Renacimiento

Historia universal. Humanismo. Papas. Sforza. Borgia. Leonardo da Vinci

  • Enviado por: Pinchita
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 25 páginas

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INTRODUCCION

El descubrimiento y exploración de nuevos continentes, el auge del individualismo y la visión antropocéntrica del mundo, la aplicación de importantes inventos como la brújula y la imprenta, la afirmación de los estados nacionales y la difusión de unas formas artísticas inspiradas en el mundo grecolatino, definieron la configuración del Renacimiento, un brillante período de la cultura europea inmediatamente posterior a la Edad Media.

Este período se destacó por el gran florecimiento cultural que sufrió Europa, sobre todo en Italia, hacia el siglo XVI.

También en este período, surgió una corriente intelectual llamada HUMANISMO, ya que su centro de interés era el hombre, inspirada en la fascinación que empezó a suscitar en Roma Antigua, pero a la influencia de lo latino se sumó la de la cultura griega desde que a partir del siglo XVI se establecieron en Italia, pensadores bizantinos que huían de los turcos.

A fines del siglo XV y en la primera mitad del siglo XVI se produjo en Europa un extraordinario y completo desarrollo de las ciencias, las artes y las letras. este fenómenos es conocido como el Renacimiento.

Este es uno de los momentos más brillantes y más importantes de la historia: de los brillantes, porque los artistas crearon entonces obras maestras, difícilmente superadas después, y de los más importantes, porque, así como los descubrimientos marítimos de Cristóbal Colón y otros ensancharon el campo de la actividad material, el Renacimiento ensanchó el campo del pensamiento y de la actividad intelectual.

  • Cambio de perspectiva

Este período adoptó una visión nueva del mundo, que trajo consigo derivaciones y resultados fecundos en el siglo XVI. Emerge una cultura y una visión del mundo centrada en el hombre. Esta se orienta hacia los valores de la naturaleza y, así, indirectamente se fomenta el espíritu aventurero que había de fructiferar en los descubrimientos. Se abandonan los sistemas filosóficos de la Edad media, reducidos en gran parte a comentarios de la obra del filósofo griego Aristóteles, y las ciencias avanzan por el camino de la experimentación , dejando de buscar su justificación- más que en la investigación, en lo que afirmaban los pensadores de la antigüedad: Ptolomeo, Platón y otros.

La literatura, como las artes plásticas, se ve invadida por el espíritu laico, dejando de estar bajo la tutela de la Iglesia. En el plano religioso, se abandonan formas de piedad externas y superficiales, retornando, a través de la lectura de los textos bíblicos (cosa que hizo posible la invención de la imprenta), a formas de pureza evangélica.

  • Individualismo renacentista

Quizás la transición más espectacular del hombre europeo en este período es el auge del individualismo. En el siglo XV triunfa la concepción individualista en todos los planos de la vida, en reemplazo de la concepción medieval, que hacía depender la seguridad del ser humano de su pertenencia a un grupo determinado: el gremio, la nobleza, la burguesía, el clero, etc.

Ante el empuje del individualismo, comerciantes de los burgos o ciudades medievales, no solo sucumbieron los señores feudales, sino que también se derrumbó la familia medieval.

Entre los medievales, la familia había sido una propiedad exclusiva del padre. La patria potestad, o poder del padre sobre los hijos, había sido absoluta y abusiva en la mayoría de los casos.

En el siglo XIII, en las ciudades, el padre perdió el derecho de castigo, aunque en los campos y feudos agrícolas se siguió practicando durante mucho tiempo

  • La Europa del Renacimiento

Durante el Renacimiento, Europa Occidental adquirió aproximadamente la configuración política que tiene hoy. Francia, España, Portugal e Inglaterra definen sus fronteras , mas no así los países que son, precisamente, los núcleos fundamentales del Renacimiento.

Italia, Flandes, la Alemania del Sacro Imperio, son un conjunto de pequeños dominios que cambian continuamente sus fronteras y los amos de que dependen. La vida de los pequeños principados que componen estas regiones está presidida por un factor común: la guerra.

  • Situación de Italia

El fraccionismo italiano es fomentado por el papado, que no desea el desarrollo de un poder fuerte cerca de las fronteras de los estados pontificios. Los partidiarios del poder papal recibieron el nombre de güelfos, y los partidiarios del poder de los emperadores, el de gibelinos. La historia italiana de este período está teñida por la sangre que ambos bandos vertieron en sus luchas enconadas. Pero pese a la debilidad que supone esta situación , es de Italia de donde salen las formas de pensamiento revolucionario que caracterizan la época, y que son acogidas ávidamente por las restantes cortes europeas.

Durante el siglo XIV, Florencia fue gobernada por una serie de brillantes cancilleres que, si bien no respetaban la vida ni la hacienda de ningún ciudadano , establecieron una gran libertad de pensamiento, convirtiéndola en la ciudad en que se podían desarrollar, con una inmunidad relativa, los estudios humanísticos.

El gobierno de Florencia quedó en manos de la familia Médici, primero Cosme de Médici, luego Piero y más tarde, Lorenzo, llamado el Magnífico. Este ha quedado como modelo del hombre del Renacimiento. Hábil, mecenas y político, buen poeta, pero mucho menos hábil banquero- la banca Médici estaba al borde de la bancarrota en 1494- siempre dijo de sí que no era más que un ciudadano particular. Sin embargo, era el verdadero amo de Florencia. El interés y la protección de Lorenzo se centró fundamentalmente en los hombres de letras.

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  • Los papas de la época

A pesar del brillo de Florencia, Roma se convierte, desde mediados del siglo XV, en el verdadero centro cultural de Italia. En el papado se sucede una serie de grandes pontífices, en general consumados y ambiciosos políticos, además de hombres extraordinariamente cultos. La serie se inicia con Nicolás V (1447-1455) y se prolonga hasta Pablo III (1534-1549)

Nicolás V fue el fundador de la Biblioteca Vaticana. Pío II era un humanista que recibió tarde las órdenes sagradas. Continuó la tarea iniciada por Nicolás V, de reconstruir y fortalecer Roma. Su pontificado se critica por que se preocupó fundamentalmente de engrandecer a su familia, ejemplo que van a seguir otros papas renacentistas , en especial Sixto IV (1471-1484), Alejandro VI (1492- 1503) de la familia de los Borgia, padre de César y Lucrecia Borgia y los papas Médici: León X (1513-1521) y Clemente VII (1523-1534). Durante el pontificado de Sixto IV llegaron a Roma los más notables artistas de Italia:Boticelli, Perugino, Ghirlandaio, Signorelli, Pinturicchio. Pero frente al florecimiento cultural y artístico, se acentúa la relajación moral y política, especialmente entre el alto clero, y ello va a dar ocasión para las grandes crisis religiosas del siglo XVI y para que Roma sufra diversas invasiones, que culminarán con su saqueo.

  • Los Sforza

En el dominio de Milán, situado en el norte de Italia, se suceden dos familias: los Visconti y los Sforza, quienes reemplazaron a los primeros en 1450.

El ascenso de la familia Sforza constituye un interesante relato. A principios del siglo XV, el labriego Atténdolo ve pasar un día por el campo unos soldados, y arrojando al punto el azadón con que trabajaba, corre a alistarse. Era hombre de corazón y cabeza : con su bravura adquiere el nombre de Sforza, se hace capitán, jefe de partido, el Condottiere (jefe de soldados mercenarios) más temido de Italia, y deja su fama, sus talentos , sus tropas y muchas fortalezas a su hijo natural, Francisco Sforza, quien se casa con la hija del último del Visconti. Muerto este príncipe, vuelve Milán a ser república y elige a Sforza por defensor contra Valencia. Este vence a los Venecianos ; pero después vence también a los milaneses y les obliga a que le proclamen duque (1450). Su indigno hijo, Galeazo María Sforza, instaura un sistema tiránico y rapaz, y nadie en el ducado tenía a salvo la vida y la honra. Los nobles le asesinaron en medio de sus guardias, en la basílica de San Esteban (1476). Dejó un hijo de ocho años, Juan Galeazo, que le sucedió bajo la tutela de su madre, Bona de Saboya; pero el tío del joven príncipe Ludovico Sforza, llamado El Moro por el color moreno de su piel, expulsó a la regente y gobernó a nombre de su sobrino.

  • Los siniestros Borgia

En muchas oportunidades se oye hablar de la relajación moral del período renacentista. Como no se puede dar una idea de ella por simple enumeración de los crímenes cometidos por los hombres de la época, contaremos la historia de la familia Borgia, que probablemente los cometió todos.

La familia Borgia era de origen español, país donde el apellido se leía Borja. Transplantada a Italia en el siglo XV, inicio un rápido ascenso en 1455, cuando Alfonso de Borja. Transplantada a Italia en el siglo XV, inició un rápido ascenso en 1455, cuando Alfonso de Borja, arzobispo de Valencia (España), es elegido Papa, con el nombre de Calixto III (1455-1458). En su corto pontificado de tres años, se preocupó de la familia, y nombró cardenal y vicecanciller de la corte pontificia a su sobrino Rodrigo Borgia

Poco después de su denominación para estos cargos, Rodrigo era uno de los cardenales más ricos de la corte papal. Y también uno de los más corruptos. Hombre de mundo y hábil político antes que sacerdote seducía a las mujeres con éxito.

A poco de asumir sus funciones en el Vaticano, sus numerosas amantes le habían dado una gran cantidad de hijos, a los que legitimó y favoreció, concediéndoles honores, títulos, riquezas y poder.

Cuando el Papa Inocencio VIII murió, en 1942, Rodrigo intrigó para ser elegido pontífice, sobornando para ello a los miembros del Sacro Colegio Cardenalicio . mediante este procedimiento , subió al trono de San Pedro el 11 de agosto de ese mismo año, tomando el nombre de Alejandro VI.

En nuevo Papa no entró solo al Vaticano. Junto con él lo hizo toda su parentela. Padre modelo, otorgó a su hijo César el título de cardenal, a pesar de que sólo tenía 17 años. Favoreció, así mismo, a los hermanos de éste, Juan, duque de gandia, y Lucrecia.

  • César Borgia

César Borgia fue un aventurero inescrupuloso, pero caudillo popular y buen administrador . Acariciaba el sueño de construir un fuerte señorío hereditario en la Italia Central , a partir de los territorios de la Santa Sede. Tuvo suerte como general, conquistando la región conocida como Romagna. su padre, complacido, lo nombró duque.

Tenía una profunda antipatía por su hermano Juan, y sospechaba que el afecto papal se inclinaba hacia éste. En el verano de 1497, ambos hermanos salieron a dar un paseo. Dos días después, el río Tiber depositaba en la orilla un cadáver decapitado: era Juan Borgia. Todas las sospechas recayeron en César, pero nadie se atrevió a acusarlo.

La carrera de César quedó truncada cuando murió su padre, pues ascendió al papado Julio II. Juliano della Rovere en la vida secular, enemigo de los Borgia.

Los romanos decidieron no tolerar por más tiempo el terror impuesto por César y lo obligaron a abandonar la ciudad. Conducido a España como prisionero, logró escapar y se refugió contra el rey de Navarra. Al año siguiente muere guerreando en servicio a los 31 años.

Vicioso, despiadado y cruel, pero visionario e inteligente, fue modelo del libro El Príncipe, de Maquiavelo

  • La bella Lucrecia

La hermana de César, Lucrecia Borgia, ha pasado a la historia como prototipo de corrupción, intrigas y crueldad. En realidad hoy se tiende a ver en ella sobre todo un instrumento de las ambiciones políticas de su padre y hermano, que le combinaron una serie de matrimonios, en su totalidad de conveniencia, y no tuvieron empacho en anularlos aun con el homicidio en caso necesario.

A los doce años, ya se había comprometido tres veces en matrimonio con diferentes nobles españoles. Finalmente fue casada con Juan Sforza, sobrino del poderoso Ludivico el Moro.

Cuando el poder de Ludovico declinó, la familia Borgia decidió que era necesario deshacerse de un cuñado y yerno tan poco útil.

Lucrecia se divorció de éste, y ocho días después se casó con el príncipe Alfonso de Bisceglia, hijo natural de Alfonso II de Nápoles. Como este matrimonio tampoco reportara suficientes dividendos políticos a la familia Borgia, Alfonso de Biscaglia fue acribillado apuñaladas , pero logró sobrevivir, sólo para morir estrangulado en su lecho de convalecencia (1500). Lucrecia quedaba así, joven y viuda.

casi de inmediato (1501) aparece el tercer postulante a la mano de Lucrecia, Alfonso d'Este, que se transformó en duque de Ferrara en 1505. A esta altura de su vida se tranquilizó. Reunió en su corte a poetas y artistas, entre ellos Ludovico Ariosto, famoso por su obra Orlando Furioso, considerado uno de los poemas cumbres del Renacimiento , y el Ticiano, célebre pintor veneciano. La bella Lucrecia murió a los 39 años.

Y un dato curioso: en la ciudad de Santiago de Chile existen existen dos calles que de llaman Lucrecia Borgia, en las comunas de Conchalí y San Miguel. es uno de los pocos casos conocidos en que se bautiza una calle con el nombre de una envenenadora.

  • El mundo de los artistas

Más que una fecha precisa, lo que marca el Renacimiento es una renovación de carácter espiritual, muy ligada al Humanismo. En realidad, la palabra Renacimiento es sinónimo de un período de esplendor cultural, plasmado principalmente del arte.

Esta corriente de vitalidad creadora tuvo su cuna en Italia, desde donde se extendió a otros países como Alemania, Francia, Holanda y España. Las grandes musas de esta época fueron las obras de la antigua cultura greco-romana, que abrieron nuevos horizontes a la creación artística.

Claro que no se trató de una simple imitación del pasado, sino que se hicieron grandes avances, especialmente en el campo de la pintura. La preocupación por la perspectiva, por ejemplo, es una de las características de los creadores renacentistas. Dicho en otros términos, ellos se preocuparon de mejorar las técnicas para representar imágenes con volumen o tres dimensiones, sobre un plano como un lienzo, que sólo tiene dos dimensiones. Las obras comenzaron a ser proyectadas cuidadosamente antes de ser llevadas a cabo. Y los artistas pasaron a ser considerados intelectuales más que artesanos.

Además, cada uno comenzó a brillar con luces propias, a diferencia de lo que ocurría en la Edad Media, donde la mayoría de las obras fueron anónimas.

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  • El apoyo financiero

Muchas de las grandes obras que nos ha legado el Renacimiento no hubiesen podido realizarse sin el "gentil auspicio" de los mecenas.

El término mecenas proviene del nombre de Caius Clinius Maecenas, un estadista romano que se hizo famoso como benefactor de las artes en tiempos de Augusto. Personajes tan importantes como Virgilio y Horacio pertenecieron a su círculo literario. Pues, bien, siguiendo su buen ejemplo, los mecenas del Renacimiento protegieron y dieron respaldo económico a los artistas. Estos magnates de la época, en su mayoría estadistas y papas, encargaron la construcción de muchos palacios e iglesias y la realización de innumerables obras de arte. Naturalmente, los arquitectos, pintores y escultores eran recompensados con generosidad.

La familia de los Médicis es una de las mejores exponentes de los mecenas en Florencia. Uno de sus miembros, conocido como Lorenzo El Magnífico (1449-1492), fue ferviente admirador y protector de Miguel Angel. En Roma, en tanto, los principales mecenas fueron los papas. Julio II, quien hizo muchos encargos a Miguel Angel, afirmaba que las bellas letras eran "dinero para los plebeyos, oro para los nobles y diamantes para los príncipes".

La admiración por los artistas era enorme. Tanto es así que, en una oportunidad, el Papa Paulo III defendió al gran cincelador Benvenuto Cellini que había sido acusado de asesinato, con el siguiente argumento: "Hombres únicos en su arte, como Cellini, no deben someterse a las leyes".

  • Los primeros pasos

Como dijimos al comienzo, no existe una fecha precisa para determinar el inicio del Renacimiento. Sin embargo, ya a comienzos del siglo XV encontramos hombres como Fillippo Brunellschi, arquitecto que construyó la cúpula de la catedral de Florencia y la iglesia de San Lorenzo, en la misma ciudad.

Lorenzo Ghiberti, por su parte, pasó a la historia, ya que realizó magníficos bajorrelieves en bronce en las puertas del baptisterio de Florencia. Su obra maestra fue bautizada por el propio Miguel Angel como la Puerta del Paraíso. Uno de los ayudantes de Ghiberti más tarde llegó a ser considerado también como un maestro de la escultura. Se trata de Donato Bardi, más conocido como Donatello. Este artista, también florentino, fue uno de los primeros en utilizar modelos vivos para sus esculturas, con lo que logró darles un gran realismo.

  • La pintura

Entre los pintores, por otra parte, un humilde fraile logró sobresalir por su serio estudio de la perspectiva y el aspecto angelical de sus figuras. Este hombre, llamado Giovanni da Fiésole, conquistó la admiración de sus contemporáneos, que lo llamaron Beato Angélico. Para algunos, sin embargo, el primer gran pintor que reunió las principales características del Renacimiento fue Alessandro Boticelli, quien se destacó por su tendencia naturalista y la dulzura de sus personajes.

Pero no sólo en Italia brotaba el arte renacentista. La pintura flamenca, por ejemplo, también aportó en el siglo XV nombres tan importantes como el de los hermanos Van Eyck y Hugo van der Goes, El Bosco (holandés), Durero (alemán) y muchos otros creadores que se nos quedan en el tintero, forjaron el camino a las cumbres renacentistas.

  • Un genio múltiple (Leonardo da Vinci)

Quien mucho abarca, poco aprieta, dice el refrán. Pero siempre hay excepciones en cada regla. Y Leonardo da Vinci es, sin duda, prueba de ello. Este gran maestro, nacido en Vinci (Italia) el año 1452, se interesó en prácticamente todo lo que podía abarcar sus ojos y su mente. Y logró sobresalir en todas la áreas a las que se dedicó. Las ciencias, por ejemplo, le deben grandes estudios. Pero dejemos eso para más adelante. Por ahora, no referimos principalmente a su genio artístico.

Para Leonardo, la misión del artista era explorar el mundo visible con la mayor rigurosidad. En 1469 se trasladó a Florencia, y fue aprendiz del pintor y escultor Andrea del Verrocchio.

Con miles de ideas dándole vueltas continuamente en la cabeza, no es de extrañar que este hombre múltiple nos legara muchas obras pictóricas acabadas. Se dice que el maestro no quería que cualquiera pensara que podía ir a encargarle un cuadro, sin más. Incluso muchas veces dejó en el aire a sus clientes, sin cumplir sus encargos.

  • Las obras maestras

Pero en arte, como en muchas otras cosas, lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Y en este aspecto, da Vinci fue un ejemplo para sus contemporáneos y para los creadores posteriores.

Uno de los cuadros más famosos de este maestro es, sin duda, la Mona Lisa o, dicho en castellano, "Señora Lisa". Es más, muchos consideran que este es el cuadro más famoso del mundo. Y, en realidad, el rostro de esta dama florentina ha recorrido la tierra entera en cientos de afiches, tarjetas postales e incluso anuncios publicitarios.

Mucho se ha hablado de la enigmática expresión de este rostro, que a veces parece sonreír y otras refleja cierta amargura. En realidad, da Vinci dejó un campo a la imaginación de los espectadores. El utilizó brillantemente la técnica de esfumar y suavizar los colores, quitando rigidez a los contornos. Y este es el secreto de la Mona Lisa, cuyos ojos y comisuras de los labios, fundidos con suaves sombras, adquieren nuevos matices cada vez que los miramos.

Otra de las grandes creaciones de Leonardo es la Ultima Cena que, lamentablemente, sufrió gran deterioro con el paso de los años. La armonía de esta obra y la profundidad de la escena fueron producto de un arduo trabajo. Según se cuenta, en ocasiones Leonardo pasaba todo un día meditando con el pincel en la mano, sin decidirse a dar un trazo. Y es que, aparte de la excelencia técnica, el espíritu plasmado es el que da grandeza a las obras cumbres del arte.

  • Un Angel-artista (Miguel Angel Buonarotti)

"Nada puede el artista concebir/ ni puede con la mente imaginar/ que en un mármol no pueda inscribir/ la mano que obedece a mi pensar...", son palabras atribuidas a Miguel Angel Buonarotti, una de las figuras cumbres del Renacimiento italiano.

Nacido por el año 1475 en Caprese (Toscana), Miguel Angel quiso desde muy joven dedicarse a la creación artística..., para desesperación de sus padres.

De nada valieron los discursos, enojos y hasta golpes que le propinaron para hacerle cambiar de opinión. Él había decidido su camino. Con un carácter nada angelical y mucha determinación, se salió con la suya. Su maestría llamó la atención de los Médici, que lo acogieron en su palacio, donde pudo desarrollar su talento y descubrió su pasión por la escultura.

Se cuenta que su nombre se cubrió de fama en Roma, debido a un episodio bastante particular: aplicando toda su maestría, imitó una figura de un Cupido dormido y se la entregó a Baldasare Milanesso. Este señor cayó en la tentación de hacer una tremenda pillería. Enterró la figura durante un tiempo y luego la vendió como si fuera una pieza antigua, a un precio exorbitante. Claro que, al poco tiempo, el fraude se descubrió y, aunque suponemos que al burlado comprador no le hizo ninguna gracia, toda la gente quedó admirada de la perfección con que la obra había sido realizada.

  • Gajes del oficio

Miguel Angel llegó a Roma en 1496. De inmediato puso manos a la obra, con un vigor impresionante. Fruto de esta época es el hermoso David que, para muchos, es el máximo de la perfección. Con algo más de 5 metros de altura (incluyendo la base), este joven de mármol es el mejor himno de admiración a la belleza del ser humano. Por ese mismo tiempo, dio forma a La Piedad, escultura que representa a la Virgen con el cuerpo de Jesús en sus brazos.

El artista, a esas alturas, ya era sumamente famoso en Italia. Naturalmente no tardó en convertirse en el favorito de los papas. Pero, junto a los aplausos también recibió un peso que muchas veces lo sacó de sus cabales: encargos y más encargos. El Papa Julio II, le encomendó realizar una tumba monumental en la Basílica de San Pedro, que por aquel entonces estaba remodelando el arquitecto Bramante. Aunque el artista estaba de lo más entusiasmado, la obra se fue postergando una y otra vez. Dicen que en esto tuvo que ver el propio arquitecto que, molesto por la admiración que el papa sentía hacia Miguel Angel , convenció al pontífice que construirse una tumba en vida era como tentar al destino. El caso es que Julio II, le encargó entonces decorar la bóveda de la Capilla Sixtina, del Vaticano. Esta vez, la idea no le pareció nada genial a Buonarrotti. Él quería seguir dedicado a la escultura y no le tentaba para nada ponerse a pintar... y menos en las incómodas condiciones que imponía la tarea de pintar frescos en el cielo de una bóveda, sobre un andamio. Esta vez, el papa fue más testarudo que el propio Miguel Angel, quien tuvo que aceptar. A pesar de haber emprendido la tarea a regañadientes, el resultado fue prodigioso.

Una vez finalizada la obra, el artista volvió a trabajar en las esculturas para la tumba del pontífice. Por esas cosas del destino, sólo una de ellas ocupó el lugar para el que fue concebida. Se trata de la solemne estatua de Moisés, (en la imagen) famosa por la expresión de su rostro.

  • El juicio

Entre 1536 y 1531, encontramos a Miguel Angel trabajando nuevamente en la Capilla Sixtina. Esta vez le tocó hacer un imponente fresco en la pared tras el altar mayor, en el cual representó magistralmente El Juicio Final. La expresividad y el estudio de los cuerpos, patentes en esta obra, han maravillado a la gente por siglos. Sin embargo, los desnudos que primitivamente había en la pintura, causaron polémica entre algunos puritanos. Se relata que un maestro de ceremonias que visitó la capilla se escandalizó mucho. En respuesta, Miguel Angel no encontró nada mejor que incluir a este personaje en la parte dedicada al infierno.

Miguel Angel, pintor y arquitecto, pero ante todo escultor apasionado, murió en 1564 legando "su alma a Dios, su cuerpo a la tierra y su ropa a los parientes más próximos".

  • "El Divino" Rafael (Rafael Sanzio)

Por la misma época en que Leonardo y Miguel Angel competían en fama y maestría en Florencia, un joven pintor, llamado Rafael Sanzio comenzaba a dar que hablar en la región de Umbría (al centro de Italia). Desde joven llamó la atención como un artista promisorio en el taller del maestro Pietro Perugino. Más tarde se trasladó a Florencia, donde no era nada fácil triunfar, ya que había que conquistar un lugar en el campo donde reinaban dos gigantes del arte. De hecho muchos artistas jóvenes se descorazonaban de entrada, sabiendo que sus obras serían comparadas con las del gran Leonardo. Pero aunque Rafael no poseía los hondos conocimientos de éste, ni la fuerza de Miguel Angel, llevaba en la manga su propio as de triunfo: la dulzura de su carácter, tan diferente a la personalidad temperamental de los grandes, le hizo ganar la simpatía de mucha gente... y también la de los mecenas.

  • Un triunfador

Sus grandes obras son tan dulces y apacibles, que parecen haber sido pintadas sin ningún esfuerzo. Pero la aparente sencillez es fruto de un pensamiento profundo y gran esmero. Ejemplo de esto son sus famosas madonas, muy admiradas.

Tras su estada en Florencia, Rafael fue llamado a Roma, por la misma época en que Miguel Angel trabajaba en la Capilla Sixtina. Julio II encontró de inmediato una tarea para el joven Rafael, y lo puso a decorar las paredes de varias salas del Vaticano. Entre los frescos de estas estancias figura, por ejemplo, la Escuela de Atenas, que resume la escuela de la filosofía magistralmente.

Fue tal la admiración que despertó Rafael con sus obras, que recibió el apodo de "El Divino". Bajo el papado de León X llegó a ser el verdadero director de artes en la corte del Vaticano. Pero esta idea llena de bellezas y triunfos fue bastante breve. En la primavera de 1520, los 37 años de edad, Rafael murió. El cardenal Bembo, un erudito de la época, inscribió en su epitafio el sentir de sus admiradores. "Esta es la tumba de Rafael, en cuya vida la Madre Naturaleza temió ser vencida por él y a, cuya muerte, ella también murió.

  • Pinceles Europeos

Con Rafael queda completo el trío de los mayores exponentes del Renacimiento italiano. Pero eso no significa que hayan sido los únicos artistas realmente talentosos que han dejado importantes herencias a la humanidad. En Italia, y también en otros lugares de Europa, el auge renacentista hizo florecer tal cantidad de inspirados creadores, que es prácticamente imposible mencionarlos a todos.

Como botón de muestra diremos que, entre los pintores flamencos, merece un sitial de honor Pedro Pablo Rubens. El holandés Rembrandt van Rijn fue, por su parte, un genio el dominio de la luz, cuyos efectos manejó a su antojo en sus pinturas.

En España, finalmente, surgió la magnífica figura de Domingo Theotocópuli . Aunque este nombre no diga mucho para algunos, la cosa cambia al mencionar su seudónimo de El Greco. Este pintor, inconfundible por sus expresivas figuras alargadas, nació en Creta pero desarrolló su obra en suelo español. Fue también en esa tierra donde el pincel de Diego de Velázquez dio vida a muchas obras que siguen maravillando al mundo. Este pintor, aparte de manejar extraordinariamente las luces y el color, tuvo el mérito de dar cabida a los rasgos "feos" de los seres humanos en sus pinturas. Es así como en sus retratos prima la sinceridad y el realismo... y queda demostrado que un rostro poco agraciado no quita belleza a una obra de arte.

  • Primeros grandes inventos

Durante gran parte de este período llamado Renacimiento, el espíritu mundano y racional y el enorme deseo de aprovechar las fuerzas de la naturaleza que nació en artistas, intelectuales, alquimistas e, incluso, en algunos ricos señores feudales y burgueses, llevaron a esos hombres a realizar importantes inventos.

A este despertar científico se agregaron otros que comenzaron a formular teorías novedosas para esa época y algunos se atrevieron a explicar científicamente los misterios de la vida y del universo.

  • El pionero

El primer representante de este nuevo espíritu fue Leonardo da Vinci, verdadero genio del Renacimiento, quien mezcló todo su talento artístico con un deseo insaciable por descifrar los secretos de la naturaleza.

Junto con realizar proyectos de nuevas estatuas, bocetos de pintura y observar el cielo para elucubrar teorías espaciales, Leonardo realizó completos estudios de anatomía humana, dejando descripciones del corazón, sobre la estructura de la columna vertebral y los músculos.

La consigna que tenía da Vinci era que la experiencia "es el único intérprete de la naturaleza". También estimaba que ninguna investigación podía llamarse verdadera ciencia si no pasaba por la demostración matemática.

El método experimental y el cálculo matemático serían, a contar de ése período, las características de la ciencia moderna.

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  • Algunos de sus inventos

La imaginación sin límite de este artista lo llevó a diseñar máquinas que, siglos más tarde, fueron perfeccionados y que hasta el día de hoy son útiles al hombre.

Entre estas innovaciones vale la pena señalar las siguientes: el tornillo aéreo, que es considerado un antepasado teórico del helicóptero; concibió la idea del paracaídas e indicó claramente sus dimensiones; inventó el planeador, es decir, una especie de aeroplano sin motor que volaba sostenido por las corrientes de aire; perfeccionó las esclusas para que los barcos lograran salvar las diferencias de nivel en los canales; diseñó un carro de asalto, anticipo del tanque moderno; inventó la grúa giratoria; ideó un cañón de bocas múltiples, dotado de 33 caños, con capacidad para disparar tres cargas de once tiros consecutivos; creó un pedernal para el encendido automático de las mechas de las minas y cañones.

También Leonardo estudió el mundo vegetal, la óptica, la música y la astronomía. Además, con sus experiencias se pudo construir la primera máquina a vapor.

  • Otros sabios

Otros investigadores notables del Renacimiento fueron Nicolás Copérnico (1473-1543), quien contribuyó con sus estudios de astronomía a aclarar la estructura del universo, llegando a formular la teoría heliocéntrica, según la cual la Tierra forma parte de un sistema astronómico que tiene por centro el Sol.

Galileo Galilei (1564-1642) fue el continuador de Copérnico. Perfeccionó el telescopio, que le permitió hacer observaciones con un aumento de 30 veces. Formuló la teoría sobre la caída de los cuerpos: en el vacío caen a igual velocidad; Newton formuló la ley de la gravitación de los cuerpos; Kepler descubrió que los planetas describen órbitas elípticas alrededor del Sol.

Estos y otros progresos en la astronomía permitieron rectificar el calendario. El Calendario Juliano, establecido en su tiempo por Julio César, se basaba en un cálculo erróneo del año solar, de modo que el año calendario excedía el año real o solar en 11 minutos y 14 segundos. Cada 128 años, el año calendario completaba una diferencia de un día con respecto al año solar, razón por la cual, en el curso de los siglos, se había producido una diferencia de 10 días. En el año 1582, el Papa Gregorio XIII estableció el Calendario Gregoriano. Con el propósito de hacer coincidir nuevamente el año calendario con el año solar, se saltaron 10 días: el 5 de octubre de 1582 se convirtió el 15 de octubre del mismo año.

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  • Relojes y vidrios

En el siglo XV se colocaron relojes públicos en la mayoría de las ciudades importantes, y también se inventó el reloj de bolsillo. El uso de esta máquina obedeció a una nueva concepción del tiempo y a una nueva actitud frente al momento y sus exigencias.

Paralelamente, la industria del vidrio creció y mostró grandes progresos. Se inventó el vidrio transparente incoloro y también el cristal, con el que posteriormente se hicieron los anteojos.

En el campo de la medicina, el desarrollo más notable surgió en el siglo XVI, cuando aparecieron hombres de ciencia que practicaron la disección de los cuerpos, creando la anatomía humana. El estudioso Andrés Vesalio, de Bruselas, publicó en 1543 la obra Constitución del Cuerpo Humano, primer estudio científico riguroso sobre la anatomía humana. Pero el estudio más difícil de las funciones del cuerpo, la fisiología, no llegó a ser una ciencia hasta el siglo XVII, cuando el inglés Harvey descubrió la circulación de la sangre.

 

  • Bombardas y mosquetas (Primeras armas)

Los chinos descubrieron la pólvora, los árabes la adaptaron para usos bélicos y los europeos lograron perfeccionar las armas de fuego creando los primeros cañones, que llamaron bombardas. Esta síntesis abarca desde los primeros siglos de la Era Cristiana hasta el siglo XV.

El inocente invento de los chinos, que sirvió en los comienzos para la preparación de cohetes y fuegos artificiales, transformó totalmente las acciones de guerra y también de los ejércitos.

Durante la invasión de España, a comienzos del siglo XIV, los árabes emplearon por primera vez, aunque rústicamente, las armas de fuego. Fue el inicio de una época difícil y de experimentos con esta mezcla de salitre, carbón y azufre, que se denominó pólvora.

  • Aparece el cañón

Para la guerra de los Cien Años, se usaron las bombardas, que eran pesados aparatos de hierro, de gran calibre, escaso alcance y peligroso funcionamiento, pues muchas veces explotaban al hacer el disparo.

A mediados del siglo XV apareció en los campos de batalla un instrumento diferente, más liviano que la bombarda, llamado culebrina, de tubo largo y menor calibre, pero de mucho más alcance, y que por su peso fue necesario transportarlo sobre ruedas.

Las culebrinas se hicieron rápidamente famosas e incluso se fabricaron más livianas, para que un sólo hombre la pudiera transportar y usar. Este cañoncito fue el antecesor del arcabuz, y más tarde, en el siglo XVI del mosquete, de cañón más corto y más liviano que el anterior.

Ambos, antecesores del fusil moderno, eran de complicado manejo: se cargaban por la boca y se afirmaban sobre una horquilla clavada en la tierra.

Cuando el mosquetero oprimía el gatillo, la mecha encendida inflamaba la pólvora almacenada en una cazoleta o cavidad inicial, y ésta producía la explosión de la carga inicial.

En el siglo XVII apareció el llamado mosquete de llave de chispa, más manejable y en el que una chispa producía el disparo.

Todas estas armas hicieron más poderosas las infanterías y menos eficaces a las caballerías, que eran los elementos principales de los ejércitos medievales. Las enormes balas disparadas por los cañones hicieron estragos en los gruesos muros de los castillos feudales, cuyos señores tuvieron que ceder paso a los avances modernos que, en resumidas cuentas, favorecieron a los reyes, los cuales acrecentaron su poder y autoridad en el Estado.

  • Gutenberg y la imprenta

Como todos los grandes descubrimientos, la invención de la imprenta en 1440 originó todo tipo de controversias y reacciones favorables y en contrario. Transcurrieron muchos años antes de que este sistema, creado por Juan Gutenberg, fuera aceptado por los círculos científicos e intelectuales de Europa.

Los historiadores actuales coinciden, sin embargo, en incorporar a la imprenta como uno de los objetos fundamentales que llevaron a desarrollar el movimiento cultural llamado Renacimiento.

  • Libros y trapos

La invención del alemán Gutenberg revolucionó la cultura de la época, aún cuando la imprenta no fue bien recibida en los primeros años. Algunos veían en ella la decadencia de la dignidad de la cultura, confiada para su difusión a las manos de los obreros. Otros temían que se propalasen escritos inmorales o que incitasen a los pueblos a la revolución.

Hasta ese momento, todos los libros estaban escritos en volúmenes hechos de cuero de oveja o cabra, especialmente adecuado para ese propósito. La imprenta trajo aparejada la creación del papel, que se hizo con la utilización de trapos. El uso de las camisas se había popularizado en todas las grandes ciudades, razón por la cual abundaban los trapos.

Los inventores fueron los árabes, quienes aprendieron de los chinos, que también ocupaban fibras vegetales.

Los opositores más empecinados de la imprenta fueron los copistas de pergaminos, porque veían en ella su desocupación, y los propietarios de bibliotecas, porque temían la desvalorización de sus manuscritos.

  • Los beneficios

A pesar de los inconvenientes, la imprenta fue imponiéndose al sistema antiguo y los libros comenzaron a ser leídos por mayor cantidad de gente, e incluso, algunos bibliófilos exigían sólo libros impresos en sus bibliotecas.

El milagro de la impresión conquistaba público entre los cultos e incultos.

La primera obra impresa fue la Biblia, que salió de la prensa en 1455. En poco tiempo logró récords de tirajes. En el 1500 la imprenta operaba en prácticamente toda Europa. En 1522, el Nuevo Testamento, corregido por Lutero, alcanzó una tirada de 100 mil ejemplares.

  • El inventor

Pocos antecedentes han logrado conseguir los historiadores de Juan Gutenberg. Se sabe que nació en la ciudad alemana de Maguncia, entre los años 1395 y 1397, trasladándose muy joven a Estrasburgo, donde desarrolló su invento.

El primer impreso con caracteres movibles lo hizo Gutenberg con un poema en verso, y luego un calendario. Una vez probado el éxito, se lanzó en la gran empresa de imprimir la Biblia. Este texto se conoce como "la Biblia de las 36 líneas".

Humanismo

Como primera tentativa coherente de elaborar una concepción del mundo cuyo centro fuera el hombre mismo, el humanismo puede considerares el origen de todo el pensamiento moderno.

Se conoce por humanismo un movimiento intelectual germinado durante el siglo XIV, en las postrimerías de la baja edad media, y que hallaría su plena manifestación en cl Renacimiento. En el curso de aquellas centurias, sobre todo en las ciudades de Italia, se había producido un notable desarrollo de la burguesía urbana, y de esta forma Los nobles y burgueses enriquecidos estuvieron en condiciones de prestar un apoyo a la cultura antes privativo de la iglesia y de las grandes cortes. Además Junto con otros humanistas, Pico della Mirandola exaltó los valores del hombre, al que situó en el centro del universo.

Más, para conservar e incrementar la fortuna era cada vez más preciso un adecuado nivel educativo.

Se juntaron por tanto dos líneas con un mismo fin: Mayor aprecio de la cultura y necesidad de una educación más práctica que la que proporcionaban los estudios teológicos de la edad media. Se volvió a la fuente del saber, la antigüedad grecolatina, despojada de las adherencias teológicas medievales, y sus enseñanzas se adaptaron a los nuevos tiempos. El programa de estudios, encaminado a facilitar conocimientos profesionales y actitudes mundanas, comprendía la lectura de autores antiguos en sus idiomas vernáculos y el estudio de la gramática, la retórica, la historia y la filosofía moral. A partir del siglo XV a estos cursos se les dio el nombre de studia hurnanitatis o «humanidades», y quienes los impartían fueron conocidos como humanistas. En el Renacimiento, el humanismo significó un criterio de la vida que, sin dejar de aceptar la existencia de Dios, compartía muchas de las actitudes intelectuales y vivencias del mundo antiguo, integradas con los continuos descubrimientos sobre la naturaleza y las nuevas condiciones de vida generadas por el auge del comercio y de la burguesía mercantil.

Los maestros dieron la espalda a la idealización medieval de la pobreza, el celibato y la soledad, y en su lugar destacaron la vida familiar y el juicioso uso de la riqueza.

Génesis del humanismo italiano. En cuanto reflexión sobre la problemática del hombre, el humanismo ha existido siempre. Como movimiento cultural coherente y programático, sin embargo, surgió en una época histórica determinada, el siglo XV, y en un lugar concreto, las ciudades-estado italianas, desde donde luego se extendería por toda Europa. En este movimiento, que tuvo ya grandes iniciadores en el siglo XIV, y en autores como Petrarca y Boccaccio, sé reivindicaba la capacidad de cualquier hombre para pensar por sí mismo, sin trabas ni tutelas, y para considerar diferentes soluciones sobre cualquier problema, entre ellos, por supuesto los filosóficos, a un cuando tuviesen carácter «pagano». Así, frente al pensamiento teocéntrico medieval, la religiosidad humanista quiso llegar a Dios mediante el ejercicio de la razón sin plantear una meta predeterminada.

Se produjo además una fundamental inversión de valores, que sería luego llamada el «giro copernicano» en alusión al sistema heliocéntrico desarrollado por Nicolás Copérnico. Inicialmente era lo celeste lo que daba sentido a lo terrestre; para los humanistas, por el contrario, sería lo Terrestre lo que diese sentido, un sentido nuevo y reprochable para la ortodoxia oficial, a lo celeste. En la Tierra sería el hombre, destronado del centro del universo junto con su planeta, el que mediría lo celeste y lo haría a tenor de su propia proporcionalidad. Ello resultó especialmente patente en el arte renacentista (Leone Battista Alberti, nardo da Vinci). El cuerpo humano pasó a ser

la medida de todas las cosas naturales, y se hizo así cierta la máxima del sofista griego Protágoras:

«El hombre es la medida de todas las cosas». El humanismo atacó con saña la estática división aristotélica entre mundo lunar y mundo sub-lunar que subordinaba al hombre. Aristóteles, al menos en la interpretación que de él había hecho la escolástica medieval, fue el gran perdedor en la renovación clásica que realizó el humanismo, ya que surgieron escuelas neoaristotélicas que intentaron reelaborar su pensamiento. Galileo, una de las grandes figuras del Renacimiento, combatió sin cuartel a Aristóteles por su ignorancia en matemáticas y su incapacidad para comprenderlas. Frente a él, se ensalzó a platón, que había dado a las matemáticas un destacado lugar en su sistema idealista (por ejemplo, el sistema geométrico de los elementos desarrollado en el Timeo) y se exaltó una concepción neoplatónica del universo como un todo armónico en el que el hombre constituía el nexo de unión entre Dios y el mundo sensible. Pero no sólo renació la filosofía de Platón, sino toda la física Demócrito, Epicuro, Lucrecio— que los intérpretes de Aristóteles habían considerado rebasada. La revalorización de estos filósofos contribuyó a poner de manifiesto que la teoría de Aristóteles no constituía la única hipótesis de la realidad, y que sus libros no eran la «física», sino una física entre otras. La discusión científica pudo proseguir, no en el marco de la obra aristotélica, sino al margen de ella. Y en este sentido se mostró decisiva la tarea de los humanistas.

La ruptura con el mito de un libro humano depositario privilegiado de la «verdad» dio también lugar al desarrollo de las disciplinas que se ocupaban del Horno faber, hacedor de su mundo y de su fortuna, que contemplaba la ética como norma para hacerse a sí mismo, la economía como herramienta para administrar su hacienda y la política como gestión de su ciudad-estado. Este nuevo enfoque reactivó la discusión sobre las artes y sobre las técnicas. Los humanistas, al vivir entre pintores, arquitectos e ingenieros y admirar las máquinas de los físicos antiguos, abrieron el camino a una revisión fundamental de las relaciones entre el plano práctico y el teórico. La arquitectura de Giulio Romano y la de Leone Battista Alberti concitaron la admiración de todos los círculos humanísticos.

Se llegó, en suma, a una concepción integradora del saber humano, que era a su vez reflejo de la armonía del mundo. Así, el gran Leonardo da Vinci, que afirmó que «ninguna investigación humana puede denominarse ciencia verdadera si no pasa por las demostraciones matemáticas», no dudó tampoco en considerar que la pintura era «ciencia e hija legítima de la naturaleza, porque esa naturaleza la ha parido».

La exaltación del hombre fue lugar común entre los humanistas italianos. Para Marsilio Ficino, el hombre era vicario de Dios, una imagen de Dios, nacida pan regir el mundo y que podía pretender todas las cosas. Pico della Mirandola, con expresión dramática, puso en boca de Dios la siguiente imprecación: «Tú, que no estás sujeto a ningún límite, determinarás por ti mismo tu propia naturaleza, según tu libre voluntad.»

Rasgos básicos del programa humanista. Puede sintetizarse el programa humanista en tres puntos fundamentales: (1) el objetivo básico del conocimiento es el hombre y la significación de la vida, y en función de ellos deben plantearse las cuestiones cosmológicas; (2) ningún filósofo posee el monopolio de la verdad; (3) existe una concordia entre la cultura clásica pagana y el cristianismo, puesto que la enseñanza sobre el hombre, la vida y la virtud que enseñan los autores clásicos es integrable en el cristianismo.

El humanista español Juan Luis Vives dio una perfecta descripción de cómo debía ser el humanista de su época: «hombre de letras», que ha recibido y ha cultivado una educación literaria, que quizá no haya estudiado ciencias, ni derecho, ni teología, pero sí gramática, retórica, historia, poesía y filosofía moral... en textos latinos y griegos.

No todos los humanistas acataron la doctrina cristiana. El italiano Giordano Bruno, quemado por la Inquisición, negó el cristianismo que separaba a Dios del mundo y refutó toda clase de jerarquía ontológica y cosmológica, pues el universo constituía para él un único nivel de ser. Otro pensador italiano, Pietro Pomponazzi, no dudó en refutar la inmortalidad del alma individual.

Mientras que en Italia el humanismo fue ante todo artístico y filosófico, en el centro y norte de Europa nació con un matiz religioso muy acusado. Su principal representante, el holandés Erasmo de Rotterdam, unió a su devoción por la antigüedad una dura crítica de la escolástica y la formulación de una reforma de la espiritualidad cristiana. Destacados humanistas no italianos, aparte de los citados, fueron los franceses Jacques Lefévre d'Etaples y François Rabelais, los ingleses Tomás Moro (Thomas More) y Francis Bacon, y el español Juan de Valdés, entre otros muchos.

Declive del humanismo. Con el tiempo el humanismo degeneró en un culto puramente lingüístico y formal de la antigüedad, en una erudición carente de vitalidad creadora, y ya desde mediados del siglo XVI se había hecho “pedante” y libresco. Por otra parte, las tesis del reformador protestante, Martín Lutero, con su insistencia en la especificidad de lo cristiano frente a la cultura pagana y su énfasis en la gracia divina, y la vuelta a la ortodoxia estricta encarnada por los teólogos contrarreformistas, supusieron un golpe de gracia para el humanismo.

Las guerras que asolaron Europa tras la Reforma contribuyeron igualmente a quebrar los ideales humanistas de armonía natural y social. Sin embargo, la insistencia en el empleo de la razón y la nueva visión del mundo introducida por el humanismo pervivieron en los pensadores racionalistas y espiritas y supusieron un ejemplo para la ilustración.

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