Siria e Israel

Política Internacional. Negociaciones internacionales. Conflicto Sirio-Israelí. Población judía en Golán. Assad

  • Enviado por: Albino S
  • Idioma: castellano
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Resumen a modo de introducción.

Este trabajo consiste en exponer el conflicto que mantienen Israel y Siria, pero no tan solo deseo mostrar y explicar, el conflicto y “acuerdo de paz”, Sirio Israelí, sino que también pretendo analizar, ayudado por textos de especialistas y analistas, en política internacional y relaciones exteriores este conflicto; el cual envuelve, al igual que la mayoría de estos, un sinnúmero de factores externos al problema real que mantienen estos dos países.

Luego de la Conferencia de Madrid, comenzaron conversaciones entre las delegaciones de Israel y Siria en Washington, en el marco de la fórmula de Madrid. A partir de febrero de 1994, las negociaciones se han llevado a cabo a nivel de embajadores en Washington. Estas conversaciones condujeron a negociaciones centradas en disposiciones de seguridad y reuniones de los jefes de Estado Mayor de estos dos países.

Estas negociaciones fueron apoyadas por la intervención de funcionarios norteamericanos de alto rango, incluyendo dos reuniones entre el presidente Clinton y el presidente Assad, así como numerosas visitas del secretario de Estado Warren Christopher a la región.

Los negociadores israelíes han declarado a los sirios que Israel acepta el principio de la retirada de los Altos del Golán, dentro del contexto de un acuerdo de paz que se refiera simultáneamente a cuatro cuestiones claves:

  • la profundidad de la retirada;

  • el cronograma y la duración de la retirada;

  • las etapas de la retirada y su conexión con la normalización (en este punto, al igual que con Egipto, Israel insiste en que debe haber una fase de normalización prolongada, con fronteras abiertas y embajadas, antes de completar la retirada israelí a una línea aún no determinada); y

  • acuerdo sobre disposiciones de seguridad.

Israel considera que los encuentros públicos y directos a alto nivel entre líderes israelíes y sirios darán un impulso a las negociaciones y aumentará la confianza del público en los deseos de paz de Siria.

El asesinado primer ministro Rabín declaró que si se negocia con Siria un acuerdo de paz que incluya una retirada significativa de las Alturas del Golán, el tratado propuesto sería votado en un plebiscito nacional antes de ser firmado.

En diciembre de 1995, Siria acordó reanudar las negociaciones sin precondiciones y con elementos de flexibilidad en la forma de dichas negociaciones. Los sirios decidieron no elevar el nivel de las negociaciones a nivel político, sino dar poderes e incrementar la autoridad del embajador Mualem, tanto en términos de sustancia como en términos de la atmósfera. Los sirios acordaron esta vez negociar sobre aquellos elementos que constituyen la noción de una paz plena: calidad de la paz, normalización, agua.

Dos rondas de conversaciones de paz sirio-israelíes fueron conducidas bajo auspicios norteamericanos en el Centro de Conferencias Wye River del Instituto Aspen en diciembre de 1995 y enero de 1996, centrándose en temas de seguridad y otros. Las discuciones fueron altamente detalladas y de gran alcance.

Las discuciones sobre acuerdos de seguridad condujeron a identificar áreas importantes de acuerdo y convergencia conceptual. También revelaron, como era de esperarse, diferencias de sustancia o perspectiva. Las ideas para tratar algunas de las diferencias fueron referidas a los liderazgos de Israel y Siria para su consideración.

Siria e Israel
Todos los participantes en esta sesión estuvieron de acuerdo en que habían avanzado considerablemente en la discusión de temas claves para un tratado de paz futuro, y clarificaron los puntos de vista y necesidades de cada parte. Acordaron que las conversaciones constituyen una base sólida para discusiones futuras.

El conflicto Sirio - Israelí

En la Guerra de los Seis Días, Israel logró por primera vez una profundidad estratégica y táctica respecto de los sirios, al conquistar las alturas del Golán, una meseta, desde la cual los vecinos del norte atacaban a los kibutzim de la zona.

Siria e Israel
Desde un punto de vista geográfico, el Golán es una altiplanicie que oscila entre los 500 y los casi 1.300 metros de altura, lo cual lo convierte en un obstáculo natural entre Siria e Israel el cual dificulta, pero no imposibilita, el avance de infantería desde uno u otro lado. En el '67, los israelíes lo conquistaron con rapidez, pero con un alto precio en vidas. Luego en el '73, los sirios lo tomaron por sorpresa, pero no avanzaron más, ya que ellos mismos no habían previsto la posibilidad de semejante éxito, y supusieron que Israel tenía planeado algún tipo de trampa. En la misma guerra, Israel volvió a conquistar la meseta, a un precio en vidas humanas mucho mayor que la vez anterior.

Hoy en día, los estrategas coinciden en dos puntos fundamentales: el primero, que la profundidad territorial ya no tiene la importancia estratégica que tuvo alguna vez, pues todos los países del Medio Oriente se están armando con misiles de ojivas convencionales y no convencionales -en el caso de Siria gas nervioso y VX, entre otros-, con un alcance que supera en mucho el ancho del Golán. En la Guerra del Golfo, Israel pudo percatarse de la primera muestra de este cambio en las relaciones de fuerza con los misiles Scud lanzados desde Irak.

Pero precisamente la Guerra del Golfo prueba el segundo punto, en que también coinciden los estrategas: la acción de las fuerzas aéreas y de los misiles no alcanza para completar la victoria. Para ello hace falta infantería, el ingreso por tierra con soldados y tanques, lo cual implica un combate menos computarizado, más humano, y por ende más costoso en vidas. Fue en ese punto donde George Bush renunció a una victoria total sobre Sadam Hussein.

LOS PROBLEMAS DE SIRIA

Dado el "nuevo orden internacional", a principios de esta década, y la unipolaridad del mundo, los países buscan la paz por intereses de índole pragmática, donde la "guerra fría", es decir la tensa disuasión mutua, deje paso a una paz basada en los buenos negocios. Para ello hace falta un arduo y prolongado trabajo de creación de confianza mutua, que con los sirios recién ha comenzado. Por lo que de nada valen los discursos de Shimón Peres acerca del Nuevo Medio Oriente, en el que todos los países deseen conservar la paz porque "es buen negocio". Hasta ahora, los países árabes, incluso los que ya mantienen relaciones bilaterales con Israel en el marco de acuerdos de paz, han reaccionado a este sueño con temor. Ellos ven en esta noble visión de paz para todos los pueblos, un mero intento de imponer una superioridad económica y erigirse en potencia regional con los empobrecidos países árabes convertidos en satélites que giren alrededor del estado judío. Pasará mucho tiempo antes que Israel pueda hacer buenos negocios con Siria.

Las razones que han llevado a Siria a sentarse en la mesa de negociaciones con Israel mientras al mismo tiempo se mantienen alejado de ella, son las siguientes:

Siria e Israel
Siria quiere la Meseta del Golán, un territorio no muy útil desde el punto de vista económico, pero sí desde el militar, como hemos visto, cuanto menos a largo plazo. El presidente de Siria, Hafez el Assad, reclama que el límite final llegue hasta las aguas del Kineret, lo cual le conferiría acceso a una importante fuente de agua. Siria tiene un serio problema de agua, sobre todo después de la construcción de los grandes diques sobre los ríos Eufrates y Tigris por Turquía.

“A su vez el Kineret (Mar de Galilea), provee a Israel el 30% del suministro de agua.”

Siria debe enfrentar las embarazosas demandas de los israelíes, que por uno de esos misterios de las relaciones humanas, incluidas las que se mantienen entre países, también tienen deseos y necesidades: en el plano militar, cese total de hostilidades, tanto militares como ideológicas, el freno total al grupo terrorista libanés Hezbollah, el alejamiento del ejército sirio de la frontera, a cambio del alejamiento de Tzahal a una distancia proporcionalmente -y no absolutamente- simétrica, y la instalación de apropiadas estaciones de alerta temprana sobre el Hermón. Desde el plano diplomático, Israel reclama la "normalización" de las relaciones, que incluye el intercambio de delegaciones diplomáticas, el emprendimiento de negocios conjuntos, intercambio cultural, apertura de las fronteras al turismo, etc.

Por otro lado, Siria es un país quebrado. No sólo por la ausencia de la U.R.S.S., sino porque Estados Unidos, se niega a borrarlo de la lista de países que apoyan el terrorismo, con las consecuentes sanciones económicas y el boicot, que les cuesta miles de millones de dólares. Es un círculo vicioso: esta pobreza, que lo hace acercarse a EE.UU. a través de intentar la paz con Israel, lo lleva a mantener cuantiosos campos de cultivo de drogas en el Valle de la Bekaa en el Líbano, así como a mantener fidelidades pro-iraníes, lo que lo aleja de la posibilidad de caer en gracia de la "mayor democracia del mundo".

Luego está el problema del honor, que en el Medio Oriente es un factor de resonancia tangible, no sólo psicológica. Primero el honor interno: Siria es un país poblado por una mayoría musulmana sunita -musulmanes más moderados en lo religioso y en lo político- y una minoría shiíta -musulmanes más devotos, de donde emergen los movimientos fundamentalistas-. Assad no pertence ni a una ni a otra, sino a una pequeña tribu, los alawitas. Para gobernar se ha valido siempre de la mano de hierro y el terror de estado, como cuando masacró de un plumazo a 20.000 shiítas de la aldea Hama a principios de los '80, por sospechar que de esa aldea estaba emergiendo una conspiración para deponerlo.

Assad se enfrenta con una paradoja: el honor que defiende, en la figura del Golán, frente a un enemigo externo, es el que le permite mantener el consenso interno. No obstante, cuando lo consiga, esa amenaza externa dejará de tener efecto, y el modo de crear consenso en Siria deberá cambiar de eje, o dejar de ser.

Lo mismo puede decirse del honor en el plano externo. Siria se perfila como el país militante por excelencia frente a la "entidad sionista", sobre todo una vez que Egipto se ha "reblandecido" al hacer la paz con Israel, y que Jordania cayera en la misma deshonra. Assad es el último de los mohicanos, en lo que al círculo interno del Medio Oriente se refiere, es decir, sin contar a Irán, a Libia y otros del círculo mesoriental más periférico. Es frente a ellos, algunos con más poder que él, que Assad desea mantener su imagen de "gran héroe de la libertad" contra el enemigo sionista y el Satán norteamericano. Apenas firme un acuerdo con Israel, Assad perderá este status, en especial si no logra recobrar el Golán en su totalidad.

ASSAD, PRESO DE SI MISMO

La pregunta es, ¿qué hace, entonces, que Assad esté negociando precisamente en este momento, y no antes, o después? Y, ¿por qué entonces se retira ofendido de las negociaciones en EE.UU.?

A las dos preguntas es posible responder, lejos de los que siguen opinando que Assad da cátedra de negociación a todos cuantos se le oponen, que el anciano dictador sirio ha caído prisionero de su obsoleto mundo conceptual.

Desde la óptica de Assad, él negocia porque no le queda otro camino, frente a un mundo que ya no lo favorece. Al problema de la unipolaridad del mundo, habría que agregarle el problema del factor tiempo. Su enfermedad avanza, según todos los informes. Por eso no fue él mismo a reunirse con Ehud Barak en Shepherdstown, sino que envió a su ministro de Exteriores, Farouk A-Shara, y por eso prepara en entrenamiento intensivo a su hijo, Bashar Assad, para sucederlo en el cargo. Hafez no está seguro que Bashar pueda sostenerse al frente de su gobierno de estrecha minoría alawita, y prefiere dejarle limpio "el escritorio" antes de abandonar la oficina.

Por otro lado, Assad negocia recién ahora porque el presidente norteamericano Bill Clinton le prometió que haría valer los compromisos, supuestos o no, de Itzjak Rabin y de Biniamín Netaniahu, de su disposición a retirarse de toda la meseta del Golán. Menos que eso, visto lo que recibió Anwar Sadat en el sur, Assad no podrá aceptar.

Pero Assad creció políticamente a la sombra de la Guerra Fría, entrenado políticamente por el mundo soviético, y por el modo soviético de negociar, consistente en vencer o caer derrotado ante el adversario en las negociaciones, puesto que se trata de una "guerra por otros medios". No hay, en su modo de concebir el mundo, más que victoria total o derrota total. Para ello, toda táctica extrema es válida: el enojo, la amenaza, dar el portazo, oponer posturas de máxima hasta el ridículo, etc.

Por eso, así como accedió a enviar a su canciller gracias a una promesa de "Golán total", se negó ahora a enviar a su delegación cuando los israelíes se negaron a resolver el problema de los límites, es decir la retirada israelí, antes que los arreglos de seguridad y la normalización diplomática. Al parecer, el orden en que debían debatirse estos asuntos es el que sostiene Israel, según habían pactado con antelación en Bell Air. Barak, por su parte, confía en que este furor es parte del modo "soviético" de negociar, que sigue sujetando Afees el Assad.

Siria e Israel

Una aldéa árabe en el Golán

Si saliera por un momento de su burbuja, Assad vería que Israel hace tiempo ha dejado de ver al Golán como su piedra filosofal, y que sus gobiernos trabajan hace casi una década por acostumbrar a ello a su opinión pública. También vería que su necesidad de recobrar la mayor parte del Golán no se contradice con la necesidad que expresa Israel de tener arreglos apropiados para su seguridad. Israel, en ese sentido, parece negociar bajo otro tipo de concepto, el de "yo gano-tú también ganas", en el que el adversario no es el negociador oponente, sino el problema a vencer.

O bien, en caso de que sí perciba que un acuerdo está al alcance de su mano, no logra resolver el dilema de dejar de tener un enemigo contra el cual hostigar a su opinión pública. Assad, de ese modo, es su propio rehén.

EL PROBLEMA DEL TIEMPO

Los cuatro líderes en pugna -Assad, Clinton, Barak y Arafat- están en problemas, en lo que al factor tiempo se refiere. No solamente Assad, por culpa de su enfermedad. También Bill Clinton, ya lo sabemos, transcurre su último año en la Casa Blanca sin saber aún si pasará a la historia de los presidentes norteamericanos como aquel que finalizó con el conflicto centenario entre dos pueblos, o como aquel que engaño a su mujer de modo sistemático. Si Assad deja pasar esta oportunidad para extraer de Clinton los más cuantiosos recursos económicos y su borramiento de la lista negra de los países que apoyan el terrorismo, nadie podrá volver a decir "qué buen negociador es Assad". Pero, por otro lado, sí se podrá ver como válida la tesis de que, a los ojos del dictador sirio, no es conveniente recuperar el Golán.

Ehud Barak no podrá seguir recurriendo a su aprendida sonrisa por tiempo ilimitado. El mismo, para empezar, se puso un "deadline" demasiado rígido, un año a partir de su asunción de mando, para retirar al ejército israelí del sur del Líbano, ya sea por medio de un acuerdo con Siria, que es quien en realidad controla el país de los cedros, o bien de modo unilateral.

Siria e Israel

Neve Atif - población judía en el Golán

A Barak lo apura también el breve reloj de arena que abruma a Clinton pero, además, sus propios problemas internos. Su coalición es útil, prácticamente, como un vaso desechable. La heterogeneidad que lo aqueja, con miembros como el izquierdista frente Meretz y el derechista Partido Religioso Nacional (Mafdal), junto a los impredecibles Shas (partido religioso sefardí) o Israel Baaliá (inmigrantes rusos, en general de derecha), pone en tela de juicio la posibilidad de Barak de hacer aprobar en el gabinete y sobre todo en la Kneset acuerdos decisivos. La crisis de gobierno, derivada de la dificultad para hacer aprobar el último presupuesto, en la que no hubo modo de mantener una disciplina coalicionaria, fue sólo una prueba de la poca fidelidad que basamenta el liderazgo de Ehud Barak. Esta coalición, por lo tanto, quizás le sirva apenas para llegar al primer acuerdo de paz, con los sirios o con los palestinos, luego deberá tirarla y armar otra, o bien caer.

En cuanto a Yasser Arafat, presidente de la Autoridad Palestina, la reanudación de la vía siria en las negociaciones le cae como una espina en la garganta y le hará indefectiblemente bajar su precio. A lo largo de los ocho años que lleva ya el proceso de Oslo, desde el histórico apretón de manos con Rabin, el ex terrorista no ha logrado dar a su pueblo prácticamente ninguna satisfacción. Ciertamente, más del 90% de los palestinos de los territorios viven hoy bajo "soberanía" de la Autonomía Palestina. Pero es precisamente esto lo que le está quedando crédito, al no poder mejorar en nada su calidad de vida, y al no terminar jamás de crear el estado anhelado. Para colmo de males, la AP directamente nació como un régimen "a la latinoamericana", y las denuncias por corrupción y por violaciones a los derechos humanos sólo se hacen sentir desde afuera de su territorio, pues obviamente la censura también es el nombre del juego de la cúpula palestina.

Lo cierto es que muchos analistas, incluso de la izquierda, se oponen a un acuerdo con Siria en este momento. Barak, dicen, pagará un alto precio en tiempo cuando ceda el Golán. Hará falta mucha paciencia y muñeca política para juntar los pedazos del consenso destrozado y para calmar la herida nacional por el territorio perdido. Hasta que Barak pueda volver a encarar una nueva concesión, esta vez a los palestinos, pasarán años. Es un error, finalizan los analistas israelíes, porque lo más urgente no es Siria, con el que tenemos una tensa paz, pero paz al fin, sino los palestinos, cuya problemática nos toca a la puerta con creciente y explosiva fuerza.

NEGOCIANDO EN EL MEDIO ORIENTE

Después de haber rechazado continuamente ofertas de varios primeros ministros israelíes, los sirios parecían haber finalmente aceptado negociar con Israel sin precondiciones de ningún tipo. Bajo la eufórica cobertura de la prensa y la atenta mirada de la comunidad internacional, israelíes y sirios viajaron a Washington el pasado mes de diciembre a participar en una ceremonia pública que, se esperaba, anunciaría la firma del primer borrador de entendimiento como preludio a la paz entre la República Arabe Siria y el Estado de Israel (algo así como la "Declaración de Principios" firmada entre Israel y la OLP en 1993). Barak y Clinton, ampliamente citados y luego imitados por los medios masivos de comunicación, definían al dictador de Damasco como "un hombre de palabra", "el constructor de la Siria moderna" y "un hombre en quien se puede confiar".

Hafez al-Assad en un comienzo correspondió los cálidos elogios pero al poco tiempo dio señales poco promisorias en torno al tímido diálogo iniciado entre su país e Israel. Rehusándose a viajar personalmente a Washington, envió a su ministro de relaciones exteriores -quien se negó a estrechar la mano del premier Barak y pronunció un filoso discurso anti-israelí en el que culpó a la "ocupación" israelí por la cincuentenaria animosidad árabe, inventó medio millón de refugiados sirios del Golán, e insistió en que a menos que Israel entregue cada centímetro cuadrado de tierra a "sus dueños originales", los árabes mantendrían un "conflicto de existencia en el que el derramamiento de sangre nunca podrá ser detenido". Un pronunciamiento no precisamente en perfecta armonía con la inauguración de tratativas sobre la paz.

Assad al poco tiempo permitió al grupo terrorista integrista Hizbullah reanudar sus operaciones contra Israel -disparando misiles desde aldeas, usando así a civiles libaneses como escudos humanos, forzando a residentes del norte de Israel a pasar varias noches en los refugios anti-bomba y precipitando una dura respuesta militar israelí. Finalmente, para agravar aun más el cuadro, la prensa (bajo total control del régimen sirio) comenzó a publicar notas negadoras del Holocausto, llamando a Ehud Barak "un hombre sediento de sangre, matanza y destrucción", y un "rencoroso monstruo sionista", y comparando a Israel con los nazis.

El 31/1/2000, el periódico oficial Tishrin publicó un editorial en el que acusaba al estado judío de inventar "el mito del Holocausto" y de inventar "historias sobre el Holocausto y exagerarlo a niveles astronómicos" para "recibir más dinero de Alemania" y para silenciar a "cualquiera que se oponga al sionismo y a sus políticas expansionistas". El editorial argumentaba que Israel "comete contra los árabes crímenes que son más feos que los que cometieron los viejos nazis. Los nazis, por ejemplo, no expulsaron toda una nación de su tierra ni enterraron gente viva (!?), que es lo que los sionistas hicieron", afirmó Tishrin. En un discurso pronunciado 4 días antes, durante la convención anual de la Asociación de Escritores Arabes de Siria, el canciller Farouq al-Shara explicó cuál era la visión de paz del régimen sirio: "...establecer un estado de paz en el futuro significará transformar el estado de conflicto [militar] en un conflicto [diferente] -político, ideológico, económico, comercial, etc., que nos dará una mejor posición". El columnista del New York Times Thomas Friedman ironizó con que esta era el tipo de poesía que seguramente se ganaría el corazón de los israelíes.

LA ESTRATEGIA SIRIA

¿Qué está haciendo Siria? ¿Acaso Assad enloqueció? Son las preguntas elementales que un observador racional de este cuadro debería preguntarse. Es cierto, la prensa siria ha tradicionalmente negado el Holocausto y publicado venenosos artículos y horribles caricaturas anti-judías y anti-israelíes, ¿pero por qué enfatizarlos justo en el momento cúspide de diálogo con los israelíes? Es cierto, varios jumbo 747 llenos de armas y provisiones para el Hizbullah aterrizan semanalmente en el aeropuerto de Damasco, ¿pero no sería más coherente para Assad frenarlos para ganar ímpetu en las negociaciones? Si bien Hizbullah fue creada y es manejada por los iraníes, nada -absolutamente nada—sucede en el Líbano sin el beneplácito sirio. Entonces, ¿qué está haciendo Assad? ¿Hay una estrategia detrás de este fanatismo descontrolado, o es simple locura?

Según varios analistas, lo que el gobernante sirio está haciendo es tratar de alienar al publico israelí lo más posible para que éste vote negativamente en un referéndum sobre un eventual acuerdo de paz con Siria (tal como Barak repetidamente prometió). ¿Por qué habría de hacer esto el dictador de Damasco? Simple: de esta forma Assad obtendría la asistencia financiera, política y militar de los Estados Unidos que tanto necesita y no estaría sujeta a los términos de ningún acuerdo con el estado judío dado que éste sería rechazado por la población israelí. Así, Assad proyectaría una imagen de genuino amante de la paz y culparía a la intransigencia de los israelíes por la falta de paz en la región.

Dov Zakehim, ex asesor de defensa de la administración Reagan, explicaba esta teoría señalando que una vez que el acuerdo esté negociado entre las partes, Siria demandará de los Estados Unidos que cumpla sus obligaciones, dado que su firma aparece en el mismo, independientemente del resultado del referéndum israelí. Si el acuerdo es rechazado por la población israelí, todo lo que necesitará hacer Assad para lograr esto es dar rienda libre al Hizbullah durante el periodo de la votación: culpará al gobierno y pueblo de Israel por alejarse del sendero de la paz, pero no renunciará a las promesas norteamericanas. Esto lo reveló el propio canciller Shara en el discurso previamente mencionado. Dijo Shara: "Si fallamos, D´s no lo permita, no perderemos nada porque ganaremos la simpatía de la opinión pública árabe e internacional... Les diremos: hicimos todo lo que pudimos. Fuimos, hablamos, mostramos corazones y mentes abiertas, pero los racistas expansionistas quieren forzar sus términos sobre nosotros".

Al contrario de lo comúnmente aceptado, los sirios están más interesados en mantener su hegemonía sobre el Líbano que en recuperar las alturas del Golán. El congresista por el Likud Yuval Steinitz publicó recientemente una serie de artículos en el periódico israelí Ma´ariv en los que postulaba que lo que el déspota sirio realmente quiere mediante un acuerdo con Israel es obtener la legitimación norteamericana para su presencia en el Líbano, renovación de su arsenal militar, y apoyo para su hijo Bashar, sucesor al trono -en violenta disputa por la sucesión del poder con su exiliado tío. Assad no pagará con el Líbano la recuperación del Golán, afirmaba Steinitz. Es, después de todo, en el Líbano donde Siria mantiene una fuerza militar permanente de 40.000 soldados y donde un millón de sirios encuentran empleo. Es en el Líbano donde se encuentra el valle de la Beeka, uno de los campos de cultivo de estupefacientes más productivo del planeta. Es por esto, que un acuerdo que derive en una retirada israelí del sur del Líbano -y de esa forma exponga la de facto ocupación siria además de quitar la raison d´etre del Hizbullah— va contra el más primordial interés sirio, y en consecuencia, Assad hará todo lo que esté a su alcance para evitarlo.

A la luz de lo arriba mencionado debe entenderse la intransigencia siria frente a Rabin, Peres, Netaniahu y Barak. Al elevar demandas de imposible aceptación por parte de Israel, tales como un retorno a las indefensibles fronteras del `67, Assad asegura su posicionamiento en territorio libanés. Si el agobiado público israelí diera señales de disposición incluso a una devolución total del Golán, entonces lo único que Assad debe hacer para disipar las expectativas de paz es dar una luz verde al Hizbullah, insultar a Israel a través de su prensa, y adoptar todos los símbolos posibles para cimentar dudas en la población israelí -que es exactamente lo que hizo durante las últimas semanas.

LA LOGICA ISRAELI

Israel necesita retirarse del sur del Líbano. Esto puede llevarse a cabo de dos maneras, con o sin un acuerdo con Siria. Esta última opción conlleva un precio bien tangible: una retirada del Golán. Este es el camino que el gobierno de Barak decidió seguir. Para persuadir a la población israelí de que el precio vale el acuerdo con Siria, el gobierno consideró apropiado pintar a uno de los más feroces dictadores de la era moderna como un confiable negociador cuya palabra es ley. Una vez que los cariñosos elogios hacia Assad fallaron y éste desató públicamente su ira anti-israelí, el liderazgo judío implementó una campaña de manipulación del miedo popular con el objeto de ganar apoyo a su gesta diplomática. Las voces más elocuentes provinieron del presidente de la nación, Ezer Weizman ("el tema en discusión es guerra o paz...es un escenario que espero no tengamos que enfrentar: un retorno al ciclo vicioso de la guerra"), y del primer ministro Ehud Barak, quien respondiendo a una pregunta respecto a cuál sería el escenario posible si las negociaciones fracasaban, le recordó a quien hizo la pregunta que no demasiado tiempo atrás 42 misiles Scud golpearon al país desde Irak. El ex asesor de Netaniahu y actual columnista del Jerusalem Post David Bar-Illan, respondió a esta táctica observando que si Israel es intimidado de semejante manera frente a la amenaza de misiles sirios, no habría límites a las concesiones. "Uno no puede menos que temblar al pensar en la reacción de Barak si Damasco amenaza con usar sus misiles a menos que Jerusalem se convierta en la capital del estado palestino y la galilea sea anexada a Siria", escribió.

Esto dice mucho sobre la táctica adoptada por el presente gobierno para generar apoyo popular en torno a un eventual acuerdo que implique un sacrificio territorial importante. Sin embargo, detrás de esa táctica se encuentra una estrategia peculiar, basada en una lógica ya aplicada en pasadas instancias de la historia israelí. Es la misma lógica que fue aplicada en Camp David, en Oslo, y en Wadi Ara: tentar a las naciones árabes con ayuda financiera, asistencia militar y apoyo político de Washington a cambio de acuerdos de paz con Israel.

Quien planteó esta idea fue Robert Satloff, Director Ejecutivo del Washington Institute for Near East Policy, quien señaló que no es otro que Israel el principal promotor de esta política de brindar asistencia norteamericana al mundo árabe a costa de un acuerdo de paz con el estado judío. Israel cree que países árabes clientes del Tío Sam no estarán dispuestos a sacrificar el beneficio norteamericano quebrando la paz. Además, según Satloff, Israel cree que es Estados Unidos quien mejor tendrá en cuenta los intereses israelíes al considerar los requerimientos armamentísticos del mundo árabe. A partir de este sofisticado razonamiento, Israel y sus aliados en Norteamérica son los más fervientes defensores de la asistencia económica, militar y política a Egipto, Jordania y la Autoridad Palestina. Tal como Israel rescató a la OLP de Arafat de bancarrota financiera y aislamiento político internacional en 1993, ahora está dispuesto a rescatar a la Siria de Assad de su debacle político, militar y económico. (Para tener una idea básica del estado de subdesarrollo de la economía siria, uno tan sólo debe destacar que salvo para el liderazgo, en Siria no hay teléfonos celulares, Internet, ni tarjetas de crédito disponibles. En toda Siria hay 5000 faxes).

La lógica israelí tiene sus méritos pero el éxito de su resultado es cuestionable. La Siria que mantuvo la frontera con Israel tranquila durante los últimos 26 años es una Siria económicamente subdesarrollada, militarmente mal equipada, y de una muy acotada trascendencia internacional. Es decir, una Siria imposibilitada de iniciar una guerra. Es razonable asumir que el hecho de que la artillería israelí puede llegar a Damasco desde el Golán haya jugado un rol disuasor en los cálculos estratégicos de Assad. Tal como destacó Bar-Illan, suponer que un ejército sirio modernizado en posesión del Golán es una menor amenaza que una débil Siria sin el Golán es desafiar toda lógica. Por ende, incrementar el arsenal militar sirio mediante asistencia norteamericana, y privar a Israel de un activo militar importante como el Golán, no necesariamente -ni mucho menos automáticamente- afianzará la paz regional. Y este es especialmente el caso a la luz de las palabras de Shara, quien en el discurso ya dos veces citado aludió al llamado Plan por Fases para la liberación de Palestina: "recuperar Palestina en su totalidad es un objetivo a largo plazo, que no puede ser alcanzado en una fase".

CONCLUSIONES

Un hecho histórico es, que cuando el Golán estuvo en manos judías, nunca fue usado para atacar a Siria. La inversa no es válida. Además de esto, uno de los factores que Israel deberá sopesar a la hora de considerar prescindir de un valor estratégico tan significativo como el Golán en aras de un acuerdo con Siria, es meditar acerca de a quién se le estaría entregando semejante activo convencional. El curriculum vitae de Hafez el-Assad no es muy estimulante en este sentido. Además de haber violado prácticamente todo acuerdo que firmó, el déspota sirio masacró en 1982 a 20.000 civiles en Hama mientras reprimía una revuelta islámica. Ordenó el asesinato del entonces presidente libanés Bashir Gemayel, por atreverse a firmar un acuerdo de paz con Israel en 1983. Brinda apoyo militar y político a varias de las más radicales organizaciones terroristas del globo. Es el segundo exportador de drogas pesadas del mundo. Su régimen es el único en la era moderna en haber galardonado con medallas de oro a oficiales que han decapitado a prisioneros de guerra. Su actual Ministro de Defensa escribió un libro que acusa a los judíos de haber asesinado a un cura para beber su sangre -en 1991 el representante sirio ante la comisión de derechos humanos de la ONU instó a la comisión a leer el libro para aprender sobre "la realidad histórica del racismo sionista". Assad hasta el día de hoy brinda refugio a uno de los más buscados nazis, Alois Brunner, asistente de Eichmann y responsable por el asesinato de más de 150.000 judíos. En la Siria de Assad, uno puede encontrar el siguiente ejercicio aritmético en los manuales de aprendizaje para escuelas primarias: "9 soldados escaparon de una compañía judía. ¿A cuantos soldados judíos matamos si el número de soldados en la compañía era 17?". Su prensa está repleta de caracterizaciones denigrantes hacia los judíos e Israel. Durante el último tiempo Assad ha reforzado el impacto público de su hostilidad anti-israelí, pero ésta nunca ha dejado de estar presente en el pensamiento y cultura sirios.

En una entrevista brindada al diario israelí Yedihot Ajaronot, el renombrado escritor israelí Amoz Oz, comentaba frente a la ausencia de señales positivas de Assad que éste no llegaba a comprender el funcionamiento de la estructura psicológica colectiva de los israelíes. "Assad cree que le daremos el Golán y el nos mandará un recibo por fax", sarcásticamente decía Oz, agregando que los israelíes necesitaban una sonrisa, una señal más alentadora. Esta señal dudosamente llegará dado que un acuerdo de paz con Israel que ponga en jaque la ocupación siria del Líbano atenta contra el corazón del interés nacional sirio. Israel ya tiene bastante para aprender de su experiencia a partir del proceso de paz iniciado con la OLP. Assad, al contrario de Arafat, ni siquiera se prestó a la sonrisa que Amoz Oz reclama -mantiene un discurso rígido y conflictivo en árabe y en inglés. Hasta tanto signos más creíbles y promisorios no emanen de Damasco, y las reales intenciones del dictador sirio sean adecuadamente estudiadas, quizás la mejor estrategia para Israel sea mantener sus activos convencionales de defensa intactos y pacientemente esperar una más alentadora respuesta siria. Tal como dice un proverbio holandés, mientras el león predica paz, señor granjero, ¡cuide a sus vacas! Uno podría agregar: mientras Assad (león en árabe) ni siquiera predique paz, señor granjero, ¡cuide a sus vacas y no abandone ni un centímetro cuadrado de su granja!