Violencia en la familia

Violencia de género. Intrafamiliar. Relaciones familiares. Educación. Abuso de autoridad. Agresiones domésticas. Malos tratos. Maltrato físico, emocional, sexual. Agresión. Reconciliación. Mujeres. Menores. Niños

  • Enviado por: Danny Hardy
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 21 páginas
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PARA EMPEZAR

Recordemos que nacemos dentro de una familia y por lo tanto en ella aprendemos las primeras actitudes y habilidades para vivir. Desarrollamos confianza en los demás, seguridad en nosotros mismos, y así fortalecemos nuestra autoestima. La familia que la educación busca fomentar es aquella que se finca en el amor y en el respeto entre sus miembros. La responsabilidad, la confianza, el apoyo mutuo y la consideración son algunos de los valores deseables en la formación de los niños y las niñas, y se sientan las bases para vivir conforme a esos valores cuando entre los padres existe

una buena relación de afecto.

Hay muchos tipos de familia, pero en cualquiera se debe aspirar a un clima de amor necesario para vivir la vida del mejor modo posible.

Por lo general, la familia afectuosa también nos forma con valores que favorecen relaciones equitativas con los demás. Sin embargo, no en todas las familias el crecimiento y el desarrollo de los hijos se da en estas circunstancias. Lamentablemente, existen muchas familias que no viven en relaciones cordiales, respetuosas, justas y amorosas. La incapacidad de algunas personas para enfrentar sus problemas cotidianos en ocasiones las lleva a desarrollar, poco a poco, respuestas violentas.

¿ Qué es la violencia?

¿Cómo se puede evitar? ¿Qué podemos hacer?

La violencia es un problema social que afecta diversas esferas de nuestra vida. De manera cada vez más evidente todos estamos expuestos a la violencia y todos podemos generarla en distintas formas.

La violencia no toma en cuenta diferencias de etnia, religión, edad o género, ni tampoco nivel socioeconómico. Podemos experimentarla o encontrarla en el trabajo, en la calle, en la comunidad y hasta en nuestra propia casa.

Hasta hace muy poco la sociedad empezó a dejar de ver la violencia familiar como algo natural, normal y sin remedio. Hoy sabemos que la violencia se enseña, se aprende, se legitima y desafortunadamente se repite. También sabemos que se puede prevenir y que es posible salir de un círculo de violencia.

La violencia se promueve de diferentes maneras. Un ejemplo de ello está en algunos mensajes que transmiten los medios masivos de comunicación (televisión, radio, periódicos y revistas). En muchas ocasiones, éstos presentan la violencia como una forma válida para relacionarse con los demás y para resolver problemas. Los gritos, las ofensas, las amenazas y las disputas pueden tener distintos grados de violencia.

El problema de la violencia es más amplio de lo que creemos y no siempre es ajeno a nosotros. Por eso, es importante pensar si en nuestra convivencia cotidiana existen situaciones de violencia que pueden manifestarse de diferentes formas, desde una mirada y un silencio con intención de herir, hasta un golpe, porque de ser así aún es tiempo de cambiar.

LA FAMILIA EDUCA

En la familia se tienen penas y alegrías. En ella aprendemos a comportarnos y a relacionarnos con los demás, así como maneras para enfrentar la vida y resolver problemas; por eso es tan importante para nuestra educación. Puede estar formada por el padre, la madre y sus hijos o también por un abuelo, una abuela, una tía o algún otro pariente. Hay familias en las que el padre y la madre son los encargados de

sostener económica y moralmente a los demás; también hay otras en las que sólo la mujer cumple esas funciones, y otras más en las que el padre sólo se ocupa de llevar el gasto. Cada familia es única.

Las familias pasan por diferentes momentos: cuando los hijos son pequeños, cuando son adolescentes o cuando se van y forman su propia familia. Poco a poco todo cambia, una familia se transforma.

Todo el tiempo se presentan diferentes situaciones que las familias deben enfrentar. Una familia en la que todos aprenden a resolver sus conflictos de mutuo acuerdo, construye día con día un ambiente de tranquilidad, bienestar, tolerancia y seguridad que enriquece su vida.

Con frecuencia, hay familias que tienen una vida complicada y difícil porque no pueden satisfacer sus necesidades y resolver sus problemas. No hay una comunicación clara, directa y amorosa. A las personas les es difícil apoyarse y demostrarse afecto, y en muchas ocasiones terminan maltratándose y distanciándose. Esas familias tienen un problema muy grave: la violencia familiar. Ésta puede desarrollarse sin control, o resolverse si se atiende a tiempo.

Las niñas y los niños son indefensos, nunca hay que humillarlos, amenazarlos o golpearlos; Hay que enseñarles límites y corregirlos con cariño. La crueldad es abominable, y en consecuencia tenemos que evitar caer en ella.

LA VIOLENCIA EN LA FAMILIA

¿Cuándo y por qué?

La violencia en la familia no es igual a la que se presenta en la calle ni entre personas desconocidas. Ocurre en donde debería ser el lugar más seguro: nuestra propia casa. Esta violencia se ha convertido en un problema social.

La violencia familiar sucede cuando alguno de sus integrantes abusa de su autoridad, su fuerza o su poder. Maltrata a las personas más cercanas: esposa, esposo, hijos, hijas, padres, madres, ancianos, u otras personas que formen parte de la familia. Es una forma de cobardía.

Esta violencia se manifiesta en diferentes grados que pueden ir desde coscorrones, pellizcos, gritos, golpes, humillaciones, burlas, castigos y silencios, hasta abusos sexuales, violaciones, privación de la libertad y, en los casos más extremos, lesiones mortales. El maltrato se puede presentar entre los distintos integrantes de la familia, y en ningún caso se justifica.

La violencia más común es contra las mujeres, los menores, los ancianos y las personas con alguna discapacidad. El que una persona dependa económica, moral y emocionalmente de otra en ocasiones facilita que esta última abuse de su autoridad.

¿Qué opinan acerca de estas afirmaciones?

•"El del dinero soy yo y te callas"

•"Como soy muy macho, tengo derecho a decir y hacer lo que quiero"

•"Es la última vez que lo tolero, porque la próxima no respondo de mí"

•"La única manera como tú entiendes es a golpes".

Éstas son expresiones que muchas veces se acompañan de maltrato físico. Tanto hombres como mujeres podemos tener actitudes de control y dominio en la familia. Si ustedes utilizan alguna de estas expresiones, es momento de actuar para evitar la violencia.

Si bien hay que respetar y comprender el papel y las responsabilidades de quienes son los proveedores económicos de la familia, también hay que entender que no por eso tienen el derecho de ejercer violencia, ni de oprimir a los demás.

Quienes viven situaciones violentas temen al cambio y a la posibilidad de convivir en armonía porque no saben cómo lograrlo. Cada quien aprende a relacionarse con los demás. Hay personas que conviven de manera pacífica, otras son poco tolerantes y otras más se comportan en forma violenta.

En la mayoría de los casos, la violencia se presenta cuando:

•No hay conciencia del daño que se hace a los demás y en especial a los niños,

•No se comprenden los cambios físicos y emocionales por los que pasan los niños, los adolescentes, los jóvenes, los adultos y los mayores,

•Existe una crisis por falta de empleo o carencias que producen preocupación,

•Faltan espacios y tiempo libre para que la familia conviva y para la vida en pareja, pues ésta se dedica por completo al sostenimiento y al cuidado de sus hijas e hijos.

•Hay desajustes familiares ocasionados por un nacimiento, una enfermedad, una muerte, así como por infidelidad, abandono o divorcio, ver mucho la televisión impide la comunicación y la convivencia.

Situaciones como éstas pueden generar violencia en la familia, independientemente de su condición económica. Afectan a todos, pero quienes más las sufren son los más indefensos que carecen de protección y apoyo de familiares y amigos.

¿Qué hacer para mejorar nuestras relaciones familiares?

Actuar constructivamente, comunicar lo que sentimos, lo que queremos, lo que nos gusta y lo que nos disgusta. Escuchar con atención, sin juzgar y sin gritos ni enojos. Sin olvidar que nuestros hijos e hijas, como todas las personas necesitan límites, y que a nosotros nos corresponde enseñárselos sin violencia y con amor.

TIPOS DE VIOLENCIA

LA VIOLENCIA FÍSICA

Es el daño corporal que le hacemos a alguien más débil que nosotros. Puede ser de hombre a mujer, de hombre a hombre, de mujer a hombre o de cualquiera de los dos a un menor, a un anciano o anciana o a personas con alguna discapacidad.

Esta violencia se caracteriza por lastimar cualquier parte del cuerpo de una persona con las manos, los pies o con objetos.

Algunas madres golpean a sus hijos apoyadas en la autoridad paterna. Suelen acusarlos con el padre diciendo: "tu hijo no me obedece" o "ya es tiempo de que le des un castigo ejemplar". Asimismo, en muchas ocasiones los padres golpeadores maltratan a sus hijas o hijos con el respaldo de las madres, o sin él. Estos padres constantemente les dan golpes, manazos, bofetadas, coscorrones o pellizcos a sus hijos.

Los menores se asustan, guardan resentimiento hacia sus padres, se vuelven inseguros y pueden aprender a ser violentos.

LA VIOLENCIA EMOCIONAL

La violencia emocional no se percibe tan fácilmente como la física, pero también lastima. Consiste en enviar mensajes y gestos o manifestar actitudes de rechazo. La intención es humillar, avergonzar, hacer sentir insegura y mal a una persona, deteriorando su imagen y su propio valor, con lo que se daña su estado de ánimo, se disminuye su capacidad para tomar decisiones y para vivir su vida con gusto y desempeñar sus quehaceres diarios.

La violencia verbal tiene lugar cuando mediante el uso de la palabra se hace sentir a una persona que no hace nada bien, se le ridiculiza, insulta, humilla y amenaza en la intimidad o ante familiares, amigos o desconocidos.

La violencia no verbal es aquella que se manifiesta en actitudes corporales de agresión como miradas de desprecio, muestras de rechazo, indiferencia, silencios y gestos insultantes para descalificar a la persona.

Otra forma de comportamiento que sin ser violenta puede causar daño es el caso de la sobreprotección y el excesivo consentimiento, pues la confundimos con cariño y afecto.

Sobreprotegemos a nuestros hijos e hijas cuando les queremos resolver todos y cada uno de sus problemas, cuando no confiamos en ellos, cuando les decimos qué hacer

y cómo hacerlo sin dar lugar a sus iniciativas personales, cuando no dejamos que se equivoquen y aprendan de sus propios errores, cuando no permitimos que se separen de nosotros ni un momento por temor a que les pase algo.

La sobreprotección y el excesivo consentimiento puede hacer a las personas dependientes, inseguras, irresponsables y en consecuencia incapaces de resolver sus vidas por sí mismas.

VIOLENCIA SEXUAL

La violencia sexual ocurre cuando se obliga a una persona a tener cualquier tipo de contacto sexual contra su voluntad; cuando se le hace participar en actividades sexuales con las que no está de acuerdo y no se toman en cuenta sus deseos, opiniones ni sentimientos. Se daña física y emocionalmente a la persona.

La violencia sexual se puede presentar como acoso, abuso sexual, violación o incesto.

El acoso es la persecución insistente de alguien en contra de su voluntad y que frecuentemente está en desventaja. El acosador busca someterlo a sus deseos sexuales.

El abuso sexual consiste en tocar y acariciar el cuerpo de otra persona contra su voluntad, así como en la exhibición de los genitales y en la exigencia a la víctima de que satisfaga sexualmente al abusador. Se puede dar de manera repetitiva y durar mucho tiempo antes de que el abusador, quien se vale de su poder y autoridad para llevarlo a cabo, sea descubierto. Dada la posición de autoridad de los adultos, el abuso sexual hacia los menores es mucho más frecuente de lo que se piensa.

Este tipo de violencia es inadmisible y se puede dar en todos lados incluso en la casa, en la escuela, en el trabajo o en la calle. Los agresores sexuales pueden ser supuestos amigos, vecinos, familiares lejanos o cercanos y llegan a ocurrir casos en los que los agresores son el padrastro o la madrastra, incluso el padre o la madre.

La violación es un acto de extrema violencia física y emocional. Consiste en la penetración con el pene, los dedos o cualquier objeto en la vagina, el ano o la boca en contra de la voluntad de la víctima, quien es amenazada para mantener la violación en secreto. A veces se usan armas. Es un hecho gravísimo e inadmisible que envilece a quien lo ejerce.

Por lo regular, las personas que sufren violencia sexual no cuentan a nadie lo que les sucede. Esto se debe a que se sienten amenazadas o erróneamente culpables de lo que les pasa. Cuando la violación es cometida por un familiar cercano, la víctima se encierra todavía más en sí misma, debido a que su lealtad a la unión familiar le impide decirlo, pues teme que, al enterarse, la familia se separe. En los menores, los ancianos y las personas con alguna discapacidad el asunto es más grave, ya que cuando se atreven a denunciar el acto se les acusa de fantasiosos o mentirosos y de querer dañar al agresor. Por si fuera poco, estas víctimas viven amenazadas y en un constante estado de terror. Es frecuente que escuchen expresiones como: "si lo cuentas, te mato", "van a creer que estás loca o loco", "tu mamá se va a morir", "nadie te va a creer".

El incesto es el contacto sexual entre familiares con algún tipo de parentesco, ya sea civil o consanguíneo. Esta relación puede ocurrir con o sin el consentimiento de una de las personas; los actos sexuales frecuentemente se presentan con acoso, con violencia física e incluso con violación. Es conveniente hablar con los hijos para evitar que sean presas fáciles.

EL CICLO DE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA

La violencia no se genera de manera espontánea. Sucede cuando la pareja o uno de sus miembros acumula tensiones, enojos y frustraciones así como por dificultades y agresiones que se viven tanto en la familia como fuera de ella. La violencia que se vive en la calle, en el trabajo o en la escuela, se lleva a la casa. De igual manera, la violencia que se vive en el hogar se reproduce o se refleja afuera.

Poco a poco la violencia se convierte en un estilo de vida: las personas se acostumbran a ella y la viven como si fuera natural, sin darse cuenta de cómo aumenta en forma gradual.

Analicemos:

Tensión: En la mayoría de los casos comienza con reclamos mutuos por falta de atención, por cansancio, por problemas económicos o laborales o por frustración, y estos problemas pueden fácilmente desencadenar hechos violentos. Es necesario estar conscientes y reconocer cuando este tipo de situaciones pueden estar afectando nuestra relación de pareja. Para tratar de evitar un desenlace violento lo aconsejable es tener una comunicación respetuosa en donde cada uno de los miembros de la pareja pueda hablar libremente de sus sentimientos, deseos y aspiraciones y encuentre en el otro un escucha solidario y respetuoso.

Después de violentar a la mujer, muchas veces, el hombre se siente culpable y desesperado, reacciona otra vez con gritos, insultos y humillaciones. Para defenderse, ella, cada vez más cansada por la tensión y el miedo, se refugia en ella misma.

Agresión: Una vez que se rompe el equilibrio en la armonía de la pareja, se pierde el control y se desencadena la violencia: el hombre golpea a la mujer, pues considera que le está dando una "lección". Después de lastimarla, trata de justificar lo que pasó; le echa la culpa al alcohol ingerido, al cansancio o a haber sido provocado. El golpeador no alcanza a comprender por qué no se controló, mientras que la mujer, asustada y paralizada, no se defiende ni tampoco solicita ayuda.

Por lo general, las mujeres no acaban de entender lo que les sucedió, pero se creen solas, desprotegidas y culpables. La vergüenza que sienten les impide contar lo sucedido a personas cercanas o denunciarlo ante la autoridad.

Reconciliación: Esta etapa es esperada por los dos. Después del maltrato, el golpeador se muestra arrepentido, cariñoso, tierno y amable; se da cuenta del daño que causó. Se reconoce responsable, se disculpa diciendo que perdió el control y, convencido, promete que nunca más la lastimará.

Mientras, la mujer confía en que todo va a cambiar, que nunca más va a ser maltratada y que el amor y la tranquilidad que él le muestra en ese momento es la manera en que van a vivir de ahí en adelante.

La pareja debe aprovechar la reconciliación para platicar con calma, para detectar qué genera la tensión y, de esta manera, tratar de romper el inicio de un nuevo ciclo. También pueden decidir hablar con amigos, familiares o terapeutas que puedan aconsejarlos. De no ser así, los ciclos de violencia serán más frecuentes y la etapa de reconciliación cada vez menos estable y duradera.

La violencia no es aceptable

Los seres humanos deseamos tener relaciones cordiales. Sin embargo, a veces perdemos el control y podemos ser violentos.

La violencia más frecuente es la de los hombres hacia las mujeres y de los adultos a los menores. Es frecuente encontrar en el trato entre los niños expresiones de agresión que pueden llegar hasta la crueldad sin que el niño se dé cuenta de ello. Un deber muy importante de los padres consiste en hacer entender a sus hijos por qué estas conductas son inaceptables. El grado de violencia depende de qué tan intolerantes sean las personas y la comunidad en la que se desenvuelven.

Muchas mujeres no sólo sufren del trato violento del esposo, sino que también son maltratadas por la suegra, las cuñadas y hasta por los propios padres o por sus hijos e hijas.

No sólo las mujeres sufren violencia, también hay hombres que la padecen, ya sea golpeados, insultados, humillados o violados por otros hombres. Asimismo, hay mujeres que ejercen violencia contra los hombres, ninguna forma de violencia es aceptable.

Es frecuente que las personas que sufren violencia no se valoren, ya que desde pequeñas han sido golpeadas, maltratadas o humilladas tanto por personas de su propia familia como por otras ajenas. Esas personas no han sido respetadas y por lo tanto no se sienten merecedoras de respeto, y una vez que inician cualquier relación permiten que el otro o la otra controle lo que piensan, sienten, hacen o dicen, y que los maltraten.

LA EDUCACIÓN DE LOS MENORES

Marcar límites no es lo mismo que maltratar

A los adultos corresponde la educación de los menores; hay quienes marcan límites y quienes maltratan. Aunque en algunos casos los padres deben reprender a sus hijos, es necesario entender que ese correctivo, por severo que sea, no puede nunca ser lo mismo que el abuso, que el hacer daño o maltratar por gusto. Un padre o una madre jamás deben desquitarse con su hijo o su hija, ni desahogarse con ellos de sus frustraciones. Existe una gran diferencia entre marcar límites y maltratar, así como entre ser una autoridad y ser autoritario, lo cual no siempre distinguimos.

Cuando los adultos marcan límites, se responsabilizan del bienestar de los menores y los educan con paciencia y amor, entonces se comportan como corresponde a su autoridad. Sabemos que en la educación de los niños es muy difícil enseñarles que hay límites, por ejemplo, entre lo que pueden o no hacer o decir, cuándo participar, dónde y cuándo jugar, cómo tratar a los demás y cómo exigir ser tratados. Para las niñas y los niños comprender estos límites no es fácil y es frecuente que los adultos pierdan el control y los maltraten.

De ahí la importancia de establecer límites, sabiendo que el deber de corregir surge del amor a nuestros hijos. Será más fácil hacerlo con decisión y firmeza cuando es necesario sin caer en el abuso y el trato indebido.

Ellas y ellos

Hay familias en las que el uso del poder autoritario y de la fuerza son recursos de los que se echa mano para cualquier situación, convirtiendo la violencia en un hecho cotidiano. Así, los niños mediante regaños, pellizcos, jalones de oreja o insultos, entre otros, aprenden a someterse ante quienes son más fuertes que ellos y a someter a quienes son más débiles.

A los hombres, comúnmente la sociedad les otorga poder sobre las mujeres y los menores y les enseña a ser violentos. Cuando provienen de familias en las que hay padres golpeadores, a veces imitan ese modelo y tienden a repetir el abuso aprendido.

No sólo los hombres son golpeadores. El maltrato a los menores puede venir por parte de ambos padres. También algunas madres o cuidadoras, a quienes tradicionalmente se les responsabiliza de formar varones duros y fuertes, así como niñas dulces y tiernas, abusan del castigo corporal y verbal. La responsabilidad de educar y cuidar, así como la opresión en que viven las mujeres con frecuencia, las puede orillar a ser maltratadoras sin quererlo y sin tener conciencia de ello.

Lo más seguro es que a estos hombres y mujeres golpeadores les faltó atención, afecto y amor en su niñez, lo cual les dejó resentimientos que no saben cómo superar y que los transforman en personas incapaces de cuidar y de compartir la vida con los demás, y de establecer relaciones respetuosas y afectuosas.

Sin llegar a ser golpeadoras, diversos motivos hacen que algunas personas adultas sean incapaces de controlarse y que con frecuencia utilicen la crueldad y el abuso como medio para corregir a los menores.

Estas son personas que no logran alcanzar una estabilidad o madurez y a quienes se les dificulta vivir armoniosamente con su pareja y en familia. Se sienten inseguras y recurren a los gritos, los insultos o las actitudes autoritarias.

Las mujeres y los hombres golpeadores tienden a justificar la violencia como resultado de la provocación o la desobediencia de la persona maltratada. Por ejemplo, una de las causas del maltrato infantil es la frustración de los padres y de las madres ante un comportamiento de sus hijos no deseado por ellos. Cuando los adultos tienen una idea fija de lo que quieren de sus niños y éstos no cumplen sus deseos, recurren a la violencia.

Violencia en la familia

INSTITUTO SUPERIOR DE COMERCIO

“EDUARDO FREI MONTALVA”

AMUNATEGUI 126

SANTIAGO

Violencia en la familia
LA VIOLENCIA EN LA FAMILIA

CURSO : 4º G

FECHA : 12 de septiembre de 2001.

CONCLUSIÓN

Al trabajar este tema, entendí que hay que saber reconocer todas las situaciones para poder advertir que tipo de violencia estamos viviendo, por que en todo lo que hacemos hay violencia, en un gesto, en una palabra o en un acto.

En ocasiones lo tomamos como algo momentáneo, por ejemplo cuando alguno de nuestros padres nos regaña, pensamos que es algo que ahí quedo, pero después se repite y se repite y se convierte en habitual. Personalmente nunca he vivido violencia de ninguna manera por parte de mis padres, pero sí en otras ocasiones.