Península Iberica hasta la dominación romana

Historia de España. Prehistoria. Paleolítico. Mesolítico. Neolítico. Edad del bronce y hierro. Colonización fenicia y griega. Hispania romana

  • Enviado por: Eduardo Ibañez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 33 páginas
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TEMA 24 : LA PENÍNSULA IBÉRICA HASTA LA DOMINACIÓN ROMANA

1 . LA PREHISTORIA

A) EL PALEOLÍTICO.

El paleolítico en la península se caracteriza en primer lugar desde el punto de vista ecológico, por la relativamente escasa presencia de las glaciaciones, que al aparecer sólo alcanzaron carácter importante en la franja pirenaico-cantábrica, con escasa repercusiones humanas en las sierras del Sistema Central.

Por otro lado, hay que destacar la presencia del hombre primitivo en todas las etapas básicas del periodo, si bien muy desdibujada en los primeros momentos. Desde el punto de vista metodológico, la escasez de yacimientos excavados con técnicas modernas, ya que el número de estudiados en las últimas décadas representa un reducido tanto por ciento con respecto al total de los explorados.

A.1. El Paleolítico Inferior

Esta larguísima fase es, de momento, la peor conocida. Su cronología en la península se sitúa aproximadamente entre el 800000 y el 100000 años B.P.

Hasta hace unos pocos años, no se había identificado un solo vestigio de homo presapiens,. Recientemente se han hallado restos en la cueva de Atapuerca (Burgos) y otros en la cueva de L´Aragó en el Rosellón.

En cambio, las industrias del Paleolítico Inferior se han identificado en numerosos puntos que cubren toda la península. Hasta fechas recientes, se creía que el poblamiento se concentraba en la zona central de la Meseta: valles del Manzanares y del Jarama. Hoy se sabe de la existencia de numerosas terrazas cuaternarias en ríos diversos, como el Tajo o o el guadalquivir, donde la presencia de útiles abbevillienses y chelenses aparecen en cantidad. Un caso especial, conocido desde antiguo, y estudiado recientemente, son los yacimientos de Torralba y ambrona en la provincia de Soria. Se trata de Cazaderos de animales mayores de época achelense.

Pero quizá la mayor novedad de los últimos años, que amplía considerablemente el panorama, consiste en la identificación de numerosas industrias de guijarros toscamente tallados(Pebble-Tools) que hasta fechas recientes habían sido poco valorados, incluso a nivel mundial, y que solo han entrado más a fondo en los estudios de prehistoria recientemente.

Es por ello que pese a que han aparecido en zonas muy diversas y aunque algunos historiadores les han atribuido gran antigüedad(Breuil), no podemos extraer conclusiones generales.

A.2. El paleolítico Medio

Al llegar al Paleolítico Medio(100.000-35.000 B.P.), el panorama alcanza mayor coherencia. Las industrias musterienses características de este periodo han podido ser mejor estudiadas. Disponemos asimismo del conocimiento de restos antropológicos del hombre de Neanderthal, repartidos por todo el este peninsular, desde las cercanías del Pirineo(Banyoles), pasando por la zona valenciana(cova Negra de Xàtiva), Andalucía(cueva del Piñar en granada) hasta Gibraltar. En total se conocen unos 150 yacimientos que abarcan todo el ámbito peninsular. Tales yacimiento se presentan al aire libre, al igual que los del Paleolítico Inferior, pero por primera vez, también en cuevas. Situación esta última que presenta mayores posibilidades de estudio, sobre todo por la concentración de materiales y por la posibilidad de establecer estratigrafías de las que deriva información cronológica. Los materiales líticos, únicos conocidos en abundancia, presentan matices diversos.

Al parecer existe una fase inicial con tipos toscos, que raramente se hallan en cuevas. Ciertos tipos que parecen proceder de la tradición achelense, son especialmente numerosos en el litoral cantábrico.

En conjunto, puede decirse que, la técnica lítica musteriense muestra un avance considerable en relación con las piezas del Paleolítico Inferior. Partiendo de lascas, se fabrican diversos útiles adaptados a diferetnes funciones: puntas de dardo o de lanza, raederas para trabajar piel o madera, cuchillos, buriles para perforación. Estamos mal informados en cambio, sobre el instrumental de hueso.

Aparte de las industrias, nuestro conocimiento de los neandertales es escaso. Conocemos la existencia de creencias en el más allá, inferidas por vestigios de restos sepulcrales. Si bien en España solo tenemos un caso de hallazgo de una sepultura elaborada: la que apareció recientemente(1969) en la cueva Morín de la provincia de Santander, que contenía un adulto y un niño.

A.3.El Paleolítico Superior. Esta etapa representa una serie de notables cambios. En primer lugar la aparición del Homo Sapiens Sapiens, es decir, un tipo humano antropológicamente ya muy próximo a nosotros(el hombre de Cromagnon en sus diversas variantes). En segundo lugar, la presencia de actividades artísticas, tanto en pintura parietal- el arte rupestre- como en decoración sobre placas grabadas o pintadas o sobre hueso-arte mobiliar-. Finalmente, observamos una complejidad mucho mayor en el utillaje lítico, con gran variedad de instrumentos a nivel funcional., y asimismo notables diferenciaciones cronológicas, formando compactos grupos técnicos, a los que frecuentemente se les atribuye el carácter de culturas diferenciadas.

El número de yacimientos es extraordinariamente más elevado, indicando que estamos ante una demografía superior a la del Paleolítico Medio y, naturalmente, de modo más acentuado respecto a las fases más remotas. Básicamente tales yacimientos corresponden a cuevas, ya que durante este periodo, la vida cavernícola constituyó una característica destacada. Igualmente se manifiesta un cambio económico en el sentido de que la caza pasa a constituir uno de los elementos fundamentales de la alimentación, caza en la que juegan un papel importante los animales mayores. No en vano el Paleolítico Superior ha sido definido como la época de los grandes cazadores.

La primera fase del paleolítico superior hispánico corresponde al auriñaciense, que hallamos en Cataluña, cerca de los pasos orientales del Pirineo, así como en la región Cantábrica. Estas podrían ser las zonas de entrada, partiendo de la base de que los hombres de Cromagnon, portadores de las nuevas técnicas, se infiltraran a partir de Europa. Pero la extensión no se limita a la zona norte, sino que existen hallazgos en los valles del Manzanares y del Tajo, hasta territorio portugués, así como también disponemos de elementos claros en la zona valenciana, con algunos ejemplos en Andalucía, por ejemplo, en la cueva de la Carigüela de Granada.

La siguiente fase, el Gravetiense tuvo un peso considerable en varias zonas hispánicas. Sin apartarse, en grandes líneas, de la tipología auriñaciense, se caracteriza por la abundancia de puntas o de hojas de dorso rebajado, retocado(la llamada punta de la Gravette, que da nombre al periodo). Su existencia se manifiesta en la región cantábrica, en el norte de Cataluña y en la parte central del País Valenciano, con cuevas que han dado ricos conjuntos como el Parpalló, Barranc Blanc o Mallaetes. Pero se manifiesta asimismo en gran parte de la meseta y Andalucía.

Las industrias solutrenses representan una nueva fase técnicamente dotada de gran personalidad por la presencia de un nuevo tipo de talla, muy perfecta: el retoque plano. Con ella se tallan instrumentos de gran precisión, entre los que destaca la hoja de laurel o la punta triangular con pedúnculo, instrumentos destinados a mejorar los sistemas de caza .

El solutrense ha sido dividido en tres etapas, inferior, medio y superior.

Se han identificado dos grupos bastante claros y diferenciados tecnológicamente hablando. Al primero de ellos le han atribuido algunos investigadores el invento de la punta de flecha de aletas y pedúnculo. Esto ha sido objeto de gran controversia y ha costado mucho de ser aceptado por la comunidad internacional de especialistas, pues este tipo de puntas será un instrumento característico de las primeras épocas del metal, después de un eclipse de miles de años. Puede hablarse también de otro grupo Solutrense en la Meseta, identificado especialmente en el Manzanares.

La última fase del Paleolítico Superior presenta una doble dirección. Por una parte, en la zona mediterránea existe una especie de renacimiento de las técnicas gravetienses, sin que falten intromisiones de la técnica Magdaleniense. Pero donde el Magdaleniense se manifiesta con sus características típicas es en el litoral cantábrico, desde el País Vasco hasta Asturias, con una notable densidad de cuevas habitadas. La etapa Magdaleniense corresponde a un momento climático frío, la última glaciación. Probablemente por ello, el hueso pasa a ser un instrumento fundamental en la fabricación de los instrumentos, por encima del sílex, que había caracterizado las etapas anteriores. El magdaleniense cantábrico estará estrechamente vinculado con el francés, señalándose en grandes líneas las mismas divisiones internas, durante escasamente los diez mil años que se atribuyen a esta fase, desde el 18000 al 9000 aproximadamente.

Una de las grandes novedades del Paleolítico superior consiste en sus manifestaciones artísticas. Fenómeno sorprendente e inesperado para los investigadores del siglo XIX. Hoy se conocen alrededor de medio centenar de cuevas con pinturas rupestres en la península, cantidad elevada que contrasta con la escasez del arte mueble, pintura o grabado sobre hueso o sobre placa de piedra, estas últimas sólo abundantes en la cueva valenciana de El Parpalló. Las cuevas pintadas se concentran de forma masiva en la zona cantábrica y son esporádicas en la meseta o Andalucía. Tanto para el caso peninsular como fijándonos en su distribución mundial, no hallamos explicación ante el hecho de que unas zonas presenten arte rupestre y otras no, cuando las culturas materiales respectivas resultan paralelas. Pero lo cierto es que la concentración de cuevas pintadas en una zona relativamente reducida se repite en otros territorios europeos, cuyo caso más típico es el de Francia.

Las cuevas pintadas presentan unas características similares. Las pinturas suelen hallarse en las zonas profundas de las cuevas, lejos de la entrada y de la luz del día, marcando así un carácter secreto, como de santuario. Las representaciones son exclusivamente de animales mayores, la gran fauna cuaternaria de la caza: bisontes, caballos, cérvidos y en nuestro caso, sólo raramente renos y mamuts. Faltan, en cambio animales menores, que sin duda formaban parte importante de su subsistencia. Sus figuras están representadas independientemente, sin que se organicen escenas; por el contrario, son frecuentes las superposiciones. Se tiende siempre al estilo naturalista y no existen representaciones figuradas de pequeño tamaño. Estilísticamente aparecen varios tipos: siluetas, figuras con relleno unicolor (las llamadas pintas planas), y policromía. El significado de este arte rupestre ha sido muy discutido, llegando algunos investigadores a pretender fijar significados muy concretos que no siempre han sido aceptados. Otro problema sumamente discutido se refiere a las épocas de ejecución y las sucesiones de estilos, sobre los que no hay unanimidad. En principio, parece aceptable un inicio en el auriñaciense, continuando en la fase solutrense, pero con un marcado auge durante el magdaleniense, al que corresponderían la gran mayoría de representaciones conocida, así como las muestras más brillantes(caso de Altamira),por ejemplo). Así tendríamos, para el arte rupestre, unos veinte mil años de vida, con una concentración muy marcada entre el 15000 y el 10000 B.P.

Acabadas las consecuencias finales de la última glaciación y con la entrada a la época geológica actual, el Holoceno, el clima se convierte en más estable. En los últimos diez mil años han existido variaciones climáticas pero de tamaño reducido. Este cambio climático provocado por el fin de la glaciación representa el el final del Paleolítico Superior, que es el fin de la época de los grandes cazadores. La desaparición de la mayoría de los animales mayores que en algunos casos fue radical, como en nuestra península las del bisonte y el caballo que no reaparece hasta tiempos muy posteriores, exige que las bases cárnicas de la alimentación se concentren en los animales pequeños, quedando únicamente los cérvidos y cápridos como suministradores de carne de cierta entidad.

Cuando realizamos una excavación estratigráfica en cuevas, en los estratos inmediatamente continuadores del paleolítico aparecen, en grandes cantidades, huesos de conejo, de jabalí e innumerables conchas de caracol. Este fenómeno claramente detectado en los yacimientos hispánicos, es general, siendo característicos los grandes amontonamientos de conchas de los campamentos contemporáneos del norte de África que alcanzan a formar verdaderas colinas.

B) EL MESOLÍTICO O EPIPALEOLÍTICO

Naturalmente, no es fácil establecer una división tajante entre Paleolítico Superior y la fase siguiente, ya posterior al cuaternario, que ha sido denominada Mesolítico o Epipaleolítico, puesto que en muchos casos existe una evidente continuidad. La tendencia al empobrecimiento propia de esta época no se reduce a la desaparición de grandes mamíferos. Se manifiesta muy claramente en el utillaje lítico, del que desaparecen las piezas mejor trabajadas, manifestándose una clara tendencia hacia la fabricación de piezas muy pequeñas de sílex, denominadas microlitos con frecuencia afectando formas geométricas, por lo general trapecios y triángulos.

Además, en amplias zonas, la continuidad con viejos tiempos parece indiscutible. Así, en la zona del este se manifiesta una especie de renacimiento de las antiguas técnicas líticas gravetienses, que habían quedado diluidas en las fases posteriores del paleolítico superior. Pero, por otro lado, en ciertas áreas, los contactos con grupos nuevos del exterior resultan patentes. Así, en la zona Cantábrica existen industrias de tipo aziliense perfectamente relacionables con yacimientos franceses.

En el Epipaleolítico, el ambiente climático era ya casi moderno, dentro del periodo llamado Atlántico, algo más cálido que el existente hoy en la misma región. Tanto la fauna terrestre como los moluscos, no difieren ya esencialmente de sus congéneres actuales.

  • EL NEOLÍTICO.

  • Lo que define esencialmente esta nueva fase de la historia de la humanidad es el paso de la economía de recolección y caza sobre la que se había basado el hombre paleolítico, a la capacidad de obtener alimentos a través de la agricultura y la ganadería. Es decir, la entrada en la estructura agropecuaria, que ha tenido una proyección ininterrumpida en el curso del resto de la historia. Fue acompañada del invento de la cerámica, que representó la introducción de la cocina del hervido, de enormes repercusiones sobre las posibilidades de supervivencia: se solucionaban así problemas de alimentación de niños, enfermos, viejos, etc.

    Aparte de su importancia en sí, por lo ya indicado, la cerámica ofrece un nuevo elemento de información. A partir de ahora nos ayudará a definir áreas culturales o grupos sociales, así como caminos de influencias o de relaciones.

    Se ha sospechado la posibilidad de que existiera en la península Ibérica una fase neolítica inicial, sin cerámica, similar a la que tenemos atestiguada en otros países, por ejemplo, en Palestina(Jericó). El paso del Epipaleolítico al Neolítico no siempre se manifiesta de una manera tajante, pero en el estado actual de las investigaciones, tal suposición no está apoyada por documentación segura.

    C.1.La primera fase del neolítico peninsular: la cerámica Cardial.

    El primer grupo neolítico claro identificado en nuestra Península es el de los habitantes de las cuevas que utilizaron un tipo de cerámica que hoy suele citarse como cardial o impresa. Es característica su decoración, obtenida por medio de impresiones cuando el barro no se había solidificado todavía, realizadas con una concha, denominada científicamente Cardium Edule (de aquí viene el nombre de Cardial), o con punzones o peines de madera. Tal decoración, que parece provenir del deseo de que las vasijas imiten productos de cestería, se reduce a veces a pequeñas zonas de las paredes exteriores, pero en otros casos es prácticamente total. Esta cerámica es el elemento clave para la definición de esta primera etapa neolítica peninsular. Los restante materiales son relativamente modestos. Las piezas de sílex, por lo general pequeños cuchillos, no presentan especial calidad.

    La situación de las cuevas habitadas, en lugares montañosos, parece indicar un predominio de la ganadería sobre la agricultura. Sin embargo, la existencia del cultivo de cereales está bien documentada, sobre todo en la Cova de l´Or de Beniarrés(Alacant), donde han aparecido, en cantidad, trigo y cebada, que debían cultivarse mezclados, tal como sucede en el mismo momento en el Próximo Oriente y en otros puntos.

    Análisis de carbono 14 de esos granos, han proporcionado fechas en torno al 4500 a. de C., cronología que resulta perfectamente coherente con las que dan las pruebas de c14 en el conjunto del occidente mediterráneo.

    Si bien lo típico de las gentes de este grupo neolítico fue la vida cavernícola, se conocen algunos escasos poblados, y no sería sorprendente que nuevas investigaciones ampliaran su número, dado que se trata de yacimientos de localización difícil. Los dos más conocidos se hallan en Villena, en la parte meridional del País Valenciano y son la Casa de Lara y el Arenal de la Virgen, yacimientos ambos que presentan fases posteriores, pero que parece seguro que existieron en esta primera fase neolítica de la península. Existe además otro poblado, situado en Viloví, en el Penedés Catalán, donde no se aprecian intromisiones posteriores a las cerámicas impresas. Como acabamos de decir, se trata de comunidades que tenían en las cuevas el centro básico de vida, si exceptuamos casos esporádicos, sobre todo en puntos de la Italia meridional. Su economía era típicamente neolítica, es decir, agricultura incipiente y ganadería como factor predominante La industria del hueso muestra un claro progreso respecto a anteriores etapas, pero, en cambio hay pobreza en los instrumentos líticos, sobre todo en la talla del sílex.

    La distribución de este primer Neolítico alcanza todo el litoral mediterráneo peninsular, tomando el término litoral, eso sí, en un sentido amplio.

    En Cataluña aparecen bastantes yacimientos, entre los que destacan las cuevas del macizo de Montserrat, donde se identificó por primera vez esta cultura(por eso se llamó en un primer momento a la cerámica que aparecía Montserratina). De todas formas los materiales proporcionados por el resto de cuevas catalanas son relativamente escasos, y sus cerámicas se distinguen por una decoración limitada, con motivos sencillos, raramente ocupando la totalidad de la pieza. Esto es todo lo contrario de lo que muestran las cerámicas de dos importantes yacimientos Valencianos, la ya citada cova de l´Or de Beniarrés y la Cova de la Sarsa, en Bocairente - ambas con potentes estratos, indicio de una utilización larga y densa- que se hallan relativamente próximas entre sí. Relacionada con dichos yacimientos Valencianos aparece en Andalucía la cueva de la Carigüela de Piñar(Granada), hasta ahora la única andaluza que ha proporcionado un conjunto numeroso, importante, de tales tipos cerámicos.

    Respecto al origen de los grupos neolíticos que fabricaron esta cerámica, hay que decir que no está claro su enlace- antropológico y cultural- con el mundo Epipaleolítico que les precedió en el tiempo. Por el contrario, hoy se piensa que habiendo surgido en el Próximo Oriente, la cultura Neolítica fue desplazándose a través del litoral mediterráneo, hasta llegar a la península. De hecho se trata de una cultura que se manifiesta(a través de sus yacimientos) en casi todas las tierras litorales del Mediterráneo, aunque con matices locales. Este desplazamiento se realizaría a través del litoral mediterráneo y de ello puede deducirse un cierto desarrollo de la navegación.

    C.2La cultura de los sepulcros de fosa

    Se trata de una segunda fase neolítica clara, anterior a la expansión de los primeros conocimientos del metal. Sólo está identificada con seguridad en Cataluña. Es la denominada cultura de los sepulcros de fosa, de la que precisamente, sólo se conocen sus manifestaciones funerarias. Estos enterramientos, consisten, como su nombre indica en unas fosas, cubiertas por una o varias lajas de piedra o también en un grupo concreto, por pequeñas cistas. El cadáver, generalmente único, aparece en posición encogida, rodeado de algunas ofrendas. Solo raramente contienen estas fosas dos individuos, en cuyo caso parece ser que se tratan de un hombre y una mujer. Es característica su cerámica lisa, de formas simples, entre la cual figura esporádicamente el vaso de boca cuadrada. El sílex se reduce a pequeños cuchillo y microlitos que pueden ser de formas geométricas. No son raros los objetos de adorno, collares de conchas o con cuentas, entre las que destacan las fabricadas con la piedra denominada “Callais” o “Calaita”. De forma escasa, y sin duda en su fase final aparecen las puntas triangulares de sílex o algún instrumento de cobre.

    La situación de las tumbas ofrece indicaciones sobre tipos de vida. Hay que señalar que, en general, no aparecen aisladas, sino formando pequeñas necrópolis que sin duda se hallarían en las proximidades de los poblados. De tales poblados únicamente tenemos vestigios vagos. No es de extrañar, puesto que los yacimientos se sitúan por lo general en el llano o en zonas poco montañosas, aptas para la agricultura, cuyos campos han sufrido la acción constante del arado hasta nuestros días, borrando los vestigios superficiales. A pesar de ello, todo nos indica que se trata de pequeñas comunidades, las primeras que desarrollaron sistemáticamente el cultivo en llanura, viviendo en las inmediaciones de sus campos, en una fase de un Neolítico ya avanzado tecnológicamente, a diferencia del mundo cavernícola anterior. Ya hemos indicado que hasta el momento esta segunda fase del Neolítico sólo es conocida en Cataluña, pero no en todo su territorio. Existen testimonios a lo largo de todo el litoral, desde el Ampurdán hasta la desembocadura del Ebro. Aparece asimismo en las comarcas prelitorales, en algunas de forma densa(Vallès-Penedès), y en la parte central del país, muy especialmente en la zona de Solsona. En ésta, los enterramientos se caracterizan por ser del tipo de cista, por lo que se ha pensado en si podría tratarse de un grupo relativamente autónomo.

    Sorprende el hecho de que una fase cultural análoga no exista en otros territorios hispánicos, pero lo cierto es que hasta ahora no se dispone de yacimientos parecidos en el resto del ámbito peninsular. En cambio, hallamos claras similitudes con un amplio grupo que ha sido definido como “Neolítico Occidental”. Comprende las denominadas cultura de la Lagozza del norte de Italia, la de Cortaillod en Suiza, la de Chassey en Francia, todas ellas manifestaciones culturales que se proyectan también en una parte de las islas británicas, y que si bien conservan una serie de matices diferenciales, mantienen todas ellas unas características comunes, que ya hemos señalado para la cultura del sepulcro de fosas catalana, es decir: vida en pequeños poblados en llano, tumbas muy similares a las descritas, predominio muy claro de las cerámicas lisas, ausencia de metal salvo en sus fases finales, piezas líticas poco espectaculares, etc.

    Algunos elementos concretos parecen haber alcanzado esas zonas occidentales por vía Danubiana. En efecto, sabemos que junto al camino mediterráneo, por el que es preciso aceptar la llegada a occidente de las primeras fases neolíticas, la ruta del Danubio, a través de la Europa central, representó otra aportación, de la que el indicado Neolítico occidental resultaría su producto extremo.

    El enlace del grupo catalán con dicho conjunto quizá contribuya a explicar su escasa penetración peninsular, que en el estado actual de nuestros conocimientos no tenemos más remedio que aceptar.

    2. EL PERIODO PROTOHISTÓRICO

    A)ENEOLÍTICO Y BRONCE: LAS PRIMERAS SOCIEDADES CON METALURGIA.

    Si los milenios V y IV se caracterizan por la introducción del pastoreo y la agricultura, el tercer milenio supone para nuestra península la entrada en la economía incipiente de los metales.

    La aparición de la metalurgia tiene una importancia capital, tanto por lo que representa en relación con un avance de la técnica derivada de las posibilidades de empleo del cobre y del bronce, como por su impacto en la estructura social. Al mismo tiempo, el proceso agrícola iniciado en la etapa anterior se extenderá ahora, alcanzando nuevos territorios y una mayor intensidad en las tierras que anteriormente habían visto aparecer el Neolítico en la Península. Aparecen asimismo los primeros núcleos pre-urbanos y los poblados primarios de las comunidades agrícolas iniciales, superando la vida cavernícola, que sigue, pero ya como un arcaísmo.

    Pero es la aparición del uso del metal lo que determina y confiere características diferenciadas a este periodo. Este metal primero es el cobre y luego la amalgama de cobre y estaño, o sea, el bronce, siguiéndose, pues, el mismo camino que en los restantes pueblos del mundo antiguo. El uso del cobre y, después, del bronce para una serie de instrumentos y armas se impone lentamente. Resulta difícil valorar el tanto por ciento de útiles de metal empleados en estos primeros periodos, porque es frecuente que los hallazgos no reflejen con exactitud el número de piezas en uso, pues así como en otros materiales, como la piedra o la cerámica, el reempleo es prácticamente inexistente, no sucede lo mismo con el metal, que puede aprovecharse fundiéndose de nuevo las piezas inútiles, que pasan a constituir así nueva materia prima. De todas maneras, hay que destacar que todo el periodo inmediatamente anterior a la divulgación del bronce, lo que los prehistoriadores han venido en llamar Eneolítico, se caracteriza en la industria no sólo por el uso del cobre, si no también por un verdadero renacimiento de de las técnicas líticas, sobre todo del sílex. Los grandes cuchillos y sobre todo, las puntas de flecha de formas diversas, pero siempre con tendencia al triángulo, que se hallan ahora en grandes cantidades, constituyen una prueba de la manifiesta de la vitalidad que seguían teniendo las viejas materias tradicionales, así como la perfección alcanzada por los artesanos. Es posible que la competencia de los metalúrgicos estimulara a los productores de instrumentos de piedra, obligándoles a adaptarse a las nuevas necesidades, así como que imitaran prototipos metálicos en sílex.

    Los primeros elementos de cobre consisten en instrumentos y armas(pequeños cuchillos, puñales, punzones, agujas, flechas) y en piezas decorativas suntuarias, de cobre, pero también de plata y de oro(brazaletes, sortijas, diademas), estas en cantidad escasa. Pero en los primeros momentos, más que por su importancia como sustitución de las piezas de tipo tradicional, el impacto de la metalurgia se manifiesta a través de los cambios sociales que implicó.

    En efecto, su primer resultado fue una clara tendencia a la estratificación de las sociedades en su aspecto interno y, paralelamente, a dar mayor pujanza a unos grupos sobre otros. Mientras la base económica fue la tierra cultivada, se manifestaría en las comunidades una tendencia igualitaria. Pero cuando aparece un grupo poseedor de una técnica tan especializada y al margen de todos los hombres del grupo como es la metalurgia, se crean unos nuevos elementos diferenciados en la escala social. Un fenómeno análogo se produce en las relaciones entre los pueblos. Los Yacimientos metalíferos se hallan sólo en áreas determinadas, cuyo dominio concederá una supremacía evidente a los grupos que los posean respecto a los restantes, que quedan al margen de obtener materia prima, También aquí se tiende a la desigualdad. Y este estado de cosas es el que explica la fuerza que manifestarán a lo largo del segundo milenio los pueblos de la parte meridional de la Península, precisamente la zona donde el cobre es abundante. Así mientras que en la época inicial agropecuaria se halla una civilización de nivel muy similar en todo el litoral mediterráneo y suratlántico, a partir de ahora el nivel de lo meridional -Andalucía y zonas adyacentes- destaca sobre el resto con claridad.

    La búsqueda y el dominio de las zonas con yacimientos metalíferos estructura unas sociedades mucho más duras, más belicosas que las anteriores. Buena prueba de ello es el distinto emplazamiento de los núcleos habitados. En los grupos más avanzados los poblados aparecen situados en las alturas fáciles de defender, que por lo general completan las posibilidades naturales de defensa con murallas. Además en estos grupos, en las tumbas las armas son abundantes, no faltando casi nunca las puntas de flecha de sílex, a veces en número elevado, así como los puñales. Y como los depósitos ofrendados a los muertos para sus supuestas necesidades de cara a la vida de ultratumba reflejan siempre las que tuvo el individuo en su vida corriente, se muestra que el armamento ha pasado a constituir una necesidad vital, imprescindible.

    Las tierras con minas fácilmente explotables se convierten, pues, en grandes focos dominantes. Por otra parte, su relativa rareza obligó a un movimiento comercial entre zonas a menudo alejadas unas de otras, de forma mucho más intensa que en épocas anteriores. Las necesidades básicas de las comunidades pastoriles y agrícolas podían cubrirse con una economía de áreas reducidas, pero esto ya no era así en las sociedades metalúrgicas. El afán de hacerse con cobre y estaño y secundariamente con oro, plata y plomo- explicará los contactos mediterráneos que se encuentran en la base de las transformaciones que experimentó Occidente. Y la existencia de yacimientos de estaño en el noroeste hispánico y en las islas británicas, es lo que incitará a la apertura de rutas marítimas atlánticas, que se abren en este periodo.

    Todos estos cambios afectarán a la población de la Península de modo distinto, de manera que el territorio peninsular se presenta dividido en una serie de grupos, cada uno de los cuales presenta una personalidad bastante diferente.

    Dos hechos generales pueden señalarse por encima de estos grupos. Primero el evidente parentesco entre todos ellos. Las diferencias, salvo algunas zonas montañosas aisladas, son de matiz. El segundo hecho es que las nuevas corrientes penetran en casi todas partes. Para algunos investigadores es incluso posible que hubiera regiones, en especial en el centro y en el norte, en las que el neolítico llegase con retraso, que vieran introducir la ganadería y la agricultura junto a los instrumentos de metal.

    Lo que separa a los distintos grupos de las diferentes regiones es no sólo una mayor o menor importancia en las técnicas del metal en cada una de ellas, sino también a otras características que se unen al aspecto puramente industrial. Así, en la parte meridional, en grandes sectores de Andalucía, en especial en el centro- valle del Guadalquivir y provincias de Almería y Granada-, la metalurgia va asociada a una civilización preferentemente agrícola, mientras que algo más al norte, en la Extremadura española y portuguesa, así como en Cataluña, en el País Vasco y en todo el sector del noroeste, hay predominio de la economía ganadera. El País Valenciano, Murcia y la parte central de Portugal, aparecen también con un matiz agrícola predominante, aunque se distinguen del grupo agrícola andaluz por otras particularidades que afectan, por ejemplo, a su distinto modo de construir los sepulcros. Precisamente respecto a los enterramientos hay que señalar que como reflejo de los cambios en las estructuras sociales del momento, aparecerán cambios en los enterramientos. Así, por ejemplo aparece ahora por primera vez el enterramiento colectivo de determinados grupos(familiares o sociales) frente al enterramiento individual o a lo sumo de pareja del Neolítico.

    Hay que decir por otro lado que la fase que ahora consideramos y que abarca desde los albores del metal hasta las grandes transformaciones que cabalgan en torno al año 1000 antes de nuestra era, puede dividirse en tres etapas perfectamente diferenciadas en líneas generales:

    A.1.El Eneolítico o edad del Cobre.

    La primera etapa puede definirse como época del megalitismo, y abarca entre el 2500 y los primeros siglos posteriores al 2000 B.P. Es un periodo en el que hallamos una serie de fenómenos que se extienden por gran parte de la península, y en el que el metal, si bien ya factor importante, todavía no ha desplazado a los instrumentos de piedra Dicho periodo es el que se ha venido denominando Eneolítico(edad del Cobre) ). Esta primera fase va a caracterizarse asimismo por un fenómeno que afecta a diversos puntos del continente Europeo, por las mismas fechas: el Megalitismo. Este fenómeno consistirá en la construcción de determinados monumentos, con significado y función diversa, que tienen el elemento común de estar realizados sobre grandes bloques de piedra. En líneas generales pueden distinguirse por un lado, los menhires, grandes bloques generalmente con forma cónica y acabados en punta que se sitúan verticalmente sobre el suelo. Su significado no se sabe con certeza, pero se relaciona con ritos mágicos o funerarios. De una mayor complejidad son ya los dólmenes constituidos por una especie de cámara o caja con una gran losa como cubierta. En este caso su finalidad es claramente mortuoria y se utilizaría para enterrar a determinados grupos familiares o clanes poseedores ya en esa época de una importancia social preeminente. A veces, a esta cámara dolménica se añade una entrada en forma de corredor(sepulcros de corredor), o el sepulcro consiste en una galería de paredes aproximadamente paralelas(galería cubierta). Por otro lado, aparecen también otras construcciones sepulcrales cuya característica esencial es el estar cubiertos con sistema de falsa bóveda. Esta bóveda se monta sobre una planta circular a base de ir avanzando cada hilada de piedras un poco más hasta conseguir que cierren en la parte superior. Se usa solo, por regla general, en construcciones importantes.

    Hay que destacar que para la construcción de estos monumentos funerarios se hace necesaria ya la existencia de una sociedad rígidamente estratificada, que sea capaz de disponer de la mano de obra numerosa y disciplinada indispensable para realizar el esfuerzo constructivo que tales monumentos representan, y que sólo habrá de utilizarse por parte de la que se ha constituido como élite social. De todos modos también existen en esta época enterramientos en cuevas de algunos grupos o clanes que presentan gran riqueza y un elevado número de armas, por lo que no puede deducirse que los grupos que construían megalitos fueran más poderosos o que sus sociedades fueran más complejas que el resto. En la península estos tipos de construcciones aparecen por un lado en toda la fachada atlántica hasta llegar a Andalucía Oriental, pasando por la costa portuguesa. Por otro lado también hay construcciones megalíticas en las Islas Baleares.(talayots, mesas). Por otro lado, aunque la complejidad de la época es considerable, y la cantidad de datos enorme, se han podido establecer diversos grupos culturales dentro de esta época Eneolítica. El más destacado entre todos ellos es el de la cultura de los Millares, denominada así por ser éste el poblado más característico. Se trata de una pequeña ciudad, con fuertes murallas con bastiones, con una gran necrópolis inmediata, formada por grandes tumbas megalíticas de variados tipos, entre las que descuellan las de cúpula. El material es rico en cantidad y calidad, siendo bastantes lo objetos de clara filiación oriental- Egipto y en mayor número el mundo Egeo- . Con la misma fase están relacionados los incontables megalitos de las zonas próximas de Granada y Almería. En este grupo, que parece haber tenido, al lado de la ganadería, una agricultura considerable, se hallan todos los elementos más característicos de las primeras civilizaciones del metal.

    Otro grupo cultural se situaría muy probablemente en el valle del Guadalquivir, en la actual provincia de Sevilla, aunque los restos han quedado muy diluidos. El tercer grupo está constituido por lo que la nomenclatura tradicional denomina cultura megalítica portuguesa. Comprende no solo casi todo Portugal, con especial concentración en la zona meridional, sino también zonas de Huelva y de la Extremadura española. La cantidad de sepulcros megalíticos es muy alta y en general los ajuares son ricos.

    Por otro lado, la costa mediterránea entre Murcia y Barcelona se caracteriza por su falta de monumentos megalíticos de cualquier tipo, que son sustituidos por las cuevas sepulcrales, siendo aprovechadas las naturales.

    En el País Vasco se han localizado una serie de sepulcros megalíticos que por su pobreza en el ajuar, simplicidad y escaso tamaño indica que en esa época el territorio estaba habitado por grupos de gente pastoril y sin excesivas riquezas.

    Respecto a los ajuares de los sepulcros hay que destacar sin duda alguna a los llamados vasos campaniformes. Se trata de un tipo de vasija muy peculiar en forma de campana invertida y con una decoración característica, que se halla extendida por un amplísimo territorio en Europa occidental, incluyendo muchos de los diversos grupos culturales de la península. Esta extensión tan amplia debe relacionarse indudablemente con la movilidad propia de un periodo de contactos económicos. El interés que esta forma presenta, nada tiene que ver con un adelanto de las técnicas, ni de la complejidad de la vasija, sino que deriva precisamente de que aparece en ámbitos culturales diversos y alejados entre sí. Su presencia, es pues, un dato que permite fijar una línea de contemporaneidad entre grupos distintos cuyos restantes elementos no son tan homogéneos, marcando además caminos de mutuas influencias.

    La primera fase de la Edad del Metal pierde su fuerza creadora a principios del segundo milenio, hacia el 1700 B.P. a partir de este momento, perdura en la mayor parte del territorio peninsular, con formas culturales estabilizadas y a menudo decadentes, en especial en las zonas más alejadas de los focos potentes del mediodía.

    A.2.La edad del Bronce pleno.

    En esta etapa se manifiesta la plenitud de la transformación provocada por el metal, en ese caso ya normalmente bronce. En la terminología clásica, corresponde a la edad del bronce, que tiene en el territorio hispánico como grupo más destacado la Cultura del Argar, típica y exclusiva del sudeste peninsular. Cronológicamente se corresponde con la parte central del segundo milenio. Los límites de esta cultura pueden definirse con una relativa aproximación desde la parte meridonal de la provincia de Alicante(Cuencas del segura o del Vinalopó), entrando ligeramente en los bordes de la Meseta por la provincia de Albacete, y alcanzando quizá la zona minera de Linares, para seguir hacia el sur hasta la costa de la provincia de Granada, incluyendo la mitad oriental de ésta. Constituye, pues, una zona concreta que posee, además, cierta unidad demográfica. Se denomina civilización del Argar, por ser esta localidad almeriense uno de los lugares en que de modo más definido ha podido ser identificada.

    Se trata de un grupo distinto respecto a los de épocas anteriores.Como criterio diferencial, muestra de modo patente un grado de técnica metalúrgica más elevado. El tanto por ciento de piezas en las que se ha empleado el bronce es ahora alto, y por tanto el triunfo de la técnica del metal es evidente. La mayor parte de instrumentos y de armas se fabrican de manera exclusiva con él, perfeccionándose la técnica y creándose nuevos tipos y formas más adecuadas al uso especializado. Se produce un desequilibrio a favor del metal, y la tradicional artesanía que empleaba materias líticas, tiende a desaparecer. El renacimiento de las industrias del sílex señalada para el Eneolítico acaba ahora, reduciéndose los instrumentos en cantidad y calidad. Es notable la desaparición de las eficaces puntas de flecha, tan bien talladas, y de los largos cuchillos.

    Pero quedan algunos casos en los que la sustitución no se produce. Precisamente uno de ellos nos ilustra sobre un aspecto importante del momento, no siempre debidamente valorado: la continua progresión ascendente de la cultura cerealística. El instrumento clásico de cultivo de los cereales es la hoz. Pues bien, uno de los instrumentos que aparece con mayor frecuencia consiste en unas pequeñas sierras de sílex que se engarzaban en un palo de madera, algo curvado, y que constituyen las hoces primitivas, que se extienden ahora por todo el ámbito de El Argar. Bronce y hoces pueden ser así, los dos elementos más significativos del momento, pues nos permiten conocer dos de los elementos principales de desarrollo de esta cultura: Metalurgia intensiva y Agricultura intensiva, sin que existan eso sí datos para saber si el arado intervenía ya en los cultivos. Pero junto a esto, el grupo presenta una serie de novedades que lo distinguen también del periodo anterior. Una de ellas es la acentuación del carácter bélico, manifestado en la situación de los poblados, todavía establecidos siempre en las alturas de fácil defensa natural y rodeados de murallas, aún de modo más marcado que en la fase anterior.

    El cambio de ritos es más significativo. Desaparecen los ídolos de cualquier tipo y toda clase de manifestación religiosa, que había sido una característica en la época anterior, precisamente de la zona geográfica donde se ubica el foco argárico. También cambia el rito sepulcral, con el abandono del enterramiento colectivo, de cualquier tipo que sea. No hay megalitos ni cuevas funerarias. Los difuntos se inhuman dentro del mismo poblado siempre en posición encogidas, dentro de unas grandes urnas de cerámica, de tumbas construidas con losas en forma de cajas rectangulares(cistas) o protegiéndolas con piedras formando pequeñas covachas. Nunca hay más de uno o dos cadáveres en cada tumba, o sea que vuelve la inhumación individual o de hombre y mujer, como en la época neolítica era corriente en grandes áreas, pr lo menos fuera de nuestra Península.

    A la falta de restos de sus manifestaciones religiosas se une una evidente pobreza de elementos artísticos. La producción alfarera del grupo de la Edad del Bronce del sudeste peninsular se caracteriza por su buena calidad técnica en su elaboración y cocción, pero es simpre lisa, sin el menor adorno.

    En contacto con el área argárica, se conocen dos grupos que muestran una civilización del Bronce plenamente desarrollada. El primero de estos grupos se conoce por Bronce Valenciano ya que se extiende por casi todas las zonas del actual País Valenciano aunque abarca también algunas otras zonas fuera de este territorio. Se caracteriza por la profusión de poblados, establecidos siempre en la parte alta de cerros de fácil defensa que además presentan fuertes murallas edificadas en piedra. Igualmente el tipo de casa recuerda a los poblados Argáricos.. Pero existe una diferencia notable por lo que respecta al sistema funerario, ya que frente a los enterramientos en el subsuelo de las viviendas, típicos de toda el área argárica, ya sea en cistas, en fosas o en grandes jarras, no hallamos en la zona del Bronce Valenciano tumbas interiores. El sistema consistió en aprovechar pequeñas covachas naturales, dispersas por el monte en torno a los poblados, donde generalmente no hallamos más que un individuo o como máximo dos o tres(es decir, algo muy distinto de los enterramientos colectivos característicos de la fase anterior). El metal es menos abundante que en el Argar , lo que resulta lógico, ya que no se hallan en la zona yacimientos importantes de cobre ni de estaño. En cambio la cerámica es bastante parecida, con predominio casi absoluto de las formas lisas. Esto explica que durante muchos años no se consiguiera diferenciar el grupo, que en un principio se consideró como una extensión argárica. Respecto a la cronología de este grupo, cabe decir que es plenamente contemporáneo del del Bronce Argárico, es decir que se situaría entre el 1700 y el 1400-1300 B.P. aproximadamente. De todos modos, la gran densidad de poblados permite sospechar que no todos corresponden al mismo momento. Respecto al otro grupo se situaría en lo que hoy se conoce como La Mancha. Los yacimientos de este grupo cultural consisten en unos montículos artificiales, muy claramente identificables, que son conocidos con el nombre popular de Motillas. En realidad se trata de algo similar a los tells asiáticos, es decir, elevaciones producidas por la acumulación de estratos de un poblado. Estos yacimientos ocupan toda el área de la Mancha. Su número más elevado se ha identificado hasta el presente en las provincias de Albacete y ciudad Real, con indicios en la parte meridional de Cuenca. Resulta evidente que el grupo de Las Motillas representa una intensa colonización de La Mancha por gentes que tenían una economía agropecuaria, con tecnología del bronce, cuyos elementos materiales- especialmente las cerámicas- tienen cierto parentesco con el Argar.

    A.3 La edad del Bronce Final.

    la tercera etapa es mal conocida y se denomina bronce final, situándose en torno del año 1000 y que en parte incide y se relaciona con elementos de la nueva época de transformación.

    B) LA PENETRACIÓN INDOEUROPEA

    En los primeros tiempos del primer milenio a.C. nos hallamos frente a un movimiento que tendrá una profunda repercusión en el panorama peninsular: la penetración indoeuropea.

    Desde un momento que parece centrarse en el siglo IX a de C. Nos encontramos con un cambio de panorama en la cultura material de grandes áreas peninsulares, especialmente en la mitad norte. Aparecen nuevos tipos de poblados y de necrópolis, elementos metálicos y cerámicos hasta entonces desconocidos, totalmente nuevos, rompiendo con la vieja tradición del bronce. Estas novedades hay que ponerlas en relación con la llegada de diversos grupos de gentes nuevas, a través del Pirineo, y se pueden hallar paralelos similares en todo el occidente europeo. Tal transformación enlaza con lo que se sabe de una serie de movimientos de pueblos que transformaron buena parte del territorio europeo y extraeuropeo. Son los pueblos denominados indoeuropeos, concepto que nació de los estudios lingüísticos en la primera mitad del siglo XIX, cuando los especialistas se dieron cuenta de la existencia de una serie de idiomas comunes. El paso del concepto lingüístico a la valoración histórico arqueológica no fue fácil, y quedan todavía hoy numerosas interrogantes. Pero parece lógico relacionar la expansión de este tipo de idiomas con una serie de migraciones que, junto con dichas lenguas, aportaron a diversos territorios elementos nuevos de cultura material

    En la península ibérica no resulta difícil ligar a los celtas con los pueblos indoeuropeos, a partir de los vestigios arqueológicos.. Precisamente, la evidencia de la entrada de los pueblos indoeuropeos se puede seguir con los datos proporcionados por las excavaciones y los hallazgos, y esto es especialmente visible por los grupos de incineradores. Porque una de las novedades introducidas por estos pueblos es el rito de quemar los cadáveres, frente a la inhumación, que había sido la tradición normal de las comunidades anteriores del bronce. Estos pueblos celtas se hallan a su llegada a la península en la fase final de la Edad del Bronce y principios de la del Hierro. De los que llegan a la península, el pueblo mejor identificado, por tratarse de un grupo compacto, que tiene una proyección geográfica más clara, es el que se llama de los campos de urnas, por el aspecto de sus necrópolis. Parece ser también el grupo más antiguo. Este grupo se introdujo por los pasos orientales del Pirineo, estableciéndose en Cataluña, pasando el Ebro y llegando esporádicamente hasta las tierras de la actual provincia de Castellón, pero no más al sur. Se reconoce por sus cementerios, constituidos por tumbas muy uniformes. Las cenizas de los difuntos, después de la quemación, se depositaban en urnas de cerámica de formas típicas(bicónicas y con el cuello cilíndrico), casi siempre lisas o decoradas con incisiones y acanalados, a veces protegidas por algunas piedras pero sin formar verdaderas construcciones. El ajuar se depositaba a su alrededor, y a veces- los pequeños objetos- también dentro de la urna, acompañando a las cenizas humanas. Pero estos grupos introducen no sólo un rito peculiar de enterramiento, con sus propias cerámicas, sino también toda una industria metalúrgica que se distingue muy bien de la antigua del país, entre otras cosas por el uso esporádico del hierro. También es posible que introduzcan nuevos elementos agrícolas, sean tipos de cereales o de ganado, sean aperos, como el arado.

    Respecto a los territorios Atlánticos y de la Meseta, hay que decir que existe una gran complejidad respecto a la cronología, el carácter y la influencia de los grupos célticos invasores respecto a las culturas del bronce autóctonas.

    En la región gallega, en un primer momento, la oleada céltica, al contrario de lo que suele pensarse, no tuvo gran influencia. Los restos arqueológicos demuestran la existencia de una población compleja autóctona, que se situaría en una fase del bronce avanzado, desde el punto de vista tecnológico y cultural. En la formación de estas culturas del bronce, habrían tenido gran influencia las relaciones de esta región con las islas Británicas y las costas septentrionales francesas. El megalitismo de la zona refleja precisamente uno de los aspectos de la influencia cultural atlántica sobre la región del noroeste peninsular. Sólo mucho más tarde, hacia el 500 a. de C., se puede detectar el arribo de nuevas corrientes transpirenaicas en Galicia y el norte de Portugal, que darán lugar, combinándose con elementos ya existentes y con influencias culturales leves venidas del sur, a la llamada “cultura de los castros”.

    En la Meseta, el fenómeno se presenta de forma distinta, ya que en este caso la población anterior no parece que fuera densa, y como consecuencia, el impacto de las oleadas indoeuropeas fue importante, con claras repercusiones en la historia posterior. En cambio en las áreas del Este y meridionales de la península la penetración indoeuropea parece mucho menos profunda. De todos modos se debe decir que hay poca información es toda esta área sobre las culturas del bronce final.

    En conjunto, pocas zonas peninsulares parecen haber quedado del todo al margen del contacto con las oleadas célticas, pero el grado de penetración es muy diversa según la zona.

    Una de las características de los poblados célticos es que parece que muchos de ellos tuvieron una escasa duración cronológica. Hijos de una concepción nómada, creados por unas gentes habituadas al movimiento, algunos e ellos no parecen haber subsistido más allá de dos o tres generaciones, como si hubieran representado una etapa temporal, relativamente breve, en el proceso de desplazamiento. Estos poblados tienen en común la existencia de casas de planta rectangular muy alargada, con paredes de adobe, con la presencia de cerámicas lisas con formas nuevas, o bien cerámicas con decoración excisa, los moldes de piedra para obtener elementos metálicos, especialmente hachas, y cuando es posible identificarlas, necrópolis de incineración.

    C)LAS “ COLONIZACIONES”: FENICIOS Y GRIEGOS

    El medio milenio que se desarrolla entre el 1000 y el 500 a. de C. aproximadamente, representa un periodo clave en el mundo del Mediterráneo occidental. Durante este periodo, dos civilizaciones del mediterráneo occidental, la fenicio-púnica y la griega, con un alto grado de desarrollo, económico, socio-político y cultural respecto a la gran mayoría de las vecinas, llevaron a cabo un proceso de colonización por el Mediterráneo que tendrá importantes consecuencias desde todos los puntos de vista para las culturas de ésta área, incluyendo sin duda alguna, las culturas mediterráneas peninsulares. Básicamente el fenómeno consiste en que durante varios siglos, y de modo firme a partir del año 800 a. de C., fenicios y griegos navegan hacia occidente en ciertas zonas, implantando poblamiento propio. A la costa mediterránea peninsular, llegarán estos nuevos pobladores, si bien no en gran número, aunque ejercerán una influencia profunda en las poblaciones indígenas, gracias tanto al contacto directo, como al indirecto(comercial). Respecto a los fenicios, hay que decir que son los primeros en iniciar el proceso colonizador. Ya en los siglos VII y VI a. de C. se han hallado restos de su presencia. Los fenicios tenían por costumbre establecerse en islotes frente a la costa, para desde allí hacer aproximaciones hacia la tierra firme con la intención de establecer contactos comerciales. Sólo cuando tienen un mayor conocimiento del territorio y de las poblaciones indígenas se establecen en tierra firme. La presencia fenicia se hace especialmente importante en las costas andaluzas. Hoy se sabe, que existieron al menos cuatro grandes ciudades de origen fenicio en territorio peninsular y todas ellas en el litoral andaluz: Gadir, Malaka, Sexi, Abdera. A esto hay que añadir que una antigua colonia fenicia, Cartago, origen de una cultura con rasgos definidos propios, la púnica, colonizará la isla de Ibiza. De todos modos los fenicios, el área de influencia de la cultura fenicia, gracias al comercio, es mucho más amplia y abarca todo el litoral mediterráneo peninsular.

    Respecto a los griegos, hay que decir que a diferencia de los fenicios, no hay seguridad de contactos antes del siglo VI a. de C. Las bases de la colonización griega, que en este caso tienen su origen en la Polis de Focea o bien en los fundadores de Massalia que a su vez eran de origen Focense, se establecieron en las costas del nordeste peninsular, en la actual Cataluña, con núcleos como Emporion y Rhode, aunque las relaciones comerciales permitieron desplazamientos y contactos que fueron mucho más amplios, extendiéndose por toda la costa Este y Sudeste.

    La auténtica importancia de las colonizaciones hay que cifrarla, no tanto en la presencia y poblamiento de origen alóctono, que no sería en si mismo demasiado relevante y que se ceñiría, como hemos visto a una serie de zonas muy restringidas del litoral peninsular, si no en la introducción de elementos culturales nuevos y distintos a los indígenas, que tendrán gran influencia en las poblaciones autóctonas, produciéndose una fuerte aculturación. Esto dará lugar a la creación de unas culturas que mezclando una base propia con los elementos foráneos provenientes de las colonizaciones, tendrán un gran desarrollo durante la edad del hierro.

    En la península puede hablarse de dos grandes grupos en este sentido: la civilización tartésica en Andalucía y los Iberos de la costa hispano-mediterránea. Cada uno de estos grupos reacciona según un grado distinto de intensidad ante los estímulos fenicio-griegos. Y al mismo tiempo se advierte que presentan, en su proceso de aculturación una cronología distinta.

    D)LA EDAD DEL HIERRO EN LA PENÍNSULA: TARTESSOS, LOS IBEROS Y LOS PUEBLOS DEL INTERIOR.

    D.1.Tartessos

    En primer lugar hay que decir que la información sobre Tartessos es muy escasa, especialmente si se compara con la que existe sobre la cultura Ibera. De hecho, des de el siglo pasado se ha venido buscando sin éxito alguno la capital de esta cultura(Tartessos) que las fuentes clásicas citan, aunque sin especificar con exactitud su ubicación. De todos modos, entre los siglos VII y V aparecen en el área que las fuentes señalan como tartéssica, unos conjuntos de hallazgos que se definen por dos particularidades: por una parte, su indiscutible vinculación con corrientes derivadas del Mediterráneo occidental, aportadas por vía fenicia; por la otra, una riqueza en sus materiales, por ejemplo, el oro, en sus formas y técnicas, que hemos de suponer son resultado de una aculturación profunda, provocada por estímulos coloniales, que ya sabemos fueron potentes en el litoral andaluz.

    Respecto al urbanismo de la sociedad Tartessica, hay que decir que sus ciudades seguían un plano irregular, con calles asimismo irregulares, casas pequeñas de pocas habitaciones, con muros de piedra sin trabajar, unidas con barro, etc. Poblados de este tipo sabemos que existen en toda el área del bajo Guadalquivir. Un poblado significativo de este tipo de agrupaciones es el del Carambolo.

    Respecto a la sociedad Tartessica hay que decir que al no dejar o no haberse conservado textos propios, ha sido estudiada a partir de textos griegos y latinos, con los inconvenientes de desconocimiento , parcialidad, dastos incompletos, etc que esto supone. De todos modos a grandes rasgos, se ha podido deducir que la sociedad Tartéssica tenía como base económica fundamental las riquezas de sus yacimientos mineros, que le servían para comerciar con otros pueblos, como los fenicios, griegos, púnicos, etc. Pero además los textos señalan una agricultura y una ganadería florecientes, paralelamente a las riquezas mineras mencionadas. El régimen político se presenta como monárquico. De esta manera podemos hablar ya de una sociedad plenamente estructurada desde el punto de vista jerárquico, con una legislación definida que entre otras cosas prohibía el trabajo a los nobles,. Además algunos textos hablan de un sistema muy antiguo de escritura, que por desgracia no se han conservado.

    Geográficamente las referencias clásicas a Tartessos se mantienen dentro de una cierta vaguedad. Su relación con el litoral meridional hispánico es evidente. Pero dentro de él, es posible distinguir dos áreas diferenciadas, cuyas características económicas difieren. Por un lado, el área del Bajo Guadalquivir, desde Córdoba hasta su desembocadura, o sea la zona que más tarde fue el eje fundamental de la provincia romana de la Bética. Es este un territorio con grandes posibilidades agrícolas y ganaderas, pero en la que no existen yacimientos mineros importantes. Por otra parte, la zona de Huelva, mucho más pobre desde el punto de vista agropecuario, pero poseedora de minas muy importantes para la extracción de la plata y el cobre. Por tanto, no está claro, aún hoy en día cual fue exactamente el área de desarrollo de la civilización tartessica..

    D.2.La civilización Ibérica

    Los Íberos son un pueblo o más bien un conjunto de pueblos conocidos desde la antigüedad clásica, como consecuencia de las referencias contenidas en los textos grecorromanos. No se sabe si el nombre de Ïberos procede de los propios indígenas o les fue atribuido, como por otra parte suele suceder, por los extranjeros.

    El panorama social de los Íberos se nos presenta como vinculado a dos elementos clave, que son las tribu o pueblo y por otro lado la ciudad..

    Los textos grecolatinos nos definen una serie de unidades tribales. No podemos conseguir por ello unas definiciones exactas de límites, pero si unos núcleos básicos. Desde el punto de vista de la estructuración social, los grupos íberos no presentaban el mismo grado de diferenciación social. Así, para la mayor parte del territorio los jefes eran efímeros, dependientes de su liderazgo militar, en cierta manera asimilados a reyes, pero sin que tuvieran la verdadera condición monárquica.

    Sin embargo, a pesar de la estructura de pueblo o tribu que nos señalan las fuentes, los investigadores piensan que el núcleo clave del mundo Ibérico es la ciudad.

    Dentro del mundo Íbero destaca una gran cantidad de pueblos con identidad propia como los indigetes o y layetanos en la actual Cataluña, los iacetanos o sedetanos de Aragón, los contestanos o edetanos de la Actual comunidad valenciana, así como los ilercavones que es extendían por estos dos territorios(Desde el Ebro hasta las proximidades de Sagunto), los bastetanos de la actual Andalucía nororiental, etc.

    En cuanto a los núcleos de población en sí, hay que decir que los núcleos de población manifiestan categorías y grados de urbanización distintos, según se trate de las zonas costeras, más ricas y abiertas a las corrientes mediterráneas, o de núcleos de montaña. En el primer caso no resulta exagerado incluirlos dentro del concepto de ciudad, mientras que en otros no pasan de poblados o aldeas. Pero se ha generalizado el nombre de poblado para todos ellos, para significar que no se trata de comparables con las que hemos de hallar más tarde en los mismos territorios a partir de la época de la romanización.

    Es característica general su posición en lugares elevados, de fácil defensa natural, claro testimonio de una sociedad guerrera, disgregada, en la que debían de ser muy frecuentes las luchas entre los grupos tribales y de ciudad a ciudad. La preocupación por la defensa dominó a la hora de elegir emplazamientos, por encima de cualquier otra preocupación. Loas lugares predilectos son la parte alta de los cerros o mesetas que presenten acceso fácil solo por uno de sus lados. Los establecimientos ibéricos en llano abierto son raros y en pocos casos llegan a constituir centros importantes. A la defensa natural se añaden las murallas que jamás faltan, ya rodeando todo el núcleo habitado, ya limitadas a las zonas de acceso de defensa más fácil, cuando el poblado se asienta en alturas prácticamente inaccesibles por algunos de sus frentes. La muralla suele ser única, sin que conozcamos casos de doble o triple recinto, como es normal, por otro lado, en la Meseta o en el área galaica(pueblos celtas y celtíberos). Por tanto, la estructura urbana debe adaptarse al terreno, puesto que son muy los casos en que este presenta un llano suficientemente extenso para permitir un desarrollo libre. Las calles son estrechas. Las edificaciones presentan gran desnivel y las calles siguen la dirección de la pendiente. Siempre que el terreno lo permite, se observa una clara tendencia a la regularidad urbanística, aunque sin excesivas precisiones urbanísticas. Las calles tienden a ser paralelas entre sí, formando bloques de casas de cierta regularidad. Las casas están formadas por habitaciones de planta rectangular, por lo general pequeñas. La casa normal no tiene más allá de dos o tres cámaras, y en ciertos casos, una sola. No se distinguen en ella elementos constructivos que diferencien su función. El material constructivo es la piedra, raramente tallada en sillares, en general simplemente desbastada, y unida a seco, rellenándose los intersticios con barro. Es corriente que los muros de piedra se limiten ala parte inferior, continuándose el resto, hacia arriba, con adobe. En las casas ibéricas no se utilizaron tejas. Las casas se cubrirían con ramajes, paja, etc, mezclados con barro, todo ello sostenido por vigas de madera. Las viviendas son muy uniformes, salvo pequeños detalles. No se observan diferencias apreciables que respondan a grupos sociales distintos. Tampoco se conocen edificios públicos o templos. Los santuarios estaban por lo general, fuera de los poblados, aunque a veces, muy cerca de ellos.

    En cuanto a las necrópolis o cementerios, hay que decir, en primer lugar que los íberos se caracterizan por seguir el rito de la incineración, como era general en el mundo mediterráneo de la época. Las necrópolis más corrientes consisten en una fosa donde se coloca una urna con las cenizas del cadáver después de la cremación, junto con las cuales no es raro que aparezcan elementos personales, como joyas, hebillas de cinturón, etc. Junto a la urna con las cenizas se colocaban ofrendas: vasos cerámicos que debían contener comida o líquidos, armas o instrumentos de trabajo.

    Este tipo de necrópolis simple, en que las tumbas no presentan elementos en la superficie que las señalen(aunque en algunos casos existieron estelas de piedra), es el más corriente, prácticamente exclusivo en el área septentrional y central de la geografía ibérica. En el sur, a partir del río Júcar, y sobre todo en el área murciana o andaluza, aparecen también tumbas de una cierta monumentalidad.

    Una característica general de los cementerios ibéricos es la relativa igualdad de las tumbas, tanto por lo que respecta s u construcción(las variantes dependen más de zonas que de la mayor o menor riqueza de las tumbas dentro de cada una) como a las ofrendas. Es significativo que esa relativa igualdad ante la muerte se corresponde con las escasas diferencias entre una casa y otra que nos muestran los poblados.

    Por otro lado, hay que tener en cuenta el caso de ciertas esculturas funerarias que tienen una forma monumental y que representan en piedra a diversos animales ya más o menos reales ya totalmente fantásticos. Se trata de elementos de gran espectacularidad, cuya vinculación con los cementerios no ha podido ser, sin embargo, estudiada sistemáticamente, ya que no han aparecido en excavaciones de necrópolis y en su inmensa mayoría constituyen hallazgos sin contexto. En cambio, si han aparecido en contextos funerarios representaciones humanas, como la famosa Dama de Elche o la más recientemente hallada Dama de Baza.

    Respecto a la estructura económica hay que decir que la información es escasa. De todos modos se sabe que los cereales tenían una vieja tradición de cultivo. Existen algunos indicios esporádicos de regadío en la agricultura ibérica, a pesar de que los riegos agrícolas no se generalizan hasta después, con la plenitud de la romanización. Respecto a la tecnología, utiliza, todos los estudios indican que los instrumentos utilizados eran de hierro.

    En cuanto al arte, hay que decir que ésta es una de las manifestaciones mejor conocidas y más espectaculares. Dentro de las modalidades artísticas destacan fundamentalmente la escultura y la la pintura sobre cerámica.

    D.3.Los pueblos del centro y del norte de la península.

    No se trata de un conjunto homogéneo: existen diferencias notables entre ellos. Pero tienen un carácter común que los define y que permite que puedan ser considerados, hasta cierto punto, como un conjunto. Las características en este sentido son, fundamentalmente dos. Por una parte, está el hecho de que, por su situación geográfica, quedan al margen de las potentes influencias “civilizadas” procedentes del mundo mediterráneo, a través de la acción de griegos y fenicio-cartagineses; por la otra, la profunda tradición indoeuropea, derivada del hecho de que las infiltraciones de principios del primer milenio se realizaron sobre una población preexistente más bien escasa, hasta el punto que los resultados de la penetración indoeuropea tuvieron un alcance superior al que podemos apreciar en la zona litoral o prelitoral mediterránea. Así resulta que este conjunto de pueblos que ocupan más de la mitad de la península tienen mayores vinculaciones con el área indoeuropea occidental, básicamente celta, que con pueblos más próximos, como puedan ser Tartessos o los Íberos. Esta situación queda reflejada en las fuentes grecolatinas que dividen tradicionalmente la península en dos grandes espacios: los íberos en el sector mediterráneo y los celtas y celtíberos en el interior. De todas maneras, como ya hemos indicado esta división sería muy simplista, pues dentro de cada grupo habría múltiples divisiones. Así en el grupo del interior podríamos distinguir entre otros pueblos a los galaicos, astures, cántabros, vascones, celtíberos, cultura de los Verracos, etc.

    3. LA ENTRADA EN LA HISTORIA

    LA HISPANIA ROMANA

    A) Las fases de la conquista peninsular por Roma

    A.1. Primera fase (218 a. de C. hasta el 206 a. de C.)

    La intervención de Roma en la Península Ibérica se produjo con motivo de la segunda guerra púnica. Cartago y Roma, las dos grandes potencias del mediterráneo occidental se disputaban el dominio de los países limítrofes. En el 237 a. de C. Amílcar Barca, general del ejército cartaginés, desembarcó en Gades e inició la recuperación de las antiguas factorías fenicio-púnicas enclavadas en la península. Sus fines principales eran conseguir un apoyo económico y militar(soldados ibéricos) que le permitieran reanudar su lucha contra roma.

    Desde mediados de la cuarta centuria a. de C., ambas potencias habían concertado un tratado en relación con Hispania que delimitaba la esfera de influencia de Cartago solamente al sur de Mastia de Tartessos, la cartagena actual. Al norte de esta población se hallaban, en toda la costa mediterránea, varias colonias griegas dependientes de Massalia(actual Marsella) enclavadas en territorio ibérico. Estas colonias, así como Massalia eran aliadas de Roma. En el 226 a. de C., Roma, presionado su territorio del Norte de Italia por tribus galas, tuvo que ceder a la expansión cartaginesa y concertar un nuevo pacto(Tratado del Ebro) por el que la zona de influencia púnica se llevaba hasta ese río. Sin embargo, unos años más tarde, Roma había pactado con Sagunto un compromiso de defender a esta ciudad en caso de ser atacada por Cartago. El ataque se produjo y provocó la ruptura de hostilidades entre romanos y púnicos. Parece que la ocupación cartaginesa de Sagunto fue el pretexto que desencadenó la Segunda Guerra Púnica. Sin embargo, las causas reales de ella hay que buscarlas en las actitudes de las aristocracias que dominaban el poder en ambos estados deseosas de asegurarse el dominio de los territorios peninsulares. Cartago perdió la guerra, después de que un ejército romano dirigido por Publio Cornelio Escipión cortó sus suministros económicos y humanos en la península. Desde entonces, la franja Este de ella y los territorios al Sur del Guadalquivir pasaron a manos de Roma.

    A.2.Segunda fase. (Desde el final de la Segunda Guerra púnica, 206 a. de C., hasta el inicio de las guerras civiles en Hispania 83 a. de C.)

    A partir del final de la Segunda Guerra púnica la política de Roma en Hispania siguió dos tendencias: la primera pretendió consolidar las fronteras de los teritorios ya dominados; la segunda realizar una ampliación de los territorioas poseídos, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo II a. de C.

    Las guerras celtibéricas y Lusitanas fueron propulsadas por causas de índole diversa. De parte romana derivan de los fines políticos perseguidos, expuestos antes. Del lado indígena se debió a la explotación de recursos y a la imposición de fuertes tributos por pretores y administradores romanos, así como a la represión ejercida por los cónsules, como M. Porcio Catón o por los asesinatos que S. Sulpicio Galba realizó entre los lusitanos.

    Después de varios años de asedio, Numancia, una de las principales ciudades celtíberas cayó en poder de Roma(133 a. de C) y un poco antes, el asesinato de Viriato(139 a. de C.) desarticuló las guerrillas lusitanas. El inicio del dominio del resto de la península por Roma quedaba abierto. A partir de este momento se produjo una progresiva pacificación de casi toda la península apoyada en el traslado de poblaciones a lugares distintos, en el exterminio de poblaciones rebeldes o en el alistamiento de soldados indígenas en las tropas romanas.

    El año 137 a. de C, Décimo Bruto realizó una expedición al valle del río Miño que abrió las rutas hacia el control de los recursos económicos del Noroeste peninsular y más tarde Q. Cecilio Metelo conquistó las Baleares(123 a. de C.) enclave estratégico en la ruta desde Roma a la Península.

    A excepción de los territorios cántabros y astures, Roma controlaba el resto peninsular, aunque no existió una pacificación total. La organización política era también rudimentaria. Fue menester que transcurriesen varias décadas para que ambas se completasen.

    A.3.Tercera fase(Desde el inicio de las guerras civiles hasta el sometimiento de cántabros y astures, 19 a de C.)

    Con la llegada de Sertorio a Hispania, la península se vio envuelta en las mismas luchas civiles que se desarrollaban en roma entre Senatoriales y populares. Sertorio era partidario de los populares; inscrito en el ejécito de Mario hizo méritos militares que estuvieron a punto de valerle el consulado. No alcanzó este cargo, y aunque fue nombrado pretor de la Hispania Citerior, no llegó a ejercer tal cargo al ser destituido por Sila.

    Desde Osca(huesca), Sertorio, consiguió numerosos partidarios hispánicos para luchar contra Sila, quien como dictador ejercía el poder en Roma. Como antes hiciesen Tiberio Sempronio Graco(siglo II a. de C.) o Publio Cornelio Escipión, Sertorio se granjeó la amistad de muchos pueblos hispanoos, respetando sus tradiciones y suprimiendo cargas fiscales. De esta forma aceleró la romanización de las zonas que sustrajo al dominio de Sila.

    En el 73 a. de C. la ley Plautia decretaba la amnistía para todos los que combatientes populares, iniciándose así el ocaso de Sertorio.

    Pompeyo, siguiendo la práctica Sertoriana de respeto hacia los pueblos indígenas pacificó gran parte de las tierras en torno al valle del Duero(Hispania Citerior). Igualmente César, en la Ulterior, pacificó a los lusitanos más rebeldes al dominio de Roma, por medio de asentamientos y entrega de tierras. La península se vio envuelta en las guerras entre ambos desde el 49 a. de C. hasta la muerte de César(44 a. de C.). Antes en Munda (Montilla Actual) que aniquilado el ejército Pompeyano. La victoria de César aceleró la romanización de parte de la Hispania ulterior por medio de la concesión de estatutos privilegiados a las ciudades que le le habían sido fieles.

    Durante el gobierno de Augusto se produjo el dominio sobre cántabros y astures. Fue un logro más dentro de los fines de pacificación que persiguió la política imperial en todos los confines del Imperio.

    B)El concepto de romanización.

    Globalmente el concepto se refiere a la asimilación, por parte de los pueblos de la península Ibérica, de las formas culturales romanas, económicas, sociales, lingüísticas, religiosas, artísticas, etc.). Implica, por una parte la desaparición de ciertos elementos culturales autóctonos y, o por otra, su transformación y reorganización. En relación con la romanización es necesario considerar los aspectos siguientes:

  • No tuvo un carácter uniforme, Varió según las zonas y según las épocas. Sólo un estudio riguroso de cada área concreta puede dar una idea aproximada de ella.

  • La conquista, por si misma, no supuso romanización. Esta se produjo lentamente a partir de los años siguientes sobre la base de una organización política “ de facto”. Las ciudades creadas por necesidades militares y administrativas jugaron un papel fundamental en la asimilación e introducción de las nuevas formas culturales.

  • Tampoco la desaparición de formas culturales propias fue completa, estas subsistieron largo tiempo. Por ejemplo, en la zona celtibérica la estructura social se mantuvo durante la república, iniciándose su transformación sólo en la fase imperial.

  • C)Instituciones Políticas y administrativas de Hispania

    C.1.La época republicana.

    Hispania fue dividida en dos demarcaciones provinciales creadas poco después del final de las guerras púnicas, en el 197 a. de C. Esta primera división administrativa perduró hasta en los tiempos de Augusto y tuvo una base militar: Publio Cornelio Escipion dividió sus efectivos militares en dos partes, ubicadas respectivamente en la Hispania Próxima (citerior) y la Hispania más alejada(ulterior), refiriéndose por supuesto a su distancia respecto a Roma. Sus capitales respectivas eran Tarraco y Cartago Nova(después en Corduba). Cada provincia estuvo dirigida por un pretor(gobernador) al que acompañaba un “quaestor”, encargado de las finanazas y que aveces ejercía, asimismo funciones judiciales. La escalera administrativa se completaba en su base por dos unidades territoriales denominadas “populus” y “civitas”. El populus era una demarcación situada en las áreas menos romanizadas de Hispania, donde permanecía la antigua organización autóctona. La civitas presentó en Hispania un carácter mnos uniforme que el populus. Las de categoría superior eran llamadas “municipia”. César y Augusto fomentaron la creación de innumerables municipios. El primero fundamentalmente en la Hispania Ulterior, el segundo en la Citerior. Los habitantes de estos núcleos urbanos, que poseían derecho de ciudadanía eran considerados ciudadanos romanos. La catalogación de municipia la recibían poblaciones indígenas que habían demostrado sumisión a roma. La municipia se regían por los mismo órganos administrativos de las “civitates” emplazadas en Roma: poseían magistrados, curias y asambleas Por otro lado, estaban las “colonias”. Estos núcleos fueron asimismo promovidos en gran medida por César y Augusto y se nutrían de ciudadanos romanos venidos a Hispania. Algunos de ellos eran ex legionarios licenciados, otros, antiguos clientes urbanos de familias patricias o que en Roma eran mantenidos por el Estado y a los que se asentaba en las provincias para aligerar los gastos públicos. Los núcleos urbanos dentro del populus eran de categoría inferior y, fundamentalmente, sobre ellos recaían los tributos.

    En relación con la tributación existían dos tipos fundamentales de “civitas”, las “liberae”(libres) que estaban exentas de impuestos ordinarios y las “stipendiariae”(estipendiarias) sujetas al pago de aquellos.

    La formación de “civitates” fue progresiva a partir de la conquista. En ella intervinieron, además de los factores expresados en la creación de colonias, otros motivos: antiguos campamentos militares, al dejar de desempeñar funciones bélicas, una vez realizada la pacificación, fueron ocupados por indígenas.

    C.2.La época Imperial.

    Alrededor del 27 de la era cristiana se produjo una reorganización provincial en Hispania propiciada por el emperador Augusto. La Hispania Ulterior fue subdividida en dos partes: Bética(capital Córduba) y Lusitania(capital Augusta Emerita). Más tarde, en fecha no segura, pero siendo aún emperador Augusto, una parte de la Bética, la zona minera de los alrededores de Cástulo(Linares, Jaén) fue agregada a la Hispania Citerior.

    Durante los comienzos del siglo III, Caracalla separó dos nuevas provincias dentro de la Citerior: La Nova Citerior(Asturia y Gallaecia) y la Tarraconensis(capital Tarraco).

    La Bética, como todas las provincias más romanizadas y pacificadas recibió la catalogación de senatorial y pasó a depender del Senado romano y estuvo dirigida por un gobernador con título de Procónsul. El resto de las provincias de Hispania (Imperiales), menos romanizadas, estaban bajo el control del emperador y eran administradas por un delegado suyo, procónsul(en la Hispania Citerior ) o pretor(Lusitania). Estos gobernadores se auxiliaban en el desempeño de su misión en otros funcionarios, como los quaestores y los procuratores, así como de otros funcionarios de categoría inferior. Disponían también de legados al mando de legiones.

    Las provincias se subdividían en conventos jurídicos, que eran demarcaciones judiciales, aunque también desempeñaron otras funciones, por ejemplo, de cobro de tributos o de reclutamiento militar. Provincias y conventos poseían asambleas propias de funciones no bien conocidas, pero que debieron contribuir a acelerar el ritmo de romanización al poner en conexión los altos cargos con los habitantes de Hispania.

    En el transcurso de la época imperial, las “civitates” y “populis”, perfeccionaron sus mecanismos de organización política y administrativa.

    Como en la fase republicana, “coloniae” y “ municipia” siguieron siendo los núcleos de población de mayor rango. Sin embargo, muchos “populi” pasaron a convertirse en “civitates” recibiendo sus ciudadanos privilegios sociales. Muchas de ellas recibieron un estatuto urbano superior a partir de la concesión de Vespasiano del derecho latino(74 d. De C.) y del decreto de Caracalla(212 d. De C.) en el que concedía la ciudadanía romana a todos los habitantes no esclavos del imperio.

    Las coloniae y municipia poseían la organización administrativa más completa:

    Magistrados: los cargos de la magistratura municipal eran colegiados(dos funcionarios en cada uno) y la duración de su mandato era de un año. Los dos “duunviros” y los dos “ediles” junto con los “quaestores” eran los magistrados principales. En algunas “civitates” los quatorviros suplantaban a los dunviros y ediles.

    Todos ellos estaban auxiliados por otros funcionarios menores(apparitores) soendo los duunviros los poseedores de la máxima autoridad municipal. No eran cargos remunerados; contrariamente, aportaban considerables sumas al patrimonio público a cambio del desempeño del cargo, aunque como contrapartida se beneficiaban sobremanera de sus funciones, al poder usufructuar propiedades municipales. Formaban el estamento social superior y poseían considerables extensiones de tierras o monopolizaban otras funciones rentables.

    El Consejo: formado por “decuriones” de linaje superior y elevada riqueza. A nivel municipal, este organismo equivalía al senado romano. Lo componían unos 100 miembros con carácter vitalicio, que se reunía en la curia. Tenían gran poder decisorio al controlar y supervisar las decisiones de la Asamblea en asuntos de la administración y defensa de la civitas.

    La Asamblea de ciudadanos, recordaba la antigua asamblea republicana; aunque celebraba reuniones periódicas, por las condiciones del sistema político romano en el Imperio, hay que pensar en su supeditación a las decisiones de los “decuriones” que formaban la aristocracia dominante.

    Las civitates estaban sometidas a un sistema impositivo bastante amplio, sobre todo las “stipendiariae”, en las que sus moradores debían pagar un impuesto por el usufructo de la tierra, ya que ésta se consideraba propiedad del senado romano o del Estado Imperial. Senado y Emperador recibían grandes sumas por este concepto, así como por la explotación de minas y por otros impuestos sobre el comercio, herencias, manumisión de esclavos, etc., que los “procuratores” se encargaban de recoger.

    D)Bases socio-económicas de Hispania

    D.1.Estructura social.

    La introducción de la organización social romana fue mucho más rápida en las áreas de los pueblos ibéricos(Valle del Guadalquivir y franja Este peninsular). En la Meseta y en el territorio de la cornisa Cantábrica y gallega, la perduración de caracteres sociales autóctonos, basados en un predominio de sistemas comunales de explotación de la tierra, con la consecuente vinculación de cada individuo a la comunidad fue mucho mayor.

    Los modos sociales romanos no se introdujeron pues, de manera uniforme. Por esto no hemos de considerar un solo modelo social inmutable, sino modelos concretos según las áreas y épocas del desarrollo histórico de Hispania.

    La mano de obra sería predominantemente esclava, Este predominio sería mayor en las zona más romanizadas, aunque en Hispania existieron incluso en las áreas de más pronta romanización pequeños propietarios libres que practicaban una economía de subsistencia. Estaban en relación con el sistema jurídico romano que permitía la posesión por los indígenas de parte de la tierra conquistada para reforzar el equilibrio social y evitar levantamientos armados. De todos modos, puede decirse que los esclavos aumentaron en la Península Ibérica, sobre todo, a partir del siglo II a. de C., cuando el Estado romano realizó concesiones de las propiedades públicas a particulares(latifundios, minas, factorías de salazones, etc.) que pasaron a ser mayoritariamente trabajadas por mano de obra esclava. También está testimoniada la existencia de colonos, que habían recibido pequeñas concesiones económicas por el Estado romano, incluso en época republicana. Además de la diferenciación social entre libres y esclavos, en la sociedad de Hispania existía otra distinción basada en el nivel de privilegios y derechos que otorgaba la adquisición del derecho latino( de menor categoría social) o del derecho romano(máxima categoría social).

    En esencia, en mayor o menor grado, la sociedad de Hispania debió ajustarse, en las zonas más romanizadas, a la típica estructuración romana, por una parte, los individuos pertenecientes a las tres órdenes sociales(senatoriales, caballeros, decuriones), por otra, los que quedaban fuera de ella(la gran mayoría), es decir, los colonos, plebe frumentaria(formada por individuos que vivían como clientes de los senatoriales, de los que recibían manutención a cambio de su apoyo político), pequeños propietarios y esclavos.

    Respecto a los Ordenes sociales, hay que decir que existieron en Hispania poquísimos senatoriales; sólo los altos cargos de la administración pertenecientes a este orden que permanecían en la Península en el tiempo de desempeño de su función y los que venían esporádicamente por tener negocios en ella.

    Los caballeros fueron más abundantes, disfrutaron de rentas elevadas como agentes del fisco y como concesionarios de los negocios más boyantes.

    Los decuriones formaban la oligarquía municipal en Hispania. Sus ingresos eran también elevados.

    Al margen de estos órdenes quedaba, como hemos dicho, la mayor parte de la oblación, cuya situación económica variaba en función de su situación jurídica y social, y del mayor o menor éxito de su actividad económica.

    D.2.la organización económica

    El sector agropecuario era básico en Hispania. Según las leyes romanas, con la conquista todas las tierras pasaban al Estado. En la práctica, éste se reservaba una parte de ellas, siendo el resto repartido entre pequeños propietarios, aunque también otra porción de tierras distribuidas se utilizaba comúnmente.

    La existencia de latifundios en manos de individuos pertenecientes los tres órdenes sociales está bastante constatada. No se conocen las vías seguidas para la formación de estas grandes propiedades. En las grandes fincas privadas, la explotación se hacía por medio de esclavos, dirigidos por una especie de capataz, también de esta condición. En las estatales, un funcionario, quaestor, se encargaba de dirigir la explotación, aunque desde fines de la época republicana el Estado cambió de sistema y alquiló sus propiedades a particulares(publicani) a cambio de una renta anual.

    Como en todos los países mediterráneos el trigo, la vid y el olivo eran los cultivos fundamentales de Hispania. Se sembraba trigo en la submeseta norte, en la Bética y en la franja del Este peninsular. Después del Norte de África eran las provincias de Hispania las que más trigo exportaban a Roma.

    La vid debió alcanzar un cierto desarrollo a pesar de algunos decretos imperiales que prohibían su cultivo. Los vinos de la Tarraconensis y los de la Bética, se exportaban también a Roma.

    El olivo, cultivado fundamentalmente junto al Guadalquivir proporcionó un aceite de gran calidad, cuya comercialización en Roma, está claramente probada. También se cultivo en los actuales territorios de Cataluña y Valencia.

    Las fuentes hablan también de la existencia de regadíos, de productos hortícolas muy semejantes a los actuales, así como de plantas características de tierras áridas de Hispania, como el esparto en la zona de Cartagena o el lino que se producía en Xàtiva y en Tarragona. También existían grandes criaderos de caballos en las montañas del Norte de Hispania y de rebaños ovinos en la submeseta Norte y en la Bética.

    Por otro lado la minería y las labores artesanales fueron también pilares fundamentales de la economía de Hispania. Las minas pertenecieron al Estado romano. Al principio de la conquista eran explotadas directamente por el Estado, después fueron alquiladas a particulares, excepto las de oro. De ellas se obtenían jugosos ingresos, siendo explotadas predominantemente por mano de obra esclava.

    La plata era extraída de la zona minera de Cartagena, también de Cástulo; el mercurio de Almadén(Ciudad Real); el estaño de las zonas gallegas y extremeñas actuales, el hierro de las zonas del país Vasco actual. El oro, sobre todo se extraía de zonas mineras del Noroeste peninsular.

    También hay que decir que los romanos aumentaron la producción la producción de industrias tradicionales como la del “garum” introducida en el Sur peninsular por los fenicios. Era una típica industria dentro de la salazón del pescado de la que las excavaciones arqueológicas realizadas permiten saber cómo eran las técnicas empleadas. En Málaga, Sexi(Almuñécar), Baelo y Cartagena han sido hallados restos de esta actividad artesanal que proporcionó recursos a muchos hispanos y cuya producción se exportó a muchos lugares del imperio.

    Está demostrada la existencia de alfarerías, que producían cerámica del tipo imperial romano “sigillata”. Asimismo, se desarrolló durante el Imperio, la producción de vidrios, atestiguándose su fabricación en zonas de la Tarraconensis y de la Nova Hispania Citerior.

    La existencia de esta producción artesanal en gran volumen y medida, así como el consumo de las familias hispana pertenecientes a los tres órdenes sociales hizo desarrollar las relaciones comerciales dentro y fuera de la Península Ibérica.

    El comercio interior se realizaba fundamentalmente en los mercados de las “civitates” donde se vendían al unísono producciones agrícolas y otras artesanales. Dentro de ellos, los ediles controlaban las transacciones comerciales.

    Hispania exportaba, además de aceite, trigo y garum, cerámica, junto con esclavos, sobre todo en las guerras de conquista. Las importaciones se nutrían fundamentalmente de estatuas, tapices, cerámica sigillaTa, vidrios, etc.

    La existencia de buenos puertos marítimos como Saguntum, Emporion y otros en la Bética, junto con la realización de calzadas romana, sobre todo, a través de la época imperial y la utilización fomentaron las prácticas comerciales en época republicana e imperial.

    E) Formas culturales y religiosas

  • Las creencias.

  • Los cultos de Hispania se caracterizaron por la existencia de advocaciones comunes a las de todo el Imperio romano. Roma era ecléctica en materia religiosa. Admitió la gran variedad de cultos de las tierras conquistadas siempre que en ellas se venerasen los dioses oficiales romanos. De esta forma junto a deidades indígenas de diversa procedencia y zonas de influencia(dioses celtas, griegos, fenicios, íberos, etc.) también recibieron culto en toda la península romanizada las divinidades oficiales, es decir, la llamada Triada Capitolina, formada por Júpiter, Jano y Minerva así como el emperador, culto introducido en Hispania ya desde la época de Augusto. Los flamines eran los sacerdotes que dirigían los ritos de veneración al emperador, labor que desempeñaban tanto en los municipios como en las provincias.

    En época imperial se introdujo el cristianismo en Hispania, y puede decirse que a partir del siglo III de nuestra era estaba ya consolidado. Numerosos cristianos hispanos recibieron el martirio durante las persecuciones, este hecho así como la celebración del concilio de Elvira(Granada), al que asistieron numerosos obispos, prueban esta consolidación.

    2.el desarrollo cultural.

    Progresivamente y de forma no uniforme, Hispania fue asimilando las formas culturales romanas. Durante la República, la latinización no fue completa, aunque le latín era la lengua oficial y en él se redactaban los documentos oficiales, las lenguas indígenas pervivieron en el ámbito coloquial, incluso en las zonas más romanizadas. El bilingüismo de las monedas prueba este hecho. A partir del Imperio, las inscripciones funerarias muestran una mayor introducción del latín entre la oblación indígena. Los nombres de personas y de lugares geográficos aparecen en este idioma. También los nombres de las divinidades.

    Entre los miembros de familias pertenecientes a los órdenes sociales florecieron literatos, geógrafos, ensayistas y filósofos hispanos de procedencia aunque educados en Roma, donde sus familias residían. Nombres como los de los poetas Lucano y Marcial, el geógrafo Mela, así como el Séneca y el ensayista sobre temas agrícolas Columela, entre otros.

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