanatismos. Si el estado está por encima del individuo y el estado es un ente totalmente abstracto (y omnipresente siendo todo y nada al tiempo), cualquiera puede ser el estado. Cualquiera no quiere decir que sean todos, esto lo aprovecha la figura del líder que se erige en el mandamás del estado. “El estado soy yo”, dijo el Rey Sol . Muchos personajillos tristemente ilustres han pensado lo mismo para desgracia de una gran masa anónima.

Los “ideólogos” del fascismo sostenían que la guerra ejercía una selección natural sobre la especie humana. Sólo sobrevivían los más capaces, según ellos, ellos de todas formas no solían ir a la guerra. Conclusión: se necesita una guerra para limpiar la gloriosa estirpe italiana de mastuerzos y meapilas. Curiosamente, las balas no se paraban en barras y, claro, ahora decir esto es como contar un chiste.

La violencia en muchos casos es la última medida. Si es la última es el reflejo de nuestra impotencia, es una medida extrema que refleja la imposibilidad para alcanzar unos objetivos fijados.

La violencia es, en conclusión, algo que ni siquiera puede llegar a ser considerada como medida y que pocas veces se hace de forma calculada si no como reacción descontrolada de defensa o agresión.

Si el fin justifica los medios, los medios también justifican el fin, entonces ¿qué fines aspira una persona tan débil e insegura que utiliza la violencia?

La violencia destroza la moral del agresor más que la moral del agredido y en este caso no puede ser aceptado por ninguna de las tres éticas.