Tiempo escolar y educación

Horarios lectivos. Fatiga. Descanso. Duración de clases

  • Enviado por: Rania
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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TIEMPO Y EDUCACIÓN. LA FORMACIÓN DEL CRONOSISTEMA. HORARIO EN LA ESCUELA ELEMENTAL (1825-1931)

En este artículo se pretende realizar un análisis del origen y la formación de los modelos de tiempo escolar corto, atendiendo a actividades educativas diarias plasmadas en horarios semanales y diarios. De esta forma el horario escolar es un documento formado por valoraciones culturales y sociales que atienden a un determinado discurso pedagógico.

Es importante destacar dos ideas introductorias con relación al tiempo escolar:

  • Horarios escolares como marcos reales para la experiencia infantil del tiempo. Se ajusta el “reloj biológicos” y los biorritmos a un sistema social y cultural.

  • La valoración de los códigos y pautas temporales como microsistemas de control y poder. La semana y el día son la base del tiempo escolar corto, son cíclicos y se convierten en rutinas. se aprende el orden del tiempo.

  • La formación del horario escolar

  • El tiempo en la escuela tradicional

  • Las primeras definiciones del tiempo escolar son del S.XIX, la legislación que durante este siglo se publicó en relación al tiempo escolar es la siguiente:

  • Plan y Reglamento de Escuelas de Primeras Letras del Reino (1825)

  • Reglamento de escuelas públicas (1838)

  • Ley de Instrucción Pública (1857)

  • En general se puede decir, que la legislación liberal fue muy rígida y poco innovadora en lo que se refirió al horario escolar, dejando de lado en este punto los criterios higienistas que se empezaron a aplicar en otros aspectos de la educación como a las condiciones de los edificios escolares, pero sin atender a la posibilidad de introducir pausas y recreos en la distribución del tiempo escolar.

    En esta época el aspecto que tenía la mayor importancia a la hora de configurar el tiempo escolar es el modelo pedagógico, imperaba el método sobre cualquier otra circunstancia. La difusión de este modelo se vio apoyada por las Escuelas Normales (formaban a futuros maestros), y por la Inspección.

    Por ello se consideraba que un buen horario era aquel en el que sobre todo se evitaba la ociosidad del alumno mediante un trabajo constante, en el que se trataban las materias según la importancia, dificultad y disposición de los niños, procurando la alternancia para evitar las fatigas y la disciplina, orden y regularidad en el aula.

    Por eso la mayor parte del tiempo está ocupada por actividades de lectura, escritura, gramática y calculo.

    Un aspecto que hay que destacar también en esta época, es la diferenciación en la distribución del horario en cuanto al sexo, que expresa las características de un sistema de valores sociales que están vigentes en ese tiempo. Ésto se hace evidente en el hecho del alto tiempo educativo que se designa a las labores.

  • La modernización del orden del tiempo

  • En la década de los ochenta del S XIX se produce un cambio en la concepción del horario escolar que viene determinada, por los siguientes aspectos:

  • Literatura positivista en torno a la fatiga.

  • Reivindicaciones de los docentes por mejorar sus condiciones de trabajo.

  • En esta época se produce el conocimiento de la fatiga intelectual, de sus causas y de su proceso, lo cual resultaba primordial para determinar la duración de las lecciones, el lugar de los recreos y el orden de las materias. Por eso se afirma la función higiénica del descanso, el recreo y las vacaciones, tanto para los alumnos como para el profesorado, introduciéndose así el discurso higienista con relación al tiempo escolar.

    El horario escolar se empezó a concebir tanto para someter a un orden la vida diaria de la enseñanza, como para aprovechar totalmente y en beneficio tanto del maestro como del alumno las actividades sin que ésto constituya un elemento de fatiga para ninguno de los dos.

    Se reduce también la diferenciación por sexos de las materias, El tiempo dedicado a la religión y la historia.

    En España podemos destacar varios autores que publican, en esta época en relación al tema del tiempo escolar:

  • Cossío (1888). Criticaba la duración excesiva de las clases, la falta de recreos y el sedentarismo, proponiendo la reducción del numero de clases e introducir juegos y paseos.

  • Jimeno: Escribió sobre la fatiga escolar (surmenage), constatando que la educación en la que impera el trabajo memorístico y formalista, basada en exámenes y reglamentos lleva a la fatiga.

  • Giner: Aconsejaba la alternancia de la actividad y del reposo.

  • Alcántara García (1891): Proponía también la reducción de horas y la introducción de recreos y ejercicios físicos, alternancia, graduación y distribución armónica de las materias.

  • A principios del S. XX se mantiene esta línea de trabajo en los congresos de higiene escolar de principios de siglo, y en el interés del Museo Pedagógico por los problemas higiénicos, pedagógicos y organizativos del tiempo escolar. Así llegamos a 1923 cuando se aprueba el Estatuto del Magisterio en torno a las reformas pedagógicas que se habían ido produciendo durante la República.

    En esta época aparecen también los trabajos de Ballesteros, en los cuales aborda las cuestiones que están implicadas en la distribución racional del tiempo escolar:

  • Distribución de la jornada: en favor del horario continuo de cinco horas.

  • Materias: Situarse de manera que se adapten al proceso de la curva de trabajo, situando al principio las enseñanzas que preparen para el trabajo mental.

  • Duración de los ejercicios o lecciones. Los descansos deben ir en progresión creciente a lo largo de la jornada y en la sucesión de los días de la semana. Además el tiempo de recreo se ha de ocupar en juegos espontáneos.