Sordera

Discapacidad auditiva. Oidos. Estimulación temprana. Desarrollo cognitivo, lingüístico, socio-afectivo y motor. Niños sordos

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DEFINICIÓN:

La sordera es la perdida total del sentido del oído y puede afectar a uno de los oídos o a los dos.

Puede ser un síntoma o consecuencia de otras enfermedades o infecciones, aunque también puede estar causada por algún factor hereditario o por la exposición a ruidos intensos.

Según la OMS persona sorda es aquella que no es capaz de percibir los sonidos ni con ayuda de aparatos amplificadores.

DIAGNÓSTICO:

En la mayoría de los casos, son los padres quienes sospechan la sordera. Se dan cuenta porque desde los primeros meses su bebe no reacciona, no se sobresalta con ruidos fuertes, no vuelve la cabeza cuando se le llama o hay un ruido. Hay que tomar siempre en consideración sus dudas y practicar un examen que a veces confirman la sordera desde el primer año de vida.

CLASIFICACIÓN:

Según la parte afectada:

  • Hipoacusia de transmisión: la zona alterada es la encargada de la transmisión de la onda sonora. La causa se sitúa en el oído externo o medio, también las producidas por lesión de la trompa de Eustaquio, que es un conducto que une el oído medio con la rinofaringe.

  • Neurosensorial: en el oído interno y/o en la vía auditiva. Se llama también Hipoacusia de percepción y la causa radica en el oído interno o estructuras centrales (nervio auditivo, etc.).

  • Mixta.

Según intensidad:

  • Leves

  • Moderadas

  • Severas

  • Sordera y cofosis: no oyen nada.

Según la causa:

  • Hereditarias o genéticas:

    • Recesivas. los padres son portadores de la enfermedad pero no son hipoacúsicos

    • Dominantes: uno de los padres es portador del gen afecto y es hipoacúsico.

  • Adquiridas:

    • Prenatales. : Enfermedades de la madre durante el embarazo. Entre las más graves nos encontramos con la rubeola, sarampión, varicela, toxoplasmosis, alcoholismo, etc.

    • Neonatales. Traumatismo durante el parto, anoxia neonatal (falta de oxígeno), prematuridad, ictericia (aumento de a bilirrubina en la sangre por incompatibilidad Rh)

    • Postnatales: otitis y sus secuelas, fracturas del oído, afecciones del oído interno y nervio auditivo, intoxicaciones por antibiótico, meningitis y encefalitis, tumores, etc.

Según el momento de aparición:

  • Prelocutivas: antes de que aprenda el lenguaje.

  • Postlocutivas: ya se ha adquirido el lenguaje,(mejor que la prelocutiva.)

DESARROLLO COGNITIVO EN NIÑOS SORDOS:

El niño sordo en su desarrollo cognitivo pasa por las mismas etapas que el niño oyente, aunque se puede observar algún retraso en la adquisición de algunas nociones. Hay que tener en cuenta que los órganos sensoriales proporcionan informaciones importantes que inciden en un desarrollo evolutivo adecuado; el aislamiento y la falta de información a la que se ve sometida por causa del déficit auditivo pueden representar implicaciones relevantes para su desarrollo intelectual, lingüístico, social y emocional. Como consecuencia, tendrá un retraso madurativo que supondrá una serie de dificultades en el desarrollo cognitivo, aspecto en el que me voy a centrar.

Estas dificultades van a ser más acuciantes en cuanto mayor va siendo el niño, por lo que en las primeras etapas evolutivas, su desarrollo es más equiparable al de niños oyentes, pero a medida que va creciendo, en etapas posteriores, habrá más distanciamiento. Esto es debido a la falta de un lenguaje que sea interiorizado por el niño y que funcione como base del pensamiento. El lenguaje es un elemento muy ligado al desarrollo simbólico y cognitivo, es una herramienta clave que nos permite representar mentalmente la información, planificar y controlar nuestra conducta. Sin embargo ese retraso madurativo irá superándose a medida que el niño vaya adquiriendo e interiorizando un código lingüístico que le permita acceder a la comunicación e interacción social. Por ello la importancia del aprendizaje de la lengua de signos por parte de los niños con deficiencia auditiva desde los primeros años, ya que además de ser la lengua natural de la comunidad sorda y estar considerada como un auténtico lenguaje, el acceso al lenguaje oral no es posible hasta los 6 o 7 años aproximadamente, e incluso imposible de aprender para personas con grados de sordera muy altos.

La inteligencia en personas sordas es igual que en personas oyentes, puesto que la única diferencia que se puede encontrar en este aspecto se debe al conjunto de experiencias vividas que normalmente reciben menor estimulación y poco efectiva. Como consecuencia, en cuanto mayor riqueza de experiencias de enseñanza-aprendizaje podamos ofrecer a un niño sordo y cuanto más normalizado sea su desarrollo, menos limitada estará su capacidad intelectual.

Destacar que:

  • El menor conocimiento que tienen del entorno y su dificultad para acceder al mundo de los sonidos, derivan en la necesidad de tener experiencias directas y una mayor información de lo que sucede a su alrededor.

  • La dificultad de representar la realidad a través de un código oral plantea la necesidad de utilizar un código lingüístico de representación.

  • La entrada de información se produce por vía visual, hace que tenga que recurrir primordialmente a estrategias visuales aprovechando también otros canales.

En investigaciones de juegos simbólicos, pruebas de combinatoria, representación espacial, etc., se observa que el niño sordo obtiene mejores resultados si dispone de un código de comunicación que le posibilite la formulación de hipótesis, la representación mental y la planificación de estrategias.

Afirmaciones como “el sordo es muy concreto, no tiene pensamiento abstracto” manifiestan que el entorno familiar y educativo no ha sido capaz de ofrecer al niño un instrumento lingüístico eficaz para organizar su pensamiento.

Todo esto nos lleva a insistir en la necesidad de dotar de forma temprana a los niños sordos de instrumentos de comunicación y de pensamiento. Pero no serviría de nada si no se difunde el lenguaje o idioma signado y si el entorno del niño no lo aprende y lo utiliza con frecuencia.

DESARROLLO LINGÜÍSTICO EN NIÑOS SORDOS:

El período especialmente sensible para el aprendizaje del lenguaje es 0-3 años, entre los 12-18 primeros meses es de enorme importancia, siendo un período especialmente productivo. Contar con una audición empobrecida en estas edades complica el aprendizaje natural de la lengua oral, sin embargo, con una audición correcta será más fácil al apropiarse de información y estar más conectado con el entorno.

Las habilidades lingüísticas que hay entre los 34-40 meses no están consolidadas y pueden verse afectadas si se adquiere una sordera junto a una falta de estimulación verbal, lo que provoca que éstas habilidades se desvanezcan y desaparezcan. De ahí la importancia de intervenir precozmente.

Lo más urgente, es que el niño cuente con un sistema de comunicación eficaz, un auténtico lenguaje que le sea asequible desde los primeros años. La lengua de signos posibilita el aprovechamiento lingüístico de estos períodos y se hace imprescindible en la comunicación con el niño sordo. Si carece de lenguaje, se perjudicará su desarrollo cognitivo y puede verse también afectado su desarrollo personal y social.

El objetivo central de la educación precoz es la adquisición del lenguaje. Cualquier método empleado ayudará al niño a construir el lenguaje “en su cabeza”.

Los métodos orales, dan prioridad a la realización oral del lenguaje, lo que implica producir el habla y comprender el habla de otros. Se ayuda de la lectura labial, a veces complementada por el cued-speech.

  • La lectura labial es captar las informaciones que se pueden leer en los movimientos de los labios, pero no aporta más que los mínimos conocimientos de un lenguaje que aún no conoce el niño sordo.

  • Cued-speech, se basa en la utilización de gestos convencionales que aclaran las ambigüedades de la lectura labial, ya que ciertos fonemas llevan a confusión.

Los métodos gestuales son verdaderos sistemas de comunicación, sus signos son gestos convencionales con un nivel de complejidad similar al de las lenguas orales.

La comunicación gestual con un niño sordo se basa en la lengua de los signos o el idioma signado.

  • La lengua de los signos es aquella que adquiere naturalmente un niño sordo de padres sordos, de un modo inevitable. Puede constituir un buen lenguaje si el nivel de los padres es elevado y si su aprendizaje se completa con la ayuda de un educador.

  • El idioma signado, (lengua oral acompañada de signos realizados con las manos) se establece entre el niño sordo y sus padres oyentes, siendo los gestos un complemento del habla. Este idioma no es suficiente, siendo necesario para su buen desarrollo que el niño aprenda la lengua de los signos.

La dactilología (alfabeto manual), sirve como complemento al lenguaje gestual mediante la posición de los dedos y las manos representando todas las letras del alfabeto. Es un método lento y no tiene cabida en el niño pequeño.

Tarde o temprano, el habla oral será una necesidad absoluta para el niño sordo que va a pasar su vida en un mundo de oyentes, un mundo estructurado por y para oyentes.

Llevar al niño a la construcción del lenguaje implica:

  • Construir las formas de la lengua que habla el entorno en el que vive.

Las estructuras profundas de la lengua las adquirimos inconscientemente enriquecidas por nuestras experiencias lingüísticas, por lo que el niño sordo no las tiene y necesita la construcción mediante los métodos explicados anteriormente. Los modelos de la lengua que se le enseñan a los niños sordos son mucho más “obligados” que a los oyentes, quienes tienen un margen de creatividad dentro del código de la lengua.

  • Llegar a producir el habla.

El niño sordo no tiene medio alguno para descubrir por si mismo cómo se utilizan los órganos de la fonación para producir el habla. Sólo llegará a hablar oralmente si es alentado en sus pequeñas tentativas. El bebé con éste tipo de deficiencia, produce algunos sonidos o vocalizaciones en la etapa común del balbuceo (a partir de 3-4 meses) menos rico y abundante. A medida en que el bebé no oye las respuestas de sus familiares ni a si mismo, sus posibilidades vocales no se desarrollarán y acabarán por extinguirse. Siendo muy difícil conseguir que un niño que ha permanecido largo tiempo en la mudez llegue a producir la voz o sea capaz de controlarla. Por lo que son necesarios recursos para mantener el balbuceo. El papel del adulto consiste en estar a la escucha y reforzar tanto como sea posible todas las pequeñas producciones vocales del niño. Dar una respuesta, ya que, gracias a ese interés el adulto entrena al bebé a prestar gran atención a sus percepciones

  • Desarrollar aptitudes de percepción que pueden ayudar a las adquisiciones lingüísticas, es decir, la educación auditiva.

Es siempre posible e indispensable. Sea con prótesis o sin ella, cualquiera que sea el grado de su sordera se le enseñará a escuchar, a tomar conciencia de la presencia de un sonido en relación con el silencio. Esto se consigue con la producción de sonidos graves y fuertes (tambor, bongos), ayudándonos de la percepción táctil de las vibraciones. El objetivo final es despertar el interés del niño por la voz y extenderlo a la “escucha” de todos los ruidos del mundo sonoro que nos rodea, consiguiendo que se interese en el lenguaje.

DESARROLLO SOCIO-AFECTIVO

Para un normal desarrollo social, emocional, cognitivo y lingüístico es necesario que el niño tenga un interacción normal y natural con otros.

Todo ser humano ha de establecer interacciones con las personas que le rodean de cara a favorecer el desarrollo personal, los vínculos sociales, la amistad, el ajuste personal, etc.

El niño sordo necesita tener adultos sordos cerca para que le puedan ayudar a entender este mundo mediante la experiencia visual y la lengua de signos, además de facilitarle la entrada en el complicado mundo de las normas sociales que rigen las relaciones humanas. Estos adultos les servirán como modelos de identificación.

Pero la interacción no puede limitarse a personas sordas, también necesita a su alrededor personas oyentes, el niño necesita aprender la lengua universal, la lengua oral, para desarrollar habilidades orales.

Sin embargo, un niño no puede desarrollarse adecuadamente si solo esta en contacto con adultos, necesita contacto con sus iguales, aprender mediante el juego, las conversaciones, las actividades de grupo, etc. Este contacto permite a niño compartir con los otros niños aprendizajes, ideas sobre el mundo y proporcionar seguridad emocional al sentirse igual que los demás. Pero como ya hemos dicho hay que tener en cuenta que los intercambios sociales y la relación con otros se basa en una alta proporción en intercambios lingüísticos, a la que los niños con déficit auditivo difícilmente acceden en sus primeros años de vida.

Debido a esto, las investigaciones que se han hecho sobe el desarrollo social de individuos sordos parece indicar que estos poseen un conocimiento social más limitado en comparación con los oyentes.

En los primeros años de vida del niño el sonido tiene un gran importancia en el desarrollo social: la voz de la madre, los ruidos externos, las estimulaciones producidas por sonidos (sonajeros, móviles de cuna…), además tranquilizan y dan seguridad al niño. El niño sordo por su falta de audición tiende a aumentar sus temores.

En su desarrollo psico-afectivo son importantes las interacciones que se desarrollan entre el niño sordo y los padres, la cual posee dos factores de importancia para determinar el grado de interacción padres-hijo:

  • La actitud paterna ante el déficit del niño: muchos padres se sienten frustrados ante la falta de respuesta por parte del niño, a sus intentos de comunicarse, lo que conlleva a una reducción en la frecuencia de interacción y a un empobrecimiento progresivo de la mismo, que unido a un aumento de la ansiedad provoca una situación de aislamiento por parte del niño y de sus padres.

  • Estrategias utilizadas para la comunicación con su hijo: como usar la comunicación bimodal, o el lenguaje de signos entre otros.

Por este problema comunicativo, los padres no suelen compartir información con él, lo que lleva a una comprensión más limitada del funcionamiento social, son menos permisivos y más didácticos, sólo hablan con el niño sobre el aquí y ahora y no son capaces de informar a su hijo sobre acontecimientos futuros que van a ocurrir, a todo esto hay que añadir que los padres tienden a sobreproteger al niño.

Normalmente reciben explicaciones muy limitadas acerca de los sentimientos, roles, razones para las acciones y consecuencias de las mismas, por esto, el niño sordo se muestra desconfiado y vive cualquier situación no habitual como una amenaza.

Como resultado es de esperar que los niños sordos presenten limitaciones en la comprensión de la causa y el significado de muchos acontecimientos.

Con todo esto, los niños sordos hijos de padres sordos controlan mejor su conducta, presentan menor impulsividad, una mayor madurez social y un grado más alto de responsabilidad. Debido todo a la adquisición temprana del lenguaje de signos, como forma natural de comunicación, y a las interacciones padre-hijo que son similares a la de los oyentes.

DESARROLLO MOTOR

El niño deficiente auditivo pasa por las mismas fases motoras que el niño oyente: gatea salta se sienta, camina, se sube a los sitios, etc. Tampoco hay diferencias en la motricidad fina, aunque al no tener control auditivo existe una torpeza motora y un andar pesado y poco seguro.

¿ES UN NIÑO COMO LOS DEMAS?

Hemos de contestar que no, ya que un niño sordo está privado de una importante faceta de la experiencia que en otros casos existe con toda normalidad y también porque la mayor parte de las adquisiciones que en otros niños se producen “naturalmente” y sin esfuerzo (en particular en la construcción de lenguaje) le exigirán un enorme esfuerzo, dedicación, aplicación y voluntad.

En la actualidad se sabe que el despertar del niño sordo, su curiosidad y su deseo de aprender se hacen patentes durante los primeros años, en la edad preescolar, antes de los 4 o 5 años.

No puede utilizarse un programa para cultivar al máximo las posibilidades del niño sordo, ya que no se trata de enseñar nada en concreto al bebé, no hay que aprovechar al máximo las cualidades del bebé y lo que sabe hacer, es más importante que el adulto disfrute jugando con el niño y compartiendo con él sus actividades y experiencias. Gracias a esto podemos desarrollar y facilitar en el niño una serie de adquisiciones como preocuparse por su capacidad de atención, la práctica de imitación… aspectos que en un niño sin esa deficiencia auditiva no tienen tanta importancia, pero que en un niño sordo no han de pasarse por alto para su correcto desarrollo. Algunos de los aspectos a trabajar son:

  • a) La atención del niño… se educa:

  • La atención del niño sólo se moviliza ante una ocupación que le interese. Es preciso que ocurra algo interesante, nuevo o alguna situación familiar que al niño le guste vivir repetidamente, una actividad que le divierta, teniendo en cuenta siempre, que lo que le interesa al niño no es siempre lo que el adulto considera más interesante.

    Es por lo tanto, más interesante introducirse de las ocupaciones del niño sobre todo las que él mismo ha elegido de forma espontánea.

    Las posibilidades de atención se cultivan, cuando nosotros escuchamos y respondemos a las preguntas y propuestas de juego del niño. Poniéndonos al nivel de conocimientos que le son posibles adquirir al niño según su edad.

    Como resumen a lo dicho anteriormente, estas son algunas de las cosas que se deben y no se deben hacer a la hora de educar la atención del niño

    b) Lo que se debe hacer:

    Introducirse en sus ocupaciones, con discreción, y ver que es lo que le interesa espontáneamente, no debemos imponerle actividades porque si no se siente atraído por

    estas no prestará atención

    Presentar como un juego las ocupaciones, por medio de las cuales se le quiere enseñar algo. Hay que animarlo, y no esperar a que se canse.

    c) Lo que no debe hacer:

    Molestarle cuando realiza algo que le gusta para proponerle algo que nos parece mejor.

    Ignorar sus preguntas (no entraremos en sus intereses)

    Evitar los comentarios negativos (no sirven para nada)

  • a) Al igual que los demás niños, es un imitador nato:

  • El niño es un imitador maravilloso. No hace falta enseñárselo, bastante antes del año se divierte reproduciendo las caras, gestos y entonaciones

    La adquisición del lenguaje es en algunos aspectos un juego de imitación: imitación de los sonidos de la lengua, de las palabras, de los giros, de las estructuras gramaticales, de la entonación, no se trata de una imitación absolutamente fiel al modelo, puesto que el niño reorganiza y recrea a partir de los modelos su propia lengua. Pero claro está que en el niño sordo se alteran parte de las conductas imitativas (sonidos) por eso hay que fomentar la imitación de expresiones, del movimiento de los labios que se le hacen observar.

    b) Algunas de las cosas que se deben hacer:

    Animarlo en sus intentos de imitación

    Felicitarlo en sus aciertos.

    Intervenir si es necesario con demostraciones discretas y no demasiado insistentes.

    Dejar que el niño emplee todo el tiempo que sea necesario para sus actividades, ya que obtendrá una enorme satisfacción por un éxito personal.

    Respetar su ritmo y no decir: “ya lo haré yo, eres demasiado lento”.

  • La repetición y el placer:

  • Hacia los 7 o 8 meses, el juego de repetición con sus rituales es una gran diversión que se pone en marcha a voluntad del niño.

    Porque por ejemplo qué niño no ha tirado un juguete al suelo repetidas veces esperando y provocando al adulto para que se lo recoja un vez y otra.

    Ejemplos: llenar recipientes, transvasar líquidos, colocar y descolocar las cosas del cajón…

    Estos juegos son importantes ya que por medio de estos, el niño adquiere el dominio de ciertos gestos y actividades.

    Gracias a estos juegos, el niño posee un sistema ideal de aprendizaje: ya que supera una tras otra las etapas que llevan al dominio de la práctica.

    Los padres han de convencerse de que toda adquisición requiere un número de repeticiones siempre superior al que esperan. Antes de que un niño sordo pueda comprender una palabra tiene que haberla oído repetir un número mucho mayor de veces que un niño sin déficit auditivo, ya que este a diferencia del primero no tiene que asociar elementos informativos mucho menos perceptibles y evidentes.

    Como conclusión, hay que repetir muchísimas veces una palabra antes de que sea captada, comprendida y asimilada por el niño. Y además esta ha de ser empleada en el momento oportuno (con el objeto delante).

  • a) El encanto de la novedad:

  • todo lo que es nuevo, inesperado o divertido se manifiesta por expresiones, gestos y actitudes por parte del niño sordo con una intensidad mucho mayor que en el que no lo es, ya que el niño sordo privado inicialmente de los recursos del lenguaje, cultiva mucho más la expresividad que discurre por las vías no lingüísticas.

    b) Entonces respecto a lo dicho anteriormente, ¿el niño sordo progresa?

    Cada nuevo paso adelante del niño implica una contradicción entre las necesidades infantiles y la necesidad de satisfacer su tendencia a progresar.

    Esta última es la que finalmente se impone, sobre todo en los padres interesados por avanzar que sin darse cuenta fuerzan el ritmo normal, sin tener en cuenta que el entrenamiento más paciente logrará más cosas. Pero en el caso del niño sordo se introducen matices particulares, los padres tienden a ocuparse tan intensamente del niño, que en algunos aspectos se acercan a la superprotección porque el adulto está siempre al lado del niño para tratar de aprovechar todas las situaciones y repetir los aprendizajes.

    Hay que vigilar mucho para evitar que esta prestecita activa se convierta en un obstáculo que inhiba el dinamismo del propio niño.

    Por el contrario, todas las actitudes de los padres, deben conducirse a reforzar sus recursos personales y a ayudarle a ser autónomo.

    c) Prohibiciones y obligaciones:

    si se siguen algunos de los consejos anteriores al pie de la letra, el resultado será que los padres perfectos son aquellos que dan rienda suelta a sus manifestaciones, aquellos que cultivan sus espontaneidades, respetando su gusto por la aventura, iniciativas, curiosidad, turbulencias…

    la solución a esto puede pasar por:

    • otorgar el máximo valor al respeto de la personalidad del niño, su propio dinamismo…

    • aunque sin olvidar que siempre estaremos obligados a imponerle limites y obligaciones.

    • Ambos aspectos son necesarios para que se desarrolle el niño y su personalidad.

    Para conseguir esto los padres necesitan unos puntos de referencia, unos principios que el niño ha de respetar:

    - prohibir al niño lo que representa un peligro para él o para otros.

    - exigir cierta consideración hacia el hogar, los objetos de los demás y lo que puede alcanzar a su alrededor.

    LA VIDA DE CADA DÍA

    • Hablar al niño:

    Algunos padres al enterarse de que su hijo es sordo, tienden a no hablarle más. Pero deben convencerse de que esto no es así por muchas razones:

    -el niño pese a su sordera advierte indicios que le muestran que ocurre algo: movimiento de la boca, mímica expresiva, gestualidad, actitud, emociones en su rostro.

    -porque la expresión agradable y complacida del adulto que habla, hace que el niño en sus primeras etapas mantenga la atención y el interés por la comunicación

    -el niño tiene que ver hablar, la comunicación con el implica una proximidad absoluta, un contacto visual indispensable.

    El niño ha de ver nuestro rostro de gente a una distancia de 60 a 120 cm. Sin hablarle deprisa sino de forma pausada y clara.

    Cuando hablemos con el niño, el lenguaje no ha e ser extremadamente simplificado, no hay que caer en un estilo telegráfico o artificialmente simplificado.

    El adulto ha de utilizar palabras simples, frases breves sin subordinadas, pero ha de ser un lenguaje estructurado sin el cual el niño jamás adquirirá los modelos de la lengua en su forma terminada.

    Como el niño que oye, el discurso que le dirige el adulto consiste en hablar sobre lo que está pasando, sobre los objetos que tiene a la vista o que está manipulando. Se exageran mucho los gestos que sirven para destacar, señalar, describir a la vez que facilitan la comprensión y la asociación de las palabras con el objeto al que se refiere.

    Al dirigirse al niño que todavía no habla, el adulto asume un papel lingüístico polivalente. El adulto suple el discurso del niño, creando un monólogo a dos voces en el cual plantea las preguntas y da las respuestas atribuyéndole intenciones y adivinando sus necesidades.

    Posteriormente el adulto respetara los turnos del habla aún cuando no sepa expresarse del todo, el niño oyente acompaña el dialogo con sus vocalizaciones y parloteo.

    • Problemas en el comportamiento:

    a ) La inestabilidad:

    Un niño sin deficiencia auditiva, mientras juega o está inmerso en sus actividades, es capaz

    de oír caer un objeto, abrirse la puerta, a su madre llamándole…

    La situación del niño sordo difiere bastante, ya que no es capaz de recibir esas informaciones auditivas.

    Muchas veces, se ve obligado a abandonar continuamente su ocupación con rápidas miradas para explorar el entorno y ver lo que ocurre a su alrededor. De este modo está permanentemente distraído respecto a lo que hace, por lo que le resulta difícil centrarse en una actividad durante mucho tiempo.

    Pueden llegar a mostrar indiferencia hacia los cambios del entorno, porque son poco accesibles para el.

    b) la ansiedad:

    la ansiedad que manifiesta el niño sordo, puede deberse a muchos factores

    - es notables el desasosiego, angustia e inquietud que experimenta el niño sordo a la hora de acostarse, cuando se le retira la prótesis que lo mantiene en contacto con el mundo sonoro.

    - Otras veces la ansiedad del niño es una réplica de la de sus padres.

    - La ausencia de información acústica del medio provoca inquietud y cierta pasividad. Por eso los adultos deben de anticiparse e informarles de que es lo que sucede, a dónde se dirigen, porqué hacen eso o lo otro, de este modo evitan que el niño se sienta desorientado y angustiado.