Sexualidad

Educación sexual. Papel padres. Información adolescentes

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Los niños aprenden rápidamente que el mundo de las personas está constituido por hombres y mujeres y, por lo general, tienen conciencia de las diferencias anatómicas entre los sexos desde bastante temprano en su desarrollo.

En la infancia, los niños empiezan a demostrar su interés por el mundo que los rodea y por su propia persona. Surgen las primeras preguntas de contenido sexual, pregunta que no siempre son acogidas y respondidas por los padres. No hay que olvidar que ellos aprendieron a ser padres a partir de la propia experiencia con que se abordan directamente estos temas. Al no haber tenido un modelo de comunicación en esta materia, muchos no saben cómo hablar con los hijos sobre ella.

La incomodidad de los padres se puede manifestar de muchas maneras, en forma sutil o en forma abierta. Hay padres que se quedan atónitos o se ríen frente a las preguntas que los niños les formulan; otros tratan de desviar el tema hacia otro terreno; Otros se evaden sugiriéndole al niño que le pregunte al cónyuge, a su profesor de ciencias o le señalan que lo que en muy complejo y que lo entenderá en el futuro cuando crezca. Los hijos perciben la incomodidad de los padres y evitan volverles a preguntar a cerca del tema. Aprender que éste es un terreno “incómodo” y terminar sintiéndose ellos incómodos al manifestar sus naturales dudas e inquietudes relativas a la sexualidad. Es así como, llegada la adolescencia, la mayoría de los hijos prefieren tratar sus dudas y conversar estos temas con extraños y no con sus padres.

Un porcentaje importante de los padres, independientemente del grado de incomodidad que puedan sentir frente a estos temas, hacen un esfuerzo especial por abordarlo cuando los hijos entran a la pubertad. La madre suele hablar con las hijas mujeres para informarles de la menstruación. El padre, por su lo general, se encarga de informar a los hijos hombres acerca del proceso de maduración sexual masculino abordado el tópico de la eyaculación nocturna. Para muchos adolescentes esa es la única instancia de conversación con los padres. Y es evidente que las dudas acerca de la sexualidad no se agotan en una conversación acerca de procesos fisiológicos puntuales como son las menstruaciones, el embarazo y la eyaculación nocturna.

Hay otros temas que suelen ser sistemáticamente eludidos por los padres, como el de la masturbación. A pesar de que constituye una práctica que ocurre con cierta frecuencia entre los jóvenes, siendo ésta mayor en los varones que en las niñas, en relación a la masturbación subsiste aún numerosos mitos, tanto a nivel de los adolescentes como de los adultos: no son pocos lo que piensan, erróneamente, que la autoestimulación de los órganos genitales puede traducirse en problemas físicos, como acné y déficit intelectual. La realidad es que los riesgos de masturbación como práctica frecuente nada tiene que ver con secuelas físicas. Más bien, uno de sus límites consiste en que, si llega a constituirse en una práctica compulsiva, eventualmente se condicione a la masturbación la obtención del orgasmo y se dificulte el logro del clímax en la relación sexual con su pareja. Si se parte de la base que la característica que distingue la sexualidad humana de la mera genitalidad es, precisamente, que constituye la forma más íntima y completa en que un hombre y una mujer expresa su amor y entrega mutua, el refugiarse en le propia fantasía y autogratificación puede dificultar el abrirse y darse al otro.

Sin embargo, cabe señalar al respecto que, para la mayoría de los adolescentes, la masturbación es vivida como un fenómeno que se supera con el correr de los años. Con ello no se pretende señalar que la masturbación sea una etapa necesaria obligatoria en el desarrollo y aprendizaje de la sexualidad, ya que aun cuando el surgimiento de los impulsos sexuales es la adolescencia se caracteriza por ser intenso, hay mecanismos fisiológicos, como el del sueño, que permite liberar la tensión sexual sin recurrir a la masturbación. Muchos jóvenes tienen grandes dudas e inquietudes acerca del tema de la masturbación y sus efectos: una comunicación abierta entre padres e hijos es necesario para evitar que estos últimos vivan su despertar sexual con confusión, angustia y dudas.

Lamentablemente, existe una brecha enorme entre lo que los adolescentes quieren saber y lo que los padres creen que ellos quieren saber, porque no se ha gestado un diálogo fluido entre padres e hijos en esta área. Es así como es la pubertad y adolescencia las fuentes de información que les presentan a los jóvenes como más asequibles son los amigos, revistas, y otros medios que no constituyen cuente adecuada de información.

Es indudable que la educación sexual no debería partir en la adolescencia sino desde la infancia, pero en demasiado tarde para enmendar rumbos. La comunicación entre padres e hijos en materia de sexualidad se puede desarrollar en la medida en que existe la voluntad de hacerlo, buscando apoyo si éste fuera necesario.

G.A.F.M.S./g.a.f.m.s.