Lenguaje, Gramática y Filologías


Oración


Morfosintaxis del español II

LA ORACIÓN

Con la voz y las articulaciones componemos unas cadenas de sonidos que nos sirven para comunicarnos con los demás humanos. A esas cadenas las hemos llamado frases, pero cada frase distinta no está formada por una combinación de fonemas totalmente distinta de otras. Cada cadena está constituida por una serie de eslabones que son todos recambiables, que se pueden desmontar y combinar de otra manera, entre sí o con otros eslabones, para formar una cadena nueva. Esos eslabones, que tienen en general una forma, un significado y una función determinados, son las palabras.

Frase es una denominación de la lengua corriente que se puede prestar a confusión; en gramática se prefiere el nombre de oración. El estudio de la constitución de la oración y del funcionamiento, dentro de ella, de sus elementos constitutivos se llama sintaxis, mientras que se da el nombre de morfología al estudio de la forma de estos elementos. Como en realidad la forma y la función están en constante dependencia mutua, hoy se suelen estudiar ambas conjuntamente bajo el rótulo de morfosintaxis.

¿En qué consiste una oración? Es una unidad de comunicación mínima; es la forma más pequeña de mensaje. Veamos algunos ejemplos de oración:

  • El vigilante de la obra no nos dejó pasar.

  • No todos los insectos tienen alas.

  • El gobierno ha sido inflexible ante el fraude.

  • La ocurrencia de Juan nos hizo reír a todos..

  • Desde el punto de vista de la fonología, cada oración está delimitada por una pausa que la precede y una pausa que la sigue, y, en consecuencia, va enunciada con una entonación independiente con respecto a lo que se dice antes y después de ella.

    Si atendemos a los contenidos de estas cuatro oraciones vemos que, a pesar de ser completamente distintos unos de otros, tienen una organización común: en todos ellos existe un tema (un ser, animado o inanimado, sobre el que versa la oración) y una tesis (algo que se dice acerca de ese tema).

    En cuanto a la estructura de las oraciones, podemos observar que en ellas las palabras polarizan en torno a dos núcleos. Vemos que el verbo de cada oración viene condicionado por el sujeto. Es decir, el verbo dejó, por ejemplo, tiene esta forma porque el sujetó es él, pero si el sujeto fuera yo o nosotros, el verbo cambiaría a dejé o dejamos, respectivamente. Uno de los dos núcleos de la oración es siempre una palabra perteneciente a esta categoría. Así pues, son núcleos en nuestros cuatro ejemplos los verbos dejó, tiene, ha sido, hizo.

    El otro núcleo de cada oración está en relación directa con este: es, dentro de la oración, aquella palabra en la que un determinado cambio de forma impone un determinado cambio de forma en el verbo. Por ejemplo, en la oración 1, si sustituimos vigilante (forma que denota “un” vigilante) por vigilantes (forma que denota “varios”), automáticamente el verbo dejó habrá de convertirse en dejaron.

    Notemos que, juntamente con el verbo, algunas palabras de la oración cambian su forma como consecuencia del cambio de forma del núcleo sustantivo: EL (vigilante) se convierte en LOS (vigilantes). Esta acomodación formal de unas palabras a otras, llamada concordancia, es manifestación -entre otras- de la fuerza de cohesión que une las palabras dentro de la oración y que constituye uno de los caracteres de ésta.

    A pesar de que cada una de las palabras se relaciona de alguna manera con todas las demás que constituyen la oración, de tal modo que esta es una verdadera red de relaciones, todas las palabras se adhieren primariamente -bien de manera inmediata, bien por medio de ciertos elementos de conexión- a uno de los dos núcleos que hemos señalado. Las palabras que se agrupan alrededor del núcleo sustantivo constituyen con él el sujeto; las que se agrupan alrededor del núcleo verbo forman con él el predicado.

    Sujeto Predicado

    El VIGILANTE de la obra no nos DEJÓ pasar.

    El GOBIERNO HA SIDO inflexible ante el fraude.

    Podemos observar que en los cuatro ejemplos el sujeto corresponde a lo que en el “contenido” de la oración es el tema, y que el predicado corresponde a la tesis. Existe con frecuencia, en efecto, un ajuste entre la estructura externa sujeto-predicado y la estructura interna tema-tesis. Pero esto no ocurre siempre; en frases de tipo tan corriente como Los programas de televisión yo los encuentro abominables o Este libro no se lo preste usted a nadie, el análisis según un criterio de contenido (de quién se dice, qué se dice) sería así:

    Tema Tesis

    Los programas de televisión yo los encuentro abominables.

    Este libro no se lo preste usted a nadie.

    En cambio, el análisis según un criterio de forma (concordancia de núcleos) será:

    Sujeto Predicado

    Yo los programas de televisión los encuentro abominables.

    Usted este libro no se lo preste a nadie.

    Como el objeto de la gramática es la forma, portadora de sentido, y no el puro

    sentido, un análisis que parta exclusivamente de éste no será gramatical, aunque algunas veces coincida con el gramatical.

    Sujeto implícito. No siempre el sujeto está constituido por una palabra o grupo de palabras. Cuando decimos Llegaremos mañana a las siete, el sujeto de la oración está expresado dentro de la misma forma del verbo, por medio de la terminación -mos (que significa “nosotros”), llamada indicador de persona. Se llama sujeto implícito, es decir, incluido en la forma verbal.

    Hay un tipo especial de oraciones que no tienen la estructura normal sujeto-predicado. Se llaman unimembres, frente a las demás que son bimembres. He aquí algunos ejemplos: ¡Ay!; ¡La policía!; Adelante; Está lloviendo. Naturalmente, en ellas es posible señalar un tema y una tesis; así, ¡Ay! equivaldría a “yo siento dolor”; ¡La policía!, a “aquí está la policía”. Pero se trata de mensajes en que al sentido, para manifestarse, le basta con indicios mínimos, con los cuales no se construye una oración normal. Cuando la oración unimembre tiene verbo -como es el caso de Está lloviendo- recibe el nombre de oración impersonal.

    Modalidades de la oración.

    Oraciones enunciativas. No es siempre la oración el puro informe de algo que sucede, ha sucedido o sucederá. Esto ocurre cuando se dice, por ejemplo, Este hombre tiene dinero (o Este hombre no tiene dinero). Pero el hablante puede ver su propio enunciado como una simple posibilidad o como un hecho dudoso: Este hombre tendrá dinero (supongo que tiene); Este hombre quizá tenga dinero.

    Oraciones interrogativas. Puede ocurrir que el hecho ni siquiera sea expuesto, sino planteado como algo que ignora el hablante y que desea conocer. Es una oración que pide una respuesta verbal: ¿Tiene dinero ese hombre?

    Oraciones de mandato. En otras oraciones se expresa el deseo del hablante de suscitar una acción en los demás. Como la anteriores, piden una respuesta, pero aquí no verbal, sino activa: Tráigame la correspondencia.

    Oraciones de deseo. Por último, en otras oraciones se expresa también un deseo, pero sin el intento expreso de que alguien lo cumpla: ¡Ojalá pudiera dártelo!

    Todas estas modalidades de oración, reflejo de la actitud personal del hablante ante el hecho a que se refiere aquella, tienen particularidades en su forma, ya en la entonación, ya en la construcción.

    FUNCIONES

    El sujeto.

    Como sabemos, el núcleo del sujeto es una palabra caracterizada por imponer su concordancia al núcleo del predicado. Esta función está desempeñada por una palabra que pertenece a la categoría de los sustantivos. Hay que distinguir, no obstante, entre aquellas palabras que son sustantivos por naturaleza -nombres y pronombres- y aquellas que lo son funcionalmente, es decir, que están habilitadas (por el proceso de traslación) para desempeñar funciones propias de los verdaderos sustantivos.

    Entre los sustantivos, el nombre común va habitualmente acompañado por un tipo de palabras cuya misión principal es trasladar a la realidad el concepto representado por el nombre. Estos acompañantes, cuya posición es siempre delante del nombre, se llaman artículos: EL vigilante de la obra no nos dejó parar; No todos LOS insectos tienen alas. Los artículos son de dos tipos, definido (el, los, la, las, lo) e indefinido (un, unos, una, unas).

    El papel actualizador del artículo pueden desempeñarlo otras palabras que, al anteponerse al nombre, precisan su significación agregándole diversas circunstancias o matices: ESTA casa es demasiado pequeña para nosotros; SUS padres no dejan de escribirle. Estas palabras se denominan adjetivos; pero no todos los adjetivos son actualizadores. Muchos de ellos se unen a un nombre ya actualizado, para completar la imagen del ser presentado, expresando alguna particularidad: Un LUJOSO coche se detuvo ante la puerta; La ropa NEGRA no le favorece. Como se ve, a diferencia del artículo, que solo puede ir delante del nombre, muchos adjetivos pueden ir colocados delante o detrás.

    El artículo y el adjetivo son, pues, los adjuntos naturales del nombre, las palabras que acompañan a un nombre, actualizando, apuntalando y precisando su significación. Todas las palabras o grupos de palabras que, como los adjuntos, desempeñan este papel, se llaman complementos

    Los adjuntos del nombre también ajustan su forma a determinadas condiciones del nombre al que acompañan: La cuidad vieja está sobre un cerro; Las ciudades viejas están sobre un cerro; El pueblo viejo está sobre un cerro. Esto se denomina concordancia.

    Dentro del sujeto, al núcleo -sustantivo- también se le pueden añadir otros sustantivos que no funcionan como núcleo, sino que son habilitados para actual con papel semejante al de los adjetivos. Esta habilitación se llama traslación: El vigilante DE LA OBRA no nos dejó pasar. Vemos como la preposición es un elemento trasladador. Puede ocurrir que no haya preposición, por lo que el sustantivo va ligado directamente al núcleo, es lo que conocemos como yuxtaposición: El estilo RENACIMIENTO corresponde al siglo XVI; El premio NOBEL ha sido obtenido por un inglés. Asimismo, podemos hablar de otro caso en el que los dos sustantivos no tienen esa relación entre sí (el período del Renacimiento; el premio instituido por Nobel), a lo que denominaremos aposición: El río DUERO viene crecido; EL rey FELIPE murió en 1598.

    Vemos como, a su vez, cada complemento está formado por una constelación de palabras que giran en torno a un nuevo núcleo. Entonces, el complemento estará formado por un núcleo (que llamaremos centro del complemento) y uno o más complementos de ese centro. Puede aparecer que ese centro sea incluso un adjetivo, y que alguno de sus complementos sea un adverbio: Una señora MUY ELEGANTE se indignó.

    El predicado.

    El predicado es el conjunto de palabras que se agrupan en torno a uno de los dos núcleos de la oración, el verbo. En cuanto al sentido, el verbo es una palabra cuyo papel fundamental es situar en el tiempo el “tema” de la oración. También pueden aparecer verbos que no funcionan como núcleos del predicado, algo que se reflejará en su forma. Por lo tanto, lo analizaremos según su funcionamiento (sustantivo-infinitivo, adjetivo-participio, o adverbio-gerundio). Estas tres formas carecen de variación de persona, por lo que las llamaremos formas no personales.

    El papel de complemento del verbo corresponde por naturaleza a la clase de palabras llamada adverbio. Los adverbios son adjuntos de los verbos, como los adjetivos lo son de los sustantivos.

    Los complementos adverbiales pueden ser desempeñados por diferentes clases de palabras que adopten el papel de adverbio: Se trabaja MUCHO; Ese te lo arregla SEGURO; ESTA TARDE tenemos un programa interesante; Iba por la calle SILBANDO; Dormiremos EN ESTE HOTEL; A USTED me dirijo. Este complemento adverbial puede ir, a su vez, complementado por otro adverbio: es el complemento del complemento adverbial. Los niños se han portado bastante bien.

    El complemento directo. Vemos esta serie de oraciones, en las que el predicado aparece en mayúsculas:

  • Los manifestantes TIRARON PIEDRAS.

  • La planta YA HA DADO SU FRUTO.

  • Mi padre TIENE MUCHO DINERO.

  • El hombre SABE BASTANTES COSAS.

  • [Él] NO QUERÍA A SUS HERMANOS.

  • [Yo] TRABAJO TODOS LOS DIAS.

  • [Nosotros] NOS IREMOS A CASA.

  • Luis PELEABA CON SUS AMIGOS.

  • La secretaria ESCRIBE A MÁQUINA.

  • Todos estos predicados tienen una cosa en común, y es que después del núcleo (verbo) presentan un nombre con o sin adjuntos, con o sin preposición, el cual será complemento de aquel núcleo, pues evidentemente se adhiere a él, no sólo por su posición en la fase, sino por su sentido. Las cinco primeras frases se pueden transformar (en pasiva) y observamos como pasa a sujeto el que antes era complemento del predicado: Fruto es lo que ha dado la planta. Mientras que lo que antes era sujeto pasa a ser complemento agente. Ese complemento del predicado que pasó a sujeto es el denominado complemento directo. No obstante, vemos como en las últimas cuatro frases no podemos realizar este cambio, lo que indica que ese complemento no es directo, sino adverbial en esos casos.

    Verbos como ir, nacer, ser, estar, caber, existir, quedar, florecer... nunca pueden tener complemento directo. En su caso, el complemento que sigue al verbo (un adjetivo) se denominará atributo o complemento predicativo. De todas formas, hay verbo que, aún pudiendo llevar complemento directo, según el significado en que se usen, no lo llevan. Se denominan verbos transitivos los que llevan el complemento directo, e intransitivos a los que no lo llevan. El complemento directo puede llevar la preposición “a” cuando se refiere a un ser animado: No quería A sus hermanos; Visitarán AL gobernador. La función de complemento directo puede ser desempeñada por cualquier palabra sustantiva. Un nombre, un pronombre, un pronombre personal, un adjetivo sustantivado, un infinitivo, e incluso una oración dentro de otra.

    El complemento indirecto. Comparemos estas dos oraciones:

    He visto A MI PADRE.

    He escrito A MI PADRE.

    Las dos están constituidas de idéntica manera, casi con las mismas palabras. Intentemos la transformación pasiva.

    Mi padre ha sido visto por mí.

    Mi padre ha sido escrito por mí.* Este complemento con a que, transformada la oración en pasiva, no pasa a ser sujeto, es el complemento indirecto. Este complemento lleva siempre la preposición a, o para.

    He ido a mi pueblo.

    Vienen a comer.

    Vemos como no se pueden transformar, pero no son complementos indirectos, sino adverbiales. Para que sea indirecto debe poder ser sustituido por el pronombre le. He escrito a mi padre; LE he escrito. He visto a mis amigos; LES he visto.




    Descargar
    Enviado por:Simplon
    Idioma: castellano
    País: España

    Te va a interesar