Romanticismo Literario

Literatura romántica. Novela hispanoamericana. Narrativa actual. Espíritu romántico

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EL ROMANTICISMO LITERARIO

El Romanticismo literario es el movimiento que dominó la literatura en Europa desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX.Se caracteriza por su entrega a la imaginación y la subjetividad,su libertad de pensamiento y expresión y su idealización de la naturaleza .El romanticismo fue, pues, un estilo de vida cuyos rasgos más característicos son los siguientes:la imaginación y la sensibilidad serán bandera frente a la razón y la intelectualidad; el ansia de libertad se manifiesta en contra de todas las formas impuestas que coartan en el individuo la propia esencia de sí mismo; el instinto y la pasión conducen al ser humano a un entusiasmo exagerado o a un profundo pesimismo.En el caso de conducir al hombre al sentimiento pesimista, provoca en el romántico la huida que se puede plasmar en dos vías distintas: la de los viajes o la de los suicidios.

El término romántico se empleó por primera vez en Inglaterra en el siglo XVII con el significado original de `semejante al romance´, con el fin de denigrar los elementos fantásticos de la novela de caballerías muy en boga en la época.

EL ESPÍRITU ROMÁNTICO

Inspirados por el filósofo Jean-Jacques Rousseau y el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe, se considera el manifiesto literario del romanticismo el prólogo de la segunda edición de las Báladas líricas (1800) escrito por los poetas ingleses William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge.En él se destaca la importancia del sentimiento y la imaginación en la creación poética y se rechazan las formas y los temas literarios convencionales.De estre modo predomina la imaginación sobre la razón ,la emoción sobre la lógica y la intuición sobre la ciencia , lo que propicia el desarrollo de un vasto corpus literario de notable sensibilidad y pasión que antepone el contenido a la forma , estimula el desarrollo de tramas rápidas y complejas y se presta a la fusión de géneros y propicia la libertad de estilo.

Las convenciones clásicas cayeron en desuso aumentando el lirismo y la espontaneidad de la poesía popular y los romances medievales,lo que generó la adopción de la irregularidad métrica.Los héroes universales de la literatura del dieciocho, fueron sustituidos por héroes más complejos.La poesía, el teatro y la novela se entregan a la celebración del "hombre corriente " de Rousseau.

La difusión del romanticismo a otros países de Europa ,ciertos temas serán centro de las procupaciones de los escritores del XIX : el anarquismo, la naturaleza, la pasión por lo exótico, lo sobrenatural.

EL DECLIVE DEL ROMANTICISMO

Hacia mediados del siglo XIX, el romanticismo comenzó a dejar paso a nuevos movimientos literarios :los parnasianos y el simbolísmo en la poesía y el realismo y el naturalismo en la prosa, pero siguió cultivándose en Europa y América con gran éxito de lectores.

EL ROMANTICISMO ESPAÑOL

El romanticismo español es confuso y muy complejo, lleno de contradicciones , y provoca dos tendencias: una más conservadora , encabezada por el duque de Rivas , y otra más revolucionaria, en la que destacó Espronceda .

La literatura romántica en castellano se divide en cuatro etapas:la de los inicios, la del triunfo del romanticismo, la llamada de "nacionalización " de los elementos románticos extranjeros y la del posromanticismo, ya en la segunda mitad del s.XIX.

El romanticismo llega a España con retraso respecto al resto de los países europeos, y no es particularmente fecundo puesto que está condicionado por la política marcada por Fernando VII.El erudito José Joaquín de Mora, exiliado en Francia,envió a los Bochl de Faber, entonces en Cádiz los primeros romances protorománticos , y más tarde durante su exilio en Londres, junto Alcalá Galiano y Blanco White,fue uno de los impulsares del romanticismo español.Tras la muerte de Fernando VII se señala como triunfo del romanticismo en España 1834.Se estrenan entonces La conjuración de Venecia ,de Martinez de la Rosa, Macías de Larra y se publican poesías de Salas y Quiroga.Algunos señalan el fin del auge de romanticismo en España en 1844 cuando se estrena el Don Juan Tenorio de Zorrilla .

Los temas del romanticismo español son casi los mismos que en el resto de Europa.La prosa romántica se refleja en tres tendencias: el costumbrismo, la novela histórica y la prosa doctrinal.En la poesía fue donde la estética romántica se mostró con más libertad y en el teatro el máximo exponente será el drama.

El romanticismo finaliza hacia 1850 debido a la aparición del realismo; no obstante, hay dos poetas que continuan la tendencia romántica : Rosalía de Castro que escribirá sus obras en castellano y gallego y Gustavo Adolfo Bécquer.

EL ROMANTICISMO ITALIANO

En Italia el romanticismo se impregnó de la mezcla de Restauración y Risorgimento que vivía el país; de esa situación enfrentada que tenía el país tras la proclamación de la Unidad Italiana en 1861. Aparte de todo esto, también nos resulta peculiar que el mayor poeta romántico italiano, Leopardi, se manifestará en repetidas ocasiones como antiromántico rechazando todo aquello que provenía de este movimiento literario. El romanticismo italiano creo muchas ideas bajo el influjo de hechos culturales extranjeros. Adoptando los ejemplos a las exigencias que una situación como la de Italia en ese momento requería. En Italia el movimiento romántico fue un tema de debate, dando lugar a amplias polémicas. Se pueden destacar tres generaciones:

- La primera generación, se comprendería entre 1815 y 1840. Muestra una gran preocupación por la historia civil. Los autores se ocupan de los distintos géneros literarios (lírica intimista, histórica…). Destacan los nombres de Manzoni y Leopardi.

- La segunda generación, aparece entre 1840 y 1860, siendo un periodo de menor importancia. Es una lírica dulzona, sentimental y sensible. Es un romanticismo más idealista. Utiliza rimas fáciles, más musicales, más sonoras y de alguna manera más superficiales. Estamos en una época de guerras y el publico busca evasión.

-La tercera generación se produce después de 1860, y es una reacción contra el sentimentalismo anterior. Da origen a un movimiento de jóvenes anarquistas, denominado Scapigliatura.

Como en Europa, la literatura latinoamericana de los primeros años del siglo XIX se encuentra todavía dentro de marcos neoclásicos, si bien con ciertas influencias del Romanticismo, que empieza a afianzarse allende los mares.

Uno de los escritores iniciales de la centuria es el mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi, conocido por "el Pensador Mexicano" (1776-1827). Autor de prosa vigorosa, su "Periquillo Sarniento" (1816) se considera la primera novela de Latinoamérica. Se trata de un relato realista, parecido a los de la picaresca española por las aventuras de su protagonista y su carácter moralizador. Su obra maestra se llama "Don Catrin de la Fachenda" (1832), novela bien construida, de intención didáctica, sobre la ruina moral y física de un joven de buena familia. Otras narraciones novelescas tienen menor valor, como "La Quijotita y su prima" (1818) y "Noches tristes" (1818).

Interesante escritor del mismo período es el poeta ecuatoriano José Joaquín de Olmedo (1780-1847). En su amplia producción se muestra seguidor de los clásicos griegos y de los neoclásicos españoles. De ella deben entresacarse dos importantes odas: "La victoria de Junín" (1825) y "Al general Flores, vencedor en Miñarica" (1835). La más célebre es la primera, canto exaltado de los triunfos de los ejércitos de Simón Bolívar y de la independencia de los americanos, en versos majestuosos y sonoros.

El tercer gran autor de esta época, el venezolano Andrés Bello (1781-1865), revela su sólida formación clásica en sus poemas, especialmente en las silvas tituladas "Alocución a la poesía" (1823) y "A la agricultura de la zona tórrida" (1826), e introduce en ellas ciertos elementos indígenas. Sus amplios conocimientos científicos y humanísticos se ponen de manifiesto en sus prosas: "Ortología métrica" (1835), "Principios de Derecho Internacional" (1844) y, sobre todo, "Gramática de la lengua castellana" (1847), de enorme difusión y constante actualidad.

Dignos de mención son el argentino Juan Cruz Varela (1794-1839), de acentos patrióticos; el hondureño José Trinidad Reyes (1797-1855), de tono satírico; y el uruguayo Bartolomé Hidalgo (1788-1823), cultivador de la poesía popular, lo mismo que el peruano Mariano Melgar (1791-1815).

Algo posteriormente, aunque todavía dentro de la esfera del neoclasicismo, aparecen el mexicano José Joaquín Pesado (1801-1861), autor de poemas en los que intenta resucitar la poesía indígena ("Los aztecas", 1854); el venezolano Juan Vicente González (1811-1866), cultivador de la prosa poética; y su compatriota Fermín Toro (1807-1865), que se acerca a la estética del Romanticismo, aunque conserva las formas clásicas. Más rígidamente neoclásico, el peruano Felipe Pardo y Aliaga (1806-1868), antirrepublicano, escribe sátiras y comedias didácticas al gusto del siglo XVIII, mientras que su coterráneo Manuel Ascencio Segura (1805-1871) se muestra más cerca del pueblo en sus poemas satíricos, cuadros de costumbres y, sobre todo, sus comedias.

Por fin, hay que citar también al guatemalteco José Batres Montúfar (1809-1844), excelente narrador en verso.

Hay otro grupo de escritores más cercanos al Romanticismo, aun cuando no pertenecen de manera declarada a él. El más importante es el cubano José María de Heredia y Campuzano (1803-1839), que vive casi siempre en el exilio. Su melancólica poesía emplea constantes alusiones a la naturaleza; las composiciones más conocidas se titulan En "El teocalli de Cholula" (1820) y "Canto al Niágara" (1824). Heredia es también autor de relatos, obras dramáticas y críticas. Entre los escritores prerrománticos, en los que influyen Young, el falso Ossian y Chateaubriand, figuran los colombianos José Fernández Madrid (1789-1830) y José María Gruesso (1779-1835), y el argentino José Antonio Miralla (1789-1825).

El Romanticismo en los países hispanoamericanos no se diferencia en esencia del propio de las naciones europeas en que se origina. Su rasgo principal, en algunos lugares, consiste en la idealización del indio, lo que responde a la exaltación de los valores nacionales y del pasado, propia del movimiento romántico. Sus primeras corrientes parten de Francia e Inglaterra, pero más tarde son claramente españolas. Por razones de índole histórica, ante todo por la falta de tradición colonial arraigada, el Romanticismo prende en la región del Río de la Plata antes que en el resto del continente.

La dictadura de Rosas provoca el destierro de buen número de jóvenes escritores argentinos. Uno de ellos, Esteban Echeverría (1805-1851), vive unos años en Francia y, en muchos aspectos, puede considerarse un precursor. Su novela "Elvíra o la novia del Plata" (1832) resulta plenamente romántica; causan sensación por la novedad sus libros de versos "Los consuelos" (1834) y "Las rimas" (1837), que le proporcionan enorme reputación entre los poetas juveniles. Con la intención de crear; la literatura nacional, funda en 1838 la Joven Argentina o Asociación de Mayo, reunión de escritores que comparten sus ideales.

Juan Bautista Alberdi (1810-1884) forma parte de esta generación. Se distingue por sus escritos políticos, artículos de costumbres, que firma con el seudónimo de "Figarillo", y una novela alegórico titulada "Peregrinación de doña Luz del Día" (1875), llena de referencias a la política y la vida en Argentina.

Más interesante por sus valores literarios es la obra de Juan María Gutiérrez (1809-1978),de estilo más cuidado que el de sus compañeros, tanto en sus "Poesías" (1869) como en sus novelas, la mejor de las cuales es "El capitán de patricios", escrita en 1843 y publicada mucho más tarde (1874); se distingue asimismo como crítico literario. Uno de los más vigorosos prosistas del grupo, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), encarnizado enemigo de Rosas, ocupa la presidencia de la República entre 1868 y 1874. Su obra más famosa se denomina "Civilización y barbarie: Vida de Juan Facundo Quiroga" (1845), especie de historia no velada sobre la situación de su patria, en la cual apunta las bases para su reconstrucción. Mayor calidad literaria tienen sus cartas, reunidas con el titulo de "Viajes" (1845-1847): contienen bellas descripciones de los lugares que ha visitado. Igual carácter autobiográfico tienen sus restantes obras "Mi defensa" (1843), "Recuerdos de provincia" (1850) y "Campaña del Ejército Grande" (1852). Por inaugurar una moda en la literatura hispanoamericana es importante la novela de Vicente Fidel López (1815-1903) titulada "La novia del hereje". Ambientada en el siglo XVI, en tiempo de las correrías de Drake por América del Sur, se escribe hacia 1840, pero no se publica en volumen hasta 1884.

Los grandes poetas del grupo de desterrados son Ascasubi y Mármol. Hilario Ascasubi (1807-1875) retrata en populares poemas, empleando el habla de los gauchos, vivas escenas de la existencia en la pampa. Sus libros más celebrados se titulan "Paulino Lucero" (1839-1851), "Aniceto el Gallo" (1853-1859) y "Santos Vega o Los mellizos de la Flor" (1872).

La poesía de José Mármol (1817-1871) se inspira en la de Byron. Sus "Cantos del peregrino" (1846) son el resultado de sus meditaciones en el barco que le lleva al destierro en Chile; las composiciones en que ataca con dureza a Rosas están contenidas principalmente en "Armonías" (1851-1854). La importancia de Mármol en la historia de la poesía no es menor a la que tiene en la de la novela: su "Amalia" (1851-1855), ambientada en Buenos Aires bajo la tiranía de Rosas, se presenta como novela básicamente política, a despecho de sus grandes valores literarios.

El Romanticismo prende también en las demás naciones hispanoamericanas, pero quizá con menos ímpetu que en Argentina. En Chile y Uruguay los exiliados argentinos crean núcleos literarios que in fluyeron en los escritores autóctonos. En el primer país, sobresalen los narradores José Victorino Lastarria (1817-1888) y Vicente Pérez Rosales (1807-1886), y el poeta Salvador Sanfuentes (1817-1860), mientras que en el segundo descuellan los poetas

Adolfo Berro (1819-1841) y Juan Carlos Gómez (1820-1884), y el crítico Andrés Lamas (1817-1891).

En Cuba, la figura principal del período es Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873), que vive casi siempre en España. Sus Poesías, publicadas por vez primera en 1841, cultivan el tema amoroso y, a veces, los acentos místicos. Compone varias novelas, como "Sab" (1841), de ambiente cubano, y "Guatimocín" (1846), sobre la conquista de México; y obras dramáticas, como "Saúl" (1849), "Recaredo" (1850) y "Baltasar" (1858). También cubanos son Diego Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por "Plácido" (1809-1844), fácil versificador, aunque parcamente imaginativo; José Jacinto Milanés (1814-1863), poeta y dramaturgo ("El conde Alarcos", 1838), y Cirilo Villaverde (1812-1894), cultivador de la novela "esclavista" en "Cecilia Valdés" (1839).

El Romanticismo en México se halla representado por los poetas Ignacio Ramírez (1818-1879), ministro en varias ocasiones, de lira inconformista, que populariza el seudónimo de "El Nigromante"; Guillermo Prieto (1 818-1897), de inspiración popular en la "Musa callejera" (1883); el autor teatral Fernando Calderón (1809-1845), con dramas, comedias de costumbres y tragedias, y los novelistas Manuel Payno (1810-1894), seguidor de Fernández de Lizardi en "Los bandidos de Río Frío" (1888-1891), y Luis G. Inclán (1816-1875), que narra la vida de los campesinos en "Astucia, el jefe de los Hermanos de la Hoja" (1865).

Entre los románticos venezolanos de la primera generación, la figura más destacada es la de José Antonio Maitín (1804-1874), distinguido poeta elegíaco. En Colombia, hay que citar a José Eusebio Caro (18171853), el cual, con versos brillantes y sonoros, trata los más variados temas, desde el amor a la política, pasando por la naturaleza y la filosofía, siempre con vigor y entusiasmo; es uno de los mejores poetas de su patria. No hay que olvidar al guatemalteco José Milla (18221882), conocido por "Salomé Jil", anagrama de su nombre, autor de novelas históricas y cuadros de costumbres.

A la segunda generación, romántica pertenecen los escritores que comienzan a publicar cuando el Romanticismo se ha asentado en Hispanoamérica. En Colombia, Gregorio Gutiérrez González (1826-1872), poeta sencillo y sobrio, imita en su juventud al español José Zorrilla; su poema más conocido y original, "Memoria sobre el cultivo del maíz en Antioquia" (1866), versa sobre los trabajos agrícolas y está escrito en dialecto antioqueño. La larga obra de Rafael Pombo (1833-1912) presenta distintas tendencias, sin apartarse del. Romanticismo, desde el tono exaltado e inconformista de su primera época hasta la actitud más comedida y razonada de su madurez. Sus asuntos principales son el amor y la naturaleza, y sus composiciones más conocidas, las tituladas "La hora de las tinieblas"," Edda" y" En el Niágara".

El más destacado de los poetas chilenos es Guillermo Blest Gana (1899-1905), de acento melancólico, influido en su primera etapa por Alfred de Musset, al que traduce. Sus principales libros de versos se titulan "Mi viaje a ninguna parte" (1855) y "Armonías" (1884). Es también autor de novelas y dramas.

En México, descuellan los poetas Juan de Dios Peza (1852-1910),cultivador de los temas infantiles y domésticos en "Cantos del hogar" (1884); y Manuel Acuña (1849-1873), de fogoso temperamento que termina en el suicidio, autor, por ejemplo, del famoso "Nocturno", amoroso y apasionado.

En Perú, Manuel González Prada (1848-1918) se encumbra como la figura más destacada de su tiempo. Es temible polemista, crítico despiadado de la instituciones y la tradición, anarquista y partidario del indio. Su poesía recurre a gran variedad de versos y estrofas, ya que experimenta continuamente nuevas formas. Por este motivo está cerca del modernismo, si bien no suele considerársele uno de los precursores de ese movimiento. Sus libros de poemas exponen, en muchas ocasiones, sus ideas sociales y políticas, pero no desdeña el lirismo. De los nueve volúmenes que ocupa su producción, hay que destacar "Presbiterianas" (1909), "Exóticas" (1911) y "Baladas peruanas" (1915).

La poesía gauchesca argentina, que ha tenido su iniciador en Hilario Ascasubi, alcanza en la segunda mitad del siglo XIX la cima más alta con varios creadores de relieve. Estanislao del Campo (1834-1880) comienza imitando y replicando a Ascasubi, con el seudónimo de "Anastasio el Gallo". Su Fausto (1866) es el relato que hace un gaucho a sus amigos de la ópera de Gounod del mismo título que ha visto en un teatro de Buenos Aires. Resulta gracioso, aunque más folklórico que verdadero.

El máximo escritor gauchesco, José Hernández (1834-1886), poeta culto y de gran sensibilidad, emprende una ingente labor poética para dignificar al gaucho y dar auténtica nota nacional a la literatura argentina. Su "Martín Fierro", publicado en dos partes, la "Ida" en 1872 y "la Vuelta" en 1879, está escrito en octosílabos.

Es un poema plenamente romántico por su tono popular, nacionalismo, exotismo y carácter a veces novelesco. La compenetración de Hernández con el mundo que describe es tal, que su poema no parece obra de un individuo, sino de todo un pueblo, de la comunidad gaucha, con sus costumbres propias ,y su personalísima manera de expresarse. Aparte las alusiones a la política argentina, el poema contiene admirables descripciones de la vida del gaucho y de los indios.

Poeta gauchesco es también Rafael Obligado (1851-1920), de escasa producción, publicada en 1885. Se distingue "Santos Vega", sobre el payador del mismo nombre, asunto que ya ha tratado Hilario Ascasubi. Sin embargo, Obligado escribe un poema culto y documentado, que prescinde del dialecto de los gauchos.

Muy distinta resulta la poesía del argentino Pedro Bonifacio Palacios, conocido por el seudónimo "Alma fuerte" (1854-1917). Su obra peca de defectuosa y aun de prosaica en ocasiones, y su voz suena destemplada; pero tiene fuerza de renovador, porque aporta los, temas sociales desconocidos en su tiempo. "Confiteor Deo" (1904), "Evangélicas" (1915), en prosa, y "Amorosas" (1917) son algunos de sus libros más celebrados.

La prosa romántica, en el momento de su plenitud, cuenta con insignes figuras. En Ecuador, Juan León Mera (1832-1894) publica una novela de argumento indígena, "Cumandá" (1879), muy celebrada en su época. Se resiente de su sentimentalismo, lindante con la sensiblería, pero tiene ciertos valores literarios, sobre todo las poéticas descripciones de la selva virgen y las costumbres de los indios jíbaros. Otros relatos de Mera son "Melodías indígenas" (1858) y "La virgen del Sol" (186 l), sobre la destrucción del imperio inca.

Juan Montalvo (1832-1889), también ecuatoriano, aparece como uno de los mejores estilistas hispanoamericanos. Escribe poemas, dramas y relatos, pero resalta en la producción de ensayos, en los que, alrededor de un pensamiento o idea, teje pequeñas obras maestras del estilo. Su obra más famosa se titula "Capítulos que se le olvidaron a Cervantes" (1885). Tiene apariencia de novela, pero intercala, y son lo más interesante en ella, varios ensayos. Libros suyos, dedicados íntegramente a los ensayos, se llaman, "Siete tratados" (1882) y "El espectador" (1886).

El mejor novelista de la época en Chile es Alberto Blest Gana (1 830-1920), hermano del poeta Guillermo, anteriormente citado. Influido por Balzac, cuya obra puede conocer a fondo durante una prolongada estancia en Francia, escribe novelas de aspecto romántico, en las que apuntan ciertos elementos realistas. En ellas presenta una especie de "comedia humana" de la vida chilena, aunque compuesta de bastantes menos obras que las del novelista francés. "La aritmética del amor" (1860), "Martín Rivas" (1862) y "El ideal de un calavera" (1863) son relatos de ambientes burgueses, en los que el dinero y el amor tienen la principal función; "Los trasplantados" (1904) refiere la historia de unos ricos hispanoamericanos en París, mientras que "El loco Estero" (1909) narra aventuras y amores en Santiago de Chile. Una excepción en la temática general de su creación, "Durante la Reconquista" (1897), se ocupa de los años de la guerra de la Independencia y se considera una de sus novelas más ambiciosas.

Carácter autobiográfico tiene la producción del argentino Lucio Victorio Mansilla (1831-1913), cuya "Excursión a los indios ranqueles" (1870) ofrece un valioso documento de la vida de los indios de la pampa, que el autor ha compartido.

Ricardo Palma (1833-1919), peruano, es el mayor romántico de su país. A pesar de que cultiva distintas formas literarias, encuentra su más certero medio de expresión en la prosa, y en particular en un género creado por él: el de la "tradición". Sus Tradiciones peruanas, en seis series, publicadas de 1872 a 1883, presentan un vasto cuadro de la historia del Perú, desde la época de los incas hasta los días del autor, con un desfile interminable de personajes, situaciones, costumbres, etc., si bien se detiene especialmente en el siglo XVIII. Sus fuentes son muy variadas: crónicas, leyendas, dichos y cuentos populares y sus experiencias personales. Su estilo amenísimo posee encanto singular que cautiva la atención del lector, su léxico, lleno de jugosos americanismos, da un aliciente más a la obra. Aparte las famosas Tradiciones, publica libros similares, como "Ropa vieja" (1889), "Cachivaches" (1899), etc.

Otro gran valor de la novela hispanoamericana de la época romántica, el colombiano Jorge Isaacs (1 837-1895), crea en "María" (1867), novela típicamente romántica, el relato de un tierno idilio amoroso, en el marco de una naturaleza descrita de manera poética. Tiene también valor costumbrista, sencillo y veraz alejado de lo folklórico. Por ello, y sobre todo por el análisis psicológico del amor de los protagonistas, María alcanza rotundo éxito en su tiempo y queda como uno de los mejores relatos románticos de América.

Otro buen novelista de este período es el mexicano Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893). Sus principales obras se titulan "Clemencia" (1869), plenamente romántica, sentimental, sobre los amores desgraciados de dos parejas, y "El Zareo" (1901), su novela más notable, romántica por unos elementos y realista por otros. Es la historia de las correrías de unos bandidos, con acertados estudios psicológicos de los personajes, lo cual la distingue del cúmulo de narraciones románticas.

Mexicano también, y de menor importancia literaria que Altamirano, es su amigo Juan Díaz Covarrubias (1837-1859). Algunas de sus novelas presentan argumentos históricos o leve crítica social; no obstante, su obra maestra versa sobre costumbres, "El diablo de México" (1860).

De Santo Domingo es Manuel de Jesús Galván (1834-1911 ), autor de la novela histórica "Enriquillo" (1878-1882), a la que distinguen, además de los típicos elementos románticos, entre los que no falta la defensa del aborigen, la gran fidelidad a los hechos de la historia. La acción se sitúa en el primer tercio del siglo XVI, y uno de sus personajes es el padre Las Casas, defensor de los indios.

Novela del mismo género, con elementos realistas, "Juan de la Rosa" (1885) del boliviano Nataniel Aguirre' (1843-1888), expone la guerra de la Independencia en Cochabamba.

A igual tema se dedica la obra del uruguayo Eduardo Acevedo Díaz (1851-1921): "Ismael" (1888), "Nativa" (1890) y "Grito de gloria" (1893) constituyen un cuadro de la historia del Uruguay, desde la preparación del alzamiento contra los españoles hasta la libertad definitiva del país tras la dominación brasileña.

REALISMO

Término que designa un movimiento que apareció en Francia en 1848, a raíz de la revolución de ese año (por lo que se vincula a las ideas sociales en favor de los más pobres), y que se extendió hasta 1880. Tiene como antecedentes el redescubrimiento de la pintura holandesa del siglo XVII y la influencia de los maestros barrocos españoles y como movimiento se opuso polémicamente tanto al romanticismo como a la pintura académica.

El realismo es un estilo que refleja la realidad histórica y que no copia objetos mitológicos, religiosos o alegóricos. Su fidelidad al detalle lo diferencia de la glorificación idealizadora romántica, y su concentración en los rasgos esenciales y típicos de los carácteres, situaciones y acciones lo distingue del reflejo de la realidad en sentido naturalista o fotográfico.

La meta del realismo no es la belleza, sino la verdad, y por tanto, el conocimiento de la realidad. Dentro de ese marco, las escenas de trabajadores alcanzan bastante relieve.

El realismo defiende la contemporaneidad frente a la historicidad: existe la absoluta necesidad de ser de su tiempo. Como parte de lo mismo, da gran importancia a la pura coincidencia de que algo suceda, como un encuentro entre amigos, por ejemplo, y que por esa simple cualidad amerita ser representado: no hay temas mejores ni peores, todo es digno de pintura.

Pero a fuerza de insistir en que todo era igual de importante, nada pareció importante; en busca del ahora y ya, se alcanzó la impresión fugitiva del instante.

El realismo pone fin a la pintura concebida como relato figurado; se pierde el sentido narrativo, no se explica nada, porque "la vida misma no se compone de sucesos argumentados".

El realismo surge después de la revolución francesa de 1848.

Manifiesta una reacción contra el idealismo romántico y expresa el gusto por la democracia, mas contrariamente a lo que su inclinación social sugiere, no produce un estilo arquitectónico propio y se expresa escasamente en una escultura crítica o social.

Su verdadero ámbito es la pintura, con temas de la vida cotidiana. Esta pintura cuenta con varios exponentes franceses de renombre:

Courbet, el líder del movimiento, propone "hacer un arte vivo" y traducir las "ideas, las costumbres y el aspecto" de su época.

Daumier analiza las debilidades de la época

Millet contribuye a la reputación de la escuela de Barbizon

Corot, aunque se inspira en los clásicos, logra destacar.

El Realismo

(1850-1900)

-- Por el uso de la definición, la edad del realismo es un movimiento literario de la Segunda mitad del siglo XIX que produce novelas en que se intenta reproducir artísticamente la realidad social e histórica.

-- Entonces, el realismo es la edad que siguió directamente después del romanticismo en España y su foco era el estudio de la identidad Española por el uso del arte.

-- Dentro este estudio, los escritores crean en sus trabajos unas realidades guiada por el ojo artístico, que es muy individual y subjetivo.

-- Para interpretar la sociedad y la gente de España durante esta edad, el escritor estudiaba mucho la sicología, los motivos personales, y la imaginación del hombre.

-- Y algo mas, hay mas énfasis de la conexión entre los acciones y los pensamientos del hombre que la conexión entre sus acciones y sus instintos naturales. La mente es lo que interesaba a los escritores.

-- En adición a la imaginación, estudiaban la realidad y como tiene mas que un nivel. En la literatura de esta edad, hay una concepta de varios niveles de la realidad que son creados por la imaginación.

-- Porque la mente tiene este poder a crear realidades diferentes, un otro tema es la abilidad de la mente a dominar la razón a veces.

  • Finalmente, los trabajos literarios del realismo incorporan un ambiente moderno en los argumentos para expresar el progreso de tiempo y la situación de España durante esta edad.

EL MODERNISMO

1.- El Modernismo.

El siglo XX comienza en el momento de máximo esplendor de la estética modernista. Iniciado plenamente por Rubén Darío en 1888 con la publicación de Azul, el Modernismo supone una integración de diversas tendencias que se habían desarrollado a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, en especial del Simbolismo y del Parnasianismo.

El Modernismo fue, entre otras cosas, una resurrección de la angustia que caracterizó a la literatura europea romántica, que por un momento parecía haber desaparecido con la fe del XIX en el racionalismo cientifista. Demostrada la inoperancia de la razón (Schopenhauer, Kant... ) se recupera ese malestar. Y se sueña, en la nueva poesía, con los momentos felices pasados, donde aún existían seguridades: la niñez lejana, los paraísos perdidos, los jardines cerrados y ordenados; añoranzas de un mundo que se fue.

El Modernismo acoge influencias de diversos movimientos. En realidad "el Modernismo no rechazó nada como no fuera la vulgaridad, el prosaísmo, la rutina y el conformismo estético y adocenado" (E.Rull). Con antecedentes tan diversos (Parnaso, Simbolismo, Poe, decadentismo, prerrafaelismo...), es fácil entender que existieran tendencias diferenciadas, fundamentalmente dos: En América (y algunos españoles: M.Machado, Marquina, Villaespesa...) tomó un sesgo fundamentalmente esteticista; se escribe una poesía cromática, brillante, sensual. En España se toma una segunda línea, más sobria y sencilla, que arraigó en los hombres preocupados por el la decadencia nacional: es la vertiente conocida como "Generación del 98", que no deja de ser una línea del Modernismo.

El Modernismo fue conscientemente cosmopolita. Sus cultivadores, sorprendidos, comprendieron que estaban participando en una evolución de la sensibilidad que no se limitaba a España, ni siquiera a Europa. El centro era, indiscutiblemente, París. Los poetas españoles se inspiraron directamente en Francia (Verlaine), salvo en los aspectos formales, en los que Darío fue el maestro.

  • Principales tendencias del Modernismo.

  • Las tendencias que influyen en la génesis del Modernismo son muy variadas. Especialmente relevantes son los movimientos estéticos franceses. Hay un deseo evidente en los escritores de habla hispana de crear un lenguaje nuevo ("anti-español", según Jean Franco; quizás, sencillamente, anti-burgués). Otros movimientos influyen: la poesía de los estadounidenses Whitman y Poe; el Prerrafaelismo británico, el decadentismo de D'Anunzio... Sin olvidar las fuentes hispánicas: Berceo, Manrique, los Cancioneros... Juan Ramón definió al Modernismo como un movimiento "envolvente", que va acumulando elementos de diversa procedencia y los hace suyos. E.Rull afirma que "el Modernismo no rechazó nada como no fuera la vulgaridad, el prosaísmo, la rutina y el conformismo estético y adocenado"

    Las dos tendencias más marcadas dentro del Modernismo son:

    1.1.1. Modernismo Canónico (parnasiano).

    Movimiento surgido a raíz del Parnaso Contemporáneo francés (Parnasianismo), liderado por Leconte de Lisle. Nace cuando un grupo de poetas franceses se unen en 1866 para imponer en el arte un sentido de disciplina, equilibrio y objetividad. Temas más importantes:

    -El escapismo: evasión del mundo real por medio del ensueño. Evasión que se nutre con una elegancia exquisita, y que se produce bien huyendo en el espacio (a Oriente) bien en el tiempo (al mundo medieval). Se da también un gusto por la mitología clásica. Todo ello como fruto de la idea de que el arte (imaginación, magia) supera a la vida (vulgar y despreciable) y que ésta debe imitarlo. Se busca una ética -forma de vida, principios- basados en una estética.

    Dioses, ninfas, centauros, caballeros, pierrots, odaliscas, pagodas y viejos castillos, salones versallescos, jardines perfumados; cisnes, elefantes y camellos; flores de lis o de loto; brillo de perlas y de marfiles, de piedras preciosas... son los elementos de este mundo modernista.

    -El cosmopolitismo. Es un aspecto más del deseo de evasión. Además, aporta a los modernistas un sentido aristocrático. París será la capital del Modernismo.

    -La desazón romántica: se exaltan las pasiones y lo irracional; el misterio, lo fantástico, el sueño. Manifestaciones de tedio y de profunda tristeza. La melancolía es un elemento central. Presencia de lo otoñal, lo crepuscular, la noche (aquí se alejan del Parnaso francés).

    -Amor y erotismo. Aparecen poemas de amor delicado y, frente a ellos, otros de intenso erotismo: los primeros, de amor imposible, los segundos, de desenfreno, motivados por una actitud antisocial y amoral (búsqueda del escándalo).

    -Temas americanos. No va en contra del cosmopolitismo: se trata de una evasión más hacia el pasado legendario, hacia los mitos indígenas. En Hispanoamérica esta línea será básica (siempre están muy preocupados por su propia identidad).

    -Lo hispánico. Este tema se acentúa (sobre todo en Hispano-América) al advertir el auge de los Estados Unidos. Se reivindica lo español frente a los valores culturales de la civilización "yanqui".

    En conclusión, se ansía un mundo armónico, pleno y rodeado de perfección. Esos deseos son también la base de la Estética modernista:

    -Búsqueda de los valores sensoriales, para que todo sea un goce para los sentidos

    -Prodigioso manejo del idioma. Se enriquece poderosamente el lenguaje poético. La palabra adquiere una importancia vital. Se cuida el sonido, el ritmo, la referencia histórica o cultural, los valores simbólicos. Se intenta renovar el significado de las palabras usuales, crear un léxico propio de la poesía.

    -Enorme renovación en el campo de la métrica.

    1.1.2. Modernismo Simbolista.

    Parte del Simbolismo francés: Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Verlaine. Lo esencial es la sugerencia (de ahí la importancia que dan a la música), el poder evocador de las palabras. El didactismo debe quedar desterrado (Poe hablaba de la "herejía del didactismo").

    El Modernismo Simbolista, si bien deja notar la influencia de todas las características señaladas para la línea parnasiana, toma otras vertientes distintas: su "evasión" no se produce hacia mundos lejanos, sino hacia el mundo interior del poeta. Los autores españoles leen antes que Rubén Darío a Verlaine. Ello explica que el Modernismo español sea más Simbolista que el hispanoamericano. Machado, por ejemplo, aprendió de Rubén Darío la musicalidad, pero la interiorización la aprendió en Unamuno y, con anterioridad, en Bécquer y Rosalía (R.Gullón). Y esto resultó mucho más influyente, ya que por este camino se llega al Simbolismo (notemos que el Modernismo simbolista está muy próximo a la Generación del 98, frente al Modernismo Canónico, que se aparta bastante). El Modernismo Simbolista va dejando de ser, poco a poco, Modernismo, iniciando una búsqueda de nuevos caminos, de salidas poéticamente válidas (A.Machado, Juan Ramón).

    Después de la interiorización el poeta vuelve sus ojos al mundo exterior. Se descubre el paisaje, que se entiende como símbolo de la Historia o del poeta. Cuando A.Machado nos hable del campo castellano, nos estará hablando o de sí mismo o de la Historia. Este paisaje tendrá un valor de símbolo (R.Senabre).

    1.1.2.1. Definición de símbolo.

    El símbolo se diferencia de la metáfora en que esta sustituye algo preexistente, mientras que el símbolo se crea para nombrar una realidad que carece de nombre; es decir, no es un método de sustitución léxica, ya que no designa a algo materialmente preexistente. El símbolo tiende a designar lo no designado, lo inefable. Pero como el poeta necesita usar palabras que se entiendan, tiene que recurrir a palabras cotidianas a las que dota de un significado del que carecen en la lengua común. Y se es consciente de que estamos ante un lenguaje nuevo, por eso el poeta nos va dando claves de interpretación, para que podamos acceder a él. Juan Ramón Jiménez escribe el siguiente poema, que abre el libro Piedra y Cielo:

    "El Poema"

    ¡No le toques ya más,

    que así es la rosa!

    El título ("El Poema") nos da una clave. El pronombre /le/ hace referencia al mismo poema. "No le toques más, no lo cambies", parece decirnos J.R., "puesto que ya hemos llegado a la perfección. Y a ese poema perfecto, con el máximo de expresividad y el mínimo de palabras lo llamaremos "rosa". Se ha definido un símbolo.

    1.2. Métrica modernista.

    La métrica modernista está marcada por la experimentación y la renovación. Sus rasgos principales son:

    -Uso de los versos alejandrinos (14), dodecasílabos (12), y eneasílabos (9), escasos en la tradición poética anterior.

    -Introducción de novedades en las estrofas clásicas:

    +Sonetos en alejandrinos, con serventesios en vez de cuartetos.

    +Sonetillos (sonetos de arte menor).

    +Abundante uso de la silva, en la que, además de los clásicos endecasílabos y heptasílabos, se añaden pentasílabos (5) y eneasílabos. También se escriben silvas octosílabas.

    +Romances de 7, 9, 11 sílabas por verso.

    +Uso de los endecasílabos dactílicos, con acentos principales en las sílabas 4ª, 7ª y 10ª.

    +Uso generalizado del alejandrino en todo tipo de estrofas.

    +Aparición del versolibrismo es las últimas etapas del Modernismo, por influjo de W.Whitman.

    +Intentos de crear una poesía basada en pies métricos, al estilo de la latina ("Salutación del optimista", de Rubén, escrita en hexámetros).

    1.3. Nómina modernista.

    1.3.1. Rubén Darío.

    -Nació en Nicaragua en 1867. Fue un hombre cosmopolita; viajó por toda Europa y América (Chile, Buenos Aires, españa, París -en 1900...). Los excesos le llevan a la muerte en 1916.

    -Es el creador y principal representante del Modernismo. Se caracteriza por su capacidad para poetizar todo tipo de temas: medievales, renacentistas, dieciochescos, americanos... Es el poeta del amor y el erotismo (Amorós), en un afán de gozar sin límites.

    -Obra.

    *Azul (1888). Observamos ya variedad de ritmos y metros. Son poemas de elegancia refinada, otros de enorme sensualidad. El libro fue desigualmente recibido (Valera le acusó de "galicismo mental").

    *Prosas profanas (1896; en 1901 se añaden 21 poemas). Junto con Azul, pertenece al Modernismo parnasiano. Esta obra representa la plenitud del movimiento. Se produce una castellanización de las formas francesas. Sorprende por la musicalidad de los versos, de enorme variedad: versos de 11, 9, 14, 12... Es una poesía preciosista, exótica, de fantasía refinada. El poeta, que ya declaró que detestaba "la vida y el tiempo que me tocó nacer", se refugia en una torre de marfil.

    El último soneto del libro ("Yo persigo una forma...", poema nº54, añadido en 1901) marca la evolución en su estilo.

    *Cantos de Vida y Esperanza (1905). Se produce una crisis en el esteticismo anterior. Ahora asistimos a una poesía más íntima, más preocupada por el Hombre, más angustiada. Por eso, en esta obra abundan temas serios, hondos, a veces muy amargos. Darío reflexiona sobre el arte, el placer, el amor, el tiempo, la muerte (preocupación obsesiva), la vida, la religión...

    Destacan varios poemas: "Juventud, divino tesoro" y "Lo fatal". También trata temas españoles ("Salutación del optimista", escrito en hexámetros). Muy conocida es la "Oda a Roosevelt", en la que se critica el imperialismo de los Estados Unidos.

    -Estética: Es el principal modernista. Lleva al máximo todos los postulados de este movimiento (originalidad, renovación métrica y estrófica, perfección formal, elevado número de figuras retóricas...). Su figura es fundamental el la lírica española de este siglo.

    1.3.2. El Modernismo en España.

    -En España existía un ambiente premodernista similar al hispanoamericano, que resultó muy influido por la irrupción de Rubén Darío (al igual también que en H.A.). El Modernismo en España vino a romper con el tradicionalismo de la poesía anterior.

    -Son fundamentales las figuras de Bécquer y Rosalía, puente a la modernidad. Su poesía intimista marcará a los mejores modernistas españoles (se ha hablado de un "Modernismo intimista", denominación que acogería a A.Machado y a Juan Ramón).

    1.3.3.1. Premodernistas.

    -Continúan la línea de Campoamor y Núñez de Arce, con una poesía gran-dilocuente y vacía, de raíz parnasiana.

    -Autores: Ricardo Gil, Manuel Reina y Salvador Rueda (que introduce innovaciones métricas; su principal obra es En Tropel (1893), prologada por R.Darío).

    1.3.3.2. Modernistas plenos.

    Manuel Machado (1874-1947).

    -Injusticia histórica con M.Machado.

    -Brillantez poética. Preciosismo. Elegancia. Decadentismo. Poesía desarraigada y escéptica.

    -Entre Andalucía y París; se deja notar muy fuertemente el influjo de Verlaine. Alma(1902) es su mejor obra: ligereza, agilidad, gracia, colorismo. El resto de su producción no alcanza, en su conjunto, la misma calidad. Cante hondo (1912) Ars Moriendi (1922), Phoenix (1936).

    EL COSTUMBRISMO.

    Manuel Payno (1810-1894) nació en la ciudad de México. Al terminar sus estudios trabajó como meritorio en la Aduana. En 1840 fue secretario del general Mariano Arista y más tarde administrador de rentas del estanco de tabacos. En 1842 fue nombrado secretario de la Legación mexicana en Sudamérica y también hizo su primer viaje a Francia e Inglaterra. A su regreso al país, comisionado por Santa Anna, fue a Nueva York a estudiar el sistema penitenciario. Peleó en 1847 contra la invasión norteamericana, y durante la presidencia de don José Joaquín Herrera fue ministro de Hacienda, cargo que volvió a ocupar en 1855, al triunfo de la revolución de Ayutla. En 1857 se le procesó y eliminó de la política. Durante la intervención francesa fue encarcelado en San Juan de Ulúa. Reconoció al Imperio de Maximiliano. Restaurada la República fue electo diputado y reelecto varias veces. En 1882 el presidente Manuel González lo envía a París como agente de colonización y en 1886 es nombrado cónsul general en España. A su regreso a México vuelve a ocupar su sitio en el Senado (1891-1892).

    La actividad literaria de Payno es múltiple. Escribe cuentos y narraciones de viaje, que se reúnen con el título de Tardes nubladas (1871). Colaboró activamente en el periódico, sobre política, historia y finanzas. Fundó con Altamirano El Federalista y en unión de Guillermo Prieto, El Museo Mexicano. En la Revista Científica y Literaria de México dio a conocer por primera vez, parcialmente, su novela El fistol del Diablo (1845-46). Con esta obra es uno de los iniciadores, en México, de las novelas por entregas y señala el verdadero comienzo de la novela romántica. Aunque el fistol del diablo se reciente de muchos defectos, entre otros la falta de unidad y proporción, se advierte, por los cuadros de la vida mexicana que aquí pinta, el talento costumbrista de Payno, que tendría pleno desarrollo en Los bandidos de Río Frío. En 1861 escribe otra novela costumbrista, el hombre de la situación, que quedó trunca. Aquí se retrata el ambiente colonial de fines del siglo XVIII y los principios de México independiente. Su critica social, humorista y graciosa, se centra en el aventurero español que viene a México en busca de riquezas.

    La obra novelística de Payno se desarrolla en un período de tiempo muy largo; por ello, inicia con El fistol del diablo la novela romántica y realiza, cuarenta años más tarde, la obra maestra del romanticismo: Los bandidos de Río Frío. Entre 1888 y 1891 escribe Payno, en España, su novela más famosa, que aparece bajo el pseudónimo de “Un ingenio de la Corte”. El tema central es la carrera criminal del coronel Juan Yáñez y sus cómplices, enriquecida con una gran cantidad de historias en las que intervienen numerosos personajes que viven y actúan con realismo en los más diversos escenarios de la vida de la capital y sus alrededores. Los bandidos de Río Frío contiene el estudio costumbrista de mayor amplitud. La pintura de las diferentes capas

    José Tomás de Cuéllar (1830-1894) nació en la ciudad de México y estudió en los colegios de San Gregorio y San Ildefonso, y después en el Colegio Militar de Chapultepec en los años de la invasión norteamericana. Se dedicó a la pintura y a la fotografía. Desde 1848 se encuentran sus escritos en las revistas contemporáneas como El Siglo XIX, la Ilustración Mexicana, el Federalista, El Correo de México, etc., y después se le conoce como autor dramático. En colaboración con José María Flores Verdad pública en San Luis Potosí el semanario La Ilustración Potosina (1869), donde aparece, en folletín, la primera edición de su novela Ensalada de pollos y su novela histórica El pecado del siglo. Desempeñó cargos en la Secretaría de Relaciones; pasó diez años como diplomático en los Estados Unidos, Perteneció a varias sociedades literarias y culturales.

    La fama de Facundo (pseudónimo que utilizó Cuéllar) se apoya en sus noveles de costumbres. La primera colección de sus obras de tituló La linterna mágica, formada por Ensalada de pollos, Historia de Chucho el ninfo, Isolina la exfigurante, Las Jamonas, Las gentes que “son así” y Gabriel el Cerrajero. En 1886 se publicó Baule y cochino. La edición definitiva de La linterna mágica, formada por 24 tomos, contiene además de las novelas mencionadas, otras tres: Los mariditos, Los fuereños y La Noche Buena.

    “Facundo” presenta en su Linterna Mágina una galería de cuadros de costumbres, siguiendo la línea de Lizardi, Prieto y Payno, y quizá con influencia de Larra, Estébanez Calderón y Mesonero Romanos, describe con rasgos muy personales la sociedad mexicana de la época de Juárez. Considera este autor que su tarea para la regeneración del hombre dentro de su labor de novelista, podría consistir en ridiculizar los vicios y las malas costumbres, exhibir las lacras sociales para, por contraste, despertar el goce por los modelos de la virtud.

    El campo de observación de “Facundo” se limita a la sociedad urbana; describe con trazo rápido las ridiculeces y prejuicios, el desquiciamiento y la cursilería de la clase media de su tiempo.

    No pinta caracteres complejos sino tipos característicos de la sociedad que estudia. Por la superficialidad del tratamiento y la intención satírica pone de manifiesto los defectos antes de las cualidades, por lo que prevalece en su serie novelesca el tono de la caricatura. Preocupado por la prédica moralizante antes que por el arte, carga innecesariamente la acción con sermones y divagaciones, pero el realismo de sus personajes y el ambiente de mexicanidad que recrea le confieren un valor documental de primera importancia para la historia de nuestra cultura nacional.

    El costumbrismo y el criollismo

    A fines del siglo XIX y comienzos del XX, Roberto J. Payró y Fray Mocho (seudónimo de José S. Alvarez) representan una literatura en prosa, eminentemente descriptiva y crítica.

    "El embrujador", Cesáreo Bernaldo de Quirós

    Estos autores propusieron a su público una verdadera radiografía de ciertos sectores de la sociedad argentina, expresada con estilo ágil e incorporando el habla cotidiana, coloquial, por primera vez en nuestra literatura -sobre todo Fray Mocho-.

    En sus relatos, Fray Mocho nos da una visión irónica de la vida porteña, recreando su lenguaje, sus costumbres, y realizando una crítica social de las tilinguerías del medio pelo y las manías de la clase media. Se convierte así en uno de los mejores escritores costumbristas de este período. Inaugura también, junto con Martiniano Leguizamón (1858- 1935), la literatura regional criollista. Fray Mocho describe la vida de los habitantes de las riberas del Paraná en Santa Fe y Entre Ríos, en Un viaje al país de los matreros.

    Leguizamón, en los relatos de Calandria (1888) y Montaraz (1900), evoca tipos y figuras de Entre Ríos. Pero mientras que Fray Mocho se propone la reproducción fiel de la realidad, Leguizamón idealiza su provincia natal a través del recuerdo de la infancia y la adolescencia.

    "Parvas", Eduardo Sívori

    Payró ocupa un lugar de primer línea en este realismo costumbrista y de crítica social con tres de sus obras: El casamiento de Laucha (1906), Pago Chico (1908) y Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira (1910). Sobre todo en esta última obra se inscribe dentro de la novela picaresca: su protagonista escribe sus memorias desde la infancia; un pícaro, un desprejuiciado, un trepador sin escrúpulos, astuto, pero cuya falta de principios morales llega a provocar tragedias. Payró describe la Argentina que tiene frente a sí, sobre todo su vida política, viciada por el fraude electoral, el autoritarismo y los enjuagues de comité.

    Costumbrismo:

    Tendencia o género literario que se caracteriza por el retrato e interpretación de las costumbres y tipos del País. La descripción que resulta es conocida como "cuadro de costumbres" si retrata una escena típica, o "artículo de costumbres" si describe con tono humorístico y satírico algún aspecto de la vida.

    (Raquel Chang-Rodríguez and Malva E. Filer, Voces de Hispanoamérica 535)

    Los cuadros de costumbre: concepto:

    Los cuadros de costumbres, llamados también artículos de costumbres son bocetos cortos en los que se pintan costumbres, usos, hábitos, tipos característicos o representativos de la sociedad, paisaje, diversiones y hasta animales, unas veces con el ánimo de divertir (cuadros amenos) y otras con marcada intención de crítica social y de indicar reformas con dimensión moralizadora.

    El artículo de costumbre es uno de los géneros más ampliamente leídos en el Mundo Hispánico, al parecer porque interpretan raíces hondas de la raza y corresponden al gusto por estos estudios de la realidad circundante. Son características de los cuadros de costumbres: acendrado localismo en sus tipos y lengua; color local, énfasis en el enfoque de los pintoresco y representativo; popularismo; sátira y crítica social, con intención de reforma; infiltración del tema político-social; reproducción casi fotográfica de la realidad con escenas a veces muy crudas y vocabulario rudo y hasta grosero; colorido, plasticidad. Constituye el costumbrismo el punto de partida para el realismo y el naturalismo que vendrían después. El cuadro costumbrista nació indisolublemente ligado al periodismo, quizás por su carácter popular y su anhelo de resaltar costumbres contemporáneas.

    (Orlando Gómez Gil, Historia crítica de la literatura hispanoamericana 344)

    La Novela Costumbrista:

    ". . . la novela costumbrista tuvo numerosos cultores. En parte, la novela costumbrista debe considerarse como la hermana mayor del cuadro de costumbres, que tanta difusión alcanza en la época. Aunque en realidad lo que hacía por lo común la novela costumbrista era disponer como fondo una sucesiín de escenas populares, de acentuado color local, a las cuales estaba íntimamente ligada la trama de la obra.

    A su vez, conviene declarar que ciertos contactos entre la novela social y la novela costumbrista se rompen al considerar que la segunda acentúa en particular lo local, lo pintoresco que trata de justificarse precisamente por eso, en su carácter propio, distintivo, fuera de alegatos o choques de capas sociales.

    La novela costumbrista tuvo especial resonancia en algunos países. Así, en México, en Colombia, donde el costumbrismo penetra también en el campo de otras novelas, no específicamente costumbristas. Por ejemplo, es notorio el peso que elementos de esta naturaleza tienen en una novela sentimental como María, de Jorge Isaacs. Es evidente que el costumbrismo no se superpone aquí al eje fundamental de relato, pero es indudable también que --aun sin fusionarse-- lo sentimos (y evocamos) como un elemento imprescindible del relato: fondo vivo y --¿y por qué no?-- tema secundario que sirve a menudo de necesaria, aquietadora alternancia a la historia sentimental. También, punto de referencia, ámbito de hombre y circunstancia en que la novela nace.

    En general, el costumbrismo suele hallarse como ingrediente en gran parte de las novelas hispanoamericanas de todo tipo, de la misma manera que suele hallarse el paisaje americano. Así como a veces recurrían a épocas y tierras lejanas, en ansías de evasión, otras veces gustaban de lo cercano y cotidiano, que --entonces, sobre todo-- despuntaba primicias inéditas. Era esta también una manera de ganar lectores y aun de dar "sello" americano a las novelas. Por una parte, realidad conocida (para el lector de estas tierras), y, por otra, diferenciación frente a obras más famosas que venían del otro lado del Atlántico.

    Naturalmente, resultaba común que la obra costumbrista americana, en su afán de reflejar de la manera más fiel posible una realidad, abundara en localismos. De ahí también las notas y explicaciones en textos que aspiran a ganar lectores lejanos.

    (Emilio Carilla, El romanticismo en la América hispánica 323-25)

    "Habían pasado tres días cuando me convidó mi padre a visitar sus haciendas del valle, y fue preciso complacerlo; por otra parte, yo tenía interés real a favor de sus empresas". (María, Cap. 5)

    El Cuadro de Costumbres:

    Ligado a rasgos románticos, aunque pueda posteriormente separarse de ellos, aparece en la época el cuadro de costumbres.

    El cuadro pintoresco, el menudo episodio lugareño, la escena popular de acendrado localismo en sus tipos y lengua, atrajo al escritor romántico. En verdad, las raíces están en la valoración del color local y su inmediato reflejo en el costumbrismo literario.

    Con los cuadros de costumbres se configura un género nuevo que aspira no solamente a la novedad, sino también a ciertas ambiciones artísticas. Con todo --y a pesar de lo que valen palabras de Croce acerca de la falsedad de géneros mayores y menores-- reconozcamos que el cuadro de costumbres tiene su fin en su propia limitación.

    Mucho significó --es indudable-- el ejemplo de Larra, en quien se personaliza artísticamente el género y que alcanza casi increíble altura. A considerable distancia se presentan, para los costumbristas americanos, Mesonero Romanos y Estébanez Calderón.

    El cuadro de costumbres más frecuente en Hispanoamérica se distingue por estos caracteres: color local, popularismo, fragmentarismo (en este último aspecto, hasta puede extenderse a él la sátira que en España hacía Santos López Pelegrín a lo consideraba rasgo fundamental de las obras románticas).

    A menudo aparece, pues, en esta forma, y centra toda su ambición en la pintura colorida, pintoresca. Pero en otras ocasiones acentúa la sátira social e inclusive toca el tema político. Es lo que --por ejemplo-- ya se daba en Larra, y que en América encontró ámbito más que propicio para repetirse. Por eso, distinguiendo estas dos direcciones inconfundibles, me parece que las señala con claridad el cubano José Victoriano Betancourt:

    "Muy humilde es mi pretensión --dice Betancourt-- : pintar, aunque con tosco pincel y apagados colores, algunas costumbres, bien rústicas, bien urbanas, a veces con el deseo de indicar una reforma, a veces con el de amenizar juntamente una página de la Cartera . . . ."

    De estas dos direcciones, prevaleció de manera notoria la que Betancourt señala en último término, es decir, el cuadro ameno. Tienen por lo común inclinación social (o político social) los "cuadros" escritos por Echeverría, Sarmiento, Altamirano, etc. . . . En todo caso, la diferenciación surge por temperamento individual, regiones y, también, modelo. De nuevo, los hombres del Plata asoman con mayor ímpetu (ya que no con mayor acierto).

    En un sector vemos, pues, que se reproduce el conocido fenómeno que toca tantas obras americanas del siglo XIX, ahora a través de un género tan particular como es el cuadro de costumbres: la infiltración del tema político social.

    No sé si vale la pena detenerse en discutir si el cuadro de costumbres es un género romántico. Pero tantas veces se ha puntualizado la duda que conviene decir algo al respecto.

    Es cierto que algunos costumbristas hasta atacaron ideas estéticas del romanticismo. Pero --aclaro-- esta oposición no está de acuerdo con la verdadera amplitud del movimiento. Por otra parte, hay críticos que consideran al cuadro de costumbres como punto de partida del realismo y aún del naturalismo. Reparan en la reproducción casi fotográfica, en escenas crudas, en el vocabulario grosero que, efectivamente, aparecen en más de un cuadro de costumbres (abundan, por ejemplo, explicaciones de este tipo acerca de El matadero, de Echeverría). Las semejanzas son indiscutibles, aunque eso no supone sentar una filiación inmediata. Creo que, paralelamente, estamos en la misma situación en que se encuentran el colorido y plasticidad de poemas románticos y poesías parnasianas.

    Novela realista

    - Son muy importantes las descripciones minuciosas y documentadas. Los novelistas se basaban en la observación y en la documentación para reflejar la realidad. Las descripciones caracterizan y justifican las conductas de los personajes.

    - Lenguaje: aparecen expresiones de variedades geográficas, sociales y de situación, para caracterizar ambientes y personajes.

    - Temas: fundamental el conflicto entre individuo y sociedad. El individuo un inadaptado se enfrenta a una colectividad y, generalmente, es derrotado por el mundo que lo rodea. Se conjuga la historia con la vida privada.

    - Espacio: lugares urbanos y rurales adquieren gran importancia.

    - Tiempo: La narración suele respetar la temporalidad cronológica.

    - Frecuentes contrastes: se oponen situaciones (sociales, personales y económicos) y visión en el mundo.

    - Personajes: suelen ser numeroso, representan a distintos grupos sociales. También son frecuentes las personalidades individuales complejas que luchan y se revelan.

    - Narrador: esta en primera o en tercera persona y a veces se combinan. Es frecuenta el narrador omnisciente, que también incluye la perspectiva interna de los personajes para expresar sus mundos internos. El narrador interviene de forma constante: comenta, enjuicia los seres y los hechos con intención satírica, irónica, educativa o narralizadora.

    Tipos de narración

    - Narración tradicional y estilo indirecto

    - Diálogo

    - Estilo indirecto libre, que consiste en transcribir los pensamientos populares del personaje por medio del narrador, cuyo discurso incorpora las formas expresivas de aquel: “Entró en la habitación, ¡Qué frió hacía!

    - Monólogo interior, para expresar la subjetividad.

    Autores

    Benito Pérez Galdós

    Episodios nacionales(1873-1912): Son 46 relatos que narran dos de los acontecimientos históricos más importantes del siglo XIX. Están dentro de la novela histórica y cuenta hechos del pasado inmediato. En relación con los acontecimientos de la historia se narran episodios de la vida cotidiana de una serie de personajes ficticios.

    Novelas de la primera época: La fontana de oro, Doña perfecta, Gloria, La familia de León Roch y Marianela. Estas constituyen las llamadas novelas de tesis, que exponen conflictos ideológicos de tema religioso y ante clerical. Los personajes sirven para ejemplificar las novelas de autor y caen en el automatismo de los buenos y los malos.

    Novelas contemporáneas: La desheredada, El amigo Manso, Tormenta, Lo prohibido, Miau, Fortunata y Jacinta. En estas novelas Galdós refleja la novela contemporánea. Madrid tiene un papel protagonista. Los personajes son más complejos. La conducta de los personajes se justifica por las causas socio históricas y biológicas.

    LITERATURA CONTEMPORÁNEA.

    Técnica narrativa

    - Narrador omnisciente

    - Abundancia de diálogos

    - Monólogo interior

    - Estilo indirecto libre

    - Modo teatral

    - Emplea humor, ironía y parodia.

    Novelas espirituales: Nazarín, Halma, Misericordia, El abuelo. Son novelas en las que predominan los valores evangélicos: el amor y la caridad cristiana.

    Últimas novelas: Casandra, El caballero encantado y la razón de la sin razón. Galdós mezcla el realismo con elementos de carácter maravilloso y fantástico.

    Otros autores

    - José Maria de Pereda(Santander): El sabor de la tía Ruca, Sutileza y Peñas arriba.

    - Juan Valera(Córdoba): Pepita Jiménez

    - Leopoldo Alas Clarín(Zamora): La regenta, Cuentos, Reunidos en Pipá y Adiós Cordera

    - Emilia Pardo Bazán(La Coruña): La tribuna, Insolación, Los pozos de Ulloa, La madre naturaleza

    - Vicente Blasco Ibáñez(Valencia): Arroz y Tortana, Entre naranjas, La barraca, Cañas y barro, Los cuatro jinetes del Apocalipsis.

    Modernismo

    - Casi a finales del siglo XIX surge en Hispanoamérica el modernismo. Los modernistas se alzaron contra el materialismo, la burguesía y lo utilitario. Acudieron a la poesía francesa de la década de 1860 y 1870 (Parnasianismo: Gautier; Simbolismo: Verlaine, Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud)

    - Representantes hispanoamericanos: José Martí, percusor (Cuba), Julián del Casal (Cuba), José Asunción Silva (Colombia), Manuel Gutiérrez Nájera (Méjico), Rubén Darío (Nicaragua), Leopoldo Lugones (Argentina), Julio Herrera y Reissig (Uruguay), José Santos Chocano (Perú)

    Características

    - Exotismo y evasión, que entrañaban una búsqueda de la actualidad universal.

    - Su acudir al pasado (Medieval, renacentista, dieciochesco e hispanoamericano) y a tierras lejanas, implicaban un deseo de presente.

    - Cosmopolitismo (Paris era la meta y también el tema artístico)

    - Renovación del lenguaje: emplearon vocablos extranjeros, arcaísmos, neologismos, estilo conversacional y americanismos

    - Procuraron conseguir efectos impresionistas (a base de sensaciones, sinestesias, cromatismo, musicalidad)

    - Versificación: recupera viejas formas y crearon nuevas. Imperó la libertad métrica (Con empleo de versos largos amétricos). Surge el poema en prosa y el verso libre.

    Representantes y obras

    - Rubén Darío: Azul; Prosas profanas; Cantos de vida y de esperanza.

    - Antonio Machado: Soledades. Galerías. Otros poemas; Campos de Castilla.

    - Juan Ramón Jiménez: Ninfeas; Jardines lejanos; Pastorales; Melancolía; Diario de un pastor recién casado.

    La novela de la guerra civil

    - Proust (Francia): A la búsqueda del tiempo perdido.

    - Joyce (Irlanda): Ulises.

    - W. Faulkner (EE.UU.): El sonido y la furia; Mientras yo agonizo.

    - Virginia Woolf (Inglaterra): Las olas; Mrs. Dalloway.

    Aparecen dos tendencias: la renovación del realismo e innovaciones novelescas

    - En la renovación del realismo el autor mas importante es Pio Baroja. Sus protagonistas son personajes activos que luchan por algo concreto aunque suelen fracasar.

    En la innovación del realismo se dan los siguientes rasgos

    - Perdida del relieve de la historia

    - Centralización en la problemática del héroe: la acción se sustituye por la percepción, y la realidad externa se diluye a favor del retrato interno del personaje. Se ha hablado de “Novela Lírica”

    - La narración se fragmenta en en estampas, producto de la percepción del protagonista.

    - Estructura dramatizada (el narrador se borra). Ya lo empleó Galdós.

    - Los héroes suelen ser intelectuales, atormentados e insatisfechos. En algunos casos presenta un carácter irrisorio.

    Representantes

    - Pío Baroja: Camino de perfección; La busca; El árbol de la ciencia; Memorias de un hombre de acción.

    - Miguel de Unamuno: Paz en la guerra; Amor y pedagogía; Niebla; Abel Sánchez; La tía Tula; San Manuel Bueno, mártir.

    - Juan Martínez Ruiz (Azorín): La voluntad; Antonio Azorín; Doña Inés.

    - Valle-Inclán: Sonata de primavera; Sonata de estío; Sonata de otoño; Sonata de invierno; La guerra carlista ( Las cruzadas de la causa; El resplandor de la higuera; Gerifaltes de antaño; Tirano Banderas)

    El ruedo ibérico (La corte de los milagros; Viva mi dueño; Baza de espadas).

    Las vanguardias

    - Las vanguardias eran un conjunto de movimientos artísticos que se desarrollan en las primeras décadas del siglo XX, con voluntad de rebeldía frente a la concepción del arte basada en la imitación de la realidad.

    - Sus principales rasgos eran la eliminación de anécdota y el pensamiento (antirrealismo), irracionalismo, afán de originalidad y experimentación.

    - Su instrumento fundamental de difusión fueron las revistas literarias, y las figuras claves para el desarrollo de las vanguardias fueron: Cansinos Assens, Gómez de la Serna y Vicente Huidobro.

    - Las dos corrientes vanguardistas que más arraigaron en España fueron:

    - Creacionismo: elabora una poesía basada en la sucesión de imágenes. También toma revelancia las connotaciones y caligramas.

    - Surrealismo: manifestó como rasgo fundamental la asociación libre y las imágenes oníricas, es decir, las que son propias de los sueños.

    La generación del 27

    - Los maestros para la generación del 27 fueron: Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gaset y Gómez de la Serna.

    - Los rasgos principales de la generación del 27 fueron:

    - Vicente Aleixandre: Espadas como labios; La destrucción del amor

    - Gerardo Diego: Imagen; Manual de espumas.

    - Rafael Alberti: Marinero en tierra; Sobre los ángeles.

    - Pedro Salinas: Razón de amor; La voz a ti debida.

    - Jorge Guillén: Cántico

    - Federico G. Lorca: Romancero Gitano; Poeta en Nueva York.

    - Luis Cernuda: La realidad y el deseo.

    Temas de la generación del 27

    - La ciudad: con una visión optimista pero también remarcando aspectos negativos.

    - El amor: como plenitud del individuo que admite todas las manifestaciones posibles.

    - El arte: como tema de creación poética.

    - La naturaleza.

    El teatro anterior a 1936

    - Valle-Inclán: Luces de Bohemia; Comedias bárbaras (Cara de plata; Águila de Blasón; Romance de lobos); Divinas palabras; Martes de carnaval (Las galas del difunto; La hija del capitán; Los cuernos de Don Friolera)

    - Federico G. Lorca: La casa de Bernarda Alba; Bodas de sangre; Yerma; El maleficio de las mariposas; Mariana Pineda; La zapatera prodigiosa.

    La poesía durante la guerra civil

    - Miguel Hernadez: está incluido por nacimiento en la llamada generación del 36, pero por las semejanzas de algunos aspectos de su obra con la generación del 27, se le considera en una zona intermedia.

    - Obras:

    o El rayo que no cesa; Cancionero y romancero de ausencias; El hombre acecha; Nanas de la cebolla.

    La poesía en la década de los 40 (Generación del 36)

    - Autores:

    o Dionisio Riduejo

    o Leopoldo Panero

    o Luis Rosales

    o Luis Felipe Vivanco

    o José María Valverde

    Características de la generación del 36

    - Utilización de formas clásicas: valoración de la estrofa y la rima y sujeción a la medida.

    - Lenguaje sencillo

    - Temas de intimidad cotidiana: la tierra, el amor, la familia y Dios.

    - Carácter biográfico y narrativo.

    La lírica de la Posguerra

    - Dámaso Alonso: Hijos de la Ira.

    - Vicente Aleixandre: Sombra del paraíso.

    La poesía de la década de los cincuenta

    - Se da la llamada poesía social.

    - Autores:

    o Gabriel Celaya: Diez poetas de este tiempo

    o Blas de Otero.

    o José Hierro.

    La poesía de la década de los sesenta

    - Se da la llamada poesía social.

    - Jaime Gil de Biedma: Las personas del verbo.

    - Ángel González

    - José Caballero Bonald

    - Carlos Barral

    - José Agustín Goytisolo

    - Francisco Brines

    La poesía de la década de los setenta

    - Manuel Vázquez Montalbán

    - Luis Antonio de Villena

    - Antonio Martínez Sarrión

    El teatro desde 1936

    - Antonio Buero Vallejo:

    o Obras con temática contemporánea: Historias de una escalera; Hoy es fiesta; Madrugada.

    o Obras con carácter histórico: Un soñador para el pueblo; Las meninas; El concierto de San Ovidio; El sueño de la razón; La detonación.

    El teatro cómico

    - Enrique Jardiel Ponceda: Usted tiene ojos de mujer fatal; Eloísa está debajo de un almendro; Los ladrones somos gente honrada; Los habitantes de la casa inhabitada; Cuatro corazones con freno y marcha atrás.

    - Miguel Mihura: Tres sombreros de copa; Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario; EL caso de la mujer asesinadita; El caso de la señora estupenda.

    Teatro social y de protesta

    - Alfonso Sastre: Escuadra hacia la muerte; La mordaza; Tierra roja; Muerte en el barrio.

    Teatro de protesta y de denuncia

    - En este teatro se puede hablar de generación realista.

    - Laura Olmo: La camisa

    - José Martín Recuerda: Las salvajes en puente San Gil

    - Rodríguez Méndez: Los inocentes de la Moncloa.

    - Carlos Muñiz: El tintero

    - Antonio Gala: Los verdes campos del Edén.

    Teatro pánico

    - Fernando Arrabal: El cementerio de automóviles; El gran ceremonial.

    - Francisco Nieva: El combate de Ópalos; Tasia y la carroza de plomo candente.

    - Simbolistas:

    o José Ruibal: El hombre y la mosca.

    o Martínez Mediero: EL bebé furioso

    o Miguel Romero Esteo: Pontifical y pasodoble.

    - Nuevas dramaturgias:

    o José Luis Alonso de Santos: Bajarse al moro; La estanquera de Vallecas.

    o Sanchís Sinisterra: ¡ Ay, Carmela ¡; El lector por horas.

    La novela de los años 40

    - Camilo José Cela: La familia de Pascual Duarte;

    - Carmen Laforet: Nada

    - Miguel Delibes: La sombra del ciprés es alargada.

    La novela en la década de los 50

    Rafael Sánchez Ferlosio: El Jarama

    La innovación novelística de los sesenta

    Representantes españoles:

    - Miguel Delibes: Cinco horas con Mario

    - Luis Martín Santos: Tiempo de silencio

    - Gonzalo Torrente Ballester: Los gozos y las sombras; La saga-fuga de JB.

    - Manuel Vázquez Montalbán: Los mares del sur; Asesinato en el comité central

    - Eduardo Mendoza: El misterio de la cripta embrujada; La verdad sobre el caso Sabolta.

    - José Luis Sampedro: La vieja sirena; la sonrisa etrusca.

    - Javier Marios: Todas las almas; Corazón tan blanco.

    - Antonio Muñoz Molina: El invierno en Lisboa; Plenilunio.

    Representantes Hispanoamericanos:

    - Miguel Ángel Asturias: El señor presidente

    - Juan Rulfo: Pedro Parano

    - Mario Vargas Llosa: La ciudad y los perros.

    - Gabriel García Márquez: Cien años de soledad

    - Julio Cortazar: Rayuela

    - Alejo Carpentiem: Concierto barroco

    - Jorge Luis Borges: Ficciones.