Problema de género en enfermería

Profesión. Sociedad. Exclusión. Varones. Enfermeros. Tabú. Problema

  • Enviado por: Fernando
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 4 páginas
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EL PROBLEMA DE GÉNERO EN EL DESEMPEÑO PROFESIONAL DEL HOMBRE EN LA ENFERMERÍA

INTRODUCCIÓN

La profesión de enfermería, en la mayoría de las culturas, era y en algunos casos es. Considerada por tradición, como una profesión exclusiva, o en algunos casos, mayoritaria para el sexo femenino. Sin embargo, desde sus inicios, ha contado con la invaluable participación del sexo masculino, ya sea éste como médicos, enfermeros, gobernantes o empresarios.

A través de la historia, podemos encontrar que las actividades de enfermería han estado presentes en los procesos de sanación y prevención desde tiempos muy antiguos, más sin embargo no existen registros de cuando exactamente el hombre se inicio en este campo profesional, en forma reconocida socialmente. La presencia del personal masculino de enfermería se encuentra vinculada principalmente en tiempos de guerras y desastres naturales de gran magnitud, ya que éste tipo de eventos requieren de fortaleza y generan un gran desgaste físico y emocional.

Esto supone, que desacuerdo a la constitución física, psicológica y emocional, el hombre es más idóneo para los eventos antes mencionados, pero, a través del tiempo y del desempeño profesional de muchos hombres que han incursionado en ésta área intelectual y laboral, se ha demostrado, que los hombres también pueden desempeñarse en especialidades donde las mujeres, dada su naturaleza delicada y maternal, se desempeña exitosamente.

SER ENFERMO, UN PROBLEMA DE GÉNERO

Existen algunos factores que rezagan al hombreen actividades que en el principio del siglo XX eran todavía reconocidos como actividades propias femeninas.

Actualmente, a principios de un nuevo siglo, nos encontramos con problemas de usos y costumbres que convierten en un tabú la práctica profesional de enfermería por personas del sexo masculino. La actuación de los enfermeros es opacada y poco reconocida, esto queda de manifiesto en la escasa mención que se tiene de los profesionales de enfermería varones a través de la historia, no solo nacional sino internacional también, dándose a entender con esto, que esta profesión es ejercida y reconocida como una actividad ejercida primordialmente por mujeres.

Este problema de género, donde la mujer era la principal participante, no solo está presente en la relación laboral, sino a través de la costumbre social (con influencia directa de las modas e ideologías de la época donde se haga la reflexión del problema) que convierte en un tabú la asistencia y participación de los varones en los ámbitos de la enfermería, afectando el deseo y desempeño profesional de éste, así como una afección indirecta de las nuevas generaciones de hombres que pretende (o ya en algunos casos solo pretendían) estudiar y dedicarse a esta digna profesión.

EL ANÁLISIS DEL PROBLEMA

Aunque actualmente es “común” ver enfermeros, existe un velado, aunque palpable rechazo hacia ellos y su ejercicio profesional, no solo desde el punto de vista social, sino también desde el laboral, educativo y hasta familiar. Este rechazo social se puede rastrear desde el seno familiar, en donde el hombre se ve envuelto en una influencia, en algunos casos pasiva y en otras activa y muy marcada, para que éste desista de su decisión y aspiraciones de convertirse en enfermero, buscando de una u otra manera que se integre a otro perfil educativo (cambio de carrera).

El rechazo social sigue persistiendo en el apartado social escolar, en donde son los mismo compañeros, compañeras, maestros y maestras de la carrera de enfermería o de otras que se imparten en el mismo campus educativo, quienes tienden a realizar “etiquetas sociales” de tendencias sexistas hacia los estudiantes varones de enfermería.

Ahora traslademos el problema hacia la población que recibe el servicio profesional de los enfermeros, incluyendo también, en todos los casos previstos, a los familiares tanto directos como indirectos de los clientes que reciben dicha atención de enfermería, que en ambos casos, dependiendo de factores como el carácter, la edad, la cultura, la tolerancia, el nivel educativo, las circunstancias económicas, la problemáticas médica, los hábitos y las costumbres de la región, son los determinantes de la influencia de una u otra forma de la aceptación que se les brinda a los enfermeros.

Por último analicemos el rechazo social que se sucinta en el ámbito laboral, en donde aún cuando es más difícil que se observe dicho rechazo, existe, solo que aquí, aparte de los factores antes mencionados (con excepción de las circunstancias médicas), se tienen que anexar otros factores como: el grado de relación social extra-profesional y extra-laboral entre los compañeros de trabajo, la cantidad de enfermeros existentes en la planilla laboral, el impacto de las actitudes y acciones (en algunos casos inmediatas y otras a través del tiempo) tanto de los enfermeros en activo como los que ya no lo están, y por último, las ideas y técnicas de integración social-laboral entre compañeros de trabajo, los cuales deben ser impuestos por las jefes de cada una de las disciplinas y actividades profesionales del hospital.

Un problema de rechazo laboral que es muy marcado y palpable en nuestra sociedad, es la cantidad de espacios para desarrollarse profesionalmente el enfermero, fuera de los existentes en el área gubernamental (IMSS, ISSSTE, SSA, DIF, DDF, Marina, Ejército, etc.), esto es, en la industria del negocio de la salud privada, en donde, siendo su fuerte principalmente la medicina ginecológica, obstétrica y pediátrica, aunado a esto la ideología de la venta de imagen, impiden que un hombre profesionista de la enfermería encuentre tan fácilmente empleo en este sector, como lo sería para una mujer en las mismas circunstancias.

Por otra parte, siguiendo la misma idea del párrafo anterior, pero ahora en el ámbito educativo (hablando exclusivamente de enfermería), igualmente, fuera de lo que son las instituciones de gobierno (CONALEP, DGETI, CBETA, SSA, IMSS, ISSSTE, etc.) y de las instituciones educativas de gran trayectoria y multi-profesionales (UNAM, UAM, IPN, etc.), la industria privada de la educación de enfermería prefiere a las maestras, exceptuando las materias 100% medicas, que a los maestros (enfermeros) para realizar la función de educadores de las nuevas generaciones de enfermería.

LA DIFERENCIA ENTRE ENFERMERAS Y ENFERMEROS

En este punto lo primero que hay que hacer es preguntarnos, ¿existe realmente una diferencia entre las enfermeras y los enfermeros?, esto sin incluir las evidentes diferencias biológicas propias del organismo humano; también podríamos preguntar, ¿cuáles son las diferencias que existen entre enfermeras y enfermeros que les impide ser iguales desde el punto de vista profesional?. La respuesta a ambas preguntas se puede resumir en una sola palabra NINGUNA, es decir, NO se puede hallar en ningún lugar o documento alguna diferencia existente entre ambos sexos como profesionales de la enfermería, para ello analicemos con detalle los conceptos tales como enfermería, enfermera y enfermero.

La definición de enfermería ha sido expresada a través del tiempo por diversos profesionales y organizaciones de enfermería. Podríamos colocar como punto de inicio la definición proporcionada por Florencia Nightingale, quien en 1860 la define como ¨¨”(La) actuación sobre el entrono del paciente para ayudarle en su recuperación…”1. A partir de entonces, diversos personajes han enriquecido el concepto de enfermería integrando factores como: Los procesos humanos, de Hidergard Peplau (1952); la integración de l individuo (en la manera de sus posibilidades físico-patológicas) a las tareas normales de su vida, de Virginia Henderson (1960); las actividades de enfermería en la comunidad como parte importante de la interacción del individuo, de Faye Abdellah (1960)2. El concepto más utilizado como referencia para definir a la enfermería es el realizado por “The American Nurses Asociation”, cuyo concepto dice: “…es el diagnóstico y el tratamiento de las respuestas del ser humano a los problemas actuales o potenciales de salud.”3

Por lo tanto podemos definir a la enfermeracomo: La profesional femenina que cuenta con una preparación específica en las bases científicas y técnicas de la profesión de enfermería, y que está capacitada para prestar los cuidados necesarios a los pacientes – clientes ya sean sanos o enfermos. En este mismo sentido podemos definir a enfermerocomo: El profesional varón que presta diversos servicios de enfermería dirigidos a pacientes en general, quien para llevar a cabo dichas funciones, debe contar con una preparación y una capacitación especifica en las bases científicas y técnicas de la profesión de enfermería.

Como se puede observar, en ninguna de las definiciones se hace alguna diferenciación, por mínima que se pueda imaginar, que exponga las “diferencias” que existen entre el profesional de enfermería varón, en contraparte de su homólogo femenino, en su ejercicio profesional, preparación académica o desenvolvimiento social.

CONCLUSIÓN

En esta sociedad tan dividida por los roles de género sexuales en cualquier área de nuestra vida, hace más difícil el desempeño profesional del personal de enfermería. Los hombres (al igual que las mujeres) a través de la historia de la enfermería, han apoyado, defendido y luchado para engrandecer a la profesión.

La profesión de enfermería es de servicio, no de rivalidad social, física o intelectual, esto por el simple hecho de tratar con lo más sagrado de la creación divina, las vidas humanas, por ello, no podemos darnos el lujo de perder nuestro tiempo en cosas banales y perder de vista el rumbo y la filosofía de nuestra profesión.

Éste es el momento de unificarnos como gremio que somos, dejando en el olvido las diferencias sexuales o físicas, para que juntos podamos engrandecer a la profesión de enfermería y forjar las bases para el desarrollo personal y profesional de los futuros profesionistas, y así poder cumplir con el cometido expresado al final de nuestro “voto de la enfermera”, el cual dice:

“Ser siempre mas… Ser siempre mejor.”4

BIBLIOGRAFÍA

  1. Abbagnano, Nicola. Diccionario de Filosofía. 3° edición. México: Fondo de Cultura Económica. 1981
  2. Frank – Charles, Maria; Elizondo, Teresa. Desarrollo Histórico de la Enfermería. 1° edición. México: Prensa Medica Mexicana. 1981.
  3. Guisa – Azevedo, Jesús. Diccionario de Términos Médicos de Raíz Griega. 1° edición. México: Instituto Politécnico Nacional. 1996.
  4. Kosier, Barbara; Erb, Glenoria; Clivieri, Rita. Enfermería Fundamental, Conceptos, Procesos y Prácticas. 4° edición. México: Interamericana. 1993: vol 1
  5. Lain – Entralgo, Pedro. Historia de la Medicina. 1° edición. México: Masson – Salvat. 1978 (1998r)
  6. Lamas, Marta (compiladora). El Género: La construcción Cultural de la Diferencia Sexual. 1° edición. México: Porrúa. 1996.
  7. Loredo – Días, Luz. Efemérides de Enfermería. 1° edición. México: Interamericana. 1986.
  8. M. – Jamieson, Elizabeth. Historia de la Enfermería. 6° edición. Argentina: Interamericana. 1986.
  9. Molina – H., María Teresa. Historia de la Enfermería. 2° edición. Argentina: Interamericana. 1973.
  10. Navarro, Marysa; R. – Simpson, Catharine (compiladoras). Sexualidad, Género y Roles Sexuales. 1° edición. México: Fondo de Cultura Económica. 1999.
  11. Universidad del País Vasco. Mujeres y Realidad Social “Memorias del 2° Congreso Mundial Vasco”. 1° edición. España: Editorial Universitaria. 1985

1 Frank – Charles, Maria; Elizondo, Teresa. Desarrollo Histórico de la Enfermería. 1° edición. México: Prensa Medica Mexicana. 1981. Pág. 165.

2 Kosier, Barbara; Erb, Glenoria; Clivieri, Rita. Enfermería Fundamental, Conceptos, Procesos y Prácticas. 4° edición. México: Interamericana. 1993: vol 1, pág. 2

3 Ibíd., pág. 3.

4 Último fragmento del VOTO DE LA ENFERMERA de Florencia Nightingale.