Utopía; Tomás Moro

Historia de la Pedagogía. Filosofía renacentista. Plan ideal de gobierno. Gobierno de la razón. Lugar ideal. Ciudad perfecta

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Comentario de la obra “Utopía” de Tomás Moró

Esta obra de Tomás Moró es un fiel reflejo de la mentalidad humanista coetánea al autor inglés. La “Utopía” de Moro muestra una visión muy progresista en contrapunto a la realidad político social de finales de siglo XVI.

La época en la que vive el autor es una época de profundos cambios. La vida durante los comienzos de la Edad Moderna es de continuo conflicto entre las naciones que se van consagrando como tales y abandonando el sistema feudal.

Los cambios que surgen durante estos tiempos se deben directa o indirectamente a la nueva organización y necesidades económicas. Cambia el régimen feudal de tenencia de la tierra, en la que los señores feudales son los únicos poseedores de la tierra. El Estado comienza a tomar conciencia de si mismo. Empieza a adentrarse en campos como la beneficencia, las obras públicas, forma un ejército regular...

Las necesidades del Estado para poder mantener sus nuevas funciones y poderes, así como el continuo devenir de las guerras entre diferentes estados europeos; provocan una necesidad de fondos ingentes. Estos fondos se buscarán ya sea por el comercio, la industria o la política imperialista de conquistas.

Uno de los cambios más importantes en la economía de la Edad Moderna radica en la intensa actividad comercial que surge en esta época. Se pasa de una economía de subsistencia y un comercio interior y cerrado a un comercio internacional y la búsqueda de excedente de materias primas (un ejemplo de esto son con la que se protegía al ganado ovino para comerciar con la preciada lana).

Este comercio es uno de los culpables de los cambios y avances que tienen lugar. Las nuevas necesidades tecnológicas y técnicas provocan avances en cosmología, matemáticas, óptica... Pero estos no son los únicos cambios promovidos por el comercio. También el descubrimiento de nuevas tierras y de nuevas rutas de comercio. La posibilidad de enriquecerse aparece para el pueblo o última clase estamental.

La clase baja era una clase muy heterogénea. Desde mendigos, soldados, campesinos, artesanos, y pequeños y grandes comerciantes. Todo este movimiento favorece la proliferación y crecimiento de las ciudades, donde residen artesanos y comerciantes que son lo que formarán la nueva clase burguesa.

Este amplio abanico de posibilidades se traduce en un cambio de mentalidad. La exploración y la búsqueda de nuevos conocimientos florecen en la mentalidad de la Edad Moderna. Y los nuevos valores van sustituyendo a la todopoderosa iglesia de la Edad Moderna, que pierde poder e influencias. La visión teocéntrica cambia a una antropocéntrica. Una de las pruebas de este fenómeno es la aparición de la banca, vista desde la iglesia como una acción comercial “pecaminosa”. Pero claro esta que con el devenir de los tiempos la iglesia no ha sido capaz de frenar esta actividad.

Incluso la educación ya no es materia propia e intransferible de la iglesia. Las actividades comerciales necesitan conocimientos en contabilidad, diplomacia... Por lo que educación ya puede ser impartida sólo por la iglesia. Los comerciantes y gremios necesitan una formación profesional. Cambian los contenidos y los métodos didácticos.

Los Ideales humanistas abogan por la extensión de la cultura, los conocimientos no deben estar sólo al alcance de los poderosos, ya sean nobles o clérigos; si no que todos deben tener acceso a ellos. Buena prueba de esto es la traducción de las “Santas Escrituras” al idioma de las diferentes naciones en las que hace mella este movimiento socio cultural.

En esta época de cambio se sitúa la “Utopía” de Moro. No podemos decir que las ideas de Moro lleven un gran adelanto a su tiempo, si no que son el reflejo fiel de la mentalidad que surgió por entonces. Esta obra de Moro, en la que supuestamente recoge las vivencias de un viajero, Pedro Hitlodeo. En este libro están expuestas muchas de las ideas utópicas que diferencian este género, que lleva el nombre de la obra de Tomas Moro, de otros.

El escritor de la obra era gran conocedor de política y leyes, y estaba inmerso en las suspicacias y se desplazaba por los derroteros de la diplomacia y el gobierno de su nación. Su pertenencia a una familia noble, su frenética actividad política y la cercanía a las altas esferas le valieron renombre y fortuna, pero también una condena a muerte. Aquí radica un tema controversial para historiadores y biógrafos. Si atendemos al cargo y títulos de Moro veríamos en él un noble más de la época, preocupado por sus propiedades, pertenencias y apariencia de buen cristiano; que un pensador en busca del bien común. Tomás Moro criticó duramente a la iglesia ociosa, pedante, injusta, contradictoria, hipócrita... pero también fue beatificado por esta misma iglesia contra la que tantos argumentos esgrimió. Fue beatificado por aceptar la pena de muerte antes que la decisión de su rey de divorciarse. Hay quien ve en esto un poderoso acto de fe y en contraposición hay quien ve una resistencia hacia la autoridad, sus antojos y decisiones arbitrarias.

A la hora de interesarme por el contexto y la vida de Tomas Moro, y buscarlo en varias guías de historia pude comprobar la importancia y extensión de la obra de Moro. Aunque había varios manuales en los que no aparecía, cuando se hacía mención sobre él era para exaltar su sentido de justicia, su preocupación por el pueblo, su crítica a la iglesia, su erudición como consejero y magistrado. Por ejemplo L. Cahen y M. Braure no hablan de la obra “Utopía” pero si de su autor, al que se le define a Moro como laico y anticlerical, y dicen de él que: “comparte el resentimiento con las masas respecto a los numerosísimos abusos de la iglesia” (L. Cahen y M. Braure La Evolución de la humanidad, 1ª Ed. en español Editoria U.T.E.H.A. pág 49). Vemos reflejada aquí la mentalidad religiosa de Moro, como humanista europeo no repudia de la religión cristiana, si no la abraza de manera muy diferente a sus coetáneos que ostentan el poder.

Su obra esta llena de alusiones a un sistema político y de gobierno, el de su época, sistema injusto y reacio al cambio. La propiedad privada, el trabajo, las funciones del estado, las leyes, la religión, los matrimonios, la educación... todo en “Utopía” estaba muy organizado y controlado.

Este utopo (no-lugar) está mucho más controlado y organizado que la Europa del siglo XVI, pero esta organización y control no obedece a la cantidad de leyes que hay. Todo lo contrario, los utópicos están gobernados por muy pocas leyes; y así todos las pueden conocer y comprender sin necesidad de magistrados, abogados, jueces... Cada persona defiende su propia causa.

El mundo que propone Moro es un mundo en el que todos son “iguales” (menos extranjeros, diferentes tipos de esclavos...). La imposibilidad de acumular riqueza y lo innecesario de esta, hace de los ciudadanos utópicos no envidien ni codicien lo de los demás, ya que todos tienen lo mismo.

El oficio, que sería legado por la propia familia, en caso de querer practicar una profesión que no sea la familiar, sería adoptado por una familia que practique esta profesión.

La propiedad privada no tiene cabida en “Utopía”, ni la propiedad de tierras. Todos trabajan las mismas horas (seis). Y estas horas son suficientes porque todos trabajan y no hay clases sociales ociosas que exploten y vivan del trabajo.

La religión tampoco sirve para conseguir ningún tipo de privilegio, así como ser el príncipe o jefe mayor del estado. Las únicas diferencias radicarían en las vestiduras y algún objeto simbólico que represente su puesto. La clase dirigente no existe como tal ya que las instituciones de gobierno cambian constantemente y se eligen miembros de todas las familias.

No se necesita la moneda, ya que cada familia tomará del mercado lo que necesite y las ropas serían iguales para todos. Los delitos carecerían de motivación, pero en caso de producirse se pagarían con la fuerza del trabajo, y si el delito fuese muy grave la condena sería de esclavitud al servicio de la comunidad.

Mª Teresa Navas ve en “Utopía” un manual de pedagogía, aunque no haya sido escrito como tal, y concluye su argumentación sobre la obra con estas palabras: “…los cimientos de Utopía se hallaban firmemente asentados en un sistema educativo renovador, donde el estudio y la sabiduría eran las claves de una vida feliz” (Mª Teresa Navas Rodríguez, La Educación en la Europa moderna, ed. Síntesis, pág 39). Esta obra enfoca la vida de los habitantes de Utopía para estar aprendiendo continuamente. Desde cómo sentarse a la mesa para que los jóvenes puedan aprovechar los conocimientos de los mayores, hasta las clases públicas que se impartían a diario.

Me pareció destacable el ansia del autor por ordenar la vida de los habitantes de “Utopía”. Todos debían recibir la misma educación, una educación con orientación claramente humanista. Esta concepción antropocéntrica del humanismo, contraria a la concepción teocéntrica de la Edad Media, seculariza la educación. Para Tomás moro en su “Utopía” la educación está llena de reminiscencias a la Grecia Clásica, la lengua griega cobra importancia sobre la latina, así como los filósofos y pensadores. Es una educación para todos, con nuevos contenidos y que se ajusten a las necesidades del momento.

La filosofía de la que tantos autores eran prohibidos en la Edad Media, era amada por los utópicos y los autores griegos los preferidos. Las bellas artes también podían ser aprendidas por todos aunque no era obligatorio. La educación utópica no descuidaba los nuevos conocimientos como los de astronomía, ni las necesidades de álgebra y matemáticas que necesitan los comerciantes. Y la medicina era considerada un arte y no una actividad en la línea de la herejía.

Vemos los nuevos contenidos que aporta Tomás Moro a su época pero esto no queda aquí, si no que además propone otra metodología muy progresista. Los utópicos aman la cultura, esto es porque sus vidas están llenas de actividades lúdicas de marcado carácter educativo. Toda su vida esta organizada para poder desarrollarse y adquirir experiencia y conocimientos en diversos campos.

Moro no transforma todos los ámbitos de la sociedad si no que parte directamente de una sociedad diferente. Nos dice como deberíamos ordenar la vida según su visión del placer como meta de todas nuestras acciones, y la virtud como la vida ordenada de acuerdo a los dictados de la naturaleza; y debemos buscar todo ello conjuntamente.

Moro al igual que uno de sus coetáneos y amigos, Erasmo, se inclina hacia Platón y las teorías educativas de este. La educación como herramienta para crear buenos ciudadanos y estos a sus vez son los únicos capaces de lograr formar un Estado perfecto. Bowen dice a cerca d la “Utopía” de Moro: “…es claro que su visión de Estado ideal tiene por base una sociedad instruida, organizada a su vez como una democracia ilustrada cuyos miembros eligen una asamblea,… (J. Bowen, 1992 Hª de la educación occidental, Tomo 2º La civilización de Europa SVI a XVI, ed Herder, Barcelona, pág 518)

A parte de lo que se pueda pensar sobre el autor, y en que lugar de la historia se le coloque, lo que está claro es su valentía a la hora de afrontar los problemas que habían en la sociedad de su época. Su desacuerdo con el sistema establecido se plasma en cada párrafo de su obra. Obra que por muy utópica que sea está solapada a la realidad. Aunque prefiramos seguir usando el término utopía, que suena a imposible o a no factible. Eso tranquiliza nuestra conciencia, porque, para qué hacer algo por un imposible.

Tomás Moro en esta obra refleja los nuevos valores humanistas, las preocupaciones y el malestar de su época. Poniendo ejemplos de las soluciones de singular simpleza de los utópicos a nuestros problemas sociales, políticos y económicos, Moro hace un guiño irónico la configuración social que vivió. Presenta un mundo perfecto ante las imperfecciones del mundo real.

Su visión de una sociedad perfecta pasa por una educación continua. La vida utópica esta llena de oportunidades para aprender. La inexistencia de juegos, vicios, actividades insanas… hace que los utópicos enfoquen su vida hacia el desarrollo intelectual y personal. Su realización pasa por el afán de conocimiento y disfrute de este o el amor a su tarea u oficio.