Reglas gramaticales en el enunciado

Sustantivo. Adjetivo. Adverbio. Verbo. Tiempos verbales. Leismo. Loismo. Preposiciones. Conjunción. Oración. Grupos oracionales

  • Enviado por: Marinonax
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 29 páginas

publicidad

LAS UNIDADES EN EL ENUNCIADO:

FORMA Y FUNCIÓN

Las palabras desempeñan variadas funciones. Las funciones permiten discernir varias clases de palabras autónomas con particular comportamiento: sustantivo, adjetivo, adverbio y verbo. La palabra suele ser combinación de dos o más signos: uno, a cuyo significante llamamos raíz y cuyo significado hace una referencia léxica, y otro, que llamamos desinencia, que alude a los valores gramaticales o morfológicos de la palabra.

EL SUSTANTIVO

Es sustantivo toda palabra capaz de cumplir en los enunciados llamados oraciones la función de sujeto explícito o la de objeto directo sin necesidad de ningún otro elemento. La estructura interna del sustantivo consiste en la combinación de un signo léxico, expresado por la raíz, y unos signos morfológicos en la desinencia. Accidentes o morfemas que caracterizan al sustantivo: el género, el número y el artículo.

El género

Todo sustantivo comporta un morfema de género. Distinguimos el masculino y el femenino. Con frecuencia la discriminación entre los géneros solo se produce gracias a las variaciones propias del artículo. Así sucede en los sustantivos llamados comunes. Pero no siempre el sexo determina diferencias de género. Así, entre los llamados sustantivos epicenos.

El número

El sustantivo, en general, presenta variación de número, accidente que ofrece dos posibilidades: el singular y el plural. El singular se refiere a la unidad de los objetos de una clase, y el plural denota varios objetos de una misma clase. El significante de estas diferencias suele corresponderse con la presencia de /s/ o /es/ finales en el plural. Pero la distinción de número se manifiesta a veces solo gracias a las variaciones del artículo. El doble valor significativo del singular explica el comportamiento diverso de dos clases de sustantivos: los contables y los no contables. Los primeros hacen referencia a objetos que existen aislados como ejemplares diferentes. Los sustantivos no contables pueden aparecer, tanto en singular como en plural, cumpliendo las funciones de sujeto explícito y de objeto directo.

El artículo

Entendemos por artículo el que suele llamarse definido o determinado, cuyos significantes son el, la, los, las, lo. El artículo propiamente dicho es unidad átona y dependiente. El artículo puede afectar también a otras palabras que no son sustantivos e incluso a grupos de ellas unificadas funcionalmente. Al sobreentenderse un sustantivo eliminado, el adjetivo o las otras palabras precedidas del artículo cumplen en el enunciado funciones propias del sustantivo y quedan así sustantivadas. Cuando el artículo actúa en esta función sustantivadora, puede adoptar el significante neutro.

De entre los sustantivos, se suele segregar una especie conocida como nombres propios. En la realidad, designan objetos únicos: únicos en absoluto. Frente a los sustantivos, que clasifican los objetos de la realidad física o mental como pertenecientes a una determinada clase.

LOS SUSTANTIVOS PERSONALES

Pronombres personales tónicos y átonos

Con la denominación de pronombres personales se agrupan varias palabras cuyo contenido se refiere a la noción de persona gramatical. Se distinguen tres: primera persona, segunda persona y tercera persona.


Primera persona

Segunda persona

Tercera persona

Yo Mí (Conmigo)

Nosotros Nosotras

Tú Ti (Contigo)

Vosotros Vosotras

Él Ella Ello

Ellos Ellas

Sí (Consigo)

Me

Nos

Te

Os

Lo La Le

Los Las Les

Se



EL ADJETIVO

Estas palabras que funcionan como adyacentes del sustantivo se llaman adjetivos. En el adjetivo se combina un signo de referencia léxica con ciertos signos gramaticales. Con el sustantivo, el género y el número modifican la referencia. En cambio, con al adjetivo, tales morfemas no modifican su propia referencia real: son simple repercusión de los morfemas que afectan al sustantivo con que se pone en relación el adjetivo.

Puede ocurrir que el adjetivo se sustantive. Entonces adquiere la posibilidad de combinarse con el artículo. Es susceptible de adoptar una tercera variación genérica, la del neutro.

El adjetivo adyacente de un sustantivo puede ante ponerse o posponerse a éste. El valor del adjetivo es variable según su posición. Se considera en general que al adjetivo antepuesto (llamado a veces epíteto) revela una intención explicativa de la realidad sugerida por el sustantivo, y que el pospuesto señala una especificación que restringe la referencia propia del sustantivo.

Pero también el adjetivo forma una clase en que pueden distinguirse tipos diversos según ciertas peculiaridades funcionales. Se separan los adjetivos calificativos y los adjetivos determinativos, y entre los últimos se agrupa una serie de unidades designadas como demostrativos posesivos, numerales, indefinidos y relativos.

Otra diferencia entre los dos tipos de adjetivos se refleja en que los calificativos, cualquiera que sea su función ( la de adyacente de sustantivo y la de atributo), son susceptibles de incrementarse con unidades varias de sentido cuantitativo. Son restos aislados de lo que en el sistema latino se llama gradación, la cual se oponía el grado positivo, el comparativo (de superioridad) y el superlativo con significantes diferenciados para cada adjetivo. La gradación se expresa con un cuantificador antepuesto al adjetivo ( más fino) para el comparativo, y con la sustantivación de este ( el más fino) para el superlativo relativo. Existen otros significantes de origen comparativo o superlativo. Los comparativos de origen culto como interior, exterior, inferior, superior, anterior, posterior, o los superlativos íntimos, extremo, ínfimo, supremo, postremo.

Para el superlativo absoluto o elativo, que designa la cualidad del adjetivo en su grado más alto o intenso, el cuantificador originario es muy. Se ha generalizado una formación equivalente, el sufijo /ísimo/, con sus variaciones de género y número. Son muy cultos los superlativos que adoptan el sufijo /érrimo/.

Sin embargo, la gradación no es procedimiento exclusivo de los adjetivos.

En conclusión, los llamados comparativos y superlativos son solo peculiaridades semánticas que ocurren al asociarse con unidades de cuantificación ciertos contenidos concordes.

Cuando en lugar de un adjetivo es otra unidad la que determina al sustantivo en el grupo, ella queda adjetivada. Cuando un sustantivo queda así adjetivado pierde su movilidad morfemática.

LOS DEMOSTRATIVOS

Características e inventario

Entre los adjetivos del segundo tipo, los determinativos, se encuentra el grupo de los demostrativos. Su rasgo común referencial consiste en “mostrar los objetos señalando su situación respecto de determinada persona”. La capacidad de mostrar está también presente en otros elementos de la lengua , como los sustantivos personales o ciertos adverbios.

Singular

Plural

Neutro

Masculino

Femenino

Masculino

Femenino

Este

Ese

Aquel

Esta

Esa

Aquella

Estos

Esos

Aquellos

Estas

Esas

Aquellas

Esto

Eso

Aquello

Salvo las tres unidades de la columna de la derecha, pueden funcionar todas como adjetivos o sustantivos. El doble papel del demostrativo ha inducido a distinguir entre adjetivos y pronombres demostrativos. Las tres formas esto, eso, aquello solo pueden desempeñar el papel de sustantivos. Para su sustantivación no requieren la aparición del artículo

Género y Número

Como en general todos los adjetivos, los demostrativos presentan la doble variación de número entre singular y plural, y la de género.

Posición y Combinatoria

Cuando aparece junto al demostrativo otro adjetivo, este último no puede preceder nunca inmediatamente al demostrativo.

El demostrativo se antepone, generalmente, al grupo a que pertenece.

LOS POSESIVOS

Entre los determinativos se reconocen con el término de posesivos unas cuantas unidades de comportamiento funcional vario.

Se distinguen entre ellos con rasgos específicos tres series de posesivos.

La primera reúne unidades dependientes, que exigen la presencia de un sustantivo al cual preceden. Son los posesivos mi, tu, su, mis, tus, sus, que desempeñan la función de adyacente del sustantivo, incompatible con la aparición del artículo y carecen de acento en el español general.

La segunda serie de posesivos reúne unidades autónomas que por sí mismas cumplen la función de atributo de un núcleo verbal, pero también desempeñan un papel de adyacentes del sustantivo pospuestas a éste.

Se trata de mío, mía, míos, mías, tuyo, tuya, tuyos, tuyas, suyo, suya, suyos, suyas. Son tónicos y, por tanto, el grupo nominal en que aparecen recupera la posibilidad de ir o no precedido del artículo.

En la tercera serie de posesivos se agrupan los que sin modificaciones cumplen las dos funciones propias de los adjetivos: nuestro, nuestra, nuestros, nuestras, vuestro, vuestra, vuestros, vuestras.

Como adyacente antepuesto al sustantivo poseen el valor identificador de los de la serie primera.

En cambio si el posesivo se pospone al sustantivo, reaparece la posibilidad de variar entre mención clasificadora (sin artículo) y mención identificadora (con artículo).

Las unidades posesivas se combinan con los morfemas de número y de género.

Todos los posesivos enumerados poseen variación de número entre singular y plural. En la primera serie no existe la variación de género pero las otras dos series tónicas distinguen masculino y femenino.

RELATIVOS E INTERROGATIVOS

Las palabras conocidas como pronombres relativos son capaces de transponer o degradar los enunciados llamados oraciones a la función de adyacente dentro de un grupo nominal unitario. En este papel de transpositores los relativos coinciden con las preposiciones y las conjunciones.

El elenco es limitado: que, el cual (y sus variaciones),quien, cuyo, como, donde, cuando y cuanto. Su función coincide con la mentada capacidad de transponer oraciones a oficios de rango inferior.

Todos los relativos son dependientes. Son siempre átonos, salvo el cual y sus variaciones. El significante de los relativos coincede fonemáticamente con el de las unidades interrogativas pero se distinguen porque estas adoptan gráficamente una tilde.

El contenido propio del relativo se reduce a hacer referencia a otros contenidos manifestados previamente en el enunciado por otro elemento al que se llama antecedente.

Quien

Dentro de la oración de que forman parte, los relativos adumen funciones propias de los sustantivos, de los adjetivos y de los adverbios. Hay relativos capaces de desempeñar cualquiera de los tres papeles.

Funciona solo como sustantivo, tenga o no antecedente; solo varía en número y denota persona o cosa personificada.

Cuyo

Desempeña el oficio exclusivo de adjetivo y concuerda con el sustantivo de que es adyacente y al cual precede. Posee variación de género y número y a su valor agrega el contenido de pertenencia propia de los posesivos.

Es vulgar la sustitución de cuyo por que y un posesivo.

Adverbios relativos: donde, cuando, como

Los relativos donde, cuando y como cumplen la función de adyacente circunstancial dentro de la oración que transponen. Acumulan la referencia léxica a las nociones de lugar, tiempo y modo, denotadas por su antecedente cuando existe; a veces estos adverbios relativos son sustituibles por un relativo general provisto de una preposición idónea.

Cuanto

El relativo cuanto varía en género y en número conforme a los que ostente el sustantivo a que determina, como suelen hacer los adjetivos.

Puede también inmovilizarse en la forma cuanto para desempeñar funciones adverbiales y además sustantivarse sin necesidad de adoptar el artículo.

La ausencia normal de antecedente conduce a que la oración transpuesta por cuanto funcione como un sustantivo.

Que

El relativo invariable que abarca las posibilidades funcionales de sustantivos, adjetivos y adverbios. Lo más frecuente es que lleve por antecedente un sustantivo y que, por tanto, sea este oficio el que desempeñe en la oración que transpone.

Este relativo cumple diversas funciones sustantivas : sujeto, objeto directo, objeto indirecto, objeto preposicional, adyacente circunstancial y adyacente nominal.

El cual

El relativo el cual posee variación de número y, gracias al artículo explícito, de género.

En general, funciona como sustantivo y suele emplearse cuando pudiera resultar equívoca la referencia de otros relativos con el mismo oficio, o cuando van precedidos de preposición.

El que

Una oración transpuesta a adjetivo por el relativo puede sustantivarse mediante el artículo si el sustantivo antecedente se elude.

Interrogativos y exclamativos

Si exceptuamos el hoy desusado cuyo existe una correlación entre las unidades relativas y las interrogativas o exclamativas.

Hay que añadir cuál, que en este papel interrogativo y exclamativo no se combina con el artículo y el arcaizante cuán, relegado a la modalidad exclamativa.

Todas las unidades mencionadas, salvo cuyo y cuán, pueden desempeñar las funciones del sustantivo.

Las tres unidades cuándo, cómo y dónde, que son adverbios, cumplen la función de adyacente circunstancial.

Los únicos interrogativos que presentan variación de género y número son cuánto y el desusado cuyo. Solo la tienen de número quién y cuál aunque dialectalmente el último puede variar en género, lo que se considera vulgar.

Como se verá más adelante, los enunciados interrogativos pueden quedar transpuestos a función de rango inferior dentro de una oración, sin más modificación que la pérdida de la curva melódica interrogativa.

En combinación con la modalidad exclamativa se encuentran las mismas unidades, pero son raros como sustantivos quién y cuál y nunca aparece por sí solo qué.

INDEFINIDOS Y NUMERALES

El término indefinidos engloba una serie de palabras, con función sustantiva o adjetiva o con ambas alternativamente, cuyo rasgo común es de índole semántica.

Estos cumplen una delimitación imprecisa de las realidades a las que el hablante se refiere. A los indefinidos hay que añadir el grupo de los numerales, el papel de estos en el enunciado es análogo al de los sustantivos o al de los adjetivos.

Varias unidades indefinidas funcionan exclusivamente como sustantivos: alguien, algo, nadie y nada admiten la presencia de un adyacente adjetivo.

La inmovilidad en cuanto al número permiten que hagan referencia tanto al singular como al plural.

La función sustantiva de estos indefinidos no impide que, en combinación con un adjetivo, algo y nada se comporten como adyacentes de este, por tanto, como si fuesen adverbios.

La función adverbial de algo y nada ocurre también cuando son adyacentes circunstanciales.

La mayoría de los indefinidos actúa como los adjetivos: como adyacentes de un sustantivo o como atributos de un verbo, y en ciertas circunstancias, funcionan como sustantivos. Esta combinatoria concuerda con los adjetivos determinativos.

Muchos indefinidos comparten con la serie de los numerales cardinales el rasgo de hacer referencia a la cantidad atribuida a los objetos designados por el sustantivo a que acompañan. Tanto esos indefinidos como los numerales son cuantificadores. Los numerales expresan la cantidad con precisión ( dos niños) y los indefinidos manifiestan la cantidad de modo impreciso o vago (algún niño).

Los numerales propiamente cuantificadores son solo los llamados cardinales. Los demás numerales ( ordinales, fraccionarios, multiplicativos) son unidades derivadas que no efectúan una cuantificación directa y que se comportan como los adjetivos del tipo primero.

Los cardinales son adjetivos del tipo segundo o determinativos, y como tales pueden funcionar también como sustantivos.

Los cardinales resultan sustantivados cuando se elimina el sustantivo del cual son adyacentes, y entonces pueden presentar variación de artículo.

Hay numerales simples ( uno, dos, tres...); los numerales millón, billón... , son sustantivos y se construyen con adyacentes igual que los sustantivos colectivos.

Uno y afines

El numeral uno se emplea también como cuantificador impreciso. La distinción tradicional entre uno numeral, uno pronombre indefinido y un, una, unos, unas como artículo indeterminado carece de justificación puesto que carece de acento y no es palabra independiente. Presenta variación de género y número.

Cuando cuantifica a una unidad desprovista de género, uno adopta el significante del masculino singular.

Para funcionar como sustantivo no requiere artículo y puede ir determinado por adjetivos. En usos sustantivos uno adopta el artículo y aparece la triple variación de género de los adjetivos sustantivados: el uno, la una, lo uno.

El papel esencial de uno consiste en la singularización de un objeto cualquiera de entre los de la clase designada por el sustantivo.

Los indefinidos alguno y ninguno son derivados de uno y poseen sus mismas variaciones de género y número, e incluso la particularidad de apocoparse el significante del masculino singular delante del sustantivo a que determinan ( algún día, ningún mes).

Se denominan distributivos los indefinidos sendos y cada. El primero es adjetivo plural con variación de género.

La unidad cada es invariable y nunca independiente, salvo en expresiones elípticas, como Tocamos a diez cada en lugar de cada uno. Aparece delante de numerales y también ante algunos cuantificadores imprecisos: cada pocos días.

Todo

Es peculiar el comportamiento del indefinido todo, con sus variaciones de género y número. Lo más notable consiste en que puede preceder al sustantivo con que concuerda aunque este vaya provisto del artículo e incluso cuando el sustantivo tenga otro adyacente. Por esto también se antepone a los nombres propios, los demostrativos, los posesivos y los sustantivos personales.

Mismo

El indefinido mismo con sus variaciones de género y número exige al asociarse con un sustantivo que este lleve artículo u otra unidad identificadora. Puede preceder o posponerse al sustantivo, pero su referencia concreta difiere, señalando en el primer caso identidad con algo que se menciona antes o después y en el segundo indicando insistencia o intensificación.

Es igualmente compatible con el singularizador uno.Como los adjetivos en general, mismo puede sustantivarse y adoptar la triple variación de género que le confiere el artículo.

No debe confundirse Él mismo ( donde mismo funciona como adjetivo, ya que él es sustantivo personal) con el mismo ( donde el indefinido está sustantivado con el artículo).

LOS ADVERBIOS

En sentido estricto, adverbio designa una clase de palabras invariables en su significante y a menudo indescomponibles en signos menores, destinadas en principio a cumplir por sí solas el papel de adyacente circunstancial del verbo.

Esta función no impide que además, dentro de un grupo unitario nominal, se presente el adverbio como adyacente de un adjetivo o de otro adverbio distinto.

Muchos adjetivos pueden funcionar como adyacentes circunstanciales. En este oficio adverbial quedan inmovilizados en sus variaciones de género y número, y adoptan la expresión propia del masculino singular. En casos de ambigüedad, el contexto es suficiente para discernir entre la función de adjetivo y la de adverbio.

Otras veces el adjetivo adopta para la función adverbial un significante derivado mediante la terminación -mente que se agrega a la forma femenina o indiferente del singular.

Estos adverbios se caracterizan por conservar el acento propio de cada uno de sus componentes, lo cual permite, en los casos de coordinación, eliminar el afijo del primero y decir: pura y simplemente, lisa y llanamente, solemne y gravemente.

Suelen clasificarse los adverbios en varios grupos teniendo en cuenta sus valores léxicos de tiempo ( como ahora, antes, después, tarde, luego, ayer...) de lugar ( como aquí, cerca, lejos, fuera...) de modo ( como así, bien, mal, lentamente...) de cantidad (como tanto, mucho, demasiado, casi...) de afirmación ( como sí, también, asimismo...) de negación ( no, tampoco) de duda (acaso, quizá).

A la par de esta clasificación semántica, se baraja otra que obedece a criterios en parte funcionales , se mencionan entoces adverbios demostrativos ( aquí, entonces, ahora, así, tal, tanto) relativos (donde, como, cuanto) e interrogativos.

No cabe duda de que lo que permite distinguir unos adverbios de otros es la significación.

Los segmentos que funcionan como adyacente circunstancial tienen con el núcleo verbal una relación más laxa que otras especies de adyacentes, lo cual permite su eliminación sin que la estructura del enunciado varíe en esencia.

Entre los adverbios, presenta un comportamiento particular el negativo no. Carece de posibilidades de permutación, siempre se antepone al segmento con que está en relación; puede a veces dudarse de si la negación expresada por no afecta a todo el enunciado o solo a alguno de sus componentes.

En estos casos, la negación no se aplica al contenido de toda la oración y no solo a la significación del verbo. Esta particularidad sugiere que la negación no, más que simple adverbio, es una unidad que marca una modalidad de la oración.

Cuando no se antepone a otra unidad distinta del núcleo verbal, a ella sola se aplica su capacidad negativa. Ante adjetivos y sustantivos, el uso de no es propio de la lengua escrita y culta, y equivale por su sentido al prefijo negativo -in.

Hay otros adverbios que acumulan a su propia referencia el valor negativo de no: nunca, jamás, tampoco

El adverbio

La misma particularidad ofrece en su comportamiento el adverbio , pero a diferencia de no, que debe explicitarse el adverbio solo aparece manifiesto en la oración aislado por pausas o bien separado de ella con otros recursos.

es una unidad enfática que subraya el contenido afirmativo de la secuencia; no es propiamente un adyacente circunstancial, sino un término que respecto al enunciado establece una relación semántica análoga a la que el atributo contrae con el sujeto explícito de las oraciones copulativas.

La función de la cumplen también otros adverbios.

Locuciones adverbiales

Otras unidades que funcionan como adverbios se revelan como compuestas por una preposición unida a sustantivos, adjetivos o adverbios: apenas, enfrente, encima, deprisa, despacio, debajo, acaso, afuera etc. A estos compuestos que funcionan como adyacentes circunstanciales, suele aplicárseles el término de locuciones adverbiales.

El adverbio admite, dentro del grupo nominal unitario, combinarse con otras palabras de modo semejante a como lo hace el sustantivo. Recibe en aposición otras unidades.

Algunos adverbios puntualizan su función o su designación de tiempo o lugar mediante preposiciones.

Algunos son susceptibles de la gradación propia de los adjetivos mediante la anteposición de cuantificadores.

También pueden combinarse a veces con el indefinido mismo que va pospuesto: aquí mismo.

A veces ciertos adverbios se combinan con el artículo neutro lo, de manera que pasan a funcionar como sustantivos.

EL VERBO

Se llama verbo a una clase de palabras que funcionan como núcleo de la oración y que, en consecuencia, son susceptibles de aparecer representándola sin necesidad de otras unidades. Si, toda oración implica la relación predicativa que se establece entre dos términos denominados por tradición sujeto y predicado, se comprenderá que el verbo, capaz de funcionar por sí solo como oración, debe contener dos componentes entre los cuales se manifieste dicha relación. En efecto, el verbo combina un signo de referencia léxica ( que sería el predicado9 y un signo complejo de referencia gramatical ( con significado, entre otros, de persona, que sería el sujeto gramatical). Ambos signos se presuponen mutuamente y son imprescindibles para que haya verbo.

En general, el significante del verbo puede ser dividido en dos porciones que se corresponden, una, con el significado léxico, y otra, con el gramatical.

La partición de los significantes verbales en segmentos menores, cada uno asociado a contenidos distintos, lleva a separar lo que se conoce como raíz, característica y desinencia. Suele aludirse al conjunto de raíz y característica con término de tema.

El conjunto de significantes diversos que resulta de combinar un mismo signo léxico con los variados morfema gramaticales, es decir, de fundir una misma raíz con las distintas terminaciones, constituye la conjugación de un verbo. De la diversidad de significantes propios de las terminaciones se desprende que existen varios tipos de conjugación verbal, aunque los significados gramaticales que distinguen entre sí las formas de cada conjugación son siempre constantes.

Si cotejamos las formas verbales pertenecientes a un mismo tiempo verbal se observa que los contenidos correspondientes a los significantes de cada forma coinciden salvo en un rasgo: cada término tiene sujeto gramatical diferente, es decir, una de las llamadas personas ( primera, segunda o tercera) y que el sujeto gramatical de cada miembro se asocia con un número diferente ( singular o plural). En el signo morfológico del verbo se manifiestan, pues, variaciones de los morfemas de persona y número, que cumplen la función de sujeto gramatical y hacen referencia a un ente comprometido en la actividad o el proceso designado por el signo léxico del verbo.

El morfema de persona inserto en el verbo hace alusión a uno de los entes que intervienen en el acto del habla. En estos siempre existe un hablante, un oyente y todo lo demás. Se dice que el verbo lleva primera persona cuando el hablante coincide en la realidad con el ente a que hace referencia el sujeto gramatical; se habla de segunda persona cuando lo denotado por el sujeto gramatical coincide con el oyente; se considera que hay tercera persona cuando la referencia real del sujeto gramatical no coincide ni con el hablante ni con el oyente. Esta tercera persona se manifiesta también cuando no interesa o no se puede puntualizar en la realidad la referencia del sujeto gramatical, es decir, cuando es imposible un sujeto explícito.

La voz o diátesis

Además de la persona y el número, accidentes no exclusivamente verbales, se incluyen en el verbo otros morfemas propios, que no afectan más que a la significación de la raíz léxica. Son los morfemas o accidentes conocidos con los términos de voz, modo, tiempo y aspecto.

La vos o diátesis, hace patente el tipo de relación que se establece entre el significado de la raíz y el morfema de persona que actúa como sujeto gramatical. Muchas veces, la experiencia comunicada comporta un acto de la actividad designada por el verbo, y un paciente afectado por ella. Cuando la persona sujeto se refiere al actor se suele hablar de “ sujeto agente” y cuando se refiere al objeto que la padece de habla de “ sujeto paciente”.

En español la expresión de los contenidos “activo” y “pasivo” no afecta a la estructura de la forma verbal, sino solo a la construcción del enunciado y en ningún modo a la forma verbal, que en ambos casos presenta los mismos morfemas gramaticales.

Tampoco presenta características especiales la forma verbal en las construcciones que se llaman “pasivas reflejas”.

Se trata de una forma verbal incrementada por el “ reflexivo” se, que alude a la misma persona designada por el sujeto gramatical y el sujeto explícito. Sucede lo mismo en los casos, denominados a veces de “ voz media”, de estos ejemplos: Juan se levanta, El culpable se arrepiente etc, donde la forma verbal sigue presentando las mismas relaciones que en cualquier otro caso de construcciones “ reflexivas”.

Morfemas o accidentes verbales

Excluidos persona y número, que no son exclusivamente verbales, y la voz o diátesis, que no tiene configuración mofemática en el verbo español, quedan otros morfemas o accidentes gramaticales que oponen entre sí las diferentes variaciones de la conjugación del verbo.

A estas tres distinciones de anterioridad, modo, perspectiva, se ha de agregar la del morfema de aspecto.

Formas derivadas del verbo

Se incluyen en la conjugación verbal tres unidades que, si bien comportan el mismo signo léxico que las otras formas del verbo, se caracterizan por rasgos particulares: en primer lugar, la imposibilidad de funcionar como núcleo de oración, y, luego, la carencia de los morfemas propios de aquellas. Se trata de los llamados infinitivo, gerundio y participio, considerados como formas nominales del verbo.

En realidad, son unidades derivadas del signo léxico de los verbos y que funcionan, respectivamente, en los papeles de los sustantivos, de los adverbios y de los adjetivos. Sin embargo, conservan en parte las posibilidades combinatorias admitidas por el signo léxico verbal.

Es decir, las formas nominales del verbo ( también conocidas como formas no personales del verbo o verboides), aun cuando por su función ni son verbos ni constituyen oración, se comportan dentro de un grupo complejo unitario como núcleo de él y son susceptibles de llevar adyacentes análogos a los que el verbo recibe en la oración.

El infinitivo

El infinitivo es un derivado verbal cuyo significante agrega al del signo léxico del verbo un sufijo que adopta una de las formas ar, er, ir.

Sus funciones coinciden con las del sustantivo aunque el infinitivo carece de variación morfemática de género y número y las unidades que a él se refieren adoptan en exclusiva los rasgos propios del masculino singular, su comunidad de función con el sustantivo le permite a veces adoptar por énfasis el artículo: El comer. Cuando este uso se hace frecuente, el infinitivo se convierte en un verdadero sustantivo que puede presentar variación de número: El saber, Los saberes.

De este modo, el infinitivo aparece en todas las funciones propias de los sustantivos: sujeto explícito , objeto directo, objeto preposicional, objeto indirecto, adyacente circunstancial, atributo, adyacente de sustantivo, adyacente de adjetivo y adyacente de adverbio.

El infinitivo es incompatible con los morfemas propios del verbo, excepto el que llamamos anterioridad: junto a los infinitivos simples existen las formas compuestas.

Por otra parte, según lo dicho, el infinitivo adopta términos adyacentes propios de los verbos.

Además de estos adyacentes, el infinitivo puede ir acompañado de otro que, en una oración con verbo personal, funcionaría como sujeto explícito: en El apoyar tú la propuesta me satisface, el sustantivo personal sería sujeto explícito en el enunciado Tú apoyas la propuesta y ello me satisface.

No hay inconveniente en llamar a esa unidad sujeto del infinitivo, pero teniendo en cuenta que no existe la forzosa concordancia entre sujeto explícito y morfema personal del verbo es preferible llamarlo adyacente temático.

El gerundio

El gerundio es también un derivado del signo léxico del verbo. Su significante ostenta las terminaciones ando y iendo. Sus funciones, en principio, son las que cumple el adverbio, y de este modo aparece como adyacente circunstancial en la oración. De los rasgos morfemáticos verbales solo conserva, como el infinitivo, la expresión de la anterioridad, con la misma significación de anterioridad respecto del núcleo verbal.

Pero en lo demás carece de variaciones morfemáticas como los adverbios. También, como los adverbios, el gerundio disfruta en general de libertad de posición en el enunciado.

Cuando el gerundio se combina, igual que el infinitivo, en grupo unitario con otras palabras, lleva términos adyacentes, los cuales son determinaciones o especificaciones de su signo léxico y presentan los rasgos propios de los adyacentes verbales.

También el gerundio, como el infinitivo, admite un adyacente temático.

El gerundio puede ser adyacente de un sustantivo. En enunciados no oracionales tales como titulares o pies alusivos a imágenes, se encuentran ejemplos como El rector inaugurando la nueva Facultad. Esta capacidad, análoga a la de los adjetivos, permite al gerundio aparecer en funciones de tipo atributivo.

Por las mismas razones, a veces sustituye a las estructuras de relativo.

El participio

El participio se deriva de la raíz verbal mediante un derivativo que confiere a la unidad resultante la función propia del adjetivo. El significante del derivativo es variable según el de la raíz verbal: los más frecuentes son ado e ido; pero hay otras expresiones irregulares en que se produce una refundición más o menos profunda del derivativo con el significante de la raíz, como en hecho, roto, visto, puesto, dicho participios derivados de la raíz presente en los infinitivos. Han existido muchos participios de este tipo, pero en general se han ido regularizando.

Como los adjetivos, los participios poseen variación de género y número y admiten gradación. Los significantes del morfema de género son /o/ para el masculino y /a/ para el femenino, y los del número plural son respectivamente /os/ y /as/. Las variaciones dependen del género y el número que ostente el sustantivo con que el participio esté en relación. En los casos de sustantivación con el artículo, se encuentran las tres posibilidades de los adjetivos. En cuanto a la gradación se emplean los mismos procedimientos que con el adjetivo.

El participio funciona como adyacente de un sustantivo en un grupo unitario, y como atributo junto a los verbos. Es adyacente de un sustantivo en Hojas del árbol caídas y es atributo en El cocinero es honrado y en las llamadas estructuras pasivas.

En estos casos, tanto el participio como el adjetivo, cuando son consabidos, dejan junto al verbo un referente invariable lo.

Aunque por su origen el participio efectúa una referencia “ pasiva”, en muchas ocasiones se emplea también con sentido “activo”. Así, en Es un hombre leído, “ que lee”, frente a He aquí los libros más leídos, “ que han sido leídos”.

Tampoco falta el participio, igual que los adjetivos, en funciones atributivas de tipo adverbial, como en Llegaron muy fatigados a la cumbre.

Por último también admite adyacentes varios como los adjetivos.

Los modos verbales y la modalidad del enunciado

Se suele distinguir entre el dictum ( o contenido de lo que se comunica) y el modus ( o manera de presentarlo según nuestra actitud psíquica). Los procedimientos gramaticales que denotan la actitud del hablante respecto de lo dicho, constituyen las variaciones morfemáticas del verbo conocidas como modos. Se deduce que los derivados verbales infinitivo, gerundio y participio, que no pueden ser núcleo oracional, carecen de tal variación y no pueden ser llamados modos.

El imperativo

El contenido morfemático del imperativo, opuesto al de las demás formas verbales, se puede designar con el término de apelación. La particularidad de su significado, que se asocia solo con significantes diferenciados cuando el sujeto gramatical es de segunda persona, se corresponde con su peculiaridad fónica distinta a la del resto de significantes verbales de segunda persona. El significante de segunda persona ostenta siempre una -s final. En cambio el imperativo presenta siempre terminaciones sin s, con vocal o la mera raíz verbal en combinación con singular.

Un segundo rasgo diferencial del imperativo respecto de las demás formas verbales consiste en añadir como enclíticos los referentes pronominales átonos en lugar de situarlos proclíticos. Cuando se agrega al plural del imperativo el referente átono -os, la -d final del verbo desaparece.

Indicativo, subjuntivo y potencial ( condicionado)

Descontado el imperativo, el resto de las formas verbales se reparte en dos grupos dependiendo de su compatibilidad con las modalidades del enunciado. Uno reúne las formas posibles con entonación interrogativa, el otro engloba las que carecen de esa posibilidad. Estos dos grupos coinciden con los establecidos por Andrés Bello según su diferente dependencia sintáctica en las oraciones transpuestas.

Se trata de los modos denominados indicativo ( las del primer conjunto) y subjuntivo ( todas las demás). Ambos términos son válidos como tales, aunque imprecisos y heterogéneos: en su manera de designar, el indicativo “indica”, señala una determinada noción; el subjuntivo alude a un comportamiento sintáctico ( se subordina a algo).

También se ha empleado el término de potencial o condicional para denominar el modo particular de la forma cantarías. Pero si su comportamiento combinatorio es análogo a las formas del indicativo, y si sus peculiaridades son compartidas por la forma cantarás, también incluida en el indicativo, convendrá o dejar a las dos dentro de este modo, o bien segregarlas como un modo especial intermedio entre indicativo y subjuntivo.

El tiempo o perspectiva : presente, pasado y futuro

Otros morfemas, señalados por sus respectivos significantes, oponen entre sí a las formas verbales agrupadas en cada uno de los tres modos. Los rasgos de significación que separan a cantas de cantabas y cantaste, a cantarás de cantarías, a cantes de cantases y cantaras, se suelen adscribir a la referencia del tiempo en que el hablante sitúa la noción denotada por la raíz verbal.

Pero el uso de estas formas temporales no es tan simple, porque no indican siempre una referencia concreta y precisa a un momento o a un segmento del decurso del tiempo objetivo. Nuestra interpretación psicológica del transcurso temporal discierne tres zonas: el periodo más o menos amplio en que experimentamos y comunicamos nuestra vivencia ( que llamamos presente ), el periodo precedente que abarca todos nuestros recuerdos ( que llamamos pretérito o pasado) y el periodo todavía no realizado ni vivido de lo que imaginamos, deseamos, proyectamos ( que llamamos futuro o porvenir).

Reflejando esta concepción del tiempo externo, se han fijado en la terminología tres etiquetas para las formas verbales que señalarían la situación de los hechos comunicados en la secuencia temporal: el pasado, el presente y el futuro.

Para designar los contenidos de tipo temporal, se arrastra una terminología poco precisa y nada transparente.

Por todo ello es preferible renunciar al término tiempo para designar los morfemas que consideramos y adoptar el de perspectiva temporal.

INCREMENTOS PERSONALES ATONOS DEL VERBO

Se agrupan bajo la etiqueta de pronombres personales dos suertes de unidades: los sustantivos personales y las partículas átonas que se unen al verbo. Los incrementos átonos nunca aparecen aislados sino formando un todo con el verbo.

Aluden a otras unidades mentadas en el contexto lingüístico, es decir, a palabras citadas previamente o a palabras que se mencionaran posteriormente. Estas unidades personales átonas hoy usadas son las siguientes : me, te, le, lo, la, nos, os, les, los, las y se.

La función de estos incrementos personales adosados al verbo se reduce a indicar que este comporta adyacentes de objeto directo o indirecto o de ambos a la vez. Señalan la persona que funciona como sujeto gramatical y no hace falta un sujeto explícito si la situación es inequívoca, los incrementos personales permiten eludir las unidades léxicas que cumplirían las funciones de objeto directo o indirecto.

Los incrementos personales varían en cuanto al número mientras que el género solo se refleja en algunos de los incrementos de tercera persona. Las unidades le, les y se son indiferentes a las distinciones de género.

Las funciones de objeto directo e indirecto solo están diferenciadas por los de tercera persona. Los incrementos de primera y segunda persona valen para ambas funciones: me ,te, nos y os señalan el objeto directo. El incremento lo entre los de tercera persona se emplea además como referente a la función de atributo, adyacente propio del grupo de verbos llamados copulativos ( ser, estar, parecer), lo es compatible con sujetos de cualquier número y de cualquier género.

Las unidades de tercera persona ofrecen en su uso una situación poco clara y vacilante. Son los fenómenos conocidos con los términos de leísmo, laísmo y loísmo.

La norma primitiva o uso etimológico, les asigna los valores reflejados a continuación ( donde no se incluyen los usos de lo invariable en la función de atributo .

El llamado leísmo consiste en el empleo de le y con menor frecuencia de su plural les como referentes de la función de objeto directo. Se produce así una confusión parcial con el referente a objeto indirecto. No es rechazado por la norma académica.

El leísmo, el laísmo y sus alternancias

El llamado leísmo consiste en el empleo de le, y con menor frecuencia de su plural les, como referentes de la función de objeto directo.

Se produce así una confusión parcial con el referente a objeto indirecto.

No es rechazado por la norma académica.

La tendencia a suprimir la diferencia de funciones entre objeto directo e indirecto en beneficio de la distinción de género se refleja también en el laísmo. Consiste en generalizar la y las para las referencias a sustantivos femeninos en la función de objeto indirecto. Es fenómeno de menor difusión que el leísmo, más frecuente en singular que en plural.

EL Loísmo

El loísmo consiste en el uso de lo y los en la función de objeto indirecto cuando el sustantivo eludido es del género masculino. Es fenómeno paralelo al laísmo, pero siempre ha sido menos frecuente y se ha considerado vulgar.

Es recomendable mantener el uso tradicional, solo con algunas concesiones al leísmo; esto es, lo como referente de masculino singular en función de objeto directo, la para femenino singular en la misma función; los para plural masculino y las para femenino como objeto directo; le y les para los objetos indirectos, singulares y plurales respectivamente, sin distinción de géneros; finalmente, lo como referente invariable de valores neutros en los papeles de objeto directo y de atributo.

Combinación de dos personales átonos

Puede concurrir junto al verbo un incremento de objeto directo y otro de objeto indirecto, se trata de combinaciones de un referente de cualquier persona con otro de tercera: el primero alude al objeto indirecto y el segundo al directo.

Cuando el incremento de objeto indirecto en estas combinaciones es de tercera persona, los significantes habituales le y les se sustituyen por otro invariable se.

El reflexivo se

Incremento se, llamado reflexivo. Se ha dicho ya que carece de variación de género y número y que su significante coincide con el que sustituye a los incrementos de tercera persona en función de objeto indirecto cuando se junta con otro.

Se se alinea con me, te (y nos, os) porque todos ellos desempeñan las dos funciones de objeto directo e indirecto sin distinguirlas. En cambio, se solo es compatible con verbos cuyo sujeto gramatical sea de tercera persona (se lava, se lavan). En consecuencia, se se opone a los otros incrementos de tercera persona:

No es necesario distinguir el se reflexivo del que aparece en los usos llamados recíprocos, en las construcciones que tienen “por sujeto dos o más personas o cosas, cada una de las cuales ejerce una acción sobre la otra o las otras y la recibe de éstas”.

El sentido de se resulta idéntico.

Del valor inicial reflexivo de se proceden las construcciones llamadas pasiva refleja e impersonal. En el uso reflexivo, la identidad de la referencia hecha por el sujeto gramatical y el incremento señala que en la experiencia comunicada la actividad aludida por el verbo es desempeñada por un actor sobre sí mismo. Las construcciones pasiva refleja e impersonal carecen de referencia explícita al actor que desempeña la actividad denotada por el verbo, mientras muestran con otra palabra lo que ha sido afectado o efectuado por dicha actividad.

UNIDADES DE RELACION: LAS PREPOSICIONES

Preposiciones y locuciones

En los enunciados, junto con las palabras autónomas clasificadas, aparecen otras unidades que presuponen a las primeras y que sirven para marcar las relaciones mantenidas entre ellas. Son unidades carentes de autonomía, cuyos significantes, son átonos y forman con la palabra a la que preceden una sola entidad fónica.

Las preposiciones son unidades dependientes que incrementan a los sustantivos, adjetivos o adverbios como índices explícitos de las funciones que tales palabras cumplen bien en la oración, bien en el grupo unitario nominal.

La preposición por sí sola no cumple función alguna especial dentro del enunciado, y solo sirve como índice del papel que desempeña el segmento en que está integrada.

Combinaciones de adverbio (o sustantivo adverbializado) con preposición (encima de, delante de, etc.) suelen llamarse locuciones prepositivas.

Existen dos tipos de locuciones prepositivas: unas contienen un adverbio capaz de funcionar por sí solo (lo puso encima); otras, requieren siempre un adyacente especificador.

Locuciones de este segundo tipo son acerca de, con arreglo a, en virtud de, con objeto de, gracias a, por culpa de, etc.,

Unidades convertidas en preposiciones

Algunos adjetivos, han llegado a emplearse en la lengua de hoy como marcas del oficio circunstancial desempeñado por el sustantivo al que se anteponen. Tal como ocurre con durante y mediante.

Inventario y particularidades

Del inventario de las preposiciones deben descartarse algunas unidades que en él se incluyen a veces. Una es pro: se trata de un cultismo de uso limitado a ciertas fórmulas como proamnistía.

El inventario de preposiciones se reduce a: a, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, sin, sobre, tras. Se excluye según, porque es unidad tónica (y no átona como las otras) y puede aparecer aislada.

Peculiaridades de entre y hasta

Entre y hasta, suscitan dudas respecto a su función.

La referencia léxica de entre exige que el segmento a que se antepone (sea sustantivo o grupo sustantivado) comporte un sentido de pluralidad.

La preposición hasta marca adyacentes circunstanciales que denotan límite en el tiempo o el espacio.

Preposiciones obligatorias

Todas las preposiciones confieren el papel adyacente al segmento que encabezan.

Pero hay casos en que una sola preposición es exigida como índice funcional oportuno, y otros en que pueden alternar distintas preposiciones. Lo primero ocurre en la función de objeto indirecto, que obligatoriamente debe ir señalado por a.

La función de objeto directo carece en principio de índice funcional; pero si la necesidad de distinguirlo del sujeto impone en el objeto directo la preposición a.

En estos casos, se anula el valor léxico de la preposición.

La preposición de enlaza un adyacente con el sustantivo nuclear de un grupo nominal, es un simple índice de la dependencia del sustantivo adyacente respecto de su núcleo, y puede por tanto referirse a muy variadas relaciones reales entre los entes denotados.

UNIDADES DE RELACION: LAS CONJUNCIONES

Clases de conjunciones

Con el término de conjunciones se reúnen en una misma categoría las unidades lingüísticas que permiten incluir oraciones dentro de un mismo enunciado. Se distinguen las de coordinación y las de subordinación.

Las primeras son conectores que funden en un único enunciado dos o más oraciones que podrían manifestarse aisladas como enunciado; y no influye en absoluto sobre las relaciones internas de cada una de las dos oraciones.

Las conjunciones de subordinación, degradan la oración en que se insertan y las transponen funcionalmente a una unidad de rango inferior que cumple alguna de las funciones propias del sustantivo, del adjetivo o del adverbio, esto es, la de ser adyacentes subordinados a un núcleo verbal o, en su caso, sustantivo. Se trata, pues, de transpositores, o elementos que habilitan a determinada unidad para funciones distintas de las propias de su categoría.

Conjunciones copulativas

Se distinguen tres tipos de conectores que unen: copulativas, disyuntivas y adversativas.

Las copulativas sirven para reunir en una sola unidad funcional dos o más elementos homogéneos, los cuales podrían, cada uno de por sí, cumplir el mismo oficio. Son y y ni.

El conector y adopta en la lengua culta y escrita el significante e.

Conjunciones disyuntivas

Se utiliza o conjunción disyuntiva. En la lengua escrita se emplea el significante u.

La disyuntiva o confiere al enlace un valor de alternativa.

Otras veces, o indica que los términos unidos son equivalente para designar con ellos una misma realidad.

Se incrementa a menudo o con unidades de tipo adverbial como bien, ya,etc.

Conjunciones adversativas

Las conjunciones adversativas más empleadas son pero y sino. Variante de la primera, es mas.

Son unidades adverbiales empero, sin embargo, no obstante, con todo, etc., aunque introduzcan en el enunciado un sentido adversativo. Tampoco funciona como conector, la unidad aunque.

Mientras los conectores copulativos y disyuntivos admiten la reunión de más de (dos segmentos coordinados), los adversativos solo pueden agrupar dos y señalan que las nociones evocadas por estos están contrapuestas. El conector pero indica solo restricción; sino expresa incompatibilidad entre lo designado por cada uno de los dos segmentos, de manera que el segundo excluye al primero.

Sino exige que el segmento precedente comporte una negación, y cuando el segundo componente es una oración, adopta normalmente la forma sino que.

Subordinación y transpositores

Las conjunciones de subordinación son propiamente transpositores de oraciones. Estas quedan convertidas funcionalmente en unidades que equivalen a los sustantivos, adjetivos o adverbios. Los relativos cumplen asimismo el papel de transpositores de oraciones, pero a diferencia de las conjunciones, desempeñan determinado oficio dentro de la estructura de la oración degradada.

Que y locuciones derivadas

Si la conjunción transporte oraciones a la función del sustantivo, adoptará como estos, cuando sea preciso, una determinada preposición. De este modo, aparecen locuciones conjuntivas formadas por una preposición y el transpositor que, (así: porque, pero para que).

Como sujeto, carece de preposición.

Tampoco aparece preposición en el papel de objeto directo.

Para la función de objeto indirecto se requiere la preposición a.

Como objeto preposicional, la oración transpuesta exige ante que la preposición impuesta por el verbo nuclear.

Si la oración transpuesta funciona como adyacente circunstancial, se encabeza también con la oportuna preposición.

En aunque se observa el paso hasta el sentido concesivo desde lo primitivos del adverbio aún temporal o aún inclusivo.

En la combinación ya que se aprecia la desviación del primitivo sentido temporal de ya a la referencia predominante de hoy día, la causal.

Fuera de los dos que apenas existen transpositores en español.

En el significante si coinciden dos unidades, ambas átonos y dependientes. La primera sirve para transponer una oración interrogativa a funciones propias del sustantivo donde la oración transpuesta y encabezada por si cumple la función de objeto directo del núcleo verbal.

El otro si es la conjunción llamada condicional.

Del si condicional se derivan las locuciones como si y si bien cuya función sigue consistiendo en la transposición de oraciones al papel de adyacentes circunstanciales.

LA INTERJECCION

Se designa como interjección una clase de palabras autónomas que no se insertan funcionalmente dentro de la oración y constituyen por sí solas enunciados independientes.

No obstante la interjección puede establecer relación con otras unidades y formar con ellas enunciados complejos.

El rasgo común consiste en el contorno de entonación exclamativa.

Una interjección no comunica más que la injerencia explícita de la actitud del hablante. El contenido concreto de esta solo se puede dilucidar a través del contexto.

Pueden agruparse en tres tipos:

  • Las que muestran, con un significante onomatopéyico y expresivo, lo que está ya designado por otras unidades de la lengua.

  • Otras interjecciones se destinan primordialmente a apelar al interlocutor, entre ellas hay que incluir las unidades que se utilizan al saludar.

  • Son muy abundantes las interjecciones de este tercer grupo. Manifiestan en primer lugar el estado de ánimo del hablante sobre lo que se comunica. Su significación constante se reduce a mostrar que el hablante injiere su punto de vista en el mensaje.

  • Muchas palabras usadas aisladamente con entonación exclamativa, quedan transpuestas a la función propia de la interjección. Son las llamadas interjecciones impropias.

    ENUNCIADO Y ORACION: FUNCIONES ORACIONALES

    El signo que emite el hablante, y ha de captar el oyente, consiste en un mensaje con sentido cabal y concreto dentro de la situación en que se produce. Se llama enunciado a esta unidad mínima de comunicación.

    Existen mensajes más amplios, que no son sino combinación de varios enunciados concatenados por el sentido de sus referencias a la experiencia comunicada.

    La constitución interna de los enunciados es variable.

    La oración

    Entre los enunciados existe un tipo especial conocido con el término de oración. Uno de sus componentes, la palabra que se llama verbo contiene dos unidades significativas entre las cuales se establece la relación predicativa: el sujeto y el predicado.

    Esta forma verbal es el núcleo de la oración. Los demás componentes que en la oración pueden aparecer en torno del núcleo son términos adyacentes.

    El núcleo de la oración es, un verbo en forma personal. Esta clase de palabras consta de dos signos, uno de referencia léxica expresado por la raíz y otro de valor gramatical manifestado por la terminación e, cuyo contenido engloba varios morfemas. El signo léxico del verbo (el significado de la raíz) es el verdadero predicado de la oración, y el signo gramatical o morfológico funciona como el auténtico sujeto, y que debe llamarse sujeto gramatical o, si se prefiere, sujeto personal.

    Los términos adyacentes sirven para especificar con más precisión la referencia a la realidad que efectúa el verbo o núcleo de la oración.

    NUCLEOS COMPLEJOS O PERIFRASIS VERBALES

    La perífrasis

    El núcleo oracional puede consistir en una combinación de unidades que funciona en conjunto como lo hace un solo verbo. Se llaman perífrasis verbales. Constan de un primer componente, una forma verbal con morfema de persona y un segundo componente que ha de ser uno de los derivados verbales, infinitivo, gerundio o participo.

    La función de núcleo que desempeña la perífrasis deriva de la presencia de morfemas verbales en su primer componente; la selección de los términos adyacentes que se agreguen a la perífrasis depende de las exigencias léxicas de cada componente (el verbo personal y el derivado verbal). Suele llamarse al primero auxiliar y al segundo auxiliado: la significación del auxiliar modifica o matiza la noción del auxiliado; mientras que es este el que determina sintácticamente al auxiliar.

    Existen combinaciones de una forma verbal y un derivado que no han de interpretarse como perífrasis: no actúan como reunión de núcleo y adyacente. La frontera entre ambas posibilidades se cree impuesta por particularidades semánticas: si el verbo auxiliar conserva su habitual referencia de sentido, no hay perífrasis; si esa referencia se modifica o se anula, se trata de perífrasis. Este criterio no siempre es válido, y en Esperamos ganar, no existe perífrasis, puesto que es posible la elusión del segundo componente representándolo junto al verbo con un incremento pronominal que demuestra su función adyacente (Desistió de ello, Insiste en ello). Estas sustituciones son imposibles en las perífrasis.

    En el ejemplo Puede estar enferma, no cabe la elusión lo puede, sino Puede estarlo.

    Perífrasis con infinitivo

    Hay tres posibles clases de perífrasis: con infinitivo, con gerundio y con participo.

    Han de distinguirse, entres las primeras, dos tipos, según el infinitivo se adose directamente a la forma verbal o mediante un índice preposicional o transpositor.

    Perífrasis con infinitivo inmediato. Quedan los casos de los llamados verbos modales como primer componente. Los más frecuentes son soler, poder, deber.

    Este último, por sí mismo, no implica perífrasis, pero cuando denota el sentido de “tener obligación” aparece la perífrasis: en.

    El comportamiento de poder y soler parece más claro. Ninguno de los dos funciona aislado como núcleo oracional; siempre requieren el infinitivo. Por excepción.

    Poder y soler forman auténticas perífrasis, en las cuales el infinitivo no es objeto directo del verbo personal.

    Cuando la perífrasis carece de adyacente o cuando este y el verbo auxiliar van en singular, la perífrasis se escinde y el infinitivo, solo o combinado con el adyacente, se convierte en sujeto explícito del verbo personal. Pero si el adyacente del infinitivo es plural y el verbo auxiliar comporta este número, es el sustantivo adyacente el sujeto de la perífrasis.

    Perífrasis con infinitivo mediato. En un par de casos el infinitivo debe ir precedido de la unidad transpositora que.

    Estas combinaciones de haber y tener con que e infinitivo son perífrasis en que no solo el verbo auxiliar ha perdido sus posibilidades de llevar un adyacente objeto directo, sino que su referencia semántica ha cambiado totalmente: de aludir a las nociones de “existencia” o “posesión” en los últimos ejemplos, pasa en las perífrasis a señalar la “obligación” de lo denotado por el infinitivo.

    Las demás perífrasis de infinitivo anteponen a este una preposición. Haber+de+infinitivo, donde el auxiliar impone el sentido de “obligación” en lugar del “existente” que evoca en sus usos autónomos.

    Perífrasis con gerundio y participio

    La función adjetiva esencial del participio no llega a formar verdaderas perífrasis.

    Tampoco el gerundio, en función de atributo o de adyacente circunstancial pierde del todo su independencia por muy soldado que esté con el verbo personal.

    Pueden ser eludidos como el adjetivo en la función de atributo. Pero por lo común el gerundio parece modificar con su presencia el sentido habitual de ciertos verbos y no puede afirmarse que funcione como atributo. El conjunto de auxiliar y gerundio añade a la noción de este un sentido de duración o continuidad.

    EL SUJETO EXPLICITO

    Cuando el sujeto gramatical expresado por el morfema personal incluido en la terminación del verbo no hace una referencia inequívoca en la situación de habla, se agrega un adyacente que especifica la designación de esa persona y que denominamos sujeto explícito o léxico. Su presencia es, pues, optativa.

    Se añade un sustantivo ( o unidad equivalente) que funciona como sujeto explícito.

    La relación de dependencia entre el sujeto explícito y la terminación de persona ( o sujeto gramatical) del verbo se hace patente mediante la concordancia de persona y número entre ambos sujetos.

    El sujeto explícito se caracteriza por carecer siempre de preposición.

    Se llaman verbos impersonales aquellos que no admiten sujeto explícito. Pero como todo verbo contiene en su terminación un morfema de persona, es preferible denominarlos verbos unipersonales puesto que solo se utilizan en tercera persona de singular.

    También se consideran a veces impersonales las construcciones con verbos en tercera persona de plural en las que no se especifica el sujeto léxico.

    Los verbos verdaderamente unipersonales se agrupan en tres tipos que se examinan a continuación.

    En primer lugar, existen verbos cuyo signo léxico se refiere a alguna noción meteorológica como llover, granizar, nevar...

    El verbo haber utilizado en las formas compuestas de todos los verbos, solo es autónomo en construcciones impersonales con tercera persona de singular, y, en el presente de indicativo adquiere incluso un significante particular hay.

    Es análogo el uso del verbo hacer, que hoy sustituye a haber en las referencias temporales.

    El error vulgar señalado para haber, se presenta también con hacer.

    EL OBJETO DIRECTO

    Interesa a veces limitar la referencia del signo léxico verbal a algo más concreto; para ello se agrega un término adyacente que designa el objeto sobre el cual se desenvuelve la actividad aludida por la raíz verbal.

    Se denominaran estos adyacentes objeto directo y objeto preposicional.

    El objeto directo ( también llamado complemento directo o implemento) se enlaza al verbo sin necesidad de ningún índice explícito de su función. Los sustantivos que cumplen esta función suelen ir pospuestos al verbo.

    La posibilidad o imposibilidad de que el verbo admita objeto directo ha sido el criterio de clasificación de los verbos en transitivos e intransitivos.

    Existen verbos empleados en general como intransitivos, que a veces reciben un objeto directo que puede llamarse redundante o enfático.

    EL OBJETO PREPOSICIONAL

    Ciertos verbos especifican la referencia real de su significado léxico agregando un adyacente que, a diferencia del objeto directo, va precedido por una determinada preposición: Hablan de música, Acabó con sus ahorros, Confío en la suerte, Olía a carbonilla, Preguntaron por la carta.

    El objeto preposicional cumple respecto del núcleo de la oración una relación semántica análoga a la del objeto directo; sin embargo, su función sintáctica es diversa, según se refleja en la obligatoriedad de la preposición para el primero y su diferencia al ser representados unos por referentes tónicos (el preposicional) y otros por incrementos átonos (el directo).

    EL OBJETO INDIRECTO

    El objeto indirecto, o complemento, es compatible con cualquier otro adyacente en la misma oración, y suele designar en la realidad al destinatario de la noción evocada por el verbo (o, en su caso, por el conjunto del verbo y su objeto directo o preposicional).

    Objeto indirecto y objeto directo

    La preposición a antepone siempre al objeto indirecto, pero se ha visto y se verá que aparece a ante objetos directos y adyacentes circunstanciales.

    Respecto del objeto directo, el indirecto presenta rasgos comunes: se sitúan ambos tras el verbo.

    Al anteponerlos al verbo para realzar sus contenidos, se incrementa este con un personal átono que reitera la función del término desplazado. Y cuando los dos objetos se eluden también el verbo recibe esos incrementos átonos.

    Cuando se eluden tanto el objeto directo como el indirecto, el primero se representa con un referente que distingue género y número, y el segundo se reproduce con un referente invariable se.

    ADYACENTES CIRCUNSTANCIALES

    Mientras los objetos directo, preposicional e indirecto, dejan junto al núcleo verbal un representante pronominal de su función, otros adyacentes pueden eludirse sin que persista en la oración ningún referente funcional suyo. Estos adyacentes circunstanciales se denominan así porque suelen agregar contenidos marginales a los evocados por el núcleo verbal y sus objetos.

    En cada oración solo caben en diversos circunstanciales.

    Estos adyacentes sirven en principio para indicar las circunstancias que rodean o matizan en la realidad lo que se quiere comunicar en la oración.

    Pero no afectan al sentido concreto del núcleo o verbo.

    ATRIBUTOS O ADYACENTES ATRIBUTIVOS

    Un reducido número de verbos, llamados copulativos (ser, estar, parecer), se caracteriza por adoptar un adyacente peculiar, conocido como atributo (y también como predicado nominal). Suelen desempeñar este papel palabras de la clase de los adjetivos, pero en su lugar pueden aparecer sustantivos y otros segmentos más complejos.

    Conforme hacen los objetos directo y preposicional, el atributo sirve para limitar la aplicación designativa del verbo. El atributo, al ser eludido, deja junto al verbo un incremento pronominal. El representante del atributo es invariable y no expresa esos valores morfemáticos: siempre es lo, átono, y compatible con cualquier género y con cualquier número.

    El sujeto explícito, como concuerda con el sujeto gramatical, concordará también en número con el atributo, y si este es capaz de variar en género, hay también concordancia de género entre ambas unidades.

    Como atributo puede aparecer el derivado verbal llamado participio, que funciona como los adjetivos. Las estructuras atributivas con participio se conocen tradicionalmente como oraciones pasivas.

    El infinitivo funciona como los sustantivos. Puede aparecer, por tanto, en el papel de atributo.

    GRUPOS ORACIONALES

    Coordinación y subordinación

    Se ha caracterizado la oración por estos rasgos.

    Como enunciado que es, está delimitada entre dos pausas a veces interrumpida por pausas intermedias de menor duración.

    La oración transmite una comunicación de sentido cabal en cada situación de habla concreta.

    Frente a otro tipo de enunciados, las oraciones contienen una palabra, el verbo, en que se hace patente la relación predicativa, y por ello, esto puede por sí solo constituir oración.

    Existen enunciados de aspecto oracional en que aparece más de un verbo. Se han designado como oraciones compuestas.

    Las dos oraciones de cada enunciado están enlazadas entre sí mediante unidades que llamamos conjunciones. La conjunción sirve solo para indicar qué tipo de relación semántica establece el hablante entre los contenidos de una y otra.

    La yuxtaposición

    Este término designa la reunión de dos o más unidades (no solo oracionales) que desempeñan en conjunto la misma función que cumpliría cada una de ellas aisladamente.

    La coordinación

    Con este procedimiento, los segmentos yuxtapuestos en un grupo se enlazan mediante una conjunción. Cada uno de ellos podría desempeñar, claro es, el papel del conjunto unificado.

    Copulativas

    Las oraciones copulativas. Cumplen simplemente el papel de unificar “oraciones o elementos análogos de una misma oración gramatical”. Fuera de su valor “aditivo”, la conjunción copulativa no aporta nada más al sentido del grupo oracional.

    Disyuntivas

    El grupo oracional disyuntivo puede también estar formado por más de dos oraciones. La conjunción que las conecta suele aparecer delante de la última del grupo, si bien a veces se repite. La conjunción disyuntiva presenta las oraciones por ella ligadas como contenidos que se excluyen simultáneamente o bien como posibilidades alternativas para una.

    Adversativas

    El grupo oracional adversativo unifica, mediante una de las conjunciones correspondientes (pero, mas, etc,. Dos oraciones, que quedan así contrapuestas explícitamente, porque los contenidos de dos oraciones pueden de por sí ser opuestos sin necesidad de que lo indique un conector adversativo.

    ORACIONES COMPLEJAS

    Clases de oraciones complejas

    Las estructuras oracionales degradadas o transpuestas que aparecen insertas en una oración compleja se clasifican según la categoría de la palabra que podría sustituirlas desempeñando la misma función. Se señalan oraciones sustantivas, adjetivas y adverbiales.

    Existen, dos tipos de oraciones transpuestas: a) las que con su transpositor cumplen una función oracional un adyacente del núcleo verbal), y b) las que con su transpositor son adyacentes de un grupo nominal unitario.

    Las primeras coinciden con las sustantivas, las segundas se corresponden con las adjetivas.