Romanticismo: géneros y autores

Literatura española del siglo XIX. Narrativa y poesía romántica. Bécquer. Espronceda. Rosalía de Castro. Teatro romántico. Zorrilla

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EL ROMANTICISMO

En la 1ª mitad del siglo XIX, el relato corto se ve influenciado por el movimiento

Romántico. Dicho movimiento está basado en filosofías humanas alemanas que se caracterizaban porque según ellos todo ser poseía alma que no puede estar recluida en el cuerpo por lo que necesitaban huir del espacio. Para ello se recrean en paisajes orientales, clásicos, e incluso en la Edad Media. Para ello, buscaban la soledad, es decir, encontrarse fuera del contacto de los demás, buscando esto en ambientes lúgubres y tenebrosos. Además, los artistas de este movimiento exaltan en sus obras los sentimientos personales y rechazan las Reglas del Racionalismo ilustrado.

  • ORÍGENES E INSPIRACIONES DEL ROMANTICISMO

Hacia finales del siglo XVIII los gustos literarios en Alemania y Francia se alejan progresivamente de las tendencias clásicas y neoclásicas. Los autores románticos encuentran su primera fuente de inspiración en la obra de dos grandes pensadores europeos: el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau y el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe.

  • MARCO HISTÓRICO DEL ROMANTICISMO

A partir de le Revolución Francesa (1789), la burguesía asume el poder político en Francia y consagra las ideas de libertad, igualdad y fraternidad. Esos principios sirven de base al movimiento liberal que pregona la libertad de pensamiento, expresión y asociación del individuo, defiende la soberanía popular y sostiene que el poder reside en el pueblo, que lo ejerce a través de sus representantes elegidos por sufragio universal.

La política expansiva que sigue el emperador francés, Napoleón Bonaparte, con el pretexto de propagar las ideas de la Revolución sume a Europa en la guerra durante los primeros años del siglo XIX. Ello provoca, por una parte, provoca la reacción de las monarquías que acabarán derrotando a los ejércitos napoleónicos en 1815, y por otra, favorece el auge de los nacionalismos ya que los pueblos invadidos quieren reafirmar su identidad histórica y cultural frente al invasor. Aunque las monarquías absolutistas quieren imponer los principios del Antiguo Régimen, las ideas liberales si irás abriendo paso en muchos países. La burguesía, que experimenta un gran auge económico con la revolución industrial, aumenta su poder político e intenta modificar las estructuras sociopolíticas dominadas por la nobleza. De ahí que el liberalismo y el absolutismo se enfrenten a lo largo de estas primeras décadas del siglo XIX.

  • EL ROMANTICISMO EN ESPAÑA

Pese a que el Siglo de Oro español había servido de inspiración y modelo a escritores románticos de otros países, España no alumbró autores románticos significativos hasta la década de 1830. Su desarrollo está condicionado por la situación política marcada por el absolutismo de Fernando VII.

El romanticismo fue introducido con éxito en el teatro español por Ángel de Saavedra, duque de Rivas, con Don Álvaro o la fuerza del sino (1835). Discípulo del duque de Rivas fue el poeta y dramaturgo José Zorrilla, quien comparte con aquél el mérito de haber recuperado los temas legendarios e históricos en brillantes poemas narrativos. El espíritu romántico de rebeldía está representado por José de Espronceda, considerado pro algunos críticos como el mejor poeta español de este periodo. Para muchos, la obra de Espronceda se ve superada por la de Gustavo Adolfo Bécquer, quien quizá compuso los poemas románticos más delicados de la lengua española.

La prosa romántica de más calidad se encuentra en los escritos de los costumbristas, autores que describieron al pueblo y sus costumbres desde una nueva perspectiva. Este tipo de prosa está impregnado de un afilado tono satírico en los artículos de Mariano José de Larra, que también escribió varias obras teatrales y una novela. Si bien sus obras no figuran entre las más destacadas de los escritores románticos españoles, Larra fue uno de los autores más interesantes de ese periodo, debido a lo atormentado de su existencia y al alto grado de introspección que alcanza en su obra.

  • CARACTERÍSTICAS Y TEMAS DEL ROMANTICISMO

CARACTERÍSTICAS:

- Supervaloración del yo: Cansado de la sujeción a la normativa neoclásica, el hombre romántico necesita expresar sus propios sentimientos y emociones, por lo que sus obras se llenan de subjetivismo y emotividad.

- Irracionalismo: Se rechaza el racionalismo ilustrado del siglo anterior y se valoran aspectos que son irracionales, como las pasiones, las emociones, la fantasía, los sueños... Si para el individuo neoclásico la verdad era igual a la belleza, para el romántico sólo la belleza es igual a la verdad.

- Rebeldía: Los románticos rompen con los moldes neoclásicos y reivindican la libertad creadora del autor:

  • Mezclan la prosa con el verso

  • Utilizan una versificación muy variada en poesía

  • No respetan las tres unidades clásicas de lugar, tiempo y acción en teatro

  • Combinan lo cómico con lo dramático

  • Sustituyen el didactismo por la imaginación y la sensibilidad

- Nacionalismo: En contra de la uniformidad cultural defendida por el racionalismo ilustrado, los románticos aprecian y exaltan los valores nacionales, las tradiciones populares y el folclore de cada país, recuperan su pasado y lo idealizan. En España, el nacionalismo contribuye a la recuperación del gallego y el catalán en literatura.

TEMÁTICA:

Como consecuencia del enfrentamiento que se produce entre el espíritu idealista del escritor y la cruda realidad, la desesperación y la decepción se adueñan de las obras literarias y surge una nueva temática muy distante de la del Neoclasicismo, en la que prevalecen los sentimientos sobre la razón.

- El amor: Es un tema que posee una doble vertiente. Por un lado, el amor es un sentimiento idealizado y divino que lleva a equiparar a la amada con Dios. Por otro lado, es una fuerza apasionada que domina y destruye al ser humano sometiéndolo a un destino trágico.

- La naturaleza: Para el escritor romántico, el paisaje es una proyección de sus sentimientos. Se convierte en una compañera con la que se comunica.

De ahí que prefieran los ambientes lúgubres, libres y agrestes que estén en consonancia con su mundo interior: ruinas de castillos medievales, bosques tenebrosos, cementerios,...

- La evasión: El autor romántico huye de su espacio y tiempo presente y se refugia en uno lejano y remoto.

La huida en el espacio le lleva a países exóticos orientales y nórdicos, donde recrea su colorido y fastuosidad. La evasión en el tiempo lo conduce, sin ningún interés histórico, a la recuperación de misterios, leyendas y valores de la época remota medieval y del romancero.

- La muerte: Éste es un elemento que cobra mucho sentido en el Romanticismo, ya que el héroe no duda en morir por conseguir hacer realidad sus deseos y ambiciones: libertad, amor,...

Este sentimiento traspasa en ocasiones la ficción de las obras y se apodera de la propia vida del autor llevándole al suicidio.

- La libertad: El afán de vivir sin normas que condicionen la conducta del individuo ocasiona la aparición de historias protagonizadas por personajes que viven al margen de la ley y de la sociedad (bandoleros, piratas...). Representan la libertad anhelada por los escritores románticos.

GENEROS DEL ROMANTICISMO

- La lírica:

La poesía en el Romanticismo

Si la prosa fue el medio más adecuado para transmitir el pensamiento neoclásico, la lírica se convirtió en el Romanticismo en el modelo ideal para expresar toda la carga emocional que siente el ser humano. Junto a una poesía de carácter lírico se recupera también un tipo de poesía narrativa que relata leyendas y sucesos históricos.

Las fuentes inmediatas de este tipo de poesía hay que buscarlas en los poetas románticos extranjeros, como el alemán Goethe, que sirvió de inspiración tanto en las actitudes vitales de nuestros poetas como en los temas de sus obras, y el británico Lord Byron, que representa al poeta que está en constante rebeldía frente a la sociedad.

Evolución de la lírica romántica

* En la primera mitad del siglo XIX:

A mediados del siglo XVIII, aproximadamente, asistimos a un cambio ideológico y de sensibilidad en escritores que se habían educado en la corriente ilustrada de la época. José Cadalso, Jovellanos y Menéndez Valdés, entre otros, imprimen a sus obras de final de siglo una constante agitación emocional de talante puramente prerromántico.

Los escritores de la primera mitad del siglo XIX que dieron el paso definitivo hacia la configuración de la poesía romántica fueron el Duque de Rivas, José Zorrilla y José de Espronceda. Sin embargo, es en la obra lírica de este último autor donde hallamos el primer gran poeta romántico de la época.

* En la segunda mitad del siglo XIX:

En esta época nos encontramos con dos poetas que se anticipan a las innovaciones de contenido y estructura de la poesía moderna: Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro. Escritores de generaciones posteriores como Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Dámaso Alonso y Pedro Salinas, entre otros, alaban la originalidad de sus obras y las consideran punto de partida de la lírica del siglo XX.

Insatisfechos con la realidad que les tocó vivir, los poetas de la segunda mitad del siglo XIX buscaron que las palabras fueran más allá de su significado estricto y evocaron realidades de mayor trascendencia. La poesía se concentra en el subjetivismo más puro, se convierte en la expresión más auténtica del yo poético.

Principales innovaciones formales de la poesía romántica

En la versificación:

Se combinan gran cantidad de estrofas y de versos de diferentes medidas: unas veces se enriquecen antiguos esquemas métricos con nuevas estrofas y gran variedad de ritmos inéditos o en desuso (se recupera el romance y con él el verso octosílabo, la silva, la octava real y las estrofas de arte menor); otras veces, se toman formas estróficas y versos de la poesía extranjera (el alejandrino francés, el heptasílabo con finales agudas y esdrújulas,...).

Prodigan la rima en abundancia, sobre todo la consonántica.

En el estilo:

El lenguaje frío y sujeto a normas del siglo XVIII se convierte en desbordado y muy expresivo.

El léxico se llena de palabras que denotan nostalgia, melancolía, desesperación, muerte, amor imposible,... y los adjetivos nos transmiten el rico colorido de los países exóticos y los tenebrosos lugares donde se refleja el estado anímico del poeta.

Autores y obras de la poesía del Romanticismo:

José de Espronceda (1808-1842), poeta y revolucionario español, fue uno de las más grandes románticos, y su vida integra la rebelión moral y la política.

Nació en Almendralejo (Badajoz) hijo de un militar, durante la guerra de Independencia contra los franceses. A los quince años, el día en que fue ahorcado el general Riego, fundó una sociedad secreta, Los Numantinos, para vengar su muerte. Las actividades de los jóvenes conspiradores fueron descubiertas y ellos, condenados a cinco años de cárcel, que se redujeron a unas semanas en un convento de Guadalajara, donde Espronceda compuso el poema Pelayo. Con dieciocho años se exilió voluntariamente a Lisboa —allí conoció a Teresa Mancha— y Londres, donde volvió a encontrarse con Teresa, casada y con hijos; ella le inspiraría uno de sus poemas más hermosos: Canto a Teresa. Participó en las barricadas de París, en la revolución de 1830, y entró en España con una expedición de revolucionarios, que fracasó. Fue desterrado y durante ese periodo compuso varias poesías y la tragedia Blanca de Borbón. Raptó a Teresa y vivió la triple embriaguez romántica del amor, la libertad y la patria. Regresó a España en 1833, y tomó parte en otros pronunciamientos que le supusieron nuevas persecuciones. Posteriormente inició una brillante carrera literaria, diplomática y política. Adquirió fama nacional a partir de 1836, cuando publicó La canción del pirata que, a pesar de su discutida deuda con Lord Byron, constituye el manifiesto lírico del romanticismo español con su intensa defensa de la libertad, la rebeldía religiosa, social y política. Ese poema y otros ya conocidos se recogieron en Poesías de don José de Espronceda, de 1840, donde junto a poemas que reflexionan filosóficamente sobre el destino humano, aparecen otros políticos y amorosos. Tras la muerte de Teresa (1839), realizó nuevas interpretaciones del amor, como ocurre en el famosísimo poema A Jarifa en una orgía, donde expresa desilusión, hastío, lamentación del placer perdido y rebelión contra la realidad de la vida, con un lirismo contenido que añade ritmos poéticos inéditos que anticipan la versificación modernista.

En 1842, el mismo año de su muerte ocurrida en Madrid, fue elegido diputado a Cortes por el Partido Progresista, donde dio muestras de una excelente formación política.

El estudiante de Salamanca, incluido en las Poesías, funde poesía dramática y narrativa, y es precursor del Don Juan Tenorio de Zorrilla, que incorpora elementos de la novela gótica inglesa. Cárcel, amor, crimen, dolor y muerte también aparecen en el inconcluso El Diablo Mundo, de 1840, un extenso poema cuyo protagonista es testigo de excepción de todas las tragedias y los destinos humanos.

Espronceda también escribió la novela histórica Sancho Saldaña, aparecida en 1834, el relato fantástico La pata de palo, de 1835, la sátira El pastor Clasiquillo, de 1835, y muchos artículos y obras dramáticas, que la crítica considera decepcionantes. Sin embargo, algunas de sus poesías, como las citadas y otras más, siguen valorándose por su sinceridad y ritmo y no se considera un demérito que estén inspiradas, tanto en temas como en ritmos, en los mejores poetas románticos europeos.

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), poeta español. Es una de las figuras más importantes del romanticismo y sus Rimas supusieron el punto de partida de la poesía moderna española.

Nació en Sevilla, hijo de un pintor y hermano de otro, Valeriano. También él mismo practicó la pintura, pero, después de quedarse huérfano y trasladarse a Madrid, en 1854, la abandonó para dedicarse exclusivamente a la literatura. No logró tener éxito y vivió en la pobreza, colaborando en periódicos de poca categoría. Posteriormente escribió en otros más importantes, donde publicó crónicas sociales, algunas de sus Leyendas y los ensayos costumbristas Cartas desde mi celda. Obtuvo un cargo muy bien pagado, en 1864, de censor oficial de novelas. Hacia 1867 escribió sus famosas Rimas y las preparaba para su publicación, pero con la Revolución de 1868 se perdió el manuscrito y el poeta tuvo que preparar otro, en parte de memoria. Su matrimonio, con la hija de un médico, le dio tres hijos, pero se deshizo en 1868. Bécquer, que desde 1858 estaba aquejado de una grave enfermedad, probablemente tuberculosa o venérea, se trasladó a Toledo, a casa de su hermano Valeriano. Éste murió en septiembre de 1870 y el poeta el 22 de diciembre, a los treinta y cuatro años.

RIMAS  
Las Rimas, una colección de setenta y seis poesías, publicadas al año siguiente con el título inicial de El libro de los gorriones, poseen una cualidad esencialmente musical y una aparente sencillez que contrasta con la sonoridad un tanto hueca del estilo de sus predecesores. Formalmente son poemas breves en versos asonantes, donde el mundo aparece como un conjunto confuso de formas invisibles y átomos silenciosos cargados de posibilidades armónicas que se materializan en visión o sonido gracias a la acción del poeta que une las formas con las ideas. Se refieren a la emoción de lo vivido, al recuerdo, a experiencias convertidas en sentimientos. También aparece el amor, el desengaño, el deseo de evasión, la desesperanza y la muerte. Su pureza y humildad, junto con su engañosa sencillez, suponen la “culminación de la poesía del sentimiento y de la fantasía”, en palabras de Jorge Guillén, y como dijo Luis Cernuda: “Desempeñan en nuestra poesía moderna, un papel equivalente al de Garcilaso en nuestra poesía clásica: el de crear una nueva tradición que llega a sus descendientes.”

LAS LEYENDAS

Un acento poético semejante y una calidad artística nada inferior, tienen las Leyendas, título con el que se agrupan todas las narraciones en prosa de Bécquer. Se publicaron originalmente en periódicos, entre 1861 y 1863, por lo que se supone que su composición fue anterior a la mayor parte de las Rimas. Son veintidós y están escritas con un estilo vaporoso, delicado y rítmico, donde abundan las descripciones, las imágenes y las sensaciones. Revelan un aspecto importante del romanticismo literario de su autor al mostrar un interés artístico y arqueológico por la edad media, con sus templos y claustros románicos o góticos, campos sombríos y calles tenebrosas, palacios y castillos. Predomina en ellas un espíritu donde se impone lo misterioso, lo sobrenatural y mágico con historias de raíz popular en muchas ocasiones, en las que la búsqueda de lo inalcanzable suele ser su argumento central.

Bécquer también escribió teatro, adaptó obras dramáticas ligeras francesas e italianas. Colaboró en una gran obra editorial, Historias de los templos de España, de la que sólo apareció un volumen, en 1864. Y en sus Cartas literarias a una mujer, de 1860-61, expone sus puntos de vista con respecto a su poesía, que para él es “estética del sentimiento.”

Las Rimas y las Leyendas de Bécquer continúan editándose con regularidad y, aún hoy en día, constituyen uno de los puntos de referencia capitales de la literatura moderna española.

Rosalía de Castro (1837-1885), poeta española cuya obra, escrita en lengua gallega, a la que revitalizó, y en castellano, supuso junto con la de Bécquer, el inicio de la poesía española moderna. Todavía es ampliamente leída y sigue mereciendo constante atención crítica.

Nació en Santiago de Compostela, hija de una mujer soltera de buena familia y de un seminarista. Su nodriza le enseñó la lengua gallega y le hizo conocer la poesía popular en esa lengua. En Madrid, ciudad donde se trasladó por razones familiares en 1856, conoce a Manuel Murguía, con el que se casó dos años más tarde y quien la puso en contacto con Bécquer y su círculo. En 1857 publicó su primer libro poético, La Flor, al que siguieron Cantares gallegos, de 1863, y Follas Novas, de 1880, ambos en gallego. Su obra principal, En las orillas del Sar, se publicó en castellano en 1884. Tuvo seis hijos, pero su matrimonio no parece que fuera feliz. Su salud fue delicada y su temperamento claramente depresivo. Desde 1874 vivió en Galicia, y murió en 1885 en Padrón, La Coruña.

Con Cantares gallegos se situó como precursora, junto a Curros Enríquez y Pondal, del Rexurdimento cultural de Galicia. El libro tiene reminiscencias de la antigua lírica galaico-portuguesa, de origen provenzal, especialmente de la popular, con notables innovaciones métricas, y protesta contra el centralismo castellano y la vida miserable del campesino gallego que le obliga a emigrar. Por su parte, en Follas Novas, ve el mundo como adversidad, y la existencia humana como dolor, con toques intimistas. Algunos críticos lo consideran el mejor de toda la poesía gallega.

En las orillas del Sar cambió de idioma, quizá porque Rosalía creyó agotadas las posibilidades literarias del gallego. Sus poemas, desprovistos de cualquier esperanza, suponen un punto de partida de la lírica moderna. Rompen con las formas métricas de su tiempo y presentan unas imágenes religiosas inquietantes y muy poco tradicionales. Galicia sólo aparece episódicamente, aunque ciertas metáforas evocan realidades de su país que es preciso defender. La emoción personal ante la felicidad que nunca se consigue resume la tremenda inutilidad que implica la aspiración a la belleza sobrenatural. Algunos de sus símbolos inspirarán a Antonio Machado. Por su parte, Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén Darío. La crítica actual subraya su feminismo pionero.

Rosalía de Castro también fue autora de las novelas La hija del mar (1859), de carácter folletinesco; Flavio (1861), una novela sobre la imposibilidad del amor, y la costumbrista Ruinas (1866). Además publicó las tituladas El caballero de las botas azules, en 1867, y El primer loco, en 1881. La crítica las sitúa muy por debajo de su poesía, aunque destaca los elementos fantasiosos y poco usuales en la narrativa de su época.

Romanticismo

- La narrativa

La novela romántica.

Dos grandes manifestaciones surgen en la narrativa del siglo XIX: la novela histórica y los cuadros de costumbres. Aunque ambas responden al sentido nacional y al amor por lo tradicional que trajo consigo el Romanticismo, se oponen por el carácter idealista de la primera y el realista de la segunda.

La novela histórica

Los escritores románticos se sintieron atraídos por la narración de historias sobre personajes heroicos de la Edad Media, puesto que veían representando en el caballero medieval el ideal de persona libre y solidaria que anhelaban ser: libre porque no estaba sometido a las ataduras cotidianas del trabajo, la familia o las obligaciones sociales; solidaria porque actuaba para ayudar al necesitado, socorrer al indefenso y reparar injusticias.

Como consecuencia, prolifera un tipo de novela denominada histórica, que recrea pasajes, más o menos veraces, del pasado, sobre todo medieval, combinados o no con otros personajes y ambientes ficticios.

Mientras esta clase de novela triunfa en Europa, en España apenas se escriben obras de importancia: la ausencia de prosa novelesca en los casi cien años que dura el Neoclasicismo, por considerarse imaginativa, fantasiosa y, por tanto, falsa, acaba originando en la primera mitad del siglo XIX un gran vacío en la tradición narrativa.

Sancho Saldaña (1834) de José de Espronceda y El Señor de Bembibre (1844), de Enrique Gil y Carrasco, son ejemplos de este subgénero narrativo, que comporta una gran tarea de investigación y documentación histórica.

Los cuadros de costumbres

Consisten en la descripción de escenas y personas de carácter popular y cotidiano.

Cada autor se especializa más o menos en una región y, aunque refleja su carácter pintoresco y superficial, nos permite conocer las personas que viven en ella y su forma de vida: casa, trabajo, vecindad, familia,... De ahí que el costumbrismo tenga como finalidad reflejar la realidad del momento.

La narración costumbrista nace de la tendencia de los románticos al conocimiento y análisis de lo propio, de lo nacional, lo característico o diferenciador de las personas y los lugares. Para llevarlo a cabo, el escritor precisa dotes de buen observador, pintor minucioso y de elegante ironía.

Escenas matritenses (1842), de Ramón Mesonero Romanos, y Escenas andaluzas (1847), de Serafín Estébanez Calderón, constituyen dos obras representativas del costumbrismo.


- EL TEATRO ROMÁNTICO ESPAÑOL

El romanticismo español no pasa de ser un movimiento arrebatado, con apenas quince años de presencia en el teatro. La guerra de la Independencia y el posterior absolutismo de Fernando VII retrasaron la aparición del movimiento que, como es sabido, tenía tintes altamente revolucionarios. Por esto el teatro romántico hizo su irrupción en España tarde respecto a los demás países europeos. No obstante, podemos decir que los románticos españoles coinciden, en sus grandes directrices, con los alemanes y franceses. Este género se difundió especialmente a través de las traducciones de las obras de los escritores franceses Alejandro Duma y Víctor Hugo.

El carácter didáctico de la obra neoclásica desaparece con el Romanticismo. En esta ocasión, el dramaturgo compone para emocionar y no para educar.

Los rasgos significativos que presenta esta nueva concepción dramática son:

Libertad creativa: Se rompe con las normas del drama neoclásico:

-No se presentan unidades de acción, tiempo y espacio, pues en el drama romántico se desarrollan complicadas intrigas que abarcan un tiempo amplio en varios escenarios. Todo ello permite plasmar el dinamismo vital del protagonista.

-La trama se desarrolla en un número variable de actos(tres, cuatro o cinco). Es frecuente que sus títulos sinteticen el contenido de cada parte.

-Se mezclan asuntos cómicos con acciones y desenlaces trágicos, con los que se consiguen efectos grotescos.

-Se combina la prosa con el verso, aunque generalmente se impone este último.

-Aparecen abundantes acotaciones descriptivas de la escenografía y de los personajes.

Temática:

Los temas más representados desarrollan asuntos legendarios de la historia nacional e historias de amor, que resultan imposibles a causa de las normas impuestas por la sociedad (ser de clases sociales distintas, estar casado...) o por sentido trágico final que normalmente acompaña a este sentimiento.

Personajes:

-El héroe romántico tiene como ideales la libertad y el amor. Es un ser atractivo de origen oscuro que busca la felicidad y vivir con la máxima intensidad, pero el destino fatal rige su existencia y sólo consigue llevar la desgracia a quienes ama.

-La heroína romántica es una mujer dulce y tierna, marcada por su inocencia pura y por una fidelidad constante. Vive sacrificada y dominada también por un destino trágico. Su ideal vital es le amor, que aparece en los dramas en forma de intensa pasión.

Escenificación:

Se potencia al máximo la dimensión del espectáculo con escenas perfectamente diseñadas para la representación de sentimientos románticos.

- Decorados recrean ambientes exóticos y lúgubres (triste, oscuro): castillos medievales, cárceles, noches tempestuosas.

- Efectos de sonido se simulan campanas, truenos, tormentas, gritos...

- Efectos de luz se presencian anocheceres, amaneceres, apariciones fantasmagóricas...


Los autores que destacan más en esta sección del Romanticismo son:

Romanticismo

Ángel Saavedra: (1791-1865), poeta y dramaturgo español romántico, más conocido por el duque de Rivas.

Pertenecía a una familia aristócrata cordobesa. Realizó sus estudios en el Seminario de Nobles de Madrid y después ingresó en el Ejército. A pesar de su juventud se distinguió en la guerra de Independencia contra los franceses en 1808. Su amistad con Manuel José Quintana le orientó hacia las artes y la participación política liberal. Fue condenado a muerte por Fernando VII pero pudo huir. Marchó a Londres donde conoció la obra de Shakespeare, Walter Scott y lord Byron; después estuvo en Francia, Italia y Malta. En 1834 regresó a España, tras la muerte del rey y participó de lleno en la vida política; fue embajador en Francia, presidente del Consejo de Estado (1863) y director de la Real Academia Española, desde 1862 hasta su muerte.

El duque de Rivas se inició en literatura con un libro de poemas, Poesías (1814), de corte neoclásico, tal vez por la influencia del poeta español Manuel José Quintana. Pero, desde su estancia en Inglaterra se volvió un romántico vigoroso, primero apasionado y original, y en sus últimos años más convencional en el uso de la aparatosa parafernalia romántica. En su larga oda Al faro de Malta (1828) establece la simbología de la luz del faro (liberalismo, romanticismo) que debe servir de guía y no perderse en el oscurantismo y métodos anticuados. El moro expósito (1834) sigue los caminos de Byron y su interés reside precisamente en haber sido introductor del estilo en España.

Pero Ángel Saavedra es, ante todo, un dramaturgo; su drama Don Álvaro o la fuerza del sino (1835) sigue siendo la obra romántica por excelencia del teatro español. Está escrita en prosa y verso y en ella se mezcla lo clásico y lo cómico al estilo del teatro de Lope de Vega, pero en ambientes exóticos y con un argumento exagerado de muertes, pasiones y tragedias muy del gusto de la época y que dado el éxito de la obra, tal vez, hizo que el autor siguiera escribiendo en la misma línea. En cualquier caso la obra tuvo repercusión internacional y años más tarde el compositor italiano Giuseppe Verdi la usó como libreto de su ópera La forza del destino.


Zorrilla, José (1817-1893), dramaturgo y poeta español que fue una de las figuras más destacadas del romanticismo español.

Nació en Valladolid y estudió en las universidades de Toledo y Valladolid. Escritor enormemente prolífico, publicó cuarenta obras, en su mayoría historias nacionales, entre 1839 y 1849. Se dio a conocer en el entierro de Mariano José de Larra donde leyó como homenaje: A la memoria del joven literato don Mariano José Larra (1837). A partir de ese momento el éxito le acompañó siempre, aunque, gran dilapidador, siempre vivió con estrecheces económicas. Fue elegido miembro de la Real Academia Española en 1848, con tan solo 31 años de edad y leyó su discursó de investidura en verso.

En 1850 se trasladó a Francia y en 1855 a México. Allí fue nombrado director del Teatro Nacional por el emperador Maximiliano. De regreso a España, en 1866, comprobó que pese a la extraordinaria popularidad que había alcanzado su obra no podía cobrar derechos de autor. Vivió en la pobreza hasta que finalmente obtuvo una pequeña pensión del Gobierno. En 1889 fue coronado como poeta laureado de España en Granada por el duque de Rivas en presencia de la reina regente Isabel II.

El genio de Zorrilla como poeta de su tiempo se advierte en la fluidez y musicalidad de sus versos y en sus temas inspirados en leyendas medievales y de la época imperial de corte popular. Destacó más en la épica, con largos poemas narrativos como el conocidísimo A buen juez mejor testigo inspirado en la leyenda toledana del Cristo de la Vega, aunque la crítica señala como el mejor de este género Granada (1852), un canto a la civilización árabe que se dio en la España medieval, tema que en la época romántica resultaba de un exotismo apasionante.

Su enorme obra poética se publica en sucesivos libros que se inician con Poesías en 1837 ampliado en posteriores ediciones hasta la de 1840, al que le siguen otros como los Cantos del trovador (1840-1841), una serie de leyendas españolas escritas en verso, Recuerdos y fantasías (1844), La azucena silvestre (1845) y, por último, El cantar del romero (1886).

Pero Zorrilla es ante todo un autor dramático que consiguió el favor del público sin restricciones siguiendo los esquemas teatrales del siglo de Oro español y manteniendo la intriga durante toda la obra que sólo se resuelve en los últimos momentos. Todos lo directores de teatros madrileños querían piezas suyas que él satisfacía escribiendo sin descanso. Entre sus principales obras dramáticas figuran El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio (1844), Más vale llegar a tiempo que rondar un año (1845), El rey loco (1847), La creación y el diluvio universal (1848) y Traidor, inconfeso y mártir (1849).

De su prosa, injustamente menos valorada, sobresale un libro de memorias sobre su estancia en México, La flor de los recuerdos (1855-1859), y su autobiografía: Recuerdos del tiempo viejo aparecieron en 1880.

- Don Juan Tenorio:

Pero sin duda la obra a la que José Zorrilla debe su fama es a Don Juan Tenorio (1844), la obra teatral española más popular y que se sigue poniendo en escena todos los años especialmente la noche del 1 de noviembre desde su estreno.

El argumento de la obra parte de la leyenda de Don Juan pero el satanismo del protagonista no tiene el carácter metafísico del enfrentamiento entre el ser humano y Dios sino que representa un pecador libertino y fanfarrón al que el amor puede redimir consiguiendo que en el último extremo haga un acto de contrición, se arrepienta de sus pecados y alcance la vida eterna, lo cual está muy cerca de la doctrina católica del perdón y por supuesto muy lejos de la moral puritana protestante según la cual las acciones del ser humano son las que le proporcionarán premio o castigo en la otra vida.

La obra es tan popular que muchos de sus versos se han convertido en expresiones del lenguaje cotidiano, cantidad de estrofas forman parte del acerbo cultural español y algunas de sus escenas constituyen tópicos representables en cualquier circunstancia, desde la llamada escena del sofá (en la que don Juan declara su amor a doña Inés) hasta el desafío achulado entre don Juan y don Luis por ver quién ha conseguido más conquistas en un año. Lo que no cabe duda es que el éxito de la obra se debe a que tiene un final feliz para el espectador ya que el amor triunfa y además reconforta saber que a pesar de las barbaridades que se cometan en la vida si uno se arrepiente en el momento adecuado no pasa nada, a pesar de que el autor haya querido mantener a su personaje dentro de la tradición donjuanesca y su arrepentimiento lo haya hecho en condicional.

- FIN -

Romanticismo