Parentesco y organización social

Análisis antropológico. Sociedad. Familia. Individualismo. Matrimonio. Lazos parentales. Trabajo. Rlaciones. Parsons

  • Enviado por: Isabel Ibarrola
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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PARENTESCO Y ORGANIZACIÓN SOCIAL

1.- Teniendo en cuenta las necesidades de la sociedad occidental actual, discute acerca de los cambios que se van introduciendo en las funciones y campos de actuación de la familia. Define y argumenta a favor o no de otros cambios. Entre las variables a tener en cuenta se incluyen: edad, sexo, situación laboral y medio rural o urbano.

2.- Después de definir el concepto de cuidado y sus clases, describe y desarrolla alguno de los intercambios que pueden darse entre cuidadoras/cuidadores y las personas objeto del cuidado.

3.- Comenta acerca del posicionamiento de distintos autores/as acerca del lugar que tienen las relaciones de parentesco en las sociedades industrializadas. Ilustra la teoría con ejemplos etnográficos bien de las lecturas y/o de tu propio trabajo.

Pregunta número 1.-

A pesar del interés de la Antropología por el parentesco, sólo recientemente y por detrás de, por ejemplo, la demografía o la sociología, se viene preocupando por las transformaciones de la familia actual. Así se da la paradoja de evidenciarse la progresiva debilitación de los lazos familiares constatándose la dimensión de las relaciones de parentesco, lo que supone un visión un tanto restringida de la familia, teniendo en cuenta únicamente la transformación morfológica de los grupos residenciales. Algunas características del parentesco actual son la coexistencia de diversas generaciones, nuevas formas de relación y convivencia más diversificada, con un descenso general de la nupcialidad, incrementándose la edad media de acceso al matrimonio, la difusión de parejas cohabitantes, tanto prematrimonial como a largo plazo, con el consiguiente aumento de concepciones extramatrimoniales, observándose cierta estabilización en los últimos años, el aumento de los divorcios, y un declive de la natalidad. Se ha pasado de la uniformidad a la constatación de pautas familiares muy distintas. El empuje del individualismo llega a poner en cuestión la pertinencia del concepto familiar, asistiendo al final de la norma única del matrimonio monógamo, a la vez que hay lugar para una pluralidad de modelos sin que esto signifique el final de la familia, y al mismo tiempo, la pareja no debe ser un freno a la autonomía del individuo. Algunos de los cambios en este sentido se refieren a la disminución en las formas de residencia extensa y múltiple, contituyéndose mayoritaria la residencia conyugal, e incrementándose formas de residencia alternativas. Tanto en función de sus preferencias, como del desarrollo del ciclo familiar, un individuo pasa a lo largo de su vida por distintas residencias. Los antiguos valores respecto del matrimonio se ponen en entredicho, no terminándose de asumir la consistencia y entidad de los nuevos tipos de relación. Las familias recompuestas presentan situaciones muy diversas que no están delimitadas, como lo prueba el hecho de la falta de términos específicos para definir dichas situaciones o los cambios de status no marcados por unas pautas, y que deben especificarse en cada caso, valorándose o no los lazos parentales anteriores, las relaciones con la familia del nuevo cónyuge y sus hijos etc… Las necesidades de la familia son cambiantes, pues dependen del número y características de sus componentes. Han cambiado las formas de relación intergeneracional, y con ellas los requerimientos en servicios personales, educativos, sanitarios y asistenciales. Se tienen menos hijos, pero se les proporciona más cuidados, más dinero y más dedicación que tiempo atrás.

Al tardar más tiempo los jóvenes en integrarse al mercado de trabajo, dependen más años de sus padres. Además, las personas vivimos más años, por lo que se ha alargado el período en que los ancianos requieren servicios y cuidados. Actividades que son asumidas fundamentalmente por mujeres, tanto en la familia como en el mercado de trabajo. El trabajo doméstico es contínuo por definición, y aunque las mujeres participemos del mercado de trabajo, seguimos asumiendo en general la responsabilidad global del trabajo doméstico, que no es remunerado ni reconocido socialmente como trabajo propiamente dicho. Aunque las actividades domésticas son operativamente fundamentales para toda la familia, pierden valor en si mismas al no estar reconocidas ni socialmente ni en el propio núcleo familiar. Son invisibles, monótonas, solitarias y rutinarias. La percepción del papel de los hombres en relación al trabajo doméstico se corresponde de forma inversa al atribuido a las mujeres en relación al empleo. Estas “ayudan” con sus ingresos a la economía familiar, y recíprocamente, los hombres “ayudan” a las mujeres en las tareas del hogar. Para las mujeres, tener un empleo es la opción, no la obligación, para los hombres, lo opcional es su contribución a las tareas domésticas. No creo que sea un tópico decir que la participación laboral de las mujeres supone un doble trabajo, una doble jornada laboral. El trabajo del futuro implica la distribución de todas las formas de trabajo entre todas las personas. Modificar las bases de relación entre hombres y mujeres en un sentido más igualitario implica aceptar el valor positivo de la diversidad. Los hijos pueden representar un freno a la inserción laboral de la mujer, al ser la principal responsable de su cuidado. Estos dos elementos (actividad laboral y número de hijos), vienen mediatizados por el nivel de estudios, factor que se relaciona con el tipo de ocupaciones y la actitud de la mujer ante el empleo.

El pasado de la familia no limita su futuro, ya que aunque la familia apareció probablemente al mismo tiempo que la humanidad, ni ésta ni las formas familiares concretas están determinadas genéticamente, y así aun sin negar los condicionamientos de todo tipo, el grado de libertad individual que se manifiesta en las elecciones vitales dinamiza las relaciones y los modos de vida familiares, cuando ya no es necesario regular las relaciones personales, sin que ello signifique que hayan dejado de existir.

Comparto con Segalen la idea de que la organización social familiar contemporánea es solo uno de los arreglos posibles en el universo de las culturas.

Pregunta número 2.-

El análisis del apoyo y el cuidado, ha ocupado un lugar marginal en las investigaciones sociales, debido posiblemente a su invisibilidad, su ambigüedad conceptual y al hecho de diluirse en relaciones de diversa naturaleza. Se trata de actividades aparentemente restringidas, que connotan conductas vinculadas a lo “natural” e instintivo y a la obligación moral, conllevando además una fuerte carga emotiva. Estas connotaciones son las que han dificultado ver el componente cultural del cuidado, así como su “valor económico” y su “importancia social”, dificultando así mismo percibir la gama completa de actividades que comprenden, y su carácter crucial para la “reproducción social”.

Son especialmente invisibles por tres razones básicas: es la familia la principal institución en cuyo seno se efectúan, es difícil catalogarlas como forma de trabajo y están fuertemente naturalizadas. Las funciones de cuidado son sólo visibles cuando no es la familia quien las asume.

En relación a la noción de cuidado, resulta difícil hacerse cargo que se trata de formas de trabajo, debido al fuerte componente afectivo y moral; se ponen en juego los sentimientos y la ética personal. Es necesario tomar algo de distancia para percibir que las actividades dirigidas a cuidar poseen también componentes materiales y sociales de primera magnitud. Al igual que otras formas de trabajo, el cuidado ocupa tiempo y supone dedicación y poner en juego todo un conjunto de saberes y habilidades que se van aprendiendo a lo largo de la vida. Desde esta perspectiva global, las actividades relacionadas con el cuidado forman parte de la división del trabajo, siendo básicamente las mujeres quienes se ocupan de cuidar, asumiéndose implícitamente que poseen capacidades y habilidades para cuidar (por eso decía que están naturalizadas). No obstante el aprendizaje es básico para la asunción de estas tareas. No hay nada “natural” que haga a las mujeres más capaces para cuidar, como nos muestra la comparación intercultural. Es la vinculación de las mujeres a la familia la que determina su rol de cuidadoras, y no su naturaleza como mujeres.

En la distribución de actividades que supone cuidar, casi no se han producido cambios en el transcurso del tiempo. Los hombres prácticamente no están implicados en ello. Las mujeres han hecho y continúan con estas tareas, siendo el cuidado lo que más afecta a su distribución del tiempo, a sus esfuerzos y dedicación, a su tiempo y proyectos de vida en definitiva. Fijándose la posición de la mujer en el hogar, se reconstruyen los roles segregados entre hombres y mujeres. Podemos así mismo reconsiderar la relación entre estructura y sentimiento.

La Antropología, tiende a privilegiar el papel del sistema social o cultural sobre la persona, de las estructuras sobre las emociones. Estas dicotomías pueden ser fictícias. Los sentimientos se aprenden, y son una expresión de las relaciones sociales, son modelados por el contexto social y cultural. Siendo un elemento constitutivo de la identidad y de la vida social se hallan en el centro de la reproducción social. El cuidado demanda tanto amor como trabajo, tanto sentimiento como actividad. Como estrategia para conseguir una herencia, permite acceder a los medios de producción de los predecesores, constituyendo un elemento clave en la reproducción social. Es precisamente la realidad de la expresión emotivo-afectiva lo que permite su eficacia estratégica: se debe cuidar a los predecesores para heredar, se es heredero por haber cuidado a los predecesores. Puede ser un cuidado continuado, cuando se desarrolla durante todo el tiempo en la residencia de los predecesores, o no continuado, cuando se dispensa sólo en la última parte de la vida de uno u ambos predecesores. Es extenso, cuando incluye tanto atención física y afectiva como trabajo en las tierras y en las tareas domésticas. Los intercambios pueden darse con en la mayoría de las veces con los hijos primogénitos, con hijos únicos, o con otros hijos, pero en otras ocasiones los beneficiarios son parientes colaterales y otras personas no vinculadas en un primer momento a la familia. ¿En que consisten algunos de estos intercambios?. Siguiendo el ejemplo de mis propios suegros, que se ocuparon del padre de ella al enviudar aquel, heredando éstos la casa del pueblo, y algo de dinero, la hija solía prepararle comidas especiales (como puré de lentejas), por su escasez de dentadura. El marido de ésta se encargaba de afeitarle todos los días y cortarle el pelo de vez en cuando. Entre los dos lo trasladaban del sofá a la cama y viceversa, cuando ya no pudo moverse y su hija le lavaba, y le ayudaba con la bacinilla en sus deposiciones. Solía ser su yerno quien le suministraba las medicinas, e indistintamente se ocupaban de darle pomada por las partes resecas de su cuerpo cuando se le formaban llagas por la postura inmóvil que mantenía.

El mismo hacía referencia a los cuidados que le otorgaba su yerno, concediéndoles un valor especial, puesto que consideraba que su hija debía ocuparse de él como algo “natural”. La donación de los bienes se efectuó en vida del anciano, legándo lo que poseía a su hija. Su otro hijo, que no quiso tenerle en ningún momento en su casa, ni ocuparse de él, no recibió nada. Aunque el anciano tenía los suficientes recursos como para haberse costeado un cuidado de tipo residencial, tal posibilidad nunca fué contemplada por ningún miembro de la familia, primando siempre la relación emotivo-afectiva.

Pregunta número 3.-

Se constata una evolución en las ideas de los diversos autores con respecto al lugar del parentesco en las sociedades industrializadas, condicionadas por los cambios que se producen en las mismas en todos los aspectos, tanto de la vida cotidiana como a niveles mas amplios.

Para T.Parsons, los procesos de industrialización segmentan la familia. Considera ésta desde un punto de vista un tanto restringido, puesto que si bien es cierto que puede constatarse un mayor número de grupos domésticos nucleares, esto no significa su aislamiento en cuanto a la relación respecto del resto del parentesco. Por tratarse de un modelo funcionalista que pone en relación el ámbito familiar con las características económicas de la sociedad actual, no tiene en cuenta otro tipo de condicionantes que invalidan el pretendido aislamiento social de la familia nuclear. Y así T.Hareven proporciona una visión de la familia como amortiguadora de los choques con la propia sociedad industrializada, proporcionando a sus miembros un marco de adaptación y un referente. Nuevas épocas exigen nuevas respuestas y es en esta coyuntura donde el grupo doméstico ofrece respuestas adaptativas proporcionando estabilidad y reorganizando las relaciones.

Young y Willmott estudian la práctica de la prioridad en la contratación de los familiares de los propios obreros. Seguramente cualquiera que se detenga a observar y reflexionar al respecto, puede ofrecer ejemplos de este fenómeno, y a todos los niveles de empleos: mi sobrina trabaja en verano en la asesoría de una de sus tías; otro sobrino hace lo propio en la fábrica en la que trabaja su padre, y que ofrece esta posibilidad a los hijos de los empleados.

La tesis que sostiene L.Roussel sobre la “protección” afectiva que proporciona la familia contra la deshumanización que supone la propia industrialización considera una visión un tanto restringida desde mi punto de vista a situaciones concretas que pudieran darse en ambientes muy concentrados y opresivos de por ejemplo grandes ciudades o cinturones industriales. La sociedad contemporánea no conlleva únicamente el desarrollismo sin tener en cuenta el factor humano, y así por ejemplo ahora se tiene más en cuenta una urbanización global, que contempla zonas verdes y de esparcimiento, de relación, que hasta hace no mucho tiempo se limitaba a la concesión de licencias de edificación sin otros criterios que los puramente económicos.

Siguiendo con otros estudios del citado autor, se constata la proximidad en la residencia de los hijos casados respecto de sus padres. El hecho de que no se pueda o no se quiera mantener una familia extensa en un mismo ámbito residencial, no implica que los lazos familiares se mantengan y desarrollen. R.Firth estudia el parentesco en su dimensión de “universo” del mismo, constando la selectividad en la genealogía así como en la elección de relaciones. Al comenzar a recoger información para la elaboración del trabajo de genealogía pude comprobar este punto de vista.

La extensión en el recuerdo de la parentela puede ser muy amplia, pero de la misma manera la profundidad en el conocimiento de los diversos aspectos personales varía sensiblemente dependiendo de las relaciones mantenidas con unos u otros. Siguiendo el estudio de E.Both, podemos distinguir entre parentesco “efectivo”, con quienes se mantiene una relación más o menos habitual, y “no efectivo”, de quienes puede tenerse un conocimiento meramente formal, alejado y no afectivo.

Una de las funciones del parentesco es la identificación. Rosser y Harris estudian las relaciones de parentesco como posibilidad de contactar personas que aun no conociéndose pueden ponerse en relación en base a un denominador común parental. Esto puede tener una concreción en por ejemplo el acceso al mercado de trabajo. Tal y como quedaba reflejado en el trabajo del relato realizado, el puesto de trabajo de ego se logró gracias a contactos de tipo familiar establecidos a tal fín. Las funciones del parentesco son numerosas, de sostenimiento psicológico y afectivo, de intercambio material, de bienes, servicios, consejos y solución de todo tipo de problemas.

M.Young y P.Willmott estudian el acceso a la amistad a través de la red de parentesco. Esto puede ser efectivamente posible cuando los grupos de edad coinciden o son aproximativos, y el factor de proximidad residencial es asi mismo constatable.

Con respecto al parentesco y las clases sociales, A. Michel en Francia, y Woodford en Inglaterra, confrontan las diversas sociabilidades en el caso de familias obreras o de clase media, en relación así mismo a la cultura del ocio. Los contactos pueden depender de la movilidad, inestabilidad, posibles reciprocidades etc.. . Parece ser que en las clases superiores se mantiene una pauta de apoyo material y moral para el mantenimiento del parentesco más definido.

Coincido con W.Goode en el derecho a la independencia como variable ideológica fundamental a la hora tanto de elegir al cónyuge, la forma de vida y los parientes con los que relacionarse, que posibilitan hoy por hoy la variedad de posibilidades de proyectos vitales.