Ser humano y la sexualidad

Creencias religiosas. Naturaleza humana. Moral cristiana. Conducta sexual. Conciencia. Relaciones matrimoniales. Masturbación. Aborto. Homosexualidad

  • Enviado por: Lorosa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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SEXUALIDAD, NATURALEZA,

SER HUMANO Y VIDA.

LA DIMENSIÓN MORAL DE LA VIDA HUMANA.

  • La conciencia.

La conciencia es el lugar central de nuestra existencia, de donde surgen nuestros mejores impulsos y deseos en busca de la realización personal y de la felicidad. La conciencia es donde el ser humano se identifica a sí mismo como persona humana y humanizada. Es lo más íntima de nosotros. En ella decidimos cómo queremos ser y escogemos el camino que nos llevará a ello. También experimentamos la capacidad y decisión de decir "no" a lo que estropea nuestra vida.

A partir de la conciencia, se articulan los demás aspectos de nuestra vida: afectos, razón, deseos y expectativas. Esta juzga, valora y dirige nuestras acciones hacia ese ideal o "yo ideal" que se ha forjado.

Hay que avanzar y llegar a formar una conciencia autónoma y responsable. Para ello hay que apropiarse de los valores auténticamente humanizadores; si no conseguimos esto, el ambiente social o distintas circunstancias, irán configurando nuestra persona sin que nos demos cuenta.

Distintas imágenes que se le han dado a la conciencia:

  • Voz, eco: altavoz que hace resonar dentro de nosotros un eco de esa voz (voz de Dios)

  • Luz: que nos ilumina

  • Juez: condena la maldad de nuestras acciones y aprueba su bondad

  • Testigo: que llevamos dentro y testifica que somos los responsables de nuestros hechos

  • Corazón: que es lo más importante de nosotros mismos

  • La norma.

La norma transforma el valor en algo que se propone a la voluntad como una obligación. Nos indica lo que debemos hacer en la práctica para vivir un valor concreto. Expresa un valor, formulando las exigencias que supone la vivencia de ese valor.

Son criterios generales de conducta que el hombre descubre en su propia razón y que le conducen hacia el bien. Cada persona se sentirá obligado a seguir las normas morales que le dicten los valores de su propia escala de valores.

Vehiculan los valores y proponen un camino concreto para vivirlos y alcanzar así la felicidad que proponen los auténticos valores.

  • La libertad.

La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o no obrar, de ejecutar por sí mismo, acciones deliberadas. Alcanza su perfección cuando está ordenado a Dios, el supremo Bien.

Caracteriza los actos propiamente humanos. Hace al ser humano responsable de los actos de los que es autor voluntario. Es propio del hombre actuar deliberadamente.

El derecho de ejercicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral, es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o hacer cualquier cosa.

VALORACIONES MORALES SOBRE LAS CONDUCTAS SEXUALES.

LA SEXUALIDAD:

El concepto de sexualidad comprende tanto el impulso sexual, dirigido a la reproducción y al goce inmediato, como a los diferentes aspectos de sentimiento corporal (sentirse hombre o mujer)y de expectativas de rol social.

La sexualidad es el elemento básico de la personalidad, modo propio de ser manifestarse, comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano.

ACTUALMENTE

En la actualidad abundan los estímulos que empujan a vivir la realidad sexual de manera superficial. El ambiente consumista lleva fácilmente a considerar el sexo como un objeto más de consumo. De hecho, se comercializa con él de muchas formas, sobre todo en la publicidad de los medios de comunicación.

LA IGLESIA

Los cristianos valoran la sexualidad como una dimensión importante de la persona, esto significa:

  • Asumir la propia sexualidad y vivirla desde una visión completa y humana de la propia existencia.

  • No vivir el sexo desde el instinto, pues llega un momento que se deshumaniza a la persona y, en muchos casos se llega a abusar de los demás. (Explotación sexual).

  • No convertir el sexo en una obsesión, como si no existieran otros

valores en la vida de las personas(egoísmo)

El sexo no es ningún tabú prohibido que hay que ignorar o perseguir. Pero hay que educar a las personas para que su manifestación sexual sea humana, y no se viva solo como placer sino como entrega total a la persona amada.

VALORES FUNDAMENTALES DE LA MORAL CRISTIANA.

No se puede ignorar la influencia de la fe cristiana en la dimensión moral de la existencia humana.

Más allá de los valores universales se encuentran los valores específicos de la moral cristiana, estando la diferencia entre unos y otros, únicamente en la motivación de las normas de conducta más que en el contenido de las mismas.

"Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios...Si Dios nos amó de esta manera también nosotros debemos amarnos unos a otros..." ( 1, Jn 4, 7-12 )

  • Valores de Jesús.

  • En el Evangelio encontramos distintos pasajes que nos hablan de la opción fundamental de Jesús así como de su escala de valores, orientaciones que han de ser actualizadas en la vida de todo cristiano.

    "...no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios..." ( Mt 4, 1-11 )

    Jesús, como hombre que fue, tuvo que decidir el tipo de vida que quería llevar, y optó por una misión alejada de tentaciones.

    "...y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." ( Jn 5, 15-17 )

    El valor fundamental que mueve su vida supera a cualquier norma o ley, porque es Dios el único motivo de todos sus actos, es Él el sentido último de su misión.

    "...no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos... misericordia quiero y no sacrificios: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores." ( Mt 9, 10-13 )

    Desde el primer momento deja claro que siente predilección por aquellos que más le necesitan.

    Desprecia el cumplimiento de la ley por encima de las personas y las falsas apariencias de los fariseos.

    "...pues si yo el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros..." ( Jn 13, 3-6.12-15 )

    El verdadero sentido de la vida de Jesús está en el servicio a todos los hombres. Ha venido para salvarnos y para animarnos en el amor verdadero.

    "...me muero de tristeza... Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz. Pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. ( Mc 14, 32-36 )

    Siente verdadero miedo, pero se deja guiar por la opción fundamental de su vida: la voluntad de Dios.

    "...amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser; y al prójimo como a ti mismo." ( Mt 22, 34-40 )

    Jesús siempre estuvo convencido del amor del Padre, de ahí que toda su vida estuviese orientada a la luz de esta realidad, que por otra parte nunca se podrá entender separada del amor a los hombres; Dios es amor, pero un amor de renuncia personal y entrega hasta la misma muerte.

  • La vida moral del cristiano.

  • Repercusión del encuentro con Jesús.

    Si ser cristiano consiste en esforzarse por seguir a Cristo, por hacer de su vida un poco más nuestra vida, y por identificarnos con él y con su causa; inevitablemente la conciencia de un cristiano convencido estará articulada a partir de la misma opción fundamental, esto es la voluntad de Dios.

    Pero las renuncias que pueda hacer un seguidor de Jesús, lejos de oprimir, liberan de verdad.

    La raíz y el fundamento de toda conducta cristiana está en el amor recibido de Dios por medio de Jesús.

    Amar a Dios en los hombres.

    Ésta es la única ley que el cristiano, desde su propia conciencia, se ve obligado a cumplir.

    Pero esta ley admite muchas y variadas concreciones.

    Algunas concreciones de la moral cristiana.

    Las bienaventuranzas son una de las orientaciones morales dadas por Jesús más significativas.

    El valor irrenunciable de la dignidad de la persona humana es otra concreción de la moral cristiana

    "...la orientación del hombre hacia el bien sólo se logra con el uso de la libertad... la dignidad humana requiere que el hombre actúe según su conciencia y su libre elección, y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa." ( Gaudium et spes, 17 )

    Puesto que el mensaje de Jesús no proporcionó un código de conductas uniforme y aplicable a cualquier ambiente o circunstancia, los apóstoles tuvieron que reflexionar acerca de los valores de Cristo, tarea que hoy continúan los obispos al servicio de las distintas comunidades, proponiendo normas morales que muestran el modo de vivir los valores permanentes del evangelio dentro de nuestra cultura actual.

    El discernimiento cristiano.

    Lo más importante de todo acto moral es el papel que juega la conciencia, por la cual, la persona decide con libertad y autonomía, siendo capaz de asumir sus responsabilidades morales.

    Uno de los medios más eficaces en la búsqueda sincera del bien es el ejercicio del discernimiento que no es más que distinguir la voluntad de Dios en una situación concreta de la propia vida.

  • Visión cristiana de la sexualidad.

  • La realidad del hecho sexual es profunda y compleja de estudiar por los distintos puntos de vista desde los que puede ser afrontada; nosotras nos detendremos principalmente en la valoración que la Iglesia católica hace a partir de los principios morales que acabamos de ver.

    Acercándonos al hecho sexual.

    El elemento integrador de toda la realidad sexual lo constituye el nivel ético-religioso, ya que es la conciencia la que articula la existencia de todo ser humano, reflejando el tipo de persona que éste desea ser. Las diferentes conductas sexuales serían consecuencia inmediata de los diferentes modelos de persona, encarnando cada uno de ellos unas normas morales determinadas.

    Para un creyente su relación con Dios es el elemento vertebrador de su existencia, por lo que hará de su vida sexual una respuesta a la llamada de Jesús.

    Distinción entre sexualidad y genitalidad

    La sexualidad abarca a toda la persona, reducirla a mera genitalidad equivale a la degradación de la persona, simplificando toda su dignidad y dimensión espiritual a puro funcionamiento biológico.

    Una relación sexual adquiere su auténtico significado cuando se enmarca en el proyecto personal que cada uno elige para sí mismo.

    Por tanto, las orientaciones de la Iglesia acerca de la sexualidad hay que entenderlas dentro de un objetivo mucho más amplio; el de ser cristiano.

    Etapas evolutivas y maduración sexual.

    Según crecemos nos vamos configurando sexualmente, superando etapas anteriores e integrando algunos de aquellos aspectos en las posteriores. De este modo alcanzamos la heterosexualidad adulta, y con ella la maduración sexual.

    Las fijaciones, o conductas propias de etapas que ya deberían estar superadas, persisten en el individuo impidiendo su plena maduración.

    Una vida sexual madura exige la aceptación de la propia historia con actitud responsable y consecuente.

    Biblia y sexualidad

    En el Antiguo Testamento encontramos distintas orientaciones sobre el origen de la sexualidad, como:

    "...no está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle alguien como él que le ayude..." (Gn 2, 18-25 )

    Hombres y mujeres estamos llamados a vivir en diálogo de amor interpersonal con el otro, partiendo de la igualdad y buscando la complementariedad de los dos seres en todo momento.

    "...a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla..." ( Gn 1, 26-28 )

    Todo ser humano está creado a imagen y semejanza de Dios y ahí está precisamente su indudable dignidad. La sexualidad está llamada a la procreación porque es la manifestación de un amor fecundo es decir, lleno de vida.

    La grandeza de esta unión queda reflejada en la alianza de Dios con su pueblo, así como en el amor de Jesús por su Iglesia.

    El amor del que se nos habla en el Nuevo Testamento es el amor proclamado y practicado por Jesús. Servicio y entrega desinteresados.

    Jesús siempre se opuso al mero cumplimiento de la ley. A él le preocupaban las personas por encima de cualquier otra cosa, en especial la mujer, a la que devolvió su dignidad original arrebatada por el machismo de la época.

    Hombre y mujer están por igual sometidos a las exigencias del amor, de ahí la insistencia de Jesús en la fidelidad como garantía que hace posible la realidad del amor.

    El desinterés, el servicio, la generosidad y el perdón son factores humanizadores de la sexualidad; pero junto a estos hay otros aspectos que perjudican el ejercicio del amor llevando al pecado.

    Llama la atención el caso de la mujer adúltera, a la que trata con gran humanidad y compasión, perdonándole sus pecados y pidiéndole la conversión.

    Por otro lado, Jesús presenta la virginidad como posible opción de vida para vivir el amor humano.

    La sexualidad al servicio del amor

    El amor y el sexo son fenómenos primarios que deben darse a la vez, porque el sexo es simplemente un modo de expresar el amor y solo de este modo el sexo está justificado.

    Por eso el amor no puede darse después del sexo, este debe ser solo el vehículo del amor.

    La única manera de pecar con el sexo es que se realice sin amor, solo por placer. Este acto

    sexual sin amor aunque tenga un objetivo como engendrar un hijo es igual de pecaminoso

    que el hacerlo por placer.

    Las relaciones eróticas por placer despersonalizan las relaciones sexuales.

    El amor es una responsabilidad que afecta a todas las personas pero el acto sexual también afecta a todos.

    La experimentación en el campo de la sexualidad, que normalmente se les atribuye a los jóvenes, implica una grave irresponsabilidad.

    El comportamiento sexual es bueno si personaliza al hombre, y si es así está actuando según la moral sexual cristiana.

    CONDICIONES MORALES para una relación auténtica:

    La relación debe ser un lenguaje de amor.

    Un lenguaje de amor oblativo.

    La relación debe establecerse en la diferencia sexual.

    La relación ha de adquirir una forma diversa de acuerdo con la evolución

    ALGUNOS PROBLEMAS MORALES RELACIONADOS CON LA MORAL CRISTIANA.

    El Concilio Vaticano II (1962-1965 con los Papas Juan XXIII y Pablo VI ) en la encíclica “Gaudium et spes” analiza y deja bien claro cual es la visión de la iglesia en todos los temas referentes al matrimonio católico y la familia.

    (Después de leerla he sintetizado las principales ideas en relación con este tema)

    RELACIONES MATRIMONIALES

    “... El Concilio pretende iluminar y fortalecer a los cristianos y a todos los hombres que se esfuerzan por garantizar y promover la intrínseca dignidad del estado matrimonial...”

    “... El marido y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne (Mt 19,6) con la unión de su persona y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y la logran cada vez mas plenamente... ”

    “... Este amor, ratificado por la mutua fidelidad y sobre todo por el sacramento es indisoluble en cuerpo y mente, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto, queda excluido de él todo adulterio y divorcio...”

    “... El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son, sin duda el don más excelente del matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los propios padres. ..”

    “... Pero el matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreación... por eso, aunque la descendencia falte sigue en pie el matrimonio como intimidad y comunión total de la vida y conserva su valor e indisolubilidad.”

    RELACIONES PREMATRIMONIALES

    La Iglesia católica desaconseja las relaciones sexuales antes del matrimonio porque la moral sexual católica se reduce a:

    Los actos tienen un sentido, y este acto tiene el sentido de un compromiso total.. La unión sexual es un acto de donación, de donación total, y realizar este acto sin atarse, equivale a despojarlo de todo su sentido.

    La sexualidad se ha convertido, en nuestra sociedad, en objeto de consumo, que no tiene como fin la procreación y que se observa sin relación con el matrimonio.

    La Iglesia católica considera necesario el amor para el matrimonio y también para el noviazgo y ese amor debe ser autentico.

    Los seres humanos alcanzamos la madurez biológica mucho antes de poseer la madurez personal. El amor necesita una prolongada y cuidada educación y esta educación que se efectúa durante el noviazgo cesa con el inicio de las relaciones sexuales.

    La relación sexual tiene que ser expresión de un amor total y definitivo, cuando está en vías de formación se expresa con besos, caricias, abrazos y cuando es máximo, es decir, elección exclusiva e indisoluble, tiene la expresión máxima: la relación sexual plena.

    PAREJAS DE HECHO

    Juan Pablo II publico en 1992 el Catecismo de la Iglesia Católica que define lo esencial que necesita un cristiano que quiere estar informado y vivir en coherencia con su fe.

    En el catecismo se expresa claramente que para vivir en pareja los católicos necesariamente deben recibir el sacramento del matrimonio y lo define así:

    ¿Qué es el matrimonio?

    El matrimonio es el sacramento que une a los esposos en el amor, a imagen de la unión de Cristo con su Iglesia.

    Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres. No solo suponen la fe, sino que la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas.

    Los sacramentos santifican las diversas circunstancias de la vida; así pues el sacramento del matrimonio santifica la unión de la pareja, su vida en común y el fin para el que los esposos se unen: la procreación y educación de los hijos que forman la familia.

    El amor conyugal, santificado por el sacramento, al unir conjuntamente valores humanos y divino, lleva a los esposos al don mutuo de sí mismos, por encima de cualquier atracción erótica pasajera, en una fidelidad indisoluble

    La unión intima de los esposos y el bien de los hijos exigen la unidad indisoluble. El amor de los esposos esta elevado por de Dios y sostenido por Cristo y por la Iglesia, de cuya unión los propios esposos son imagen.

    En el sacramento del matrimonio el “Don” que se recibe es la “ Ayuda para la comunidad de vida y de amor”.

    Por todo esto la Iglesia Católica no aprueba la unión de las parejas de hecho.

    LA MASTURBACIÓN.

    El ejercicio de la sexualidad está ordenado al servicio del amor y de la vida. Es un instrumento de comunión. En este sentido, la masturbación rompe esta tensión de amor y de unidad, y se pierde en el estrecho círculo del goce individualista y egoísta.

    Al mismo tiempo, la masturbación puede comprometer la evolución armónica de la sexualidad. Este acto constituye claramente una etapa que hay que superar hacia la sexualidad heterosexual. Precisamente por eso no se puede hacer una valoración abstracta de la masturbación, sino que debemos tener en cuenta las condiciones personales en que se da. De ahí que en un adulto sea más condenable que en un niño.

    LA HOMOSEXUALIDAD.

    La homosexualidad es la atracción erótica hacia personas del mismo sexo, habiendo sido muy común en las culturas clásicas. La consideración social de la homosexualidad en los últimos siglos ha sido más permisiva con el lesbianismo.

    En la actualidad asistimos a la proliferación de desviados psico-sexuales que reivindican un reconocimiento público y legal de sus tediosas conductas.

    Este tipo de desviaciones priva de la complementariedad que se da entre el hombre y la mujer, que representa la máxima realización del ser como criatura de dios; es contrario a la ley natural ya que cierra el acto sexual al don de la vida.

    Cuando las conductas homosexuales son instintivas, hemos de compadecernos y tratar con respeto y delicadeza a esas personas que unen al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que queden encontrar a causa de su condición.

    El homosexual está llamado a la castidad mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse a la perfección cristiana.

    EL ABORTO.

    Se llama aborto a la interrupción del embarazo antes de que el feto pueda vivir por sí mismo.

    Las motivaciones para provocar un aborto pueden ser:

    • evitar enfermedades o la muerte de la madre (aborto terapéutico)

    • evitar que el futuro bebé nazca con malformaciones físicas o psíquicas. (aborto eugenésico)

    • Problemas económicos. (aborto social)

    • La deshonra por el hecho de no estar casada. (aborto ético)...

    Valoración moral

    Esta se apoya en una cuestión: ¿A partir de que momento del embarazo se puede hablar de vida humana? .

    La respuesta de una gran mayoría de científicos y moralistas es a partir de la fecundación de un óvulo. Según esto el aborto provocado es moralmente inadmisible porque elimina una vida humana.

    Razones a favor

    Sus defensores argumentan que el feto no puede ser considerado persona. Y también aportan razones económicas, psicológicas..., por violación, deformaciones del feto, peligro de la madre...

    Fundamentación cristiana

    “ Desde el momento de la concepción, hay que tratar al embrión como una persona. Por ello hay que defenderlo íntegramente, cuidarlo y salvarlo tanto como sea posible, como se hace con cualquier ser humano.” ( Catecismo. C., Nº2.274)

    CONCLUSIÓN DE ESTE TRABAJO.

    Todas hemos aprendido algo nuevo en este trabajo.

    Lo que está claro es que la sexualidad hay que vivirla dentro del respeto a la persona, dentro de la libertad y del amor. Partiendo de nuestra inexperiencia, sólo sabemos que estamos a favor de la vida y de la realización de las personas. La naturaleza del hombre pide amor y de la libertad de cada uno depende de cómo satisfacerla.

    Hemos aprendido que lo importante es dignificar todo lo humano, entendiendo por humano cuanto es vida, incita a vivir y a amar la vida. Y solamente el amor (verdadero, se sobreentiende) incita a vivir y produce vida.