Porqué se fueron las garzas; Gustavo Alfredo Jácome

Literatura contemporánea hispanoamericana del siglo XX. Narrativa ecuatoriana. Escritores ecuatorianos. Indígenas. Cultura indígena. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Luisa
  • Idioma: castellano
  • País: Ecuador Ecuador
  • 8 páginas
publicidad
cursos destacados
Cómo montar un Ordenador
Cómo montar un Ordenador
En este curso te guiamos de una forma muy práctica y gráfica, para que puedas realizar el montaje de tu...
Ver más información

Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
El curso de Reparación de Telefonía Celular o Móvil está orientado a todas aquellas...
Ver más información

publicidad

GUSTAVO ALFREDO JÁCOME

Análisis de porque se fueron las garzas

El indigenismo en la novela ecuatoriana aparecido con Fernando Cháves (Plata y Bronce), que alcanza su mayor altura con las obras de Icaza, parecía haber perdido fuerza en la narrativa ecuatoriana. Gustavo Alfredo Jácome, con su novela Porqué se fuerón las garzas, actualiza el tema indigenista y confiere mayor importancia, enfoca el problema indígena, tomando en consideración el desarrollo económico y social.

Es autor de innumerables obras de carácter didáctico y varios ensayos de análisis y critica literaria. Su preocupación por los problemas de su pueblo aflora en sus primeras obras narrativas: Barro dolorido, que es un conjunto de quince cuentos, dos de los cuales merecieron premios nacionales. Mas tarde aparece otro conjunto de cuentos: 7 cuentos. Una de sus obras fundamentales: porqué se fuerón las garzas, novela que aparece en 1979. finalmente surge una segunda novela:

Los Pucho - Remaches.

Su constante preocupación por el indígena otavaleño es el principal motivo que impulsó la creación de su obra. Al analizar los datos de su investigación, Jácome descubrió que los habitantes de Peguche y Qinchiqui poseían no un complejo de inferioridad sino de superioridad. Jácome encuentra en estos asuntos el tema novelesco.

RESUMEN DE LA OBRA

Porqué se Fuerón las Garzas

Mi corazón brincaba de los recelos a las sacadas de pecho. Si me caso con gringa, que va a decir la gente de Quinchibuela. Me veràn mal. Me haràn a un lado. Haran conmigo lo mismo que hicieron con el Angel Farinango, el único natural que logrò casarse con una blanca de Imbaquì. No le perdonaron por nada del mundo, por más que regalò las campanas para la capilla de la parcialidad. Con ese pretexto entrar en amistad y convidar a su casa a tos los ayllus. Nada. Se quedó con puerquito despostado, porque nadie se movió de su casa. Desesperada, ella, pretendiendo igualarse a las mujeres de Quinchabuela, se humanó, a vestirse como india. Nada. la misha era misha y no había qué hacer. Y en mi caso, ¿qué dirán, qué haràn al verme llegar casado no con blanca no más sino con gringa. Aiura ya sé lo que dicen. Han querido que después de haber vivido siete años en el extranjero y de haber alcanzado el título que he alcanzado, ¿Y por qué me murmurarán solamente a mí, si yo conozco unos amores de dos plazas entre naturales y gringas.

El Cabascango, natural como yo, anda amishcadote de otra gringa. Sé que también dos longas de la comunidad de Quinchibuela que vivían en la Villa se han casado con franceses y que los hipis guambrean de lo lindo a las longas. Entonces, ¿qué? Tranquilo Andrés Tupatauchi. Pero

a quienes quería verles muertos de iras viéndome casado con gringa, era a los llamados blancos de Imbabura A ellos, que a pesar de sus ínfulas, ninguno ha logrado casarse con gringa. Me imaginaba la envidia remordida que tendrìan al ver que un indio, que según ellos nada vale, les había ganado en títulos y en mujer. Sufrí en el cuarto año de colegio, cuando me enamore de una compañera blanca que por bonita y bien hecha le hicieron abanderada. Cómo le quise con mi alma arrinconada en mi insignificancia de indio. Cómo sufri con ese amor sin esperanza. Yo, sarapanga, queriendo coger una estrella. Con dejar que mis ojos fueran tras de ella, como perro. Sí, como perro en tiempo de choclos, así atzagnado el brazo para no hacer daño. Y como perro le meneaba el rabo cuando alguna vez mis ojos se encontraban con los suyos, tan bonitos. Mataba todas las materias para ser uno de los mejores en el curso y para que ella se fijara en mí. Qué cuidado ponía en mi aseo para hacerme digno de ella. Me convertí en una cría de indio, manso y bien domesticado, para congraciarme con ella. Y cuando en el cuarto curso ya fui considerado el mejor estudiante, dos veces cuando preparábamos los exámenes trimestrales, me pidió que fuera a su casa para juntos repasar las materias que consideraba eran mi fuerte. Cómo me latió el corazón y cómo me arreglé para ir a su casa, sobre todo la primera vez. Madrugué a bañarme, a aguaitarme la cara, las manos, las uñas. ¿Qué es pes, fiesta tendrás, Andrés? -me averiguó la Mila que me preparaba la mejor mudada. Pero para mí era mejor que tener fiesta. Me aprendí de memoria las materias del examen. Repasé los gestos, las posturas, para dar la mejor impresión. Ensayé hasta la

inclinación de cabeza al saludar con su papá, con su mamá, con sus hermanas, con el perro. La Mila me trenzó bien el guango.

Minutos antes de la hora fijada, reloj en muñeca temblorosa, ya estuve cerca de su casa me alcanzó a ver por la ventana y salió a recibirme en la puerta de la calle. Qué bonita era. Entramos a la salita. Allí estaban dos compañeras, Me sentía algo como engañado. Creí, tontamente, que iba a estar a solas con ella, Pero, bueno, estaba en su casa, y ella, juntito a mí, con sus pelitos bayos cosquillándome las sienes al leer en mi cuaderno, oyendo mis explicaciones. Esas tres horas, fueron minutos de cielo para mí. Como mis cuadernos de resúmenes tenían fama entre mis compañeros de ser los mejores llevados -a dos y tres tintas, con letras de adorno en los títulos y subtítulos, entonces me sonreía y yo sentía que esas sonrisas eran solo para mí, eran solo mías, Cuando me devolvía, yo rebuscaba algún apunte. Las dos idas a su casa y las veces que me había pedido prestado mis apuntes, hicieron que en mi tonto pensamiento urdiera no sé qué locas ideas que me llevaron a tramar algo que fue mi perdición. Una tarde, sobresaltado, nervioso, me pasé aguaitando las vitrinas de una papelería de Imbaquí. Cuando alguien se acercaba, yo me hacía el que nada, el que miraba los libros y revistas, pero vuelta, ojo a las tarjetas postales. Buscaba una como para mí, una que por su significado hiciera juego con lo que yo sentía, una que le llegara al alma. Al fin, después

de tanto escoger, me resolví por una que tenía un dibujo de un gran corazón herido por unas espinas. Armándome de coraje, entré, y con el billete sudoroso en mis manos, saludé a la señorita y le señalé la tarjeta que quería. Ella abrió la vitrina y se volvió a mí para asegurarse: ¿esta de corazón herido? Me pareció que en su voz había una sonrisa burlona. Sí. Y sentí que mi susto con vergüenza me bajaba por la espalda. Pagué y antes de salir de la papelería, escondí la tarjeta como que hubiera robado. Cuántos días me habré pasado porfiando por escribir el borrador. Tachaba, borraba, rompía. Quería decirle algo bonito, dejar que hablara mi corazón, pero nada.

No decía mi sentimiento, mi loco amor, mi pena, mi desesperación. Y miraba las nubes y miraba las lomas y dejaba que mi alma se fuera como ellas para decirle cantando, con ese

arrullo, así de triste, así de escondido, así de tierno. Desde arriba me espiaba el cerro. Taita Imbabura: no he subido todavía hasta tu shungo de piedra a graduarme de jari. Pero ya soy hombre porque ya siento en mi pecho lo que vos sabes que siento, porque ya sufro como un

hombre, porque ya he aprendido a llorar para adentro. Ayúdame, taita Imbabura, y hace que ella tenga corazón para mí, siempre me salió con la voz el lloro. Cuánto me costaba sentir lo que sentía. Los blancos, en cambio, con qué concha que se declaran nomás y con qué felicidad lograban ser correspondidos. Cantaban que a la primera les besaban tras las esquinitas, en los zaguanes de sus casas, en los callejones, en el cine. Eran ellos los que recibían los recados de las muchachas, ve, la Betty dice que te quiere y qué es lo que decís vos. Ellos les chachariaban. Alabanciosos, decían que les habían besado y otras cosas más. Yo no contaría a nadie, yo me guardaría para mí. Ella era mi flor de romero, mi espiguita de trigo,

mi pluma de garza, mi rosa y mi espina. Yo seguiría la universidad. Mis padres tejedores así me habían ofrecido. Estudiaría día y noche, me graduaría, sería el profesional, trabajaría para ella, adoraría toda la vida.

Yo sería su criado, su esclavo, si, su criado y su esclavo, Cuando tuve lista la tarjeta, esperé que me pida alguno de mis cuadernos. Pasaron muchos días, para mis ansias. Yo guardaba la tarjeta con susto, le llevaba al colegio pero metida entre el forro y la tapa de un cuaderno. Al fin, un día llegó lo que esperaba porque se me acercó y me sonrió y me pidió uno de mis apuntes. Sudando, temblando, le entregué y quise sonreír también, pero sentí que mis ojos, que mi cara, que mi cuerpo entero me traicionaban. Me dio las gracias y se fue, y con ella, mi cuaderno.

Le hojiaría en su casa, encontrará el sobre y leerá su nombre, reconocerá mi letra, tal vez ¿será un susto con mezcla de agrado? Si es así, abrirá el sobre, apurada, con su pecho en oleaje, como totora de laguna en día de viento.

Mila, madrugué al colegio y me escondí en un lugar para verla llegar. Quería adivinar su respuesta en la manera de caminar, en el uniforme, en el peinado, antes de poder ver de cerca su cara y sus ojos. Pero esperé de gana, por que no fue ese día ni el siguiente. Pensé lo peor. Pero yo mismo traté de engañarme: ¿Cayó enferma? ¿Tuvo que viajar? ¿Alguien está enfermo en su casa? No me atreví a preguntar a mis amigas. Tuve miedo de despertar sospechas. Al tercer día, desesperado, resolví ir a dar vueltas por cerca de su casa. Tal vez alguien me dé alguna razón. Quizá le alcance a ver de lejos, por lo menos. Así fue, porque después de horas y horas de humilde y desesperada espera. Al verme puso cara de susto, se dio media vuelta y entró corriendo a su casa. Después de un rato salió su papá como perro de hacienda y con insultos en ladridos y una feroz carrera se vino contra mí. Tuve que correr y desbarrancarme quebrada abajo. Allí, en el fondo, sucio, rasguñado, enlodado, y más que todo herido en mi alma, con el corazón sangrante, tal como el de la tarjeta, allí terminaron mis ilusiones de perro enamorado de la luna. Y allí comenzó también mi tormento. Muchas noches, muchos días sonaron en mis orejas, como chilpidos por el eco, los insultos. Tenía que sacarle de mi cabeza, y su recuerdo se emperraba en mi alma. Yo ya no tenía esperanza alguna. ¿Por qué entonces me moría por ella? ¿Por qué no se miba de mi mente sus ojos, su cara, su personita? En esas noches, en esos libros, en esos campos, me dolía más que nunca haber nacido indio, ser lo que era, un pobre runa, y sin embargo, sentir lo que sentía. Me quería morir,

ARGUMENTO DE PORQUÉ SE FUERON LAS GARZAS

La historia es la siguiente: Andrés Tupatauchi nativo de Imbaquí, personaje principal de la obra, que en muchos de los pasajes no narra su vida en primera persona, evoca los recuerdos de la niñez. Trae a su imaginación la figura de su hermana Mila, de sus años escolares, de su primera comunión y de sus primeros contactos físicos y espirituales. Nos hace ver que desde

aquella época surgió entre los dos hermanos una estrecha relación afectiva. Luego, nos cuenta su vida de colegial y su enamoramiento de una muchacha blanca. Andrés sufre una gran frustración cuando los padres de la muchacha la envían a Quito por el castigo de haberse enamorado de un indio. Consigue una beca después de graduarse de bachiller, y viaja a Estados Unidos, en donde obtiene el título de Doctor. Allá, mientras realiza una investigación en un libro de Udo Oberem, surge en Andrés, la idea de que puede ser descendiente de Atahualpa, por su apellido Tupatauchi, esta noticia, que circula entre sus compañeros de estudio, le hace famoso en la universidad norteamericana. Sostiene amoríos con varias muchachas, hasta que contrae matrimonio con Karen, sobre todo, por los recuerdos imborrables de su hermana Mila. Regresa a su tierra con su esposa gringa y se inicia un nuevo conflicto, con sus familiares y con los mestizos, sobre todo, cuando, cuando es nombrado Rector del Colegio de Quinchibuela. Aflora en Andrés lo que se ha denominado racismo al revés. Es la hora del desquite. Trata despóticamente a su secretaria y a otros profesores del Colegio y se enfrenta con los mestizos de la población. Se vuelve defensor de las causas de los oprimidos. Muchos de estos privilegios, como el de lograr la cancelación del Jefe Político, los alcanza por mediación de Mila, que se ha convertido en el amante del General Dictador. Continúa sus investigaciones por conocer su verdadero origen y llega al punto de convencerse de que en realidad es descendiente de Atahualpa. Así, justifica para sus adentros sus relaciones incestuosas con su hermana. Considera que está cumpliendo con la costumbre incásica de casarse con su propia hermana. Karen, que ha conseguido trabajo en la Embajada de Estados Unidos en Quito, se va dando cuenta de la falsa imagen que se creó de un Andrés, Príncipe de un imperio. No logra acostumbrarse al ambiente indígena y un día retorna a su país. La historia principal, que es la de Andrés, se intercala con otras pequeñas historias, como la de Ttburcio Tacagón, la de los indios, que tienen relaciones con las gringas en Otavalo y en Imbaquí, la historia de la religiosa que se enamoró de un indio: SorAngelita y José Farinango. Se presentan también relatos históricos sobre la vida de los indios en la Colonia y en la República, se mencionan algunos levantamientos indígenas y obreros en nuestro país y fuera de él: se narran acontecimientos de lo que se llama realismo mágico, como en la ascensión al monte Imbabura. La novela concluye con una evocación de todos los acontecimientos, sobre todo, de los que le vinculan con Mila, de los que le asedian para conocer su origen, de los que le enfrentan a los blancos y a los mestizos y aún a los de su misma raza, de los que le llevan al lado de Karen. Pero sobre todo, los que le atan a Mila.

El último fragmento de la obra dice así: "El día volaba ya alirroto hacia el moridero de Muenala. Levantadas por un viento siniestro, las garzas, como lalmita de la laguna, levantaron también el vuelo. Aspergeando melancolía se enrumbaron hacia el occidente. Se las vio alejarse con las alas ya lamidas de ocaso. Pero ellas volaban sin retorno".

DETERMINACIÓN DEL TEMA CENTRAL DE LA OBRA

La vida de un indígena y su enfrentamiento con la sociedad como consecuencia del titulo academico alcanzado y de su matrimonio con una extranjera, la búsqueda de su propia identidad y la convicción de su ascendencia real.

Los Personajes

Andres Tupatauchi

Karen

Tiburcio Tacagon

Mila

La mama de Mila

El papa de Mila

Sor Angelita

Jose Farinango

LA NUEVA NOVELA

Gustavo Alfredo Jácome

Biografía

Nació en Otavalo. Maestro. Inició su labor docente en una escuela rural y en riguroso ascenso ha llegado a la cátedra universitaria. Fue experto de la UNESCO y como tal cumplió una mi sión en Paraguay. Asistió invitado al Primer Congreso Mundial de Protección a la Infancia, realizado en Viena en 1952. También al Congreso Mundial de Semántica General, México, 1958. Es Miembro de Número de la Academia de la Lengua. Ha obtenido siete primeros premios en concursos nacionales sobre asuntos literarios. Dos de estos premios corresponden a otros tantos cuentos de “Barro Dolorido”.

Ha publicado Luz y Cristal (Quito, 1945); Ronda de la primavera (Buenos Aires, 1946); Biografía de Luis Felipe Borja (Quito, 1947); Barro Dolorido (Quito, 1961); Romancero Otalaveño (Quito, 1967); La imagen en la poesía de Cesar Davila Andrade (Quito, 1971); En la muerte de Pablo Neruda (Quito,1974). Además, diez textos escolares para la enseñanza de idioma nacional, cuatro para la escuela primaria y seis para el colegio.

Obras

Obras de que hay selecciones en este sitio son enlaces subrayados.

Luz y cristal (1945)

Ronda de la primavera (1946)

Biografía de Luis Felipe Borja (1947)

Barro dolorido (1961)

Romancero otalaveño (1967)

La imagen en la poesía de Cesar Davila Andrade (1971)

En la muerte de Pablo Neruda (1974)

Siete cuentos (1985)

"La Torre de Babel"

INFORMACIÓN ADICIONAL GUSTAVO ALFREDO JÁCOME (Otavalo, 1912)

 
Narrador, poeta, ensayista y catedrático universitario. Su narrativa indaga en torno a alternancias distintas frente al indigenismo tradicional. Según el poeta Jorge Enrique Adoum, "Jácome no toma a su personaje con simpatía o simple aproximación, sino con una verdadera identificación que le permite descubrir, en toda su hondura, los elementos constitutivos del alma indígena: la solidaridad, la resignación y, sobre todo, esa ternura sin límite posible que parece ser su propia definición."