Sierra Pampeana

Sudamérica. Argentina. Sierras de Córdoba y San Luis. Vitivinicultura. Clima. Turismo

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Oasis que se transforman por el turismo

En las Sierras de Córdoba y San Luis, el turismo es la actividad que mas ha transformado la ocupación del área y la organización de los oasis durante el siglo XX. Estas zonas turísticas serranas se encuentran entre las mas importantes del país, ya que reciben una gran afluencia de gente, de las principales ciudades del área pampeana como Córdoba, Rosario y el Area Metropolitana de Buenos Aires. El desarrollo del turismo resalto las condiciones naturales del área serrana.

Las sierras de Córdoba están formadas por tres cordones paralelos: las sierras Grandes, las Chicas y la de Comechingones. En la provincia de San Luis, las sierras se ubican en el centro de y el este y son de menor altura que las de Córdoba; entre ellas se distingue la Sierra de San Luis. Hacia el este, una serie de serranías entroncan con la Sierra de Comechingones. Entre las sierras se disponen los valle longitudinales, en donde se encuentran los asentamientos.

En el área predomina el clima templado serrano, con temperaturas medias anuales que oscilan entre los 14º C y los 18º C. En el área serrana las precipitaciones alcanzan un promedio de 600 mm anuales y son más abundantes entre los meses de noviembre y mayo. Estas precipitaciones disminuyen hacia el oeste y su distribución varía según la orientación de los cordones serranos; los faldeos orientales reciben mayores precipitaciones que los occidentales. En relación con ello, se distribuye la vegetación natural; en las laderas más húmedas predominan los bosques y en las más secas, pastos y arbustos que no cobren totalmente el suelo.

Los primeros oasis que se transformaron en lugares turísticos fueron los que se encuentran próximos a la construcción del dique San Roque, en las nacientes del río Primero, impulsó el desarrollo del área turística del Valle de Punilla, ubicado entre la sierra Grande y la Chica. El turismo se incrementó allí a partir de la década del cuarenta, cuando una gran parte de los trabajadores pudieron beneficiarse con las vacaciones pagas.

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Vista de Villa Carlos Paz,

Localidad ubicada en las márgenes

del lago San Roque.

En ese entonces se produjeron importantes transformaciones en los asentamientos del valle (se construyeron hoteles, se amplió la red de agua potable, de luz eléctrica y teléfonos). La edificación se fue expandiendo, por lo que muchas zonas agrícolas fueron loteadas para su venta por inmobiliarias quedando incorporadas a las zonas turísticas. Se formaron así numerosos centros urbanos rodeados de áreas residenciales, alineados en los valles y conectados entre sí por caminos. Estos centros urbanos están habitados de forma permanente y su población se dedica a actividades relacionadas con el turismo.

Con la incorporación de la infraestructura y la urbanización de los asentamientos, el paisaje se fue transformando. Con el mejoramiento de los caminos y la construcción de más obras hidráulicas en los ríos del área serrana, el turismo se fue extendiendo hacia los asentamientos de otros oasis de las Sierras de Córdoba y San Luis.

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Alrededores de Los Cocos,

localidad ubicada en el Valle de Punilla.

En el Valle de Calamuchita (Córdoba), se encuentran las principales obras hidroeléctricas de la provincia; que además de brindar energía y agua a la capital y a las áreas turísticas, fueron incorporadas a los circuitos de viaje en calidad de atracciones.

En las sierras de San Luis, el desarrollo del turismo fue menor que en Córdoba; en el rubro se destaca la localidad de Merlo en el Valle de Conlara, entre sierras de Comechingones y de San Luis.

El valle cordobés de Traslasierra, así como otros de San Luis, fueron los últimos en ser incorporados a los circuitos turísticos del área serrana. Gran parte de los asentamientos de estos valles aún mantienen sus características de pequeños oasis rurales, donde los habitantes conservan sus tradiciones. En estos asentamientos también se destacan las construcciones, que dan testimonio de épocas pasadas.

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Vitivinicultura (La Rioja)

 

La vitivinicultura riojana está principalmente concentrada en pequeños valles irrigados al oeste de la provincia, entre las Sierras de Velasco por el este y al Sierra de Famatina por el oeste.

En la ladera oriental de la Sierra de Velasco, las precipitaciones superan los 300 mm. A causa de la variada topografía, existen diferencias térmicas notables entre los valles del oeste y la planicie, con registros en general elevados en verano.

Los suelos, de tipo aluvional, presentan textura más gruesa en la meseta y más fina en valles y planicies. Son profundos, sueltos, bastante permeables, de buena fertilidad, francos o franco - arenosos o franco - limosos y raramente salitrosos.

El encepado está constituido principalmente por variedades blancas y rosadas, entre las que podemos mencionar al Torrontés riojano, que es el cepaje característico de la región. Representa el 49,95 % de la superficie y el resto lo constituyen otras variedades perfumadas como Moscatel de Alejandría y Torrontés Sanjuanino.

Las variedades tintas son menos cultivadas. Entre éstas predominan Bonarda y Barbera.

Para el consumo en fresco y pasas producen las variedades Sultanina blanca, Arizul y Cardinal. Esta última, se explota como primicia.

El Departamento Chilecito tiene la mayor superficie con viñedos de la provincia, representando el 70,27 % de ésta. Le sigue el Departamento Coronel Felipe Varela y en mucha menor importancia podemos citar a Famatina, Castro Barros, General Sarmiento y San Blas de los Sauces.

El sistema de conducción predominante es el parral, con el 87,26 %, siguiéndole en mucha menor importancia, el "majuelo riojano", el espaldero alto y algunos viñedos en sistema de cabeza. El "parrón" (parral alto) se utiliza es los departamentos de Sanagasta, Castro Barros y San Blas de los Sauces.

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 Dadas las características del clima, seco y luminoso, y las variedades cultivadas, se producen vinos regionales, predominantemente blancos, de color amarillo dorado, alcohólicos, poco ácidos, ligeramente dulces y muy aromáticos.

También se elaboran vinos finos, para lo cual se anticipa la cosecha, obteniéndose vinos de calidad superior, de color amarillento pálido, con aroma intenso, pero más delicado que el tradicional vino regional. La tipicidad del Torrontés Riojano goza de reconocimiento y aprecio a nivel internacional.

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