Sindicato Solidaridad de Polonia

Relaciones laborales. Origen. Reivindicaciones. Ilegalidad. Liberación de Lech Walesa. Elecciones. División interna. Pequeña Constitución

  • Enviado por: Mª Elisa Alvarez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 36 páginas
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SINDICATO SOLIDARIDAD DE POLONIA

ÍNDICE

  • AÑO 1980: ORÍGENES pág. 3

  • 21 REIVINDICACIONES pág. 6

DE SOLIDARIDAD

  • AÑO 1981: ILEGALIZACIÓN

DEL SINDICATO SOLIDARIDAD pág. 7

  • DECLARACIÓN FINAL

ADOPTADA POR EL

I CONGRESO DE SOLIDARIDAD pág. 9

  • AÑO 1982: LIBERACIÓN

DE LECH WALESA pág. 10

  • AÑOS 1983-84: WALESA

PREMIO NOBEL DE LA PAZ pág. 12

  • AÑOS 1985-86: PRIMERAS

ELECCIONES PARLAMENTARIAS

DESDE 1981 pág. 13

  • AÑOS 1987-88: IMPORTANTES HUELGAS

E INTENTO DE LEGALIZACIÓN

DE SOLIDARIDAD pág. 15

  • AÑO 1989: LEGALIZACIÓN Y

TRIUNFO DE SOLIDARIDAD pág. 17

  • AÑO 1990: WALESA INVESTIDO

PRESIDENTE DE POLONIA pág. 20

  • AÑO 1991: DIVISIÓN INTERNA

EN SOLIDARIDAD pág. 23

  • AÑO 1992: PEQUEÑA CONSTITUCIÓN pág. 24

  • AÑO 1993: SE CONVOCAN

ELECCIONES ANTICIPADAS pág. 25

  • AÑOS 1994-95: WALESA PIERDE

LAS ELECCIONES MUNICIPALES pág. 26

  • AÑO 1996: REGRESO AL PODER

DE LOS EXCOMUNISTAS pág. 27

  • BIOGRAFÍA DE LECH WALESA pág. 28

  • CRONOLOGÍA pág. 29

  • BIBLIOGRAFÍA pág. 35

  • AÑO 1980: ORÍGENES

En 1980 importantes cambios políticos y sociales abrieron un nuevo capítulo en la historia polaca de la posguerra, motivados por una grave crisis económica y una toma de conciencia colectiva en el seno de la clase trabajadora. El cambio más significativo fue la sustitución del primer ministro Piotr Jaroszewick, que renunció a su cargo el 15 de febrero, por Edward Babiuch, un íntimo colaborador de Gierek. El origen mismo del conflicto rebasa muy pronto el carácter puramente laboral y económico. Tras una serie de huelgas locales, la crisis social se agudizó en julio al decretar el primer ministro Edward Babiuch al aumento del precio de la carne: el Estado no podía mantener sus subsidios debido a una deuda exterior alarmante, consecuencia del fracaso de su programa de industrialización, de la escasez de la producción agrícola, del aumento del precio del petróleo, de la repercusión de la crisis del mundo occidental en las exportaciones polacas. El verano de 1980 marcará la fecha de una etapa decisiva en la lucha por su emancipación no sólo para el pueblo polaco, sino también para los pueblos de los demás países del bloque soviético. En agosto, cerca de un millón de personas se hallaban en huelga y el país sumido en la bancarrota. Los astilleros de Gdansk se convirtieron en el centro de las reivindicaciones obreras bajo el liderazgo de Lech Walesa, obrero de los Astilleros Lenin y líder incontestable del movimiento huelguístico. Pese a serias advertencias del gobierno, Gierek demostró cierta flexibilidad y el 31 de agosto accedió a la mayoría de las reivindicaciones obreras: aumento de salarios, congelación de precios, derecho de huelga, libertad sindical, etc. pero el Kremlin consideró excesivas las concesiones que amenazaban la hegemonía del partido comunista. El 6 de septiembre Gierek era sustituido por Stanislaw Kania, bajo pretexto de un achaque cardiaco. Pero Kania mantuvo los acuerdos firmados con Lech Walesa en un primer momento. Anteriormente, el 24 de agosto, ya había caído el presidente del Consejo de Ministros, Babiuch, quien fue reemplazado por Jozef Pinkowski. Pero el acontecimiento de mayor trascendencia se produjo el 22 de septiembre al constituirse en Gdansk el sindicato Solidarnosc (Solidaridad), que contaba con el apoyo directo de la iglesia y la dirección del sindicalista católico Lech Walesa. Por primera vez un movimiento directamente obrero y con reivindicaciones salariales y laborales se alzaba frente a un régimen comunista.

La situación económica y social de Polonia se venía deteriorando desde mucho tiempo antes, pese a su capacidad industrial y sus riquezas naturales. La crisis del petróleo había repercutido también en Polonia y producido el aumento de su ya grave deuda exterior. Había aparecido el paro obrero (210.000 desempleados en una población total de 35 millones de habitantes, a finales de 1979) y la escasez de productos alimenticios y de primera necesidad. Los cambios de nombres en la dirección del Gobierno y del Partido Obrero Unificado Polaco (partido único, de inmensa mayoría comunista) a principios de 1980 no resolvieron los problemas. Comenzaron a registrarse huelgas y manifestaciones de protesta con carácter creciente. Edward Gierek, secretario general del partido, fue confirmado en su cargo en el VIII Congreso, pero el presidente del Gobierno, Jaroszewicz, obligado a dimitir, se vio sustituido por Edward Babiuch (18 de febrero de 1980), pero éste duraría poco en estas funciones, dando paso a Jozef Pinkowski (24 de agosto de 1980); el propio Gierek tuvo que ceder su puesto, después de haber sufrido un infarto, para ser sustituido por Stanislaw Kania (5 de septiembre de 1980). Ascendía, en cambio, la figura del jefe de la oposición, Lech Walesa, cuyo centro de actuación era la ciudad de Gdansk (antes Danzig), importante puerto y centro industrial donde las huelgas fueron en continuo crecimiento, irradiando a todo el país.

Simultáneamente, la iglesia católica, cuyo primado era el cardenal Stefan Wyszynski, en continuo contacto con el Papa Juan Pablo II, que antes había sido arzobispo de Krákow (Cracovia) y había visitado Polonia en junio de 1979, mantenía una actitud en dos vertientes: una, aconsejar prudencia y moderación, por el riesgo de violencia o invasión soviética que podría yugular el progreso sindical definitivamente; otra, reclamar continuamente de los Poderes medidas de libertad y respeto a los derechos humanos y extender su protección a los huelguistas y sus líderes. La mayor parte de las huelgas y movimientos de protesta se acompañaban de cánticos y símbolos religiosos. Entre los importantes cambios que se produjeron en los altos cargos oficiales, destacó el nombramiento, por primera vez, de un líder católico al puesto de viceprimer ministro.

El viceprimer ministro, Mieczyslaw Jaglieski, y el jefe de la oposición, Walesa, firmaron un acuerdo de 21 puntos donde se consignaban las reivindicaciones principales del movimiento obrero. En cumplimiento de ese acuerdo se liberaron numerosos detenidos políticos y se abrió un plazo para la legalización de los sindicatos independientes ante el Tribunal de Varsovia: todos ellos se unificaron en el movimiento "Solidaridad" (NSZZ, Sindicato Profesional Independiente Autogestionario), el 22 de septiembre de 1980. El gobierno fue ampliamente renovado, y Kania mantuvo conversaciones con el cardenal Wyszynski (21 de octubre de 1980), quien inmediatamente fue a Roma para consultar la situación con el Papa. El Sindicato Solidaridad fue reconocido por el Tribunal de Varsovia (24 de octubre de 1980), pero indicando que debía reconocer el papel dirigente del POUP y las alianzas internacionales de Polonia (es decir, el régimen comunista y la dependencia ante la URSS). Pocos días más tarde convocaba una huelga general de 24 horas como protesta por incumplimiento, por parte del Gobierno, de los acuerdos de 31 de agosto: aumento inadecuado de salarios, e interferencias en la labor del sindicato libre. Solidaridad interpuso un recurso y advirtió que, de no ser éste aceptado, habría una ola de huelgas. Kania, que había hecho una breve visita a Moscú, advirtió que había "signos de anarquía" en el país y denunció "la manipulación del arma de la huelga". La Conferencia Episcopal (11 de diciembre de 1980) insistió en advertir a todos que no debían "emprender actividades que puedan situar a la patria en una situación de amenaza a su libertad y a su entidad nacional". Los hechos darían la razón a Solidarnosc: el 10 de noviembre el Tribunal Superior de Justicia anuló la decisión del Tribunal local de Varsovia que había registrado el sindicato bajo una cláusula de sumisión al control del partido comunista. La fórmula de compromiso fue la introducción de la cláusula en un anexo a los estatutos de la organización.

Al finalizar el año el movimiento dirigido por el sindicato Solidaridad no había bajado la guardia ante cualquier indicio de violación de los acuerdos del mes de agosto. Moscú seguía con atención los acontecimientos y, el 5 de diciembre, los líderes de los países del Pacto de Varsovia, reunidos en Moscú, manifestaron su esperanza de que Polonia superara la crisis en el contexto de los principios del tratado. Clara advertencia al posible desviacionismo polaco.

  • LAS 21 REIVINDICACIONES

  • Reconocimientos de sindicatos libres e independientes.

  • Garantía de respeto de derecho de huelga.

  • Respeto a las libertades de expresión y publicación.

  • Restablecimiento de los derechos de las personas sancionadas tras los acontecimientos de 1970 y 1976, liberación de los presos políticos y cese de las represalias.

  • Información en los medios de comunicación sobre la creación del comité de huelga interempresas y de sus reivindicaciones.

  • Difusión de las informaciones sobre la situación socioeconómica y posibilitar a todas las capas sociales para participar en las discusiones de un programa de reformas.

  • Pagar a los huelguistas durante todo el periodo de vacaciones.

  • Aumento del salario base en 2.000 zlotys (unas 4.200 pesetas), en compensación por el aumento del precio de carne.

  • Escala móvil de salarios.

  • Introducción de cartillas de racionamiento para la carne hasta la normalización del mercado.

  • Aprovisionamiento del mercado interno de artículos alimenticios y limitación de las exportaciones.

  • Supresión de los precios comerciales y de la venta de divisas en el mercado interno.

  • Designación de directivos basándose en su cualificación y no en su pertenencia al partido. Supresión de los privilegios de las Cuerpos de Seguridad y del aparato del partido mediante la igualdad en las ayudas familiares y la supresión del sistema de ventas especiales.

  • Derecho a la jubilación tras treinta y cinco años de servicio: a los cincuenta, las mujeres, y a los 55, los hombres.

  • Supresión de las diferencias entre los dos sistemas de pensiones y jubilaciones.

  • Mejora en las condiciones de trabajo de la Seguridad Social, a fin de asegurar un buen servicio.

  • Creación de guarderías y jardines de infancia en número suficiente.

  • Extensión del permiso de maternidad durante tres años.

  • Limitación del tiempo de espera par la atribución de vivienda.

  • Aumento de 40 a 100 zlotys (de unas 100 a unas 210 pesetas) de gastos de desplazamiento y aumento de la prima por este concepto.

  • Compensación, en las fábricas que trabajan los sábados, por aumento de salario o por la introducción de días libres.

    • AÑO 1981: ILEGALIZACIÓN DEL SINDICATO SOLIDARIDAD

    Los acontecimientos políticos, durante el año 1981, fueron particularmente críticos. En pocas palabras, significaron el máximo momento de tensión entre las fuerzas populares agrupadas en torno del Sindicato "tolerado" Solidaridad, apoyado por la iglesia, y el aparato gubernamental del Partido, sostenido por el Ejército. El balance final fue la asunción del poder por parte de las fuerzas armadas que decretaron el estado de guerra como único medio para garantizar el orden establecido.

    En la base de toda esta crisis estaba la debilidad del Partido Obrero Unificado (POUP), que no se había resuelto, en modo alguno, con la sustitución de su primer secretario, Edward Gierek, por Stanislaw Kania, en septiembre de 1980. Como consecuencia del auge de la protesta popular y de las propias dificultades internas del Partido, el primer ministro Jozef Pinkowski dimitió de su cargo, el 9 de febrero, antes de haberse cumplido medio año de su mandato. A propuesta de Stanislaw Kania, el ministro de Defensa, general Wojciech Jaruzelski, accedió al cargo de primer ministro, el 11 de febrero, y en su primera alocución al país insistió en evitar todo tipo de actividades de falso anarquismo, que suponían la destrucción del socialismo y, en definitiva, constituían actos contrarrevolucionarios. Para ello propuso un programa de austeridad de diez puntos, que debía suponer el apuntalamiento de la economía polaca amenazada de auténtica bancarrota, aunque retardaba para más adelante algunas de las mejoras sociales que estaban en el origen de las constantes huelgas populares apoyadas por Solidarnosc (Solidaridad). En el plano político, el congreso de Solidaridad pareció que rompía, hasta cierto punto, con la autocensura que se había impuesto desde sus inicios. No sólo reclamó elecciones libres, un referéndum sobre la autogestión y el derecho a presentar proyectos de ley, sino que, en la pura tradición histórica del movimiento obrero internacional, lanzó un llamamiento a los trabajadores de los demás países del bloque soviético para que crearan sus propios sindicatos independientes. El congreso, además, jugó hábilmente con el reconocimiento, por su parte, de las instituciones del país, y en primer lugar del Parlamento (Sejm). Convirtiéndolo en lugar de negociaciones entre el sindicato y el poder (partido), le obligaba a mostrar, en la práctica, que escuchaba la voz del país real que legalmente pretendía representar. El resultado de esa táctica se plasmó, el 25 de septiembre, con la aprobación, por el Parlamento, del proyecto de ley sobre autogestión empresarial: en adelante, los responsables de empresas serían, en su mayoría, elegidos por el conjunto del personal.

    Durante los meses siguientes, la situación se hizo cada vez más insostenible, pues dio origen a la lógica preocupación, por parte de la Unión Soviética, que no estaba dispuesta a tolerar el descrédito del POUP, así como el posible triunfo popular de Solidaridad. Así lo manifestó el ministro de Asuntos Exteriores, Andrei Gromyko, durante la visita que efectuó a Varsovia, a principios de julio. Poco antes, a finales de marzo e inicios de abril, las fuerzas militares del Pacto de Varsovia habían realizado unas operaciones militares en territorio polaco, denominadas Soyuz 81, auténtica advertencia de que la Unión Soviética no permitiría ninguna injerencia exterior en el país, aprovechando la crisis política que vivía Polonia. El esperado 9º Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, que se celebró del 14 al 20 de julio, no confirmó los rumores de una posible dimisión del primer secretario del Partido, Stanislaw Kania, quien, por el contrario, fue reelegido nuevamente. Como era de esperar, durante el Congreso se decretó la expulsión del POUP del ex primer secretario, Edward Gierek, y otros colaboradores a quienes se criticó la política desarrollada durante su mandato. Sin embargo, el 18 de octubre, Stanislaw Kania tuvo que reconocer la pérdida de autoridad en el propio seno del Partido y presentó su dimisión que fue aceptada por el Comité Central, que nombró para sucederle al general Jaruzelski, con lo que acumulaba las funciones de primer ministro y de máximo responsable del POUP.

    En este clima de crisis, la Iglesia católica tenía un primerísimo plano. Por un lado, el líder incuestionado de Solidaridad, Lech Walesa, hacía pública profesión de su fe católica, aceptada por las más altas instancias religiosas, como quedó demostrado en la audiencia que le concedió el Papa Juan Pablo II, el 13 de enero. La presencia de los representantes de la jerarquía también era constante en todas las huelgas y manifestaciones populares, aunque quedaba clara la distinción entre la activa militancia de cierto número de sacerdotes y el papel más moderador y mediador de la jerarquía católica polaca. Por este motivo, la muerte del cardenal primado, Stefan Wyszynski, el 28 de mayo, fue un verdadero duelo nacional, y la elección de su sucesor constituía un delicado problema diplomático por parte del Vaticano. La incógnita se despejó con el nombramiento del joven obispo de Warmia, Josef Glemp, que representaba la línea más mediadora del episcopado, al mismo tiempo que recomendaba cierto distanciamiento de la iglesia de la vida pública y política del país.

    Consciente de la importancia de la Iglesia y del sindicato Solidaridad, que había celebrado su primer congreso nacional a principios de otoño y que supuso la clamorosa reelección de Walesa, el general Jaruzelski se reunió con monseñor Glemp y el sindicalista Walesa, el 4 de noviembre, para discutir a cerca de la posible creación de una plataforma permanente de diálogo entre las fuerzas políticas, sindicales y religiosas. Sin embargo, la dinámica interna de Solidaridad iba necesariamente más allá de los límites que podía tolerar el Gobierno, como se puso de manifiesto, el 11-12 de diciembre, cuando la comisión de coordinación del sindicato, reunida en Gdansk, aprobó la propuesta de celebrar un referéndum nacional, el 15 de enero de 1982, para decidir si sostenía o no su confianza en el Gobierno. La reacción del general Jaruzelski fue inmediata, pues detuvo, en la noche del 12 al 13 de diciembre, al equipo dirigente de Solidaridad, incluido a Walesa, para decretar, el 13 de diciembre, la ley marcial. Con ello cobró todo protagonismo el Consejo Militar de Salvación Nacional instaurado por Jaruzelski, mientras el POUP quedaba relegado a simple espectador de los acontecimientos. Los militares ordenaron asimismo la detención del ex secretario del POUP, Edward Gierek, al mismo tiempo que anunciaron el inicio inmediato de juicios contra los antiguos funcionarios que hubieran aceptado sobornos y practicado la corrupción durante la época de Gierek.

    La proclamación de la ley marcial significó la ocupación militar de Varsovia por el Ejército, con un importante despliegue de carros de combate. Con ello se hizo imposible la revuelta popular, en un primer momento provocada de modo espontáneo como reacción a los acontecimientos. Sólo en Gdansk, 13.000 personas ocuparon durante varios días la plaza Lenin, al mismo tiempo que se constituía una Ejecutiva provisional de Solidaridad en la clandestinidad. Sin embargo, la desproporción de los medios de lucha era tan evidente que el orden público se restableció rápidamente, y las huelgas en las grandes industrias también se fueron suspendiendo, mientras que el general Jaruzelski practicaba una doble política de total exigencia del mantenimiento del orden público y de la normalidad laboral, aunque sin caer en las practicas de represión indiscriminada contra los sindicalistas.

    • DECLARACIÓN FINAL ADOPTADA POR EL I CONGRESO DE SOLIDARIDAD (SEPTIEMBRE-OCTUBRE 1981)

    El objetivo último del sindicato independiente Solidaridad es el crear unas condiciones de vida más dignas en una Polonia soberana económica y políticamente, de una vida liberada de la pobreza, la explotación, el miedo y la mentira, en una sociedad organizada democráticamente y sobre la base del derecho. Hoy en día, la nación está esperando:

  • La mejora del abastecimiento a través de la implantación de un control sobre la producción, la distribución y los precios, en colaboración con el sindicato Solidaridad de los agricultores individuales.

  • Una reforma de la economía, con la creación de auténticos consejos de autogestión en las empresas y la liquidación de la Nomenclatura del partido.

  • La verdad, a través de un control social sobre los medios de comunicación y la supresión de la mentira en la educación y la cultura polacas.

  • La democracia, con la introducción de elecciones libres para la Dieta, y los Consejos del Pueblo.

  • La justicia, asegurando la igualdad de cada uno ante la ley, la liberación de los presos de opinión y la defensa de las personas perseguidas por sus actividades políticas, editoriales o sindicales.

  • La protección de la salud nacional, a través de la protección del medio ambiente, el aumento de los fondos destinados a los servicios médicos y la garantía, para los minusválidos, de los derechos que son suyos en la sociedad.

  • Carbón para la población y la industria, junta a la garantía, dada a los mineros, de condiciones de vida y de trabajo decentes. Conseguiremos estos objetivos con la unidad del sindicato y la solidaridad de sus miembros. Las actividades de diversas fuerzas que crean un sentimiento de peligro exterior no nos quitarán la voluntad de luchar por los ideales de agosto de 1980, por la realización de los acuerdos de Gdansk, Szozecin y Jastrzebie.

    • AÑO 1982: LIBERACIÓN DE LECH WALESA

    La política del general Jaruzelski se confirmó durante los primeros meses del año. El estado de guerra permitió la aplicación de decretos antipopulares, como un reajuste de precios a las condiciones reales de la economía y la institución del trabajo obligatorio, que hubieran provocado amplias protestas, de no existir la ley marcial. Pero, por otra parte, el Consejo Militar no permitió la introducción de prácticas policiacas sino que, al contrario, fue relajando las condiciones de la ley marcial en función del mantenimiento del orden público. Simultáneamente se fueron desarrollando los juicios contra ex funcionarios acusados de corrupción y contra activistas sindicales que habían desempeñado un papel significativo en las huelgas industriales.

    Desde una perspectiva más amplia, el Gobierno preparó, durante el verano, un proyecto de ley que suponía la disolución de los sindicatos y que fue aprobado por el Sejm (Parlamento), el 8 de octubre. Ello provocó un nuevo intento, por parte del clandestino sindicato Solidaridad, de provocar una huelga general en todo el país en los Astilleros Lenin de Gdansk, el 10 de noviembre, segundo aniversario del registro oficial de Solidaridad. La convocatoria, dirigida a todos los miembros de Solidaridad, "a los trabajadores y a todos los sindicatos", se proclamo vinculada a una campaña de no afiliación a los sindicatos patrocinados por el Gobierno, planteando ambas decisiones como "un referéndum nacional en el que la población polaca debe pronunciarse contra la política de represalias, la esclavitud del pueblo, la creciente miseria, así como los treinta y siete años de desastrosa política social y económica". Las reivindicaciones de los huelguistas se concretaban en tres puntos: restablecimiento del sindicato Solidaridad, liberación de Lech Walesa y amnistía para los condenados tras la declaración del estado de sitio. Los días inmediatos a lo que se suponía debería de ser una fecha de gran tensión social provocó un fuerte nerviosismo en toda Polonia, aunque la respuesta que obtuvo la llamada a la huelga fue inexplicablemente baja, aparte manifestaciones obreras minoritarias, en las que no se reunieron más de 3.000 personas, en Varsovia, que había aparecido, aquel día, totalmente ocupada por las fuerzas del Ejército y de la policía.

    El fracaso de la huelga general fue aprovechado por el general Jaruzelski para dar nuevas muestras de moderación, como la liberación del Lech Walesa, el 12 de noviembre, once meses después de su detención. En un discurso televisado también anunció, el 12 de diciembre, aniversario de la proclamación de la ley marcial, que la situación política del país había evolucionado de modo suficiente para aconsejar su suspensión antes de fin de año, aunque ciertos detenidos en aplicación de la ley marcial, deberían pasar a la jurisdicción ordinaria para ser juzgados de sus supuestos delitos. Un nuevo paso fue franqueado, en vísperas de Navidad, con la disolución de los campos de internamiento que se habían creado con motivo de las detenciones realizadas a partir de diciembre de 1981 y por lo que habían pasado más de 10.000 detenidos. Los últimos 200 internados fueron liberados, aunque a varios de ellos se les encarcelara nuevamente por supuestas actividades clandestinas relacionadas con el sindicalismo. Finalmente, la medianoche del 30 de diciembre se suspendió la ley marcial, durante cuyo transcurso, según fuentes del Ministerio del Interior polaco, 15 personas habían muerto y casi un millar habían sido heridas. La Comisión Provisional de Coordinación de Solidaridad anunció la anulación de las acciones de protesta convocadas aludiendo a "una nueva situación política en el país", y calificando a la liberación de Walesa y el anuncio de la visita del Papa como un armisticio.

    En cuanto a las múltiples detenciones efectuadas durante el período, se demostró la eficacia de la metodología empleada por los militares, consistente en masivos internamientos del mayor número posible de participantes en actos clandestinos, para ser liberados en su mayor número a las pocas horas de su detención.

    Los graves acontecimientos que vivió Polonia durante el bienio significaron su alejamiento de la vida internacional. Por el contrario, la lucha entre el Gobierno y el sindicato Solidaridad fue atentamente seguida desde el mundo occidental y la declaración de la ley marcial considerada, por Estados Unidos y sus aliados, como un verdadero atropello a las libertades de los ciudadanos. La Administración Reagan anunció una serie de penalizaciones económicas contra Polonia y la Unión Soviética y exigió a los aliados europeos que participaran en al boicot. Los países de Europa occidental, aunque condenaron los acontecimientos polacos, consideraron desmesurada la reacción estadounidense, principalmente en su exigencia de boicotear los intercambios comerciales con el COMECON y, de modo muy particular, la suspensión de asistencia tecnológica para la construcción del gasoducto siberiano que debería llevar gas natural a los principales países de Europa occidental.

    Por sus especiales connotaciones polacas, la decisión del Papa Juan Pablo II de renunciar a su proyectado segundo viaje a Polonia, en el verano de 1982, tuvo amplia resonancia en todo el país, pese al anuncio efectuado por el primado de Polonia, monseñor Glemp, el 8 de noviembre, después de un viaje al Vaticano y de una entrevista con el general Jaruzelski, que confirmaba la nueva visita del Papa a su país natal, a mediados de junio de 1983.

    Finalmente, hay que recordar que durante el otoño de 1982, varias embajadas de Polonia en distintos países occidentales fueron objeto de atentados, entre los que destacó la ocupación de la embajada polaca en Berna, del 6 al 9 de septiembre.

    • AÑOS 1983-84: WALESA, PREMIO NOBEL DE LA PAZ

    El bienio 1983-84 significó la progresiva distensión de la crispación provocada por la proclamación de la ley marcial, del 13 de diciembre de 1981, suspendida el 31 de diciembre de 1982. En este sentido, fue significativo el discurso pronunciado por el general Jaruzelski, el 26 de febrero de 1983, ante los miembros del Partido Unido de los Trabajadores Polacos, en el que no ahorró críticas contra el Partido Gubernamental, totalmente desacreditado ante la población. Como dato significativo, el PUTP había perdido un tercio de sus militantes, durante el periodo 1980-81 (alrededor de 800.000 bajas). De hecho, la ley marcial había sido una grave decisión política tomada por el Ejército, para impedir que Solidaridad se transformara en el auténtico partido de los trabajadores de Polonia, en detrimento del partido comunista oficial, lo que hubiera supuesto una intervención militar soviética para preservar la unidad del Pacto de Varsovia.

    La real política de distensión promovida por el general Jaruzelski fue positivamente interpretada por la oposición, y de manera muy particular por la influyente jerarquía católica. Desde este punto de vista, puede hablarse de auténtica colaboración entre el primado católico, el cardenal Glemp, y el general Jaruzelski, el primer ministro interesado en que Polonia pudiera firmar un concordato con el Vaticano. Así se explica, por ejemplo, que el Gobierno invitara al Papa Juan Pablo II, para que realizara un segundo viaje oficial a su patria, en junio de 1983, ocasión que favoreció dos encuentros entre el Pontífice y el general Jaruzelski. El Papa fue autorizado a recibir la visita del líder de Solidaridad, Lech Walesa, quien demostró, a lo largo del bienio, un creciente sentido de moderación, incluso en el momento de ser galardonado con el premio Nobel de la Paz, el 5 de octubre de 1983. Un grave suceso enturbió las relaciones Iglesia-Estado en octubre de 1984, cuando el sacerdote Jerzy Popieluszko, vehemente crítico de la política gubernamental, fue secuestrado por unos desconocidos. Once días más tarde, el 30 de octubre, su cuerpo fue encontrado ahogado, en el fondo de un depósito. En esta ocasión, el general Jaruzelski obró con inusual energía, deteniendo a cuatro mandos policiales, directamente acusados de asesinato en un juicio público que se inició el 27 de diciembre de 1984.

    Otra clara muestra de la distensión lograda a través de los dos años fue la renovada presencia de personalidades políticas occidentales en Varsovia, interrumpida desde diciembre de 1981. El primer político que viajó a Polonia fue el ministro austríaco de Asuntos Exteriores, Leopold Graz, en octubre de 1984. Antes de finalizar el año, su ejemplo había sido seguido por el primer ministro griego, Andreas Papandreou y por el subsecretario de Estado para Asuntos Exteriores y de la Commonwealth británico, Malcolm Rifkind. Sin embargo, el anunciado viaje del ministro de Asuntos Exteriores de la República Federal de Alemania, Hans-Dietrich Genscher fue anulado in extremis, en noviembre. Según estimaciones polacas, la decisión de sanciones económicas decretadas por los países occidentales contra Polonia había significado pérdidas por valor de 12.500 millones de dólares estadounidenses, durante el bienio 1982-83.

    En las elecciones regionales del 17 de junio de 1984, y a pesar del temor a represalias, el 25% del cuerpo electoral se abstuvo según la llamada de la Comisión Clandestina de Solidaridad (TKK). Los sindicatos oficiales, nacidos en otoño de 1982, contaban con muy pocos afiliados: en 1983, solo 5.000 contra los diez millones de antaño de Solidaridad.

    • AÑOS 1985-86: PRIMERAS ELECCIONES PARLAMENTARIAS DESDE 1981

    El año 1985 se inició con la celebración del juicio contra los supuestos autores del asesinato del sacerdote Jerzy Popieluszko, en octubre de 1984, que había conmovido a la opinión pública de todo el país. El veredicto del Tribunal era esperado para saber hasta qué punto se castigaría sobre los auténticos instigadores del asesinato. El primer punto quedó aclarado, ya que el Tribunal dictó sentencias de hasta 25 años de cárcel contra los principales encausados, el coronel Adam Pietruszka (vicedirector del departamento de asuntos eclesiásticos del Ministerio del Interior) y el capitán Grzegorz Piotrowski, responsable material del atentado. En cambio, la decisión del Tribunal parecía eliminar cualquier responsabilidad a un nivel superior, en palabras del propio primer secretario general del partido, general Wojciech Jaruzelski, quien afirmó, el 12 de febrero de 1985 tras conocerse la sentencia, que se había hecho completa injusticia. Pese a todo, la posterior dimisión del general Zenon Platek, máximo responsable de los asuntos religiosos en el Ministerio del Interior, pareció confirmar que el coronel Adam Piertuszka sólo había actuado con pleno conocimiento de sus superiores, pese a que se le atribuyera oficialmente la máxima responsabilidad del crimen.

    Otro acontecimiento político del año fue la celebración de elecciones para el Sejm (Parlamento) que tuvieron lugar el 13 de octubre y que debían servir para demostrar a la opinión pública que el régimen había superado con éxito la confrontación con el sindicato Solidaridad, que había impedido las previstas elecciones en 1984. Pese a que, según opinión de Solidaridad, la participación fue menos masiva que el 78% avanzado por el Gobierno, las elecciones se celebraron sin incidentes y el Gobierno decidió aplicar una amnistía para dar un nuevo paso cara a la reconciliación nacional entre todos los ciudadanos. El 6 de noviembre, día de la formación del nuevo Parlamento, fue la fecha escogida para nombrar al general Jaruzelski como nuevo jefe del Estado, en sustitución de Henryk Jablonski, mientras que el cargo de presidente del Consejo de Ministros era confiado al economista Zbigniew Messner, considerado un tecnócrata del partido. El nuevo Parlamento contaba, además de los representantes de los partidos comunistas legales, 16 independientes incluidos algunas personalidades afines a la Iglesia católica.

    Finalmente, del 29 de junio al 3 de julio de 1986 se celebró el 10º Congreso del Partido de los Trabajadores Unificado de Polonia, con una amplia representación de otros partidos comunistas extranjeros y la esperada de otros partidos comunistas extranjeros y la esperada presencia del secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov. El acto sirvió para consolidar el equipo dirigido por el general Jaruzelski, quien contó con el pleno apoyo de Gorbachov.

    El dirigente soviético aprovechó su estancia en Varsovia para insistir en sus proyectos de paz y desarme y de mayor diálogo entre los países socialistas y el mundo occidental. El Congreso reeligió al general Jaruzelski como primer secretario del partido y renovó ampliamente la composición del Comité Central.

    Un nuevo indicio del cambio de actitud del Gobierno fue la concesión de una amplia amnistía, en septiembre de 1986, gracias a la cual la mayor parte de los detenidos del sindicato Solidaridad recobraron la libertad incluido el líder Zbigniew Bujak, detenido el 31 de mayo de aquel mismo año, después de burlar durante cinco años la acción de la policía. Con esta decisión, el Gobierno pretendía demostrar que la influencia del sindicato clandestino era cada vez más insignificante y daba un nuevo paso para lograr un mayor nivel de cooperación entre todas las fuerzas vivas del país para luchar contra los problemas económicos que eran considerados los más importantes para la nación. En este mismo sentido, el periódico católico Tygodnik Powszechny (“Semanario Universal”) publicó, el 26 de octubre de 1986, un manifiesto de líderes católicos y sindicalistas -incluido Lech Walesa- a favor de un relanzamiento de la economía nacional y solicitando la colaboración de todos los países tanto del bloque socialista como del occidental.

    • AÑOS 1987-88: IMPORTANTES HUELGAS E INTENTO DE LEGALIZACIÓN DE SOLIDARIDAD

    Durante el año 1987 las dificultades económicas fueron el principal enemigo del régimen del general Wojoiech Jaruzelski mientras el conjunto de la población contemplaba con escepticismo los inútiles esfuerzos del Gobierno para conseguir que los ciudadanos pudieran alcanzar un nivel de vida semejante, como mínimo, al de hacia diez años. Para todo el mundo era evidente la necesidad de un cambio, que suponía, como condición ineludible, el incremento de la tecnología y capitales occidentales y una reforma de los precios. Pero este proyecto exigía la renegociación de la deuda exterior polaca (estimada en unos 38.000 millones de dólares por lo que se refiere a la deuda convertible en divisas occidentales y en 6.700 millones de rublos en cuanto a la que mantenía con otros países socialistas) y, para sus acreedores occidentales, su renegociación exigía mayores cotas de libertad política. Por todo ello, en otoño de 1987, el Gobierno decidió convocar un referéndum nacional para que la población aprobara un reajuste económico (en función del plan quinquenal 1986-1990) que supondría un nuevo programa de austeridad durante los tres próximos años. Como contrapartida, en el referéndum también se proponía incrementar el modelo polaco de autonomía, aunque sin reconocer ni la existencia legal de Solidarnosc (Solidaridad) ni mucho menos de otros partidos políticos distintos del gubernamental Partido Obrero Unificado Polaco (POUP). El referéndum demostró el grado de alejamiento de la población con relación al régimen, ya que no logró el mínimo constitucional del 51% de “síes” del conjunto del electorado, debido a que el índice de participación fue del 67,3% y el número de votos afirmativos se elevó al 66,04% en las cuestiones económicas y al 69,03% en las cuestiones políticas. Con todo, el Gobierno declaró que el resultado del referéndum era suficiente para continuar su programa de reformas, mientras Solidaridad (que había propugnado la abstención) reconocía que sus consignas habían sido seguidas con menos amplitud de lo inicialmente esperado.

    Poco antes del referéndum, el 24 de octubre, el Sejm (Parlamento) aprobó un cambio de Gobierno -siempre dirigido por el primer ministro Zbigniew Messner- cuyo principal protagonista fue el profesor Zdzislaw Sadowski (un renombrado economista que no era miembro del Partido), que ocupó la primera vicepresidencia del Gobierno y la cartera de la Planificación. Su presencia en el Gabinete era un claro signo de la voluntad política del régimen de modernizar la economía de Polonia de manera más acorde con las doctrinas vigentes en el mundo occidental.

    La entrada en vigor de importantes aumentos en los precios de productos de primera necesidad, a partir de febrero de 1988, originó manifestaciones de descontento que culminaron a finales de abril en las más importantes huelgas que se registraban en el país desde el inicio del régimen del general Jaruzelski, en 1981. A mitad del verano se registraron nuevas huelgas en la región minera de Silesia y, en esta ocasión, las fuerzas de la policía resultaron impotentes para controlar a los obreros descontentos, quienes exigieron la legalización del sindicato Solidaridad. El Gobierno comprendió que la negociación con los dirigentes del sindicato ilegal era inaplazable, y el ministro del Interior, general Czeslaw Kiszozak, inició conversaciones con Lech Walesa, el 31 de agosto. Por su parte -con una decisión insólita en el mundo socialista-, el primer ministro Messner presentó la dimisión de su Gobierno, el 19 de septiembre, al mismo tiempo que reconocía la incapacidad del Ejecutivo para resolver la crisis económica que afectaba a Polonia. Su sucesor, Mieczyslaw Rakowski, presentó un nuevo gabinete -el 13 de octubre- en el que dominaban jóvenes tecnócratas y se incluía a algunos oponentes al régimen, en un nuevo intento de luchar contra el sentimiento general de fracaso que alcanzaba a las propias filas del partido.

    El 30 de noviembre de 1988 los polacos pudieron contemplar por televisión el primer debate directo entre el presidente del sindicato oficial, Alfred Miodowicz, y el líder de Solidaridad, Lech Walesa. Pocos días más tarde, durante la celebración del pleno del Comité central del POUP, tanto Jaruzelski como Rakowski defendieron la necesidad de legalizar nuevamente el sindicato Solidaridad, para obtener el amplio consenso social que exigía el programa de reforma económica que necesitaba Polonia.

    Durante el bienio, distintas personalidades políticas visitaron Polonia y fueron testigos excepcionales del proceso evolutivo que vivía el país. En septiembre de 1987 estuvo en Varsovia el vicepresidente de Estados Unidos, George Bush, quien mantuvo contactos con el cardenal Glemp y el líder sindicalista Lech Walesa, además de anunciar que Estados Unidos restablecería relaciones diplomáticas oficiales con el Gobierno del general Jaruzelski. En julio de 1988, el líder soviético Mijail Gorbachov fue calurosamente recibido por el Gobierno polaco y reafirmó la necesidad de proseguir el programa de reformas políticas y económicas que se había propuesto el régimen. Sin embargo, sólo aludió de manera indirecta a la revisión que las autoridades polacas estaban efectuando de la historia reciente de su país, en la que se denunciaba la invasión de Polonia por las tropas de Stalin, las matanzas de polacos en la selva de Katyn (en 1940) y las masivas deportaciones de ciudadanos a la Unión Soviética que tuvieron lugar a principios de la Segunda Guerra Mundial. Otra de las visitas destacadas del bienio fue la que efectuó la primera ministra británica, Margaret Thatcher, a principios de noviembre de 1988. La estadística británica no tuvo ningún inconveniente en mostrar su total apoyo al sindicato Solidaridad y se entrevistó con varios de dirigentes de la organización (incluido Lech Walesa) en la misma sede que el sindicato había utilizado clandestinamente en la ciudad de Gdansk. Sin embargo, este respaldo de la primera ministra británica a los sindicatos polacos fue criticado por las organizaciones sindicales británicas, quienes aprovecharon la ocasión para poner en guardia a sus colegas de Polonia sobre la política regresiva que seguía el Gobierno conservador en los asuntos laborales británicos.

    Con todo, el viaje más importante fue el que efectuó -en junio de 1987- el Papa Juan Pablo II, quien visitó por tercera vez su país natal. En esta ocasión, tanto el Gobierno como la Iglesia intentaron limar las discrepancias que les oponía, y el Papa evitó apoyar directamente al sindicato Solidaridad, aunque multiplicó las citas sobre la necesaria "solidaridad" que debía regir la reconquista de los derechos humanos en Polonia. Para evitar una entrevista directa con Lech Walesa, el Papa le recibió en la residencia del arzobispo de Gdansk como a padre de familia, con su esposa y sus ocho hijos.

    • AÑO 1989: LEGALIZACIÓN Y TRIUNFO DE SOLIDARIDAD

    Desde principios de año, las autoridades comunistas decidieron iniciar conversaciones con el sindicato clandestino Solidaridad (Solidarnosc) ante la evidencia que la única forma realista de superar la profunda crisis económica y social que vivía el país era la de lograr un entendimiento con los seguidores de Lech Walesa. El sindicato clandestino reaccionó con prudencia pero, después de una entrevista entre Walesa y el ministro del Interior, general Czeslaw Kiszczak, celebrada el 27 de enero, las dos partes decidieron iniciar una "mesa redonda" de negociaciones a partir del próximo 6 de febrero. La sesión inaugural de la "mesa redonda" fue objeto de un importante tratamiento televisivo como prueba de la buena voluntad del Gobierno en las negociaciones. Finalmente, después de dos meses de largas discusiones, el día 5 de abril se firmó el documento del acuerdo logrado que incluía, entre los puntos más destacables, la legalización de asociaciones políticas y sindicatos independientes, la reforma del sistema parlamentario y la independencia de la jefatura del Estado del liderazgo del Partido Obrero Unificado de Polonia (POUP). A partir de esta reforma política, Solidaridad se comprometía a colaborar con las autoridades comunistas en un plan pactado de reformas sociales y económicas en las que la población debería participar, una vez más, aceptando un duro programa de austeridad. El Parlamento polaco (Sejm) votó dos días más tarde las enmiendas constitucionales que exigía el pacto y Solidaridad fue oficialmente legalizada nueve años después de su fundación en los astilleros de Gdansk. Por su parte, Lech Walesa viajó a Roma para informar al Papa Wojtila de los acuerdos logrados y para solicitar a las autoridades italianas su apoyo en el proceso democrático que vivía Polonia. Poco después, el 17 de mayo, el Sjem legalizó la existencia de la Iglesia católica y aprobó el esquema por el que se deberían regir a partir de entonces las relaciones entre la Iglesia y el Estado.

    El 4 de junio tuvo lugar la primera vuelta de las elecciones legislativas según la nueva distribución de escaños pactada en abril: 100 escaños de libre elección para un Senado de nueva creación (con derecho a veto de los acuerdos del Sejm que no hubieran obtenido los dos tercios de los votos) y un Sejm de 460 escaños, de los cuales 299 quedaban reservados para los candidatos de las organizaciones oficiales y los 161 restantes para los candidatos de la lista de Solidaridad. Al darse a conocer los resultados de la primera vuelta (con una participación del 62% del electorado) se confirmó el gran triunfo de Solidaridad en el Senado, al mismo tiempo que el POUP sufría una gran derrota al no lograr ni siquiera un escaño. Una lista única de 35 personalidades políticas comunistas también fue boicoteada por los electores, por lo que ni el primer ministro, Mieczyslaw Rakowsdi, ni el ministro del Interior, Czeslaw Kiszczak, pudieron -al igual que otros 33- ganar el correspondiente escaño en el Sejm (lo que obligó a nuevas negociaciones entre el Gobierno y Solidaridad para poder garantizar el triunfo de una nueva lista en la segunda vuelta). Después de esta segunda vuelta, que tuvo lugar el 18 de junio con una escasa participación de sólo el 25,3% del electorado, la nueva Asamblea Nacional quedó constituida del siguiente modo: un Senado de 100 miembros (99 de Solidaridad y 1 independiente) y un Sejm de 460 (173 del POUP, 161 de Solidaridad, 76 del Partido Campesino Unificado, 27 del Partido Democrático y 23 de los grupos católicos aliados al POUP). Por consiguiente, el POUP quedaba a merced de Solidaridad en la futura legislatura, ya que -incluso en el caso hipotético de lograr la adhesión de todos los representantes de sus partidos aliados en el Sejm -no podía conseguir la mayoría de los dos tercios que imposibilitaría un veto del Senado, absolutamente controlado por Solidaridad.

    El otro gran tema candente de la reforma política polaca era la elección del primer presidente de la República con unos poderes ejecutivos pactados también en abril y que lo asemejaban al presidente de la República Francesa. En un primer momento, el general Jaruzelski anunció que su pasado político como máximo responsable de la represión de 1981 le incapacitaba para el cargo aunque finalmente -después de largas negociaciones con los miembros de POUP, los líderes de los partidos aliados y los dirigentes de Solidaridad- aceptó la candidatura al considerar todas las partes implicadas que era la única posible en el momento político que vivía el país. La elección tuvo lugar, el 19 de julio, en una sesión conjunta de las dos Cámaras. Jaruzelski logró únicamente 270 votos favorables y fue elegido presidente por el escasísimo margen de un vota gracias a que un grupo de siete parlamentarios de Solidaridad emitieron votos inválidos al percatarse de que peligraba su elección (ya que si todos los 544 parlamentarios presentes hubieran emitido un voto válido, Jaruzelski hubiera necesitado 273 votos a favor). Siempre de acuerdo con los pactos preestablecidos, Jaruzelski dimitió del cargo del primer secretario del POUP, el 29 de julio, y -de acuerdo con sus recomendaciones- el Comité Central del partido eligió como su sucesor al primer ministro, Mieczyslaw Rakowski.

    Desde el momento que fueron públicos los resultados de las elecciones generales de junio, el general Jaruzelski afirmó públicamente que la situación política de Polonia exigía la formación de un Gobierno de unidad nacional con participación de todos los partidos existentes, incluido Solidaridad. Sin embargo, el movimiento sindicalista de Walesa temía colaborar con los comunistas para no verse envuelto en un fracaso más que probable si el futuro Gobierno no iniciaba radicales reformas dentro de una opción de economía de mercado y pluralismo político. Por consiguiente, después de la elección de Jaruzelski a la jefatura del Estado y de sustitución en la cúpula del POUP por el hasta entonces primer ministro Rakowski, el presidente Jaruzelski se vio obligado a pedir al general Czeslaw Kiszczak (el ministro del Interior que no había logrado ser elegido miembro del Sejm, al igual que la mayoría de otros altos cargos comunistas de la lista oficial rechazada por los electores) que intentará formar un nuevo Gabinete. Al no lograrlo (debido a la oposición tanto de Solidaridad como de los otros partidos aliados de los comunistas), Kiszczak propuso como su sucesor al líder del Partido Campesino Unido, Roman Malinowski, quien no tenía ninguna posibilidad de formar Gobierno ya que los propios militantes de su partido lo consideraban excesivamente anclado en el pasado. Finalmente, el 20 de agosto, el candidato de Solidaridad Tadeusz Mazowiecki (un intelectual católico responsable de la edición del semanario de Solidaridad Tygodnik Solidarnosc) empezó a su vez las negociaciones para formar un Gobierno de coalición, el cual quedó definitivamente constituido, el 12 de septiembre, con 24 ministerios: la mitad en manos de Solidaridad y la otra mitad repartidos entre miembros de los tres partidos que durante los últimos cuarenta años habían constituido el bloque de los anteriores Gobiernos comunistas. Entre los puntos más delicados den la elección del nuevo Gabinete estuvo la ratificación de los generales comunistas Kiszczak y Siwicki en los cargos de ministro del Interior y de Defensa, respectivamente, decisión en la que intervino personalmente -según trascendió a la opinión pública- el propio líder soviético Mijail Gorbachov, quien aceptó la formación de un Gobierno mayoritariamente no comunista en Polonia a condición de que estas dos estratégicas carteras continuaran de momento bajo control del POUP. La primera intervención de Mazowiecki en el Sejm sirvió para presentar un programa de gobierno en el que Polonia introduciría progresivamente la economía de mercado al mismo tiempo que respetaría los compromisos actuales en el seno del Pacto de Varsovia. Como consecuencia del extraordinario esfuerzo de los últimos días, Mazowiecki tuvo que interrumpir su discurso para que un equipo médico lo reanimara de un agotamiento momentáneo, lo que le permitió ironizar sobre el delicado estado de su salud a la que comparó con la de la maltrecha economía nacional.

    En efecto, una vez pasada la primera euforia de la formación de un Gobierno mayoritariamente no comunista, los polacos se enfrentaron nuevamente con una economía al borde de la bancarrota, la cual -pese a unas cosechas agrícolas inmejorables en 1989- prácticamente no había experimentado ningún crecimiento (0,2%), al mismo tiempo que la hiperinflacción había sido del 640% según las estimaciones gubernamentales. En diciembre de 1989, el ministro de finanzas, Leszek Balcerowicz, presentó al Sejm un programa de reformas económicas -preparado con el Fondo Monetario Internacional- con el que esperaba iniciar el saneamiento de la economía nacional aunque suponía una reducción del 25% de los salarios reales, la devolución del zloty (cuya paridad en relación al dólar había pasado, en sucesivas devaluaciones, de 1441 zlotys por dólar en septiembre a 6500 a fines de año) y la supresión de ayudas a empresas estatales no rentables pese a que esta iniciativa supusiera un para estimado de más de 400.000 trabajadores a partir del siguiente año. También anunció un acuerdo económico con el FMI para la concesión de créditos inmediatos por valor de 725 millones de dólares, aunque las estimaciones más comunes eran las que valoraban en 10 mil millones de dólares las necesidades de la reconversión de la economía nacional (cifra muy por encima de la totalidad de posibles créditos e inversiones procedentes del mundo occidental).

    Una de las consecuencias de los cambios políticos del año 1989 fue la reactivación del antiguo Partido Campesino Polaco (creado en 1946 y obligado a transformarse en el Partido Campesino Unificado desde 1949) bajo el liderazgo de Franciszek Kaminski. El Partido Campesino Unificado quiso también asumir el primitivo nombre, en un congreso extraordinario que tuvo lugar a finales de noviembre, aunque finalmente tuvo que añadir la apelación "rebautizado", al no lograr un entendimiento con el partido de Kaminski. Por su parte, un sector de la denominada "Solidaridad Rural" también fundó el Partido Campesino Polaco-Solidaridad, con lo que, a finales de 1989, existían tres grupos políticos reivindicando las mismas siglas históricas. También hay que señalar que, a falta de otro nombre más adecuado, el grupo de parlamentarios de Solidaridad adoptó (después de las elecciones generales de junio) al apelativo "Club Parlamentario de Ciudadanos". A escala más general, la Asamblea Nacional decidió -el 30 de diciembre- cambiar el nombre oficial del país que pasó a denominarse simplemente "República Polaca" en vez de "República Popular Polaca" como se denominaba desde 1947.

    La reacción internacional a los acontecimientos de Polonia fue muy favorable en la mayor parte de los países del mundo, y de modo muy particular en los del bloque occidental. En cuanto a los restantes países del bloque socialista, la gran mayoría adoptó una actitud de prudencia a ejemplo de la Unión Soviética, que marcó la pauta considerando que todos estos cambios eran cuestión interna de Polonia en la que no debían intervenir los otros países del Pacto de Varsovia. La actitud más receptiva vino desde el primer momento de Hungría, mientras que Checoslovaquia y la República Democrática Alemana seguían con prevención el proceso polaco. Sin embrago, con la precipitación de los acontecimientos de Europa oriental a lo largo del otoño de 1989, paradójicamente Polonia se vio superada por algunos de sus vecinos en el desmantelamiento del Estado comunista al finalizar el año.

    Un tema especialmente delicado y polémico en el contexto de los cambios que tenían lugar en Polonia y en su entorno europeo fue el de la reivindicación de sus antiguas fronteras.

    • AÑO 1990: WALESA INVESTIDO PRESIDENTE DE POLONIA

    La actualidad política fue particularmente agitada, durante el año 1990, debido sobre todo al creciente antagonismo que surgió entre el primer ministro Tadeusz Mazowiecki y el presidente de Solidarnosc (Solidaridad), Lech Walesa, sobre el ritmo que debía imprimirse al calendario de reformas políticas iniciado el año anterior. Las distintas tendencias existentes en el seno del sindicato Solidaridad afloraron, en abril, con motivo de la celebración de la segunda conferencia nacional (la primera que tenía lugar después de la que se había celebrado en 1981 con motivo de la legalización por el Gobierno Jaruzelski). En primer lugar, se produjeron vivos debates sobre el tema de la conveniencia o no de que Solidaridad se transformara en un partido político con vistas a futuras elecciones, aunque finalmente se impuso el criterio a favor de permanecer como un simple sindicato, quedando abierta la puerta a nuevos partidos políticos promovidos por los miembros que así lo desearan. En cuanto al sindicato propiamente dicho, Walesa se impuso sin dificultad como nuevo presidente (con el 77% de los votos), a pesar de haber recibido críticas sobre su excesivo personalismo y haber tenido que rechazar la propuesta de Mazowiecki que preconizaba una estructura menos centralizada en los máximos órganos del sindicato. Sin embargo, las diferencias entre Walesa y el primer ministro surgieron, sobre todo, en el debate sobre el calendario de reformas políticas, ya que Walesa abogó por un proceso más rápido, mientras que Mazowiecki consideraba que la urgencia prioritaria era mantener el consenso político actual mientras proseguía la reforma económica en curso.

    Después de la conferencia nacional, Walesa y sus partidarios crearon, en mayo, la Alianza de Centro, con vistas a las próximas elecciones legislativas. Por su parte, los partidarios del Gobierno también fundaron, el 28 de julio, el Partido de Acción Democrática para el Movimiento de los Ciudadanos (conocido por sus siglas en polaco ROAD, Ruch Obywatelski-Akeja Demokratyczna), mientras aumentaban las desautorizaciones mutuas entre Walesa y Mazowiecki. Así, por ejemplo, ambos líderes manifestaron públicamente sus divergencias, el 31 de julio, cuando se celebró un gran mitin popular en los históricos astilleros de Gdansk para conmemorar el 10º aniversario de los acuerdos de 1980. En aquella ocasión, Walesa justificó la necesidad de transformarse ya en el nuevo presidente de Polonia, al considerar que el papel del general Jaruzelski había quedado absolutamente superado por la evolución de los acontecimientos, mientras que Mazowiecki opinaba que era preferible consensuar un nuevo texto constitucional a partir del cual se celebraran por sufragio universal las elecciones presidenciales y legislativas.

    Para adaptarse también a nuevas realidades, los comunistas decidieron celebrar a finales de enero el 11º y último congreso del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP), cuyo único objetivo fue autodisolverse para volver a unirse como congreso fundacional del partido que lo sustituyera. Después de múltiples discusiones, se impuso la tendencia de las nuevas generaciones y se creó la llamada Social Democracia de la República de Polonia (SDRP), que eligió como nuevo secretario general a Aleksander Kwasniewski, quien era uno de los más conocidos partidarios de un mayor acercamiento hacia Solidaridad y a la Internacional Socialista (mientras se elegía como presidente a un clásico funcionario del sistema, Leszek Miller). Sin embargo, a falta de un claro consenso, al mismo tiempo que la SDRP también se crearon otros partidos, incluida la Unión Social Democrática de Tadeusz Fiszbach, quien había exigido una clara ruptura institucional del POUP.

    De hecho, desde principios de 1990, Polonia vivía un proceso de discusión política generalizada que supuso la creación de numerosos partidos. El 24 de mayo, el Sejm (Cámara de los Diputados) reconoció el hecho con la aprobación de una ley sobre partidos políticos. Pocos días antes, las distintas facciones del antiguo Partido Campesino Polaco llegaron a un acuerdo para su reunificación -a excepción de la rama Solidaridad- bajo el liderazgo de Roman Bartoszcze (precisamente uno de los representantes de Solidaridad que abandonó el PCP-Solidaridad con otros partidarios de la reunificación). El Partido Campesino Polaco reunificado consiguió su primer triunfo, el 27 de mayo de 1990, cuando se colocó como el primer partido en sentido estricto que obtuvo mayor representación en las elecciones municipales que se celebraron en aquella fecha (6,5% de los escaños en litigio), ya que si Solidaridad fue el gran vencedor de los comicios (41% de los escaños), lo hizo a través de múltiple "Comités de Ciudadanos" de carácter informal. En estas elecciones municipales -las primeras después de la Segunda Guerra Mundial- sólo se registró una participación del 42% del electorado, lo que fue interpretado, precisamente en un momento en que se registraba la primera huelga nacional de ferroviarios, como un claro aviso sobre el creciente desencanto popular de los ciudadanos al comprobar el descenso de su nivel de vida (estimado en un 30%) como consecuencia de las medidas de austeridad del Gobierno, aprobadas por el Sejm en diciembre del año anterior.

    Los primeros resultados del programa económico del ministro de Finanzas Leszek Balcerowicz habían sido, sin embargo, espectaculares. La convertibilidad de la moneda nacional había hecho desaparecer el mercado negro de los dólares y estabilizado el cambio de la divisa norteamericana a 9500 zlotys por dólar. La liberalización del comercio también había provocado el aprovisionamiento de los mercados y tiendas (en detrimento de los antiguos almacenes estatales) aunque los polacos veían con amargura como habían pasado de una penuria de mercancías a una penuria de dinero. Como contrapartida, la inflación también pasó del 640% (en 1989) a un índice mensual de sólo el 3,4% en junio de 1990. Las medidas gubernamentales también habían logrado una drástica reducción de las importaciones (con lo que se dio un saldo positivo de la balanza comercial) y el incremento de la reserva de divisas. En cambio, la economía tuvo un crecimiento negativo del -14%, en 1990, como consecuencia de la inadecuación del aparato productivo a los cambios que exigía el país, en un momento en que se multiplicaban las dificultades en todo la Europa oriental. Una de las principales prioridades del Gobierno fue la renegociación de la deuda exterior (41.000 millones de dólares, de los cuales 27.000 millones con el Club de París) y la obtención de nuevos créditos internacionales. Gracias a las buenas relaciones existentes con el Fondo Monetario Internacional, en febrero de 1990 se lograron créditos de urgencia por valor de 1.000 millones de dólares, a los que siguieron otras aportaciones provenientes de la mayoría de los países occidentales interesados en apoyar el proceso político polaco (incluido un crédito de origen español por valor de 14 millones de dólares). El 13 de julio, el Sejm también aprobó la esperada ley sobre la privatización de las empresas nacionales y, a partir de diciembre, la televisión polaca emitió diariamente propaganda publicitaria sobre la venta de acciones de los primeros consorcios que había que privatizar (siderúrgicos, electrónicos, etc.).

    El sector de Solidaridad más próximo a Lech Walesa consideraba que Polonia debía acelerar la evolución política, ya que los pactos existentes con los comunistas eran cada vez menos aceptados por la gran mayoría de la población. El primer ministro Mazowiecki cedió a las críticas de Walesa y, el 6 de julio de 1990, efectuó una reestructuración del Gabinete y cesó a los ministros del Interior, Defensa y Transportes, tres de los cuatro comunistas que formaban parte de su Gobierno (conservando sólo al de Comunicaciones, debido a la presión del Sejm). Sin embargo, la gran victoria de Walesa fue lograr que el conjunto de los principales partidos políticos forzaran al presidente Jaruzelski a proponer al Sejm, en septiembre, una enmienda constitucional para que se anticiparan las elecciones presidenciales antes de finales de 1990 (es decir, cuando todavía faltaban casi seis años para finalizar el mandato del propio Jaruzelski). La enmienda constitucional fue aprobada por la gran mayoría y, después de haberse aprobado la ley que establecía que las elecciones presidenciales fueran por sufragio universal, a partir de principios de octubre Polonia vivió unos meses de febril actividad política centrada en las presidenciales que deberían celebrarse el 25 de noviembre. Las distensiones existentes entre Walesa y Mazowiecki provocaron que se presentaran dos candidaturas de Solidaridad, a favor de cada uno de los dos líderes. También hubo una candidatura ex comunista (a favor de Wlodzimierz Cimoszewicz) y otras propiciadas por el Partido Campesino Polaco y por las nacientes derechas agrupadas en la Confederación para una Polonia Independiente. Sin embargo, la gran sorpresa de la campaña fue el creciente éxito popular de un candidato independiente, Stanislaw Tyminski, un millonario polaco emigrado a Canadá y con importantes negocios en Perú. En contra de los pronósticos, al conocerse los resultados oficiales de las elecciones, Tyminski resultó ser el segundo vencedor (con el 23,10% de los votos), detrás de Walesa (con el 39,96%) y antes de Mazowiecki (con el 18,08%). En cuanto al candidato ex comunista Gimoszewicz logró el 9,21% de los votos, mientras que el PCP obtenía el 7,15% y la derecha el 2,50% restante. Debido a que Walesa (en contra de lo que hubiera deseado) no logró la mayoría, fue necesaria una segunda vuelta -que se celebraría el 9 de diciembre- en la que debía de enfrentarse a Tyminski. Desde el momento que conoció su derrota, Mazowiecki anunció que dimitía de primer ministro (aunque de momento tuvo que mantenerse en el cargo a la espero de la segunda vuelta electoral). En cuanto al sorprendente éxito de Tyminski -a quien algunos llamaban ya el nuevo Fujimori polaco (en alusión al presidente peruano)-, para muchos observadores había sido sometido a la frustración social de un amplio sector de los ciudadanos (que apostaban por el populismo propuesto por el millonario emigrante) y al descontento de antiguos comunistas (que agradecieron la ausencia de ataques contra el antiguo régimen en la campaña de Tyminski). Sin embargo, con el apoyo de Mazowiecki y de la influyente Iglesia católica, Walesa triunfó claramente (74,3% de los votos) en la segunda vuelta, mientras Tyminski sólo obtenía el 25,7% restante (y regresaba discretamente a sus negocios americanos, a partir del día 12 del mismo mes de diciembre). Lech Walesa fue investido presidente de Polonia el 22 de diciembre, en una ceremonia a lo que no fue invitado el general Jaruzelski, ya que el líder sindicalista quiso marcar su repulsa contra el régimen comunista aceptando los poderes presidenciales de manos del anciano presidente del Gobierno polaco en el exilio (en Londres), Ryszard Kaczorowski. Una de sus primeras decisiones como presidente fue la de nombrar par el cargo de primer ministro a un joven economista, Jan Krzystof Bielcki, el 29 de diciembre de 1990, quien debería sustituir a Tadeusz Mazowiecki como jefe del Ejecutivo. Las elecciones presidenciales habían despertado una expectación mayor que las municipales, con una participación electoral del 60% de los inscritos (en la primera vuelta), que descendió al 55% en la segunda y definitiva convocatoria.

    • AÑO 1991: DIVISIÓN INTERNA EN SOLIDARIDAD

    Las elecciones presidenciales de diciembre de 1990 -casi 5 años antes de lo que se había pactado a comienzos de 1989 entre el régimen comunista y Solidaridad (Solidarnosc)- demostraron el mayoritario deseo de la población polaca para acelerar el proceso de la evolución política, mientras continuaba el hundimiento de las estructuras políticas y militares del cada vez más inoperativo Pacto de Varsovia.

    Como consecuencia de su fracaso electoral, el primer ministro Tadeusz Mazoweicki había presentado su dimisión desde finales de noviembre de 1990 y fue efectivamente sustituido el 4 de enero por un joven economista afín al presidente Walesa, Jan Krzystof Bielecki, quien mantuvo en la cartera de Finanzas al impulsor del programa de reformas económicas del anterior Gabinete, Leszek Balcerowicz. Por su parte, Lech Walesa renunció a la presidencia del sindicato Solidaridad incompatible con su nueva situación de presidente de la República -y desde febrero de 1991 fue sustituido por uno de sus compañeros de sindicato, Marian Krzakiewski.

    Como era de esperar, una de las primeras iniciativas del presidente Walesa fue la de intentar lograr avanzar las elecciones legislativas que, según el programa pactado con los ex comunistas, sólo deberían tener lugar en 1993. A principios de marzo de 1991, Walesa propuso que las elecciones tuvieran lugar en mayo de aquel mismo año, pero el Parlamento (Sejm) las retrasó hasta finales de octubre para conceder un mayor plazo de tiempo de preparación a los numerosos partidos que se iban creando continuamente como consecuencia de la evolución política que vivía el país. En este sentido, desde enero de 1991 se consumó la división interna existente entre los parlamentarios de Solidaridad con la escisión en dos principales grupos, los partidarios del presidente Walesa (que adoptaron el nombre de Alianza de los Ciudadanos de Centro con vistas a las futuras elecciones) y los de Mazowiecki (que crearon el 4 de enero de 1991 el nuevo partido denominado Unión Democrática).

    Las elecciones legislativas del 29 de octubre de 1991 tuvieron lugar en un clima de desencanto político por parte de la población, disconforme tanto por las luchas intestinas existentes entre los partidos -que provocó la multiplicación de nuevos partidos minoritarios- como por las difíciles condiciones de supervivencia que provocaba la política económica del Gobierno para adaptar el sistema polaco a las leyes neoliberales de la economía mundial. Por esta razón, el porcentaje de la abstención fue muy elevado (más del 56% del electorado) e incluso numerosos votantes prefirieron votar iniciativas insólitas -como la de un Partido de los Amigos de la Cerveza- antes que dar su voto a los partidos políticos clásicos. Por otro lado, debido a un complejo sistema de reparto proporcional de votos aprobado cuatro meses antes por el Sejm, la nueva ley electoral favoreció la presencia parlamentaria de un gran número de partidos, hasta el punto de que 29 de ellos pudieron obtener actas de diputado en el nuevo Sejm de 460 miembros. Sin embargo, el aspecto más contradictorio de esta nueva situación fue que todos ellos estuvieron por debajo del 15% de los votos con lo que se hacía sumamente difícil el logro de pactos parlamentarios que garantizaran la gobernabilidad del país. Después de arduas negociaciones -durante las cuales Walesa propuso incluso la concentración del poder en sus manos como presidente y primer ministro-, finalmente se impuso la formación de un Gobierno de coalición presidido por Jan Olszewski (de la Alianza de los Ciudadanos de Centro) a pesar de no contar con el apoyo de Walesa, con quien se había enfrentado como abogado laboralista de Solidaridad.

    • AÑO 1992: PEQUEÑA CONSTITUCIÓN

    El nuevo Gobierno tuvo una actitud más conciliadora con los agentes sociales en relación al programa de austeridad promovido desde el Ejecutivo anterior, pero el nuevo ministro de Finanzas, Andrzej Olechowski dimitió a principios de mayo de 1992, al considerar irreconciliables las propuestas del Sejm de revalorizar las pensiones e incrementar los salarios con las exigencias impuestas por el Fondo Monetario Internacional para poder acceder a nuevos créditos financieros. La rivalidad entre Gobierno y la Presidencia provocaron la dimisión de Jan Olszewski a principios de junio de 1992 y su sustitución por Waldemar Pawlak (del Partido Campesino Polaco), el primer jefe del Gobierno desde 1989 que no pertenecía a los círculos políticos de solidaridad. Sin embargo, Pawlak fue incapaz de crear Gobierno y también presentó su dimisión el 2 de julio de 1992, siendo sustituido por Hanna Suchocka, quien propuso un Gobierno de unión nacional inspirado en las distintas opciones políticas surgidas de Solidaridad como punto de referencia (ya que ella misma era miembro de la Unión Democrática del ex primer ministro Mazowiecki). El nuevo Gobierno de Suchocka salvó de momento la situación política, aunque tuvo que enfrentarse desde el principio a nuevas huelgas de protesta tanto de los mineros del cobre y del carbón como de los colectivos agrícolas.

    Para hacer frente a la cada vez más evidente falta de gobernabilidad del país, la Asamblea Nacional (Zgromadzenie Narodowe) propuso la creación de una comisión constitucional y aceptó la inmediata entrada en vigor de unas normas provisionales -popularmente denominadas "la pequeña constitución"- que incrementaban la autoridad del presidente y del Gobierno en la gestión de los asuntos del Estado.

    • AÑO 1993: SE CONVOCAN ELECCIONES ANTICIPADAS

    A pesar de todo, el sector parlamentario más afín a Solidaridad promovió, a finales de mayo de 1993, una moción de censura contra el Gobierno de la primera ministra Suchocka al considerar que no respondía a las necesidades de la clase trabajadora, sobre todo en los capítulos de la educación y de la sanidad. Aprovechando el éxito de la moción de censura, el presidente Walesa convocó elecciones anticipadas para mediados de septiembre de 1993, al mismo tiempo que creaba el Bloque no Partidista para al Apoyo de las Reformas, inspirado en una iniciativa similar del mariscal Jozef Pilsudski en 1928. Por otro lado las próximas elecciones se celebrarían de acuerdo con una nueva ley electoral que exigí aun mínimo del 5% de los votos para alcanzar un acta parlamentaria con la finalidad de restringir el actual "minifundismo parlamentario" que hacia inoperante a las Cámaras.

    La participación popular en la nueva consulta electoral del 19 de septiembre de 1993 fue algo superior a la de dos años antes (52,1% frente al 43,1%), aunque sólo los ex comunistas lograron superar la barrera del 20% de los votos.

    A partir de estos resultados, la Alianza de la Izquierda Democrática -liderada por los ex comunistas de la Social Democracia de la República de Polonia- pudo formar un Gobierno de coalición con sus aliados del Partido Campesino Polaco, con el apoyo de la Unión del Trabajo que debería proporcionarles los dos tercios de votos necesarios para la reforma constitucional que exigían los nuevos tiempos. Por consiguiente, el 18 de octubre de 1993, Waldemar Pawlak (del Partido Campesino Polaco) era nuevamente nombrado primer ministro, en el que el ex comunista Marek Borowski asumía la importante cartera de Economía y Finanzas, aunque el Gobierno consideraba irreversible la pertenencia al sistema del libre mercado pero con la clara opción de salvaguardar los derechos de las clases económicamente más desfavorecidas.

    • AÑOS 1994-95: WALESA PIERDE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES

    Pronto surgieron diferencias en el seno de la coalición gubernamental y Borowski presentó su dimisión, el 4 de febrero de 1994, tras la conflictiva privatización del Banco Slaski (uno de los más importantes de Polonia) a un precio de saldo. Después de unas semanas de confrontación entre Walesa y Pawlak, finalmente fue nombrado nuevo ministro de Finanzas Grzegorz Kolodko, el 28 de abril de 1994, considerado un independiente al margen de las luchas partidistas.

    La cohabitación se hizo cada día más difícil hasta que, a principios de febrero de 1995, el presidente Walesa amenazó con disolver la Asamblea Nacional (Zgromadzenic Narodowe) si el primer ministro no dimitía. Para evitar nuevas elecciones anticipadas, los dos partidos en el Gobierno -los ex comunistas de la Alianza de la Izquierda Democrática (AID) y el Partido Campesino Polaco (PCP)- optaron por un cambio de primer ministro, sustituyendo a Pawlak (del PCP) por Josef Olesky (AID), el primer ex comunista que accedía al cargo de primer ministro desde agosto de 1989.

    A partir de aquel momento, toda la atención política se centró en las elecciones presidenciales que deberían celebrarse en noviembre de aquel mismo año. Por un lado, Lech Walesa volvía a presentarse como el candidato de los anticomunistas, en un momento en que su carisma personal se había erosionado progresivamente debido a sus constantes enfrentamientos tanto con el Gobierno como con el Parlamento (Sejm). Las últimas pruebas de este contencioso fueron los vetos presidenciales a los proyectos de ley aprobados por la Cámara Baja, durante el verano de 1995, porque limitaban -tanto en el tema de las privatizaciones como de la defensa nacional- las atribuciones del presidente frente al Parlamento.

    El 5 de noviembre de 1995 tuvieron lugar las elecciones presidenciales en las que compitieron trece candidatos (incluidos Lech Walesa, el candidato de los ex comunistas Aleksander Kwasniewski, el ex ministro de Trabajo y la activista de Solidaridad Jacek Kuron, y los ex primer ministros Jan Olszewski y Waldemar Pawlak). Los resultados supusieron el enfrentamiento directo entre Kwasniewski (con el 35,1% de los votos) y Lech Walesa (con el 33,1%), ya que el tercer candidato, Jacek Kuron, quedó muy lejos de sus contrincantes (con solo el 9,2% de los votos). Por este motivo, la segunda vuelta, que tuvo lugar el 19 de noviembre de 1995, despertó mayor interés entre los electores (con una participación del 68,2% del electorado frente al 64,7% de la primera vuelta) y supuso una ajustada victoria de Aleksander Kwasniewski sobre Walesa, por algo más de 640.000 votos (9704.439 -equivalentes al 51,72%- a 9.058.176, equivalentes al 48,28%). Como ultimo intento para mantenerse en el poder, Walesa exigió la repetición de los comicios -aduciendo que Kwasniewski había violado la ley electoral al atribuirse títulos académicos inexistentes- pero el Tribunal Superior desestimó la denuncia al considerar que no quedaba probado que esta violación hubiera afectado a los resultados electorales. Por consiguiente, el 23 de diciembre de 1995, Aleksander Kwasniewski fue investido nuevo presidente de la República, al mismo tiempo que renunciaba a sus cargos en la Alianza de la Izquierda Democrática para demostrar que sería un presidente de todos los polacos, fueran cuales fueran sus convicciones políticas.

    • AÑO 1996: REGRESO AL PODER DE LOS EX COMUNISTAS

    Poco antes de las elecciones presidenciales, también surgió una nueva crisis de Gobierno, provocada por el hasta entonces ministro de Interior, Andrzerj Milezanowski (uno de los ministros impuestos por el presidente Walesa), quien acusó al primer ministro Olesky de haber sido un espía prosoviético y prorruso desde 1983. Ante la acumulación de datos -en especial la amistad de Olesky con el agente del KGB Viktor Alganov-, Olesky dimitió el 24 de enero de 1996 y el presidente Kwasniewski optó por sustituirlo por el otro miembro de la cúpula de la Alianza de la Izquierda Democrática, Wlodzimierz Cimoszewicz, mientras Olesky sustituía a Kwasniewski como presidente de los socialdemócratas (ex comunistas). El 7 de febrero de 1996, Cimoszewicz presentó un nuevo Gabinete, con seis ministros de la Alianza de la Izquierda Democrática, nueve del Partido Campesino Polaco y otros seis considerados independientes.

    Uno de los primeros actos del Gobierno fue la sustitución de Gromoslow Czempinski por Andrzej Kapkowski al frente de los servicios secretos (una decisión que, para algunos líderes de la oposición, tenía una evidente intencionalidad política para impedir que pudiera culminar la encuesta judicial sobre las actividades de espionaje de ex primer ministro Olesky). De hecho, el 22 de abril de 1996, el fiscal militar encargado del proceso pidió el archivo del caso -con lo que cobró fundamento la opinión de que la denuncia había sido una estratagema de Lech Walesa en vísperas de las elecciones presidenciales del año anterior- al mismo tiempo que también quedaba en suspenso otro juicio iniciado un mes antes contra el general Wojciech Jaruzelski en relación a su posible responsabilidad en la muerte de 44 manifestantes en 1970, cuando ocupaba la cartera de ministro de Defensa.

    Uno de los mayores problemas existentes era el de la privatización de las empresas estatales. Durante sus últimos meses de mandato, Lech Walesa se había enfrentado al Parlamento al considerar que los ex comunistas intentaban modificar el anterior proyecto para transformarlo en una simple comercialización de las empresas públicas (mediante bonos populares repartidos entre los ciudadanos) conservando la gestión en manos de los antiguos dirigentes. Por ello, Walesa impulsó la celebración de un referéndum sobre el tema, que tuvo lugar el 18 de febrero de 1996, aunque el resultado no resolvió el problema (debido a la escasa participación popular, de sólo el 30% del censo electoral). Con todo ello, el Sejm (Cámara Baja) aprobó una nueva ley de privatizaciones, el 28 de junio de 1996, que debería lanzar definitivamente el programa de venta de las empresas públicas (reservando únicamente el 15% del valor accionarial de las mismas para que pudieran ser adquiridas por los propios trabajadores).

    • BIOGRAFÍA DE LECH WALESA

    Nació en una pequeña ciudad del Este de Polonia llamada Lipna, Popowo, el 29 de septiembre de 1943, en una familia humilde, de campesinos. Durante la Segunda Guerra Mundial su padre es enviado a un campo de concentración; sale con vida pero muere un par de meses después de regresar a su hogar en 1945. En su juventud, cursó estudios de especialización industrial y se vinculó a los movimientos sociales y culturales de la Iglesia católica polaca, recibiendo enseñanzas de Teología y constituyéndose en un activo militante de parroquia y en padre de una numerosa familia (ocho hijos). En 1961 deja su casa para servir en las fuerzas armadas, pasa seis años cumpliendo con el servicio militar obligatorio, y cuando termina ese período no regresa a su ciudad natal sino que se muda a Gdansk con la intención de mejorar su situación económica. Allí consigue un empleo como electricista en los gigantescos astilleros Lenin. En las huelgas de la región del Báltico desarrolladas en 1970, destacó como portavoz de la protesta contra el sistema social y político implantado en el país, motivo por el cual perdió su trabajo, al ser despedido de la factoría de Gdansk (Danzing). En aquellos sucesos murieron, en enfrentamientos con la policía, más de cuarenta trabajadores, y el jefe del Partido Obrero Polaco -comunista-, W. Gomulka, fue destituido. De nuevo, la agitación que estalló en las ciudades de Redom y Ursus, en 1976, en demanda de mejoras salariales y diversas reivindicaciones de tipo sindical, tuvo en Walesa a un activo militante, cuya estrecha vinculación con las instancias del Episcopado polaco se hicieron manifiestas, a pesar de lo cual fue detenido en dos ocasiones. En el seno del movimiento obrero polaco su personalidad fue cobrando un cierto carisma, producto de una gran habilidad negociadora y de una palabra fácil y convincente. En el bienio 1979-80, la latente crisis polaca estalló ocupando el primer plano de la política mundial. Con centro en los astilleros Lenin de Gdansk, se forjó con rapidez un gran movimiento sindicalista de carácter muy complejo, en el que Walesa aparecía como la cabeza más visible, sin ocultar -más bien al contrario- un catolicismo muy marcado -de misa y comunión diaria-. La amplitud del movimiento, que asumió el nombre de Solidarnosc (Solidaridad), consiguió la destitución del secretario general del partido, E. Gierek, y la apertura de un diálogo con las altas instancias del comunismo polaco. Aunque el carisma de Walesa en el seno de Solidarnosc era patente, su fracción, de tendencia liberalizadora y católica, halló en freno de otras tendencias autogestionarias, luxemburguistas y anarquistas, aunque la propaganda occidental únicamente le destacaba a él, eclipsando a Kuron y a los Comités de Autodefensa Social, en tanto que el respaldo del primado polaco era ahora para Walesa un elemento decisivo en su libertad de movimientos, convirtiéndose en el interlocutor válido de las autoridades comunistas, que, sin embargo, a finales de 1980 aparecían desbordadas por la expansión de la protesta obrera. En octubre de 1981 es elegido presidente del sindicato Solidarnosc (Solidaridad), por escaso margen de votos. Cuando en diciembre de 1981 el gobierno polaco, dirigido por el general Jaruzelski, ilegalizó Solidaridad e impuso la ley marcial, Walesa fue detenido. Liberado en noviembre de 1982, permaneció bajo vigilancia gubernamental. En 1983 recibió el Premio Nobel de la Paz. También en 1981 recibió en Filadelfia (Estados Unidos) la medalla Libertad, y en 1982 el premio Mundo Libre, otorgado por el Gobierno noruego. Walesa desempeñó un destacado papel en la formación, en Polonia, de un gobierno de coalición liderado por Solidaridad en 1989, después de las elecciones multipartidistas de ese año. Fue elegido presidente de la República en 1990. En noviembre de 1995 se presentó nuevamente a las elecciones presidenciales, pero perdió y resultó elegido A. Kwasniewski. El 2 de abril de 1996 reingresó como electricista en los astilleros de Gdansk

    • CRONOLOGÍA

    • DÍA 31-08-1980

    El viceprimer ministro de Polonia, Mieczyslaw Jagielski, y el líder de los Sindicatos Independientes, Lech Walesa, firman un acuerdo de 21 puntos que reflejan las principales reivindicaciones del movimiento obrero. La huelga finaliza al día siguiente en el Báltico, pero parece que se inicia un nuevo paro laboral en la región minera de la Alta Silesia.

    • DÍA 17-09-1980

    Lech Walesa preside una comisión de coordinación entre los Sindicatos Independientes de Polonia.

    • DÍA 22-09-1980

    Se constituye en Polonia una organización sindical que reúne a 38 comités inter-empresariales con el nombre de solidarnosc (Solidaridad, o Sindicato Profesional independiente Autogestionario (NSZZ)); Lech Walesa se presenta como su principal líder. El registro del nuevo sindicato es enviado a Varsovia para su reconocimiento y legalización oficial.

    • DÍA 24-10-1980

    El sindicato Solidarnosc es reconocido por el Tribunal de Varsovia, pero en sus estatutos se incluye una modificación según la cual se reconoce el papel dirigente del POUP (Partido Obrero Unificado de Polonia).

    • DÍA 14-11-1980

    Reunión en Varsovia entre Stanislaw Kania, Jefe del Partido Comunista, y Lech Walesa, líder del Sindicato Independiente Solidarnosc.

    • DÍA 17-04-1983

    Entrevista entre Monseñor Josef Glemp, primado de Polonia, y el líder sindical Lech Walesa; éste último lanza un llamamiento a las autoridades polacas para que restablezcan el pluralismo sindical, la autogestión obrera y las libertades cívicas.

    • DÍA 01-05-1983

    En Polonia se registra una gran participación en las manifestaciones organizadas por el sindicato Solidaridad en más de 20 ciudades del país; en Nowahuta muere un manifestante.

    • DÍA 31-08-1983

    En Polonia, las consignas divulgadas por Solidaridad y Lech Walesa para conmemorar el 3º aniversario de los acuerdos de Gdansk son seguidos en numerosas ciudades del país.

    • DÍA 05-10-1983

    Se concede el Premio Nobel de la Paz al líder sindical polaco Lech Walesa, por su contribución en la campaña para asegurar la libertad universal de asociación.

    • DÍA 10-12-1983

    Danuta Walesa recibe en Oslo, Noruega, el Premio Nobel de la Paz concedido a su marido, Lech Walesa, ya que éste no se pudo desplazar.

    • DÍA 03-05-1984

    Varias manifestaciones en Gdansk y Varsovia, organizadas por el Sindicato Solidaridad, son violentamente disueltas por las fuerzas del orden.

    • DÍA 17-06-1984

    En las elecciones locales de Polonia, la participación social pasa del 98% al 75%, tras el llamamiento del Sindicato Solidaridad a favor de la abstención.

    • DÍA 19-10-1984

    Secuestro del sacerdote Jerzy Popieluszko, hombre vinculado al Sindicato Solidaridad.

    • DÍA 30-10-1984

    Se encuentra en las aguas del Vístula, el cuerpo del sacerdote Jerzy Popieluszko; este asesinato por agentes de seguridad que fueron procesados, con peticiones de pena máxima para los principales, provoca una viva emoción popular y amenaza romper el diálogo que mantenían el Gobierno polaco y el Sindicato Solidaridad.

    • DÍA 08-06-1987

    El Papa Juan Pablo II inicia su 3ª visita a Polonia, que se prolongará hasta el día 12. Se reúne con Lech Walesa. Terminó su visita pidiendo la restauración del Sindicato libre Solidaridad, en un discurso pronunciado en Gdansk.

    • DÍA 20-08-1988

    14 minas paralizadas por la huelga tras el firme rechazo del Gobierno a legalizar el Sindicato Solidaridad. Dos días después el Gobierno decretó el toque de queda en las regiones más afectadas por las huelgas.

    • DÍA 31-08-1988

    Lech Walesa, líder de Solidaridad, pide a los trabajadores que terminen la huelga nacional tras conseguir de las autoridades negociar la legalidad de dicho sindicato.

    • DÍA 01-09-1988

    Dimite el primer ministro, Messner, y finaliza la huelga de los 3.000 trabajadores del Astillero Lenin de Gdansk.

    • DÍA 31-10-1989

    El gobierno polaco ordena el cierre de los Astilleros Lenin de Gdansk, lo que Walesa considera una provocación.

    • DÍA 02-11-1988

    Los sindicatos oficiales polacos se unen al ilegal Solidaridad contra el cierre de los Astilleros Lenin, decidido por el Gobierno.

    • DÍA 16-01-1989

    El sindicato Solidaridad logra ser legalizado.

    • DÍA 06-02-1989

    El sindicato Solidaridad inicia conversaciones con el Gobierno acerca del futuro político del país.

    • DÍA 20-04-1989

    Lech Walesa, presidente de Solidaridad, es recibido en audiencia por su compatriota el Papa Juan Pablo II.

    • DÍA 08-05-1989

    La oposición polaca publica su primer periódico legal, Diario Electoral, desde que en 1947 fuera clausurado el diario Gazeta Iudowa. Con una gran fotografía de Lech Walesa en la portada y una tirada de 150.000 ejemplares (aunque están previstos 500.000), empieza a venderse el Diario Gazeta Wyborcza (Gaceta Electoral), el primer diario independiente de la Europa del Este desde 1947.

    • DÍA 10-05-1989

    Marcelino Oreja entrega a Lech Walesa la Medalla de Oro de los Derechos del Hombre 1989 durante la jornada de despedida como Secretario General del Consejo de Europa.

    • DÍA 17-05-1989

    El Parlamento polaco aprueba varias leyes que otorgan a la Iglesia católica el estatuto jurídico que no tenía desde la II Guerra Mundial.

    • DÍA 18-06-1989

    El partido Comunista de Polonia sufre una nueva derrota en la 2ª vuelta de las elecciones legislativas, caracterizadas por una abstención masiva y un gran avance de Solidaridad.

    • DÍA 26-07-1989

    El grupo parlamentario Solidaridad rechaza una oferta del Gobierno polaco para formar una coalición con el partido comunista.

    • DÍA 16-08-1989

    Lech Walesa rehusa ser candidato a primer ministro polaco pese a haber sido propuesto por los partidos de la oposición.

    • DÍA 19-08-1989

    El presidente polaco, general Wojciech Jaruzelski, designa primer ministro a Tadeusz Mazowiecki, tras la dimisión de su predecesor, Czeslaw Kiszczak. Mazowiecki fue elegido el día 24 por el Parlamento, con los votos de 378 de los 423 diputados presentes.

    • DÍA 07-09-1989

    Después de tres semanas de negociaciones el primer ministro de Polonia, Tadeusz Mozawiecki, comunica al presidente del Parlamento la formación del nuevo Gobierno, formado por 12 ministros de Solidaridad, 4 del Partido Comunista, 4 del Partido Campesino y 2 del Partido Demócrata.

    • DÍA 19-04-1990

    Se celebró en Gdansk el II Congreso de Solidaridad, el sindicato polaco y su líder Lech Walesa fue confirmado en el cargo de presidente, a pesar de las críticas que recibió su tendencia al "autoritarismo". Además, algunos medios pusieron en cuestión la propia razón de ser de Solidaridad y sus funciones en una sociedad democratizada.

    • DÍA 21-04-1990

    Lech Walesa es elegido presidente del Sindicato Polaco Solidaridad y anuncia su intención de llegar a la presidencia de la República.

    • DÍA 01-07-1990

    El primer ministro T. Mazowiecki, cuyas tensiones con Lech Walesa eran del dominio público, convocó a los comités cívicos de Solidaridad. Esta organización se escindió en 2 sectores: la fracción pro Walesa, partidaria de una política populista y de entronizar al líder como presidente de la República, y la fracción pro Mazowiecki, partidaria del parlamentarismo y de sostener la democracia de base. La mayor parte del sector intelectual optó por el primer ministro, mientras Walesa dominaba las "células" obreras. El primer sector organizó el día 29 la escisión como Acción Democrática.

    • DÍA 17-09-1990

    Walesa anuncia su candidatura para las elecciones presidenciales, cuya fecha era aún incierta.

    • DÍA 30-09-1990

    Mazowiecki anuncia su candidatura, con la que la frágil unidad de Solidaridad se rompió definitivamente.

    • DÍA 16-10-1990

    Se consumó la división del Sindicato Solidaridad, cuando el sector intelectual liderado por el escritor Jacek Kuron acusó a Walesa de "practicar un populismo peligroso, que puede rozar el fascismo".

    • DÍA 25-11-1990

    El Parlamento contrariando a Walesa señala esta fecha para los comicios presidenciales. El dirigente del Sindicato Solidaridad, Lech Walesa, y el empresario Stanislaw Tyminski quedan para una segunda vuelta en las elecciones presidenciales polacas. En esta primera vuelta, Walesa obtuvo el 39,9% de los votos, Mazoweicki solamente el 18% y el empresario Tyminski un sorprendente 23% (no contaba siquiera con un partido).

    • DÍA 09-12-1990

    Segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El líder de Solidaridad, Lech Walesa, se convierte en el primer presidente elegido democráticamente en Polonia, tras obtener el 75% de los votos en la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales.

    • DÍA 22-12-1990

    Walesa es investido presidente, en un acto simbólico de ruptura con el Comunismo tras haber pasado unas jornadas en "retiro espiritual".

    • DÍA 30-12-1990

    Walesa nombra primer ministro al industrial Jan Krystof Bielicki, quien anunció una radical política neoliberal.

    • DÍA 13-01-1992

    El Sindicato Solidarnosc convocó una huelga general contra el Gobierno liberal, en protesta por las medidas económicas y las subidas de los precios. Walesa no cesaba de perder su legendaria influencia en el Sindicato.

    • DÍA 10-07-1992

    El Parlamento o Dieta ratificó el nombramiento de Hanna Sukhowa para el cargo de primera ministra, respaldada por el presidente Walesa. El día 11 presentó un Gobierno y un programa de reformas económicas.

    • DÍA 29-05-1993

    Lech Walesa disuelve el Parlamento y convoca elecciones anticipadas.

    • BIBLIOGRAFÍA

    • Index (1934-1996): Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1998. España.

    • Suplemento Anual 1979-1980: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1983. España.

    • Suplemento Anual 1981-1982: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1985. España.

    • Suplemento Anual 1983-1984: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1987. España.

    • Suplemento Anual 1985-1986: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1989. España.

    • Suplemento Anual 1987-1988: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1991. España.

    • Suplemento Anual 1989-1990: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1992. España.

    • Suplemento Anual 1991-1992: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1993. España.

    • Suplemento Anual 1993-1994: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1995. España.

    • Suplemento Anual 1995-1996: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1997. España.

    • Apéndice A-Z: Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana. Editorial Espasa-Calpe, S.A. editores. Madrid, 1996. España.

    • Índice General 100 años 1898-1998: Difusora Internacional. Editorial Planeta-De Agostini, S.A. 1ª Edición: julio 1.999. España.

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