Teoría del Desempleo de Keynes

Teorías Económicas. Economistas siglo XX. Empleo e Inversión. Consumo. Demanda. Capital. Preferencia por la liquidez. Mercado de Trabajo keynesiano

  • Enviado por: Gabriel Foix
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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KEYNES Y EL DESEMPLEO

J.M. Keynes. Introducción histórica y personal.

John Maynard Keynes nació en 1883 en Cambridge, en el seno de fue familia modesta e intelectual que le permitió descubrir el apasionante mundo del saber. Pronto se interesó por los conocimientos de economía, gracias a su padre y a su amigo Alfred Marshall. Estudió en el King's College en Cambridge, fue profesor de economía política y durante la depresión consejero del gobierno y del tesoro. Su principal obra “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” cambió por completo el panorama de la política económica de la época y fue el libro de referencia de los gobernantes. Murió en 1946, convertido en lord Keynes, en Sussex. Otras obras importantes y célebre son: “Consecuencias económicas de la Paz”(1919) y el Tratado del dinero (1930).

Postura respecto a la política económica anterior. Los economistas clásicos.

La economía que Keynes estudió durante toda su formación fue a la de los clásicos; una serie de economistas que habían ido dirigiendo la ciencia durante los siglos posteriores a su aparición y que habían sentado las bases de la ciencia económica. Los clásicos, que para Keynes eran todos los anterior a él, desde Smith y Ricardo hasta Marshall; eran partidarios de la denominada “Ley de Say”, que afirma que la oferta crea su propia demanda; es decir, que la suma de los valores de todos los bienes y servicios producidos es siempre igual al valor de todos los bienes comprados.

Para estos economistas, según dicha ley, no había, por tanto, posibilidad de situaciones de equilibrio con subutilización o desempleo de los recursos productivos.

Así, Keynes definió la economía clásica como aquella que acepta la “Ley de Say”, y pronto se dio cuenta de que estas teorías habían quedado obsoletas ante el problema al que se enfrentaban: el desempleo y economía quebrada con la crisis del 29.

Keynes, desde un principio, negó la “Ley de Say”. Su crítica se basó en que el público no gasta toda su renta en consumo, ni invierte necesariamente sus ahorros; lo que conduce a situaciones en las que no se da el pleno empleo y no se cumple la ley. La evidencia de que la los economistas clásicos habían fallado en sus cálculos era casi empírica, y ahora les correspondía los nuevos economistas buscar nuevas soluciones para el problema.

Otra manera de enunciar la “Ley de Say”, es decir que el ahorro agregado será igual a la inversión agregada en pleno empleo. Así, ya que el tipo de interés es una recompensa por ahorrar, podemos decir que el ahorro está relacionada directamente con el tipo de interés. Sin embargo, también afirmaban que la inversión esta relacionada inversamente con el tipo de interés. ¿Por qué? Los clásicos razonaban que un sistema de tipos de interés flexibles garantizaba que si en algún momento la inversión superaba el ahorro, el tipo de interés, por la competencia entre los inversores, tenderá a subir. Del mismo modo, si al ahorro llega a superar a la inversión, la competencia entre ahorradores tendería a bajar el tipo de interés hasta el equilibrio, donde el ahorro es igual a la inversión. En consecuencia, el modelo clásico trataba un aumento de la inversión, fruto de innovaciones técnicas, que repercutía negativamente en el consumo. La sociedad, a un tipo de interés elevado, se ve movida a ahorrar más, que representa la disminución en el consumo, lo que a su vez compensa exactamente con el incremento en la inversión. De este modo, la libre economía, lo que se llamado laissez-faire, era algo que funcionaba a la perfección y aseguraba el mercado en pleno empleo.

El segundo punto en que Keynes discrepa con los clásicos es el que se refiere al papel del dinero. Los clásicos consideraban el dinero como un medio de cambio necesario para que funcione la economía, y Keynes lo consideraba como un depósito de valor, con lo que mantener dinero generaba riqueza. Así introduce el término “liquidez”, que los clásicos habían pasado por encima en la construcción de sus teorías. La sociedad, en condiciones de incertidumbre, prefiere la liquidez a la inversión, con lo que la igualdad que antes se ha comentado no se cumple. La libertad de la gente a de no gastar es la base del rechazo por Keynes de que “la oferta crea su propia demanda”. En vez de ello, propone un modelo que veremos más adelante en el que “el gasto crea su propia ingreso”.

El siguiente punto de crítica a los clásicos es en cuanto al mercado de trabajo se refiere, lo que Keynes llama “teoría clásica de la ocupación”, y es lo que más frontalmente atacó, pues era incapaz de solucionar los problemas de desempleo que se planteaban entonces. Según Keynes, la ocupación se basaba en dos fundamentos:

- El salario es igual al producto marginal del trabajo, lo que quiere decir que el salario de una persona ocupada es igual al valor que se perdería si se perdiera ese puesto de trabajo.

- La utilidad del salario, cuando se emplea gran cantidad de trabajo, es equivalente a la desutilidad marginal de esa cantidad de trabajo; es decir, que el salario real de un trabajador coincide con el volumen de mano de obra que emplea. O sea, que la oferta de trabajo es una función creciente del salario real.

Con estos dos postulados, según la economía clásica, el pleno empleo estaba garantizado. Cualquier desequilibrio que existiese pronto sería compensado por las fuerzas de mercado para converger de nuevo en el equilibrio. Así, los economistas clásicos sólo amparaban los conceptos de desempleo friccional y voluntario. Se entiende por desempleo friccional todo aquel que por los desajustes de mercado temporales hace que la ocupación no sea plena, como por ejemplo los que están cambiando de trabajo o los parados debidos a reestructuraciones temporales. Por paro voluntario, se entiende todo aquel que resulta de la negativa o incapacidad de un trabajador a aceptar un puesto de trabajo y su correspondiente salario.

Con todo esto, Keynes concluye que el mercado de trabajo clásico esta determinado por dos curvas, la demanda y la oferta de trabajo, con lo que el empleo sólo podía incrementarse mejorando la organización a fin de disminuir el desempleo friccional e incrementando la productividad marginal mediante nuevas técnicas o tecnología.