Psicología de la conducta

Programa conductista. Conductismo. Edgar Chace Tolman. Clark Leonard Hull. John Broadus Watson. Enfrentamiento de teorías. Contingencias de reforzamiento. Conducta humana

  • Enviado por: Aïtxa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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La Psicología de la Conducta

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John Broadus Watson, un joven y ambicioso psicólogo, había elaborado ya en 1908 una aproximación puramente conductual a la psicología animal.

El 13 de febrero de 1913, inicia una serie de conferencias en la universidad de Columbia sobre << La psicología tal como la ve el conductista>>; su éxito le anima a publicarlas.

En este artículo utiliza un tono agresivo, dejando claro que se está publicando el manifiesto de un nuevo tipo de psicología. Su objetivo era repudiar el pasado y exponer una nueva concepción de la vida.

Crítica de la psicología mentalista:

Watson repudiaba lo que la psicología había sido hasta el momento, argumentando que había fracasado a la hora de encontrar su lugar en el mundo de la ciencia.

La psicología mentalista suponía un lastre para el progreso de esta como ciencia empírica, donde el primer rasgo a eliminar debería ser la introspección.

La psicología introspectiva dispone de un componente personal que no existe en las demás ciencias naturales.

Watson defendía que la conciencia era irrelevante para el trabajo con animales, ya que no aportaba nada nuevo a lo hallado con la observación de la conducta.

El programa conductista:

La psicología sería en este momento el estudio de la conducta adaptativa, no de los contenidos conscientes.

Watson aspiraba a aprender métodos generales y particulares mediante los cuales controlar la conducta; y emplear nuestros datos de un modo práctico.

Las imágenes se convertirían para los conductistas en un lujo mental carente de todo significado funcional; la conciencia sólo registra lo que decimos y hacemos sin influir en ello; el contenido de la mente no tiene relevancia funcional.

Las primeras respuestas. 1913-1918 :

Las respuestas al manifiesto publicado, pese a lo esperado, fueron pocas y contenidas.

En 1913 Angell, maestro de Watson, añadió algunas referencias en <<Behavior as a Category of Psichology>>, donde pone en duda la completa eliminación de la introspección en psicología.

Posteriormente Watson admitiría la introspección como una valiosa fuente de información sobre los procesos que conectan estímulos y respuestas.

Robert Yerkes critica también el desprecio pos la auto-observación, ya que esta distinguiría la psicología de la biología. Opinión a la que Tichener también se sumaría.

Una de las críticas más duras fue la de H. C. McComas, que planteó el conductismo como la continuación natural de la teoría de la conciencia y demostró que la teoría de Watson que asociaba el pensamiento a los movimientos de la laringe era falsa.

Tras analizar las críticas recibidas Watson decidió centrar en conductismo en la investigación con los reflejos condicionados.: el método Paulov aplicado a los humanos sería la herramienta de investigación del conductismo, pues proporcionaría la base para la predicción y control de la conducta en humanos y animales.

La edad de oro del conductismo

La psicología y la ciencia de la ciencia:

Los objetivos del positivismo no eran sino la descripción, la predicción y el control de la conducta; y sus técnicas debían de estar al servicio del control social en una sociedad gestionada racionalmente.

A principios del S. XX el positivismo únicamente aceptaba aquello que pudiera ser observado directamente (negando la existencia de átomos, electrones…); por lo que se vio en la obligación de dar un cambio brusco.

El nuevo positivismo, positivismo lógico, unía el compromiso empirista con la moderna lógica formal. Este positivismo comenzó, tras la Primera Guerra Mundial, en Viena. Sus características más importantes fueron la axiomatización formal de las teorías y la definición operacional de los términos teóricos. Los positivistas afirmaban que el lenguaje científico tiene dos tipos de términos; los más básicos los términos observacionales (referidos a propiedades observables). Los términos teóricos añadían explicaciones a las descripciones. Las teorías científicas consistían en axiomas teóricos que relacionaban los términos teóricos entre si. Para el positivismo las leyes de la ciencia no eran más que formulaciones resumidas de experiencias.

A pesar de su insistencia aparentemente nada sentimental, los positivistas lógicos eran en realidad idealistas románticos, para quienes las ideas eran la realidad última. No obstante, el positivismo convertía en ciencia cualquier campo de estudio; en primer lugar, definir operacionalmente los términos teóricos, en segundo lugar, formular la teoría como conjunto de axiomas de los que se puedan derivar predicciones, en tercer lugar, probar las predicciones, y, por último, revisar la teoría en función de lo que indiquen las observaciones.

El operacionalismo sostenía que los términos que no pudiesen definirse operacionalmente carecían de sentido científico, es decir, que los términos teóricos no podían referirse a entidades mentales, sólo a clases de conducta. El positivismo lógico se convirtió en la filosofía oficial de la ciencia para la psicología hasta los años sesenta.

El conductismo propositivo de Edgard Chace Tolman:

El problema central del conductismo era dar cuenta de los fenómenos mentales sin invocar la mente, pretendía erradicar la mente de la psicología afirmando que conciencia, propósito y cognición eran mitos.

Tolman, licenciado en electroquímica, ingresó en Harvard para cursar su postgrado en Filosofía y psicología, pero en los cursos de Münsterberg se dio cuenta de que el método de la psicología era la introspección. El trabajo en su laboratorio era de “naturaleza objetiva”. El neorrealismo le proporcionó a Tolman la base del problema de la mente. Tradicionalmente, las pruebas para demostrar la existencia eran de dos tipos; el hecho de darse cuenta de la propia conciencia a través de la introspección, y la aparente inteligencia y propositividad de la conducta. Consideraba que el “contraccionismo muscular” de Watson era demasiado simple para dar cuenta de ambos tipos de pruebas. Tolman relacionó con la introspección la teoría motora de la conciencia, sosteniendo que la introspección era sólo la “acción retroactiva” de la conducta sobre la conciencia. Lo que proponía Tolman era un conductismo metodológico que aceptaba la existencia de la conciencia pero que excluía su estudio del ámbito de la ciencia. También criticó la psicología “hórmica” de McDougall respecto a que esa teoría simplemente infería el propósito de la conducta. Sostenía: “La memoria, al igual que el propósito, puede entenderse como un aspecto puramente empírico de la conducta”. Tolman insinuó un enfoque más mentalista al problema, llegando a escribir que “los pensamientos pueden entenderse como presentaciones internas al organismo”. Tras su regreso de EE.UU, Tolman reformuló su conductismo propositivo con el lenguaje del positivismo lógico. La meta última del conductismo consiste en “enunciar la fórmula de la función f que conecta la variable dependiente con las variables independientes”. Los conductistas introducirán variables intervinientes que conectan las variables dependientes y las independientes. Tolman redefine su conductismo como “operacional”. Sus términos variables dependientes, independientes e intervinientes son contribuciones duraderas al lenguaje psicológico. En 1920 rechazó la concepción de los organismos como “máquinas expendedoras”, sino que los concibió como “máquinas complejas capaces de distintos ajustes”, de modo que cuando un determinado ajuste está en vigor, un estímulo dado suscitaría una respuesta, mientras que con un ajuste interno distinto el mismo estímulo suscitaría otra respuesta diferente. Del mismo modo, anticipaba la explicación de la mente propia del procesamiento de la información cuando describe la mente como una “sala central de control” en la que “los impulsos entrantes se suelen elaborar y transformar (…) en algo así como un mapa cognitivo del entorno.

El conductismo mecanicista de Clark Leonard Hull:

Hull afirmó, como antes había hecho Hobbes, que el pensamiento, el razonamiento y otras facultades cognitivas deberían entenderse como procesos de carácter mecánico, susceptibles de describirse y comprenderse mediante las matemáticas. Quería un “campo relacionado con la filosofía, con implicaciones teóricas”, tan nuevo que le permitiese “conseguir reconocimiento público” rápidamente y satisfacer su afición a las máquinas, y la psicología era la única disciplina que reunía estos requisitos. Efectuó investigaciones acerca del aprendizaje en enfermos mentales, investigando ámbitos no relacionados entre sí: la hipnosis, los efectos del tabaco en la conducta y los test de aptitudes, con los que empezó a ser reconocido en psicología. Diseñó una máquina para calcular las correlaciones entre las puntuaciones obtenidas en los diversos test de una batería de test. Hull tuvo que vérselas con el conductismo, aunque estaba de acuerdo con éste en criticar la introspección y exigir objetividad. Hull estaba interesado en la psicología de la Gestalt, sin embargo, la actitud negativa de Koffka respecto a Watson le convenció al conductismo, que precisaba mejoras de naturaleza matemática. Los “Principia” de Newton representaron para Hull su dogma, ya que representaba la cima de éxito científico.

Con el paso del tiempo, las máquinas psíquicas perdieron relevancia en los trabajos de Hull, quien cayó bajo la influencia del positivismo lógico. Afirmó que la psicología podía prescindir de la conciencia, ya que no se ha encontrado aún ningún teorema cuya deducción se vea facilitada por la introspección.

Posteriormente, trató de alcanzar la unión de la teoría de la conducta y el positivismo lógico.

Tolman frente a Hull:

Teorías enfrentadas:

El conductismo positivista de Tolman entró inevitablemente en conflicto con el conductismo mecanicista de Hull; a lo largo de los años 30 y 40 jugaron una especie de partido de tenis intelectual.

Aunque diferían radicalmente en sus explicaciones concretas de la conducta, no debemos olvidar que compartían importantes supuestos y objetivos, rechazaban que la conciencia fuese el objeto de la psicología y defendían que la tarea de la psicología era describir, predecir y controlar la conducta.

Tras la edad de oro:

El conductismo formal en peligro:

Tras la Segunda Guerra Mundial surge una nueva generación en la que salienta Sigmund Koch, quien mostraba que, juzgada con criterios positivistas la empresa de Hull era un completo fracaso.

El conductismo radical:

Salienta Burrhus Frederick Skinner, quien situaba la responsabilidad en el entorno.

Definió tres aspectos de su trabajo: la filosofía del conductismo radical, la ciencia del análisis experimental de la conducta y su interpretación.

El conductismo radical como filosofía:

Representaba una profunda ruptura con toda la psicología, pues defendía que la verdad debe buscarse en las observaciones mismas. Para Skinner la conducta era también hereda del análisis darwiniano, que afirmaba que las especies producen rasgos variables sobre los que la naturaleza actúa de forma selectiva.

Las contingencias de reforzamiento:

Llamamos variables independientes a las influencias de una conducta, y variable dependiente a la conducta en función de ellos, por lo que el organismo queda reducido al lugar de confluencia de las variables. La relación científica no es más que una descripción de la relación entre dichas variables.

Skinner distinguió dos tipos de conductas aprendidas: conducta respondente o refleja (que se corresponde con la involuntaria) y operante (con la voluntaria)

La metodología operante:

Skinner eligió una situación experimental que mantenía la fluidez de la conducta, negándose a fragmentarla en ensayos arbitrarios y artificiales.

La interpretación de la conducta humana:

En “Verbal Behavior” pretendía establecer la verosimilitud de un análisis conductista radical del lenguaje.

Introdujo una serie de conceptos técnicos, que constituyen el conjunto contingencias de reforzamiento: estímulo, respuesta y reforzamiento. Un tacto será, pues, una respuesta operante verbal bajo el control estimular de determinados componentes del entorno físico; y el uso correcto de los tactos se ve reforzado por la comunidad verbal. Este análisis plantea una cuestión general sobre su tratamiento de la conciencia humana. El tacto referido a uno mismo también permitió explicar las conductas verbales aparentemente propositivas sin hacer referencia a alguna a la intención o al propósito. El último tema tratado en esta obra era el pensamiento, afirmando que el “pensamiento no es más que conducta”.

El conductismo filosófico:

Surge de los problemas con la psicología animal y como gesto de rebeldía contra el mentalismo introspectivo.

Existe una psicología popular que merece la atención, ya que si no hay procesos mentales, por qué el lenguaje común es tan rico en descripciones de la mente.

El conductismo lógico:

El positivismo lógico es una teoría semántica acerca del significado de los términos mentales.

Resultó tan evidentemente falso que constituía un blanco fácil para los filósofos de otras tendencias.

El fantasma en la máquina :

Ryle acusaba a descartes de cometer un error categorial al considerar la mente como algo distinto del cuerpo, y de algún modo subyacente en la conducta.

Ryle afirmaba que la mente es sólo conducta, y los predicados mentales simples descripciones de la conducta.

La mente como construcción social:

Ludwin Wittgenstein afirmaba que los filósofos cartesianos habían llevado a creer a la gente que había objetos mentales y procesos mentales, cuando en realidad no existía ni lo uno ni lo otro.

Tenía una nefasta opinión de la psicología y afirmaba que << la confusión y la esterilidad de la psicología no se explica únicamente denominándola “ciencia joven”. Porque en el psicología hay métodos experimentales y confusión conceptual.>>

El declive del conductismo:

Chomsky resucitó lo que consideraba que era el programa racionalista de Descartes, proponiendo explicaciones sumamente formales del lenguaje, arremetiendo contra las ideas empiristas en lingüística, psicología y filosofía.

Afirmo que si se trataba de utilizar los términos de Skinner en un sentido estrictamente técnico, se podía demostrar que no eran aplicables al lenguaje. El lenguaje humano no se entenderá hasta que la psicología describa las estructuras que subyacen al habla y al acto de escuchar el habla.

Para Chomsky el lenguaje era una facultad humana.

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