Renacimiento

Arte renacentista. Arquitectura, escultura y pintura renacentistas. Quattrocento. Cinquecento. David. Basílica de San Pedro de Roma. Gioconda

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Renacimiento.

Periodo de la historia europea caracterizado por un renovado interés por el pasado grecorromano clásico y especialmente por su arte. El renacimiento comenzó en Italia en el siglo XIV y se difundió por el resto de Europa durante los siglos XV y XVI. En este periodo, la fragmentaria sociedad feudal de la edad media, caracterizada por una economía básicamente agrícola y una vida cultural e intelectual dominada por la Iglesia, se transformó en una sociedad dominada progresivamente por instituciones políticas centralizadas, con una economía urbana y mercantil, en la que se desarrolló el mecenazgo de la educación, de las artes y de la música.

Contexto.

El término `renacimiento' lo utilizó por vez primera en 1855 el historiador francés Jules Michelet para referirse al “descubrimiento del mundo y del hombre” en el siglo XVI. El historiador suizo Jakob Burckhardt amplió este concepto en su obra La civilización del renacimiento italiano (1860), en la que delimitó el renacimiento al situarlo en el periodo comprendido entre el respectivo desarrollo artístico de los pintores Giotto y Miguel Ángel, y definió a esta época como el nacimiento de la humanidad y de la conciencia modernas tras un largo periodo de decadencia.

La más reciente investigación ha puesto fin al concepto de la edad media como época oscura e inactiva y ha mostrado cómo el siglo previo al renacimiento estuvo lleno de logros. Gracias a los scriptoria (aulas dedicadas al estudio) de los monasterios medievales se conservaron copias de obras de autores latinos como Virgilio, Ovidio, Cicerón y Séneca. El sistema legal de la Europa moderna tuvo su origen en el desarrollo del Derecho civil y del Derecho canónico durante los siglos XII y XIII, y los pensadores renacentistas continuaron la tradición medieval de los estudios de gramática y retórica. En el campo de la teología, durante el renacimiento se continuaron las tradiciones medievales del escolasticismo y las establecidas por las obras de santo Tomás de Aquino, Juan Escoto y Guillermo de Ockham. El platonismo y el aristotelismo fueron cruciales para el pensamiento filosófico renacentista. Los avances en las disciplinas matemáticas (también en la astronomía) estaban en deuda con los precedentes medievales. Las escuelas de Salerno y Montpellier fueron destacados centros de estudios de medicina durante la edad media.

Características.

El renacimiento italiano fue sobre todo un fenómeno urbano, un producto de las ciudades que florecieron en el centro y norte de Italia, como Florencia, Ferrara, Milán y Venecia, cuya riqueza financió los logros culturales renacentistas. Estas mismas ciudades no eran producto del renacimiento, sino del periodo de gran expansión económica y demográfica de los siglos XII y XIII. Los comerciantes medievales italianos desarrollaron técnicas mercantiles y financieras como la contabilidad o las letras de cambio. La creación de la deuda pública (concepto desconocido en épocas pasadas) permitió a esas ciudades financiar su expansión territorial mediante la conquista militar. Sus mercaderes controlaron el comercio y las finanzas europeas; esta fluida sociedad mercantil contrastaba claramente con la sociedad rural de la Europa medieval. Era una sociedad menos jerárquica y más preocupada por sus objetivos seculares.

Ruptura con la tradición.

Por supuesto, la edad media no acabó de forma repentina. No obstante, sería falso considerar la historia como una perpetua continuidad y, por tanto, al renacimiento como una mera continuación de la edad media. Una de las más significativas rupturas renacentistas con la tradición medieval se encuentra en el campo de la historia. Las obras Historiarum florentini populi libri XII (Doce libros de historias florentinas, 1420) de Leonardo Bruno, las Istorie fiorentine (Historias florentinas, 1525) de Nicolás Maquiavelo, Storia d´Italia (Historia de Italia, 1561-1564) de Francesco Guicciardini y Methodus ad facilem historiarum cognitionem (Método para facilitar el conocimiento de la historia, 1566) de Jean Bodin (Bodino), estaban escritas bajo un punto de vista secular del tiempo y con una actitud crítica hacia las fuentes históricas. La historia se convirtió en una rama de la literatura más que de la teología; los historiadores renacentistas rechazaron la división medieval cristiana de la historia, que se iniciaba con la Creación, seguida por la encarnación de Jesús, para terminar con el posterior Juicio Final. La visión renacentista de la historia también constaba de tres partes: comenzaba con la antigüedad, continuaba con la edad media y se completaba con la edad de oro, o renacimiento, que acababa de iniciarse. Mientras que los eruditos medievales contemplaban con recelo el mundo pagano griego y romano creyendo que vivían en la última etapa histórica, previa al Juicio Final, sus colegas renacentistas exaltaban el mundo clásico, condenaban el medievo como una etapa ignorante y bárbara y proclamaban su propia era como la época de la luz y de regreso al clasicismo. Esta visión era expresada por muchos pensadores renacentistas que recibieron el nombre de humanistas.

La idea renacentista del humanismo supuso otra ruptura cultural con la tradición medieval. Según el profesor estadounidense Paul Oscar Kristeller, este término, frecuentemente mal interpretado, significa la tendencia general del renacimiento a “conceder la mayor importancia a los estudios clásicos y a considerar la antigüedad clásica como la pauta común y el modelo a seguir en toda la actividad cultural”. Se estudiaron los textos clásicos y se enjuiciaron por sus propios valores; desde este momento ya no se utilizarían más para embellecer y justificar la civilización cristiana. El gran interés por la antigüedad tuvo su expresión en la febril y fructífera búsqueda de manuscritos clásicos; se redescubrieron los Diálogos de Platón, los textos históricos de Heródoto y Tucídides, las obras de los dramaturgos y poetas griegos, así como de los Padres de la Iglesia, que se publicaron críticamente por primera vez. El estudio de la lengua griega se desarrolló en los siglos XV y XVI gracias a la emigración de eruditos bizantinos que, tras la caída de Constantinopla en manos del Imperio otomano en 1453, la enseñaron en Florencia, Ferrara y Milán. El estudio de la literatura antigua, de la historia y de la filosofía moral, aunque a veces degeneró en una imitación de los clásicos, tenía por objetivo crear seres humanos libres y civilizados, personas de gusto y juicio, ciudadanos, en definitiva, más que sacerdotes y monjes.

La perfección del cuerpo humano mediante el entrenamiento físico, ideal que raramente se conoció en la edad media, se convirtió en uno de los objetivos de la educación renacentista. Los estudios humanísticos, junto a los grandes logros artísticos de la época, fueron fomentados y apoyados económicamente por grandes familias como los Medici en Florencia, los Este en Ferrara, los Sforza en Milán, los Gonzaga en Mantua, los duques de Urbino, los dogos en Venecia y el Papado en Roma.

Ciencia y tecnología.

También se hicieron progresos en medicina y anatomía, especialmente tras la traducción, en los siglos XV y XVI, de numerosos trabajos de Hipócrates y Galeno; también fueron traducidos en el siglo XVI algunos de los más avanzados tratados griegos sobre matemáticas. Entre los avances realizados destacaron la solución de ecuaciones cúbicas y la innovadora astronomía de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. A finales del siglo XVI, Galileo ya había dado un paso fundamental al aplicar modelos matemáticos a la física. La geografía se transformó gracias a los conocimientos empíricos adquiridos a través de las exploraciones y los descubrimientos de nuevos continentes y por las primeras traducciones de las obras de Tolomeo y Estrabón.

En el campo de la tecnología, la invención de la imprenta en el siglo XV revolucionó la difusión de los conocimientos. La imprenta incrementó el número de ejemplares, ofreció a los eruditos textos idénticos con los que trabajar y convirtió el trabajo intelectual en una labor colectiva. El uso de la pólvora transformó las tácticas militares entre los años 1450 y 1550, favoreciendo el desarrollo de la artillería, que mostró su efectos devastadores contra los muros de piedra de castillos y ciudades. El ejército medieval, encabezado por la caballería y apoyado por arqueros, fue reemplazado progresivamente por la infantería, provista de armas de fuego y picas; tales fuerzas formaron los primeros ejércitos permanentes de Europa.

Política.

En el campo del derecho, se tendió a sustituir el abstracto método dialéctico de los juristas medievales por una interpretación filológica e histórica de las fuentes del Derecho romano. Por lo que respecta al pensamiento político, los teóricos renacentistas recusaron, pero no anularon, la proposición medieval de que la preservación de la libertad, del derecho y de la justicia constituía el objetivo fundamental de la vida política. Los renacentistas aseveraron que la misión central del gobernante era mantener la seguridad y la paz. Maquiavelo sostenía que la virtú (la fuerza creativa) del gobernante era la clave para el mantenimiento de su propia posición y el bienestar de sus súbditos, idea consonante con la política de la época.

Durante el renacimiento, las ciudades italianas se convirtieron en estados territoriales que buscaban expandirse a costa de otros. La unificación territorial tuvo lugar también en España, Francia e Inglaterra, lo que condujo a la formación del Estado nacional moderno. Este proceso contó con la ayuda de la moderna diplomacia, configurada, al tiempo que las nuevas tácticas militares, cuando las ciudades-estado italianas establecieron embajadas permanentes en cortes extranjeras. En el siglo XVI la institución de la embajada estable se hallaba extendida por el norte del continente, en Francia, Inglaterra y en el Sacro Imperio Romano Germánico.

EL ARTE RENACENTISTA.

estilo artístico que se manifiesta en pintura, escultura y arquitectura en toda Europa aproximadamente desde 1400 hasta 1600. Los dos rasgos esenciales de este movimiento son la imitación de las formas clásicas, originariamente desarrolladas en la antigüedad griega y romana, y la intensa preocupación por la vida profana que se expresa en un creciente interés por el humanismo y la afirmación de los valores del individuo. El renacimiento se corresponde en la historia del arte con la era de los grandes descubrimientos, impulsados principalmente por el deseo de examinar todos los aspectos de la naturaleza y del mundo.

Durante el renacimiento, los artistas no eran considerados más que meros artesanos, al igual que en la edad media, pero por vez primera fueron vistos como personalidades independientes, comparables a poetas y a escritores. Buscaban nuevas soluciones a problemas visuales y formales, y muchos de ellos realizaron experimentos científicos. En este contexto, se desarrolló la perspectiva lineal, donde las líneas paralelas se representan como convergentes en un punto de fuga. En consecuencia, los pintores comenzaron a ser más exigentes con el tratamiento del paisaje, por lo que prestaron mayor atención a la manera de representar los árboles, las flores, las plantas, la distancia de las montañas y los cielos con sus nubes. Los artistas estudiaron el efecto de la luz natural, así como el modo en el que el ojo percibe los diversos elementos de la naturaleza. Desarrollaron la perspectiva aérea, según la cual los objetos perdían sus contornos y su color a tenor de la distancia que los alejaba de la vista. Los pintores del norte de Europa, especialmente los flamencos, eran más avanzados que los artistas italianos en la representación del paisaje y contribuyeron al desarrollo del arte en toda Europa al introducir el óleo como una nueva técnica pictórica.

Aunque el retrato se consolidó como género específico a mediados del siglo XV, los pintores renacentistas alcanzaron la cima con otro tipo de pintura, histórica o narrativa, en la que las figuras contextualizadas en un paisaje o en un marco de fondo, relatan pasajes de la mitología clásica o de la tradición judeo-cristiana. Dentro de un contexto, el pintor representaba hombres, mujeres y niños en diferentes poses, que además mostraban diversas reacciones emocionales y estados anímicos.

El renacimiento de las artes coincide con el desarrollo del humanismo, en el que sus seguidores estudiaban y traducían textos filosóficos. Se revitalizó el uso del latín clásico. También fue un periodo de descubrimientos de nuevas tierras; las embarcaciones se hicieron a la mar en busca de nuevas rutas hacia Asia, que dieron como resultado el descubrimiento de América. Pintores, escultores y arquitectos sentían las mismas ansias de aventura y el deseo de ampliar sus conocimientos y obtener nuevas soluciones; tanto Leonardo da Vinci como Cristóbal Colón, fueron, en cierto sentido, descubridores de mundos completamente nuevos.

El renacimiento en Italia.

El primer centro donde surgió el renacimiento fue Italia. El substrato proporcionado por la antigüedad grecorromana fue una constante en el mundo italiano, que vio evolucionar su lenguaje, recogido en un código en el año 1300, desde el latín de los romanos. Italia era el depósito de un gran elenco de ruinas clásicas. Se encontraron restos de arquitectura romana prácticamente en casi todas las ciudades. La escultura romana, especialmente los sarcófagos de mármol decorados con relieves, se convirtieron en los ejemplos más comunes.

Arquitectura renacentista.

En Europa occidental, una revolución cultural llamada el renacimiento trajo una nueva era, no sólo en filosofía y literatura, sino también en las artes plásticas. En arquitectura se rescataron los principios y estilos de la arquitectura clásica, que permanecen hasta nuestros días. Este movimiento se inició en Italia hacia el 1400 y se expandió al resto de Europa a lo largo de siglo y medio.

Arquitectura renacentista en Italia.

Las familias que gobernaban las ciudades rivales del norte de Italia durante el siglo XV —los Medici en Florencia o los Sforza en Milán— se convirtieron en mecenas de las artes gracias a su saludable economía, fruto de un desarrollado comercio. Las clases ociosas comenzaron a sentir un interés académico por la olvidada cultura latina —su literatura, su arte y su arquitectura, cuyas ruinas permanecían por toda Italia.

A principios del siglo XV aún se estaba construyendo la catedral de Florencia. Se habían levantado los pilares que debían sustentar una cúpula casi tan grande como la del Panteón de Roma. La propuesta que finalmente se llevó a cabo fue la de Filippo Brunelleschi, que había estudiado las soluciones constructivas romanas. La cúpula que proyectó y construyó (1420-1436), y que aún hoy se yergue sobre la catedral, es de planta octogonal y se deriva de las cúpulas romanas, pero incorpora numerosas innovaciones: se sustenta mediante una doble estructura, interior y exterior, conectadas por nervios o costillas; es apuntada, por lo que alcanza una altura mayor sobre la misma base, y, finalmente, se corona mediante una linterna. El tambor, horadado por ojos de buey (ventanas circulares), se construyó sin necesidad de contrafuertes, gracias a la inclusión en su base de un anillo de compresión, compuesto por grandes bloques de piedra unidos por grapas de hierro y atados por una gruesa cadena. Hay otros dos anillos de compresión dentro de la doble estructura de la cúpula. Esta obra se puede considerar como la transición entre el gótico y el renacimiento. Brunelleschi proyectó más tarde la capilla Pazzi (comenzada hacia 1441), también en Florencia, que ya es un claro ejemplo de los nuevos principios de proporción y composición.

Ya en los últimos tiempos de la arquitectura gótica había aparecido una nueva tipología arquitectónica dentro de la ciudad: el palacio, residencia de las familias notables de la nueva sociedad urbana. El palacio solía ser un edificio de varias alturas cuyas habitaciones estaban dispuestas en torno a un cortile o patio interior. El arquitecto florentino Leon Battista Alberti incorporó tres órdenes clásicos a la fachada del palacio Rucellai, más de lo que se había logrado en el Coliseo de Roma, con la diferencia de que aquí el arquitecto utilizó pilastras en lugar de columnas adosadas. El resultado se asemeja a un grabado sobre el muro, que queda así articulado de forma racional siguiendo el ritmo de las ventanas. En 1485 Alberti publicó el primer tratado de arquitectura del periodo renacentista, basado en el clásico de Vitrubio (que se conservó sin dibujos), y que más tarde tuvo una gran influencia en la arquitectura clasicista.

En el siglo XVI Roma sustituyó a las ciudades del norte de Italia como centro de la nueva arquitectura. El arquitecto milanés Donato Bramante ejerció en la Ciudad Santa desde 1499. Su templete de San Pietro in Montorio (situado en el patio del Colegio Español) es uno de los primeros ejemplos de arquitectura renacentista en Roma, y sus elegantes proporciones sientan las bases de la evolución arquitectónica posterior.

La construcción de la nueva basílica de San Pedro en el Vaticano se convirtió en el empeño más ambicioso del siglo XVI. En el primer proyecto de Bramante (1503-1506) se dejaba atrás el concepto medieval de basílica longitudinal y se optaba por una planta de cruz griega de brazos iguales cubierta por una cúpula central (un esquema similar, a gran escala, al de la iglesia de Santa Maria della Consolazione, en Todi). Los papas que sucedieron a Julio II, sin embargo, encargaron la obra a otros arquitectos, primero a Miguel Ángel —que llegó a construir los ábsides posteriores y la cúpula sobre una planta centralizada similar a la bramantina— y posteriormente a Carlo Maderno —que acabó imponiendo la planta basilical de cruz latina al prolongar la nave delantera. La cúpula nervada y terminada en una linterna que realizó Miguel Ángel es una evolución lógica de la cúpula de Brunelleschi en Florencia, con diferencias formales en planta (circular en vez de octogonal) y sección (oval en lugar de apuntada). Los proyectos de San Pedro se convirtieron rápidamente en modelos clásicos, repetidos en infinidad de lugares (un ejemplo es el Capitolio de Estados Unidos, construido según el proyecto para la basílica vaticana de Giuliano da Sangallo).

Hacia la mitad del siglo XVI, una serie de arquitectos de la talla de Miguel Ángel, Baldassare Peruzzi, Giulio Romano y Iacopo da Vignola comienzan a usar los órdenes clásicos de una forma insólita, saltándose deliberadamente las normas establecidas en el inicio del renacimiento para conseguir efectos dramáticos. Así, los arcos, las columnas y los entablamentos se manipulan estableciendo nuevos ritmos, asimetrías y cambios espectaculares de escala (el orden gigante introducido por Miguel Ángel) o de proporciones. Este fenómeno se conoce con el nombre genérico de manierismo y entre los ejemplos más destacables se encuentra el palacio del Té (1526-1534) de Giulio Romano, en Mantua.

El arquitecto Andrea Palladio desarrolló su labor en el área del Véneto, especialmente en torno a las ciudades de Vicenza y Verona. Aunque estuvo en contacto con los arquitectos romanos, no siguió completamente la corriente manierista. En sus villas, construidas para la oligarquía local, experimentó con numerosas variaciones propias de las normas clásicas: ejes monumentales definidos desde el entorno, entradas únicas, habitaciones interiores jerarquizadas en torno a una sala principal, espacios servidores dispuestos en alas simétricas y, sobre todo, un sentido riguroso y sutil de la proporción. Sus investigaciones se recogen en su tratado Los cuatro libros de la arquitectura (1570), en el que se establecen, por medio de planos y dibujos dimensionados, las proporciones armónicas y sus reglas de composición. Este libro sirvió como base para el movimiento neopalladiano de los países anglosajones, cuyas máximas figuras fueron Inigo Jones en Inglaterra y Thomas Jefferson en Virginia. Palladio también proyectó otros edificios, como las iglesias de San Giorgio Maggiore (1565) e Il Redentore (1577), ambas en Venecia, o los palacios della Ragione (1549) y Chiericati (1551-1557), en Vicenza.

Arquitectura renacentista del resto de Europa

Hacia finales del siglo XV, el renacimiento se había extendido por toda Europa occidental, con la excepción de las islas Británicas. El rey de Francia, Francisco I, llamó a su corte a numerosos artistas italianos (empezando por el genial Leonardo da Vinci en 1516), que difundieron el nuevo arte y educaron a numerosos artistas locales. Se cree que el primer edificio renacentista de Francia, el château de Chambord (1519-1547), construido por el rey en el valle del Loira, fue obra del arquitecto italiano Domenico di Cortona. Aunque el exterior es el de un castillo medieval, su interior es sin duda una obra del nuevo estilo. Los arquitectos franceses Jacques Androuet du Cerceau, el Viejo, y Philibert Delorme trabajaron en el proyecto de Fontainebleau, y Delorme fue el arquitecto del château d'Anet, donde Benvenuto Cellini colaboró como escultor. En París, el palacio real del Louvre fue proyectado en 1546 por Pierre Lescot.

En la península Ibérica se da un caso similar al del château de Chambord, en el castillo de La Calahorra (c. 1509), un edificio gótico cuyo interior puede considerarse plenamente renacentista. Sin embargo, en España se dio la peculiaridad de que el estilo italiano se desarrolló simultáneamente a un estilo autóctono llamado plateresco, más ligado a la tradición gótica. Estas dos corrientes se funden definitivamente gracias a la figura de arquitectos como Alonso de Covarrubias, Diego de Siloé, Andrés de Vandelvira o Pedro Machuca, cuyo palacio de Carlos V (1526) en la Alhambra de Granada se puede considerar como el primer modelo clásico español. Sin embargo, la obra más significativa de este siglo es el colosal monasterio-palacio de El Escorial (1563-1584), construido por orden del rey Felipe II en las proximidades de la capital del reciente reino de España. En las trazas de esta obra intervino en primer lugar el arquitecto Juan Bautista de Toledo, formado en Roma (al parecer bajo las órdenes de Miguel Ángel), y posteriormente Juan de Herrera, que consolida un estilo propio de corte manierista, geométrico y desprovisto de ornamentación (llamado en su honor herreriano) y que va a influir notablemente en la arquitectura de los siglos posteriores en España y Latinoamérica.

Escultura renacentista.

A comienzos del siglo XV en Italia tanto los eruditos como los artistas comenzaron a interesarse por el pasado clásico; esto condujo al renacimiento-resurgimiento de la cultura clásica . Lorenzo Ghiberti realizó dos puertas de bronce para el baptisterio de Florencia; en ambas resulta evidente su conocimiento de la escultura antigua. La Puerta del Paraíso (1425-1450) también muestra su dominio de las leyes de la perspectiva, que se habían codificado de forma matemática hacía muy poco tiempo. También existía un gran interés por las estatuas exentas de gran tamaño y Ghiberti, Nanni di Banco y Donatello realizaron figuras monumentales de santos, que se emplazaron en los nichos de los muros del Or San Michele, oratorio de los gremios de Florencia.

Donatello fue el escultor más importante de comienzos del renacimiento; sus obras evidencian que no sólo fue un maestro en el arte de la escultura en piedra, sino que también poseía un profundo conocimiento de la psicología humana. Por ejemplo, su San Jorge (c. 1415-1416, realizada para el Or San Michele, Bargello, Florencia) está representado con armadura, pero en su rostro se trasluce una clara expresión de vulnerabilidad. Más sorprendente aún resulta su innovadora María Magdalena (1454-1455, baptisterio de Florencia), talla en madera dorada y policromada. Aunque de forma habitual se la representa como una joven hermosa con una espléndida cabellera, la Magdalena de Donatello resulta revolucionaria y asombrosa, es una mujer vieja, semidesdentada y demacrada, con un cabello enmarañado que le llega casi hasta los pies.

Aparte de los florentinos, el escultor más notable de principios del renacimiento fue Jacopo della Quercia de Siena. Su maestría en la ejecución de desnudos en los relieves en mármol La creación de Adán, La tentación y La expulsión del paraíso (1425-1438) para la portada principal de San Petronio de Bolonia, muestra un gran conocimiento del arte de la antigüedad. Adán aparece con un cuerpo idealizado, musculoso, semejante a las estatuas griegas de dioses y atletas; el cuerpo y la pose de Eva están inspirados en la llamada Venus púdica.

El genio máximo de la escultura, no sólo del siglo XVI italiano sino tal vez de todos los tiempos, es Miguel Ángel. Su maestría se manifestó muy pronto, ya que sólo tenía veinte años cuando esculpió la Pietà (1498-1500, basílica de San Pedro, Roma) y el heroico David, primeras esculturas monumentales del renacimiento pleno. Realizó el majestuoso Moisés (c. 1515, San Pietro in Vincoli, Roma) y otras figuras exentas de gran expresividad para la tumba del papa Julio II, proyecto que nunca llegó a terminarse. Durante la década de 1520 cambió de estilo, como queda patente en las tumbas de los Medici (1519-1534), ubicadas en la sacristía Nueva de San Lorenzo de Florencia. Mientras que los primeros desnudos de Miguel Ángel muestran proporciones armoniosas, las figuras alegóricas reclinadas de las tumbas, que representan los cuatro momentos del día, ofrecen una distorsión en los cuerpos y unas poses complejas que indican un alejamiento de los ideales del renacimiento pleno y un anuncio del manierismo. Sus obras posteriores, como otra Pietà (1554-1564, castillo Sforzesco, Milán) son también anticlásicas. De ese modo las últimas esculturas de Miguel Ángel y las de otros artistas del siglo XVI evidencian la evolución hacia nuevas tendencias.

En España el renacimiento adquirió unas características particulares debido, en gran parte, al inmovilismo de las tradiciones. Así nació el plateresco cuya manifestación más significativa la encontramos en la fachada de la Universidad de Salamanca, de Juan de Álava. No hay que olvidar a los grandes escultores Alonso Berruguete, Damián Forment y Juan de Juni, que se formaron en Roma y en Florencia.

Pintura renacentista

El término renacimiento describe la revolución cultural de los siglos XV y XVI originada en Italia por el despertar del interés hacia la cultura clásica y por una fuerte confianza en el individualismo. Véase Arte y arquitectura renacentistas. Se seguía rindiendo culto a los logros de la antigüedad, pero al mismo tiempo se producía una reactivación intelectual y cultural. Por ejemplo, hacia 1427, Masaccio —uno de los grandes innovadores del periodo— realizó, en la capilla Brancacci de la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia, una notable serie de frescos que revelan su atenta observación del comportamiento humano, al tiempo que demuestran su conocimiento del arte antiguo. En La expulsión del Paraíso, su Adán y Eva están realmente avergonzados; la postura de Eva, intentando cubrirse el cuerpo con los brazos, está basada en una actitud característica de la escultura clásica, conocida como la Venus Púdica.

Las iglesias y edificios seglares de Italia y los museos de todo el mundo ofrecen una gran recopilación de la pintura renacentista italiana.

Pintura renacentista temprana

El desarrollo de los principios de la perspectiva lineal, llevado a cabo por varios arquitectos y escultores a principios del siglo XV, permitió a los pintores conseguir, por medio de la representación bidimensional, la ilusión del espacio tridimensional. Muchos de los artistas del primer renacimiento —como Paolo Uccello, Piero della Francesca y Andrea Mantegna— se valieron del empleo dramático de la perspectiva y del escorzo en su dibujo para producir la ilusión de la prolongación de un objeto o figura en el espacio. La exploración de la anatomía condujo a un mayor entendimiento de la representación de la forma humana. También se empezaba a utilizar la pintura al óleo, desafiando a la antigua supremacía del temple y del fresco. Los pintores que explotaban el potencial de la nueva técnica trabajaban superponiendo estratos de veladuras de óleo transparentes y los lienzos sustituyeron a las antiguas tablas. Algo más tarde, otros artistas, sobre todo los que trabajaban en Venecia —especialmente Domenico Veneziano, Giovanni Bellini y Giorgione— destacaron por los tonos cálidos de sus óleos.

Pintura del alto renacimiento

Los maestros del alto renacimiento fueron Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel y Tiziano. Paradójicamente, Leonardo sólo dejó un puñado de obras, pues dedicó la mayor parte de su tiempo a la observación científica de los fenómenos y a los inventos técnicos. Realizaba continuos experimentos con pigmentos oleosos sobre yeso seco, y a ello se debe el deterioro de los murales que han llegado hasta nuestros días, como es el caso de La última cena (1495-1497, Santa Maria delle Grazie, Milán). Rafael perfeccionó los anteriores descubrimientos renacentistas en materia de color y de composición, creando tipos ideales en sus representaciones de la Virgen y del Niño y en sus estudios de retratos de sus coetáneos. La Capilla Sixtina del Vaticano, en Roma, con sus frescos de la creación y la expulsión de Adán y Eva del Paraíso en la bóveda (1508-1512) y el gran mural del Juicio Final (1536-1541), dan fe del genio pictórico de Miguel Ángel. Un estilo de pintura colorista alcanzó su clímax en Venecia con las obras de Tiziano, cuyos retratos denotan un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Entre sus obras maestras se incluyen también representaciones de temas cristianos y mitológicos, así como numerosos desnudos femeninos, famosos en su género.

Obras mas importantes.

David, de Donatello

Renacimiento
El David (1430-1435) en bronce de Donatello es la primera escultura renacentista de un desnudo y marca un alejamiento de la rígida verticalidad característica de la escultura gótica.

Basílica de San Pedro

Miguel Ángel comenzó a trabajar en la basílica de San Pedro en 1546, a la edad de 71 años. El edificio comenzado por Bramante y, más tarde, continuado por Antonio Sangallo, era de cruz griega. Miguel Ángel conservó la planta centralizada original y demolió parte de las adiciones del segundo. Posteriormente, Madorno modificó la planta y la transformó en una cruz latina. La cúpula original de Miguel Ángel fue rematada por otros dos arquitectos.

Mona Lisa

El retrato de Mona Lisa (1503-1506, Louvre, París), también conocido como La Gioconda, era la obra preferida de Leonardo da Vinci. Existen muchas teorías sobre la identidad de la modelo y el significado de su enigmática sonrisa.

TRABAJO DE HISTORIA DEL ARTE

Del Gótico al Renacimiento.