Origen del hombre en América

Análisis antropológico. Agricultura. Aldeas. Cultura: olmeca y maya. Teotihuacan. Zapotecas. Toltecas. Tenochtitlán

  • Enviado por: Alejandra
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 30 páginas

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Í n d i c e :

ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO,

PRESENCIA DEL HOMBRE EN MÉXICO.

INICIO DE LA AGRICULTURA.

INICIO DE PEQUEÑAS ALDEAS.

INICIO DE LA CULTURA OLMECA,

INICIO DE LA CULTURA MAYA.

DESARROLLO DE TEOTIHUACAN.

ORIGEN LA CULTURA ZAPOTECA.

FUNDACIÓN DE TULA: TOLTECAS.

FUNDACIÓN DE TENOCHTITLÁN.

ORIGEN DEL HOMBRE AMERICANO,

PRESENCIA DEL HOMBRE EN MÉXICO


El poblamiento de América debe verse dentro de una perspectiva económica, ya que, los grupos que se desplazaban, lo hacían en busca de alimentos y como eran cazadores, tenían forzosamente que seguir los desplazamientos de los animales que formaban parte de su dieta.

Todo comenzó en Siberia. Los pueblos antiguos procedentes de Siberia, cruzaron el estrecho de Bering siguiendo a las piezas de caza. Su recorrido es probable que comenzara unos 70.000 años atrás y fueron descendiendo a un ritmo de unos 27 kilómetros por generación. Desde Alaska cruzaron Canadá y Estados Unidos, llegando hasta México. Algunos no se establecieron y continuaron su viaje a través de América Central y del Sur, alcanzando unos pocos el sur de Chile hace unos 13.000 años.

Cuando estos grupos empezaron a penetrar hacia el sur, se abrió ante ellos un territorio nuevo, con clima, flora y fauna distinta y desconocidas, a cuya explotación tenían que habituarse.

Estaban organizados a nivel de hordas o bandas, que probablemente consistían en una o varias familias nucleares emparentadas entre sí y sin ninguna otra autoridad formal que la ejercida por el jefe de familia. Las bandas obedecían las órdenes del sujeto reconocido como el más fuerte o más astuto.

Mantenían una cultura material reducida a lo más mínimo, pues había que desplazarse constantemente, en búsqueda del sustento, marchando tras las manadas que huyen de las acciones depredatorias y que suelen migrar con los cambios de estación o debido al clima cambiante.

Por su carácter mismo de nómada, la gente de entonces no llegó a levantar construcciones arquitectónicas. La vivienda dependía más de lo que ofrecía la naturaleza (por ejemplo, cuevas o abrigos rocosos) que de otra cosa.

Las herramientas y las armas empleadas en esa época, estuvieron integradas, en cuanto a forma y función, a la modalidad económica recolectora practicada por entonces para sustentarse. Su manufactura requería de técnicas especiales.

Había mucha caza menor (venados, caballos, tortugas) y pesca; también la labor de recolección de productos silvestres, como nueces, frutas, granos, huevos, conchas e insectos, frecuentemente era de mayor impacto dietético para el grupo.

Se puede asumir que el sureste de México y Centroamérica estaban ya habitados durante el Pleistoceno, aunque las evidencias cronológicas precisas no son muy confiables.

Los sitios de este período tienen en común el encontrarse próximos a pantanos o lagunas. La lítica de estos sitios es simple. Las herramientas son muy variables en forma y tamaño, cuya función implica el trabajo en madera. No hay puntas de proyectil de piedra, pero pudieron usarse otras hechas de hueso o madera, que no se han conservado. Puede proponerse, tentativamente, que la economía de estos grupos no debe haber sido especializada, y que quizá sus fuentes de subsistencia hayan sido principalmente la recolección de flora y fauna que no requería de procesos de preparación complejos para ser consumida.

A partir de 7.000 años a.C. podemos distinguir tres grandes grupos de habitantes cuyas economías de subsistencia son diferenciables, como también lo son las tecnologías respectivas. Estos tres grupos son: los cazadores-recolectores de las Tierras Altas, los cazadores recolectores de las Tierras Bajas y los grupos costeros.

Los cazadores-recolectores de las Tierras Altas parecen haber ocupado áreas que, por su altitud o su precipitación relativamente baja, no estaban cubiertas de selva tropical. La tecnología lítica de estos grupos es la más completa e incluye puntas de proyectil de diversas formas, aunque también hay evidencias del empleo y manufactura de herramientas de hueso. Su patrón de subsistencia es mixto, pues hay caza, recolección de fauna lenta y de moluscos, y obtención de frutos, semillas y plantas con órganos subterráneos de almacenamiento; ninguna de estas plantas corresponde a especies cultivadas.

Los cazadores-recolectores de la Tierras Bajas se encuentran en contextos de selva tropical. Su tecnología lítica es poco elaborada y el instrumental está destinado principalmente al trabajo de la madera; la lítica de estos grupos, que no incluye puntas de proyectil, tiene ciertos puntos de contacto con la de los grupos costeros. La caza no parece haber sido tan importante en la economía de subsistencia, y las fuentes de alimentación fueron principalmente la recolección de fauna lenta y de plantas, entre los que un componente constante son los frutos de palmeras (coquitos) y otras semillas duras.

Los grupos costeros tienen una tecnología lítica más simple, con lascas hechas por percusión, empleadas como instrumentos de corte, y artefactos de molienda sencillos; carecen de puntas de proyectil. Hay también algunas herramientas de hueso y objetos de adorno hechos de concha. La subsistencia depende de la recolección de moluscos y cangrejos de lagunas costeras, de tortugas y otra fauna terrestre lenta, de plantas, de la caza y de la pesca. La importancia relativa de todos estas fuentes de alimento varía de acuerdo con la distancia entre los sitios y la costa, aunque la caza propiamente dicha no parece en ningún caso haber sido la actividad dominante. Las evidencias acerca de los grupos costeros provienen en su totalidad de la costa del Pacífico.

Las tecnologías líticas de los grupos costeros y de los cazadores-recolectores de las Tierras Bajas está más relacionada con la de los recolectores pleistocénicos, mientras que la de los cazadores-recolectores de las Tierras Altas muestra mayores semejanzas con los conjuntos líticos con puntas de proyectil acanaladas, foliáceas y "colas de pescado".

INICIO DE LA AGRICULTURA

“A la mujer, como recolectora de alimento, se le identifica con el descubrimiento de agricultura. Observadora de la naturaleza relaciona el ciclo de la cosecha-recolección, y cuando ayuda con sus manos a la tierra sepultando, con instrumentos y técnicas rudimentarias, el grano, la semilla o el tubérculo, ha comenzado la actividad de la agricultura”.

El descubrimiento de la agricultura significó para la humanidad algo cuya importancia sólo puede compararse con el descubrimiento del fuego. Con el se inició una nueva etapa, en la que el hombre comenzó a producir su propio alimento.

La agricultura le permitió al ser humano establecerse en un lugar determinado y así se formaron las primeras aglomeraciones de población, creándose las bases para el desarrollo de las culturas superiores.

La actividad agropecuaria permitió guardar excedentes de producción, con lo que se pudo alimentar a un mayor grupo de población, produciéndose un aumento de ésta.

Entre los más tempranos testimonios del paso a una incipiente domesticación de plantas, es decir, a la agricultura, están los hallazgos en varias cuevas de la sierra de Tamaulipas, como las del Cañón del Infiernillo al norte de México. (6500-5500 a.C.). A partir de entonces se practicaba ya el cultivo del frijol, el chile y la calabaza. También en Tehuacán, Puebla, hay indicios de que la incipiente agricultura llegó a incluir, hacia 4000 a.C., ciertas variedades de maíz.

A pesar de los pocos datos sobre el período de las grandes transformaciones que culminaron con la difusión de la agricultura, proliferación de aldeas e incremento notorio de la población, lo que hasta ahora se conoce es prueba fehaciente de que hacia 3000 a.C., se habían alcanzado ya niveles culturales, que permitiría un mayor desarrollo en un espacio más amplio.

Desde el tercer milenio a.C., en varias partes del continente, se dieron las condiciones, naturales y culturales, que propiciaron el desarrollo de las incipientes técnicas agrícolas. Así cabe explicar que precisamente en ese ámbito ocurrieron luego otras importantes transformaciones.

Fue durante esta época cuando el hombre adquirió mayor dependencia de la recolección de plantas (frutos, raíces y bayas) y de la cacería. Esta forma de vida les permitiría conocer los beneficios de algunas plantas y dar inicio a la domesticación y el cultivo de algunas de ellas. Fue una etapa proto agrícola durante la cual tales productos cultivados jugaron un papel importante, además del desarrollo de su conocimiento y tecnología.

La dependencia cada vez más fuerte de los productos agrícolas y el desarrollo tecnológico fueron haciendo que los grupos se volvieran cada vez menos nómadas y se fueran estableciendo en residencias semipermanentes en un principio, hasta llegar a sedentarizarse completamente, debido a la necesidad de atender en forma permanente, las diversas faenas implícitas en la actividad agrícola.

Con el establecimiento en un lugar dado, y el aumento considerable de la población, las comunidades fueron adquiriendo el carácter de aldeas y el posterior desarrollo de núcleos urbanos.

El hombre dispuso del tiempo necesario, entre cosecha y cosecha, para la producción de diversos objetos, al igual que el instrumental fueron más abundantes y de mejor técnica: cestería, petates, redes, diversos tipos de vasijas de piedra, metates, navajas, puntas de proyectil y otros implementos más.

Origen del hombre en América
Principales Cultivos Mesoamericanos.

  • El maíz: El maíz es sin duda la planta más importante y valiosa dentro de la cultura de los pueblos mesoamericanos; se cultivó después de la conquista en muchos otros países del mundo. En el pasado fue un alimento muy apreciado por los pueblos indígenas y motivo de culto religioso por sus múltiples cualidades.

El maíz fue y sigue siendo el alimento básico de los pueblos mesoamericanos. El maíz está presente en la cotidianidad de los pueblos, cumple una misión identificadora al interior de la comunidad indígena.

  • El fríjol: Su nombre en nahuatl es etl, fue otro de los alimentos básicos de nuestro antepasados. Los españoles del siglo XVI les llamaron judías, pero la denominación fríjol surgió en Italia, fiesole, siendo exportado a otros países con ese nombre que acabó cambiándose en frijole y después en fríjol, que terminó siendo adoptado en la Nueva España.

  • El chile: Del nahuatl Chilli, fue un condimento muy estimado de los antiguos pobladores de Mesoamérica; junto con el maíz y el frijol, constituían gran parte de la dieta diaria a la que agregaban otros alimentos vegetales y animales. Fue nombrado por los castellanos axi, voz haitiana, y también pimiento.

  • El aguacate: Forma parte del gran número de frutas cultivadas por los pueblos indígenas de Mesoamérica. Su nombre deriva de la palabra nahuatl Ahuacacuahuitl; ahuacatl, testículo; cuahuitl, árbol : árbol de testículos. Según datos arqueológicos, que proceden del Valle de Tehuacán en México se le asigna una fecha aproximada de 7200 a.C.

  • El cacao: Etimológicamente, el nombre del cacao viene de la voz maya cacau que pasó al nahuatl como cacahuatl.. Parece que el radical cau, chauc y chac, que significa rayo, se emplea en muchas palabras mayas que tienen relación con el fuego, la fuerza y el color rojo.

  • La calabaza: En nahuatl ayotl, es originaria de América, y forma parte importante de la comida de los habitantes de Mesoamérica, ya que de ella obtenían para complementar la alimentación, como las flores, el fruto o calabaza y las pepitas.

  • El tabaco: Existían diferentes variedades y era muy estimada por los nativos debido a sus múltiples cualidades; como planta aromática, la hoja ya seca la utilizaban para fumarla en pipas de barro, mezclándolo con otros elementos perfumados; además, en estado seco, se utilizaba como medicina para frotar los músculos y aliviar los dolores por golpes o cansancio. Se cree que el nombre se atribuye a la voz caribeña "tabaco", usada para designar el tubo o pipa en que lo fumaban los nativos. Los antiguos nahuats le llamaron yetl o picietl, y entre los mayas kuots.

  • El algodón: Ichcatl en nahuat, representó uno de los productos principales, y debido a su gran difusión se sembró en casi todo el territorio mesoamericano. En la antigüedad se utilizó para la elaboración de bellísimas mantas, tejidos y ropas de muchos colores, cuya elaboración era casera. Los indígenas se valían de malacates de barro para elaborar el hilo; y del telar de cintura para tejer las prendas. El cultivo y el tejido del algodón ya estaban plenamente establecidos 3000 años a.C.

INICIO DE PEQUEÑAS ALDEAS

Origen del hombre en América

La producción de alimentos mediante prácticas agrícolas constituye un cambio radical en el curso de la historia cultural de la humanidad. Establece una marca por la que el ser humano va a apartarse, definitivamente, de la escala animal al crear formas culturales complejas.

La agricultura fue un proceso gradual en la producción alimentaria que dio mayor seguridad a la vida de aquellos grupos humanos, afianzó el sedentarismo, facilitó el crecimiento de la población y propició el desarrollo de una vida aldeana con una serie de culturas originales que se apegaron a su propia tradición 

Para cuidar sus sembrados, las personas se agruparon en pequeñas aldeas; luego, estas crecieron para formar poblados; y finalmente, por el aumento de población, se transformaron en ciudades, en el Cercano Oriente, dando origen a las primeras civilizaciones.

Las actividades agropecuarias modificaron la relación entre los grupos humanos. Mientras unos se dedicaron a estas actividades, otros podían realizar otras diferentes, como la producción artesanal y, a la vez, intercambiarla por los alimentos que no producían. De esta forma se originaron las bases de la especialización del trabajo y el comercio.

Desarrollo.

A consecuencia del desarrollo de la agricultura y de la domesticación de animales se desarrolló la textilería, obteniéndose en forma más o menos constante fibras como algodón y lino, además de lana para ser hilada y trabajada en telares. Con la vida desarrollándose en comunidades mayores, surgieron nuevas necesidades de organización.

La sedentarización trae consecuencias importantísimas de tal manera que en función de ellas se afirma que la revolución Neolítica es generadora de descubrimientos continuos por lo que las sociedades primitivas logran avances culturales que les permite, siempre durante periodos de tiempo muy amplios, alcanzar el nivel de “ Sociedades urbanas “, en las que la organización ya gira, no en torno al poblado, sino en el marco de la  Ciudad- Estado, pero esto ya es otra página de la historia de la humanidad.


El hombre y la mujer sedentaria comienzan a “ descubrir “ enseres que le hacen su existencia más cómoda; así se crea la industria de la cerámica que le va a proporcionar todo tipo de utensilios relacionados con la alimentación.


La industria del mueble, al confeccionar rudimentarias camas, mesas, sillas, étc. La industria textil, con la utilización de las lanas, y fibras vegetales con las que se cubrían siguiendo los dictámenes de lo que se llevaba, no lo duden. La ingeniería, la astronomía, la medicina, la matemática,... fueron apareciendo a medida que estas sociedades debían resolver sus dificultades para sobrevivir en un medio natural, que en un principio hubo siempre que conocer y que dominar.

INICIO DE LA CULTURA OLMECA,

INICIO DE LA CULTURA MAYA

LOS OLMECAS.

Origen del hombre en América

Los orígenes de la cultura Olmeca son todavía muy discutidos. Sin embargo, se conocen algunos antecedentes de su remoto pasado. En realidad, el término olmeca tan sólo sirve para designar un grupo portador de un particular estilo artístico, pero no una identidad etnolingüística; aunque sus descendientes modernos se encuentran entre los pueblos Mixe-Zoque-Popoluca del sur de México. 

El nombre olmeca deriva de las palabras náhuatl olli, goma, y mecatl, estirpe. Indudablemente, los olmecas no se llamaban a sí mismos "el pueblo de la goma", pero el nombre sirve para designar el área metropolitana olmeca: Tabasco septentrional y Veracruz meridional, región mexicana de la goma. 

Los ancestros de quienes iban a conformar la cultura olmeca procedían del norte de Suramérica, acaso de Colombia y Ecuador. Aquello primeros grupos pudieron haber penetrado hacia el territorio que ahora se denomina Mesoamérica, vía la costa del Pacífico de Guatemala y Chiapas. las ocupaciones indican que fue allá en donde se gestaron algunas características que han hecho posible identificar sus antecedentes. Tales grupos, proto-olmecas, dejaron sus huellas en cerámicas fechadas alrededor de los años 1500 a 1400 a.C. 

Los proto-olmecas, quizá numéricamente pocos, que penetraron hacia la costa del Golfo (1350 a 1300 a.C.), deben haberse integrado de tal modo con las poblaciones locales que, al correr de los años, desarrollaron buena parte de las características de la cultura olmeca. Para entonces, ya se habían extendido por un amplio territorio localizado entre los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco. 

Poco más tarde, de manera más homogénea ocuparían desde la llanura costera hasta las primeras estribaciones de la sierra y desde la cuenca del río Papaloapan hasta el río Santana. Este territorio se conoce como área olmeca metropolitana o, área nuclear olmeca, pues en ella se han reconocido los sitios más importantes de esa cultura. 

Fuera del área metropolitana, la influencia olmeca se extendió en forma considerable, su presencia llegaría tan lejos como Centroamérica, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Guerrero y la Cuenca de México, llegando hasta Costa Rica y Panamá en el extremo sur, y lugares como Teotihuacán, Valle de Bravo y Jalisco en el extremo norte. 

La civilización olmeca inició su evolución alrededor del año 1200 a.C., y se establece, a partir de estas fechas y hasta 900 a.C., un patrón cultural mesoamericano. Para el año 400 a.C., la cultura olmeca ya decaía como unidad rectora del área cultural de Mesoamérica. Los logros de esta extraordinaria cultura se conservaron por muchos siglos, algunos de los cuales subsistieron hasta la conquista española que truncó el desarrollo autóctono mesoamericano. 

La cultura olmeca hablaba una lengua de la protofamilia zoque-mixe. Además, hubo prestamos lingüísticos a otros idiomas que viven alrededor de esta familia que no sólo son básicos en la cultura mesoamericana, sino que no tienen precedentes afuera del área olmeca. Por ejemplo, del protozoque-mixe recibieron sus vecinos mayenses y nahuas los nombres de varios cultígenos importantes como cacao, frijol y calabaza. Términos rituales y calendáricos también fueron prestados, como incienso, contar o adivinar, nombre de perro como día calendárico, hacha para sacrificio, viejo o brujo, petate símbolo de autoridad, papel, abeja, sandalia y pulque; en fin, más de cincuenta diferentes palabras. Además, el inventario cultural protozoque-mixe es muy parecido a lo que fue el inventario cultural de los olmecas como pueblo sedentario agrícola y alfarero. 

Entre las mayores contribuciones de los olmecas están el calendario, el sistema de numeración, la escritura jeroglífica y las observaciones astronómicas. El sistema numérico de puntos y rayas, posteriormente desarrollado por los mayas, se halla en la estela C procedente de Tres Zapotes, Veracruz, datada en 291 a.C. 

En el período Preclásico Medio, aparecen los primeros centros ceremoniales olmecas. Situados generalmente en islas -o en elevaciones de terreno que se transforman en islas durante la temporada de lluvia- los centros ceremoniales de esta época consisten esencialmente en plataformas y basamentos hechos en tierra compactada o, en algunos casos, de adobes o bloques de arcilla secados al sol. 

En cuanto al área nuclear, el centro ceremonial más antiguo que se conocen en Mesoamérica es San Lorenzo. De su planificación se puede inferir el desarrollo de una astronomía incipiente; la existencia de canchas destinadas al juego de pelota, y la integración de plazas mediante plataformas y basamentos elevados; todo ello complementado con la erección de esculturas monumentales situadas en los ejes principales. La población de San Lorenzo se calcula en unos mil habitantes que constituía la clase dominante y que vivía repartida en grupos de chozas. 

Posteriormente, La Venta pasaría a ser el centro supremo olmeca entre 800 y 400 a.C., que coincide con el período de máxima expansión del arte olmeca, para luego decaer y transmitir, quizá el poder a Tres Zapotes. 

Todos estos sitios están enclavados en el trópico cálido-húmedo, caracterizado por la selva exuberante y una amplia red hidrológica. Debido a las escasas alturas y a la pobreza del drenaje, se forman numerosos pantanos, situación que fue aprovechada por los olmecas, dado los conocimientos y experiencias que tenían para explotar ese tipo de medios, y cuyo paisaje necesariamente incidió en su ideología. 

La cultura olmeca se caracterizó desde muy temprano por una fuerte obsesión felina, conectada al parecer con un culto al agua o la lluvia. El jaguar (abundante entonces en la región y peligro constante para sus habitantes): pudo haber sido considerado como el ancestro común; una especie de animal totémico. Las representaciones más frecuentes en el arte olmeca son, en efecto, los diversos atributos del jaguar: cejas, encías, garras, manchas, etc., solos o en combinación con elementos humanos. El jaguar quizá fue conceptualizado como el origen; representaba la tierra y el inframundo, como poco después la serpiente sería incorporada a su ideología, identificándola tal vez con el agua que corre. Dos conceptos básicos en su pensamiento que posteriormente serían fusionados para dar lugar a un ser fantástico que reunía los atributos y simbolismos de ambos animales: tierra y agua; fertilidad. 

No sin razón se ha optado por considerar a los olmecas como fundadores de la primera cultura pues a ella se le atribuyen la mayoría de los adelantos técnicos, artísticos y sociorreligiosos que ocurrieron durante esta importante etapa de transición entre las primitivas aldeas agrícolas del Preclásico temprano y los grandes centros ceremoniales del período Clásico.

A los olmecas se le atribuye el afianzamiento de la clase sacerdotal, la práctica de la deformación craneana, de la mutilación dentaria, del sacrificio humano y del autosacrificio; atributos ceremoniales, así como adelantos tan decisivos para Mesoamérica como son el calendario ritual, el sistema de numeración vigesimal y de escritura glífica, el principio de los centros ceremoniales con la parición de las construcciones de tierra y de las primeras pirámides como basamentos de los templos. 

Aunque los olmecas vivieron en una zona sin rocas, su material favorito fue la piedra, importada de otras regiones. Fueron los primeros grandes canteros mesoamericanos. Los bajorrelieves sobre roca se señalan por diversos rumbos de Mesoamérica, y hacen evidente la penetración de influencias olmecas. Sin embargo, las esculturas olmecas más conocidas son las colosales cabezas de basalto, que rebasan los 2.50 de altura y pesan hasta 14 toneladas. Sus facciones redondeadas; tienen labios gruesos y llevan puesto un casco. Se ha dicho que son retratos de los gobernantes olmecas; de labios gruesos y nariz ancha. También se ha dicho que representan jugadores de pelota decapitados. 

Aparte están las pequeñas esculturas elaboradas con gran delicadeza, hechas de jade verdiazulado o de serpentina, hematites, cuarzo, cristal de roca, amatista y esteatita. En serpentina tallaron mosaicos para representar mascarones de jaguar con rasgos muy estilizados. Tales obras eran colocadas, a manera de ofrenda, a gran profundidad en los centros político-religiosos. 

La cerámica olmeca, consta de platos de base plana, botellones y cajetes pulidos de color negro sobre bayo, bien cubierto de un englobe blanco o rojo. Su decoración es raspada o excavada, y sobre todo, decorada con atributos estilizados del jaguar: ojos, garras o manos, y tallos vegetales. Entre las estatuillas olmecas en barro, han surgido interesantes figuras de perros y jaguares, provistas de ruedas a manera de juguetes. 

Tanto en la escultura mayor y menor como en la cerámica, aparecen ciertos rasgos que sirven para identificar las representaciones olmecas: cejas flamígeras, la mancha del jaguar, ojos de forma almendrada, hendidura en V arriba de la frente, garras, colmillos y la comisura de los labios hacia abajo, entre otras. 

La escultura olmeca nos da buena idea del tipo físico olmeca, o más bien, de dos tipos: uno grueso y bajo, de cuello corto, cabeza redonda, con rasgos negroides; el otro, esbelto con rasgos mongoloides, ojos oblicuos, de nariz ligeramente aguileña, labios más finos, y cabeza deformada artificialmente. Este último tipo podría corresponder a representaciones más tardías, de un grupo que llegó y se fusionó con el primero. 

CULTURA MAYA.

Origen del hombre en América

El espacio geográfico en que se desarrolló la cultura maya es amplio y diverso. Su entorno natural comprende más de 350.000 kilómetros cuadrados, y es producto combinado de factores biológicos y geológicos, así como de la influencia que se deriva de la continuada presencia de grupos humanos en la región.

Las Tierras Altas, situadas en el extremo sur hacia las montañas de Guatemala y Chiapas, se distinguen por su elevada topografía y porque marcan el límite sur en la distribución de ciertos rasgos culturales distintivos de la civilización maya del Clásico. Esta zona, que fue y es habitada por grupos de habla maya, proveía a las Tierras Bajas de algunos productos no disponibles en ellas. La producción agrícola es amplia y diversa; su origen volcánico determina la existencia de importantes recursos minerales, como la piedra con que se elaboraban metates; depósitos de obsidiana, preciada materia prima para la fabricación de herramientas cortantes e, incluso, objetos de culto o suntuarios; también jade, que no sólo fue símbolo de riqueza y posición social, sino un mineral con connotaciones religiosas y rituales. También, entre los productos más estimados de esta región se encuentran las plumas de quetzal, ave que sólo vive en ciertas partes de la gran elevación de los Altos de Guatemala y áreas adyacentes.

Las Tierras Bajas se componen de dos grandes zonas con notables diferencias en cuanto a hidrología, vegetación, relieve y distribución de sus habitantes. Las Tierras Bajas del Sur fueron el asiento de las más grandes ciudades mayas del período Clásico. La existencia de la selva en las Tierras Bajas mayas es mucho mayor ahora que la que debe haber tenido en el período antiguo. En ese entonces, la población era notablemente más amplia y existía una considerable cantidad de poblados distribuidos por toda la región, lo que implica necesariamente una reducción en la cubierta vegetal. Aun las partes con mayor densidad de vegetación de este bosque tropical lluviosos son relativamente recientes; en la mayoría de los casos apenas tienen unos mil años de antigüedad, tiempo aproximado en que se abandonaron las ciudades. 

La hidrografía de las Tierras Bajas de Sur, todos los grandes y extensos ríos superficiales se hallan aquí. El más destacado es el Usumacinta, en cuyas márgenes se ubican los sitios de Yaxchilán y Piedras Negras y, en sus corriente tributarias, lugares como Palenque, Altar de Sacrificios y Ceibal. seguramente las corrientes fluviales de la zona, además de proveer del vital líquido a las comunidades mayas, fueron utilizadas como un importante medio de comunicación, en favor del intercambio cultural y comercial hacia dentro y fuera de la región. En la zona existen además varios lagos, entre ellos el Petén Itzá, donde se localiza la Isla de Tayasal, último lugar maya conquistado por los españoles a fines del siglo XVII. 

Las Tierras Bajas del Norte comprenden la península de Yucatán y muestra un relieve moderado, que se caracteriza principalmente por la estructura geológica de la región; de hecho, la mayor parte de la península se sitúa al nivel del mar y, excepto por elementos como las colinas del Puuc, los rasgos más prominentes del paisaje lo constituyen las ruinas de los antiguos edificios mayas. 

La diferencia más notable de esta zona, con respecto a las Tierras Bajas del Sur, es la disponibilidad de agua dulce. Aquí, prácticamente no existen mantos de agua en la superficie, pero se encuentran grandes pozos naturales llamados cenotes, que tenían una fuerte connotación religiosa, como lo muestra el Cenote Sagrado de Chichén Itzá, en donde se realizaban ceremonias de dedicación y sacrificio. En las cuevas, tanto en esta zona como en el sur, también se obtenía agua para beber, así como "agua virgen" para uso ritual. Esta preocupación constante por el vital líquido explica la gran dedicación a los dioses de la lluvia, por ejemplo Cháac, tan difundida en la península. 

Los litorales marinos del territorio maya, además de facilitar la comunicación con otras regiones mesoamericanas, proporcionan una gran variedad de recursos alimenticios, así como materiales utilizados como símbolos de riqueza y posición social, o para ceremonias rituales. tal es el caso de algunas especies de concha y de espinas de ciertos peces, utilizadas como ornamento y para el autosacrificio, respectivamente. También existen amplias zonas que fueron explotadas para obtener sal, preciado producto para las culturas mesoamericanas.

Los mayas mantuvieron vínculos de diversa índole con sociedades que habitaron Mesoamérica; lo mismo se encuentran elementos teotihuacanos en grandes metrópolis mayas como Tikal, y rasgos toltecas en lugares como Chichén Itzá, que aspectos mayas en importantes ciudades mesoamericanas como Xochicalco, Cacaxtla o Monte Albán. 

DESARROLLO DE TEOTIHUACAN

Origen del hombre en América

La cultura teotihuacana es indudablemente piedra angular en el panorama de Mesoamérica. Su cultura se inicia lentamente en el siglo I a.C. (Preclásico tardío) y alcanza su máximo esplendor entre los siglos III y VII d.C., finalmente, se extingue alrededor del siglo VII d.C. 

Teotihuacán reviste el carácter de ciudad, definida por la existencia de barrios, especialmente de artesanos (entre los cuales se destacan los talladores de obsidiana), de comerciantes y de zapotecas; la existencia de complejos residenciales que albergan a diversos grupos que posiblemente estuvieron emparentados y compartieran un oficio común; elementos de planificación urbana, y una extensión de veinte kilómetros cuadrados que ocupan sus restos, que puede albergar una población de varias decenas de miles de habitantes. 

Teotihuacán, es tal vez la urbe de mayor trascendencia en Mesoamérica. Se puede pensar que ocurrió ahí algún acontecimiento muy impresionante para la mente animista: esto le ha permitido ser denominada como "el lugar donde nacieron los dioses". Al inicio de la era cristiana, Teotihuacán es el lugar de asentamiento de una importante comunidad con medios eficaces de dominio de la naturaleza y con estructura social de raíz animista y mágica. La base de su economía es la agricultura de regadío y chinampa. 

Por el esplendor de su forma urbana, así como por su influencia reconocible en todo el territorio de Mesoamérica, puede suponerse que su gran desarrollo no sólo fue agrícola, sino también de producción e intercambio; además el indudable influjo de su religión organizada que se puede advertir en el inconfundible sello arquitectónico presente en todas las estructuras religiosas de Mesoamérica. Por otra parte, la ausencia de elementos militares en su arte muestra el carácter predominantemente religioso de este centro cultural. 

A partir del siglo III en su parte final -Teotihuacán II- se encuentran totalmente constituidos los elementos animistas que dieron el carácter a esta cultura hasta su ocaso. Los temas permanentes de su religión mágica, o bien los más aparentes son el culto al agua, a la fertilidad, al sol, a los muertos; además de un sinnúmero de cultos totémicos que son constantes en su arte consagrado por entero a la religión. Tlaloc es, probablemente, el símbolo de Teotihuacán, ya que su presencia, en la arquitectura, en las pinturas murales y en la cerámica, es muy significativa.

La sociedad debió estar estructurada con estamentos rígidamente demarcados en cuya base estaban los productores de alimentos. En niveles ascendentes los productores de bienes y servicios, así como los dedicados al intercambio. Después los artistas y finalmente, en la cúspide, la casta sacerdotal apoyada por el prestigio del conocimiento mágico, dirigiendo, penetrando y controlando todos los niveles de la sociedad con su dominio de la técnica y del arte. Esta casta sacerdotal dejó prueba irrefutable de su capacidad creadora y de la solidez y eficacia de su ciencia de base animista, empírica y especulativa, en el planteamiento de su conjunto ceremonial de Teotihuacan, y en el mantenimiento de la solución urbanística a lo largo de seis o siete siglos. 

En cuanto a la validez de esa administración teocrática es testimonio incontrastable la duración casi milenaria de la Urbe y la irradiación de su influencia en todo el ámbito de Mesoamérica. 

En el período Teotihuacan III (300-650 d.C.) correspondiente al Clásico Temprano, alcanza su máximo esplendor. En los primeros años de este período (380-480 d.C), se reporta un intenso contacto o comercio con otras culturas. El contacto con la zona maya, es muy evidente.

El desarrollo de modos paralelos en otras zonas de Mesoamérica permiten variar este enfoque determinista; formas distintas del talud-tablero fueron construidas en Cholula, Monte Albán, Xochicalco, El Tajín y en varios sitios del área Maya, algunos de ellos desde los inicios del Clásico Temprano. 

Durante el Clásico Tardío (600-750 d.C), se intensifica el comercio. El intercambio, difusión y préstamo de ideas artísticas fue mayor y sin precedentes. Al parecer los sitios de la región de Tiquisate, Guatemala, estaban más fuertemente influenciados por las tradiciones teotihuacanas que los demás de la región maya. 

Las cerámicas mayas, de este período, encontradas en Teotihuacan, procedían de las tierras bajas mayas. Presentan estilos más variadas y lujosamente decoradas, y tenían funciones utilitarias. Las mayores concentraciones de esta cerámica, se encontraron en el barrio de los Mercaderes, y se sugiere que fueron llevadas a ese lugar para después venderlas en el Mercado Grande. 

En el Clásico tardío, los contactos con Guatemala se desviaron hacia las regiones alrededor de Escuintla y Lago de Amatitlán. Vasos cilíndricos, candeleros, incensarios y figuras del estilo Clásico tardío de Teotihuacán aparecen en cantidades en la región de Tiquisate, Guatemala. La similitud es más aparente en los incensarios, por ejemplo, el "Dios Viejo" en forma de máscara aparece en incensarios de las dos regiones. Es evidente que el comercio era muy activo con los mayas, particularmente con Kaminaljuyú y Tiquisate en Escuintla. 

La costa del Golfo debe haber servido como área clave en la extensión de la "influencia" teotihuacana hacia la costa sur de Guatemala, El Salvador, los Altos de Guatemala, y los sitios de las tierras mayas bajas. El estilo teotihuacano, en vasijas funerarias y en escultura en piedra, va acompañada por rasgos de la costa del Golfo. Teotihuacán era un símbolo de prestigio, poder y riqueza para los mayas. Prontamente ellos aceptaron mucho de lo que Teotihuacán ofrecía, sin embargo, la población teotihuacana no se esforzó por copiar costumbres o rasgos mayas de escritura, arquitectura, escultura o estilos cerámicos. 

En el período comprendido entre el 750-900 d.C, declina y llega a su término esta metrópoli de incuestionable dominio político y económico, cuyos primeros síntomas de debilitamiento pudieron ser, precisamente, de carácter económico, social, político o de degradación ambiental. 

ORIGEN DE LA CULTURA ZAPOTECA

Origen del hombre en América

Desde épocas muy remotas, los zapotecas se establecieron en los valles centrales del estado de Oaxaca. Construyeron represas y canales de riego y desarrollaron una agricultura variada, que a principios del Clásico daba sustento a numerosas aldeas.

El corazón de esta zona era el centro ceremonial Monte Albán. Monte Albán fue construido en la parte alta de una serranía que domina los valles. Generaciones y generaciones de zapotecas trabajaron para pirámides y plataformas que circunda a una enorme explanada, en la que se encuentra un extraordinario observatorio misteriosas deidades zapotecas y a la celebración de las victorias militares de este pueblo.

Los zapotecas fueron, junto con los mayas, él único pueblo de la época que desarrolló un sistema completo de escritura, en el que se combinan la representación de ideas y la de sonidos. Estas escrituras ha sido descifrada sólo parcialmente.

Hacia el año 800, tal como sucede en otras ciudades del Clásico, el esplendor de Monte Albán termina bruscamente. La cultura zapoteca continuó en los valles de Oaxaca y siglos después los mixtecas, que vivían en las serranías al norte y al este de Monte Albán, invadieron los valles y sostuvieron una larga lucha con los zapotecas.

Los mixtecas establecieron sus propios centros religiosos. Desarrollaron un estilo de cerámica caracterizado por su colorido y elaboraron códices muy bellos, que narran la historia de los grandes jefes de sus señoríos.

FUNDACIÓN DE TULA: TOLTECAS

Origen del hombre en América

La etapa del fin de la época Clásica y el comienzo del Posclásico, se caracteriza por el derrumbe de las antiguas organizaciones políticas creadas, entre otros, por Mayas y Teotihuacanos, y la aparición de nuevos centros de poder como Chichén Itzá y Tula. 

Tula, "lugar de los tules", nombre utilizado para designar varios lugares, algunos de ellos míticos. Uno de estos sitios fue en el que habitó Quetzalcóatl, sacerdote y rey. Era un lugar floreciente, con abundancia de todo tipo de plantas alimenticias, como maíz y amaranto, de algodón y árboles de cacao, así como de piedras preciosas y oro. 

La Tula arqueológica se encuentra en el Estado mexicano de Hidalgo, floreció de 950 a 1200 d.C. Fue habitada en un principio por pueblos provenientes del norte de Teotihuacán. Más tarde, durante el siglo IX d.C., caracterizado por la incesante movilidad social y la contracción de las fronteras mesoamericanas, hicieron su aparición los tolteca-chichimecas. Asimismo, arribaron a Tula los nonoalcas -probablemente de Tabasco-, pueblo de habla nahuatl que rendía culto a Quetzalcóatl en su advocación de Tlahuizcalpantecutli o "señor de la casa de la aurora". Para ese entonces Tula era una pequeña aldea pluriétnica. Fue hasta el siglo X d.C. que alcanzaría su verdadero apogeo, cuando se tornaría en el centro urbano de mayor importancia del Altiplano Central. Su ubicación en el área marginal mesoamericana ocasionó la rápida expansión de las fronteras. 

Tula fue un asentamiento con base agrícola cuya población estaba dedicada, casi en su totalidad, a las actividades relacionadas directamente con la producción de alimentos. A pesar de que tenía unos 50.000 habitantes, su densidad poblacional era muy baja, ya que la mayoría de las unidades habitacionales se encontraban muy alejadas unas de otras y contaban con campos de cultivo en su entorno. 

El núcleo urbano presenta una traza típicamente mesoamericana, pero incluye elementos arquitectónicos que dan a conocer una época de cambio. Las estructuras mayores limitan una gran plaza rectangular, en la que aparecen, por primera vez en Mesoamérica, compactas hileras de columnas y pilares. En lo alto del basamento piramidal del edificio dedicado a Tlahuizcalpantecutli, ubicado al norte de la plaza, se levantan los pilares y las columnas que soportaban el techo de este templo, y entre las cuales destacan los cuatro colosos conocidos como los Atlantes de Tula, ataviados y armados a la usanza tolteca. Con una altura de 4.60 m. de altura, cada uno está construido en cuatro grandes bloques de piedra dura muy bien labrada, perfectamente embonados y ajustados entre sí mediante el principio de caja y espiga. Estos atlantes representan guerreros con un átlatl o lanzadardos en la mano derecha y las flechas en la izquierda, y encarnan claramente el espíritu militarista que habrá de imperar de aquí en adelante en Mesoamérica. 

En la ornamentación del basamento se aprecia la nueva y compleja variante tolteca de tablero, que se desplanta sobre un sencillo talud liso. La franja superior de esta modalidad de tablero, presenta un friso in-interrumpido de jaguares y coyotes caminando, de todos colores mientras que van alternando, en el nivel intermedio, pares de águilas que devoran corazones humanos, con la efigie del dios Tlahuizcalpantecutli., cuya máscara emerge de las fauces de un jaguar agazapado adornado con plumas y provisto de una lengua bífida de serpiente. 

El conjunto del templo de Tlahuizcalpantecutli, es complementado por un muro de serpientes llamado Coatepantli que rodea parcialmente el basamento piramidal en los costados y en la parte posterior, separado del cuerpo de la pirámide. 

También al norte y contiguo a ese templo, se encuentra el recinto conocido como Palacio Quemado, llamado así porque, del techo plano que cubría los espacios semiabiertos, sólo fueron hallados restos de la madera calcinada de las vigas, confirmando el incendio causado hacia 1168 d.C. por los toltecas disidentes o por los invasores chichimecas que encabezaba Xólotl. 

La plaza central de Tula se complementa con una plataforma central (provista de cuatro escaleras y bordeada por tableros, del estilo local) y, en el extremo poniente, con una cancha de juego de pelota, de 116 metros de longitud, considerada la segunda en importancia en Mesoamérica. 

Las representaciones escultóricas que dieron una mayor celebridad a la cultura tolteca, son las imágenes antropomorfas, reclinadas, que sostienen sobre su abdomen un vaso para ofrendas y que son conocidas como chac mool. Estas esculturas, con características siempre iguales, tuvieron una amplia difusión en Mesoamérica, y cuya utilidad fue ornamental-religiosa. 

Tula fue un Estado construido por una mezcla de invasores norteños y poblaciones sedentarias del Altiplano Central, probablemente de ascendencia teotihuacana. Entre los años 800 y 1150 d.C. esta fusión de antiguos y nuevos pobladores logró crear un Estado fuerte, asentado en una organización militar poderosa, que buscó legitimar su poderío político enarbolando los antiguos valores de la tradición mesoamericana, al mismo tiempo que opuso una barrera a las invasiones norteñas. Cuando este estado se disolvió a su vez, provocó una diáspora de sus pobladores hacia el sur, abrió la puerta a nuevas invasiones del norte, y sus herederos propagaron en las diversas regiones de su peregrinación una tradición política, religiosa y cultural, que presentaron como la raíz más antigua y original de los pueblos mesoamericanos.

 
Visión mítica de Quetzalcóatl.

Hasta fines de la época Clásica, las entidades Serpiente Emplumada, Venus y Ehécatl tienen orígenes distintos, atributos sobrenaturales diversos y características simbólicas diferentes. 

En la cosmogonía nahuatl, Quetzalcóatl es el enviado divino que baja al Mictlan, el inframundo, a rescatar los huesos de la antigua humanidad para forjar con ellos a los hombres y mujeres de la nueva era. También rige la organización del tiempo y del espacio. Es el dios que podía leer el contenido de los signos fastos y nefastos del calendario sagrado, era por ello el dios más vinculado al destino de los seres humanos; era el héroe divino que proporcionaba a los seres de carne y hueso, el sustento y los bienes indispensables para el desarrollo civilizado de la vida. 

Ningún otro dios del panteón mesoamericano reunió en su persona y en sus actos la suma de cualidades civilizatorias que concurren en el personaje de Quetzalcóatl, dios y supremo sacerdote de Tollan (Tula), el lugar donde Quetzalcóatl difundió su doctrina y derramó sus bienes. 

Junto al dios Quetzalcóatl y los toltecas que pueblan Tula, se destaca la presencia del sacerdote Quetzalcóatl, quien es reconocido como modelo de las virtudes sacerdotales. Los relatos destacan sus altas cualidades sacerdotales. Era casto y ejercía el celibato; se recogía en su templo y era exigente en el ejercicio de los ritos y penitencias. Tenía habilidades de brujo y practicaba el autosacrificio una de las funciones ineludibles del sacerdocio en Tula, culto vinculado con la Serpiente Emplumada, un símbolo religioso muy extendido en Tula y en Chichén Itzá en los siglos IX-XI. 

En resumen, la visión mítica de Quetzalcóatl dios, sacerdote y héroe cultural de Tula, se mezcló y confundió con la imagen de un personaje llamado Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, quien según la tradición llevó el mismo nombre que el dios y sacerdote, hizo azañas guerreras, gobernó Tula en su máximo esplendor, perdió el trono y finalmente abandonó su reino, huyendo con una parte de sus fieles hacia el oriente. 

Las fuentes no siempre confunden al dios con el personaje, la identidad entre ambos la produjo una corriente de interpretación histórica que ha querido ver en el legendario rey de Tula un ser de carne y hueso que efectivamente gobernó esa ciudad en una época precisa. Sin embargo, su biografía más bien presentan la imagen de una figura mitológica. 

FUNDACIÓN DE TENOCHTITLÁN

En aquel islote fue donde, según la historia, vieron la señal expuesta por Huitzillopochtli: el águila devorando una serpiente sobre un nopal y empezaron a edificar Tenochtitlán en 1345. Doce años después otro grupo mexica se estableció en un islote contiguo, fundando Tlatelolco en 1357. Tenochcas y tlatelolcas quedaron sometidos al señor de Azcapotzalco, pagando en los primeros años tributos muy onerosos.

Ténoch conservó la suprema autoridad hasta su muerte en 1369. Dos años antes, en 1367, los mexicas conquistaron Culhuacan en provecho de Tezozómoc (señor Tepaneca, vecino de Huejotzingo y Tlaxcala), y los señores que allí reinaban encontraron asilo en Coatlichan. A la muerte de Ténoch, algunos nobles mexicanos fueron a solicitar a Coatlichan que un príncipe culhua, llamado Acamapichtli, viniese a residir en México, aunque todavía no con la calidad de rey, que sólo tuvo a partir del año de 1376.

Tezozómoc estimó conveniente convertir a los mexicas de soldados mercenarios en socios de sus empresas de conquista. Así, después que los Tenochcas conquistaron Culhuacan en 1367 y los tlatelolcas Tenayuca en 1371, alcanzaron el rango de señoríos Tlatelolco y Tenochtitlán: el primero, en 1375, con Cuacuahpitzáhuac como rey, hijo de Tezozómoc, quien gobernó hasta 1409 o 1418; el segundo, en 1376, cuando subió al trono Acamapichtli, descendiente de los antiguos señores toltecas de Culhuacan, lo cual habría de inducir a los Tenochcas a considerarse corno herederos de las posesiones que habían pertenecido al imperio de Tula.

Gracias a las conquistas de Acarnapichtl; -Xochímilco (1376), Mizquic (1378) y Cuitláhuac (1393)- quedó en poder de Tezozómoc el sur del Valle de México, excepto el señorío de Amecameca, aliado suyo. El último terreno que cayó en manos del señor tenochca fue el importante y extenso señorío de Cuernavaca, que se prolongaba hacia el sur, probablemente hasta el río Balsas, en el que abundaba el algodón, que ahora afluyó al Valle de México, utilizándosele para la fabricación de telas.

Acamapichtli falleció en 1396; le sucedió su hijo Huitzilihuitl (1397-1417), quien engendró un vástago, Moctezuma llhuicamina, con la hija del señor de Cuernavaca, en 1398.

Huitzilíhuitl derrotó a los xaltocameca en 1400, a los de Chalco-Atenco en 1410 y combatió a los de Tetzcoco en compañía del señor de Tlatelolco y de otros vasallos de Tezozómoc. Se convirtió en un auxiliar tan valioso para Tezozómoc, que éste le dio en matrimonio una hija suya, unión de la que nació Chimalpopoca, quien sucedió a su padre en el trono de Tenochtitlan en 1417, cuando apenas tenía 12 años.

A medida que Tezozómoc asoció más estrechamente en sus empresas a sus vasallos mexicas, fueron disminuyendo los onerosos tributos que al comienzo les impuso hasta que, cuando Chimalpopoca subió al trono, por afecto a él, suprimió esas cargas y permitió que los Tenochcas gozaran de una situación de privilegio, cosa que disgustó a una parte considerable de los tepanecas.

En 1418 Tezozómoc y sus aliados mexicas conquistaron Tetzcoco, ciudad que entregó aquél dos años después a Chimalpopoca. El tirano de Azcapotzalco, que murió en 1427, parece haber escogido como sucesor a su hijo Tayatzin, pero un hermano mayor de éste, Maxtla, le usurpó el trono. Poco después, al saber el usurpador que Chimalpopoca conspiraba, junto con otros señores, para derrocarlo y restablecer a Tayatzin, mandó encarcelarlo. Consideró esto el señor de Tenochtitlan como una terrible afrenta que lo indujo a darse la muerte. Entonces los Tenochcas eligieron rey a Itzcóatl, hijo de Acamapichtli y medio hermano de Huitzilihuitl.

Mientras tanto, Nezahualcóvotl que, tras la pérdida de su trono de Tetzcoco en 1418, había vivido exiliado entre los huejotzingas y tlaxcaltecas, con cuyos señores trabó amistad, consiguió ayuda militar de ellos y celebró una alianza con ltzcóatl. Luego, aprovechando el resentimiento que guardaban los Tenochcas por los agravios que Maxtla infirió a Chimalpopoca, emprendió una lucha contra Maxtla en 1427. Logró, con sus aliados, vencer a Azcapotzalco en 1428, merced a la ocupación previa de Tacuba que sirvió como "cabeza de playa" para el ataque de la capital tepaneca. Entonces parece que Maxtla huyó a Coyoacan, lugar donde había gobernado antes de convertirse en señor de Azcapotzalco, luego a Cuauhximalpan y después a Tasco, sitio en que murió en 143l.

Aunque había caído la capital de los tepanecas, Nezahualcóyotl e ltzcóatl, aliados ahora con el señor tepaneca de Tacuba, tuvieron que continuar luchando contra varios señoríos que habían formado parte de aquel imperio, y por eso les fue preciso llevar al cabo numerosas conquistas como la de Xochimilco en 1430 y la de Tetzcoco en 1431. En este año recuperó Nezahualcóyotl su trono y tres años más tarde se constituyo la Triple Alianza integrado por los señores de Tetzcoco, de Tenochtitlan y de Tacuba que, de común acuerdo, se repartieron los territorios hasta entonces sojuzgados y establecieron además el convenio de que los señoríos que posteriormente dominasen deberían pagarles tributo: dos quintas partes a Tetzcoco, otras tantas a Tenochtitlan y sólo una a Tacuba.