Relaciones económicas entre China y Argentina

Balanza de pagos. Apertura comercial

  • Enviado por: Ariel Amigo
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 5 páginas
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La firma del acuerdo entre China y los Estados Unidos ubica al primero en condiciones de insertarse en el comercio internacional en total plenitud en un lapso relativamente corto. Por tanto, Argentina tendrá la posibilidad de generar una relación comercial con el gigante asiático y sacar provecho de sus ventajas comparativas. Claro esta que China también intentara ganar los mercados locales. Con este panorama intentaremos analizar como puede afectar nuestra balanza de pagos un aumento de la relación comercial de nuestro país con China. Entendemos por Balanza de Pagos de Argentina el registro de las transacciones de argentinos con el resto del mundo; la misma esta compuesta por dos grandes cuentas: la cuenta corriente y la cuenta capital. El saldo de Balanza de Pagos será la suma de estos dos saldos. Debemos apuntar primeramente que el resultado definitivo de la Balanza de Pagos siempre deberá ser igual a cero. Si existe por ejemplo déficit en la cuenta corriente, siempre deberá existir una entrada de capital que lo financie. Es tan sólo asientos contables que deben equilibrarse. En la cuenta corriente se registra el comercio de bienes y servicios, más las transferencias netas, y en la cuenta de capital se registra la compra-venta de activos ( por ej. bonos).

Como ya dijimos, suponemos que China ingresará a la OMC en el corto plazo y, como miembro de esta organización, deberá regirse por normas de comercio internacional, es decir, deberá bajar sus aranceles y tarifas para la importación y eliminar los subsidios a sus producciones. Como hoy este país practica técnicas agrícolas de subsistencia con subsidios cercanos al 30%, una apertura comercial sin subsidios permitiría una gran oportunidad para nuestro país, ya que posee claras ventajas comparativas en el área agropecuaria con respecto a China, lo que podría provocar un incremento muy importante de exportaciones para nuestro país y un crecimiento más que interesante de este sector. Por supuesto no seremos los únicos interesados en querer colocar nuestros productos agrícolas en China. Países como Estados Unidos, Australia y el resto del Mercosur querrán seguir la misma política, por tanto deberemos movernos rápido para ganar mercado.

Si China abandona su economía agraria de subsistencia y comienza a demandar productos agropecuarios y commodities en general en el mercado internacional, los precios de los mismos deberán subir por la nueva demanda. Si a esto le sumamos la posibilidad de que en la ronda del Milenio en Seattle se acuerde por fin una baja a los subsidios europeos sobre estos productos, la Argentina experimentaría un gran cambio en su balanza de pagos: primero porque aumentarían las ventas al resto del mundo, y segundo porque esas ventas incrementadas representarán a su vez, mayores ingresos monetarios debido al aumento del precio.

La mejora de la balanza comercial traería cierto alivio a nuestra economía a nivel interno, se podrían afrontar los pagos de la deuda externa en forma mas holgada, aumentaría la oferta de dinero y con ello bajarían las tasas de interés, que permitirían reactivar la economía en general.

Como contrapartida a la mayor demanda de productos argentinos, China estaría en condiciones de colocar cantidades crecientes de productos. Suponemos que los textiles, calzados y juguetes serian la punta de lanza. La industria local prácticamente desaparecería por la imposibilidad de competir con los costos chinos. Igualmente, hoy en día la industria textil y la del calzado esta en franca desaparición por la competencia de los productos brasileños.

Pasando a ver las consecuencias sobre la Balanza de Pagos, encararemos el tema desde dos enfoques: el keynesiano y el monetario. Más allá de que estos puntos de vista tienen implícitos varios supuestos simplificadores, trataremos de trasladarlos a la realidad económica actual. A su vez realizaremos un supuesto mas: en el análisis consideraremos a China con tipo de cambio fijo, más allá de que tenga un tipo de cambio flexible con flotación sucia, a los fines analíticos y prácticos nos servirá tomarlo como fijo, porque además es así como en la realidad en general funciona.

El enfoque keynesiano, donde suponemos tipo de cambio fijo, exportaciones autónomas, no intervención gubernamental y ahorro positivo, tiene como conclusión anticipada que no existe una tendencia hacia la corrección automática de los desequilibrios de la Balanza de Pagos. Si suponemos que nuestra relación con China se hace estrecha, a tal punto que mejora en gran medida nuestras exportaciones y nos beneficia haciendo positiva nuestra balanza comercial, esto provocará, como afirma Luna, un incremento de la demanda global de nuestra economía y por lo tanto un efecto ingreso positivo (por el multiplicador keynesiano). Pero este mayor ingreso no quiere decir equilibrio de Balanza de Pagos, ya que existe también una propensión marginal al ahorro, es decir, los mayores ingresos se consumen en bienes domésticos e importaciones, pero también se pueden ahorrar. Es decir, según las conclusiones de Luna sobre el enfoque keynesiano, nuestra economía con actual desequilibrio de Balanza de Pagos, y suponiendo una gran relación comercial con China (que favorezca nuestro saldo comercial) no nos garantiza equiparar la Balanza de Pagos, ya que el desequilibrio puede ser permanente en el sector externo, no así la economía en su conjunto que con este efecto se equipararía.

Otra posibilidad es que se incremente la relación con China pero nuestro saldo comercial siga siendo negativo y nuestra Balanza de Pagos permanezca desequilibrada. Salant hace un análisis teniendo en cuenta que generalmente los problemas de Balanza de Pagos se deben a situaciones de déficit, para lo cual propone aplicar “medidas contrarrestadoras”, es decir, políticas monetarias y fiscales que incrementen los niveles de actividad, lo cual puede ayudar a ampliar ese efecto de difusión hacia el exterior y esperando que se revierta en algún momento ese efecto hacia el país que motivó la política expansiva. Para esto se necesita apoyo de ahorro externo, ya que en un primer momento se producirá un mayor déficit en la Balanza de Pagos, salvo que se quieran bajar las reservas internacionales. En nuestro caso, el ahorro externo se dispone por ahora debido a la liquidez del sistema financiero mundial, pero sabemos que en nuestro país no se puede hacer política monetaria debido a la Ley de Convertibilidad. Por lo tanto, la única forma de revertirlo es con una expansión fiscal. Salant también habla de las formas de corregir los déficit de balanza (depreciación de tipo de cambio, controles directos, etc.), pero asegura que en largo plazo lo que nos ofrecerá prosperidad verdaderamente es el fortalecimiento del mercado interno, sin necesidad de tomar políticas de “empobrecimiento del vecino”.

El enfoque monetario de la Balanza de Pagos, nos indica que las dificultades que ella presenta se deben a fenómenos monetarios y transitorios. Por lo tanto, podemos analizar la situación deficitaria y superavitaria en el caso de un aumento en la relación con China según este enfoque.

La ley de Walras juega un papel muy importante en este caso, dado que nos indica que la suma de los excesos de demanda de los diferentes mercados igual a cero. En el caso de la Balanza de Pagos, existe un mercado de bienes, uno de bonos, y otro de dinero. Si el resultado comercial con China es deficitario (teniendo en cuenta que nuestra balanza comercial es hoy deficitaria) y agrava nuestro desequilibrio en la Balanza de Pagos, se deberá importar dinero, es decir, compensar el exceso de demanda de bienes con un exceso de oferta de dinero. La forma de conseguirlo puede ser perdiendo divisas o pidiendo préstamos (se pueden realizar operaciones de mercado abierto). Si la relación con China es superavitaria, habrá un exceso de demanda de dinero que contrarresta el exceso de oferta de bienes.

Dejamos de lado el tema de Balanza de Pagos y pasamos a analizar el caso de un incremento de la relación comercial entre China y Argentina, con una posterior devaluación importante del primero. Si en el momento de la devaluación, China es un gran comprador de commodities argentinos la situación sería alarmante, dado que si tenemos un porcentaje alto de nuestras ventas con ese país, tendríamos los mismos problemas que cuando Brasil devaluó el real: nos quedariamos sin mercado para nuestros productos. Nuestro país no cuenta con importantes políticas en materia de búsqueda de nuevos mercados o profundización de los ya existentes o diversificación para evitar riesgos, por lo tanto puede llegar a ocurrir que la mayoría de nuestras exportaciones vayan sólo a ese país, lo cual no es malo, pero en un caso de una gran devaluación sería caótica. Obviamente, la caída en las exportaciones produciría una depresión importante en los ingresos del país, y si a esto le sumamos un mercado interno débil como el actual, la entrada a un periodo recesivo seria inevitable. Resumiendo, para la Argentina es realmente indeseable que suceda esto, tanto a nivel micro por la cantidad de empresas que podrían quebrar como por la macro, ya que todos los indicadores empeorarían, el riesgo país aumentaría, los créditos serían más costosos y el pago de la deuda externa se haría demasiado pesado.

Para China la devaluación de su moneda sería beneficiosa, dado que provocaría encarecimiento de las importaciones y la posibilidad de montar una estructura netamente exportadora. Con la entrada de China a la OMC, su estructura productiva tendrá fuertes cambios estructurales, que en el caso de algunos sectores serán muy dolorosos y provocaran un casi seguro aumento del desempleo. Con este panorama la devaluación sería una válvula de escape para el gobierno chino. Con esta medida, China podría mejorar su balanza comercial y revertirla de ser deficitaria, con lo cual se incrementarían los ingresos en el país con el correspondiente efecto multiplicador sobre el resto de la economía.

Alexander señala que, bajo condiciones de desempleo, es de esperar que una devaluación tenga un efecto positivo sobre el producto y el empleo, no sólo por el aumento de las exportaciones sino también porque cae el ingreso real del país y por lo tanto disminuirá la demanda interna de importaciones con una posible aceleración de sustitución de importaciones en algunos productos. El encarecimiento de las importaciones producirá un reemplazo con búsqueda en el mercado local que tenderá a incrementar los precios internos y los ingresos monetarios hasta un punto donde la escasa diferencia de precios internos y externos sumado al efecto directo sobre la absorción, harán que se frene la demanda en crecimiento. El aumento de precios debido a la mayor demanda interna producirá, como explica Alexander, una redistribución del ingreso, es decir, se beneficiarían los obtenedores de beneficios a expensas de los asalariados cuyo ingreso es fijo, por lo tanto, el efecto que tendrá el incremento de precios será transferir ingresos del sector asalariado hacia el resto de los sectores de la economía, y como generalmente los asalariados son los que poseen mayor propensión marginal a consumir, sus menores ingresos provocarán un mejoramiento del saldo exterior a través de la devaluación.

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