Regla de San Benito

Historia medieval. Monasterios. Vida monástica. Iglesia Católica. Orden benedictina. Monacato cristiano. Aportaciones económicas, políticas, religiosas y culturales

  • Enviado por: Cecilia Riveros
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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ENSAYO DE HISTORIA MEDIEVAL

REGLA DE SAN BENITO Y VIDA MONASTICA EN OCCIDENTE

INTRODUCCION

A partir de la caída del Imperio, la Iglesia de Roma se transformó, según mi punto de vista, en la institución más importante del medioevo debido a su estrecha vinculación con el poder civil, su creciente poderío económico y la monopolización de la cultura. Esto último se vio reflejado en la proliferación de monasterios en Europa Occidental, cuya vida giraba en torno a la meditación y el trabajo manual, además de la sujeción a una determinada regla y a determinados votos.

De acuerdo con sus superiores, los monasterios obedecían a reglamentos muy diversos. Unos se preocupaban más de la meditación, otros del apostolado, otros del trabajo agrícola, pero en general, todos los monjes eran piadosos fieles que buscaban un camino de renunciamiento sin haber recibido los grados u órdenes que distinguen a los componentes del clero.

En el siglo VI San Benito de Nursia fundó la orden benedictina y el monasterio de Montecassino, cerca de Nápoles bajo la norma ora et labora: Reza y trabaja.

Sin embargo, según las fuentes estudiadas complementariamente, el monacato no puede considerarse oriental ni occidental, simplemente es “una manifestación espontánea de la vida de la Iglesia, una expresión necesaria de la vitalidad Cristiana, es un fruto del evangelio”.

El secreto del fenómeno monástico es la oración, el monaquismo se refugia en la oración sin distracción, desinteresada y de contemplación. Para esto el Cristiano prefiere renunciar, desterrarse y salir del mundo2.

A continuación se presenta una breve síntesis de los orígenes, importancia y la trascendencia de la vida monacal en el Occidente, con algunos comentarios y reflexiones personales.

RAICES DEL MONACATO OCCIDENTAL Y

LA CONTRIBUCIÓN DE SAN BENITO

Las raíces de la vida monástica en occidente están dadas por el eremitismo y el cenobitismo, fenómenos que, se cree, tiene su origen en oriente, el primero con San Antonio y Simón el estilista; y el segundo con Pacomio, es decir, comenzó también por su versión anacoreta, además de otras razones como la inseguridad que se vivía en el Imperio, las invasiones bárbaras, la crisis que , por lo mismo, se vivía en Roma. Fenómenos que hicieron que ciertos individuos pusieran su fe en Dios y no en los hombres, razón por la cual prefirieron la vida en soledad, en cuevas o lugares inaccesibles, donde podían rezar y así sentirse más cerca de Dios. Sin embargo, la capacidad de estos hombres en la sanación de enfermedades, la taumaturgia, les dieron fama y seguidores, por ello, el eremitismo le dio paso al cenobitismo, la vida en comunidad, así fue como el monacato de occidente fue cenobítico.

Su organización recordaba ciertamente a comunidades orientales que seguían reglas de Martín de Tours y de Juan Casiano, quien al establecerse en Marsella da a conocer las ventajas de la vida cenobítica y los peligros de la vida de ermitaños. Así fue como se fue expandiendo este ideal de vida en comunidad. Algunos de los países que compartieron esta idea fueron: España, Francia y más fuertemente en Irlanda, a partir de la acción evangelizadora de San Patricio y de la fundación de monasterios cuyos fundamentos eran su severo ascetismo, la gran cantidad de monjes, sus deseos de cultura y la capacidad para evangelizar.

En occidente, el fundador de los monasterios fue San Benito. El padre del Monacato Occidental y Padre de Europa3 nació hacia el año 480 en Nursia o sus alrededores cuando el fin del Imperio ya era un hecho, provenía de familia no noble pero sí acomodada. Fue enviado a estudiar a Roma., y durante sus estudios comenzó a sentir una gran repulsión por las ligeras costumbres de la vida romana, por ello se retiro a una gruta casi inaccesible para renunciar a las riquezas y placeres mundanos, allí comenzó sus jornadas de oración y reflexión. San Benito permaneció en esta especie de sepultura hasta que fue descubierto por unos pastores, lo que causó que miles de personas se acercaran a escuchar sus enseñanzas.4

Después de distintos avatares del destino que debió soportar San Benito, finalmente encontró un lugar apto para construir un convento: Montecassino, cerca de Nápoles. La vida dentro de este convento estaba sometida a una rigurosa regla dictada por San Benito, cimentada en tres votos fundamentales : pobreza, castidad y obediencia absoluta al abad o abadesa. Los monjes estaban obligados a trabajar constantemente ya que San Benito sostenía que “la ociosidad es el enemigo del alma”, sin embargo, el trabajo arduo, producto de un ascetismo severo no podía sustentarse en los conventos: En su regla San Benito manifiesta que la meta a conseguir es la “ dominación del cuerpo a través del alma”, pero no a partir de la mortificación del cuerpo, sino basada en el dominio de sí mismo5.

A continuación presento un pequeño extracto sintético de la Regla de San Benito:

“El ocio es el enemigo del alma, por eso , los monjes debemos dedicarnos a determinadas horas al trabajo manual y otras a la lectura de los libros sagrados6... Desde la Pascua hasta Octubre, los monjes, desde la primera hora que se levanten, hasta casi la cuarta, trabajarán en lo que sea necesario. Desde la hora cuarta y sexta que se ocupen de la lectura. Después de la hora sexta y después de levantarse de la mesa, que descansen en su lecho completamente en silencio... Si las exigencias o la pobreza del lugar lo exigieran, los monjes se preocuparan de cultivar los frutos de la tierra con sus propias manos”7

IMPORTANCIA Y TRASCENDENCIA

He considerado estos dos puntos en conjunto porque pienso que ambos están estrechamente ligados, ya que la importancia que tuvo la Regla de San Benito se traduce en la trascendencia que ha tenido para la vida en Occidente a partir del siglo VI y con más fuerza después de la orden de Carlomagno en cuanto a la utilización de la Regla en todos los monasterios de su imperio. Ciertamente este es uno más de los intentos unificadores del emperador respecto a sus territorios.

Los monasterios fueron el lugar de retiro de quienes querían huir del “mundanal ruido”, de los que buscaban el arrepentimiento y el perdón por los pecados cometidos, e incluso de quienes huían para evadir a los cobradores de impuestos. Sin embargo, la importancia de la vida monacal en occidente, se dio precisamente por la vía que san Benito no esperaba: el realizar servicios a la sociedad. Recordemos que San Benito sólo quiso proporcionar, a través de los monasterios, un lugar de retiro, y a través de su Regla, la regulación de la vida que habría de llevarse al interior de éstos, como forma única y exclusiva de alcanzar la vida eterna en conformidad al respeto de los mandamientos tanto de Dios como de la Regla.

No obstante, entre los aportes importantes de la Regla y por consiguiente, de la vida monacal consideramos los siguientes:8

  • Culturales, a través de la fundación de escuelas y de la función de los monjes escribanos.

  • Económicos, ya que como manifesté anteriormente, la existencia de huertos era con fines de subsistencia, mas a partir de las donaciones recibidas los conventos se convirtieron en grandes Estados Señoriales donde el abad era el señor de los campesinos dependientes (campesinos que se convirtieron en eruditos respecto al tratamiento de tierras).

  • Religiosos, el oficio divino se hizo imprescindible en un constante estado de guerra y belicosidad, y por último

  • Políticos, ya que el talento de los monjes fue aprovechado por los monarcas, al incorporarlos dentro del gobierno como escribanos, cancilleres, etc.

Es en este punto, donde la importancia y la trascendencia de la vida monástica y de la Regla, se topan hasta hacerse un solo concepto. Ciertamente, la importancia señala una visión universal. De algo que es común a todos y la trascendencia denota una visión futurista. Y a partir de esto es que mis consideraciones son las que siguen:

El aporte cultural, sin duda, es la acción más importante y, por ende, la de mayor trascendencia dentro de la gestión de la vida monástica, y lo digo desde mi punto de vista de historiador: los monjes escribanos “salvaron” fuentes de la antigüedad copiándolas pacientemente a la luz de una pequeña ventana, de otro modo no hubiésemos tenido acceso a ellas. Debo agregar además que dentro de los conventos se conservaron las tradiciones de pureza, honradez y elevación moral del mundo clásico, claramente sin conventos estarían perdidas. Recordemos que siempre se ha caracterizado la Edad Media como un período de oscuridad y analfabetismo, tal vez no todo el mundo sabía leer o escribir, pero sin duda los pocos que supieron hacerlo, calaron muy hondo en la historia, no sólo porque se dedicaron con tesón a realizar sus tareas, sino porque niegan la idea de oscuridad cultural a la que nos tienen tan acostumbrados ciertos historiadores. Es claro que la cultura era más religiosa, por así plantearlo, pero era la Iglesia quien se había convertido en la Institución más poderosa después de la caída del Imperio Romano, por lo cual no puede criticarse que los hombres hayan puesto su vida a disposición de Dios.

La Regla de San Benito, fue, como ya se ha señalado, la idea rectora de la vida religiosa en occidente y además de eso, significó la unión de un imperio en torno a una misma regulación; la vida eterna o más simple, la comunión con Dios era accesible a partir de la obediencia a la Santa Regla, he aquí el teocentrismo en su máxima expresión: La iglesia uniendo bajo su manto protector a un solo imperio, en un convulsionado mundo de pestes, invasiones y calamidades bélicas; y el hombre acudiendo a ella como niño que busca la protección de su madre.

A pesar de esto no puedo dejar de expresar mi desacuerdo con la severidad impuesta por San Benito, tal vez esto se deba a la época en la que vivimos, es claro que la perspectiva es otra, no obstante , no pude dejar de sorprenderme por aquellos mandatos que prohibían reír, que obligaban a andar con la vista baja o los castigos a los que eran sometidos los niños. Considero que la comunión con Dios puede alcanzarse sin necesidad de limitar tanto el comportamiento humano, la espontaneidad, mas no la indiscreción, es bastante apreciada por el Señor... En fin, tal vez San Benito se sintió tan profundamente impactado por la ligereza de costumbres que vio durante su vida en el mundo, que no encontró otra solución que presentar una Regla que rigiera si no todos, la mayoría de los comportamientos humanos, de modo tal que el pecado o los errores significaran castigos rígidos, para evitar la repetición de éstos. No hay que olvidar que “lo punitivo” muchas veces da más resultados que las apelaciones a la buena voluntad.

En el fondo, San Benito sigue teniendo la razón...

Su Regla, con casi 1500 años de antigüedad sigue siendo leída, estudiada, y lo que es más importante, practicada.

Historia General de la Edad Media, Tomo I, García de Cortázar, página 21.

2 Son estos principios los que orientan el nacimiento del monacato, es decir, son sus raíces. Este punto se tratará a continuación.

3 Pío XII lo proclamó como tal el 18 de septiembre de 1947, por otra parte Pablo VI lo declaró Patrón Principal de Europa en Montecassino el 24 de Octubre de 1964. Ambos nombramientos nos manifiestan la gran importancia que se le ha adjudicado a San Benito como real creador de la vida monacal de Occidente. No deja de sorprender que aún en el siglo XX, le sea reconocida su gestión, lo que ciertamente nos dice que a pesar que San Benito sólo quiso crear un lugar de meditación y acercamiento a Dios, terminó por crear un estilo de vida que perdura hasta nuestros días.

4 Sin duda San Benito también fue víctima de las “persecuciones” de discípulos y curiosos que se sentían atraídos por las experiencias y enseñanzas de alguien que había preferido huir del mundo. Según mi punto de vista, este hecho no hace más que afirmar que la constante persecución a la que fueron sometidos los eremitas, fue una de las razones principales para el surgimiento de la vida en comunidad: el cenobitismo. Que a su vez dio origen a la vida conventual.

5 Mis consideraciones respecto a este punto son básicamente dos: la primera es que el concepto de “mortificación del cuerpo” es más bien moderno, esto por cuanto actualmente la Iglesia Católica prohibe este tipo de manifestaciones de religiosidad extrema porque atentan contra el cuerpo del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. La pregunta que surge de esto es si San Benito pensaba de igual forma. Mi punto de vista es que si, ya que la comunión con Dios se alcanzaba mediante la oración y la reflexión que se realizaba en los conventos, cuyas pautas encontramos en la Regla. Por otra parte, considero que este mismo concepto debía aplicarse respecto al castigo de los niños por las faltas cometidas, ya el azotarlos también constituye una mortificación del cuerpo, además veo cierta contraposición en el sentido del castigo como “vara de disciplina” y la compasión que proclama San Benito para los ancianos y los niños.

6 En estas líneas se expresa la base de la Regla de San Benito como forma de vida : ora et labora

7 Este punto es muy importante ya que como veremos más adelante, el cultivo en los conventos, los convirtió en verdaderas “granjas”

8 Estos aportes son más bien en un contexto histórico inmediato, el real aporte lo podemos ver incluso hasta nuestros días.