Pobreza

Ciencias sociales. Países. Datos peruanos. Reducción. Medición. Método de Necesidades Básicas Insatisfechas. Solución

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INTRODUCCION

El presente trabajo de investigación a sido desarrollado con el objetivo de dar a conocer la situación que viven las personas pobres en nuestro país, porque viven como mendigos, originado como consecuencia del costo de vida muy alto, la crisis económica que se vive en nuestro país.

Así primero para poder conocer la situación, las causas de pobreza en nuestro país tratamos de analizar la pobreza para poder definirla, presentamos en trabajo en tres capítulos.

En el primer capitulo vamos a definir muchos conceptos para poder entender muchos temas que nos ayudaran a entender los problemas sociales, políticos culturales que son causa de la pobreza

En el segundo capitulo analizamos la situación de nuestro país tocando temas como los programas que se han venido aplicando para reducir el nivel de pobreza en nuestro país, así como la situación actual de nuestro país.

En el tercer capitulo analizamos la pobreza ya como problema mundial es decir para entender porque es que en diferentes partes del mundo hay tanta pobreza que aún no se puede controlar.

En América Latina existe un alto porcentaje de pobreza y por lo tanto es importante estudiarla y poder comprender la situación de nuestro continente.

Para realizar este trabajo se ha empleado bibliografía referida a la pobreza, así como datos estadísticos y colaboración de personas entendidas en el tema, así como entrevistas realizadas a diversas personas.

Nuestro agradecimiento a todas las personas que han hecho posible este trabajo y que pongo a consideración de vuestra cátedra.

La Alumna.

CAPITULO I

CONCEPTOS Y DEFINICIONES

  • ¿Qué es la Pobreza?

  • La Pobreza es una situación en que no es posible satisfacer necesidades básicas, por eso la pobreza esta ligada estrechamente al empleo, a los ingresos de trabajo o a la distribución de los recursos o el patrimonio, al analfabetismo es una de las principales consecuencias de la pobreza.

    Puede ser vista, y sobre todo, operacionalizada, como infraconsumo debido a insuficientes o inestables ingresos.

    La pobreza, es uno de los principales problemas socio económicos que enfrentan los países, en especial, aquellos en vías de desarrollo.

    Son muchos los factores y situaciones que generan pobreza, y por ende, medirlos para poder luego formular o diseñar programas que permitan su control, solución o alivio, se ha convertido en la principal preocupación de los diseñadores de políticas sociales y económicas.

  • ¿Qué es ser pobre?

  • Ser pobre es un término impreciso, con importantes variaciones históricas en cuanto a los niveles de acceso al consumo, la salubridad, la educación y el ocio que definen lo que es la pobreza. Ser pobre tiene un significado determinado por la sociedad en que se vive y su experiencia histórica.

    No es lo mismo ser pobre en una sociedad rica, que serlo en un país periférico; también es distinto ser un pobre productivo y autosuficiente, por ejemplo un campesino del tercer mundo, a ser un pobre enteramente dependiente, parasitario, como tienden a serlo los pobres urbanos de los países industrializados.

    Lado a lado con la pobreza económica, existe, en paralelo, una pobreza política. Generalmente los pobres no participan en los procesos de toma de decisiones, tienen dificultades para expresar sus intereses y ser oídos, tienen poca fuerza de negociación. Esta debilidad se acrecienta día con día en tanto que los pobres parecen cada vez menos necesarios. Los pobres/ trabajadores de antes eran necesarios; los nuevos pobres/ inactivos/ dependientes tienen crecientemente como la única carta restante su capacidad de estorbar.

    Dentro de su indefinición la pobreza varía en connotaciones; sus significados implícitos y emocionales son también variados y de la mayor importancia. En los últimos años se ha dado un intenso combate ideológico que, una vez más, los pobres parecen haber perdido. Los pobres han perdido su derecho y su posibilidad de ser pobres y lo que antes podía ser una pobreza digna ha sido confundida con la miseria.

    Se trata de una pérdida ideológica, pretendo decir aquí, de la mayor importancia, pues le cierra a la humanidad entera la única salida posible, la de la dignificación de la pobreza y nos arroja en un camino sin salida; la aspiración fantasiosa a la universalización de niveles de vida basados en el derroche energético y la destrucción del medio.

    El cambio de significado de la pobreza es evidente. En los años cuarenta era posible que los actores populares mexicanos presumieran, en sus películas, de pobres. Eran pobres "pero honrados"; eran pobres trabajadores, autosuficientes, dignos. Las películas podían pregonar que el dinero no daba la felicidad y que se podía ser feliz y pobre al mismo tiempo.

    Era, evidentemente, un cine orientado a las masas. Amplios grupos de población disfrutaban del amplio reparto de tierras y de los avances de la organización sindical e institucional de los años treinta. Con empleo y un ingreso modesto; con agua entubada y electricidad; con salud y acceso de los hijos al sistema escolar, todo parecía haberse conseguido.

    Tratar de obtener más, mucho más, implicaba, en la moral popular, la pérdida de los valores, de la honestidad, en aras de conseguir lo superfluo, lo que no garantizaba la felicidad; esta última necesariamente más vinculada a la firmeza de la familia y la comunidad, asentada en el pueblo rural, el barrio urbano o la vecindad.

    Tal vez la imagen era idílica. Lo importante es que era aceptada por la mayoría de la población. Se trataba de un cine de masas que no corría a contrapelo del sentido popular. Los que veían la película no se rebelaban ante el mensaje del héroe; parecía aceptable ser pobre, honrado, trabajador, vivir modestamente y ser feliz. Era aceptable, sobre todo, por que era la situación de casi todos.

    La misma película se encargaba de explicar las excepciones: los ricos eran los puntos negros del arroz; su riqueza era de origen dudoso; su trato hipócrita e interesado, su comportamiento guiado por las apariencias, su vida familiar sin valores; sus esfuerzos por conseguir lo superfluo y vivir interesados en las apariencias desembocaban en la infelicidad.

    El ideal de pobre, era un pobre trabajador y honrado; la vida todavía ofrecía recompensas, modestas desde la perspectiva actual, a la constancia en el trabajo. Ofrecía, por lo menos, trabajo. Pero el pobre ideal seguía siendo pobre y la película no nos imponía un final feliz en el que el pobre dejara de serlo; al final era simplemente un pobre que, a pesar de contratiempos y vicisitudes, podía sentirse satisfecho de si mismo.

    La propuesta no era absurda ni novedosa; recogía una herencia de siglos durante los cuales el cristianismo había pregonado la pobreza como ideal. Recordemos aquello de que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja a que un rico entrara al reino de los cielos. El reino de Dios era para los pobres.

    Algunas ordenes religiosas, las menos, todavía recogen esa tradición y sus integrantes aceptan, incluso buscan voluntariamente vivir en la pobreza. Pero ¿de cuál pobreza hablan? De una pobreza que no es miseria, ni hambre; sino simplemente tener una alta satisfacción personal en un nivel de vida modesto, ajustado a lo necesario, y con aspiraciones y logros definidos por valores no económicos.

  • El combate ideológico sobre la pobreza

  • Pero algo ha cambiado en los últimos años. Desde el norte, desde los países centrales y desde las grandes instituciones financieras, se ha convertido a la pobreza en un término peyorativo. Pobreza y miseria se han vuelto indistinguibles una de la otra y ahora se trata de combatir ambas como si fueran lo mismo y como si todos pudiéramos ser ricos. Se combate a la pobreza en una batalla que, por no definir objetivos precisos (nutrición, salud, autonomía, dignidad, etc.), amenaza convertirse en una propósito absurdo e incluso suicida.

    Se ofrece, implícitamente, un sueño a millones de seres humanos: ser "no pobres". Pero, ¿que entiende el pobre con dejar de ser pobre?. Cuando el discurso promete acabar con la pobreza parece haber una promesa que a los oídos del que escucha puede significar muchas cosas, pero que sin duda se asocia a las nuevas imágenes de la televisión: los arquetipos de triunfadores, el consumo de las clases medias industrializadas, incluso el "american way of life".

    Las imágenes que ofrece la televisión de los norteamericanos "pobres" los muestran con electricidad, teléfono y refrigerador; su ropa parece adecuada y los hijos van a la escuela. Bueno, hasta carro tienen. Por demás decir que cuentan con agua corriente en sus hogares y no parecen desnutridos. Obviamente los norteamericanos "no pobres" se encuentran todavía mejor (computadora, microondas, videojuegos, etc.). Entonces, ¿cual es el estándar que se ofrece al prometer la erradicación de la pobreza?

    Las dificultades de definir a la pobreza y a los pobres han sido grandes. Definir lo que se ofrece como un nivel de vida "no pobre", es imposible.

    El discurso ideológico que pregona el progreso y la modernidad, que ofrece acabar con la pobreza y deja a la televisión esbozar constantemente la promesa del consumo inalcanzable, nos roba la posibilidad de una pobreza digna y satisfecha a cambio de un engaño.

    El cambio en los valores/ imágenes que imponen los medios masivos, es brutal: del pobre honrado y trabajador hemos pasado al pobre fracasado por estúpido e ineficiente; del rico sin valores, al triunfador cuyo triunfo lo justifica todo, incluso el consumo más absurdo y derrochador de recursos que son, finalmente, patrimonio de la humanidad.

    Hoy en día la norma que se impone es ser rico; es inaceptable ser pobre. La satisfacción

    interior que daba el orgullo del propio trabajo, la rectitud en la vida, la unidad familiar, se desvanece ante la urgencia de alcanzar el disfrute de un consumo cada vez más sofisticado e inaccesible.

    Lo peor es que no parecen caber en el planeta dos estilos de consumo y de vida; la difusión del estilo de consumo de los ricos exige el monopolio y se expande en las élites periféricas (siempre será de acceso minoritario) destruyendo la viabilidad y la dignidad del consumo de los pobres que quedan sin la posibilidad de seguir trabajando y viviendo como antes y sin acceso a la modernidad. Se les construye un limbo configurado por los programas de asistencia social.

    El pobre de los años noventa se siente necesariamente un rezagado; alguien que quedó atrás cuando todos los demás lograron avanzar y parecen estar disfrutando los beneficios del progreso y el consumo moderno. Lo muestra en sus imagenes la tele, y no puede sino repetir constantemente la promesa implicita porque otra cosa sería revelar el engaño del fin de la pobreza. Es posible, si, acabar con la miseria; pero no ofrecer que pronto todos accederemos al consumo depredador.

    En México traemos arroz de Filipinas, kiwis de Nueva Zelanda, piñas enlatadas de indonesia, galletas de Grecia y atún para gatos de los Estados Unidos (quien lo dijera). Eso es posible por el precio absurdamente bajo de los energéticos, por medio del cual la humanidad hipoteca su futuro para sostener el consumo derrochador de unos cuantos y hacer a un lado a los pobres locales (que podrían producir arroz, kiwis, piñas y atún localmente). El anzuelo del fin de la pobreza ha servido para distraernos del problema de fondo, la glorificación del consumo ilimitado y el derroche absurdo de los pocos.

    Cada día hay más pobres/ miserables/ dependientes. No son, por desgracia, aquellos pobres dignos, trabajadores, autosuficientes que podían ser el sustento de una sociedad democrática. Más bien son los nuevos pobres miserables, desempleados o subocupados, insatisfechos, encandilados por el faro de una modernidad que los reduce a la improductividad y a la pérdida de sus recursos individuales y colectivos. Pobres que buscan trabajo y se les ofrece caridad; sus capacidades no son únicamente redundantes, sino incluso estorbosas. El mercado ha sido rediseñado solo para los productivos y eficientes, los modernos, los que prestan a los pobres para una nueva dosis de consumo moderno a cambio de las escrituras de sus derechos a la propiedad, la producción y la autodeterminación.

    Los pobres son más, pero parecen menos en su presencia social, en su capacidad para incidir en el rumbo nacional, en sus apariciones en la televisión, en la que se asoman como marginados, fracasados o antisociales. Son menos porque se han quedado sin discurso y sin rumbo propio; el mensaje de la modernización es apabullante.

    Pregúntese a un pobre en la calle ¿porqué es pobre?. Lo más probable es que conteste "porque no estudié". Ha sido convencido de su ineficiencia, se le ha dicho que no es competitivo y ha aprendido (en la escuela sobre todo) que es su propia culpa (y no de la ineficiente operación del mercado).

    El embate no ha sido neutro. Los pobres, la mayoría de la humanidad (no los verdaderamente miserables) han perdido la batalla ideológica en torno a la pobreza; es decir que han perdido la posibilidad de definir su forma de producir y consumir. Esta derrota ha facilitado el inutilizar sus capacidades y recursos ("no competitivos"), destruir sus redes y mecanismos de intercambio (familiares, comunitarios, extramercantiles, solidarios) y orientarse progresivamente al modelo de producción, de consumo, de cultura y de vida asociado a la industrialización masiva.

  • ¿Se podrá reducir la pobreza extrema en 50 % en un año?

  • Para reducir la pobreza es necesario que el país crezca económicamente, que la tributación y las decisiones de presupuesto permitan canalizar mayores recursos del Estado a programas sociales, y que estos programas utilicen los recursos con mayor eficiencia a través de la reforma y modernización del Estado. La viabilidad de conseguir la reducción en la pobreza extrema que se ha planteado el gobierno depende, fundamentalmente, de cómo puedan evolucionar estas tres variables.

    Al respecto, es probable que el país crezca a un ritmo cercano a cinco por ciento anual, pero el impacto en la pobreza dependerá de que los sectores que lideren el crecimiento sean aquellos que generan más puestos de trabajo y que permiten una mayor participación en los beneficios del crecimiento a la población pobre. En segundo lugar, es poco probable que se pueda incrementar significativamente el porcentaje del presupuesto asignado a programas sociales, y, finalmente, queda mucho por avanzar en el campo de la reforma del Estado.

    Entre 1991 y 1994, cuando recién se comenzaba a recuperar las acciones en el campo social, las altas tasas de crecimiento económico que alcanzaron 13 por ciento en 1994- y la reducción de la inflación permitieron reducir la pobreza de 55 a 48 por ciento.

    Posteriormente, a pesar del fortalecimiento de los programas sociales en cuanto a volumen de gasto y mayor efectividad, la desaceleración del crecimiento económico tres por ciento en 1996-, parece haber frenado el proceso de reducción en los niveles de pobreza. La Encuesta Nacional de Niveles de Vida (ENNIV) de 1996 señala que el 49 por ciento de peruanos vive en pobreza y el 17 por ciento en pobreza extrema, aunque estos resultados, por provenir de una muestra más pequeña de hogares, no son plenamente comparables con los de 1994.

    Ello hace pensar que, aunque existan diversos factores que afectan el nivel de pobreza, el crecimiento económico tiene un rol bastante importante. Tomando como referencia un estudio de abril de 1996[1] la pobreza extrema podría reducirse de 20 por ciento a 11 por ciento en el año 2000 si la economía crece al cinco por ciento entre 1995 y el 2000. Sin embargo, aunque entre 1995 y 1996 se dio en promedio un crecimiento económico de cinco por ciento, no se registró mayor reducción de la pobreza extrema. Ello hace pensar que el cumplimiento de la meta de reducir la pobreza extrema al 50 por ciento es difícil de lograr y que se requiere desarrollar mayores esfuerzos para conseguir dicho objetivo.

  • La pobreza no es concurrente, un mismo hogar podría ser considerado en diferentes categorías:

  • Las distintas situaciones de pobreza no se dan necesariamente de manera concurrente. Dependiendo de los criterios de medición que se tomen en cuenta, un mismo hogar podría ser catalogado en diferentes categorías. Veamos un ejemplo:

    De acuerdo a la encuesta realizada en el cuarto trimestre de 1997, se dispone de los datos de un hogar ubicado en la Sierra del Perú. Tiene seis miembros, dos de los cuales están ocupados. Su vivienda tiene paredes de adobe y piso de cemento y consta de tres habitaciones. Cuenta con pozo ciego.

    El jefe de este hogar ha aprobado hasta el cuarto de primaria. Tiene tres hijos entre seis y doce años, todos los cuales van a la escuela. El ingreso mensual de este hogar es de S/.312 y tienen un gasto de consumo mensual de S/.528.

    ¿Cuál sería la situación de este hogar: No Pobre, Pobre o Pobre Extremo?. De acuerdo al ingreso, este hogar sería calificado como pobre extremo. De acuerdo al gasto de consumo del hogar sería catalogado como pobre no extremo. Y como no tiene Necesidades Básicas Insatisfechas, este mismo hogar sería considerado como no pobre.

    Como se puede ver este mismo hogar, ha sido catalogado en tres condiciones diferentes dependiendo del criterio de medición empleado: el ingreso, el consumo o las necesidades básicas insatisfechas. Este ejemplo nos muestra la necesidad de conocer los aspectos sustantivos de los métodos para una adecuada interpretación de los resultados.

    En el Perú existen 3.8 millones de personas que viven en pobreza extrema, es decir, cada individuo tiene un ingreso personal disponible de US$33 dólares mensuales, se trata del 14% de la población del país que vive bajo estas condiciones.

    El Estado cuenta con un presupuesto para el quinquenio 1996-2000 de 2700 millones de dólares, destinados a superar el problema de la pobreza en un 50%. Para el año 1998 destinará US$1,100 millones en programas de infraestructura, alimentarios, nutricionales, de salud, generación de empleo e ingresos.

    <BLINK>Preguntas:</BLINK>

    • ¿Cómo evaluar el impacto de la inversión social?

    • ¿Hasta qué punto los esfuerzos de las entidades del gobierno y de las ONGs se concretan en la reducción de los niveles de pobreza en el Perú o en la generación de oportunidades de bienestar?

    • ¿Cómo las instituciones públicas podrían mejorar sus criterios de decisión para focalizar el gasto social y aumentar la eficiencia y eficacia de la inversión en programas contra la desnutrición, limitación en el acceso a servicios básicos, el desempleo?

    • ¿Con qué instrumentos técnicos contamos para supervisar, monitorear y medir el impacto de las instituciones en la lucha contra la pobreza?

    • ¿Cómo medir cambios en el bienestar de la población en pobreza extrema?

  • ¿Cómo se mide la pobreza?

  • La Pobreza un concepto muy amplio como Fenómeno Social asociado al grado de bienestar logrado por una Sociedad Determinada, cuya percepción evoluciona en el tiempo y entre Sociedades, en relación de un Desarrollo diferenciado.

    Se puede asociar la pobreza con un estado de insuficiencia en el Nivel de Vida o la carencia de lo necesario para el sustento de la Vida; manifestándose en múltiples signos como subconsumo, desnutrición, condiciones habitacionales inadecuadas, bajo nivel educativo, falta de mercado laboral, insuficiencia de ingresos, ausencia de oportunidades y perdida de capacidades.

    Métodos Para Medir el Nivel de Pobreza

    La complejidad en la percepción de la pobreza esta influenciada con el punto de vista del investigador y los Criterios que puede definir, lo que nos lleva a tener diversas apreciaciones con resultados heterogéneos por parte de los investigadores sociales.

    Se han propuesto muchos Métodos para medir el nivel de Pobreza, pero los mas conocidos son tres:

    Método de Necesidades Básicas Insatisfechas

    Método de la Línea de Pobreza , y

    Método Integrado.

    a) Método de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI)

    Método directo en función de la satisfacción de necesidades básicas que se definen como indispensables para un hogar o familia, en educación, salud, condición de vivienda, empleo adecuado, servicios, etc.; estableciendo los niveles mínimos de satisfacción e identificando los hogares y población cuyo consumo efectivo se encuentra por debajo de los mínimos de satisfacción previamente definidos.

    Este método, aplica la información de los Censos y cuantifica los niveles de pobreza aproximado a pequeños poblados, empleando indicadores como:

    Materiales de Vivienda inadecuados,

    Hacinamiento Critico por habitación,

    Falta de Servicios para eliminación de excretas, Inasistencia a escuelas Primarias,

    Capacidad económica del hogar asociada al nivel educativo del Jefe de Familia y la tasa de dependencia económica.

    Este método diseñado por la CEPAL es el que aplica el INEI para construir el Mapa de pobreza, permitiéndole identificar núcleos representativos de pobreza y jerarquizar geográficamente el territorio nacional para focalizar políticas y programas de inversión en vivienda, salud, educación, servicios públicos y otros aspectos de Desarrollo Social.

    b) Método de Línea de Pobreza (LP)

    Mientras el NBI se basa en un conjunto de indicadores que representan el conjunto de necesidades, el de línea de pobreza se sustenta en un solo indicador de resumen, El Ingreso.

    Medida indirecta de la Pobreza que calcula el ingreso necesario para cubrir el costo de la Canasta básica de consumo que esta conformada por una Canasta alimentaria y una Canasta de bienes y servicios no alimentarios.

    La Canasta alimentaria definida por el conjunto de alimentos que cubren las necesidades nutricionales mínimas de la población, influida por los hábitos de consumo, la disponibilidad de los alimentos y los precios relativos a estos.

    Al valor de la canasta alimenticia se le agrega la estimación de recursos requeridos para satisfacer necesidades no alimentarias como vivienda, vestido, educación, salud, transporte y esparcimiento.

    Luego se confronta el ingreso de cada hogar respecto al costo de la Canasta Básica de Consumo que define una línea limite para identificar hogares en condición de Pobreza y hogares de extrema pobreza a los que no logran cubrir el Costos de la Canasta Alimenticia Básica.

    El método NBI o directo es más eficiente ya que a diferencia del método de Línea de pobreza no se basa en supuestos particulares sobre el comportamiento de consumo sino más bien en un consumo efectivo.

    c) Método Integrado

    Identifica la naturaleza de la Pobreza como Estructural y Coyuntural, es decir bajo el enfoque de que las personas cuya vivienda es inadecuada no podrá cambiar su situación en el Corto Plazo y el caso de un hogar con Ingresos suficientes por Hoy en el Corto Plazo esta sujeto a las variaciones del mercado.

    Bajo una combinación de los métodos anteriores, los hogares se agrupan en :

    Hogares en situación de pobreza crónica,

    Hogares en Situación de Pobreza reciente,

    Hogares con carencias Inerciales,

    Hogares en Condición de Integración Social.

  • La soluciones de los pobres:

  • Nuestro camino, el de las poblaciones periféricas del planeta, será necesariamente una vía original y estará marcado por nuevos conceptos crecientemente en boga: los límites del crecimiento y del consumo, el cuidado del patrimonio ecológico, el reciclamiento en todas las escalas.

    Todo hace suponer que tendremos que pensar en una estrategia económica para pobres. Nos veremos obligados, más pronto que tarde, a abandonar las fantasías de los modelos de consumo de las clases medias centrales, en derrumbe incluso en ese medio, y aceptar que somos pobres y que seguiremos siendo pobres.

    Esto no significa resignación ante nuestra suerte. Todo lo contrario. El abandono de las fantasías abre importantes posibilidades de evolución económica y social fincadas en lo real. Implica dejar de estrellarnos contra el cristal, intentando pasar al otro lado y empezar a pensar ¿qué es lo que podemos hacer con lo que tenemos?; implica abrir las puertas a la imaginación, no para acabar con la pobreza y convertirnos en la rica clase media pregonada por la televisión, sino para apoyar una nueva estrategia, con nuevas soluciones acordes a nuestras capacidades y recursos y con el imperativo de que sea una vía que preserve el patrimonio ecológico propio y de la humanidad.

    En la nueva estrategia habremos de apoyar a los pobres en la solución, por sí mismos, de sus, de nuestros problemas. Lo que significa que será necesario recuperar y desarrollar soluciones de pobres. Esto es muy distinto a llevar a los pobres las "soluciones" de los ricos.

    Llevar a los pobres soluciones de ricos, de clases medias, es lo que se ha hecho como estrategia fundamental de combate a la pobreza. Se intenta que los pobres tengan algunos elementos del consumo de los ricos alegando que son derecho de todos. Es, sin embargo, una estrategia desmovilizadora de las energías y recursos de los pobres.

    Los elementos de consumo de los ricos que se llevan a los pobres tienen que ser, necesariamente, proporcionados por las áreas modernas de la economía, por así decirlo por los ricos industrializados. Por ello en el combate a la pobreza los más beneficiados son los sectores sociales, institucionales y productivos insertos en la modernidad y que operan como intermediarios de las soluciones para pobres.

    Son distintas las respuestas para pobres que las respuestas de pobres. Las soluciones para pobres son usualmente soluciones de ricos, así sean para pobres. Veamos ejemplos:

    • Llevar a los pobres desayunos escolares y complementos al consumo alimenticio con productos llevados de fuera termina por devaluar y deteriorar sus propias capacidades de producción de alimentos en una espiral de deterioro y dependencia crecientes. Otra cosa sería apoyar el fortalecimiento de sus propias capacidades para la producción, la transformación y el autoabasto. Todo lo contrario del subsidio a la harinificación del consumo de maíz que obliga a que el más importante consumo alimenticio de los mexicanos transcurra por mecanismos centralizados de procesamiento industrial y pague su tributo a un oligopolio privado.

    • llevar a los pobres servicios institucionales de salud de alto nivel, implica contratar médicos, administradores, contadores, servicios, comprar instrumental y medicinas, construir infraestructura, adquirir elevada capacitación, etc. Todo ello generado y vendido a buen precio por los sectores modernos y prácticamente nada por los mismos pobres. Es cierto que los pobres reciben el servicio (al tiempo que se degradan sus alternativas tradicionales); pero muchas veces lo reciben sólo de manera simbólica, como cuando se sortea o raciona el ejercicio efectivo de su derecho, porque en realidad no puede alcanzar para todos. Lo cuestionable es que la creación del aparato de salud no apoya sino que erosiona su economía de pobres y destruye sus alternativas tradicionales.

    • proporcionar a los pobres vivienda y servicios urbanos (agua potable, alcantarillado, electricidad, caminos, transportes, etc.) con casas, infraestructura y servicios construidos y proporcionados por compañías constructoras, instituciones y obreros formales, les da acceso a un bien de consumo, no siempre sustentable (¡que bueno que se llevó electricidad a Chalco!, nada más que siguen sin tener para pagarla) y que no fortalece su inserción productiva en la economía. Todo lo contrario, tiende a deteriorarla (ahora deben pagar servicios, impuestos, deudas políticas, etc.).

    Es imposible que pueda funcionar una estrategia en la que la elevación de los niveles de consumo de los pobres no se ve sustentada en la elevación de sus propias capacidades productivas. De esa manera se logran hacer clientelas socio políticas crecientemente dependientes, con el riesgo de que llegue un momento en que su incremento las haga insostenibles para los sectores modernos de la economía y se rebelen al llegar a los límites de un callejón sin salida.

    Lo que aquí se propone es apoyar a los pobres en sus capacidades productivas, en sus propias respuestas y soluciones, para que se hagan cargo fundamentalmente por sí mismos de la atención a sus carencias. Ello implica repensar las soluciones de ricos para pobres en nuevas soluciones de pobres para pobres. Es decir el cambio de estrategia reclama un cambio de tecnologías, de mecanismos de solución, de estrategias.

    No es aceptable una estrategia modernizadora que se traduce sólo en beneficios para las transnacionales por la importación de nuevas tecnologías y equipos al tiempo que se desechan los recursos y capacidades productivas disponibles para la mayoría de la población. Esta estrategia modernizadora demanda grandes cantidades de capital externo al tiempo que arroja por la borda el ahorro que la gran mayoría de la población ya ha invertido en infraestructura, maquinaría y equipos, que se ven inutilizados. Es una estrategia cuyos resultados patentes son hundir en la miseria a cada vez más amplios grupos de población.

    Por el contrario, se trata de apoyar a los pobres para que eleven sus niveles de autosuficiencia a partir de la reactivación y movilización de sus capacidades productivas. Este propósito implica una nueva (¿vieja?) concepción económica y social. No se trata de que produzcan como ricos, modernos y tecnológicamente avanzados. Para ello se requerirían enormes cantidades de capital y formación masiva de recursos humanos en el dominio de nuevas tecnologías, en su administración y comercialización; lo que sólo sería posible en algunos escaparates de exhibición, pero no como solución generalizada.

    Se trata de permitir que los pobres produzcan como pobres; con las tecnologías de pequeña escala que les resultan conocidas, en redes de intercambio también de pequeña escala (comunidad, región, grupo social), con las capacidades y recursos con los que ya cuentan. Implica no tirar por la borda las capacidades y recursos disponibles para reconstruir el país con tecnología y capitales importados para producir para otros. Se trata de producir para nosotros con nuestros recursos y ahorros, con nuestras capacidades y habilidades, con esquemas de comercialización y mercados apropiados a nuestras escalas de producción.

    CAPITULO II

    LA POBREZA EN EL PERU

  • La situación actual:

  • La situación actual de nuestro país puede ser tipificada como de INSEGURIDAD ALIMENTARIA.

    I de hecho así se le califica en el informe sobre "Evaluación de la situación actual y examen a medio plazo de la seguridad alimentaria mundial" elaborado en abril 1995 por el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial como documento preparatorio Cumbre Mundial sobre la Alimentación que se llevará a cabo en Roma en Noviembre de 1996.

    Dicho informe ubica al Perú como país PBIDA (Piases de Bajos Ingresos Deficitarios en Alimentos), entre 60 piases del mundo (10 de América Latina), 13 de ellos son calificados como de Nivel Crítico de Seguridad Alimentaria entre éstos Perú junto con Haití. Perú presenta un bajo Indice Global de Seguridad Alimentaria Familiar (IGSAF) (74.6) solo después de Haití (25.9) y Bolivia (72.9).

    Indice Global de Seguridad Alimentaria Familiar (IGSAF): Promedio (de adecuación porcentual) del Suministro de Energía Alimentaria (SEA) (Comité de Seguridad alimentaria 1984)

    Definimos SEGURIDAD ALIMENTARIA como la posibilidad de la población, en todo momento y en el lugar donde se encuentre, de acceder a una canasta de alimentos que en volumen y calidad cubra sus necesidades para una vida activa y saludable.

    Diversos estudios muestran que en el Perú una alta proporción de la población es pobre (*)

    La Encuesta Nacional de Niveles de Vida (ENNIV 1994) muestra que el 49.6% de la población se encuentra viviendo en condición de pobreza (no cubre la canasta básica de consumo: alimentos más otros bienes y servicios); entre los pobres 4 de cada 10 (40%) (el 20% del total de la población) viven en pobreza extrema; vale decir no cubren con sus ingresos el costo de una canasta de alimentos.

    Aunque esto signifique una mejora con respecto a 1991, año en que la pobreza alcanzó el 55.3%, los niveles de pobreza en 1994 están 8% por encima de los de 1985 (que eran de 41.6%).

    Por su parte el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) mediante el método de NBI y en base a los resultados del último censo (1993) reporta que el 6.8% de la población peruana presenta la menos una Necesidad Básica Insatisfecha en promedio). En la costa la población con NBI es del 42.4%, mientras que en el área rural asciende a 90.1%.

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    (*) Para medir la pobreza se utilizan en el Perú dos métodos: El método de la Línea de Pobreza (LP) y el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI). El método LP consiste en relacionar el ingreso de los hogares con el costo de una Canasta Básica de Consumo que incluye alimentos y bienes y servicios esenciales. Son considerados pobres extremos los hogares cuyo gasto percápita es menor que el costo de una Canasta Básica de Alimentos. Los Pobres no extremos son aquellos hogares cuyo gasto anual percapita es mayor al costo de la CB Alimentaria pero menor al costo de la Canasta Básica de Consumo

    El método NBI mide la satisfacción efectiva de las necesidades básicas. Para ello se definen las necesidades básicas, se establecen los límites mínimos de satisfacción y se procede a identificar los hogares y la población cuyo consumo efectivo se encuentra por debajo de los límites mínimos de satisfacción establecidos. (En el Perú el INEI ha elaborado el Mapa de las Necesidades Básicas Insatisfechas de los hogares a Nivel Distrital-agosto 1994)

    La Inseguridad Alimentaria en el Perú esta estrechamente vinculada a la situación de pobreza en la que vive la mitad de la población que se manifiesta en la baja capacidad adquisitiva de las familias y por lo tanto en limitaciones importantes en el consumo de alimentos asociadas a deficiencias persistentes en la atención y cuidado de la salud para aun amplios sectores de la población.

  • Seguimiento y evaluación de programas de Alivio de la pobreza en el Perú:

  • Cuando el Presidente peruano, Alberto Fujimori, comenzó a poner en práctica políticas de ajuste estructural a principios del decenio de 1990 — incluyendo la privatización de las empresas estatales y el estímulo a la inversión extranjera — una de las mayores preocupaciones de los analistas económicos era que el crecimiento económico resultante no beneficiara a los peruanos más pobres. El gobierno respondió con el lanzamiento, en 1996, de un programa concebido para reducir a la mitad, para el año 2000, el número de personas que sufrían de extrema pobreza.

    Actualmente hay 4,5 millones de peruanos - aproximadamente un quinto del total de la población de Perú — que vive con menos de US$33 al mes. Para ayudarles a subsistir, el gobierno ha asignado US$7.700 millones a la Estrategia Focalizada de Lucha contra la Pobreza entre 1996 y 2000. Sin embargo, uno se pregunta, cómo y dónde se debe gastar ese dinero de modo que beneficie a los peruanos que viven en extrema pobreza?

    Equipo de CIUP

    Una gran parte del éxito de este programa depende de la capacidad de identificar y medir la extrema pobreza y sus causas, evaluando después la repercusión de los esfuerzos de alivio de la pobreza para determinar si los mismos surten efecto. Esas tareas están a cargo de un equipo de investigadores dirigidos por el economista Enrique Vásquez, del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP) en Lima. El apoyo del programa, el equipo de CIUP ha creado un Índice de Bienestar y un Sistema de Seguimiento y Evaluación.

    Con fondos del Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CIID), los investigadores del CIUP se sirven de esos instrumentos para centrar sus esfuerzos en los subgrupos poblacionales que más necesitan la ayuda para aliviar la pobreza y para determinar cómo ayudar a esas personas a participar más en la economía nacional. Uno de sus objetivos principales es ayudar a mejorar la entrega de ayuda a corto plazo que distribuyen el gobierno peruano y las organizaciones de ayuda nacionales e internacionales. El objetivo general no "es solamente la reducción de la pobreza, sino también alcanzar la reforma estatal, lo cual significa mejorar la eficiencia y eficacia de las instituciones públicas y de todos aquellos que toman las decisiones concernientes a la gestión social", apunta Vásquez.

    Índice de bienestar

    La clave para este proyecto es el Índice de Bienestar debido a que su diseño permite analizar mucho más que datos numéricos acerca de los niveles de empleo e ingresos de una región. Este índice se compila a través de las encuestas de HOPE (Hogares en Pobreza Extrema), que recogen datos de núcleos familiares sobre factores sociales y culturales que afectan el nivel de pobreza y bienestar de una familia. Tales factores incluyen la estructura demográfica de la familia y el acceso a la atención médica, educación, préstamos a la pequeña empresa y programas de ayuda alimentaria — variables que nunca antes se habían medido a la hora de establecer índices nacionales de pobreza en Perú.

    Según explica Carlos Aramburú, antropólogo consultor del equipo de CIUP, "nos parecía importante no solamente hacer preguntas acerca de la situación laboral, estabilidad económica, salud, etc., de los pobres, sino también averiguar qué pensaban de la pobreza en que vivían. Qué pensaban de sí mismos acerca de su situación? Qué capacidad creían tener para resolver sus propios problemas?

    Herramienta más precisa

    En el pasado, el gobierno peruano dependía de un crudo índice de pobreza que medía la pobreza por regiones político-administrativas. Sólo podía detectar cambios a largo plazo tales como aquellos debidos a factores macroeconómicos como el Producto Interno Bruto. La encuesta de HOPE es un instrumento más preciso que permitirá a los investigadores analizar y evaluar las repercusiones de las medidas de alivio de la pobreza a corto plazo puestas en prácticas por el gobierno peruano y las organizaciones no gubernamentales.

    La encuesta se realiza en 2.045 núcleos familiares en cuatro de los 25 departamentos de Perú, donde vive el 45% de aquellos que sufren de extrema pobreza. (Aproximadamente el 66% del total de la población tomada como muestra vive bajo condiciones de extrema pobreza). Los investigadores escogieron un departamento urbano/costero, dos rurales/andinos y un rural/amazónico para obtener un panorama más integral de la pobreza y su alivio en los diferentes entornos ecológicos y socio-culturales de Perú. La primera encuesta se llevó a cabo en mayo-junio de 1998, y a ella le seguirán otras a intervalos de 12 meses.

  • Inviabilidad del modelo de consumo de los ricos:

  • Al destruir la dignidad y aceptabilidad de la pobreza, al romper las distancias entre pobreza como forma modesta de vivir y la franca miseria, lo que queda como único camino a seguir es el modelo de consumo de las clases medias de los países industrializados. Este es el mensaje de fondo del combate a la pobreza: tienes que producir y consumir como rico.

    Justo cuando nos enteramos que es un modelo de consumo inviable. Su expansión a la mayoría de la humanidad es imposible, tan sólo intentarlo con un 20 por ciento de la población amenaza agotar los recursos naturales, destruir la capa de ozono, y agotar los hidrocarburos en exportar carros de Japón a los Estados Unidos y otros de los Estados Unidos al Japón (buena parte del comercio mundial es redundante).

    El planeta hace sonar numerosas señales de alarma y en los juegos de poder y de engaño de las élites mundiales adquiere carta de naturalidad la mención de lo autosustentable; lamentablemente lo hace sin intentar tocar y definir su requisito más indispensable: la definición de la franja de consumo verdaderamente viable y generalizable para todos. Un consumo accesible para todos y que no destruya el planeta. No es este el caso del nivel de consumo de las clases medias de los países industrializados; intentar generalizarlo, además de inviable sería suicida.

    Además de la definición de la franja de consumo generalizable se encuentra el asunto del uso eficiente de los medios de producción disponibles y del empleo racional de los recursos no renovables. Marchamos a contrapelo de lo primero; la globalización del mercado tiene como impacto inmediato la inutilización y demolición de las capacidades y recursos productivos en manos de los pobres. Sólo la agricultura con alto nivel de insumos agroquímicos y tecnificación es competitiva; sólo la construcción con materiales no biodegradables es económicamente viable; sólo el pan envuelto en plástico tiene una durabilidad de almacén que permita su comercialización masiva, etc.

    En contraste los recursos y capacidades en manos de la población pobre del planeta, que el mercado condena por no competitivos, parecen tener mayor grado de eficiencia energética autosustentable y adaptabilidad y menos agresividad con la naturaleza (menos desechos no biodegradables, por ejemplo).

    Ni las previsiones más optimistas permiten considerar que la elevación de los niveles de consumo de los países periféricos se acerquen al actual consumo norteamericano antes del agotamiento del petróleo y otros recursos no renovables. Este acercamiento consumiría tales reservas prácticamente de inmediato.

    La implicación es inevadible. Las poblaciones periféricas no podrán alcanzar los modelos de consumo, de uso de materias primas y de energéticos de las sociedades industrializadas. Simplemente no quedan suficientes recursos para que otras tres cuartas partes de la humanidad tengan un nivel de consumo similar al que, con sólo una cuarta parte de la población beneficiada, ya se revela insostenible.

    La nueva preocupación mundial por el desarrollo sustentable implica que, en particular las periferias se verán obligadas a vivir con un racionamiento de materias primas y energéticos, y un nuevo respeto por la naturaleza, totalmente ajeno a lo conocido por los países centrales, que no sólo tuvieron los recursos propios, los ubicados en sus territorios, sino que han hecho uso de buena parte del patrimonio de toda la humanidad. La creación de clases medias locales ya es un fracaso evidente y estos grupos se deslindan crecientemente en unos cuantos muy ricos y una mayoría en descenso socioeconómico.

  • Reconstrucción de Ambitos de mercado para el intercambio entre pobres:

  • No está cuestionado si se puede producir con tecnologías de pobres; se podía antes, ¿por qué no ahora?. Hoy en día la producción de los pobres es invendible; sus cereales, frutas y hortalizas se pudren en los campos; sus botes pesqueros se pudren en los muelles; su alfarería, muebles, calzado, sombrero, textiles y ropa no hay quien la compre; sus alimentos, dulces y bebidas preparados ya no tienen demanda.

    Nuestros pueblos pagan con su tierra y su subsuelo, con las empresas de la nación y el hipotecamiento del futuro, el enorme costo del subsidio al consumo en dólares que ha ido creando la deuda externa. El abaratamiento artificial de los productos importados ha desplazado del mercado, de "nuestro" mercado a la producción nacional en un proceso de modernización del consumo que no tiene sustento en la modernización de nuestra producción.

    El asunto es productivo y mercantil; pero tiene profundas raíces ideológicas; el problema es que ya no se vale ser pobre, producir como pobre y producir para pobres. Ser un pobre viable, funcional, productivo, orgulloso de su autosuficiencia, atenta contra los modelos de modernidad en la producción, el consumo, el intercambio.

    Ser un pobre autosuficiente y digno implica recuperar un contexto cultural prácticamente perdido, a contrapelo del mensaje imperante en los medios masivos de comunicación. Requiere también recuperar una gama de tecnologías y capacidades productivas tradicionales y reconstruir los mercados comunitarios y regionales en los que los pobres encontraban una salida adecuada al ejercicio de sus capacidades productivas y el uso de sus propios recursos; solo el intercambio entre pobres, fincado en la reciprocidad, nos permitirá recuperar el control del propio destino, a partir del abandono de la fantasía.

    1º de agosto de 1996.

    CAPITULO III

    ANALISIS DE LA POBREZA

  • Cifras de pobreza en el Perú

  • Según la revista CUANTO, los índices de pobreza en el Perú han disminuido entre los anos 1991 y 1994, por efectos del crecimiento Económico, en -10,3% para Pobreza Total y -16,5 para pobreza extrema; Observando la mayor concentración de Pobreza para 1991 en Lima con un 37% de la pobreza Total y la Sierra Rural con 26%.

    FUENTE : Tomado de Cuanto - UNICEF 1995

    POBREZA EN PERU POR AREA GEOGRAFICA (1994)

    Región

    Porcentaje Pobreza en Poblacíones Urbanas

    Porcentaje Pobreza en Poblaciones Rurales

    LIMA METROPOLITANA

    37,6 %

    No Existe

    COSTA (exceptuando Lima)

    48,9 %

    66,3 %

    SIERRA

    41,6 %

    68,3 %

    SELVA

    38,9 %

    69,7 %

  • El último estudio sobre la pobreza mundial: Muestra la urgente necesidad de proteger a los pobres durante la crisis:

  • Tras varias décadas de descenso de la pobreza en Asia oriental, el Banco Mundial informa que la crisis financiera ha provocado un aumento considerable de la tasa de pobreza de la región y recomienda que los programas internacionales de rescate financiero estén más equilibrados para proteger a los pobres de los peores efectos de la crisis. Países que hasta fechas recientes creían que estaban ganando la batalla a la pobreza están cayendo de nuevo en ella. El Banco afirma que las redes de seguridad social, tales como el seguro de desempleo, los derechos de matrícula subvencionados, los programas de creación de empleo y los subsidios de los alimentos son esenciales para que pueda lograrse una recuperación que alcance a todos los sectores de la población.

    Según el Banco Mundial, en 1987, 1.200 millones de personas contaban para su sustento con menos de un dólar al día; en 1993, esa cifra se acercaba a los 1.300 millones. En 1999, si la proporción de personas que vive en la pobreza ha permanecido inalterada desde 1993, podría haber 1.500 millones de personas en la más abyecta pobreza en el umbral del nuevo milenio. El Banco advierte que el continuo aumento del número de pobres no permite ningún solaz a los dirigentes del mundo.

    En un nuevo documento de trabajo distribuido recientemente entre autoridades internacionales responsables de las políticas, titulado Macroeconomic Crises and Poverty: Transmission Mechanisms and Policy Responses (Las crisis macroeconómicas y la pobreza: mecanismos de transmisión y medidas de respuesta), el Banco Mundial examina el efecto de las crisis económicas en la vida del pobre y las respuestas de los gobiernos, a partir de la experiencia reciente en Asia oriental y las crisis anteriores de América Latina y África. Traza un programa para proteger a los necesitados durante las crisis, en el que se detalla, entre otras cosas, cómo se deben establecer o reforzar las redes de seguridad social antes de que se produzca una crisis, para atenuar el sufrimiento que puede causar a los seres humanos.

    "Los trastornos financieros de los últimos dos años han asestado un duro golpe a las esperanzas que abrigábamos de reducir la pobreza. Hace sólo poco tiempo, confiábamos en que el objetivo internacional de desarrollo de reducir la pobreza a la mitad se alcanzaría en los próximos 20 años en la mayoría de las zonas del mundo. Hoy, países que hasta fechas recientes creían que estaban ganando la batalla a la pobreza están viendo cómo ésta surge de nuevo, junto con el hambre y el sufrimiento humano que lleva consigo", afirma el Presidente del Grupo del Banco Mundial, James D. Wolfensohn. "Debemos aprender de las enseñanzas extraídas de lo ocurrido en los últimos tiempos para reconfigurar nuestras estrategias para el futuro".

    Wolfensohn alega que lo primero que tienen que aprender los encargados de las políticas de la crisis de Asia oriental y su posterior propagación a Rusia, Brasil y otros mercados emergentes, es la necesidad de evitar el deterioro irreversible del bienestar social del pobre. Este deterioro se puede producir, por ejemplo, cuando los niños se ven obligados a salir de la escuela para ayudar a su familia y nunca reanudan sus estudios, el aumento de la malnutrición infantil retrasa el desarrollo mental de los niños o el malestar causado por la crisis se convierte en una característica permanente.

    Últimos datos sobre la pobreza regional

    Asia oriental

    Los pronósticos formulados hace ocho meses por el Banco Mundial sugerían que Indonesia, Malasia y Tailandia sufrirían aumentos "considerables" de pobreza, mientras que en Filipinas, donde el crecimiento continuaría siendo positivo, se esperaba que el progreso de la lucha contra la pobreza experimentara una desaceleración, pero no un retroceso. Los resultados de una encuesta temprana confirman que el efecto de la crisis ha sido muy grave. Las estimaciones para Indonesia indican un aumento de cerca de 10 puntos porcentuales en la incidencia de la pobreza, lo que supone cerca de 20 millones de nuevos pobres, o el equivalente de un país de tamaño mediano. Se registraron aumentos significativos de pobreza en las zonas urbanas de Corea y, en menor grado, en Tailandia.

    Efectos estimados de la crisis de Asia oriental en las unidades familiares (basados en límites de pobreza nacionales a)

    Incidencia de pobreza

    Indonesia b

    Tailandia

    Corea
    (urbana)

    1997 c

    11,0

    11,4

    8,6

    1998

    19,9

    12,9

    19,2

    Cambio de nivel de vida promedio 1997/98 (porcentaje)

    -24,4

    -13,6

    -21,6

    Nota:
    a. Límites de pobreza de alrededor de US$1/día en Indonesia, US$2/día en

    Tailandia y US$4/día en Corea.
    b. Datos de zonas determinadas recogidas en la encuesta.
    c. La incidencia de pobreza para Tailandia corresponde a 1996.

    Asia meridional

    Asia meridional presenta un cuadro variado. La tasas de crecimiento de la región han seguido siendo positivas y considerables --se prevé que en 1998 la región tenga un crecimiento del PIB per cápita del 2,7%-- pero los datos recientes sobre salarios rurales en la India indican un estancamiento.

    • En la India, los datos preliminares (hasta finales de 1997) muestran un aumento del número de pobres en las zonas tanto rurales (de 224 millones a 250 millones entre comienzos y mediados del decenio de 1990) como urbanas (de 72 a 73 millones) en la época posterior a la reforma del decenio de 1990.

    • Bangladesh, que había realizado importantes adelantos, ha sido víctima de inundaciones devastadoras y Pakistán ha tenido resultados deficientes.

    África

    Las perspectivas de África siguen causando inquietud. África está menos integrada en los mercados financieros mundiales que otras regiones y, por tanto, con la notable excepción de Sudáfrica, ha experimentado menos los efectos contagiosos de los trastornos financieros. No obstante, la crisis ya se está dejando sentir, con la contracción de precios de muchos productos básicos, la desaceleración del crecimiento del comercio mundial y las perspectivas de una mayor competencia de los países con tipos de cambio depreciados. Además, los conflictos armados continúan causando estragos en algunos de los países más pobres de la región.

    La acción conjunta de la baja de los precios de los productos básicos, el conflicto armado y, en algunos casos, el mal tiempo, ha dado por resultado una reducción del crecimiento en África al sur del Sahara; el crecimiento del PIB en 1998 parece haber sido inferior a la tasa de crecimiento demográfico, lo que supone una disminución del ingreso per cápita. Un pequeño número de países que está aplicando programas de reforma, entre los que se encuentran Uganda y la República de Tanzanía, ha salido mejor parado, pero muchos más han quedado devastados por el conflicto armado.

    América Latina y el Caribe

    Las perspectivas de América Latina están empañadas por la crisis de Brasil, pero el crecimiento per cápita del PIB en 1997 fue considerable y todavía es positivo, aunque más bajo, en 1998. La región ha sufrido recientemente los efectos de catástrofes naturales devastadoras, desde los fenómenos meteorológicos desencadenados por El Niño hasta los estragos del huracán Mitch en Honduras y Nicaragua. Además, las pruebas irrefutables de la creciente desigualdad en algunas zonas, especialmente en las zonas urbanas de Brasil, hacen que se intensifique el temor por las ya profundas desigualdades que existen en la región.

    Europa oriental, Asia central, Oriente Medio y Norte de África

    Otros países donde también se prevén bruscos descensos del crecimiento y un aumento de la pobreza son la Federación de Rusia, Ucrania y Rumania. Pese al crecimiento considerable de otras zonas de Europa oriental y Asia central (sobre todo Polonia y Hungría), el crecimiento del PIB per cápita para la región en general se espera que sea de cero. También se prevén crecimientos negativos del PIB per cápita y aumento de la pobreza en el Oriente Medio y Norte de África.

    "En resumen, el panorama mundial que se presenta a finales del decenio de 1990 es de atascamiento del progreso, como resultado de la crisis de Asia oriental, el aumento del número de pobres en la India, el continuo aumento en África al sur del Sahara y el brusco empeoramiento en Europa y Asia central", según Michael Walton, Director, Reducción de la Pobreza y Gestión Económica, del Banco Mundial. "No tenemos un estimado global para finales del decenio, pero si la proporción de pobres no ha variado durante ese período --30% que cuentan para su subsistencia con menos un dólar al día-- tendríamos que llegar a la conclusión de que el número de personas que cuenta para su sustento con menos de un dólar al día ha aumentado de 1.300 millones en 1993 a cerca de 1.500 millones en 1999".

    Los programas de rescate deben proteger a los pobres en tiempos de crisis

    Dadas las repercusiones de la crisis en la vida de millones de seres humanos en las naciones de Asia oriental y otros países en desarrollo y en transición, el Banco Mundial cree que, en el futuro, los programas internacionales de rescate financiero deben estar mejor diseñados para proteger a los pobres, los enfermos y las personas de edad avanzada contra los peores efectos de la crisis.

    Cuando surge una crisis económica, las unidades familiares acusan su efecto de diversas formas. Los ingresos familiares procedentes de diversas fuentes, tales como salarios, sueldos, ganancias derivadas del trabajo por cuenta propia y prestaciones estatales por concepto de seguro social o desempleo disminuyen o dejan de percibirse, y los precios de bienes y servicios para la unidad familiar pueden sufrir alzas considerables. Otros efectos que se dejan sentir a nivel de la comunidad también repercuten sobre el bienestar del individuo, como

    • las fluctuaciones de los precios al consumidor, que tienen un efecto devastador sobre los sueldos, las estructuras de empleo y los niveles de consumo;

    • los cambios del mercado del trabajo, que pueden reducir los salarios y provocar el desempleo;

    • las variaciones de las tasas de rentabilidad de inversiones y propiedades, y

    • las variaciones del nivel de prestaciones estatales, ya sea en términos de salud o de seguridad públicas.

    Algunos de estos efectos son inmediatos, difíciles de sobrellevar y sumamente graves. Pero otros muchos dejan secuelas indeseables a largo plazo sobre las familias, como los recortes de las inversiones en educación y salud, que pueden dar por resultado una disminución del crecimiento económico y un aumento de la desigualdad.

    La protección del pobre en momentos de crisis: programa de acción

    La adopción de políticas adecuadas puede mitigar los efectos de una crisis sobre el pobre desde el comienzo. Por tanto, todo programa que tenga por objeto proteger al pobre en momentos de crisis debería incluir las medidas siguientes:

    • Seleccionar políticas de estabilización que logren sus objetivos macroeconómicos al menor costo posible para los más vulnerables. La política macroeconómica tiene una función importante que desempeñar en la reactivación del crecimiento y, por ende, en la reducción de la pobreza. Es importante reconocer que los gobiernos tendrán que recortar algunos gastos y establecer un orden de prioridades en su presupuesto durante una crisis, para poder controlar su déficit en cuenta corriente. Ahora bien, tan pronto como se establezca una balanza de pagos sostenible y se contenga la inflación, la política económica debe suavizarse. Reducir las tasas de interés y restaurar el gasto público al nivel deseado, a la mayor brevedad, puede contribuir a neutralizar los peores efectos de la recesión sobre el pobre.

    Como la crisis de Asia oriental se agravó más de lo previsto, se adoptó una política de relajación de las restricciones fiscales como medida macroeconómica y de alivio de la pobreza adecuada y se convirtió en elemento clave de los programas de ajuste respaldados por la comunidad internacional en 1998, sobre todo en Corea, Indonesia y Tailandia.

    Al seleccionar una combinación de políticas, las autoridades deben tratar de evitar por todos los medios altas tasas de inflación, ya que los pobres suelen depender de un ingreso fijo y les perjudica, evidentemente, la rápida subida de los precios.

    • Velar por que el ajuste fiscal proteja los servicios al pobre, y que estos servicios se presten por instituciones eficaces e inclusivas. Las políticas fiscales que protegen el gasto en educación básica y salud pueden evitar cortes en los servicios. En educación, se deberían mantener los gastos en escuelas primarias y en partidas distintas de los salarios, que son imprescindibles para la calidad, y aumentar los subsidios destinados a reducir las tasas de deserción escolar de los pobres. En el sector de salud, también debería mantenerse el gasto en atención de la salud en los niveles inferiores del sistema.

    Aparte de la salud y la educación, las medidas de política deben proteger otras inversiones públicas que influyen en la productividad de los pobres, en particular, las inversiones en infraestructura rural y el microfinanciamiento o financiamiento a nivel de la aldea. El estímulo fiscal dirigido a la creación de empleo, como la construcción o el mantenimiento de carreteras rurales y otros programas de empleo rural, combinaría las ventajas del crecimiento económico con los de apoyo al ingreso para los segmentos pobres de la población. Siempre que sea posible y lo permita la economía, se debería conceder a los pobres subsidios a los precios, aunque la experiencia de América Latina indica que, en tiempos de crisis, tal vez no sea oportuno modificar los subsidios existentes, puesto que la oposición de quienes se ven perjudicados por dichos cambios pueden poner freno a las reformas.

    • Establecer o reforzar redes de protección social que sean capaces de dar seguridades eficaces antes de que se produzca una crisis y de prestar asistencia una vez que ésta se ha desencadenado. Deben apoyarse o ampliarse los programas destinados a ayudar a los pobres a hacer frente a los efectos de la crisis. En una situación a corto plazo, la atención se debe concentrar, en primer lugar, en los programas que ya existen y que pueden ampliarse rápidamente, tales como los de obras públicas y otros programas de protección laboral, que pueden dar empleo a los más pobres y reducir el desempleo abierto, o bien en programas de alimentación de los niños. El aumento de la ayuda a los desempleados puede ser una opción en los países donde estos programas ya están en funcionamiento.

    • Adoptar medidas e iniciativas que ayuden a mantener la trama de la sociedad que está atravesando una crisis y a formar capital social. Se ha comprobado que algunos de los efectos sociales negativos de una crisis --el aumento de las tensiones sociales y la ruptura de los lazos familiares y con la comunidad-- pueden perdurar una vez terminada la crisis. También existen cada vez más pruebas de que el costo de este aumento de la violencia, tanto en términos humanos directamente como en términos del desplazamiento o la disminución de la actividad económica, puede ser bastante elevado. Es importante no descuidar esta esfera, en la que los mejores resultados de las medidas de política se pueden obtener mediante la colaboración con organizaciones no gubernamentales locales y con entidades de la sociedad civil en general.

    • Velar por que las medidas orientadas a proteger a los pobres cuenten con el apoyo político necesario. Sin un amplio apoyo político y social, es probable que no se puedan poner en práctica estas medidas. A veces, las crisis crean un clima político propicio a la aplicación de estas medidas, porque llevan a primer plano la cruda realidad de la vida del pobre y lo apremiante de su angustiosa situación y porque el malestar social puede poner en peligro la trama social. El que las autoridades puedan aprovechar o no esta oportunidad dependerá de la medida en que se hayan preparado las reformas con anterioridad a una crisis y de si la dinámica política local permite a los gobiernos o a los grupos comunitarios respaldar los cambios frente a intereses arraigados.

    Más vale prevenir que curar: cómo prepararse para hacer frente a las crisis

    Si bien las crisis esporádicas son inevitables, para enfrentarse a ellas de una forma que ofrezca la mejor protección a los pobres hace falta prepararse por anticipado. Esto será más fácil de hacer si las medidas para proteger al pobre se incorporan en las estrategias de desarrollo a largo plazo.

    Tal vez el factor más importante de este empeño sea el establecimiento de redes de seguridad social antes de que estalle la crisis. Las crisis de América Latina y la situación actual de Asia oriental, así como las crisis provocadas por catástrofes naturales en Asia y en otras partes del mundo han puesto de relieve la importancia de dichas redes. De estos acontecimientos se pueden extraer dos enseñanzas importantes.

    En primer lugar, los mecanismos actuales de protección social suelen ser insuficientes. Con frecuencia ofrecen una cobertura limitada y son incapaces de proteger a todos los que necesitan asistencia durante una crisis. Además, en muchos casos, los pobres desconocen la existencia de los programas o no saben cómo conseguir la ayuda que necesitan.

    En segundo lugar, es muy difícil establecer redes eficaces de seguridad social durante una crisis. Los gobiernos suelen estar mal preparados e informados y ser lentos a la hora de actuar. Los recursos financieros y humanos son escasos. Establecer la infraestructura y la capacidad necesarias para administrar un programa es tarea que exige mucho tiempo.

    Si no se pone en funcionamiento una red de seguridad adecuada antes de que surja la crisis, es probable que los pobres sufran las consecuencias en una medida desproporcionada. Por tanto, el establecimiento de redes de seguridad en los buenos tiempos pudiera ser el único medio eficaz de proteger a los pobres durante las crisis. Los acontecimientos recientes indican que se debe examinar de nuevo la distinción entre programas "de alivio" y programas ordinarios "de desarrollo". Una red eficaz de seguridad social se debería considerar una inversión a largo plazo en el desarrollo.

    El diseño de redes de seguridad social debería atenerse a determinados principios fundamentales. Debería brindar a los pobres un seguro más eficaz contra el riesgo de pérdida de ingresos. Mientras que otros aspectos de la estrategia de alivio de la pobreza de un país tienen por objeto el crecimiento económico y la inversión en el capital humano, la finalidad de las redes de seguridad social es proporcionar un seguro. Los pobres suelen depender de mecanismos informales de seguro, incluidas las estrategias de reducción o diversificación del riesgo, que suelen ser muy costosos. El principal problema de política no es determinar si las redes públicas de seguridad social deben desplazar a los mecanismos privados vigentes, sino si proporcionan seguros más eficaces y a un costo más bajo.

    "La crisis de Asia oriental y sus repercusiones en otros mercados emergentes brindan al mundo la oportunidad de diseñar un nuevo sistema para hacer frente a las crisis, un sistema que haga del interés de los pobres y los vulnerables el centro de su programa de acción", afirma Giovanna Prennushi, autora del nuevo estudio y economista del Banco Mundial. "Los pobres siempre llevan la peor parte en tiempos de crisis, si no por otro motivo, porque tienen muy pocos recursos que les puedan sacar de apuros y, con frecuencia, se ven obligados a reducir gastos esenciales, como los destinados a procurarles alimentos, educación para sus hijos y atención de salud. Al ayudar a los países a establecer sistemas de protección social más eficaces, la comunidad internacional podría evitar el empobrecimiento repentino de millones de personas cuando estalla una crisis".

    CONCLUSIONES:

    La pobreza en el Perú se ha extendido en los noventa y su intensidad se ha acentuado, privando a importantes sectores de la población del acceso a prácticas que contribuyan al desarrollo de sus capacidades y funcionamientos. Además, el neoliberalismo ha producido recesión económica que ha contraído el nivel de empleo y remuneraciones; y con ello, reducido y hasta cancelado los derechos de las personas en el mercado, incrementado los niveles de desigualdad.

    BIBLIOGRAFIA

    • INEI : ¿Cómo se mide las condiciones de vida?.

    • Maximo Vega Centeno : “Pobreza y Desarrollo en América Latina”

    • Instituto CUANTO : “Niveles de vida en el Perú”

    • INTERNET