Renacimiento

Arte renacentista. Humanismo. Quattrocento. Cinquecento. Arquitectura, escultura y pintura renacentistas. Plateresco. Herreriano

  • Enviado por: Gaby
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Generalidades:

Entre los siglos XV y XVI triunfó en Europa un movimiento de renovación cultural y artística que se caracterizaría por la recuperación de la antigüedad grecorromana y por la ruptura con la tradición estética medieval, a la que calificaba de “estilo de bárbaros”.

EL HUMANISMO

Surgido en Italia, en el siglo XV, el renacimiento se vio favorecido por una serie de importantes cambios en el orden político, social y económico, que propiciaron el desarrollo de la concepción del universo antropocentrista, de signo laizante, que iba a sustituir al teocentrismo medieval. Se sustituyó así la omnipresencia de lo religioso por una afirmación de los valores del mundo, y el hombre se convertía en la nueva medida de todas las cosas, inspirando el humanismo en el que se basó, sin renunciar a la tradición cristiana, la cultura renacentista.

EL ARTE RENACENTISTA

En el campo artístico, este regreso a las fuentes de la civilización occidental, la antigüedad grecorromana, supuso el abandono del lenguaje formal gótico, y el resurgimiento de antiguas formas arquitectónicas como el orden clásico en las columnas, la utilización de motivos formales plásticos o pictóricos antiguos, pero también la apropiación de temas de la mitología y de la historia, así como la adopción de elementos simbólicos como el arco de triunfo. Surge asimismo una nueva relación con la naturaleza, en un arte preocupado por fundamentar racionalmente su ideal de belleza: belleza y armonía no eran más un reflejo de la divina creación, sino expresión de un orden intelectual basado en el número y la proporción. La actitud antropocéntrica del renacimiento hizo del hombre la medida de todas las cosas, y el cuerpo humano se convirtió en el paradigma de la perfección y en el objetivo fundamental de los artistas. La copia exacta de la realidad se convertía de este modo en el objetivo primordial, favorecida por el descubrimiento y la aplicación de las leyes de la perspectiva lineal, que permitieron a los artistas renacentistas representar el espacio en tres dimensiones. La racionalización del espacio y de la belleza fueron también conquistas del renacimiento, que encontró su propio lenguaje en la expresión de la medida, las proporciones y el movimiento. Por otra parte, la creciente consolidación en las ciudades de una poderosa burguesía de talante liberal permitió liberar la escultura y la pintura de su temática exclusivamente religiosa y favoreció la aparición de nuevos géneros, como el retrato, el desnudo, la mitología y el paisaje, más acordes con los gustos de la nueva clase social.

El hecho de que esta rinascita de la antigüedad tuviera lugar en Italia no fue un hecho fortuito, puesto que allí había pervivido la herencia clásica a lo largo de la Edad Media. Esta vuelta a la antigüedad latina se inicia hacia 1420, con la primera fase temprana, el quattrocento, a la que sigue en 1500 el alto renacimiento o cinquecento. Mientras Italia desarrollaba el estilo renacentista, en el resto de Europa floreció el gótico final, por lo que en estos países el renacimiento surgió en contacto con el arte italiano, en torno a 1490-1500, cuando en Italia ya se habían realizado prácticamente las obras más significativas del período.

LA ARQUITECTURA

A pesar de que hubo una ruptura violenta con las formas arquitectónicas góticas, el renacimiento supuso su sustitución por un nuevo sistema constructivo, geométrico y clásico, inspirado en la antigüedad clásica: círculo, cuadrado, cubo y cilindro eran las formas más adecuadas para la racionalidad y regularidad de unos edificios que buscaban la claridad de los motivos y un espacio articulado armónicamente. Una arquitectura que se basó en un sistema teórico racional, en una belleza fundamentada en un racionalismo matemático.

El edificio renacentista se concibe, en efecto, como una repetición armoniosa y proporcionada de partes o de elementos que crean un espacio racional y simétrico. Esta visión renacentista de la arquitectura queda claramente establecida en la obra de los tratadistas teóricos, entre los que se destaca el citado Alberti, cuya De re aedificatoria se convirtió en una referencia fundamental para los arquitectos renacentistas.

El quatrocento

El edificio renacentista es un espacio de dimensiones más humanas, a la medida del hombre, y por esto la verticalidad del gótico dejó paso a una arquitectura en la que predominan la horizontalidad y las líneas rectas. Esta recuperación del lenguaje clásico constructivo y decorativo supuso la sustitución de la bóveda de crucería, el macizo pilar gótico y el arco apuntado por los órdenes clásicos, el arco de medio punto, columnas y pilastras, y un techo plano cubierto con casetones o bóvedas de cañón, reservando la gran cúpula romana semiesférica para los espacios centralizados. Las plantas buscan una simétrica y calculada perfección, con preferencia por la planta basilical y la central, y un ambiente diáfano, opuesto a la coloreada penumbra de la iglesia gótica. Característica de la arquitectura cuatrocentista es la decoración de los edificios con motivos clásicos, como grutescos, almohadillados, guirnaldas y formas vegetales y animales, de extraordinaria belleza. Reaparecen, además, los capiteles clásicos, así como los frontones, triangulares o curvos, que se emplean sobre todo en la decoración de las fachadas.

Durante el renacimiento, la edilicia civil se situó al mismo nivel que la religiosa, y junto a los edificios públicos predominaron en el siglo XV el palacio urbano, de cuidadas proporciones geométricas, en forma de bloque dividido en pisos y, en el interior, con un cortile o patio en torno al cual se organizan las cuatro alas con dependencias, y la villa rural, que se aparta de la tradicional finca fortificada, para fundirse con el paisaje.

Las primeras construcciones inspiradas en estos nuevos principios aparecieron en Florencia a comienzos del siglo XV, y su máximo representante fue FILIPPO BRUNELLESCHI, autor de la célebre cúpula de la catedral de Santa María dei Fiori, así como el Hospital de los Inocentes, de la iglesia de San Lorenzo, de la iglesia del Santo Spirito y de la capilla Pazzi.

El cinquecento

El siglo XVI representa la segunda fase del renacimiento italiano, en la que Roma pasó a detentar la capitalidad artística, y en la que las nuevas formas comenzaron a extenderse por Europa. Se llevó a cabo una revisión de los presupuestos estéticos del quattrocento, y la arquitectura, más severa y monumental, se despojó del carácter ornamental de la etapa anterior para una más perfecta formulación de los ideales humanistas. Rigurosa y equilibrada, la arquitectura del cinquecento, se caracteriza por la superposición de órdenes y por el sereno equilibrio de las construcciones.

El cinquecento representa por tanto la perfección clásica de las conquistas cuatrocentistas, con depuración de los elementos superfluos y decorativos, intentando aunar la armonía y la lógica con una solemne monumentalidad. Roma se convirtió en centro político, religioso y cultural de Italia en torno a la construcción de la basílica de San Pedro y su reordenación urbanística. Su desarrollo está vinculado a grandes nombres, como DONATO BRAMANTE, que logró con su templete de San Pietro in Montorio en el paradigma de la arquitectura clásica, con su aspecto de templo circular antiguo, sobrio y austero.

Obra cumbre de este período es la basílica de San Pedro, proyectada por Bramante y modificada después por Miguel Angel, a quien se debe la monumental cúpula que la remata. MIGUEL ANGEL constituye la figura capital del renacimiento, pero su obra anticipa ya el manierismo, al sustituir el equilibrio bramantesco por la tensión, y someter el lenguaje arquitectónico renacentista a una interpretación personal y dinámica. El último tercio del siglo XVI estuvo dominado por la figura genial de Andrea Palladio, que representa el clasicismo más puro, tanto en su teatro Olímpico de Vicenza como en sus incomparables villas rurales.

LA ESCULTURA

La escultura y la pintura renacentista representan también una clara ruptura con la tradición del gótico final, todavía pletórica de fuerzas en el siglo XV, a través del gótico internacional.

LA ESCULTURA RENACENTISTA

El quattrocento

La aproximación al ideal artístico de la antigüedad clásica fue también la meta de la escultura renacentista, que imitó a los artistas griegos y romanos no sólo en las formas monumentales y en la severidad y en la temática, sino también en los materiales, mostrando una gran predilección por el mármol y el bronce. La técnica de la fundición en bronce alcanzó en esta época una gran perfección, y las creaciones en mármol llegan a representar el paradigma del refinamiento. Se apreciaron los materiales nobles, pero también con otros más pobres, como el barro cocido, pintado o vidriado, obtuvieron los artistas renacentistas bellos efectos. La máxima preocupación fue la perfecta expresión de las proporciones y de la anatomía del cuerpo humano, estudiadas particularmente en los desnudos. Los escultores se decantaron por la escultura de bulto redondo, aunque también cultivaron el relieve en las figuras para sepulturas, en bustos y medallones, y realizaron asimismo figuras ecuestres y sepulcros monumentales.

Al igual que en la arquitectura, Florencia fue el centro de la escultura del primer renacimiento. El primer escultor plenamente renacentista fue Lorenzo Ghiberti, quien en 1402 ganó el concurso para la realización de la segunda puerta del baptisterio, obra todavía gótica, pero cuyas figuras muestran una perfección anatómica que preludia ya el renacimiento.

También se encuentra DONATELLO, con una producción marcada por el realismo dramático, que intentaba conciliar el equilibrio clásico y un cierto expresionismo basado en la realidad y el estudio naturalista de la figura humana. Hacia 1440 esculpió en bronce el famoso “David” (Museo del Bargello, Florencia), logrando una expresividad y una perfección en el modelado desconocidas hasta entonces. A Donatello se debe también una de las más famosas estatuas ecuestres, la del condotiero Gattamelata, erigida en 1453 en Padua.

El cinquecento

Frente a UN quattrocento básicamente florentino, el siglo XVI asistió al predominio romano, y la delicadeza florentina dejó paso a una grandiosidad y sencillez monumental, con preferencia por las esculturas de bulto redondo sobre el relieve.

La escultura del cinquecento italiano, grandiosa y monumental, está dominada por el genio de MIGUEL ANGEL, cumbre del clasicismo renacentista y al mismo tiempo iniciador de la disolución formal que llevó al manierismo. En sus primeras obras consiguió un equilibrio admirable entre masa y movimiento (David, Galería de la Academia, Florencia), para evolucionar después hacia una intensa expresividad (Moisés, iglesia de San Pietro in Vincoli, Roma), un predominio del movimiento (tumbas de los Médicis en la sacristía nueva de San Lorenzo, Florencia) y una deformación de los cuerpos que anunciaba ya el manierismo (Piedad, en la catedral de Florencia). Su concepción casi gigantesca de la figura humana, el equilibrio entre forma y movimiento expresivo, la perfección en el dominio de las anatomías y su extraordinaria habilidad técnica le permitieron plasmar cualquier concepto e idea, desde la delicada Piedad vaticana al heroico David, imagen varonil llena de fuerza, o a la terribilità del Moisés, expresión del movimiento contenido. Su obra iría inclinándose hacia una mayor expresividad y dramatismo, rechazando la representación de la belleza ideal del cuerpo humano.

LA PINTURA RENACENTISTA

Mitología, historia sagrada, temas astrológicos y esotéricos e inspiración humanista configuran la temática más apreciada por los pintores renacentistas.

La pintura cuatrocentista parte formalmente de la reacción contra el gótico internacional, proponiendo una evocación de la antigüedad, unida a la observación de la naturaleza y UN dominio de la perspectiva y la proporción que permite la representación de la realidad.

Dos fueron los aspectos que más contribuyeron a la gran revolución de la plástica que tuvo lugar durante el quattrocento: el uso generalizado de la perspectiva lineal, desconocida hasta entonces, y un afán de veracidad que se tradujo en la reproducción exacta de la realidad. De la combinación de estos dos factores nació una pintura radicalmente nueva, realizada principalmente al temple y sobre tabla, en la que empezó a aparecer habitualmente el paisaje como tema de fondo, y que además no se limitaba ya a la temática religiosa, sino que cultivó también el retrato, buscando la individualidad del personaje, el género mitológico y la alegoría. En este sentido, hay que señalar la desaparición casi total de los retablos, predominantes durante el gótico, y su sustitución por el cuadro de caballete, sin olvidar la pintura al fresco, que dio creaciones magistrales en este período.

El quattrocento

Durante el quattrocento, los pintores actuaron en efecto en un doble frente: la pintura al fresco y la pintura de caballete, primero ésta con la técnica del temple y, a partir de la segunda mitad del siglo al óleo. Durante la primera mitad del siglo, se sentaron las bases del nuevo sistema de representación visual de la perspectiva, y a partir de la segunda mitad, se avanzó en el desarrollo de la anatomía, en la plasmación del movimiento y en el establecimiento de cánones de proporción basado en el cuerpo humano. La temática es sobre todo religiosa, mitológica y profana, y en ocasiones se realizan grandes composiciones alegóricas y mitológicas, con la introducción de arquitectura y paisajes, frecuentemente con elementos decorativos clásicos, interesados los artistas renacentistas en una representación realista y un minucioso estudio psicológico de los personajes.

En la primera mitad, fueron especialmente apreciadas las formas monumentales, la sobriedad expresiva y el empleo de la perspectiva, aunque algunos pintores presentan reminiscencias del gótico internacional en el cromatismo vivo, incluyendo aún oro en sus pinturas, y en las líneas refinadas, mientras que en la segunda mitad se prefirió el dinamismo a la monumentalidad, con introducción de elementos cotidianos. A partir del siglo XV, el dominio de las formas sería casi perfecto, y se alcanzaron niveles magistrales en los efectos de profundidad y la representación del movimiento, logros todos ellos que se asocian con esta nueva etapa de la historia del arte.

Fue el siglo en el que florecieron dos artistas geniales de distinta significación Fra Angélico y MASACCIO, creador de un nuevo lenguaje que rompió con la tradición gótica, poderoso y monumental, en el que destacan el nuevo realismo de las figuras y la nueva manera de entender la representación pictórica, patentes ya en los frescos de la capilla Brancacci de la iglesia florentina del Carmine, que habrían de ejercer una profunda influencia en muchos de sus coetáneos.

Menos solemnes y más preocupada por el dinamismo y por los aspectos de la vida cotidiana, fue la pintura florentina de la segunda mitad del siglo XV, representada ante todo por SANDRO BOTTICELLI.

Simultáneamente, la Escuela Veneciana cultivaba su propio estilo, prestando particular atención al paisaje, la luz y el color. Por su riqueza cromática se distinguen precisamente las creaciones de los Bellini, de Vittore Carpaccio y de Carlo Crivelli.

El cinquecento

Así como el quattrocento está lleno de figuras relevantes, éste está dominado por tres grandes creadores: LEONARDO DA VINCI, RAFAEL, y MIGUEL ANGEL.

Leonardo aportó a la pintura la técnica del sfumato (esfumado), con la que diluye los contornos y suaviza los colores a fin de conseguir una nueva realidad plástica, más expresiva y poética, impregnada de una atmósfera nebulosa.

Rafael, con su perfección formal, su serenidad, su equilibrio y sus composiciones geométricas, representa el clasicismo por antonomasia, el triunfo de la belleza, del orden y de la armonía.

Miguel Angel, más interesado por el dibujo anatómico, el volumen y el movimiento, iría evolucionando hacia una expresión dramática que anticipaba ya el manierismo.

Obras cumbres de la pintura universal son La Cena, de Leonardo, en el refectorio de Santa Maria delle Grazie, los frescos de las Estancias del Vaticano, de Rafael, y la capilla Sixtina (escenas del Génesis en el techo y el Juicio Final en el testero), de Miguel Angel.

CARACTERISTICAS EN EL RESTO DE EUROPA

LA ARQUITECTURA RENANCENTISTA

La expansión de la arquitectura renacentista fuera de Italia se inició en torno al 1500, pero en algunos países su penetración fue más tardía y superficial, como en el caso de Gran Bretaña, o los Países Bajos y Alemania. El renacimiento dio, en cambio, hermosos frutos en Polonia, como el palacio real de Wawel y la capilla funeraria de los Jagellon, y en Bohemia (República Checa), con el bellísimo Belvedere de Praga.

En Francia la arquitectura renacentista se concretó en la construcción de algunos de los castillos del Loira: primero, hacia 1500, en los de Amboise y Blois, y más tarde, transcurrido el 1515, en los de Azay-le-Rideau, Chenonceaux y, sobre todo, el de Chambord.

En España se desarrollo en varias etapas. La primera fue la conocida como estilo plateresco, consistente en la aplicación de una gran profusión decorativa, de características claramente renacentistas, sobre formas todavía góticas o incluso ya renacentistas.

El plateresco dejó paso a un estilo italianizante muy puro, despojado de todo decorativismo.

Un tercer estilo, que se desarrolló en paralelo con este purismo, fue el llamado estilo Cisneros, resultado de la combinación de las formas renacentistas con la decoración de tipo mudéjar.

La última fase está representada en España por Juan de Herrera, quien construyó el monasterio de El Escorial por encargo de Felipe II.

La sencillez formal y la austeridad dieron origen al llamado estilo herreriano.

En Portugal, siguió una evolución parecida a la de España, con una primera etapa dominada por el estilo manuelino, que tiene muchos puntos de contacto con el plateresco, y una segunda etapa en la que predominó el purísmo de las formas italianas.

ESCULTURA RENACENTISTA

Fuera de Italia, arraigó sobre todo en Alemania, Francia y España.

A diferencia de la escultura italiana, la estatuaria española tuvo un carácter eminentemente religioso, y se realizó fundamentalmente en madera, salvo en los monumentos sepulcrales, en los que se empleó el mármol, el alabastro o el bronce. En España, las primeras esculturas plenamente renacentistas fueron obra de artistas italianos.

PINTURA RENACENTISTA

Las novedades pictóricas del renacimiento italiano llegaron tardíamente al resto de Europa, y crearon escuela en Alemania. También en los Países Bajos arraigaron las tendencias italianas, sobre todo en las obras de Joos van Cleve.

En España, la pintura renacentista tuvo sus principales focos en Valencia, Sevilla y El Escorial. En Valencia trabajaron Osona el Viejo y Osana el Joven.

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