MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN SOCIAL
PROFESORA ISABEL ALER GAY
2º PERIODISMO - B
CURSO 1997-98
AMPLITUD DE SALIDAS PROFESIONALES DEL LICENCIADO DE PERIODISMO EN LA SOCIEDAD DE LA COMUNICACIÓN
GRUPO 3: HORIZONTE
1-. MÁRQUEZ SÁNCHEZ, FRANCISCO JAVIER
2-. PÉREZ CUTIÑO, FRANCISCO
3-. ROMERO DOMÍNGUEZ, LORENA
4-. ROSA MILLÁN, MIGUEL ÁNGEL DE LA
5-. VEGA JIMÉNEZ, RAFAEL ANDRÉS
ÍNDICE
I-. PRESENTACIÓN
1-. DELIMITACIÓN DEL TEMA
1.1-. DEFINICIÓN SUSTANTIVA
1.2-. DEFINICIÓN OPERATIVA
2-. OBJETIVOS
3-. JUSTIFICACIÓN
3.1-. MOTIVACIONES PERSONALES
3.2-. PRENOCIONES Y ACTITUDES PREVIAS
3.3-. MARCO NORMATIVO
4-. ÁMBITO POBLACIONAL, TERRITORIAL Y
TEMPORAL
5-. MARCO TEÓRICO
5.1-. DEFINICIÓN DE PERIODISTA
5.2-. CUALIDADES Y FORMACIÓN NECESARIAS PARA SER PERIODISTA
5.3-. EL PERIODISMO COMO PROFESIÓN
5.4-. AMPLITUD DE SALIDAS LABORALES
6-. PLAN DE TRABAJO
* REDEFINICIÓN DE LA PRESENTACIÓN
II-. ESTRATEGIAS DE INVESTIGACIÓN
1-. REDEFINICIÓN DE OBJETIVOS
2-. HIPÓTESIS
* REDEFINICIÓN DE HIPÓTESIS
3-. TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN CONCRETAS
(PROPUESTA DE PERSPECTIVA INTEGRAL DE UN DISEÑO DE INVESTIGACIÓN)
3.1-. MÉTODO HISTÓRICO
3.2-. MÉTODO COMPARATIVO
3.3-. MÉTODO CRÍTICO-RACIONAL
3.4-. MÉTODO DISTRIBUTIVO
3.5-. MÉTODO CUALITATIVO
3.5.1-. DISEÑO DE UN GRUPO DE DISCUSIÓN
4-. RECOGIDA Y PRODUCCIÓN DE DATOS
4.1-. DATOS PRIMARIOS
4.1.1-. TÉCNICAS CUANTITATIVAS: ENCUESTA
4.1.2-. TÉCNICAS CUALITATIVAS: ENTREVISTA
4.2-. DATOS SECUNDARIOS
III-. RESULTADOS
1-. EXPLOTACIÓN DE DATOS PRIMARIOS Y SECUNDARIOS
2-. EXPOSICIÓN DE LOS RESULTADOS EN FUNCIÓN DE NUESTROS OBJETIVOS
(CONCLUSIONES DEL ANÁLISIS)
IV-. CONCLUSIONES
1-. CAMBIOS EN LA POSICIÓN DEL INVESTIGADOR ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DE LA INVESTIGACIÓN
2-. GRADO DE DESARROLLO ALCANZADO DE LOS OBJETIVOS PROPUESTOS
3-. AUTOEVALUACIÓN DEL APRENDIZAJE DE METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN SOCIAL
4-. AUTOEVALUACIÓN DEL TRABAJO EN GRUPO
5-. CONTINUIDAD DE LA INVESTIGACIÓN
V-. BIBLIOGRAFÍA
1-. ORGANISMOS
2-. LIBROS
3-. REVISTAS
I-. PRESENTACIÓN
1-. DELIMITACIÓN DEL TEMA
1.1-. DEFINICIÓN SUSTANTIVA
Las salidas profesionales (o profesión) se definen como una vocación cuya práctica se basa en una comprensión de la estructura teórica de alguna rama del aprendizaje o ciencia y en las capacidades que acompañan esa comprensión. Esta comprensión y estas capacidades se aplican a asuntos prácticos vitales para el hombre. La profesión considera que su primer imperativo es el servicio altruista al cliente. Una profesión implica una destreza basada en un saber teórico; la destreza requiere adiestramiento y enseñanza; el profesional ha de demostrar competencia sometiéndose a una prueba; la integridad se mantiene mediante la observación de un código de conducta; el servicio es bueno para el público; la profesión está organizada. Se ha argumentado que el término profesión debería reservarse a aquellas ocupaciones que poseen estas características, es decir, que han conseguido profesionalismo (Diccionario de Sociología, G. Duncan Mitchell, pp 173-174).
El trabajo se define como las actividades retribuidas que se realicen por cuenta propia o bajo una dependencia ajena. No obstante, hay una serie de actividades que aun coincidiendo con esta definición, están excluidas del ámbito laboral:
-Funcionarios públicos
-Prestaciones personales obligatorias
-Actividad de consejero en las empresas que revisten forma jurídica de sociedad
-Trabajos ocasionales a título de amistad
-Trabajos familiares
(Gran Larousse Universal, pp 12.446-49)
El trabajo es el esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, y que se constituye en la base del sistema económico (Diccionario enciclopédico Espasa Calpe, pp 10.016-17).
1.2-. DEFINICIÓN OPERATIVA
Partiendo del hecho de que nos encontramos inmersos en la sociedad de la información/comunicación y del concepto que se tiene hoy día del periodista desde organismos, instituciones, ciudadanía, estudiantes, periodistas, etc., delimitar el posible campo de salidas profesionales para los licenciados de la titulación de periodismo.
2-. OBJETIVOS
1-. Amplitud de posibilidades para los licenciados de periodismo (punto de referencia)
2-. Comportamiento de los medios ante la contratación
3-. ¿Desprestigio o auge del periodismo?
4-. La necesidad de colegiar
5-. Evolución de las expectativas laborales en función del curso
6-. ¿Qué es la sociedad de comunicación?
7-. El título: ¿impedimento o ayuda?
8-. ¿Es el paro otra salida?
3-. JUSTIFICACIÓN
3.1-. MOTIVACIONES PERSONALES
1-. Nuestra condición de estudiantes de Periodismo
2-. ¿Cualquiera puede desempeñar nuestra profesión si tenemos en cuenta el elevado grado de responsabilidad social (que desde nuestro punto de vista comprendemos que tiene) que la caracteriza?
3-. Curiosidad por adentrarnos en los mecanismos del trabajo remunerado
4-. Para algunos de los miembros del grupo, los resultados de la investigación se convertirían en un justificante, tanto para ellos como para personas que le exigen una cierta responsabilidad (padres), de la dificultad de encontrar trabajo remunerado en lo que ellos quieren
5-. Los otros temas no nos parecían tan interesantes ni tan útiles
3.2-. PRENOCIONES Y ACTITUDES PREVIAS
1-. Actitud negativa ante el exagerado intrusismo.
2-. Conocimiento de la tercera y cuarta vía.
3-. Desconocimiento de los mecanismos del mercado laboral.
4-. Alto índice de paro en España.
5-. Necesidad de colegiar.
6-. Dificultad de realizar prácticas.
7-. La gente no sabe realmente lo que es un periodista (aunque estamos inmersos en la sociedad de la comunicación). Nos aventuramos a decir que nosotros tampoco lo sabemos con claridad
8-. Solemos pensar que sólo existe trabajo en la televisión, la prensa o la radio.
3.3-. MARCO NORMATIVO
La información y la comunicación constituyen una realidad social evidente que afecta a los más amplios ámbitos de la vida. Esta realidad tan patente se manifiesta en la abundancia de instrumentos de información y de comunicación, así como en la cantidad y variedad de información que recibimos diariamente, segundo a segundo. Si la comunicación se consideró un hecho básico para determinar el surgimiento de las comunidades humanas (estructuras sociopolíticas y socioeconómicas que se articulan y cambian sobre la comunicación), es aun más interesante destacar que es precisamente ella la que sigue reforzando los nexos de unión en una sociedad que, a pesar de haber alcanzado un elevado grado de desarrollo tecnológico, sigue teniendo en la transmisión de información su instrumento culminante. De no ser así, el nuevo fetiche de la globalización, caracterizada por un proceso de socialización creciente mediante la unión cada vez mayor de las relaciones sociales, por la implantación de estructuras con una mayor flexibilidad y por la aceleración vertiginosa, no hubiera sido posible. “La realidad social se yergue sobre la información” (BUCETA FACORRO, 1992: 22).
Esta consideración de la información/comunicación como hecho social evidente en la realidad del momento se manifiesta en que se ha convertido en objeto de preocupación y atención de las reuniones de las más importantes naciones. La primera enunciación la tenemos al final de la
Segunda Guerra Mundial cuando, en 1944, las Cámaras del Congreso formulan una declaración en
la que piden un “derecho Mundial de la información”. En 1946, la Asamblea General de las
Naciones Unidas declararía que la libertad de información “es un derecho fundamental del hombre
y la base de todas aquellas libertades cuya defensa están dedicadas a las Naciones Unidas”. Dos
años más tarde, la resolución de Ginebra de 23 de marzo de 1948, del Consejo Económico y Social
de las Naciones Unidas, establece los cuatro principios básicos de la libertad mundial de la
información:
1.Libertad de acceso a las fuentes de información, oficiales y privadas, sin distinción entre profesionales nacionales o extranjeros.
2. Igualdad para todos en el libre uso de los instrumentos de transmisión y con las mismas tarifas.
3.Libertad de transmisión y envío de las noticias sin ningún tipo de censura previa.
4.Libertad de contratación para todos, en todo el mundo, de todos los servicios de noticias.
Estos planteamientos se consagran en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 10 de diciembre de 1948, y cuyo texto dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de expresión.” Este Derecho Mundial a la Información sólo puede ser posible si se vela por el cumplimiento real de esta libertad ya legislada, aunque no por ello deja de ser objeto de tratamiento en encuentros internacionales. Porque todos consideran que “La comunicación anima y sostiene la vida. Motor y expresión de la actividad social y de la civilización, conduce a los hombres y a los pueblos desde el instinto a la inspiración. Fuente común de la que se toman las ideas, fortalece el sentimiento de pertenecer a una comunidad. Traduce el pensamiento en acto, ensambla el saber, la organización y el poder y vincula en el hombre la memoria de sus orígenes a sus aspiraciones de una vida mejor. Por último apunta a liberar la humanidad de la necesidad y del miedo aunándola en un sentimiento común de pertenencia y en un impulso de solidaridad y comprensión” (Informe Macbride)
Esta legislación de la información se encuentra también recogida en la Constitución. En el artículo 20, título I, capítulo 1, se reconocen y se protegen los derechos:
A expresar libremente pensamientos, ideas y opiniones.
A comunicar y recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.
Otro aspecto en el que se plasma la importancia de la información/comunicación es en los códigos deontológicos, en los que se intentan regular los aspectos de confrontación con los organismos legales aludidos anteriormente. Cuando hablamos de códigos deontológicos nos estamos refiriendo al “conjunto de códigos, normas y preceptos concretos expuestos de forma lógica y sistematizada por iniciativa del propio sector informativo para orientar de la forma más correcta posible su trabajo, siendo conscientes de la complejidad del mismo como servicio al bien común” (BLÁZQUEZ: 1994). Aunque tenemos que decir que el establecimiento de estos textos no ha contribuido a una mejora en la difusión de la información/comunicación, necesitándose, de nuevo, la intervención de organismos supranacionales al respecto. Por ello encontramos el Código Internacional de Ética Periodística de la UNESCO, al cual se llegó a través del estudio y fusión de diversos trabajos sobre el tema, como el Informe Geyer o el Informe Jones.
La regulación de la información se ha convertido hoy día en una cuestión de vital importancia si atendemos al hecho de que nos encontramos inmersos en la (mitificada) sociedad de la comunicación. El estudio por parte de expertos en el tema ha venido a determinar que la realidad social de la comunicación se ha convertido en uno de los fenómenos más característicos de nuestra época, considerándose nervio de las sociedades contemporáneas y factor básico para el desarrollo armónico. La concepción ingenua y utilitarista que veía los medios como un mero mecanismo que transmite hechos está muy lejos de corresponderse con la realidad de que los medios han invadido todos los ámbitos de nuestra vida, desempeñando las siguientes funciones:
Difundir informaciones que satisfacen la curiosidad y permiten a los ciudadanos una percepción del mundo.
Contribuir a la cohesión social por la vía del consenso
Proporcionar compañía, entretenimiento y diversión.
Satisfacer demandas culturales.
Legitimar mediante la presencia pública el papel desempeñado socialmente por personas, instituciones, organismos y movimientos sociales, confiriéndoles status.
Legitimar los sistemas y estructuras sobre los que se articula la sociedad (economía, política, cultura, etc.).
Fomentar el consumo y actuar como motores del desarrollo económico.
Actuar como instrumentos políticos.
9. Simbolizar el mundo cotidiano y contribuir al refuerzo de la identidad social.
Todas estas funciones encuentran su campo de acción en todas las esferas del ser humano: en los ámbitos de preocupación que hoy hay que tener en cuenta, en los hábitos de consumo y tiempo libre, en la información y conocimiento del mundo, en los saberes prácticos, en la socialización de valores y opiniones, en la vertebración social, en la creación de corrientes de opinión, en la percepción de sentimientos y afectos, en las relaciones familiares y sociales, en la satisfacción de necesidades y deseos, en el gusto y la educación estética, en la creación de cosmovisiones que permiten al individuo su inserción en la sociedad y en el mundo.
Si, como venimos señalando, los medios son de una importancia inusitada en nuestra vida, es comprensible que los encargados de la creación (manipulación) y difusión de la información ocupen un lugar destacado. Y aquí radica el interés suscitado en nuestra investigación. La formación de los comunicadores es un punto esencial si se quiere conseguir que los medios cumplan con todas sus funciones, en todos los ámbitos de nuestra vida, y sin violar los aspectos legales a los que anteriormente hacíamos alusión. Además se convierte en imprescindible delimitar el campo de trabajo de los comunicadores, si se quiere conseguir lo que pretendía el plan de la UNESCO denominado “La comunicación al servicio del hombre”,
Podemos concluir diciendo que ante un hecho social como la información/comunicación, y unos medios con una acción pública tan amplia y un contenido que afecta a la esfera más íntima del ser humano, se impone la necesidad de una ciencia de la información, cuya misión sería “tener un conocimiento adecuado del papel que la información desempeña en la vida humana” (BUCETA FACORRO: 1992, 41). Esta necesidad científica encontraría su primera aplicación en aclarar la estrecha relación, casi confusión, que existe entre los términos información y comunicación (que a lo largo de esta investigación han sido usados indistintamente, conociendo el riesgo que implicaba tal simplificación). Para responder a esta demanda surge la rama del conocimiento denominada Teoría de la Información, que se presenta como una ciencia nueva y básica para una comprensión lo más completa posible del fenómeno contemporáneo de la comunicación de masas. Evidentemente esta disciplina no debe limitarse al mero estudio cuantitativo de las encuestas de opinión, de los estudios de audiencias, etc., campos en los que parece haberse quedado la Sociología de la Comunicación. No obstante, su reduccionismo parece haber abierto la posibilidad de una vía cualitativa interesada en los efectos de la comunicación masiva; tema tratado por la Psicología Social y que incluye el proceso informativo en la complejidad de las actividades humanas.
4-. ÁMBITO POBLACIONAL, TERRITORIAL Y TEMPORAL
Estudiantes de Periodismo de la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla del curso 97/98 de ambos sexos. Dos últimas promociones de licenciados de la facultad de Ciencias de la Información de Sevilla, residentes en la capital y que se encuentren trabajando y en paro. Responsables de algunos medios locales. Habitantes de Sevilla de ambos sexos mayores de edad.
5-. MARCO TEÓRICO
Hemos propuesto un marco teórico dividido en cuatro bloques temáticos para su mejor comprensión y adecuación a la explotación de los datos primarios y secundarios. Estos puntos recogen, desde nuestro punto de vista, el estado actual de la situación actual del Periodismo.
Lo que reseñamos en este marco atiende a lo que consideramos más destacado de toda la bibliografía consultada y resultado de un laborioso proceso de recopilación y síntesis.
5.1-. DEFINICIÓN DE PERIODISTA
En el Programa de Información al Universitario se nos define al licenciado en Periodismo como un profesional de la información, en su elaboración y en la gestión y difusión de la actividad informativa periodística en sus diversos campos y temas, y en los distintos medios de comunicación. El periodista es un profesional que ejerce su profesión a través de una moderna tecnología y de acuerdo con unas normas éticas y morales cada vez más rigurosas. Es el que está detrás de la noticia, el que la busca, la analiza, la escribe y la cuenta. Es el que entrevista, explica las opiniones. El periodista es el vehículo de la información. Nadie sabría nada si no existiese la figura del periodista. Son los que dejan señalado para las generaciones venideras lo que ha ocurrido en el tiempo presente.
El Diccionario de la Academia, en su XX edición de 1984 definía como periodista a la “persona que tiene por oficio escribir en periódicos”. Aquí se aprecia cómo el periodismo no es considerado como una profesión, sino como un oficio vinculado al de escritor, y que se restringe a la prensa escrita.
En la edición XXI de 1993 se produce un avance en favor de la defensa de la profesionalización del periodista y de su campo laboral. El periodista es la “persona que compone, escribe o edita un periódico” y en una segunda acepción “persona que, profesionalmente, prepara o presenta las noticias en un periódico o en otro medio de difusión”.
Enrique Aguinaga en la IV Jornadas de Comunicación, Historia y Sociedad, “Periodismo: profesión a la vista” define al periodista como “determinador de contenidos en la clasificación de la realidad (periodificación interpretativa) mediante operaciones de selección y valoración, por la aplicación de factores de interés e importancia, con criterios deontológicos”
Manuel de Guzmán recoge en su libro Persona y personalidad del periodista (pag. 60) un retrato en el que se sintetizan todas las definiciones recogidas anteriormente: “resumiendo, podemos afirmar que considerando las materias que han figurado y figuran en los planes de estudio del Periodismo, los periodistas son personas de sentimiento humanista, generalmente apasionados y con actitudes artísticas y literarias, inquietos, curiosos, arriesgados, pero a la vez calculadores, serenos y reflexivos, bastante intuitivos, con cierta habilidad manual y sentido de la forma y tendencia a la vez agresiva y social en el cauce de la comunicabilidad. Se aprecia un acusado sentimiento de libertad en opción y expresión, lo que implica cierta capacidad decisoria que le hace a veces incapaz de someterse a un orden, y explica la dificultad y problemas de su vida asociativa. Sin embargo, y tal vez por la necesidad del primun vivere, es de los profesionales que llega a tener una más estrecha vinculación con la empresa, al extremo de que para algunos, todavía hoy, sea el periódico-empresa quien confiere al periodista su capacidad e identidad profesional”.
5.2-. CUALIDADES Y FORMACIÓN NECESARIAS PARA SER PERIODISTA
Partiendo de la repercusión que tienen los medios en la producción y reproducción de la realidad social como orientadores de las pautas de comportamiento del individuo en el proceso de socialización, son muchos los autores que defienden que los profesionales de la información deben tener una formación específica que les cualifique para desempeñar su importante papel en la sociedad. Como cualidades con las que el futuro comunicador se vería potenciado, podemos citar las que enumera Manuel de Guzmán en su libro Persona y personalidad del periodista. Estos datos fueron recogidos de forma cualitativa por el autor de la investigación, ya que declara que los deduce de entrevistas personales e informales con profesores de Facultades de Ciencias de la Información.
Curiosidad, motor de arranque de toda acción informativa y fuerza que impulsa a la consecución de la noticia.
Agresividad, en su sentido psicológico de necesidad de aproximación a otro para establecer comunicación.
Alocentrismo, como impulso de vida alrededor de los demás con fuertes deseos de servicio.
Extrovesión, en cuanto a necesidad de comunicación con el mundo exterior y estudio de las realidades externas a la conciencia del yo.
Sociabilidad, como tendencia a la vida comunitaria y a la realización de una convivencia pacífica.
Paciencia, en cuanto a saber escuchar y el sentido de espera hasta la consecución de la noticia.
Flexibilidad, para no aferrarse demasiado a las propias convicciones y saber aceptar las opiniones de los otros.
Tolerancia, sobre cualquier acción que produzca molestia, o ideología de los demás, y ante cualquier hecho noticiable.
Audacia, para conseguir una información que implica riesgos necesarios y que es preciso afrontar.
Decisión, ante las dudas sobre la publicación de una noticia o comentario de la actualidad con riesgo de censura.
Responsabilidad, como sentido de equilibrio entre el interés, conveniencia o inclinación personal y el posible perjuicio a otro.
Espíritu crítico, para no aceptar como bueno o malo cuanto se dice, huir de todo dogmatismo y no comulgar con ruedas de molino.
Honestidad, en el servicio de la noticia, lo que implica sinceridad en la exposición de la misma y no descarta la intencionalidad, más o menos abierta en el comentario, de modo que este interprete la noticia o facilite al lector su interpretación, pero sin llegar nunca a desvirtuarla; en cualquier caso rectitud, honradez y veracidad.
Capacidad de juicio, o aptitud para juzgar de manera intuitiva situaciones dispares, distinguir lo real de lo aparente, lo verdadero de lo ficticio, la imagen que se quiere dar de lo que sea la entraña del asunto.
Tendencia analítica, como capacidad de análisis y síntesis, saber desmenuzar el qué del cómo, el cuándo, y el dónde para llegar al último por qué, y saber resumir la noticia en su aspecto más característico.
Objetividad, que supone renuncia a la tendencia, al partidismo a toda pretensión y vinculación, para servir la noticia sin ninguna clase de apasionamiento.
Imaginación, no excesiva pero sí de suficiente alcance para suponer situaciones previsibles que puedan explicar la noticia sin desorbitarla con modificaciones irreales.
Nivel medio intelectual, necesario par el medio habitual en que solemos desenvolvernos. Un lato nivel nos llevaría a la especulación sobre las últimas razones de las cosas en detrimento de una explicación sencilla del hecho, y un nivel escaso nos impediría el acercamiento a la realidad ya a la comprensión del diario acontecer.
Ecuanimidad, como fortaleza objetiva para no dejarse llevar de consideraciones extremas, mirando el punto medio de las cosas.
Inconformismo, ante situaciones injustas o desfavorables para la convivencia, aunque sean fruto de la costumbre o se viva en ellos tan inmersos que se acepten por comodidad. Inconformismo ante trabas y silencios que atenten a cualquier tipo de libertad, mientras el uso de esta no venga a herir sentimientos ajenos.
Sagacidad, entendida como perspicacia y olfato para la noticia tanto en su forma o expresión como en el momento adecuado para su difusión.
Tendencia a la experimentación, saber buscar las fuentes y no conformarse con los indicios, ni simples apariencias; sentir necesidad de buscar las raíces y de encontrar la explicación de todos los hechos, con gusto por el manejo de la documentación.
Espíritu de aventura, como sentimiento y necesidad de buscar un más allá, de penetrar en lo desconocido, no por el goce personal de descubrirlo sino por la gran satisfacción de poder servirlo a los demás como noticia.
Relativismo, en el sentido de antidogmatismo y de no sumisión a cualquier tipo de tabú; respeto a los dogmas, que algo tienen cuando llegaron a serlo, pero no aceptarlos por la fuerza de la costumbre o la coyuntura, no los sociales ni, desde luego, los políticos. Relativismo en el sentido filosófico y en el científico, pero sólo para el tratamiento de la noticia y no en el sentimiento personal.
Si consideramos estas cualidades como “innatas”, en el capítulo de la formación académica del futuro reproductor de la realidad social hay que considerar indispensable que se asimilen una serie de contenidos metodológicos fundamentales.
Esta carrera enseña la forma de transmitir una noticia, la forma de escribir correctamente para llegar al público, la forma de expresarse en el lenguaje más adecuado dependiendo del tipo de noticia, de la gravedad de los acontecimientos, de la importancia de los hechos, del público al que se dirige y del medio en el que se va a reflejar.
El objetivo final de la licenciatura de periodismo es crear profesionales libres, independientes, con criterios y que sepan captar la atención del lector. Para ello, hay que profundizar en la redacción periodística, en las características de los soportes y en los diferentes lenguajes de las distintas áreas que componen la vida social.
En lo que respecta a nuestra investigación, un tema importante es delimitar la importancia que se debe conceder a los estudios académicos de periodismo, porque muchos autores y profesionales dicen que la mejor escuela de Periodismo es la vida real. Un primer problema deriva de la interpretación de que si al periodista lo forma otro periodista sobran las escuelas. El otro es consecuencia del primero: si el periodista se hace en la redacción no son necesarios los estudios porque lo único importante sería la práctica profesional. Según esto, lo único importante es tener una buena base cultural puesto que la especialización es algo accesorio que se adquiere con el ejercicio de la profesión.
Si bien se ha esbozado más arriba la hipótesis de que los contenidos académicos no son indispensables, de acuerdo a la bibliografía manejada y al resultado de nuestra encuesta, la formación básica que debe conseguirse para estar suficientemente preparados para ejercer la profesión periodística debe aunar los siguientes puntos:
Dominio del idioma.
Bases psicológicas de la comunicación.
Efectos y procesos del mensaje.
Alcance y límite de la imagen.
Técnicas de la palabra hablada y escrita.
Campos e historia de la información.
Géneros periodísticos.
Técnicas de confección de un periódico.
Funcionamiento de una emisora de radio.
La información en el medio televisivo.
Semántica y semiótica de la comunicación.
Derecho y legislación del periodismo.
Esta clasificación se complementa con una enumeración de los conocimientos culturales imprescindibles para el periodista:
Historia del pensamiento humano.
Historia de la expresión literaria.
Sociología y ciencias sociales.
Economía política.
Historia social y política de España.
Instituciones nacionales e internacionales.
Medios y técnicas de documentación e investigación.
De este modo, y recogiendo palabras del propio M. de Guzmán (1989:197), “el periodista necesita de una base cultural elevada; no para que sepa de muchas cosas, sino para que sepa cómo y dónde encontrarlas y para que su formación se dé la suficiente prestancia en el ejercicio de la captación, elaboración y servicio de la noticia, con la capacidad de juicio que sólo proporciona la cultura”.
A modo de conclusión de esta enumeración, Guzmán dice que “el periodista es un profesional de aptitudes especiales y de nivel medio o superior, que ejerce una actividad conductora y orientadora, para la que no necesita de talento específico, aunque sí una cuidada preparación y aprendizaje. Su trabajo es de tipo mental e intelectual, volitivo y desapasionado, con cierta aureola romántica sobre su propensión al saber y a la crítica sobre el mismo; quedando en su proceder más cerca del luchador que del mero trabajador”.
5.3-. EL PERIODISMO COMO PROFESIÓN
Hemos visto hasta ahora la importancia social del informador y la necesidad de una formación específica que lo cualifique para hacer frente a la gran responsabilidad social que tiene. Ahora bien, la realidad laboral no se corresponde en ciertos aspectos con esta importancia, tal y como se puede apreciar en los siguientes puntos:
No existe el Título de Periodista como patente de ejercicio, ya que por supuesto no lo es el Título de Licenciado en Ciencias de la Información.
En sentido estricto, no existe la profesión periodística, sino una actividad, una ocupación, un empleo.
Para ejercer de periodista no se exige requisito alguno. El periodista es creado por la empresa en el acto de contratación.
En las facultades no existe una asignatura que se llame Teoría del Periodismo.
Según E. Aguinaga esta es la situación ideal para los empresarios, aferrados a la “falacia” de que “libertad de expresión es igual a libertad de contratación”. El licenciado que llega a una redacción puede que no esté preparado para el servicio a la empresa, puede que necesite perfeccionar la base técnica, el conocimiento del oficio; pero sí está formado en la base científica y deontológica. La empresa quiere empleados que cumplan con su cometido, es la lógica de la ley del beneficio, y por eso se oponen a que el periodista entre en el orden profesional.
Estos problemas se podrían solucionar con lo que Aguninaga llama “orden profesional”, que permitiría que el periodista ejerciese como mandatario de Sociedad, y no simplemente como empleado de una empresa; porque no debemos olvidar que la empresa periodística no tiene ninguna obligación deontológica. Ahora bien, este “orden profesional” que postula se encuentra con la primera y grave dificultad de que no se ha establecido todavía una aplicación legítima del término profesión al Periodismo. Ello se debe a:
Confusión del periodista con el Periodismo. Hay una trampa por la que se exalta el Periodismo y se relega a un segundo plano al periodista. Se adjetiva la profesión periodística como la más hermosa, la más vocacional, la más fascinante, etc. Y por ello, se priva al periodista de una profesión serena y responsable como cualquier otra de su categoría. Así, se sigue ridiculizando la implantación universitaria del periodismo, y cualquier intento de profesionalización del periodista. Un hecho que viene a ilustrar esto es que la sociedad sea tan poco exigente con los hombres que, por medio de la difusión de informaciones, influyen en los conocimientos y en la conducta de las masas.
Confusión del periodista con la empresa periodística. Primero hay que dejar claras dos cosas: que los periódicos tienen dueño y que quien paga manda. Partiendo de esto, es lógica la oposición de las empresas a la profesionalización del periodista, porque consideran que esto conduciría a la constitución profesional del poder periodístico como poder de los periodistas.
Confusión del periodismo y la libertad de expresión-información. En cuanto a este problema, se nos remite a los artículos 35 y 36 de la Constitución, que hablan del derecho a la propia profesión; y al artículo 20 que versa sobre la libertad de expresión-información. Desde el poder económico se sostiene que cualquier avance en la profesionalización del periodista (art. 35 y 36) es una restricción del derecho a la libertad de expresión-información (art. 20). Según el conferenciante, con esta falacia se sostiene que “todo español, por el hecho de haber nacido, ya es periodista”. La pregunta clave para la profesionalización del periodismo sería “¿Cuáles son las posibilidades reales del ciudadano para ejercitar prácticamente el derecho a la libertad de expresión-información con dimensión pública?”. Enviar cartas al director y esperar que las publiquen no es el mejor método. La profesionalización del periodista no solo no supondría una restricción del derecho a la libertad de expresión-informacion, sino que, mediante la enseñanza universitaria y su titulación colegiada, sería la mejor garantía del derecho, ejercitado por periodistas capacitados, responsables y libres, en cuanto mandatarios de la Sociedad, verdadera titular del derecho.
Confusión de profesión y oficio. No debe admitirse la desvalorización del periodismo como un oficio ya que el artículo 36 de la Constitución lo ampara. La Facultad no puede reducirse a una Escuela de informadores o reporteros.
Confusión de periodista y escritor. Como ya hemos escrito más arriba, entendemos por periodista el “determinador de contenidos en la clasificación de la realidad (periodificación interpretativa) mediante operaciones de selección y valoración, por la aplicación de factores de interés e importancia, con criterios deontológicos” (Aguinaga 1993: 17) y por lo tanto no debe definírsele como “el que escribe en los periódicos”.
Confusión de periodismo y política. Esta comparación se hace a través de una analogía. Al igual que nadie exige el título de Licenciado en Periodismo para ejercer de periodista, nadie necesita la licenciatura de Ciencias Políticas para ser diputado. Pero hay una diferencia a favor del periodista, que nadie defiende la profesionalización de la política porque el desempeño de un cargo político es sustancialmente temporal y no depende de la voluntad propia sino de la de la Sociedad.
La Academia dice que “profesionalización es dar carácter de profesión a una actividad”. Como dice Aguinaga, en eso nos encontramos en España en cuanto al periodismo desde que se fundó la Asociación de la Prensa de Madrid en 1895. Por los datos que ofrece, la situación es similar en todo el mundo, excepto en diez países iberoamericanos donde existe titulación universitaria y colegiación profesional, y el modelo híbrido de Italia.
Tomando una cita de Walter Lippmann, E. Aguinaga dice que “el periodismo es una profesión subdesarrollada”, pero lo recrudece aún más y sostiene que llega a ser una “profesión desvertebrada”. Para apoyar esta tesis nos da un catálogo con diecinueve deficiencias de esta profesión (pag.19):
No se exige requisito alguno para el ejercicio del Periodismo.
No se exige, por tanto, el requisito de la titulación.
No se exige, por tanto, el requisito de la colegiación previa.
No se sanciona, por tanto el intrusismo (Código Penal, art. 321).
Carece de estatuto legalizado.
Carece de código deontológico.
Carece de convenio marco de trabajo.
No es una profesión como las demás.
No hay definición del ejercicio profesional (actos propios).
Se ha deslegalizado como profesión.
Se ha renunciado a la Colegiación.
Se han perdido las Hojas del Lunes.
Se han descapitalizado las Asociaciones.
Se ha progresado en la insolidaridad profesional.
Prevalece la figura del periodista como mero empleado.
De hecho, la empresa crea al periodista.
Han surgido toda suerte de empleos y subempleos marginales
Son frecuentes e impunes los casos de explotación en el trabajo.
Los periodistas no han querido, no han sabido o no han podido hacer una huelga.
Esta conciencia de profesión desvertebrada queda bien resumida en un artículo de opinión recogido de ABC. Su autor es Luis Ayllón y se titula “Por favor, no me llame periodista”.
Por su especial interés reproducimos el artículo en su integridad.
“Si periodismo es obtener, mediante pago millonario a quien dio el chivatazo, unas fotografías de una conocida personalidad de este país en compañía de una modelo desconocida, en un chalet particular invadiendo la intimidad...
Si periodismo es publicar esas fotos como gran exclusiva y mostrar a continuación un sospechoso reportaje sobre la propia modelo...
Si periodismo es difundir sin su consentimiento unas fotografías de una cría de dieciséis años, hija de un alto cargo del Gobierno, en actitud comprometedora con un chico de similar edad...
Si periodismo es llevar a un programa de televisión a un individuo que, sin ninguna prueba, asegura que una persona sobre la que hace poco estuvieron concentradas las miradas de todos los españoles se casó embarazada...
Si periodismo es dar a la publicidad confidencias o bromas de una alta personalidad hechas a un grupo de personas en el bien entendido de que no eran para ser difundidas...
Si periodismo es preocuparse más de obtener una buena foto de un niño agonizante en una guerra cruel en lugar de prestarle auxilio...
Si periodismo es condenar desde los medios de comunicación a los sospechosos antes de que hayan sido juzgados...
Si periodismo es servir de altavoz a quien tiene como norma el insulto y las acusaciones infundadas...
Si periodismo es publicar lo primero que se oye, sin intentar contrastarlo porque hay que levantar escándalos...
Si periodismo es realizar un montaje teatral sobre actuaciones tremendas de neonazis (...) o sobre el trabajo de niños explotados para luego ofrecer sus imágenes como si fueran reales...
Si periodismo es facilitar una tribuna en televisión a cualquiera capaz de decir una barbaridad (...)
Si periodismo es pretender, además, -”para recoger todas las opiniones”- que esa barbaridad o esa idea peregrina sea rebatida por alguien con prestigio...
Si periodismo es situar en pie de igualdad en un programa de debate a un indocumentado con una persona instruida (...)
Si periodismo es excluir o ridiculizar las opiniones que no están de acuerdo con la idea preconcebida que se tiene de un hecho...
Si periodismo es hacer en una tertulia radiofónica o televisiva afirmaciones dogmáticas sobre temas en los que no se llegaría a aprobar ni siquiera un elemental examen...
Si periodismo es facilitar una tribuna pública a terroristas o delincuentes porque tiene morbo...
Si periodismo es, en fin, carecer de cualquier tipo de ética, entonces, por favor, aunque lleve más de veinticinco años escribiendo en los periódicos, no me llame periodista”.
El estudio concreto del problema de la colegiación, puede ayudarnos a comprender la circunstancias por las cuales el Periodismo no ha adquirido todavía el estatuto de profesión. En él se trataría de dilucidar cómo se relaciona la profesionalización del Periodismo con el derecho humano a la información, la necesidad de la profesionalización y la honestidad de los profesionales de los medios de comunicación. La base de este análisis es el artículo de Carlos Soria, catedrático de la Facultad de Ciencias de la Información de Navarra, titulado De las Asociaciones de la Prensa a los Colegios de Periodistas.
Un Colegio se define como:
a) Un Colegio profesional es una entidad de Derecho público, que tiene, por tanto, personalidad jurídica pública.
b) Un Colegio profesional tiene que crearse por voluntad directa estatal o autonómica, mediante una Ley formal. El Colegio está dotado, pues, de una potestad de imperium que se deriva del Poder público.
c) Un Colegio profesional tiene carácter forzoso, es de pertenencia obligatoria para aquellos profesionales a cuya actividad el Colegio de refiera.
Estas características de los Colegios profesionales explican, a su vez, lo siguiente:
a) El Artículo 36 de la Constitución encomienda a la Ley regular de los Colegios profesionales y el ejercicio de las profesiones tituladas.
b) La constitución de un Colegio profesional requiere la voluntad de una Ley.
c) Los fines de un Colegio profesional institucionales, vienen imperados por la misma naturaleza de la profesión de que se trata; y han de ser asumidos por su Ley constitutiva.
d) El Colegio profesional además de estar vinculado a un Departamento ministerial o a una Consejería autonómica, dispone -para impugnar sus acuerdos- de la vía contencioso-adminstrativa.
Es obvio que el derecho a la información aclara definitivamente que la información no atañe sólo a empresas o periodistas, sino a todo hombre. La información no es patrimonio exclusivo o excluyente de una profesión. Ni las empresas ni los periodistas tienen más derecho a la información que el público; ni son propietarios de la información. Por ser un derecho humano, la información pertenece al público.
¿Qué sentido tiene entonces -desde el reconocimiento del derecho a la información- la profesión informativa? ¿No habrá que plantearse si no caminamos hacia un tipo de sociedad sin periodistas profesionales?
Es evidente que si la actividad informativa no da lugar a una profesión, ni tampoco la necesita, carece de sentido plantearse la posibilidad de un Colegio profesional. Un colegio profesional es un puro contrasentido para todos aquellos que mantengan -por una u otra razón- que ni el Periodismo es una profesión ni debería serlo.
En cierto modo, el derecho a la información fortalece aún más la necesidad de la profesión periodística. La actividad informativa no es simplemente el ejercicio individualista de la libertad de expresión, sino básicamente un deber -el deber profesional de informar- simétrico y concordante con el derecho a la información del público. Si alguien tiene el derecho, es que alguien tiene el deber, la deuda o la obligación de satisfacerlo. Y ese alguien son, en buena parte, las empresas y los profesionales de la información. La información tiene así una profunda trascendencia social. Al satisfacer el derecho a la información del público, constituye la comunidad. Comunicación y comunidad son conceptos interdependientes. La comunidad existe en la medida que se cumplen rectamente el deber de informar y los deberes en que se ramifica.
La negación de la profesión periodística procede otras veces de la negación de su ética. No existe nuestra profesión -a pesar de las apariencias- si los periodistas no intentan practicar los mismos valores profesionales, no comparten una idea común de su función social, o la profesión, en cuanto tal, carece de convicciones éticas generalizadas. En pocas palabras: no existe la profesión periodística, desaparece la noción de deber profesional de informar, y el público pierde toda referencia respecto a qué puede esperar de empresas informativas y periodistas, si no existe ni tiene vigencia real el ethos profesional informativo.
Desde esta perspectiva, la identidad de un informador no consiste en figurar en un registro, poseer un carnet, o tener una titulación universitaria específica. Todo esto tiene simplemente un significado puramente probatorio, y, por tanto, procesal o formal. La identidad de un periodista se muestra y demuestra siempre a través de sus actos: de sus actos humanos, de sus actos profesionales, de sus actos informativos, encuadrados en los correspondientes procesos de comunicación.
El ethos informativo -que no es la ética de cada informador, sino la ética que vertebra la profesión y, por tanto, a cada informador profesional- se funda pero no se confunde con el recto ejercicio del derecho a la información. El ethos informativo que se postula es la ética de las organizaciones que difunden información. Ni la ética es sólo para los periodistas, sino también para las organizaciones, ni debe haber contradicción entre las exigencias éticas de los directivos, propietarios, editores y los periodistas. La ética que se postula es la ética de la organización informativa, es decir, la de todas y cada una de las personas que la integran.
Los Colegios profesionales tienen, pues, como fin institucional garantizar la honestidad profesional y deontológica de los profesionales que los integran. La honestidad deontológica la siguen los Colegios a través de toda la vida del colegiado. La honestidad profesional la garantizan, o bien mediante unas pruebas, que suelen darse en los Colegios que agrupan a funcionarios: Colegios notariales, de Registradores, etc.; o bien remitiéndose a la garantía de una titulación universitaria superior o media. No conozco ningún colegio que rebaje esta última exigencia.
Todo esto explica dos cosas: el carácter forzoso, la pertenencia obligatoria al Colegio si se presta la actividad de interés público; y, por otra parte, explica también que el Colegio tenga como finalidad la defensa de la profesión entendida como categoría. Es perfectamente compatible la existencia de un Colegio profesional con la de Asociaciones y Sindicatos, ya que cada una de estas modalidades encauza de modo diferente la defensa de los intereses colectivos y solidarios que genera el ejercicio de la misma profesión.
Así pues, la constitución de un Colegio profesional de periodistas significaría, al menos, lo siguiente:
a) La actividad informativa es una función de interés público, con independencia de que sus gestores sean públicos o privados. Ese interés público estriba en que la actividad informativa profesional se orienta a satisfacer el derecho a la información del público.
b) Se reconoce y garantiza, en el ámbito de lo público, la existencia del deber profesional de informar. Este reconocimiento lleva implícito la garantía pública del ejercicio de todos aquellos derechos profesionales que sean cabalmente medios necesarios o convenientes para cumplir el deber profesional de informar.
c) Se reconoce, en el ámbito jurídico público, que el derecho a la información y el deber profesional de informar sólo tienen un único modo justo de cumplirse: hacerlo libremente.
d) La profesión informativa en su conjunto asume la responsabilidad pública de garantizar la honestidad profesional y deontológica de sus colegiados.
Resumiendo: El menosprecio de la información suele desembocar en el menosprecio de los periodistas. Pero también el menosprecio de los informadores conduce, antes o después, al menosprecio de la propia información. Entre todos debemos ayudar a entender esta sencilla realidad: los informadores desempeñan una profesión liberal. Es verdad que en la mayoría de los casos no trabajan por cuenta propia, sino que están encuadrados en organizaciones. Pero también es verdad que -dentro o fuera de una organización- su identidad, se conecta con un trabajo predominantemente inmaterial, espiritual, simbólico. El trabajo informativo moviliza, en los informadores, no sólo sus hábitos intelectuales sino también morales. Por eso es una profesión liberal. Por eso las destrezas informativas son mentales, no mecánicas. Por eso la verdadera cualificación de un periodista está en sus motivaciones. Por eso requiere libertad e independencia. En último extremo, la profesión informativa es liberal, porque sólo libremente puede cumplirse el deber profesional de informar.”
Teniendo en cuenta lo recogido anteriormente dentro de este punto, y apoyándonos además en el libro de Manuel de Guzmán titulado Persona y personalidad del periodista, conviene hacer el siguiente comentario:
“El hecho está en que, por un lado existen profesionales de la información sin estudios académicos, ni título o carné, para quienes la exigencia de estos supone un peligro en su estabilidad laboral; por otro lado a las empresas les va muy bien la no existencia de títulos ni estudios pues así podrán colocar a quien les convenga, y no digamos a las empresas dominadas por partidos políticos. Ambas conveniencias se suelen disfrazar con el pretexto de la libertad de expresión, como si esta inviolable libertad humana implicara el derecho inmediato de cada ciudadano a una plaza de periodista o locutor”. “Razón tangencial contra los títulos suele ser eso que llaman vocación, diciendo que el periodismo es profesión vocacional y el que siente la vocación se pone a trabajar en un periódico, pues los estudios tal como se presentan producen desengaños y frustraciones.” (pag 196)
“Dado el avance tecnológico de las ciencias de la Información y el nivel cultural del lector de periódicos, y teniendo en cuenta la importancia didáctica del medio informativo, ningún diario ni revista debería admitir en sus plantillas de redactores a quienes no acreditaran los estudios y conocimientos profesionales suficientes” (pag 232)
“Pretender que una profesión con unos contenidos tan específicos, una tecnología propia y unos adelantos tan enormes sea un mero oficio de escribientes, mecanógrafos, rotuladores y compaginadores, no es precisamente ser progresista, pues significa el rebajar la profesión al nivel de simple operario que ejecuta labores rutinarias” (pag 233)
5.4-. AMPLITUD DE SALIDAS LABORALES
Atendiendo a una síntesis de la bibliografía empleada se pueden establecer como posibles campos de salida laboral para el Licenciado en Periodismo los siguientes:
Prensa.
Radio.
Televisión.
Cinematografía.
Relaciones Públicas.
Empresas publicitarias.
Editoriales.
Centros de documentación.
Docencia.
Gabinetes de orientación social.
Oficinas de propaganda.
Gabinetes de prensa.
Asesorías de opinión.
Animadores socio-culturales.
Según el PIU (Programa de Información al Universitario) las salidas profesionales están muy enfocadas hacia el campo de la información. El trabajo en periódicos, revistas, gabinetes de prensa, emisoras de radio, editoriales y gabinetes de prensa constituyen la tendencia profesional. Los periodistas están igualmente capacitados para la dirección de periódicos, revistas o emisoras de radio o televisión.
En los últimos años, estos profesionales encuentran una salida muy interesante en la creación de departamentos de prensa de medianas y grandes empresas. En estos casos, además de realizar la comunicación externa, fomentan la comunicación y la información interna en cuanto a los proyectos que realiza la empresa. No hay que olvidar los gabinetes de prensa de los organismos públicos, instituciones y grandes empresas, una de las salidas profesionales mejor remuneradas.
El desempleo se sitúa alrededor del diez por ciento, si bien una parte importante de los que trabajan lo hace en campos que no están relacionados con el periodismo. Hay más periodistas que puestos de trabajo, por lo que para tener más posibilidades de empleo dentro de este sector, algunas universidades privadas ofrecen cursos de posgrado y masters destinados a la especialización y a la realización de prácticas, para ampliar la formación y desarrollar el día de mañana una tarea ético-empresarial (cabe decir que ser directivo de empresa es una cualidad que nadie otorga en exclusiva a un tipo de licenciado, por lo que los periodistas titulados pueden decidirse perfectamente por esta opción. En este campo es imprescindible que la vocación profesional del periodista sea la de dirigir organizaciones empresariales). Es interesante señalar que la demanda de estos profesionales ha crecido en los últimos años y sigue esta tendencia debido al auge de los medios locales.
Los sectores en los que se puede trabajar son: editorial, comunicación, producción de vídeo, periódicos, revistas, agencias de prensa, empresas de relaciones públicas, cadenas de televisión, publicidad, etc.
Las funciones son las siguientes: redactor, locutor, asesor de imagen, corrector, escritor, presentador de televisión, relaciones públicas, comunicación interna y externa en empresas, asesor de comunicación, gabinete de prensa, agente de publicidad.
Este panorama tan supuestamente amplio que hemos descrito se ve, en cierta medida, contrarrestado por la realidad de que el miedo, la frustración, o la inseguridad, que son “los fantasmas” con los que se suelen topar los licenciados. Ya que esta titulación no asegura un futuro profesional prometedor, puesto que existe un desajuste entre la oferta y la demanda, que desemboca en la aceptación de un trabajo por debajo de las aptitudes académicas y personales, o al margen de ellas (un titulado puede ejercer en muchos otros campos de actividad al margen de lo que es estrictamente el mundo de la comunicación. Aunque esta predisposición es bastante escasa entre los que están todavía realizando sus estudios), o en el peor de los casos, en una prolongada situación de desempleo.
La carrera no ha sido una de las que tienen más salidas profesionales, aunque las hay (como hemos deducido ya de toda la documentación bibliográfica), eso sí, para quien esté dispuesto a dejar de un lado la vocación y abrirse camino por otras vías. El título de licenciado en Periodismo, por ser uno de los más específicos y concretos, está perdiendo valor en el mercado de trabajo (Aurora Ontañón, en la revista “Periodistas”). Teniendo en cuenta que la sociedad española evoluciona hacia una mayor flexibilidad, en un futuro necesitará mucho más de profesionales perfectamente dotados que de licenciados encasillados en su título. Y según la actual situación del mercado de trabajo, los periodistas no van a tener más remedio que ampliar un poco más sus expectativas profesionales no identificando de manera estricta una carrera universitaria con una profesión determinada
Existe un porcentaje elevado de licenciados que prefieren el trabajo seguro y estable a la pelea por un puesto o el cambio continuo de trabajo. Este colectivo es el que opta por ingresar en la Administración, para acceder mediante oposición al Grupo A (10'5 % de los licenciados en Periodismo en este sector imparten docencia o trabajan en campos relacionados con las tecnologías de la información de la Administración del Estado).
Salidas profesionales existen multitud de ellas para los licenciados en Periodismo; lo único que hace falta es ampliar el punto de mira y buscarlas.
6-. PLAN DE TRABAJO
1-. Recursos humanos y técnicos: ordenador, impresora, grabadora. Profesores de la facultad y alumnos de todos los cursos.
2-. Cronograma:
Delimitación del tema y formulación del problema (dos semanas).
Decisión de las estrategias de investigación a seguir (dos días).
Formulación de hipótesis (1 día).
Elaboración de métodos para la recogida de datos, primarios y secundarios (dos semanas -del 10 al 21 de noviembre-).
Trabajo de campo (tres semanas -del 24 de noviembre al 12 de diciembre-).
Elaboración y análisis del material recogido, contrastando los resultados con nuestras hipótesis iniciales.
Conclusiones (dos semanas -del 15 al 19 de diciembre y del 7 al 9 de enero-).
Redacción del trabajo (una semana -del 12 al 16 de enero-).
Revisión y contraste (una semana -del 19 al 23 de enero-).
j) Entrega.
* REDEFINICIÓN DE LA PRESENTACIÓN
Si bien en un principio el planteamiento de nuestra investigación respondía a lo que hemos expuesto hasta ahora, las limitaciones temporales y nuestros escasos conocimientos de la teoría, unido a los obstáculos que se nos han ido planteando a la hora de obtener la información necesaria (dificultad de encontrar bibliografía adecuada y específica, y de acceder a ella una vez localizada, frenos que nos pusieron en algunas instituciones, como en la Asociación de Prensa o en el Instituto de Ciencias de la Educación), nos han llevado a redefinir parcialmente nuestro tema y acotarlo a la perspectiva que tienen los alumnos sobre la situación laboral de la licenciatura de Periodismo.
Aspectos tan interesantes como un debate en torno a la mitificada sociedad de la comunicación, el intrusismo en nuestra carrera, las demandas laborales de periodistas, el punto de vista de la ciudadanía o el comportamiento de los medios ante la contratación han tenido que ser obviados porque nuestra investigación hubiera adquirido una amplitud tal que nos habría sido imposible tratar en el corto espacio académico y de acuerdo a los avances teóricos, tan lentamente realizados a nuestro juicio.
Aunque consideramos que el acotado del tema ha restringido el trabajo, los resultados obtenidos (que no han sido lo suficientemente completos) han aportado datos interesantes que han venido a suplir las carencias anteriormente señaladas, si bien no han podido ser contrastados con otros, como los resultados de una posible encuesta a la ciudadanía para ver la imagen que el periodista tiene ante la opinión pública; tratamiento del periodismo desde diversos ámbitos, como la Iglesia, para obtener una definición del periodista lo más completa y enriquecedora posible; o la propuesta de reforma planteada el año pasado como “tercera vía”, para analizar el cambio experimentado en la definición del periodista, atendiendo a las cualidades necesarias en su contratación.
La amplitud de información no relacionada directamente con nuestro tema que hemos obtenido, nos ha llevado en ocasiones a desviarnos y “estrellarnos” en la delimitación de los aspectos a tratar, algunos tan interesantes como los que hemos citado arriba, pero otros tan banales como el enfrentamiento que queríamos plantear entre la realidad de los medios (sobre la cual teníamos prenociones muy negativas, como por ejemplo el intrusismo) y la de la Facultad, ya que esto nos hubiera llevado a un estudio exhaustivo de los componentes académicos, de la docencia y de las exigencias por parte de los medios, no atendiendo directamente al campo de las salidas laborales.
De este modo, exponemos a continuación el nuevo planteamiento de nuestra investigación, atendiendo a los recursos de los que realmente disponíamos. No obstante, ciertos puntos han podido ser mantenidos, aunque se trata de aspectos muy generales, como podían ser la definición sustantiva, el marco teórico, etc.
En la definición operativa partimos ahora del único punto de vista de los estudiantes de Periodismo de la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla para estudiar el conocimiento que ellos tienen de su futuro laboral. No es nuestro interés, pues, elaborar un marco de salidas profesionales de los licenciados a partir de la imagen social e institucionalizada que se tiene de un periodista. Es decir, no acudimos a fuentes como la Iglesia, los medios, la Ley, etc., sino que hemos restringido nuestro campo de actuación a la facultad.
La redefinición de los objetivos y las hipótesis se realizará en el punto siguiente, de acuerdo al esquema de investigación propuesto.
Del marco normativo hemos eliminado los datos concernientes a la demanda de periodistas en la bolsa de trabajo, por la imposibilidad de conseguir esos datos, en primer lugar, y porque consideramos que no eran relevantes para nuestra investigación, puesto que no influía ni condicionaba el objetivo principal de nuestro trabajo.
En el ámbito poblacional y territorial hemos suprimido a la ciudadanía, a los responsables de los medios (por la imposibilidad de distribuir un cuestionario debida a la falta de tiempo, que se ha suplido con la elaboración de una entrevista semidirectivas) y la especificación de las dos últimas promociones con respecto a los licenciados (ya que hubiera sido muy difícil encontrar una muestra lo suficientemente representativa). Estos últimos componentes sólo son teóricamente parte de este ámbito, puesto que no hemos podido llevar a la práctica el grupo de discusión que hemos diseñado (con el que pretendíamos suplir la imposibilidad de hacerles llegar la encuesta)
En el plan de trabajo hemos ampliado los recursos humanos, al añadir a periodistas que eran conocidos por miembros del grupo, gracias a los cuales hemos obtenido información pertinente. El cronograma ha sido cumplido en la medida en que nos ha sido posible, ya que la dinámica de las clases nos ha frenado en algunas ocasiones.
II-. ESTRATEGIAS DE INVESTIGACIÓN
1-. REDEFINICIÓN DE OBJETIVOS
1-. Delimitar el conocimiento de los alumnos de la licenciatura de Periodismo de la Facultad de Ciencias de la Información de Sevilla de su posible futuro laboral, sin obviar el enriquecimiento que supone las aportaciones de alumnos ya licenciados, que han podido tener un conocimiento mayor, y más real, del mercado de trabajo. Esta confrontación no va a suponer en nuestra investigación la exclusión de la posibilidad (de salidas para los estudiantes), por parte de lo que es la realidad (que propone el licenciado), sino una integración, para obtener unos resultados más adecuados y enriquecedores.
2-. Conocimiento de los estudiantes de las circunstancias que rodean a la búsqueda y al encuentro de trabajo en la esfera concerniente a la licenciatura de Periodismo. Conocer el problema del paro en la licenciatura y el punto de vista que los estudiantes tienen al respecto.
3-. Estudiar la evolución de las expectativas laborales de los alumnos en función de la variable “curso”.
4-. Conocer la valoración que los estudiantes tienen de su carrera (desprestigio o auge del Periodismo en la sociedad de la comunicación) atendiendo a realidades como pueden ser la utilidad del título para ejercer la profesión y la inexistencia de un órgano colegiado que compagine y defienda al cuerpo periodístico.
A través de los estudios que fuimos realizando y aquellas cuestiones que vimos interesantes, por ejemplo, en el cuestionario, llegamos a la conclusión de que había un nuevo objetivo, que en un principio no planteamos por creerlo sin demasiada importancia para nuestro tema: la visión de los estudiantes de Periodismo de su sistema de estudios. Posteriormente, como hemos indicado, decidimos abordarlo.
2-. HIPÓTESIS
1-. El periodista tiene en la actual sociedad de la comunicación una mayor amplitud de posibles salidas profesionales:
La demanda y emergencia de la sociedad de la información/comunicación y la amplitud de campos que abarca, prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida, lleva al periodista a disponer de una serie de salidas profesionales que superan los tópicos de trabajar en la televisión, la radio o la prensa. Éstas podrían ser: gabinetes de prensa y comunicación y docencia (no sólo en el nivel universitario sino también en asignaturas que han aparecido específicamente en la E.S.O., lo que demuestra la importancia que tiene hoy en día la cuestión comunicacional). También entendemos que el periodista es capaz de desarrollar una serie de ocupaciones no directamente relacionadas con su titulación, pero que se consideran competencia del mismo debido a la demanda social.
2-. Contingente valor del título ante los medios:
Los medios no valoran lo suficiente el título a la hora de la contratación, ya que más que todo el bagaje teórico que nos proporciona la facultad (necesario, pero no indispensable para desenvolverse en un medio) prefieren una gran agilidad en el aprendizaje y en la práctica. De ahí que para ser periodista hoy en día sea suficiente realizar un cursillo. Comprendemos que los medios, como empresas que son, necesitan rentabilizar al máximo sus beneficios y ellos saben que una licenciatura autoriza a su poseedor a exigir un salario mínimo acorde con su situación. Por eso prefieren, en ciertas ocasiones, la contratación de estudiantes en práctica que realizan las mismas funciones que un licenciado. Pero siempre es más barato gracias a los contratos basura.
3-. Paradoja entre el auge de la demanda de la información (principalmente amarillista) y desprestigio del informador:
Según conviene a la ciudadanía, a la política, a la religión, a la educación..., los medios son buenos y cumplen su función social; y otras, se les tacha de ser meros constructores de una realidad que a ellos conviene.
También consideramos que existe un auge del periodismo popular y amarillista, mientras que la figura del periodista sí se encuentra en un momento de desprestigio. El concepto se considera totalmente necesario en nuestra sociedad, pero la aplicación concreta, salvo casos consagrados ya en la escena del periodismo, deja mucho que desear.
4-. Necesidad de un colegio de periodistas:
Directamente relacionada con la hipótesis esbozada en el punto segundo, consideramos que el alto grado de intrusismo en la profesión se debe a la inexistencia de un órgano colegiado que regule las contrataciones de acuerdo a una demanda de las empresas. Además de proteger los derechos de los periodistas, podría imprimir un cierto grado de respeto y prestigio.
Mediante la colegiación también se podría conseguir la implantación de un código deontológico único, aplicable a escala nacional, por lo menos. La existencia de un código ético redactado por la UNESCO no sirve para resolver todas las cuestiones que se plantean sobre la violación de los derechos fundamentales.
Este órgano podría, dada su estrecha relación con el mundo periodístico y con la sociedad, contribuir a una mejora de los planes de estudio de la licenciatura, proporcionando datos sobre las necesidades de la sociedad y los cambios que se producen en ella.
5-. Perspectiva laboral en función del curso:
El idealismo de los alumnos de primer curso (trabajar en radio, prensa o televisión) se va diluyendo conforme se va ascendiendo. En cursos superiores impera un conocimiento mayor de las posibilidades profesionales, pero también una actitud más negativa ante los mecanismos del mercado laboral, sobre todo en lo que se refiere a la licenciatura de periodismo. Las asambleas, los compañeros y la experiencia propia en las escasas prácticas nos permiten hacer un boceto aproximado de la situación real que nos espera detrás de las puertas de la facultad.
6-. ¿Qué es la sociedad de la información?
La sociedad de la comunicación es aquella en la que impera el sistema mediático, entendiéndose por tal el conjunto de comunicaciones que tienen en común una presencia pública relevante y hasta hegemónica respecto a otras instancias sociales, en orden a constituirse en voz pública y configurar el pensamiento común. El sistema tiene cada vez unas fronteras más difusas, porque si bien los medios nacieron primitivamente para satisfacer nuestras necesidades de información, bien pronto se encuentran que puede servir para el entretenimiento, la cultura y el ocio.
En la sociedad de la información, esta se convierte en la mercancía principal: se vende y se consume información, en el nivel tecnológico y en el programático.
7-. El paro: otra salida:
Debido al conocimiento que numerosos alumnos pueden tener del mercado laboral consideran que el paro se puede encontrar entre sus posibles salidas. Es una hipótesis más a barajar dada la situación actual. Por paro entendemos “estar sin trabajo remunerado en una posición reconocida” (GIDDENS: 1996). Consideramos las prácticas como parte de esta definición de desempleo.
* REDEFINICIÓN DE HIPÓTESIS
El cambio de hipótesis se debe a la necesidad lógica de adecuarlas a los nuevos objetivos propuestos, manteniendo en líneas generales lo que esbozamos en las primeras. No obstante, se han advertido también algunos cambios como pueden ser la ampliación de la hipótesis segunda (atendiendo esta numeración al primer esquema presentado) al incluirse algunos cursillos de Periodismo que se imparten en el territorio nacional. Además, hemos enfocado con otra óptica el problema del paro. Nuestra primera formulación atendía a la negatividad que suponía estudiar Periodismo para después poder encontrar trabajo; y, posteriormente, lo hemos considerado un aspecto más incluido en la lógica de la situación actual, en la que el paro es una situación que afecta a recién licenciados y a cualquier trabajador. También se ha atendido a la consideración del auge o desprestigio del Periodismo analizando, no la vertiginosa emergencia de la “prensa amarilla”, sino realidades más ejemplificantes como son la inexistencia de un órgano colegiado y la “necesidad” del título de licenciado en Periodismo para acceder a un medio.
1-. Salidas laborales de la titulación de Periodismo
La emergencia de la sociedad de la información/comunicación (empleamos ambos términos porque los estudios realizados al respecto no han propiciado todavía una solución satisfactoria) y la amplitud de campos que abarca (nos atrevemos a decir que impera en todos los ámbitos de nuestra vida) desemboca en una mayor disposición de salidas profesionales para el licenciado de Periodismo que supera los tópicos de trabajar en radio, prensa y televisión: gabinetes de prensa y de comunicación, docencia en la facultad y en las recién aparecidas asignaturas de comunicación de la LOGSE), dirección de empresa, oposiciones especiales dentro del grupo A para la Administración, etc.
También comprendemos que la importancia que el comunicador tiene en esta sociedad (tal y como hemos aclarado en numerosos puntos de esta investigación, como, por ejemplo, el marco normativo) le puede permitir desarrollar una serie de ocupaciones no directamente relacionadas con la titulación, pero a las que se puede considerar de su competencia por la demanda social: político, escritor, crítico artístico, líder social, etc.
2-. Evolución de las expectativas laborales en función del curso
Los estudiantes conocen, en mayor o menor medida, esta situación y tienen unos proyectos para cuando se licencien. Proyectos en el ámbito laboral que contrastan entre los alumnos del primer y del cuarto curso. El idealismo de aquellos (típicos tópicos de trabajar en radio, prensa o televisión) se va diluyendo conforme se va ascendiendo. En cursos superiores impera un mayor conocimiento de las salidas laborales (presuntamente por su relación con prácticas o por la simple conciencia del mercado laboral en su totalidad); conocimiento que es en la mayoría de los casos teóricos. Es decir: se ha elaborado desde su posición como estudiante. Este aspecto tiene, no obstante, su correlato negativo en una conciencia más profunda de la situación laboral para un recién licenciado que, en la mayoría de los casos no tiene experiencia.
3-. Conciencia de los estudiantes del problema del paro
Como ya hemos esbozado en el punto anterior, el conocimiento que alumnos, y estudiantes ya licenciados, poseen del mercado laboral nos ha inducido a plantear el paro como una posibilidad más a tener en cuenta. No estamos considerando que el licenciado se conciencie de que las oficinas del INEM van a ser el destino que le espera una vez concluida la carrera, sino que la dificultad de encontrar trabajo es hoy día una realidad que todos los licenciados, y cualquier trabajador, debe tener en cuenta. Al respecto apuntamos que nuestra hipótesis considera que la conciencia de este problema entre los estudiantes de Periodismo es alta, sobre todo en los cursos superiores.
4-. Consideración social de la profesión periodística
La consideración social de la situación del periodista se encuentra en un ambigua situación. Por una lado, hemos señalado su importancia en la sociedad de la información/comunicación, llegándose, incluso, a valorarlos como líderes sociales (sustituyendo a las anteriores instituciones que durante la Historia de la Humanidad han tratado de orientar al hombre). Si bien esto resalta la importancia del periodismo, es más que evidente que hay dos realidades que la contradicen:
a) La necesidad de ser licenciado en Periodismo para ejercer en el campo de la información/comunicación.
Violando el Artículo 36 de la Constitución, según el cual toda profesión titulada debe exigir que quienes la desarrollan posean tal título, los medios no valoran lo suficiente la licenciatura de Periodismo para realizar su trabajo con desenvoltura en los medios. No interesan tanto los contenidos teóricos suministrados por la Facultad como una gran agilidad en el aprendizaje y en la práctica. De ahí que para ser periodista hoy día sea suficiente con realizar un cursillo. A este respecto encontramos en Guía de las salidas universitarias (1996-1998) numerosos cursos impartidos por diferentes medios y empresas de comunicación: El Correo Español-El Pueblo Vasco ofrece un máster en Periodismo para titulados universitarios de cualquier facultad o escuela técnica. Su duración es de 900 horas y el coste de 630.000 pesetas. El País ofrece un máster para el mismo tipo de individuos. Su duración es similar, aunque ha aumentado el coste a 1.200.000 pesetas. El Instituto de Especialistas en Periodismo Audiovisual (IEPA) propone como requisitos para sus alumnos que sean graduados en Periodismo. Mass Media Comunication ofrece cursos en agencias de empresa y publicidad para: estudiantes; licenciados en Ciencias de la Información, Empresariales, Marketing, Bellas Artes, Artes Gráficas, y profesionales de la comunicación.
Comprendemos que los medios, como empresas que son, necesitan rentabilizar al máximo sus beneficios y saben que una licenciatura autoriza a exigir un salario mínimo acorde con su situación. Por eso, en ocasiones, prefieren la contratación de estudiantes en prácticas y la de otras personas que no poseen tal titulación (y que no son estudiantes)
b) La inexistencia de un órgano colegiado
Al demandar la colegiación, el estatuto periodístico no sólo quiere una regulación de la contratación de los licenciados en Periodismo en función de la demanda de las empresas, sino que también se quiere imprimir un cierto grado de prestigio y respeto. Este aspecto último se manifestaría en la consecución de un código deontológico único, aplicable a escala nacional. Los organismos como la UNESCO que ya se han pronunciado al respecto, no han conseguido resolver todas las cuestiones que se plantean en el campo de la violación de los derechos fundamentales. Otro aspecto que este órgano podría cubrir, dada su estrecha vinculación con el mercado laboral y la ciudadanía, sería contribuir a la mejora de los planes de estudio de la licenciatura, proporcionando datos sobre las necesidades de la sociedad y los cambios que ellos hacen en la demanda de la profesión periodística.
3-. TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN CONCRETAS
(PROPUESTA DE PERSPECTIVA INTEGRAL DE UN DISEÑO DE INVESTIGACIÓN)
La realidad social exige por su complejidad el diseño de una perspectiva de investigación integral que atienda a todos los niveles que la componen: nivel factual, nivel de los discursos y nivel de las motivaciones. Las diferencias evidentes entre estos tres campos delimitados exigen el establecimiento de una metodología pluralista (respondiendo a un pluralismo cognitivo, consecuencia del “objeto” hombre en su dimensión social), que emplea las técnicas y prácticas más adecuadas para cada uno de ellos. Dicha metodología pasa por atender y utilizar la perspectiva cuantitativista y la cualitativista, señalando que el imperialismo que se les ha pretendido conceder independientemente sólo origina una investigación parcial y mermada. Investigación que, por otra parte, obedecía a unas limitaciones planteadas por el investigador. Y es precisamente la formación de éste lo que le debe orientarle a la hora de decidir qué perspectiva es más conveniente para su objeto de estudio. En nuestro caso es más que evidente que la limitación de tiempo y recursos nos ha obligado a desarrollar principalmente una técnica cuantitativista como es la encuesta, prestando una menor atención a una práctica cualitativista tan fructífera como es el grupo de discusión; grupo del que adjuntamos un diseño y que consideramos era esencial por la riqueza que supone analizar el sentido social que se le concede a nuestro tema, siempre teniendo presente que nos encontramos en la sociedad de la información/comunicación. La propuesta que elaboramos a continuación pretende superar la insuficiencia y la parcialidad de las vías cuantitativistas y cualitativistas por separado, abogando por una metodología pluralista que contenga a ambas. Dicha metodología es exigida por cuanto el objeto de la Sociología no es unidimensional, sino que presenta diversas dimensiones a las que es necesario atender, para no traicionar la riqueza del objeto.
En nuestro caso hemos decidido simplificar las cinco vías de acceso a dos, la cuantitativista y la cualitativista, conteniendo ambas las vías de acceso denominadas histórica, comparativa, crítico- racional y estructural. Como veremos en las páginas que siguen, estos enfoques han copado sólo una parte de la realidad social, atendiendo a niveles concretos y entre los que no se veía ninguna relación posible. Pero es precisamente esta limitación lo que nos invita a realizar una propuesta integral en la que se complementen y enriquezcan.
Atendiendo a lo que fue la primera exposición de nuestro tema, en el que pretendíamos dibujar con la mayor precisión posible lo que hoy día se entendía por periodista desde todas las instituciones, atenderíamos más a lo que se denomina perspectiva cualitativa. Porque el sentido del objetivo era hacer emerger un discurso espontáneo y libre en el que se superaran los estereotipos que respecto al tema existen, dada la importancia de la función del comunicador en nuestra sociedad. Esto nos llevaría a una explotación exhaustiva de las prácticas cualitativas del grupo de discusión (del que sólo apuntamos el diseño) y de la entrevista semidirectiva (cuya realización y análisis ha sido bastante superficial). Esta atención al papel real del periodista no hubiera sido posible de tratar atendiendo sólo a la técnica cuantitativa. No obstante, la redefinición del tema nos obligó a fijarnos más en una estadística de la perspectiva laboral desde el punto de vista de los estudiantes, lo que exige emplear las técnicas cuantitativas. Si bien comprendiendo la parcialidad que suponía hemos desarrollado, aunque sólo teóricamente, prácticas cualitativas complementarias.
3.1-. EL MÉTODO HISTÓRICO
El método histórico supone la conciencia del investigador de que su objeto de estudio es el resultado de una evolución que le ha llevado a ser lo que es. Es decir, que la influencia de la variable tiempo ha ocasionado cambios en el objeto y que, por tanto, es imprescindible preguntarse por el curso sufrido para determinar lo que el objeto es en la actualidad. Una sociología ahistórica no sería pues una sociología plena, pues obviaría que la realidad social es esencialmente histórica. Pero esta historicidad no hay que comprenderla como limitada al mero recuento de los acontecimientos, sino que atiende a estructuras globales y fenómenos de larga duración para comprender porque el objeto es como es.
En nuestra investigación el componente histórico juega un papel fundamental, si atendemos al hecho de que la sociedad de la información es un fenómeno de nuestra época que ha revolucionado por completo las estructuras de la sociedad. La aparición de la actividad periodística puede ser considerada en dos aspectos: el de la necesidad de informar y la necesidad de ser informado. La necesidad de informar es tan antigua como la propia humanidad, como puede comprobarse en la historia de las civilizaciones primitivas. La necesidad de ser informado aparece en la historia mucho más tarde, y sólo cuando la sociedad ha adquirido ya cierto grado de madurez. Sus orígenes son mucho más difíciles de precisar, pues se encuentra con el problema de la interferencia de los poderosos, ya que los gobiernos controlaban este aspecto para fortalecer su poder. Si bien hoy día el componente político juega un papel esencial en nuestra sociedad de la información/comunicación, es evidente que tengamos que señalar que la necesidad de ser informado se considera algo inherente al hombre de hoy, ya que sí se le niega, o sólo se le transmite una información coartada, se está vulnerando uno de sus derechos básicos, además de entorpecer su proceso de socialización y relación en la sociedad. La importancia de la información, tal como veíamos en el marco normativo, ha llevado a una reglamentación y legislación de la actividad periodística, siempre de acuerdo con las exigencias del momento. De aquí que deduzcamos que el periodista no sea sólo hoy día un mero servidor de la noticia, sino que se ha convertido en un líder social que orienta a la ciudadanía. Esta breve exposición realizada sobre los orígenes de la información periodística y el aspecto actual de la cuestión nos sirve de ejemplo para postular la necesidad de tener en cuenta el enfoque histórico como elemento decisivo para estudiar el papel del periodista y el campo laboral que puede ocupar en la actualidad, frente a sus tímidos inicios. Este distanciamiento permitiría diluir el etnocentrismo (tan fecundo en la Sociología), porque la toma de conciencia histórica supone preguntarse de dónde vienen los procesos, ampliando el campo de visión del investigador que no se reduce así a la consideración del aspecto desde su situación cultural.
Si bien este aspecto es interesante tenemos que señalar las limitaciones con las que nos topamos a la hora de analizar períodos pasados, por la frialdad que supone acercarse y enfrentarse a unos datos de épocas lejanas con los que no mantenemos ninguna relación. Lógicamente esto originaría sesgos en la interpretación al desconocerse las motivaciones del momento. El obstáculo principal es estudiar algo que no está conectado directamente con nuestra situación actual (aunque se consideren nuestros orígenes más inmediatos nunca hay una coexistencia temporal y territorial). Este aspecto podría verse en cierta medida solucionado considerando que no debemos limitarnos a una visión pasiva y distante del hecho, sino que es necesario comprenderlo desde la lógica de nuestro presente, “acomodando” lo pasado a la nueva situación del presente, y proyectándolo hacia el futuro. Pero se corre el riesgo de perder la esencia del pasado. Además en nuestra investigación la limitación temporal nos obligaría a un estudio superficial desde un punto de vista muy determinado, que tendría que ser seleccionado previamente, atendiendo a una serie de factores elegidos de máximo acuerdo con la investigación. Del enorme volumen de información tendríamos que seleccionar lo más adecuado, que no siempre es lo más interesante.
El siguiente paso consistiría en realizar, no una predicción (tal como pretendía Popper en su visión del historicismo), sino una postdicción (BELTRÁN: 1991), entendida como la realización de previsiones a largo plazo, determinando en este caso concreto la evolución de la importancia del elemento información/comunicación en nuestra sociedad. Aspecto clave en este sentido sería el estudio las redes de información como pueden ser Internet para establecer la importancia de la comunicación en años venideros: su demanda actual y una proyección hacia su posible oferta dentro de “x” años, los contenidos de los que ahora se ocupa y los que puede abordar en un futuro, los avances tecnológicos que contribuyan a mejorar y potenciar su rápida extensión, etc. Todo ello nos permitiría saber el grado de implante en la sociedad. Pero nos encontramos con el inconveniente de analizar el cambiante fenómeno de la información. Las innovaciones en este campo son vertiginosas y un descubrimiento inesperado podría echar por tierra todos los posibles estudios realizados sobre el tema. Además hay que añadir que el período de aceptación por parte de la sociedad no se puede determinar con tanta precisión y unas cuantas reglas matemáticas, ya que habría que atender a las motivaciones profundas del individuo que todavía no se encuentran institucionalizadas y que, por tanto, son difíciles de conceptualizar.
En toda postdicción es necesario atender también a la búsqueda de las causas que la explican, no reduciendo la cuestión a una mera explicación determinista que privilegie la actuación de una sola, con lo que eliminamos así cualquier posible dogmatismo (principal consecuencia a la que su puede llegar). Estudiar los orígenes y las causas de la comunicación necesitaría de un alto grado de conocimiento antropológico y también de mucho tiempo, pues éste es uno de los campos más fructíferos y, a la vez, que más ha preocupado al hombre. Pero si podríamos atender, por ejemplo, al nacimiento de los medios tal y como lo concebimos actualmente (siempre salvando las distancias necesarias en cuanto a su extensión e influencia). Así nacen los periódicos, que en su forma moderna se derivan de los panfletos y hojas informativas que se imprimían y circulaban en el siglo XVIII. El establecimiento de una nueva forma de poder necesitaba de la comunicación entre representantes y aquellos que los elegían. Y el periódico se presentaba como el medio más adecuado para conseguir este propósito. Así el ciudadano de a pie podía participar en la vida política que durante tanto tiempo se le había negado. Estudiar las circunstancias en las que se produce este nacimiento, no evitaría la comprensión del fenómeno. Explicación y comprensión no son incompatibles (BELTRÁN: 1991).
3.2-. EL MÉTODO COMPARATIVO
El cientifismo del que se ha pretendido contagiar la sociología ha llevado a la adopción de una técnica que, en principio, podría considerarse propia de las ciencias físico-naturales: el método comparativo, que vendría a sustituir a la experimentación. La crítica a esta equiparación consiste en señalar que, en realidad, el sociólogo no manipula nada (los fenómenos sociales son imposibles de manipular) y que en lo que consiste es en una conciencia de la diversidad social y de la necesidad de anular el tan temible etnocentrismo, tan fecundo en la sociología. Esta conciencia permitiría la aplicación universal de ciertas teorías y la comprensión lo más completa posible de la realidad social como un todo en el que influyen multitud de componentes.
Hemos elegido para nuestra investigación un elemento que consideramos puede tener una influencia decisiva en el tema: la existencia de un órgano colegiado que regule la profesión. Así compararíamos la situación laboral de Periodismo con otras carreras (Medicina, Derecho, Arquitectura, etc.) que sí disponen de colegio. Dicha comparación nos ayudaría a entender la multitud de problemas con los que se encuentra un licenciado de nuestra carrera que desea incorporarse al mercado laboral, el alto grado de intrusismo en los medios, la inexistencia de códigos éticos únicos y aplicables a escala nacional, la consideración negativa por parte de ciertos sectores de la sociedad de la actividad periodística, etc. Pero también nos encontraríamos con la dificultad de tener que comparar carreras cuya consideración social dista mucho y que no desarrollan la misma función en la sociedad. Esta es precisamente su principal limitación: aplicar un esquema reductor que nos obliga a “olvidar” ciertos aspectos que, en cierta medida, pueden ser incompatibles. Ahora bien, sacaríamos mayor provecho de la comparación si desde el primer momento fuéramos conscientes de que esta limitación obedece a fenómenos metodológicos que, en ningún momento, se corresponden con la compleja realidad social y su esencia.
Otra posible vía de comparación consistiría en acudir a estudios similares que se hayan realizado en períodos clave de la historia, tal como nosotros hemos considerado la transición hacia la democracia en España. Aunque existan posibles vías de confusión con el método histórico, sería interesante analizar la situación de los medios en esa época (de una inmadurez total después de haber salido de una dictadura de más de 40 años) y el modelo actual en el que se adivinan ya los pasos hacia una era digital en la que la comunicación es el factor determinante de nuestra existencia. Las limitaciones son las mismas que hemos señalado en el modelo histórico: abordar unos hechos fríos, asépticamente recogidos en tablas y comentarios sin tener en cuenta la opinión directa de quienes la realizaron; opinión enormemente enriquecedora y que nos ayudaría a conectar nuestra investigación con la ya llevada a cabo. Y lógicamente no siempre es fácil lograr esta colaboración.
Un último problema que plantea este método es el acotado de la teoría; es decir: hasta dónde va a alcanzar nuestra investigación si ya hemos señalado de antemano las posibles limitaciones con las que no vamos a encontrar y las diferencias entre los objetos de estudio. Lo más idóneo es aplicar lo que en Sociología se conoce como “teorías de alcance medio” (GIDDENS: 1996), en las que el acotado es lo suficientemente extenso como para tener una visión amplia de los hechos (y cubrir un abanico de fenómenos diversos), y lo necesariamente reducido para abordar la cuestión de una manera precisa, sin que se pueda olvidar ningún elemento, y puedan ser contrastados empíricamente (entendiendo siempre lo empírico como una reflexión sobre la realidad más inmediata y que no tiene que identificarse con el cuantitativismo). Aplicada a nuestra investigación esta última consideración nos llevaría a reducir la cuestión planteada de los colegios al territorio andaluz, sin abordar el ámbito nacional por la profusión de datos que ello reportaría y por las diferencias entre las provincias. Además de tener en cuenta que en ciudades como Barcelona y Galicia sí existe un órgano colegiado para la profesión periodística.
3.3-. EL MÉTODO CRÍTICO-RACIONAL
Esta vía de acceso a la realidad tiene como postulado básico la afirmación de que toda teoría significa algo para la vida humana, no considerándose la realidad social sólo como algo extrínseco y reducible a datos que necesitan ser cuantificables, codificados y verificados. Esta última posición representa lo que tradicionalmente se conocía como positivismo, en el que se excluían los valores del investigador para sólo tener en cuenta la adecuación del medio al fin, sin incluir una justificación racional de dicho objetivo. Lo que ahora se reclama, si se pretende diseñar una perspectiva integral de la investigación en la que se atiendan todos los niveles, es una inclusión de la obligatoria cuestión normativa. Y esto es así porque no se puede olvidar que el hombre es un ser de valores y de intenciones. Postular una ciencia sin valores, como pretenden las ciencias naturales, es completamente imposible. El hombre no puede desprenderse de aquello que le es inherente. Apuntamos que la cuestión normativa no obedece a la irracionalidad, sino que debe tener su lugar dentro de la racionalidad de la ciencia.
La consideración positivista pone en disyunción hecho y valor, con lo que se elimina toda posible competencia ética del investigador; se excluye él mismo para no interferir los pasos de un método científico con el que se pretende establecer una verdad irrefutable. Pero con ello lo único que consigue es establecer una “ciencia sin consciencia” que busca un progreso inaudito de los conocimientos, de los supuestos aspectos benéficos y del poder de la ciencia. Y lo único que con ello se establece es la ignorancia, la impotencia del científico ante el poder que lo controla y la vertiginosa extensión de los efectos negativos y mortíferos (MORIN, 1984). El investigador necesita, si quiere superar esta situación, el establecimiento de una ética que le permita también atender a la racionalidad del fin propuesto. Tiene que ser posible que el científico evalúe su actuación, y esto sólo es posible si se atiende a que es necesario controlar también la actividad científica mediante una metaciencia en la que se aporten soluciones.
En nuestra investigación la cuestión normativa obedece a la importancia de la información/comunicación en nuestra sociedad. Todo hoy día es reducible a ella. Si partimos, pues de aquí, es comprensible que se exija una delimitación de las posible funciones que pueden desempeñar los comunicadores, por cuanto son elementos esenciales que influyen en todos los ámbitos de la vida. Funciones que han experimentado una considerable variación, por cuanto que antes se consideraban básicas para la formación de la ciudadanía, mientras que ahora se les acusa de muchos de los males que azotan a la sociedad. Al respecto nos gustaría definir que nuestra posición trata de integrar ambos aspectos, reconociendo el innegable valor de los medios hoy día, pero poniendo límites claros, y que sean cumplidos estrictamente.
La primera cuestión que desde nuestra investigación plantearíamos sería dejar claras las diferencias y similitudes entre los términos información y comunicación (y que nosotros hemos venido empleando indistintamente). Si hemos señalado su importancia no puede existir ninguna duda entre ellos. Es necesario saber sí lo que vivimos ahora es un fenómeno de comunicación (acto consciente y en calidad de igualdad con la posibilidad de una retroalimentación mutua) o una transmisión de información (canalización de datos sin posibilidad de establecer una respuesta). Los estudiosos del tema no parecen ponerse de acuerdo al respecto. Así algunos consideran que la sociedad de la comunicación no es tal y debería denominarse de la información. Y viceversa. Pero es precisamente esta falta de unanimidad la que permite la crítica, que en ningún momento se consolida como propuesta única. Este aspecto permite establecer la objetividad en un campo en el que ningún investigador está libre de prejuicios. El carácter público tiene en esta disciplina una importancia esencial. Como los descubrimientos y los informes de la investigación están disponibles para su examen los demás pueden comprobar las conclusiones. De este modo la objetividad se alcanza mediante los efectos de la crítica mutua entre los miembros de la comunidad sociológica e incluso mediante el debate público (GIDDENS, 1996). Una vez decidido el término más adecuado sería interesante plantear la posibilidad de una desmitificación del fenómeno comunicativo. Es una realidad evidente, pero ¿no se está convirtiendo en una nueva irracionalidad que todo lo permite y lo aprueba, en aras de una comunicación que no democratiza e iguala a los hombres?
Esta primera exigencia crítica abriría las puertas a otras cuestiones como podrían ser el tema que concretamente nos ocupa. La necesidad de establecer un campo de salidas laborales obedecería a la necesidad de fijar qué es lo que realmente compete a los comunicadores, sin restringir su campo de actuación, pero sin tampoco permitirles una actuación deliberada en todo lo que a ellos les apetezca.
Si bien hemos señalado la importancia de este método también tiene sus limitaciones. La principal y más importante sería la dogmatización del tema, muy posible en este campo de la comunicación. Si hemos destacado incesantemente la importancia de este nuevo fenómeno de nuestra época puede resultar enormemente fácil caer en la absolutización. Y muchos son los ejemplos en los que el pretendido cumplimiento de las disposiciones legales de la comunicación se han superpuesto al hombre y sus derechos básicos e inalienables. Un supuesto respeto de la libertad de la información que, en realidad, obedece a la necesidad de alcanzar cuotas de audiencia para mejorar sus beneficios. Una consideración crítica del fenómeno permitiría corromper su hegemonía, aunque sin obviar la importancia que le corresponde. Se pretendería establecer un control sobre él.
Estas consideraciones alcanzan en nuestra investigación el mismo valor normativo de afirmaciones tan evidentes como pueden ser el vertiginoso avance de la información, la ocupación masiva de los medios del tiempo de los individuos,
Esta reflexión realizada sobre la cuestión normativa no excluye el empirismo y menos precisamente en nuestro tema, en el que la comunicación es la realidad más inmediata. Además se consigue el establecimiento de un carácter metaempírico, en el que se permite hablar sobre ella misma y sobre la adecuación el fin propuesto.
3.4-. EL MÉTODO DISTRIBUTIVO
Tradicionalmente considerado como el método por excelencia de las ciencias físico-naturales consiste en la medición, el resumen estadístico, la prueba de hipótesis y, en general, en el uso de un lenguaje matemático que se limita a contar, pesar y medir, con cierto grado de sofisticación, los fenómenos sociales. El absolutismo imperialista que se le ha otorgado ha desembocado en un “boom” inusitado de estas técnicas, sin atender a todas las limitaciones y ambigüedades que su empleo, sin una conciencia sus contradicciones y de su reducido ámbito de utilización, origina. Sus deficiencias deben ser complementadas con un análisis cualitativo en el que se conviertan en objeto de estudio las proposiciones discursivas no totalmente institucionalizadas, superando los estereotipos de los hechos sociales cuantificados en la encuesta.
Erróneamente se ha considerado que la dimensión humana no es susceptible de medición y se ha eliminado el empleo de las técnicas cuantitativas en las ciencias sociales. Pero debemos atender a que hay ciertos fenómenos sociales que necesariamente deben ser cuantificados, aunque la explicación que a ellos se de sea plenamente cualitativa. Y es precisamente esto lo que nos ha llevado a emplearlo en nuestra investigación. Partimos del hecho de que, aunque estereotipadas, nos interesa realizar un recuento del número de posibles salidas laborales que los estudiantes de Periodismo conocen, sin entrar en cuestiones como pueden ser las vías por las cuales han obtenido es información, las preocupaciones que les causa su futuro laboral, la reflexión crítica sobre la situación del estatuto periodístico, etc., pues todas esas cuestiones son más idóneas de plantear en un grupo de discusión. Podemos obtener algunas de esas cuestiones mediante la formulación de preguntas abiertas, pero, como veremos en páginas posteriores, éstas no garantizan la emergencia de un discurso espontáneo y siguen manifestando una corriente estereotipada de pensamiento.
Otro aspecto interesante de la metodología cuantitativa es la necesidad de consultar datos secundarios de carácter estadístico que resultan imprescindibles. Así en nuestra investigación, el empleo de las listas del paro y de la demanda laboral de periodistas era esencial. Estas informaciones estadísticas no son el resultado de encuestas muestrales, sino que se obtienen del recuento de actividades registradas y constatables que no obedecen a una codificación de preguntas. Lógicamente esto no es aplicable a los datos secundarios de otras investigaciones que hemos manejado, muchos de los cuales son también resultado de cuestionarios. Aquí las dificultades planteadas son aún mayores, pues el posible distanciamiento temporal dificulta una correcta interpretación de las preguntas y las respuestas que en su momento se hicieron. Desde esta óptica planteamos que no siempre es adecuado acudir a los bancos de preguntas para obtener posibles indicadores de nuestro cuestionario, ya que las motivaciones de uno y otro momento pueden ser muy dispares, y lo que antes ha podido ser pertinente es posible que haya dejado de tener vigencia. Con esto no queremos señalar que los bancos de preguntas no tengan utilidad, sino que tiene que ser el investigador el que en su buena formación decida una posible reelaboración de preguntas ya formuladas, para adecuarla a las necesidades que él persigue. Esto es lo que hemos pretendido nosotros con la inclusión de ciertas preguntas que encontramos en GUZMÁN, 1989.
Directamente relacionado con los datos secundarios se plantea el problema del tratamiento que se les debe dar para obtener una explotación satisfactoria de los mismos. Superando los inconvenientes que hemos citado, el método más adecuado para solucionar tal cuestión es el de los indicadores sociales. Los indicadores son “una medida estadística de un concepto (…) basado en un análisis teórico previo e integrado en un sistema coherente de medidas semejantes, que sirva para describir el estado de la sociedad y la eficacia de las políticas sociales” (BELTRÁN, pág. 121). Realidades sociales que podrían tratarse son, por ejemplo, el problema del paro juvenil y las medidas tomadas por el gobierno.
Es conveniente pasar ahora a las limitaciones que supone el método cuantitativo, y que son muchas más que las ventajas que anteriormente hemos citado para justificar su empleo en nuestra investigación. Comenzaremos desde una óptica más general para concluir en la crítica de la encuesta como técnica estrella de esta metodología (crítica que se verá completada en el siguiente punto al analizar nuestro cuestionario).
El primer y más importante de todos los inconvenientes es que su pretensión cuantificadora reduce los hechos sociales a meras series distributivas de elementos, atendiendo sólo al nivel factual que se halla plenamente consolidado e institucionalizado en la sociedad, gracias a la acción del poder. Esta observación de los hechos y su aséptico registro en datos olvida la lógica interna del discurso del individuo y no atiende a la conciencia que tiene del hecho en sí. Es un enfoque externalista en el que la definición objetiva y operativa, y la cuantificación deviene una reducción analítica y una contrastación empírica que sólo atiende a las explicaciones a partir de causas externas. La consecuencia es más que evidente: se absolutiza dogmáticamente, considerándose que el universo social no es simbólico y carece de sentido; que la encuesta precodificada es el canal selectivo más adecuado; y que no tiene tal riqueza, como se pretende, el universo simbólico. Es una metodología “sedentaria” que no va más allá de los objetivos propuestos, ignorando posibles matices mucho más interesantes y enriquecedores que podrían dar un giro novedoso a la investigación. Todo ello se manifiesta concretamente en la encuesta muestral o cuestionario.
Lo primero que tenemos que decir en su contra es que desde un principio se han establecido las cuestiones que nos interesan analizar, sistematizándose en preguntas codificadas al efecto que no permiten ninguna desviación respecto a aquellos datos que estamos interesados en obtener. Se cierra la posibilidad de fijarse en otros temas que no sean los estrictamente mencionados en la encuesta. Evidentemente, la propuesta de perspectiva integral permite delimitar con la mayor equidad y adecuación posible los objetivos que tienen que ser satisfechos por la encuesta y cuáles por el grupo de discusión y las entrevistas, no considerándose tan negativa esta limitación. No obstante, esta “justificación” no significa que no conozcamos que las preguntas que hemos planteado (siempre condicionados por nuestras motivaciones, prenociones e hipótesis) van a obtener una respuesta estereotipada. Y más si atendemos al hecho que nuestra encuesta se fija mayoritariamente en cuestiones de opinión y actitudes, no en hechos. E incluso atendemos a ciertas cuestiones ideológicas. (preguntas 9, 13, 14). En este caso no podemos proponer un panel de observación participante para comprobar que lo que los entrevistados nos contestan sea verdadero, y nos tenemos que conformar con realizar preguntas pruebas (dos cuestiones similares planteadas de distinta manera al principio y al final, una pregunta sobre un hecho y su correspondiente cuestión ideológica para ver si se contradicen o no, etc.). Hemos de señalar además que la inevitable polisemia del lenguaje alcanza en este tipo de cuestiones su punto álgido (así, por ejemplo, algunos pueden entender la colegiación como una garantía de encontrar trabajo, no habiéndolo planteado nosotros en esos términos), además de que la formalización denotativa no se corresponde nunca con el discurso espontáneo del encuestado.
Si ya hemos señalado que la adecuación entre discurso y respuesta al cuestionario no se corresponde en lo más mínimo, reforzamos ahora esta afirmación con la reflexión sobre las “preguntas cerradas”. En ellas se suministra al individuo las respuestas que nosotros proponemos, bien porque nos interesa tal reducción, bien porque no conocemos todo el abanico de posibilidades. De esta manera estamos “obligando” a encasillar su respuesta en uno de los “items” propuesto, sin que se permita la crítica de la pregunta y su reformulación. Lo único que con ello conseguimos es que el individuo acomode su respuesta el medio justo y aceptado por la sociedad, aunque se contradiga con su discurso y sus motivaciones más profundas. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido en nuestro cuestionario con las preguntas en las que hemos intentado dibujar lo qué es un periodista en nuestra sociedad. No obstante, podríamos obtener de esta desviación estereotipada un interesante punto de vista sobre la institucionalización de esta figura, haciendo un análisis de lo que la sociedad se ha empeñado en crear bajo esta etiqueta. Dicha cuestión sería mucho más útil si después lo contrastáramos con los discursos que obtuviéramos en la reunión de grupo. Apuntamos que esta cuestión que hemos planteado de estudiar los estereotipos puede proporcionarnos datos muy interesantes sobre los objetivos y las carencias, e incluso los miedos, de una sociedad.
Para intentar que nuestros encuestados no se sintieran tan constreñidos a la hora de contestarnos hemos incluido numerosas preguntas abiertas, con las dificultades que puede originar: laboriosa clasificación y conceptualización, y rechazo por parte de los encuestados a detenerse a reflexionar un poco más (incluso hay algunos individuos que se han dedicado a responderlas con “gracia”). Pero ni siquiera con ello hemos conseguido lo que el grupo de discusión hubiera podido aportarnos. Porque el encuestado no se ve motivado por una situación grupal que respalde la emergencia de su discurso más profundo al respecto. Las limitaciones siguen siendo básicamente las mismas que las de las preguntas cerradas. Proyectamos nuestra posición ideológica al confeccionarlas, con lo que tenemos que desmentir la pretendida neutralidad que se les pretende conceder al conseguir la palabra justa (salvo los por qué, aunque su adición a unas preguntas sí y a otras no también responde a nuestros intereses), la descontextualización de las respuestas (qué lo motiva y cómo se entiende en el contexto social), dificultando una interpretación que normalmente acaba siguiendo la lógica del investigador.
Estas limitaciones también se hacen extensibles al nivel técnico, señalando que la encuesta sólo permite una distribución porcentual de las respuestas obtenidas y, en todo caso, un cruce simple de variables “independientes” como el que nosotros hemos realizado. La sustitución por otras técnicas más sofisticadas permitiría un mayor juego de variables, pero en el nivel de los conceptos seguiría siendo insuficiente.
Señalemos por último que otra dificultad de dichas técnicas es que se prestan a una interpretación parcial e interesada por parte de los medios. El mismo poder quiere constatar que se difunden aceptablemente sus estereotipos y obtiene de las encuestas muestrales datos que nunca habían sido planteados por los investigadores en ese sentido. En la síntesis que adjuntamos suministramos todos los datos concernientes a la ficha técnica para lograr una interpretación correcta de nuestra investigación, en el supuesto de que apareciera publicada en un medio.
3.5-. EL MÉTODO CUALITATIVO
Tradicionalmente se ha impuesto la consideración de que el método cuantitativo y el cualtitativo tenían que estar enfrentados, ya que los objetos de conocimiento que estudiaban, así como el tipo de ciencia al que se adecuaban, eran radicalmente opuestos. Afortunadamente los avances en materia sociológica han permitido establecer que ambas vías de acceso a la realidad social son necesarias para obtener un conocimiento pleno. Igualmente se ha llegado a postular la necesidad de reclamar para la ciencia físico-natural unos orígenes antropológicos y culturales, y para la social, unas raíces biológicas. Esta integración permitiría un acercamiento más adecuado a los hechos sociales.
La metodología cualitativa surge como reacción frente al imperialismo cuantitativista que se apoderó de la investigación sociológica y gracias a ello se consigue recuperar el protagonismo y la voz de los sujetos, permitiéndoles que se manifiesten libremente y que empleen el lenguaje en toda la riqueza simbólica que le caracteriza. Dejan de ser objetos para convertirse en sujetos, acortando así las distancias que separan a investigador e investigado en las ciencias físico-naturales. Este reconocimiento de la importancia de la vía cualitativa no debe llevarnos erróneamente a concederle una situación de primacía en la investigación sociológica, ya que entonces volveríamos a caer en las mismas limitaciones del absolutismo cuantitativistas. Es necesario, pues, dejar bien claro qué esfera corresponde a cada uno de los métodos.
Tal como establecimos cuando delimitamos el tema, la perspectiva cualitativa nos sería de mayor utilidad, por cuanto estábamos interesados en descubrir la verdadera significación de la figura del periodista en la sociedad de la comunicación, superando las definiciones estereotipadas y superficiales que desde las diversas instituciones se nos pudieran suministrar. Buscábamos motivaciones y significaciones en las que quedara bien patente el hecho de que el hombre es un ser de sentido, con un universo simbólico enormemente rico, que no se agota en los items cerrados de un cuestionario, ni tampoco en las descontextualizadas frases de las preguntas abiertas. Perseguíamos un enfoque internalista. Las limitaciones temporales, no obstante, nos han obligado a no aplicar esta práctica. Somos conscientes de que hemos relegado a un segundo plano la comprensión significativa y la interpretación motivacional de las actitudes. Un análisis multidimensional e interminable, más problemático y menos preciso, pero con una mayor relevancia. La interpretación de los discursos se convierte en un punto básico y el lenguaje deja de ser instrumento de conocimiento (denotativo tal y como se pretendía en la ciencia físico-natural) y se convierte también en objeto de estudio. Es una “hermenéutica” que estudia al lenguaje a través del propio lenguaje. Señalemos que esto no consiste en conceder a las estructuras lingüísticas una posición absoluta como “matriz articuladora de la realidad social” (ORTÍ, 1982), sino que intenta atender a un pragmatismo: comprensión de lo social para una acción modificadora o transformadora.
Toda esta consideración cualitativa consigue reproducir lo que el hombre es en sociedad:
Fusión de teoría y práctica.
Proyección valorativa.
Relaciones de implicación.
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