Teoría antropológica

Análisis antropológico. Marvin Harris. Cultura. Sociedad. Filósofos. Turgot

  • Enviado por: Bárbara Flores
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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El desarrollo de la teoría antropológica. Historia de las teorías de la cultura. Marvin Harris.

El desarrollo de la teoría antropológica comenzó en la época llamada la Ilustración. Los filósofos sociales del siglo XVIII fueron los primeros en sacar a la luz las cuestiones centrales de la antropología contemporánea y se esforzaron resueltamente, pero sin éxito, por formular las leyes que gobiernan el curso de la historia humana y la evolución de las diferencias y de las semejanzas socioculturales. John Locke publica an essay concerning human understanding. Locke se esforzó por probar que en el instante de su nacimiento la mente humana es un “gabinete vacío” (Locke 1894, 1, p.48, original, 1690). El conocimiento o las ideas con que la mente viene luego a llenarse las adquiere todas con el proceso de lo que hoy llamaríamos enculturación. Aunque existen potencialidades distintivamente humanas, otras que las animales, ideas innatas no existen.

Todo el conocimiento humano Locke lo atribuyó las percepciones transmitidas a través de las “impresiones de los sentidos”.

En palabras de Claude Helvetius, cuyo Sobre el hombre (1772) fue uno de los más sistemáticos desarrollos de las implicaciones radicales de las teorías de Locke:

Locke y yo decimos: la desigualdad de los espíritus es el efecto de una causa conocida, y esta causa esta en las diferencias de educación (Helvetius, 1946,p.71.original,1772). Todo, pues, en nosotros es adquisición (Helvetius 1946, p.1019). Nuestro conocimiento, nuestros talentos, nuestros vicios y virtudes y nuestros prejuicios y caracteres no son, en consecuencia, efecto de nuestros diversos temperamentos hereditarios. La compasión no es ni un sentido moral ni un sentimiento innato, sino el simple acto de egoísmo. ¿Qué se sigue de esto? Que es un mismo amor, diversamente modificado según la diferente educación que recibimos y según las circunstancias y las situaciones en que la suerte nos ha colocado, el que nos hace humanos o insensibles; que el hombre no ha nacido compasivo, aunque todos pueden llegar o llegaran a serlo si las leyes, la forma de gobierno y la educación les lleva a ello.

Al igual que Helvetius, la relación que las ideas de Turgot guarda con las de Locke, resulta manifiesta en la explicación de cómo los individuos llegan a mostrar diferencias de conducta:

La disposición afortunada de las fibras del cerebro, una mayor o menor celeridad de la sangre, éstas son probablemente las únicas diferencias que la naturaleza establece entre los hombres. Todo lo demás es efecto de la educación es el resultado de toda nuestra experiencia sensorial y de todas las ideas que hemos sido capaces de adquirir desde la cuna. Todos los objetos que nos rodean contribuyen a la educación; las instrucciones de nuestros padres y nuestros maestros sólo son una pequeña parte de ella. (Turgot, 1844, p.645)

Jean Jacques Rousseau, en su Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres (1755) sostenía, que el poder de la educación era tan grande que alcanzaba para lograr la transición del mono al hombre.

Fueron el filósofo Locke y sus herederos intelectuales directos los que abrieron el camino al estudio al estudio científico de la cultura.

Spinoza con su visión de la naturaleza, incluyendo al hombre y a sus obras, como una y continua, constituía la ruptura fundamental con el pasado.

Más moderno en su actitud ante los fenómenos socioculturales fue Giambattista Vico, se manifiesta específicamente contra la tendencia de sujetarlo todo al método de la geometría (Gardine, 1959,p.10). El extremo importante no es meramente el de la dirección o el de la inteligibilidad de la historia human, sino más bien el de que ese orden sea de consecuencia de condiciones naturales y no de condiciones divinas.(Vico, La ciencia nueva. 1725). La idea de Vico, era que, puesto que el hombre era el autor de la historia humana, los acontecimientos culturales tenían que resultarle más fáciles de entender que los acontecimiento físicos.(Vico 1948).

D´Holbach se propuso destruir todos los vestigios de la religión tradicional, “el universo no consiste en nada mas que materia y movimiento” (D´Holbach, 1770). D´Holbach aceptaba como la realidad última las formas en que el mundo externo se presentaba a la conciencia humana. Para él, la materia era literalmente el universo de macroobjetos, y el movimiento, la experiencia de la fuerza muscular del hombre.

La mayoría de los filósofos, con las posibles excepciones de d´Holbach y de Helvetius, hacen al orden de la historia humana equivalente al progresivo perfeccionamiento de la política de la humanidad.

La cuestión de la evolución sociocultural la Ilustración, se limitó a volver a colocar una posición intelectualmente respetable una doctrina existente desde muy antiguo. Todo el pensamiento evolucionista de la Ilustración delata la influencia de Lucrecio. En su poema de la naturaleza de las cosas, Lucrecio, que se inspiraba en otras ideas revolucionarias aún más antigua, las expresadas por el griego Epicuro, alcanzó un nivel de comprensión de la evolución sociocultural y biológica que no sería igualado hasta dieciocho siglos más tarde. Para Lucrecio, la evolución era un proceso cósmico, responsable de la diversidad observada en los distintos niveles de fenómenos.

La Historia universal, de Turgot, es un ejemplo de pensamiento evolucionista al estilo de Lucrecio. Según Turgot, la humanidad ha evolucionado a través de los tres estadios de la caza, el pastoreo y el cultivo.

El evolucionismo de Turgot incluía también una noción notablemente moderna de la relación entre el excedente económico y la estratificación social.(Turgot, 1844).

A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Fergunson no quiso considerar al salvaje ni como un simple estúpido ni como un superhombre. Con visión realmente antropológica se esforzó por ver en el primitivo a un ser humano completo. Fergunson conjeturó los rasgos de la economía y de la organización social primitivas, supo establecer una correlación entre los estadios evolutivos de la economía y de la organización social y los medios de subsistencia.(Fergunson, An essay on the history of civil society. 1767).

Voltaire Decía que lo que deseaba de la historia era conocer cuáles habían sido los pasos por los que los hombres han pasado de la barbarie a la civilización. (Citado en Bucle, 1857, p.736).

Immanuel Kant percibía “el acuerdo de tantos géneros de animales en un esquema común que parece ser fundamental no sólo en la estructura de sus cuerpos, sino también en la disposición de las partes restantes”(citado en Fothergill, 1952, p.56).

La palabra progreso es un componente esencial del vocabulario de la Ilustración. Los filósofos la emplearon para infundir un sentido de satisfacción moral a ciertas tendencias evolutivas. Durante la Ilustración el criterio dominante del progreso era el de cambio en la dirección a una mayor racionalidad.

La explicación de las diferencias socioculturales como consecuencia del despliegue del potencial del razonamiento humano puede considerarse como una variante especial del idealismo no determinista. Es obvio que el optimismo que con tanta frecuencia se atribuye erróneamente a la Ilustración no podía haber sido más que una esperanza a ciegas.

Así, la gran paradoja de aquel tiempo era que la ley regía al universo, determinando hasta el menor movimiento del más pequeño grano de arena, pero los hombres no tenían necesidad de creer que eso fuera verdad o, incluso si lo creían, podían ignorar sus consecuencias. Más, por otro lado, ninguna edad que insistiera en que el hombre era parte de la naturaleza y en que la naturaleza estaba regida por leyes inmutables podía abandonar totalmente la historia a los antojos de la voluntad humana.

Los más destacados pensadores del siglo XVIII se esforzaron por llegar a formular conceptos que les permitieran penetrar en los secretos de la evolución superorgánica, mas una y otra vez se vieron derrotados por su propio y nunca mitigado interés por el poder de la elección racional individual.

Turgot proclama la necesidad de sacar a la luz la influencia de las causas generales, necesarias, y de las particulares, pero no puede evitar añadir “ y de las acciones de los grandes hombres” (1844, p. 627).

Helvetius se aproximó a la elaboración de un conjunto de principios capaces de deshacer tautologías del espíritu creador de una cultura creadora del espíritu. Helvetius parte de la suposición de que todas las costumbres y la moralidad son el último extremo expresión de las sensaciones físicas y de necesidades tales como el hambre, la sed y otras exigencias corporales. Estas necesidades físicas implantan en el hombre intereses característicos, inicialmente centrados en el ego, pero que inevitablemente se extienden para abarcar a los grupos sociales, que garantizan el máximo placer y el mínimo dolor a los individuos. Las únicas variables que pueden afectar a esos intereses son las que resultan de la experiencia.(Grossman, 1926, p.172).

Durante el siglo XVIII hubo al menos un autor capaz de la proeza de aplicar consecuentemente en la práctica los principios del análisis tecnoeconomico, John Millar.

Millar acepta la posibilidad de que los “prejuicios” y la “ciega predisposición que comúnmente se adquiere a favor de los usos antiguos” puede impedir la abolición de la esclavitud incluso “durante los sucesivos avances de la sociedad en conocimientos, artes y técnicas” (Millar, observations concerning the distiction of ranks in society, 1771, p. 205-6).

Al aferrarse a la elección racional consciente como el factor clave en la explicación de la diferencias socioculturales, los teóricos de la ilustración se cerraron el acceso a una autentica comprensión de la naturaleza sistemática y adaptativa de la organización social. Lo único que podían ver era una colección de individuos que con más o menos éxito controlaban sus pasiones por la influencia morigeradora de la razón. No podían ver en cambio un sistema superorgánico que actuaba sobre el medio natural y a la vez respondía a la actuación de éste sobre él con transformaciones evolutivas adaptativas que los miembros individuales de la sociedad no comprendían ni escogían consciente.

Es posible vislumbrar, dispersos aquí y allá por los escritos del siglo XVIII, implícitos unas veces y explícitos otras, desparramados de un modo casual entre convicciones contrarias e ilusorias, mas también en alguna ocasión integrados en un sistema claro y definido los conceptos, las materias primas y las primeras experiencias prácticas, todavía vacilantes, de una explicación científica de los fenómenos socioculturales.

Introducción a la Antropología