Pepita Jiménez; Juan Valera

Literatura española del Realismo del siglo XIX. Narrativa y novela realista psicológica. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Kattysa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
publicidad

ÍNDICE

Justificación del tema y del autor .......................................... pág. 4

Regesta.................................................................................... pág. 5

Resumen.................................................................................. pág. 6

Mensajes................................................................................... pág. 9

Juicio crítico............................................................................... pág.10

Diccionario.................................................................................. pág.11

Bibliografía.................................................................................. pág.12

JUSTIFICACIÓN DEL TEMA Y DEL AUTOR

Este trimestre, de los cuatro libros que nos teníamos que leer para lengua, era obligatorio que uno fuera de literatura realista, puesto que el Realismo ha sido uno de los movimientos literarios que hemos visto este año. Pues bien, este es el libro, Pepita Jiménez de Juan Valera.

Cuando busqué en mi libro de lengua posibles libros de literatura, me quedé entre La madre naturaleza, de Emilia Pardo Bazán, y este, puesto que los dos me llamaron la atención. La librería me lo puso más fácil, ya que de los dos que había elegido, Pepita Jiménez era el único que quedaba, así que ya estaba decidido cuál me iba a leer.

Lo que más me atrajo de este libro fue que se trata de una novela psicológica de tema amoroso, un verdadero análisis de la psicología femenina y, puesto que yo soy de este sexo, pensé que sería muy interesante ya que, para mi opinión, la mujer es el ser más difícil de entender, tanto que incluso a veces no nos entendemos ni nosotras.

Luego, cuando leí de lo que trataba la obra, en la parte posterior del libro, el tema me encandiló aún más, porque a mí me encantan las obras de amores imposibles o muy difíciles, tales como Romeo y Julieta, y el amor entre un futuro clérigo y una mujer está en esa lista.

Tengo que confesar que la literatura realista nunca me ha gustado; veía muy aburrido el hecho de que el autor una obra se parara en los más mínimos detalles de las cosas, y cuando he intentado leerme alguna la he tenido que dejar. En resumen, que cuando nos pusieron una obra realista como obligatoria no me sentó demasiado bien. Sin embargo cuando me enteré de lo que trataba la obra presentí que esta iba a ser diferente, que me iba a gustar, y no me equivoqué. Es más, yo se la recomendaría a todo el mundo, y de hecho ya lo he hecho.

Con respecto al autor, Juan Valera, no lo había escuchado nombrar en la vida, por lo que si aunque lo conociera no me iba a influir nada, sin conocerlo, aún menos. Sí debo decir que la obra la había escuchado mentar años atrás, pero que hasta que no he visto de lo que trata no me había llamado la atención.

REGESTA

Luis, un joven seminarista que regresa a su casa para pasar sus últimas semanas antes de la ordenación, conoce a Pepita Jiménez, una joven prometida de su padre, y se dará cuenta que su amor por ella es más fuerte que su vocación sacerdotal.

RESUMEN

Luis de Varas es un joven seminarista que regresa a su casa para pasar las últimas vacaciones antes de su ordenación. Luis no tiene muchas ganas de ir, pero su padre ha insistido tanto que en cierta manera se siente obligado. Durante la mayor parte de su estancia en su pueblo le escribe a su tío, el Deán, que le ha estado preparando para que fuera sacerdote desde que era chico. En sus cartas, Luís le cuenta a su tío todo lo que hace y siente.

Allí, en su pueblo, Luis conoce a Pepita Jiménez, uno viuda de 20 años con la que su padre quiere casarse. Pepita es una de las personas más bellas a las que don Luis ha visto, y no solo por fuera, sino también por dentro. Pepita había estado casada durante cuatro años por deseo de su madre con su tío don Gumersindo, y tras morir este con ochenta y pico años, Pepita había heredado una gran fortuna. Pero lejos de ser avariciosa, Pepita lo compartía todo con los más necesitados, y por lo tanto era muy querida en el lugar, en especial por el Vicario, el sacerdote y su consejero espiritual, que más bien parecía un fan suyo.

Luis conoció a Pepita y al vicario en una comida en su casa, a donde asistió con su padre. Al salir del convite, don Luís se había quedado sorprendido con Pepita por su ya mencionada belleza y por lo bien que le había hablado el Vicario, por lo que ya don Luis no podía desear otra cosa más que su padre se casara con aquella mujer.

Durante los meses consecutivos, la práctica totalidad de los días estaban juntos el Vicario, pepita, don Luis y su padre, ya en una fiesta, ya saliendo a pasear o haciendo otras mil cosas. Y los días en que no se veían, don Luis se iba con su padre a trabajar con el campo. Aunque el muchacho no paraba, se aburría porque la vida de campo no le gustaba, por lo que en cada carta que le escribía al Deán le pedía que hablase con su padre para que lo dejase marchar, pero su padre estaba demasiado ilusionado conque su hijo estuviera allí después de tanto tiempo.

Cierto día se fueron todos a una casa que tenía Pepita en medio del campo, todos en caballo excepto don Luis, que no sabía montar y se fue en burra. Aunque se habían estado viendo casi todos los días desde su llegada, don Luis y pepita no habían hablado casi nada. Sin embargo ese día estuvieron casi todo el tiempo que pasaron en aquel lugar hablando, y de esta conversación salió que al día siguiente don Luis le pidiera a su padre que lo enseñara a montar a caballo, puesto que Pepita le había sugerido que se lo pidiese. A Pedro de Vargas, que es como se llamaba el padre de don Luis, le hizo mucha ilusión la petición de su hijo, y enseguida comenzaron las clases. En menos de una semana don Luis ya sabía cabalgar perfectamente, y un día decidió ir a visitar a Pepita para enseñarle que ya sabía. Cuando la muchacha lo vio, se alegró mucho, y le dio la mano, un símbolo de que ya eran amigos. A partir de entonces, los dos jóvenes se veían más a menudo y ya no se cortaban al hablar.

En el mes de mayo comenzaron a celebrarse tertulias de nueve a doce de la noche en casa de Pepita, y allí se jugaba al tresillo. Al principio don Pedro iba desde el principio, pero luego el trabajo se lo impedía y lo sustituía su hijo.

Poco a poco don Luis se iba dando cuenta de que sentía algo por Pepita. No podía quitársela de la cabeza y si en algún momento sus rodillas o sus manos se rozaban sentía un cosquilleo como nunca había sentido. Además, tenía razones para pensar que Pepita sentía lo mismo por él, sobretodo por la forma que tenía de mirarlo. Finalmente se supo que los temores que le escribía su tío eran ciertos, estaba enamorado de Pepita. Pero el solo pensar en esta idea lo traía de cabeza: se sentía un hipócrita ante Dios, su tío y su padre, al que no le podía decir lo que sentía. Ante esta situación, don Luis le pedía a su tío que hiciese todo lo que pudiese para que su padre lo dejara marchar cuanto antes. Además se proponía todas las noches que al día siguiente no iba a volver a ir a aquella casa, pero cuando su padre le decía que fuera primero ya que él llegaría más tarde, don Luis se iba sin rechistar.

Uno de esos días, don Luis llegó demasiado pronto a la casa de Pepita, y la encontró a ella sola. Al verse ambos se pusieron colorados. De pronto Pepita se puso a llorar, y sin saber por qué, don Luis acercó su cara a la de ella y de dio un beso en los labios. En ese instante se escucharon los pasos de alguien que se acercaba y pudieron separarse justo antes de que el Vicario apareciese por la puerta.

Don Luis no volvió a ir a casa de Pepita, aludiendo que no se encontraba bien, y nadie podía sospechar que estaba mintiendo ya que tenía la cara pálida y los ojos ojerosos como consecuencia de haber pasado tantas noches sin dormir pensando en Pepita y maldiciéndose a sí mismo por haber sido tan hipócrita. Ahora más que nunca en sus cartas le pedía a su tío que lo sacara de allí, y finalmente consiguió que su padre lo dejara partir el 25 de junio.

La última carta que don Luis le escribe a su tío está fechada en 18 en junio. Nos quedaríamos sin saber lo que pasó si no fuese porque un sujeto, perfectamente enterado de todo, no hubiera escrito la narración que sigue:

A los cinco días de la última carta de don Luís, Pepita mandó llamar al Vicario. Pepita también parecía estar enferma, también víctima de no pegar ojo en todas las noches desde el beso con don Luis. Pepita le contó lo que sentía por don Luis, que él sentía lo mismo y que incluso se habían besado. El Vicario se quedó boquiabierto, y cuando pudo articular palabra le dijo a la muchacha que debía dejar marchar al futuro clérigo porque había sido llamado por Dios, y no debía ponérselo más difícil. Cuando el Vicario se marchó, Pepita parecía haberse quedado bien, pero luego se puso a llorar desconsoladamente en un sentimiento de impotencia al dejar escapar al único hombre que había amado en su vida. Al escucharla entró Antoñoña, su ama de llaves y mayor confidente, e intentó consolarla sin éxito alguno.

Esa misma tarde Antoñoña se presentó en casa de don Luis y le pidió que fuese a despedirse de su niña (como ella la llamaba) antes de marchar. Después de pensárselo un poco, don Luis aceptó y quedaron en que al día siguiente a las 10 en punto de la noche don Luis iría a casa de Pepita a despedirse de ella.

Al día siguiente, don Luis estaba muy nerviosos, y horas antes de las 10 se fue a pasear por el campo para meditar y pedirle a Dios que le diera fuerzas para hacer lo que debía. Era la noche de San Juan y las calles estaban repletas de gentes, por lo que era prácticamente imposible de que alguien lo pudiera ver entrar en la casa de Pepita. Sin embargo don Luis no estaba para fiestas, y después de estar alejado del pueblo, andando por las sendas, se dirigió al pueblo y llegó casa de Pepita media hora tarde. Antoñoña estaba en la puerta y re regañó por llegar tarde, pero no mucho ya que lo llevó corriendo por el pasillo y lo metió en el despacho de Pepita, donde esta estaba.

Pasaron varios minutos hasta que uno de los dos jóvenes se dignó a hablar. Pero a partir de entonces entraron en una discusión en la que Pepita intentaba que don Luis se quedara y este le decía que su vocación era muy fuerte. Cuando ya estaba casi decidido que don Luis se iba a ir, Pepita salió repentinamente de la habitación y don Luis, sin saber por qué, también salió detrás. Al cabo de un rato aparecieron de nuevo ambos. Nadie sabe lo que pudo pasar, lo que si es cierto es que cuando estuvieron de nuevo en la habitación ambos se besaron y don Luis le dijo a Pepita que la quería demasiado como para dejarla por una vocación sacerdotal ficticia, que más que nada era su orgullo de demostrar a la gente que podía llegar a ser para lo que se había estado preparando toda la vida.

Cuando don Luis salió de la casa de Pepita, ya de madrugada, se dirigió a la taberna en busca del conde de Genazahar para vengarla, ya que don Luis lo había escuchado blasfemar de ella antes pero no había hecho nada por eso de la vocación sacerdotal. Don Luis le dio un buen escarmiento al conde, aunque también resultó herido, por lo que tuvo que guardar cama durante una semana.

Cuando pudo dejar la cama, don Luis le contó a su padre lo que sentía por Pepita y que ella le correspondía. Don Pedro comenzó a reírse y le dijo que ya lo sabía por las cartas que su hermano, el Deán, le escribía y porque unas mujeres lo vieron salir de la casa de Pepita. Don Pedro estaba muy contento por su hijo y le dio su bendición. Un mes después don Luis y Pepita se estaban casando y fueron muy felices viajando por el mundo y con su primer hijo, al que llamaron Pepito.

MENSAJES

@ El amor entre dos personas es muy fuerte y hace que ambas sean las personas más egoístas del mudo: se debe conseguir el objeto amoroso a toda costa.

@ Para ser sacerdote debes estar muy seguro ya que es un gran sacrificio que algo como el amor verdadero puede vencer.

@ Amar a otra persona no es una ofensa a Dios, es simplemente un amor diferente, un amor terrenal.

@ El amor de padre y de madre es muy fuerte y lo perdona todo. Además, un padre o una madre siempre están dispuestos a sacrificarse por los hijos.

@ Los sentimientos no se pueden dejar de lado o ignorarlos, siempre acaban saliendo al exterior de cualquier manera.

@ Un amigo de verdad, lo que se llama un amigo confidente, se preocupa mucho por ti y esta dispuesto a hacer lo que sea o hablar con quien sea por ayudarte.

@ Hay que evitar los problemas, pero una vez que los tenemos no debemos escondernos de ellos, sino afrontarlos cara a cara con el mayor valor y buena voluntad.

@ Cuando nos enamoramos de alguien del que otra persona querida está enamorado no podemos evitar sentirnos mal, como traicioneros hacia esa persona, y si además la persona amada nos corresponde, el sentimiento es aún mayor.

@ Muchas veces hacemos las cosas no porque queramos, sino porque los demás esperan eso de nosotros, y por eso muchas veces acabamos por abandonarlo cuando nos damos cuenta que eso no es lo que deseamos hacer.

JUICIO CRÍTICO

Cuando yo presentía que esta no iba a ser como las demás novelas realistas que e había comenzado a leer y que me había aburrido no me equivocaba. Pepita Jiménez es una novela que me ha gustado mucho por el tema (un amor imposible que finalmente se realiza) y porque, aunque se nota que es realista porque se centra en pequeños detalles, no lo hace de una forma aburrida. No obstante tengo que confesar que la parte que se me ha hecho más amena ha sido los paralipómenos porque en las cartas le da mil vueltas a un sentimiento, aunque no se me ha hecho demasiado pesado. Sin embargo soy consciente que son la parte principal de la obra, ya que sin este extraordinario principio la obra habría decaído: contada por una tercera persona totalmente, la historia de Pepita y don Luis no hubiera sido lo mismo, no tendría la misma apariencia real que hace que la obra te envuelva, te conmueva y te haga participar en la historia de los personajes.

Me ha gustado mucho la forma en la que ha metido el monólogo interior y narrador omnisciente en el relato, características del realismo que le dan amenidad a la obra y un aspecto diferente al alternar dos formas de narración: las cartas son principalmente monólogos interiores en los que don Luis le cuenta todo lo que siente a su tío, y los paralipómenos es una narración normal en la que, como dice al principio, la cuenta un sujeto perfectamente enterado de todo. Otra característica del realismo que ha sido muy importante en la obra es la presencia de la naturaleza: en otro sitio la fascinación progresiva que diente don Luis por Pepita no sería la misma, ni la impresión que causa sobre el espectador la descripción de este amor creciente mezclado con la descripción de una entrante primavera en el campo: el murmullo de los riachuelos, el frescor del agua, el aroma de las plantas...

En cuanto al lenguaje me ha gustado especialmente porque es bastante sencillo, pero a la vez muy profundo. En el libro te explica perfectamente la contradicción que siente don Luis con respecto a sus sentimientos de un modo tan natural que a veces te sientes identificado porque todo el mundo alguna vez nos hemos enamorado y hemos tenido dudas de diverso tipo: se lo digo, a quién quiero... Con esta novela he afianzado lo que todo el mundo dice y yo estoy comenzando a descubrir: la literatura son obras sobre la vida.

Lo que no comprendo es por que se dice que Pepita Jiménez es una novela psicológica que estudia la psicología femenina ya que yo entiendo que si esto fuera así las mujeres seríamos una absolutas egoístas a las que no nos importaría los sentimientos de las personas con tal de conseguir lo que deseamos.

Finalizo este juicio crítico recomendándole a todo el mundo esta obra que me ha hecho ver el realismo de una forma diferente a como lo veía: la obra tiene de todo: naturaleza, amor, dudas, sentimientos de culpabilidad, religión, e incluso un mínimo toque de violencia. Es una obra muy conseguida, donde todos los detalles, situaciones y cosas sin importancia tienen un sentido relevante en la obra.

DICCIONARIO

@ Paralipómenos: dos libros del Antiguo Testamento.

@ Zafia: inculto, grosero.

@ Entreverar: mezclar una cosa con otra.

@ Hilaza: hilo basto.

@ Añasco: enredo, embrollo.

@ Plañir: Llorar, gemir.

@ Ínfula: Adorno de lana blanca de los sacerdotes paganos. Vanidad, presunción.

@ Perseverar: Persistir en el modo de ser u obrar.

@ Ilícito: No permitido

@Congoja: Angustia. Desmayo.

@ Loar: Alabar.

@ Pusilánime: Cobarde, tímido.

@ Postrero: Último, que está detrás.

@ Crinado: Que tiene el cabello largo.

@ Luengo: Largo

@ Vituperio: Desaprobación, censura. Baldón.

@ Redomado: Muy astuto y cauteloso.

@ Intrínseco: Esencial, íntimo.

@ Huelgo: Aliento, respiración. Holgura, anchura

BIBLIOGRAFÍA

Para realizar este trabajo he utilizado los siguientes libros:

@ Libro de Pepita Jiménez de Juan Valera. Colección Austral, Espasa Galpe.

@ Diccionario de la Lengua Española, Everest Cumbre.

@ Lengua y Literatura de 4º de E.S.O., editorial Bruño.

11

9