Rimas; Gustavo Adolfo Bécquer

Literatura española del Romanticismo siglo XIX. Poesía y lírica romántica. Temática amorosa. Métrica

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Obra. Visión panorámica y rasgos generales.

Cuando muere Bécquer en 1870, no había sido editado hasta entonces ningún libro suyo, salvo el primer tomo de la “Historia de los templos españoles”, obra compuesta en conjunto con su amigo Juan de la Puente. Algunas de sus rimas y de sus leyendas habían sido publicadas en periódicos y revistas. También, en unión de Luis García Luna, había estrenado algunas obras teatrales. Su “Libro de los gorriones” aún permanece inédito. Ignoramos de qué se trata.

El año 1872, un grupo de amigos y de admiradores del poeta decide reunir y publicar su producción literaria hasta entonces dispersa o desconocida. Le encomendaron este trabajo a Narciso Campillo y a Augusto Ferrán, ambos también poetas. Fue así como aparecieron por primera vez las obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer. Pero, en honor de la verdad, no fueron tan completas. Sólo en 1923 se publicó el texto completo, definitivo y sin alteraciones, de todas las obras de este insigne escritor español.

La obra literaria de Bécquer -al igual que la de algunos otros grandes poetas- es muy reducida. Esto comprueba que el valor de un escritor no depende de la cantidad, sino de la calidad de su producción. En efecto, la componen sus célebres Rimas, conjunto de 94 poemas, la mayoría de ellos de muy breve extensión -algo muy raro entonces-, 25 leyendas no muy extensas y 9 cartas literarias con el título común de “Desde mi celda” escritas en el monasterio de Veruela. Toda esta producción muestra ciertos rasgos comunes que pueden sintetizarse del siguiente modo: una literatura sencilla, directa, pero depurada y sincera. No procura realizar un arte exquisito, sólo para iniciados, ni tampoco un arte deslumbrante; antes bien, el escritor procura comunicarse con su lector en forma silenciosa e íntima como en sordina. En toda su obra, tanto en verso como en prosa, predomina lo sentimental, con ribetes melancólicos y hasta trágicos, aunque no faltan las notas irónicas o francamente humorísticas, especialmente en sus relatos.

Bécquer, como hombre de gran fantasía y fina sensibilidad, y por su mismo carácter, tenía una intensa vida interior. Por eso, a pesar de poseer ciertas dotes para la pintura y para la literatura narrativa y aún la dramática, encontró en la poesía lírica el cauce más apropiado para expresarse.

Es interesante consignar que él mismo, en varias oportunidades, nos dejó testimonio de su concepto de poesía. Para gozar de esta poesía tenemos que aprender a mirar el mundo con los ojos del poeta. Nos parecerá que él dice lo que a nosotros nos gustaría decir.

Temas y motivos.

Probablemente, debido a la brevedad de su existencia y a sus gustos personales, Bécquer no cultivó un repertorio más amplio de temas y motivos. Él mismo se encargó de decirnos dónde encontraba su inspiración, sus temas preferidos.

Según él, la poesía se halla en la naturaleza vista con los ojos del corazón; en el misterio, en lo que la razón no acierta a comprender; en los sentimientos, en las esperanzas y en los recuerdos y, preponderantemente, en el amor. Al leer todas sus Rimas, veremos que estos temas básicos dan origen a numerosos motivos recurrentes.

El poeta habla del amor, del dolor y de la muerte con todo aquello que en torno a ellos se mezcla y se entrelaza: los celos, las dudas, el desengaño, la nostalgia, la alegría, el ansia de lo invisible, el misterio de la belleza y de la carne, el reino brumoso de los sueños, el tormento de la soledad, el esplendor y miseria del mundo, la naturaleza como confidente del hombre, la fugacidad de todo.

Claro está que el tema dominante es el amor, sin caer nunca en un erotismo crudo y egoísta. Se trata del amor real en sus distintas facetas y circunstancias. El amor para el poeta significa alegría, gozo de vivir; es lo que ilumina el camino de la existencia. Pero cuando el poeta se ve obligado a separarse de ese amor, porque no ha correspondido a lo que él esperaba, siente un dolor infinito. Esto es particularmente trágico cuando ese amor condujo a la traición. El fracaso amoroso, unido a otras frustraciones, lleva al poeta a un pesimismo total, a la negación del mundo y de la vida. Cuando el amor se pierde, el poeta no sabe a dónde se va, porque no es lo mismo que ocurre con los objetos del mundo.

Es interesante detenerse en observar las diferentes actitudes que el hablante lírico adopta frente al ser amado. Hay toda una gama de disposiciones, que van desde la adoración más rendida hasta el orgullo más despreciativo y soberbio. Desde luego, su admiración parte de la apreciación de la belleza física, al margen de cualquier otro pensamiento. Esa mujer tan bella llega a confundirse con la belleza de la poesía. Por eso, el poeta, en el colmo de su arrobamiento, llega a exclamar: “¡Poesía eres tú!” (Rima 20). Pero en su fantasía, el poeta ha creado una imagen ideal de mujer y justamente por ser ideal es inalcanzable, algo que carece de corporeidad, algo imposible de hallar en este mundo tan prosaico. Otras veces, el poeta cree encontrar en el mundo esa mujer ideal. Entonces su imagen permanece en su memoria y en su corazón. Pero cuando el poeta fracasa, cuando su amor no es comprendido, siente que en su interior se yergue el orgullo como una fuerza que lo impulsa a despreciar lo que antes idolatraba. Por otra parte, el poeta, por su misma sensibilidad y delicadeza de espíritu, se sabe capaz de amar como nadie.

Otro tema es el de la naturaleza, el que aparece en múltiples formas, con distintas connotaciones, en casi todos los poemas. Claro que el paisaje bien sabemos que lo observa en forma subjetiva, a través de sus sentimientos. Por eso muchas veces los elementos paisajísticos son confidentes o son estímulos para la evasión o medios para expresar sus estados de ánimo. Su fantasía lo hace percibir que el paisaje vive, siente y actúa como una persona.

El motivo del misterio es también abundante en sus Rimas. Claro que el más terrible de los misterios es el de la vida y la muerte. Por eso se pregunta angustiado: “¿De dónde vengo?... ¿Adónde voy?” (Rima 51).

Lenguaje y estilo.

Ya hemos dicho que Bécquer es uno de los poetas más leídos. Esto se debe a dos hechos: la autenticidad de su emoción lírica y a la claridad se su lenguaje y estilo.

Los medios expresivos de este escritor son comunes y corrientes, nada extraordinario, pero admirablemente bien empleados. En verdad, la poesía del gran sevillano es clara, diáfana, pero nunca vulgar; muy al contrario, algunos de sus versos son de una pulcritud y belleza nada comunes. Este poeta, gusta del poema breve, el tono intensamente subjetivo, sin grandes adornos retóricos -aunque a veces usa figuras literarias de gran originalidad-; a él, más que decir, le gusta sugerir.

El poeta prefiere comunicar su poesía en la intimidad, en el silencio de dos almas. A eso se debe que sus versos no sean vibrantes y sonoros, sino breves, tersos, delicados. Su léxico, por lo mismo, es suavemente musical. De ahí su predilección por las palabras que sugieren objetos etéreos, impalpables o movimientos apacibles, lentos o fugaces.

No usa vocablos rebuscados, aunque sí correctos y armoniosos, nunca vulgares o prosaicos.

En cuanto al estilo y composición, es posible consignar algunos rasgos que aparecen con cierta frecuencia. Hay un uso abundante de reiteraciones y anáforas, donde persigue un efecto expresivo, como la intensificación o la reafirmación de un concepto. Para no caer en la monotonía, el poeta usa variaciones de distinto tipo. Otro rasgo de composición es la estructuración del poema en antítesis, es decir, haciendo contrastar ideas, sentimientos, actitudes, etc. Otro recurso es la estructura paralelística; esto es, en cada estrofa la disposición de las ideas y acciones (sustantivos y verbos) es semejante. A menudo el poeta logra efectos formidables, porque en la última estrofa se rompe el sistema.

Con respecto a las figuras literarias o retóricas, diremos que Bécquer es mesurado. No usa figuras audaces o extravagantes, aunque algunas son muy originales y novedosas y no faltan las que nos resultan bellísimas. No obstante, el poeta prefiere el estilo directo, pero fino y elegante.

Significación histórico-literaria.

Los investigadores y comentaristas, junto con reconocer los méritos de Gustavo Adolfo Bécquer, coinciden en hacer dos afirmaciones: en primer lugar, que este poeta cultivó una forma de poesía distinta a la que se conocía en ese tiempo; en segundo lugar, que su influencia ha sido muy importante para la poesía posterior.

En verdad, Bécquer perdura en el tiempo porque su obra trasciende los límites de su corriente literaria y de su época histórica. Es un poeta atemporal, es decir, su validez tiene vigencia ahora, a más de cien años de su muerte, sin que el tiempo le haya disminuido méritos.

Podría afirmarse que Bécquer condicionó el estilo de la nueva poesía. Por eso se dice que habría influido en la obra poética de Unamuno, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Bécquer es el punto de arranque de toda la literatura española contemporánea.

RIMAS DE EJEMPLO


Rimas sobre la poesía (1-11)

Rima 1

Saeta que voladora

Cruza, arrojada al azar,

Sin adivinarse dónde

Temblando se clavará;

hoja del árbol seca

arrebata el vendaval,

sin que nadie acierte el surco

donde a caer volverá;

gigante ola que el viento

riza y empuja en el mar,

y rueda y pasa, y no sabe

qué playa buscando va;

luz que en los cercos temblorosos

brilla, próxima a expirar,

ignorándose cuál de ellos

el último brillará;

eso soy yo, que al acaso

cruzo el mundo, sin pensar

de dónde vengo, ni a dónde

mis pasos me llevarán.

Rimas sobre el amor esperanzado (12-28)

Rima 13

Cendal flotante de leve bruma,

rizada cinta de blanca espuma,

rumor sonoro

de arpa de oro,

beso del aura, onda de luz,

eso eres tú.

Tú, sobra aérea que cuantas veces

voy a tocarte, te desvaneces

como la llama, como el sonido,

como la niebla, como un gemido

del lago azul.

En mar sin playas onda sonante,

en el vacío cometa errante,

largo lamento.

Del ronco viento,

ansia perpetua de algo mejor,

Eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía

los ojos vuelvo de noche y día

yo, que incansable como demente

tras una sombra, tras la hija ardiente

de una visión!

Rimas de angustia, desesperanza y muerte (52-76)

Rima 63

Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas;

envuelto entre sábanas de espuma,

¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas;

arrastrando en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las desprendidas orlas;

arrebatando entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!

Llevadme, por piedad, a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria...

¡Por piedad!... ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!

Como aguarda el avaro su tesoro,

guardaba mi dolor;

yo quería probar que hay algo eterno

a la que eterno me juró su amor.

Mas hoy le llamo en vano, y oigo al tiempo

que le agotó , decir:

“¡Ah, barro miserable, eternamente

no podrás ni aún sufrir!”


Rimas sobre el desengaño amoroso (29 a 51)

Rima 29

¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,

es altanera y vana y caprichosa;

antes que el sentimiento de su alma,

brotará el agua de la estéril roca.

Sé que en su corazón, nido de sierpes,

no hay fibra que el amor responda:

que es una estatua inanimada..., pero...

¡es tan hermosa!

Rima 30

Asomaba a sus ojos una lágrima

y a mis labios una frase de perdón...

habló el orgullo y se enjugó su llanto,

y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

pero al pensar en nuestro mutuo amor,

yo digo aún: “¿Por qué callé aquel día?”

y ella dirá: “¿Por qué no lloré yo?”

Rima 32

Pasaba arrolladora en su hermosura

y el paso le dejé,

ni aún mirarla me volví, y no obstante

algo en mi oído murmuró “Esa

[ es”.

¿Quién reunió la tarde a la mañana?

Lo ignoro; sólo sé

que en una breve noche de verano

se unieron los crepúsculos y...

[ “fue”